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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Tass deslizó la palma de su mano sobre la proyección de la pantalla holográfica y esta se retrajo hasta convertirse en una minúscula esfera de luz flotando sobre el teclado.
La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por el resplandor de un par de pantallas que daban a la estancia un tinte azulado, como si del fondo del mar se tratase.
El color también hacía juego con el estado de ánimo de la joven.
Se había desvestido a medias, conservando la ropa interior y una sola de sus medias que colgaba indecisa del inquieto pie que golpeaba una y otra vez el borde del escritorio donde la joven se hallaba recostada.
La Río Grande era la única opción, lo había sido desde el principio cuando Tass se dió cuenta que debían sacar a Will de la Colonia y alejarlo lo más pronto posible fuera del alcance de Amanda.
La joven suspiró y se reclinó en la silla mirando el techo a través del cristal de sus anteojos. Una serie de reflejos borrosos se deslizaban por la superficie como lentos habitantes del mar de información digital.
¿Como meter a Will en la nave de Gray? El viejo piloto le debía algunos favores a Tass, pero algo como lo que estaba planeando… no, Gray jamas aceptaria hacer algo como eso, jamas traicionaria la autoridad de Amanda.
La otra opción que quedaba era la de tratar de meter al pobre Will como polizonte de uno de los containers de la Rainbow, lamentablemente esos contenedores no poseían soporte vital autónomo. Si Will se metia dentro de uno no llegaría vivo al puerto espacial más cercano. Tass comprobó por segunda vez el inventario de contenedores de la Colonia para cerciorarse que ninguno contaba con equipo de soporte vital instalado…. nada. Todos eran simples cajas de metal para transportar mercancías.
Tenía que haber otra forma, se lo había prometido a Matt.
Desplegó el inventario y comenzó a buscar por clase. Con la Red Galaxy caída no tenia acceso a la búsqueda universal de los fabricantes de contenedores, asi que debía registrar cada uno de los ítems dentro de la Colonia con el mejor criterio de búsqueda que pudiera implementar.
Nada. Simplemente no había ningún contenedor con esas características en la base de datos.
Otro suspiro. Tass estaba empezando a sentirse frustrada.
Barajó diferentes posibilidades, una más descabellada que la otra. Cuando estaba seriamente considerando ver si podía meter a Will en una cápsula de criogenización para enviarlo dentro de uno de los contenedores normales algo llamó su atención.
Sin darse cuenta había estado pasando a través de todas las cámaras de seguridad del hangar principal para enfocar a la Río Grande desde todos los ángulos posibles para tratar de inspirarse con algo. Una de las cámaras mostraba el amarre donde los containers vacíos se “devolvian” a la salida de la Colonia y eran acoplados automáticamente a la nave de correos que entonces podía salir por la esclusa principal.
Había dos contenedores vacíos en el muelle a la espera de ser recogidos por la Río Grande cuando partiera al dia siguiente. Algo en esas dos piezas de equipo llamó la atención de la joven, quien se acomodó en el asiento y accedió a las grabaciones de seguridad.
La imagen de la nave atracando en el muelle apareció inmediatamente y Tass comprendió el porqué de su inquietud; La Río había llegado a la Colonia con tres containers, dos con mercancías para la colonia y uno vacío proveniente de la Estación Barrow, pero al parecer se iba con solo dos, lo que significaba que uno de ellos permaneceria en la Colonia. Eso era raro.
La nave de Gray solía visitar la Colonia con un solo contenedor de mercancías para el consumo de los habitantes aunque no era extraño que ciertos equipos y componentes importantes llegaran a veces desde alguna manufactoria lejana para cumplir con las estrictas regulaciones comerciales que imponia el Gobierno Unificado.
La joven volvió a inspeccionar el video, estaba segura de haberse pasado por alto algún detalle importante.
Usando los controles de video mejoró el contraste de la imagen y usó un filtro para eliminar la iluminación rojiza de la bahía de atraque, entonces pudo ver con detalle la pintura del último contenedor. Tenía una franja azul que recorría todo el perímetro del casco.
Tass hizo un gesto violento con la mano y la pantalla se apagó frente a ella.
—Mierda —dijo en voz alta.
Era un container con soporte vital y había llegado a la Colonia en la Río Grande el día anterior, la casualidad era… no, no podía ser simple casualidad ¿o si?
