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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Manuel se aburría. Llevaba casi media hora de espera sentado en el asiento del conductor del pequeño transporte de personal que la Colonia había puesto a disposición de la escuela para trasladarse por todo el complejo. El joven suspiró por quinta vez consecutiva y se puso a ajustar el espejo retrovisor nuevamente. Pudo ver el reflejo de los enormes ventanales en el espejo, donde una solitaria nube cruzaba la pantalla de alta definición.
—¿Dónde cuernos están..? —no pudo terminar la frase ya que un fuerte golpe en la cabeza lo interrumpió. ¡Ay! dijo.
—Mas te vale que cuides tus modales frente a Cinthya, Manu. —dijo Akemi levantando la palangana de plástico llena de productos de higiene personal con la que lo había golpeado. La joven estaba acompañada por Mina y Cinthya. Las tres mujeres vestian de forma casual y cada una portaba una pequeña palangana como la de Akemi.
—¡No es justo! — se quejó el joven mientras se refregaba la cabeza. —¿Me tuvieron esperando media hora aquí afuera y encima me regañan?
—Agradecé que te dejamos venir con nosotras— dijo. Mina se rio y colocó sus pertenencias en la parte de atrás del vehículo.
—Vamos Akemi— dijo. —No seas dura con Manu, además... Ralph nos invitó a todos.
Akemi suspiró resignada y le hizo señas a Cinthya de que se acercarse. La mujer había permanecido tímidamente a un lado de la conversación con su palangana abrazada fuertemente.
—Un momento ¿Donde esta Matt?
—Dijo que quería practicar. —respondió Cinthya mientras echaba una mirada hacia la escuela, donde Matt se había dirigido tras despedirse un rato antes.
—Eso no se lo cree nadie. —observó Manuel haciendo un gesto con las manos. —De seguro no quiere que lo veas cuando el calor del Onsen hace que se ponga mas rojo que el pelo de su cabeza.
—¿Enserio vamos a ir a un baño termal…. con Ralph?
A decir verdad todavía estaba un poco temerosa de cómo podría reaccionar la gente de la Colonia al saber que habían puesto en peligro la vida de Ralph y su equipo en el Campo, pero sus temores parecían ser infundados, ya que tanto Akemi como los demás chicos habían tomado las noticias del incidente y las heridas del gigante con relativa calma. —No te preocupes por Ralph— Le había dicho Mina luego del almuerzo. —Se pondrá bien rápidamente. Ante su pregunta de si era debido a la modificación genética de la Macronización, Mina se había encogido de hombros y respondido con un «Ya lo veras».
—Ven Cin, arriba! —Ven Cin, arriba!La apresur Manuel mientras le extendía la mano.
Colocó sus efectos personales junto a los demás en la parte trasera del vehículo y subió al asiento trasero.
—¿Dónde está el piloto?— preguntó Manuel
—Allá— señaló Mina hacia el ascensor que se usaba para descender al hangar. Un vehículo avanzaba hacia ellos llevando dos pasajeros, Cinthya reconoció a Jim y al operario que los había acompañado el día de su salida al Campo.
—Dan!— saludó efusivamente la joven. —¿Como esta la nave Jim?— preguntó volviéndose hacia el soldado en cuanto ambos vehículos quedaron detenidos uno junto al otro.
Jim se apeó del transporte y saludó al grupo con la mano.—Puede volar al menos— dijo. —Pero todos los sistemas de navegación FOLD están fritos, tendremos que pedir un transporte para volver a Edén. De pronto se quedó mirando a Cinthya y a los jóvenes con cara de sorpresa —¿Y ustedes a donde van?
—A un baño termal… o eso creo —dijo Cinthya encogiéndose de hombros.
—¿Baño termal...?
—Suba teniente— dijo Manuel mientras Akemi pasaba al asiento trasero junto a Mina y Cinthya. —Ralph también lo invitó a usted.
El piloto dudó un instante y tras un profundo suspiro se subió al asiento del acompañante junto a Manuel. —Supongo que también es parte de misión acompañarla a usted a todos lados— dijo.
Las chicas se rieron y Manuel arrancó el transporte.
—Diviertanse chicos. —Saludó Dan mientras ponía en marcha su vehículo y se alejaba por la via de acceso principal.
Recorrieron parte de la cubierta y entraron a un pequeño ascensor con espacio para un solo vehículo en donde subieron varias cubiertas. Al abrirse las puertas Manuel adelantó el transporte unos metros hasta quedar sobre una especie de vagón, donde unas enormes agarraderas sujetaron las ruedas firmemente y comenzaron a viajar de lado por una vía ferroviaria que ascendía lentamente.
