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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Las tres armaduras cayeron con estrépito sobre la cubierta del hangar principal de la Quitra Queleual de la Capitán Dulmei. De inmediato el grupo de combatientes del Escuadrón de Defensa Antimisiles Número 30 corrió hacia los restos de armadura que sobresalian entre la pareja de Raus que lo habían arrastrado dentro de la nave.
—¡Yuwe! —gritaban mientras usaban sus manos para doblar el retorcido metal en busca de un acceso a la cabina.
La fuerza combinada de la media docena de chicas logró abrir una abertura lo suficientemente grande para que una de ellas asomara su cabeza y alumbrara el interior del maltrecho aparato.
En ese preciso momento llegó Dulmei a toda carrera escoltada por sus oficiales.
—Apártense todas de ahí! —gritó mientras señalaba el Rau y la orden fue obedecida de inmediato. El grupo de guerreras se apartó al unísono dejando sitio para que Dulmei se acercara a la abertura.
La masa de metales retorcidos cobró forma ante el ojo experto de la Capitana. De inmediato comprendió lo que había sucedido con la armadura y el porqué del daño recibido sobre la cabina. Sin perder un solo segundo la oficial se asomó al agujero y exploró el interior en busca de su ocupante.
Yuwe estaba aprisionada contra el fondo de la cabina, casi aplastada por el puño de su propia armadura pero viva, aunque por el gesto de dolor que se vislumbraba a través del visor quebrado de su casco no le quedaba mucho tiempo
—¿Capitán Yuwe? ¿Me escucha?
La Meltrán movió un poco la cabeza ante la voz de su superiora. Buena señal.
—Vamos a sacarla de ahí inmediatamente.
La joven pareció hacer un enorme esfuerzo y de pronto la armadura tembló de forma violenta.
—¿Que…? ¡Yuwe no se mueva!
Pero al parecer la Meltran no escuchó la orden o por increíble que parezca decidió no obedecerla. Los temblores en la armadura continuaron y Dulmei retrocedió en cuanto el puño de la armadura comenzó a retroceder lentamente mientras las destrozadas articulaciones se movían en medio de chirridos y salpicaduras de fluidos internos.
En ese momento el resto del grupo se dió cuenta de lo que había sucedido. Parecía que Yuwe había metido el puño de su armadura violenta y directamente dentro de la cabina, como si su robot se hubiese dado un golpe a si mismo con toda la fuerza posible.
—Pero… ¿Que..? —comenzó a preguntar una de las guerreras pero fue interrumpida por un gesto de Dulmei.
Yuwe estaba intentado manipular los controles con las pocas fuerzas que le quedaban a su maltrecho cuerpo y la Capitán comprendió que era algo que solo ella podia hacer. Era una batalla que la guerrera debia luchar sola.
Durante segundos interminables, en medio de lo que parecia una terrible agonia el puño de la armadura se abrió al mismo tiempo que la guerrera lanzaba un grito desgarrador.
De entre el metal retorcido que apenas recordaba al puño del Queadluun una masa sanguinolenta cayó sobre el gastado piso de metal. Todo el grupo de Meltran guardó silencio, roto solo por los crujidos de la armadura y el jadeo continuo de Yuwe.
Dulmei dió un paso al frente y se inclinó sobre los restos examinandolos cuidadosamente. Al cabo de unos segundos adelantó la mano y extrajo un objeto pequeño.
Las demás guerreros ahogaron un grito de asombro.
—Virya— La Capitán pronunció el nombre como si no creyera lo que tenía entre las manos.
En ese momento la guerrera de la armadura destrozada colapsó con un gemido.
—¡Ayuden a Yuwe! —gritó Dulmei mientras se ponía de pie. El grupo reaccionó con rapidez y en unos minutos habían rescatado el cuerpo de la joven de entre los restos retorcido. Increíblemente aún respiraba.
—Llevenla de inmediato a la bahía médica— dijo señalando a sus escoltas— Ayudenla.
Yuwe estaba muy mal herida pero viva, tenía las piernas aplastadas y torcidas de una forma antinatural y un hilo de sangre salía por su boca entreabierta… cada segundo era vital para su supervivencia.
El grupo corrió a través del hangar llevando a la Meltran en andas mientras Dulmei y las dos pilotos de QRau quedaban solas en el enorme espacio. Una de las guerreras dió un paso al frente y miró con incertidumbre a la Capitán. —Virya…. esta?