Necesitaba investigar esa pieza de equipo, pero hacerlo desde su terminal sólo atraería la atención de Amanda de inmediato y lo que necesitaba era tiempo, tiempo para sacar a Will y esperar que su jefa descubriese la fuga solo cuando el chico estuviera fuera alcance.

Tendría que usar su «Gorrito de Aluminio»
Se puso de pie de un salto y se dirigió hacia la cocina. Al llegar frente a la pileta se agachó y abrió la puerta deslizante del compartimento donde guardaba los productos de limpieza. Al fondo, cerca de donde el caño de desague penetraba en la pared metálica del camarote habia un pequeño cable colgando.
Tass tiro suavemente del cable y lo estiró hasta salir lentamente de la cocina, tratando de ejercer la menor fuerza posible en el mismo. El cable se desenrrolló hasta el dormitorio de la joven y Tass dejó la pequeña ficha del extremo colgada del respaldo de la cama.
Hacia mucho tiempo que no usaba esa computadora.
En la jerga de los expertos en seguridad o personajes algo mas oscuros se las llamaba «Gorritos de Aluminio» en referencia a la paranoia de ciertas personas sobre la vigilancia que los gobiernos ejercen con sus ciudadanos.
Un «Gorrito de Aluminio» es una computadora construida a partir de partes que no poseen identificadores comerciales que permitan rastrear su procedencia, por ejemplo placas base creadas mediante impresiones 3D o chips comprados a fabricantes ilegales o entusiastas fuera del mercado regulado de hardware.
Eran computadoras diseñadas para usarse solo una vez, especialmente si se usaban para acceder a la Red Galaxy, donde su presencia sería revelada tarde o temprano frente a la continua búsqueda e investigación de los diferentes nodos de seguridad que recibían y enviaban los datos a cada terminal que conformaba la gigantesca red.
El «Gorrito de Aluminio» de Tass nunca había sido conectado a la Red, la chica había usado la computadora en entornos simulados para probar la fuerza de sus medidas de seguridad. Pero esta vez era diferente. Esta vez era ella la que no quería ser vista mientras manipulaba las bases de datos de la Colonia.
El cable era la clave y el tesoro mas preciado de Tass.
Se trataba de una conexión física al núcleo computacional de la Rainbow. No se trataba de uno de los cientos de enlaces inalámbricos que existían por la Colonia y que eran vulnerables a ser interceptados u «olfateados» por cualquier dispositivo electrónico. Ese cable era un acceso directo e indetectable que había demandado un esfuerzo enorme por parte de sus amigos para mantenerlo oculto a la mirada de su Capitán.
Tass sostuvo la pequeña ficha frente a sus ojos. Aquel cable se escurría dentro de la nave por casi kilómetro y medio. Habían tardado un año entero en descubrir una ruta segura lejos de los sensores y cámaras de Amanda que monitoreaban las vías de acceso de datos, tuberías y desagües que creaban las vías circulatorias de la enorme nave.
Will había provisto uno de los drones de Hal y lo había modificado para que pudiese llevar un dispensador de cable montado en su parte trasera. Con paciencia y mucho sigilo habían ido tendiendo aquella línea secreta a lo largo del «interior», el enorme laberinto de túneles, pasarelas y cañerías que formaban la red de servicio de ingeniería de la Rainbow.
Había sido una tarea monumental que solo ahora le parecía a Tass concebida para una situación como a la que se enfrentaba.
Volvió a dejar el cable y abrió una de las puertas de un gran mueble detrás de la cama. Al fondo de uno de los cajones encontró la caja donde guardaba su computadora especial.
La mayoría de los componentes los había rescatado de los depósitos de reciclaje que quedaron abandonados por la antigua tripulación de la nave. Borrar la firma digital de los componentes básicos fue fácil, el resto, los componentes más «delicados» los había importado desde diferentes partes de la galaxia, siempre utilizando los canales «especiales» de los entusiastas como ella.
El resultado era una computadora portátil básica, sin grandes capacidades de desencriptación o ataques de fuerza bruta, pero perfecta para navegar bases de datos en forma silenciosa y sin dejar rastros.
Buscar e investigar de forma silenciosa era lo que Tass necesitaba en ese momento. Se acostó en la cama boca abajo y desplegó la pantalla de su preciada herramienta. Una vez que confirmó el funcionamiento óptimo y que el software estaba listo para entrar en acción, solo entonces conectó el cable a uno de los puertos a un lado del teclado.