Cinthya miraba fascinada el increíble paisaje que se abría ante ella; las vías trazaban un camino zigzagueante entre enormes máquinas, grúas y tuberías gigantescas, estructuras metálicas y enormes depósitos de líquidos o sólidos, todo entrelazado por enormes plataformas y rampas que transformaban el interior de la enorme fábrica en una gigantesca telaraña de soportes y vigas metálicas.
Mientras el vagón continuaba su lenta ascensión Jim había extraído el Pad de su bolsillo y miraba fijamente una serie de indicadores. —¿Son muy comunes estos cortes de comunicaciones? —preguntó mientras mostraba la pantalla a los pasajeros de atrás. Mina observó el indicador y movió la cabeza asintiendo.
—No muy seguido —dijo. —Una vez al mes o algo asi, pero como toda la red está en su mayor parte respalda localmente y enviar un mensaje suele tardar varias horas…. es raro darse cuenta a menos que se monitoree la conexión con los satélites en tiempo real.
—Jim asintió. —Estamos tan lejos que incluso las comunicaciones FOLD tienen demoran en llegar al resto de la Galaxia.
—¿Y eso no causa problemas? —preguntó la joven inspectora.
—Uno se acostumbra a escribir cartas. —respondió Akemi. —En todo caso yo no tengo amigos o parientes viviendo fuera de la Colonia.
—Ni yo. —contestó Manuel. —Mina tiene unos tíos que viven en una flota de inmigración ¿No?
La joven asintió. —La Flota Colonial Frontier.
Jim sonrió al escuchar el nombre. —Dicen que es una de las flotas con mejor calidad de vida de todas. Hasta tienen un océano propio con vida marina.
Manuel suspiró y se recostó en el volante. —Los militares siempre hacen todo a lo grande…. debe ser genial tener todos esos recursos y poder ilimitados…
Akemi y Mina lanzaron una mirada de reprimenda al joven pero Jim no pareció darse por aludido.
—¿Es muy lejos? —preguntó Cinthya tratando de cambiar de tema.
—No demasiado, aunque la vía de acceso da varias vueltas y eso alarga el viaje, pero en realidad es cerca de la popa de la Rainbow— dijo Akemi.
Continuaron ascendiendo lentamente por entre las enormes máquinas de la factoría. Manuel encendió el reproductor de música del transporte y continuaron el viaje cantando las canciones de Sheryl Nome. Al salir del túnel todos estaban cantando salvo Jim, quien miraba pensativo a su alrededor siguiendo el ritmo de la música, golpeando el piso con sus botas de piloto.
—Fin del recorrido— anunció Manuel saltando ágilmente del transporte. Se encontraban ante una plataforma que servía de terminal a los carros de transporte de la línea ferroviaria. Si bien solo el carro que los había llevado estaba en la plataforma había lugar de sobra para una media docena de ellos. Por sobre sus cabezas se extendía un enorme domo compuesto por placas de forma hexagonal, lo que daba al conjunto la impresión de ser el interior de una enorme colmena de abejas.
—¿Estamos dentro de un tanque de almacenamiento? —preguntó confundido Jim.
—Si, toda esta zona es parte de los bloques de almacenamiento que están detrás del reactor, en la parte superior de la Rainbow. —dijo Mina. —La mayoría de estos depósitos están vacíos… bueno, casi vacíos.
—¿«Casi»? —preguntó preocupada Cinthya
—Aquí se guarda mucho del aire de la Colonia— dijo Akemi. —Cuando se lo necesita se lo bombea de una zona a otra.
—¿Osea que hay zonas de la Rainbow que no tienen aire respirable? —Preguntó Jim.
—Casi el setenta por ciento de la Rainbow es espacio sin uso y aislado por compuertas, muchos de los compartimentos no tienen aire pero se los puede llenar a voluntad distribuyendolo desde cualquier otro sector por medio de las tuberías de distribución. —explicó Manuel.
—Increible! —exclamó Cinthya. Bajaron los recipientes con artículos de aseo del compartimento trasero del vehículo y entraron por la compuerta que se abría al final de la plataforma de arribo. Se trataba de una escotilla que separaba dos cubiertas diferentes de la Rainbow, por lo que debieron cerrar una compuerta y abrir la siguiente para poder ingresar, cuando salieron de las escotillas Cinthya quedó anonadada.