La oficial levantó la mano y abrió el puño para que las jóvenes pudieran ver mejor. —Viva— dijo solamente.
Viva, era increíble pero estaba viva. Dulmei no podía apartar la mirada de la pequeña guerrera que sostenía inconsciente en la palma de su mano. Cuando vió toda la sangre y pedazos de carne sobre el cuerpo de la Micrón temió que hubiese sido aplastada por la armadura de Yuwe, pero no era así, esa sangre no era de Virya. Su traje estaba intacto, estaba simplemente desmayada.
Una de las guerreras extendió la mano para tomar a Virya pero Dulmei apartó a la joven de sus compañeras. —Aún no ha terminado su misión— dijo.
—¿Su misión? —respondieron consternadas las guerreras.
—Debemos regresarla a su condición normal— Dulmei extendió la mano libre hacia delante, hacia una de las piloto— Trae algo de agua.
La joven salió corriendo en dirección a su armadura y volvió al cabo de un minuto con un recipiente lleno de agua. Dulmei puso con delicadeza a la inconsciente Virya en el piso del hangar y la roció con el contenido de la cantimplora para limpiar un poco la sangre y los restos de tejido.
Las tres Meltran miraban a Virya sin decidirse a hacer algo, finalmente la oficial extendió un dedo y comenzó a masajear el pecho de la pequeña micrón a intervalos regulares.
Al cabo de unos minutos de repetir el improvisado tratamiento Virya reaccionó y comenzó a moverse. Las tres Meltran suspiraron aliviadas.
—¿La llevamos a una vaina de tratamiento? —preguntó la guerrera que habia traido el agua.
Dulmei sacudió la cabeza. —Es demasiado pequeña para una vaina de recuperación. Espero que sus heridas no sean de gravedad y soporte el proceso de regresarla a la normalidad. Es la unica chance que tiene de recuperarse.
Mientras decía esto tomó con cuidado el diminuto cuerpo de la guerrera y lo depositó con la mayor delicadeza posible en el bolsillo de su uniforme. —Debemos ir al debriefing de la misión en el puente del mando. Kreegan espera.

El grupo de Meltrans abandonó el hangar y se dirigió hacia el pasillo que conducia a la cubierta de circulación general de la Quitra Queleual. La nave habia sido evacuada y solo el mínimo de personal estaba apostado en sus puestos de guardia. Al llegar al elevador principal encontraron a las dos oficiales que habían acompañado a Yuwe a las instalaciones médicas.
—En descanso— dijo Dulmei mientras hacía un gesto con la mano—¿Como está la Capitán Yuwe?
—Respiraba cuando entró a la vaina— contestó una de ellas llevándose el puño al pecho. —La recuperación completa demandará doce horas.
—Bien. ¿Algo más que reportar?
—La nave de Kreegan se posicionó a estribor hace treinta minutos. También recibimos autorización del comando central para regresar a la flota en cuanto estemos listos.
Dulmei se preguntó si todo lo que había pasado sería de interés para el Almirante Dortrad-Jen y si había seguido la operación. En todo caso lo peor había pasado, solo restaba recuperar a su nueva piloto a su estado original.
—Haremos el debriefing ahora— dijo mientras se daba la vuelta en dirección a las pilotos que la habían escoltado. —Buen trabajo soldados, se han desempeñado de forma extraordinaria.
Las dos Meltran se llevaron el puño al pecho. —Gracias Capitán! —contestaron al unísono.
—Vuelvan con sus compañeras y descansen mientras puedan.
Las chicas dieron media vuelta y se alejaron por el pasillo en dirección a las barracas mientras Dulmei y sus oficiales (Y la desvanecida Virya) entraban al ascensor principal que las llevó inmediatamente el puente de mando de la fragata.

La mayoría de la tripulación que quedaba en la nave estaba ahora en el puente de mando, supervisando las operaciones previas al salto FOLD parar volver a la flota principal.
Dulmei salió del elevador seguida de sus oficiales y se dirigió hacia el centro del puente, de forma tal que las enormes pantallas holográficas cubrieran toda su visión.
—Comuniquenme con Kreegan— ordenó.
La pantalla tembló casi imperceptiblemente y la imagen del enorme Zentradi ocupó la totalidad del espacio.
—Capitán Dulmei 172 reportandose. —exclamó mientras realizaba el saludo Zentradi.