Tass se concentró en la pequeña pantalla. Debia ser rápida y certera con su búsqueda de lo contrario…
El Ringtone de su Pad sonó como una alarma en la habitación. La chica dió un salto y quedó de pie sobre la cama tratando de cubrir un golpe invisible. Ese Ringtone era inconfundible, Amanda la estaba llamando
—No puede ser —murmuró mirando la pantalla de su computadora —¿Tan rápido me ha encontrado? ¿Como…?
La llamada seguía sonando incesantemente. Tenía que contestar
La joven se bajó de la cama y alcanzó el aparato que había quedado sobre el escritorio. Casi con miedo extendió la mano y tocó brevemente la pantalla. La llamada se conectó de inmediato.
—Tass! ¿Que pasa? ¿Por qué no contestas? —pareció rugir el altavoz mientras acercaba la pantalla a su rostro.
—Disculpa Amanda, estaba por acostarme.
La cámara estaba conectada y Amanda estaba viendo que llevaba solo la ropa interior puesta… bien, al menos no la atraparia mintiendo con eso.
—Lo siento Tass… cierto que es tu dia libre, no debería haberte gritado. —la voz de la mujer sonaba realmente dolida. —Te pido que me disculpes
—No pasa nada —respondió la joven. —¿Sucede algo?
—Tu dimelo…. esperaba al menos un mensaje sobre lo que hablaste con Silvia..
—¡Mierda!
Lo había olvidado por supuesto, su entrevista con Silvia esa mañana. Debía de haber escrito un informe para Amanda pero todo lo que había pasado con Matt y Will la había hecho olvidar por completo.
—Yo….
El suspiro fue audible para Tass, parece que Amanda ya no sentía tanta culpa. —Solo dame un resumen general.
Tass se relajó y se sentó en la cama levantando las piernas. Era solo una casualidad, si, eso era. Su computadora seguía conectada al cable pero al cerrar la pantalla toda actividad habia cesado de inmediato.
—Silvia me dijo que el tipo de sangre es relativamente conocida en el ámbito de estudio de Evans, pero que se trata de un material que está muy controlado por el Gobierno.
Amanda hizo una breve pausa antes de preguntar —¿Que tan confidencial es?
Tass se rascó distraídamente la cabeza —Digamos que llamarlo «sensible» es quedarse cortos.
—Es… ¿Algo peligroso?
Tass negó con la cabeza. —No, para nada. Silvia dijo que hay un vínculo bastante importante entre el tipo de sangre y la herencia de manipulación genética de la Protocultura en los primeros humanos.
—Ya veo— murmuró la mujer desde el puente. —¿Algo más?
Tass trató de recordar los detalles más importantes. —Mencionó sobre la investigación de los militares… una flota de investigación que desapareció misteriosamente o algo asi… en fin, insinuó que no sería nada bueno para la privacidad de la Colonia que Evans investigue abiertamente en la red sobre el tema.
—Comprendo, supongo que será mejor hablar con él sobre el tema. —contestó la Capitana. —Probablemente se enfade conmigo por invadir la privacidad de su investigación pero…
—Estoy segura que entenderá las razones— exclamó Tass inclinándose hacia adelante. —¿Eso es todo Amanda? Me gustaría dormir un rato…
La mujer guardó silencio como pensando profundamente. —Por supuesto— dijo finalmente. —Que descanses bien Tass.
—Te veo mañana— saludó la joven mientras sacudía la mano sobre la pantalla, que se apagó de inmediato.
Fiuuu! —exclamó. Eso había estado demasiado cerca.
Arrojó su Pad sobre las mantas y volvió a recostarse boca abajo con los pies en la almohada mientras abría nuevamente la pantalla de su equipo «especial»
Dejó que los programas de diagnóstico se ejecutaran y colocó las protecciones necesarias. Ahora debería planear muy cuidadosamente sus movimientos.
Tarde o temprano Amanda descubrirá la huida de Will y Tass sería señalada inmediatamente como la responsable. Ella asumirá el castigo por supuesto pero debía darle a su amigo todo el tiempo extra que pudiese para que se alejara lo suficiente de la Colonia.