—Dios mio! —exclamó la joven casi sin poder decir otra cosa por varios segundos. —Esto es… es… hermoso.
Se encontró frente a un muro de rosas rojas de casi un metro y medio de altura. Eran las rosas mas hermosas que había visto en su vida, de un color casi irreal, cada flor abierta en su plenitud o pimpollos semi abiertos cubiertos por unas pequeñas gotas de rocío. El aroma también inundó sus fosas nasales y se sintió mareada por el perfume, pero fue solo un momento. Caminó unos pasos hacia las flores y extendió lentamente la mano, como temiendo tocarlas y descubrir que se trataba de una ilusión o un holograma. Las rosas eran demasiado perfectas para ser reales..
Pero lo eran. Cinthya dejó el recipiente con los frascos de shampoo y toallas en el piso y acarició delicadamente los pétalos de una rosa. El rocío corrió por sus dedos y cayó al piso de metal de la cubierta, donde unas rejillas recogían el agua de las plantas y la conducían por unos pequeños canales a lo largo de toda la cubierta.
—Son de verdad… —dijo sin poder creer lo que veía.
—Claro que son de verdad Cin— dijo Akemi acercándose. —Son rosas de Edén ¿Las conocías? La joven no contestó, estaba de cuclillas frente a las flores observándolas con la boca abierta. Acariciaba los pequeños pimpollos y las flores abiertas como si fuera la primera vez que veía algo así. —Son… tan perfectas, todas —dijo. —No hay ninguna flor marchita, ni siquiera una hoja… ¿Como es posible..? Akemi y Mina cruzaron las miradas y se rieron brevemente. —Ya lo verás. —dijeron.
Como habíamos dicho, el muro de rosas media algo así como un metro y medio de altura, de modo que formaba una especie de pared perimetral que rodeaba la cubierta por la que caminaba el grupo de jóvenes seguido por Jim. Estaban en un espacio de dimensiones colosales, un gigantesco techo abovedado se elevaba a más de cincuenta metros de altura por sobre sus cabezas. La cubierta por la que circulaban media unos tres metros de anchura y estaba en su totalidad rodeada por el muro de rosas.
Cinthya estaba fascinada por la enorme cantidad de plantas que rodeaban la plataforma en un círculo perfecto. Por encima de las rosas se podía ver como del otro lado había varias cubiertas por debajo de ellos, cada una de ellas rebosante de plantas de todo tipo; había helechos plumosos de varios metros de altura, también había plantas de hoja anchas, como enormes orejas de elefante que colgaban de la cubierta hacia el vacío. Arbustos de todo tipo y también pequeños árboles frutales se intercalaban en una especie de desorden vegetal que colmaba la vista de una inmensurable cantidad de diferentes tonos de verde. Plantas de todo tipo convivían una al lado de la otra, alternándose con líquenes, musgos y varias especies de hongos. Era como si todo el ecosistema de un planeta conviviese en armonía en las diferentes cubiertas circulares.
—Jamás hubiese imaginado que semejante lugar podía existir en esta nave— dijo Cinthya maravillada, mirando todo con los ojos abiertos como platos.
—Es el Jardín de Ralph— dijo Manuel. —Todos en la Colonia lo admiramos por haber creado este lugar.
Llegaron a una escalera que bajaba a través de las cubiertas y comenzaron a descender los escalones lentamente a medida que pasaban por entre las plantas de los niveles inferiores.
—Hay un ascensor que baja directamente al estanque, pero este camino es más hermoso para recorrer— dijo Mina.
Descendieron entre las diferentes plantas como si fueran exploradores en una selva lejana, a cada paso descubriendo un árbol, un arbusto o una flor diferente. Los perfumes también se mezclaban a cada paso, desde el fuerte aroma a pino hasta la suave fragancia de la lavanda y las magnolias. En los niveles inferiores vieron cañaverales y varios tipos de juncos, casi a nivel del agua verde clara del estanque. La parte inferior del enorme espacio estaba cubierto casi en su totalidad por un enorme estanque de aguas termales. Lo rodeaba un pequeño parapeto de rocas colocadas de forma escalonada, intercaladas con algunos grupos de cañas de bambú que formaban pequeños biombos separadores. Sobre una de las márgenes se erguía una construcción de una sola planta y dos entradas.
—Esos son los cambiadores.—dijo Akemi Caminaron por un sendero de grava que rodeaba la orilla de grandes piedras y se detuvieron frente al edificio. Estaba hecho de madera y bambú, imitando el estilo de los famosos «Onsen» japoneses. La entrada estaba separada en dos accesos diferenciados, cada uno cubierto a medias por una lona roja y otra azul. En la tela se podía ver dibujados con trazos blancos un ideograma diferente en cada entrada.