Kreegan hizo un gesto y la imagen retrocedió un poco de forma que Exedore y el quedaron dentro de la imagen. —Buen trabajo Capitán— respondió el Comandante contestando el saludo. —Ha realizado usted una labor extraordinaria.
—Gracias Comandante. —el rostro de Dulmei no mostraba ningún tipo de emoción.
—Yo mismo le informaré al Almirante sobre el desempeño de sus combatientes en esta misión, será condecorada por ello.
Ahora si que Dulmei tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para no dejar escapar una exclamación de orgullo.
—¿Qué hay de la Meltran Virya? —preguntó Exedore. —¿Sobrevivió?
Dulmei colocó ambos brazos a los costados. —Así es señor, fue rescatada por la Capitán Yuwe y ambas resultaron heridas durante la detonación.
—Lamentamos la pérdida de la Capitán Vaal— contesto Kreegan. —Su sacrificio ha traído una gran victoria a nuestra flota. Mi Archivista garantizará que su nombre no será olvidado.
Exedore asintió y miró atentamente a la pantalla. —Las acciones de este dia han sido más que extraordinarias— respondió. —¿Han sufrido graves heridas sus dos combatientes?
—La Capitán Yuwe está en la vaina de recuperación— dijo Dulmei sin cambiar de postura. —La Teniente Virya está aquí conmigo.
Kreegan y Exedore cruzaron las miradas en silencio.
—Dejeme verla— ordenó Kreegan.
Dulmei extrajo con cuidado a la joven Micrón del bolsillo delantero de su uniforme y la colocó en la palma de su mano de forma que quedara a la vista de la enorme pantalla.
Los dos Zentran observaron a Virya en silencio mientras la imagen se acercaba y mostraba a la joven en un primerísimo plano. La pequeña Micrón no se movia pero se podia ver el movimiento de su pecho al respirar.
—¿Cual es su diagnóstico? —preguntó el Comandante
—Contusiones y shock debido a la onda de choque— respondió Dulmei. —Puede haber hemorragia interna pero el traje Micrón no tiene indicadores de estado.
—Es demasiado pequeña para la vaina de recuperación estándar. —comentó Exedore sin quitar la vista de la imagen. —Revertir el proceso de Micronización podría salvarla pero…
Kreegan miró a su Archivista con el ceño fruncido.
—¿Pero...?
Exedore parecía indeciso. Su cabeza temblaba de forma exagerada —No sabemos si volverá a la normalidad
Dulmei se puso alerta y una arruga de preocupación cruzó su rostro. Por supuesto que había visto cambios físicos en Virya, pero había juzgado prudente no informar de ello a sus superiores por el bien de la misión ¿Valía la pena seguir ocultando la verdad? Virya había arriesgado mucho más que su vida en esa misión.
—Leimos su informe— dijo Kreegan volviendo la mirada hacia la Capitán— La teniente Virya no resultó con alteraciones físicas durante su micronización, no obstante mi Archivista ha juzgado que hubo alteraciones en el comportamiento y se trata de un tema en el que debemos tener mucho cuidado.
La Capitán Dulmei tragó saliva. Una palabra de más y Virya estaría condenada. —La Teniente Virya ha cumplido con su tarea de forma exitosa— dijo. —No hay ninguna alteración en su comportamiento. Todas las Meltran estamos hechas para triunfar en la batalla, no importa que tan imposible sea la tarea.
Siguió un momento de silencio mientras Kreegan gruñia y su Archivista continuaba mirando fijamente a la Meltran micronizada. —Hay una posible explicación— dijo Exedore de pronto— Ciertos cambios de comportamiento suelen producirse luego de vivir situaciones de combate extremas ¿Virya es la única superviviente de su escuadrón de Nonas, verdad?
—Así es.
—Ridículo— contestó el Comandante con desagrado. —La mente de un Zentradi no puede romperse tras una batalla.
—Ciertamente— confirmó el Archivista. —Pero no sabemos con exactitud si eso se aplica a los Micrones.
Kreegan miró a su subordinado fijamente. —¿Cual es su análisis?
Las protuberancias de la cabeza de Exedore temblaron violentamente mientras el Zentran trataba de examinar las pocas conclusiones sobre el caso. —La Teniente Virya es un caso extraordinario para analizar. Como Archivista me interesa pero también estoy al tanto de la necesidad de proteger la flota. En estos momentos Virya no presenta un peligro para nosotros, pero debemos determinar qué hacer con ella antes de volver a la flota principal.