Si accedía a la base de datos de la Rainbow directamente haría saltar las sospechas de la Capitana casi de inmediato, despues de todo estaría registrando una petición de datos desde un dispositivo desconocido. Debía utilizar un camino indirecto, uno que desviase la atención lo más posible y dificultase el seguimiento de cualquier rastro digital que quedase registrado.
Tenía varias opciones, pero se decidió por la más simple.
Todos los componentes de la Rainbow estaban conectados al sistema informático central que manejaba desde el inventario hasta las tareas de mantención y reparación de todos los equipos que trabajaban diariamente para mantener en marcha la operación de recupero y reciclaje del Campo. Todo, desde las grúas del hangar principal hasta los pequeños robots de limpieza que se arrastraban por los pasillos estaban de una u otra forma conectados entre sí y se retroalimentaban de datos y órdenes con el centro de cómputos de la nave.
Eso incluía por supuesto al muelle de atraque del Hangar Principal.
El proceso de acople de naves, la carga y descarga de los contenedores eran parte de un gigantesco sistema de logística que recorría las entrañas de la Rainbow formando una red de incontables vías, caminos y tuberías que conectaban a cada módulo de la Proa a la Popa. Grúas, cintas transportadoras, vagones de carga, elevadores y acopiadores, miles de diferentes máquinas estaban conectadas entre sí para distribuir rápida y eficientemente cualquier cosa, desde unos cuantos tornillos a módulos enteros que se agregaban o quitaban de la superestructura de la nave según eran o no necesarios.
Todas y cada una de ellas enviaba miles de peticiones a la base de datos central como parte de su rutina básica de seguimiento de cada proceso.
Esa era la clase de laberinto que Tass usaría para enmascarar su investigación.
Accedió a la red de Logística y registró un acceso de bajo nivel con el muelle de atraque del hangar cuatro, a partir de ese momento toda petición de datos pasaría a formar parte de la red de máquinas y la mantendría oculta a miradas indiscretas, al menos por el momento.
El registro de atraques fue lo primero que examinó, como lo esperaba los tres contenedores de la Rio Grande figuraban casi a lo último de la lista junto con los dos últimos containers vacíos que Rebbie o Annie habían dispuesto en la cola de espera para ser cargados en la nave en cuanto Gray zarpe por la mañana.
—GMC/SV38534, te tengo. —exclamó la joven.
La denominación «SV» o SoporteVital, indica la presencia de equipamiento para transportar animales o personas en el espacio de carga de forma protegida a las peligrosas condiciones del Espacio Exterior.
La joven usó los datos que disponía en la lista para entrar directamente al hardware de registro del contenedor. Estos se desplegaron antes sus ojos casi de inmediato.
—Así que vienes de la Barrow— dijo la joven. —No se que rayos estabas haciendo ahí pero te aseguro que pienso averiguarlo.
El contenedor era bastante viejo, en su registro figuraban más de setenta puertos diferentes desde que fuera comisionado en el año 2047. La lista de cargas incluia animales de todo tipo, desde gallinas hasta varios ejemplares de dinosaurios de Edén para un zoológico galáctico itinerante…. ojalá que estuviese limpio o Will la iba a pasar muy mal ahí adentro.
Figuraba registrado a nombre de una pequeña compañía de transportes de la Flota 31 aunque los últimos diez clientes que habían utilizado el contenedor eran todos diferentes, cosa que era lógica, después de todo había millones de contenedores repartidos por toda la Galaxia. Era muy posible que la compañía que lo había mandado a construir ya no existiera salvo en la memoria física de la base de datos del equipo.
El registro de fechas llamó la atención de Tass… GMC/SV38534 había llegado a la Barrow casi cinco años atrás ¿Había estado atracado en la vieja estación de investigación todo ese tiempo? Aparentemente había sido llevado por error de otra nave de carga y luego olvidado en el muelle de la Barrow hasta ahora.
Entonces de alguna forma la Río Grande lo había recogido junto a la carga mensual para la Rainbow.
Tass sabía perfectamente cómo funcionaba el sistema de logística de la Rainbow, generalmente los contenedores se instalaban en los rieles de transporte y a medida que se desplazaban por la Colonia se colocaban en fila unos tras otros hasta que al final, tarde o temprano volvían a ser recogidos por las grúas y devueltos al muelle de atraque. Había un centenar o más de contenedores en toda la Rainbow, muchos de ellos aparcados en vías desactivadas fuera del circuito primario, casi siempre eran los mismos diez o veinte contenedores que se paseaban por las vías y volvían a ser cargados.