—Azul chicas, Rojo chicos ¿verdad? —bromeó Manuel mientras apartaba la tela roja con la mano y Akemi lo agarraba de la oreja.
—Más vale que te comportes Manu..
—¡Ay! —exclamó el chico mientras corría hacia la entrada azul. Akemi suspiró y señaló a Jim, quien esperaba sentado en un tronco al costado del camino. —Creo que hay shampoo y jabón en el vestidor de chicos, puede tomar también una palangana para lavarse allí si lo desea— dijo señalando una pila de recipientes apilados sobre una pequeña mesita al costado del edificio.
—No se preocupen por mi, no quiero tomar un baño ahora— dijo.
—¿Seguro Jim? —preguntó Cinthya. —Creo que es una estupenda oportunidad para relajarnos un poco. El piloto levantó el pulgar y se alejó caminando por el borde piedra.
—El se lo pierde— contestó resignada Cinthya. —Se toma esto de la misión de escolta demasiado en serio.
—Bueno, es un profesional y ese es su trabajo— dijo Mina apartando la tela de la entrada. —¿Entramos?
Las tres jóvenes entraron al edificio y se encontraron en un recibidor de pequeñas dimensiones donde dejaron su calzado en unos compartimentos junto a la pared. Todo estaba limpio y reluciente, la madera barnizada y con aspecto de ser bastante nueva. No habia nadie mas que ellas en todo el edificio.
—¿Ralph construyó todo esto? —preguntó asombrada Cinthya.
—Él lo pagó de su sueldo, pero vinieron constructores especializados hace unos tres años a levantar las instalaciones— explicó Akemi.
Entraron por una puerta lateral a un espacio más grande, con suelo de madera y varios estantes alineados junto a las paredes donde descansaban varios canastos de juncos. Mina y Akemi comenzaron a desvestirse y a poner las ropas en los cestos.
—Es la primera vez que voy a un baño público— dijo Cinthya algo sonrojada mientras se desabotonaba la blusa.
La temperatura de la estancia era agradable y pronto estuvieron las tres desnudas. Pasaron a la siguiente habitación donde se encontraban las instalaciones para el lavado. —Aquí nos lavamos antes de entrar al estanque— señaló Akemi.
Se sentaron en unos pequeños bancos de madera frente a una serie de grifos y duchas apoyados en un estante de granito junto a la pared y se enjabonaron y refregaron el cuerpo lentamente mientras conversaban sobre lo sucedido la jornada anterior. Cinthya frotaba lentamente la piel de sus brazos con una esponja enjabonada mientras pensaba en todo lo que había sucedido en los últimos días. Pensándolo detenidamente era la primera vez que se relajaba por completo desde que había llegado a la Rainbow ¿Cuando había sido la última vez que había tomado un baño calmadamente y no a las apuradas? Probablemente haya sido del otro lado de la galaxia, en La Tierra casi con seguridad. Tomó el envase de shampoo de la palangana y colocó una pequeña cantidad en su mano, luego lo aplicó sobre el cabello y comenzó a masajearlo lentamente, disfrutando la sensación de hacerlo sin prisa y cuidadosamente. Giró la cabeza hacia un lado para poder refregarse mejor y vio a Mina y Akemi que la miraban con interés.
—¿Sucede algo? —preguntó intrigada con las manos en alto sobre su cabeza
—Tus pechos.
—¿Mis pechos? —Cinthya miro sus senos sin entender —¿Qué sucede con mis pechos?
Las dos jóvenes se rieron. —Es que se nota que crecistes con la gravedad de La Tierra— dijo Akemi riendo. Cinthya miró perpleja a las jóvenes y de pronto entendió el porqué del comentario. Mina y Akemi tenían los pechos mucho más erguidos y redondeados debido a la diferencia de gravedad de la Colonia Rainbow, algo menor a la terrestre y similar a la del planeta Eden. Las tres jóvenes se rieron con ganas y se quitaron los restos de espuma y jabon vertiendo abundante agua tibia con las palanganas.
—Ahora vamos al estanque— dijo Mina poniéndose de pie y recogiendo las botellas de shampoo y jabón que estaban sobre el suelo.
Cinthya miró con preocupación hacia la puerta de madera que salía al exterior. —¿Así desnudas? Pero... ¿Y Manuel…?