—¿No podemos simplemente matarla? —dijo Kreegan casi sin importancia.
Dulmei se estremeció levemente. Sabía que si el Comandante o su Archivista lo ordenaban simplemente bastaría con cerrar el puño con un poco de fuerza y Virya se convertiría en un pedazo de carne aplastada. Era muy fácil.
Solo una palabra.
Pero aquellos dos Zentran no daban la orden ¿Acaso algo les impedía tomar la decisión?
Exedore dio un paso al frente y señaló con el dedo huesudo una representación de la flota de apoyo que en esos momentos se encontraba en la retaguardia de la flota principal. —Propongo revertir el proceso de Micronización lejos de la flota y evaluar nuevamente a la Meltran. Si vuelve a la normalidad sin secuelas entonces le devolveremos a su combatiente— dijo el Archivista ahora convencido. —Si, creo que es la mejor opción para todos.
Dulmei suspiró aliviada.
—Bien, dejaré esta situación en sus manos Archivista Exedore —contestó el Comandante. —Si piensa que la información obtenida puede ser valiosa para el futuro de la flota entonces no me opondré.
—Así se hará Comandante— respondió Exedore inclinando la cabeza.
—Entonces es hora de regresar. Capitán Dulmei.
—Si señor! —respondió la meltran mientras se ponía en posición de firme.
El enorme Comandante la miró fijamente. —Ocúpese de la recuperación de la Teniente Virya, es un valioso elemento de su personal de combate.
—A la orden Comandante.
La imagen se desvaneció de inmediato sumiendo al puente de mando en un silencio profundo. Dulmei volvió a suspirar, esta vez más profundamente.
—Activen la baliza de la nave DBN-712 y establezcan un punto de salto tras la flota principal, separación de un millón de kilómetros.
El puente de mando recobró su habitual actividad mientras la tripulación de oficiales alistaba la nave según las órdenes recibidas.
Mientras tanto, a unos tres años luz de distancia, en algún punto entre el enjambre de naves de soporte que conformaban la retaguardia de la flota principal Dortrad-Jen, en el deshabitado puente de mando de una pequeña nave de soporte se iniciaba una serie de comandos automáticos que alteraron el curso de vuelo y pusieron a la nave en la dirección opuesta a la flota. Algunos chispazos iluminaron brevemente las resquebrajadas pantallas y en algun lugar una alarma comenzó a sonar, pero no había nadie que pudiera escucharla.

—Punto de reunión en treinta minutos— informó una de las Meltran que operaba un puesto de navegación. —iniciando preparativos para FOLD de corto alcance.
Dulmei asintió satisfecha. —Inicien procedimiento FOLD en cuanto estén listos. Estaré en el hangar principal— dijo mientras se dirigía al elevador. Una vez que estuvo dentro y las puertas se cerraron tras ellas echó una mirada a la pequeña Micrón que todavía llevaba en la mano.
Para su sorpresa descubrió que Virya estaba despierta y la miraba con atención.
—¡Tu! —Exclamó la Capitán sorprendida —¿Cuando…?
—Desde hace rato— respondió con lentitud.
Dulmei abrió la boca para decir algo pero ninguna palabra salió de entre sus labios. Finalmente suspiró y metió con cuidado a Virya en el bolsillo delantero.
—Parece que se ha salvado de nuevo Teniente.
Virya no respondió, tenía demasiadas cosas en la cabeza, demasiado que pensar.
Descendieron en silencio mientras la atmósfera comenzaba a vibrar por efecto de la energía dimensional que envolvía la nave momentos previos al salto FOLD.
Cuando las puertas del elevador se abrieron la nave se encontraba viajando por el éter interdimensional en dirección a la retaguardia de la gigantesca flota de Dortrad-Jen.
—Quiero que sepa— Dulmei hablaba sin quitar la vista del pasillo por donde caminaba. —Quiero que sepa Teniente que si el Comandante hubiese dado la orden de matarla lo hubiese hecho sin dudarlo un solo segundo.
—Lo sé— respondió Virya asomada fuera del bolsillo. El juego fantasmal de luces e imagenes del procedimiento FOLD hacían que el enorme rostro de Dulmei pareciera algo irreal y distante. —¿Por qué habría de hacer algo diferente?
—Exacto —contestó simplemente la Capitán.
El aire tembló una última vez y la distorsión visual menguó por completo. La nave había salido al espacio tradicional cerca de su destino.
Dulmei y Virya entraron al hangar principal.
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