GMC/SV38534 no estaba en el circuito primario y eso despertó la alarma de Tass. ¿Donde rayos estaba? Lo encontró rápidamente, había sido apartado del resto y descansaba en una vía secundaria cerca del taller de soldadura, acoplado a otro contenedor vacío.
La joven suspiró aliviada. Ambos contenedores figuraban como abiertos y descargados. Menos mal, era imposible para ella descargar un contenedor entero sin llamar la atención del personal dedicado a ello.
En fin, ya tenía a su presa. Ahora debía prepararla para llevar a cabo su plan.
Primero debía encontrar el modo de sacar los dos containers que ya estaban estacionados en el muelle de atraque. Eso era fácil, simplemente necesitaba activar un proceso de «Purga» de la estación de carga. Había varias rutinas de diagnóstico de ejecución rutinaria cuyo requerimiento era disponer de la plataforma de carga libre de containers. Tass ejecutó una de ellas y el sistema comenzó inmediatamente a quitar los contenedores.
A casi medio kilómetro de la habitación, una enorme sección de la bahía de atraque comenzó a desprenderse de la estructura principal. Lentamente la sección se elevó por los rieles adosados a la pared y comenzó a rotar lentamente. Casi a cincuenta metros por encima de ella una compuerta se abrió y dos rieles se extendieron desde la abertura, listos para recibir los contenedores que estaban siendo cargados desde el muelle.
Todo el proceso demoraria más de veinte minutos. Tass necesitaba ocuparse de otra cosa mientras el muelle se liberaba.
Centró su atención en el contenedor. Los indicadores de estado mostraban que los sistemas estaban en condiciones y listos para funcionar, solo había un detalle; el sistema de soporte vital solo se pondría en funcionamiento cuando el contenedor estuviera cerrado y despachado. Eso requeria de una llave de seguridad y una carga de Manifiesto.
La joven suspiró y desvió la vista de la pantalla un momento. Al fin y al cabo tendría que hacer aquello que más odiaba.
Tass no era un Hacker. Si bien la línea que separaba a un experto en seguridad de un hacker era demasiado difusa, Tass pertenecía a un grupo de entusiastas de la informática que se diferenciaba radicalmente de aquellos que explotaban las vulnerabilidades del software.
Tass era una «Emulator», una experta en lo que se conoce como «Emulación» de los sistemas informáticos. Un Emulador no hackeaba sistemas; los simulaba. Desde simples consolas de videojuegos a enormes redes industriales o vehículos, la tarea de un Emulador era recrear el comportamiento de un aparato o sistema dentro de un entorno lo más parecido a su contraparte real.
No era algo tan simple como ejecutar el código de un programa en otro hardware distinto al que originalmente se había planeado. Un Emulador profesional podía recrear todas las características del Hardware deseado de tal forma que su comportamiento no se diferenciase del original. Esto incluia simular la temperatura generada por el hardware emulado, las vibraciones de sus piezas, incluso la radiación y campos electromagnéticos que sus partes móviles generaban.
Tass sacudió la cabeza decidida; no habia vuelta atras.
Usó un programa especial para extraer el código de la llave de GMC/SV38534 mientras creaba una copia virtual de la cerradura. Tass no tendria que Hackear ningún código, despues de todo ella quería cerrar el contenedor, no abrirlo. Lo que necesitaba era crear una cerradura realista, de modo que pudiera ser cargada en el sistema y enviada fuera de la Colonia sin que saltase ninguna alarma de los diferentes sistemas automáticos de monitoreo.
Para eso necesitaba que el contenedor GMC/SV38534 figure en el manifiesto de la nave que iba a sacarlo de la Colonia. El problema era que el Manifiesto se cargaba primero en la nave y luego se transfería a cada cerradura electrónica de los Contenedores que formaban la carga
Tass volvió a suspirar y contempló la pequeña ventana de video que mostraba la nave de carga en el silencioso hangar principal.
—Café. —dijo en voz alta y en la cocina la pequeña cafetera Espresso comenzó a calentar el agua. —Doble. —Agregó sabiendo que tendría que trabajar a contrarreloj durante el resto del día.
Al fin y al cabo iba a Emular a la toda «Rio Grande».
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