Akemi se acercó a uno de los gabinetes del otro extremo del baño y extrajo tres enormes toallas blancas.
—No te preocupes Cin, el baño es mixto pero nos envolvemos con estas, no queremos que Manu se desmaye por una hemorragia nasal masiva. Se envolvieron con las toallas y las sujetaron con un pequeño broche al costado. Mina también se envolvió el cabello con una toalla más pequeña ya que de las tres, era la que lo tenia mas largo y no quería que se enredarse.
Salieron al exterior del edificio y vieron que Manuel ya estaba allí, recostado contra el borde de piedra. Parecía descansar con los ojos cerrados. Cinthya contuvo una exclamación de asombro. El estanque era enorme, de forma completamente circular, tenía una enorme piedra solitaria erguida en el centro, como uno de esos antiguos Menhires que se encontraban en las ruinas terrestres. El agua era clara, con un leve color verde claro que permitía ver el lecho de piedras grises en el fondo del mismo. Una serie de rocas planas formaban una escalera natural que descendía hasta el agua, Cinthya camino con cuidado por ellas mientras sostenía fuertemente la toalla contra su cuerpo, se sorprendió al notar que el agua apenas estaba tibia. La profundidad era escasa, no llegaba ni a un metro, pero había una serie de bloques tallados en piedra que estaban sumergidos y apoyados contra el borde del estanque, lo que permitía sentarse a la vez que se permanecía sumergido en las claras aguas.
Las tres jóvenes se sentaron en dichas piedras y se relajaron en el agua.
—El agua no está tan caliente como pensaba— dijo Cinthya estirando las piernas bajo el agua.
—Espera a que llegue Ralph— dijo Akemi pasando un brazo por detrás de la cabeza de Mina.
Mientras tanto Manuel había abierto los ojos y se acercó a las jóvenes, pero se detuvo a unos dos metros ante la penetrante mirada de Akemi
—Ahí viene— dijo señalando hacia el otro lado del estanque mientras se sentaba a una distancia segura de los puños de la joven.
Al mismo tiempo se escuchó un fuerte crujido y lo que parecía ser el fondo de la cámara se abrió revelando una enorme puerta de metal. Cinthya se puso tensa y agarró con fuerza el brazo de Mina, quien la tranquilizó con una sonrisa. Ralph entró en la enorme habitación llevando solo una toalla anudada a su cintura.
Verlo desde adentro del estanque era una visión imponente, incluso para los jóvenes que lo conocían desde hacía tanto tiempo. Ralph era un gigante entre gigantes, bastante más alto que los Zentradi que Cinthya había visto en las calles o en las bases de la NUNS.
—Hey. —dijo levantando una mano. —¿Hace mucho que llegaron?
Cinthya notó que llevaba el dispositivo auricular que amplificaba la voz humana y le permitía hablar a una distancia prudencial sin ningún impedimento. Nunca había visto a un gigante tan de cerca y menos que menos con tan poca ropa. La cantidad de vello en el cuerpo del gigante eran un indicio de su condición humana, ya que los Zentran no tenían vello corporal y solo les crecía al igual que la barba si se sometian al proceso de Micronización. Ralph avanzó lentamente y puso un pié dentro del estanque que, al parecer, era muchisimo mas profundo en esa parte.
—Cuidado con la toalla Ralph o Cinthya se va a desmayar— dijo Manuel entre risas. El gigante lanzó una carcajada y se sostuvo firmemente la toalla con una mano mientras se ayudaba con la otra para descender al interior del estanque. Aunque lo hizo con todo el cuidado que su enorme cuerpo le permitía, generó una pequeña ola que cruzó el estanque y se estrelló contra el grupo de jóvenes, quienes gritaron y salpicaron jubilosos. Una vez que estuvo sentado en su sitio y las aguas se calmaron un poco, el gigante estiró un brazo y accionó con facilidad una enorme llave circular que probablemente hubiese requerido la fuerza de dos hombres para accionarla.
Sintieron un leve estremecimiento que surgía del piso de rocas y la luz verde del agua pareció aumentar levemente en intensidad, así como la temperatura. Unas pequeñas nubes de vapor comenzaron a formarse sobre la superficie del agua y pronto la atmósfera se cargó de vapor y humedad, creando una réplica casi exacta de una fuente termal natural.
—Espero que esa luz no sea radiación de Cherenkov— dijo Jim bromeando.
Cinthya vió que el piloto se había acercado en silencio desde atrás del muro de piedras y se había sentado en el borde, cerca de Manuel.
—¿No se nos une, Teniente?— preguntó Ralph haciendo un gesto con la mano.
—Gracias Ralph, pero será en otra ocasión— dijo.
—Como guste amigo, por cierto no, no es radiación del reactor, pero como habrá adivinado tomamos «prestado» algo del calor residual para nuestro baño— dijo alegre. —La luz es sólo decoración.
—Además la radiación de Cherenkov es azul, Jim— dijo Cinthya mientras levantaba el dedo índice como si de una lección se tratase.
—Muy bien!— aplaudió entusiasmado Jim—No podía esperar menos de nuestra Inspectora Ambiental favorita.
Todos se rieron y las mejillas de Cinthya se sonrojaron, trato de hundirse en el agua para que no se viera, pero de todas formas todos estaban con las caras un poco coloradas por el vapor. Ralph volvió a ajustar la válvula y el calor remitió un poco.
—Asumo que estamos sobre el radiador principal de la cola ¿Verdad? —preguntó Jim
—Si —dijo Manuel. —Del otro lado de la zona de depósitos empieza la cola de la Rainbow que sirve de disipador del calor para el reactor. Permanecieron un rato en silencio contemplando las plantas y flores que colgaban de las cubiertas sobre sus cabezas. En un momento Ralph se reclinó sobre el borde del estanque y estiró sus brazos en ambas direcciones, flexionandolos para una mejor relajación. Cinthya notó entonces los golpes.
—Por dios Ralph —exclamó llevándose la mano a la boca para ahogar un grito. Ahora que el vello del pecho del gigante estaba empapado se podía ver que no era en realidad tan tupido, sinó que un enorme hematoma cubría gran parte del enorme pectoral derecho y se extendía hacia la cintura en diagonal a través del torso del gigante. —Esa herida es horrible!
Ralph abrió los ojos y sonrió despreocupadamente— No es nada Cinthya, tengo el cuerpo de un Zentradi, estos golpes ni siquiera me duelen.
—Tonterías Ralph— dijo Akemi con seriedad. —Escuche que tienes una costilla fisurada, eso incluso a ti debe dolerte. El gigante agitó la mano despreocupadamente. —Nada que una sesión de música no cure— dijo.
Cinthya abrió la boca para preguntar algo pero se vió interrumpida por Jim. —¿Esa herida de GunPod tampoco te dolió Ralph?
Se hizo un silencio incómodo en el estanque. Ralph gruñó algo ininteligible y se pasó los dedos de la mano sobre una enorme cicatriz que había pasado desapercibida por el vello y las marcas del golpe, pero que ahora resultaban bien visibles para todos. Una antigua herida cicatrizada a la altura de la tetilla derecha de casi un metro de diámetro.
—Es una herida de un arma de un Valkirye, un GunPod casi con seguridad— dijo Jim señalando el pecho del gigante. Akemi y Mina miraron a Jim y luego miraron a Ralph, se notaba la confusión en sus rostros.
—Es una vieja herida— dijo Ralph. —No quiero hablar de ello.
—Lo siento Ralph, no fue mi intención…
—No pasa nada teniente, usted no tuvo mala intención al preguntar— contestó el gigante dando por terminado el asunto. Las jóvenes respiraron aliviadas y la tensión pareció disminuir en el ambiente.
—Que hermosas rosas, Ralph— dijo Cinthya tratando de cambiar el tema. —Me quedé como una tonta viéndolas allí arriba, son preciosas y cada una es más perfecta que la otra ¿Como haces para cuidarlas tan bien?
Todos levantaron la vista hacia el círculo de rosas que coronaba el estanque, varias decenas de metros por encima de sus cabezas. Desde ahí abajo se veían como un anillo de tonos rojizos, como una cinta de seda que adornarse la última cubierta.
—Esas rosas son muy importantes y queridas para mí— dijo Ralph con un tono muy emotivo en la voz— Me recuerdan algo muy querido que perdí una vez. Permanecieron en silencio mientras contemplaban las flores y Ralph cerraba los ojos rememorando algo. De pronto los abrió y pareció haber decidido algo.
—No les puedo contar cómo me hice esta herida— dijo tocándose la cicatriz del pecho y guiñandole un ojo a Jim, pero si quieren les puedo contar sobre esas rosas de Edén.
—Me encantaría oír esa historia— dijo Cinthya acomodándose junto a Mina. Ralph se cruzó de brazos y miró hacia la enorme roca que sobresalía del centro del estanque como buscando inspiración.
—Fue hace quince años— dijo. —Pero me parece que fué ayer…
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