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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Jim volvió a escribir el nombre usando otras letras, a lo mejor se trataba de un error en cómo había escrito el nombre “Virya”. Tras varios intentos infructuosos suspiró y se dió por vencido.
Estaba seguro que el nombre Virya era de origen Meltrán, al menos ese dato le daba una serie de pistas de donde ampliar su búsqueda. Resolvió cambiar su aproximación al asunto y tecleó “Queadlunn Rau Rojo” en el campo de búsqueda.
Como se lo imaginaba, la famosa armadura que pilotara la As Milia Fallyna apareció en pantalla en una sucesión de fotografías y notas de la más variada índole y temática posible. Al fin y al cabo era la más reconocida de todas. Jim resaltó el nombre de la conocida piloto y lo asignó como elemento a filtrar por el motor de búsqueda.
Al cabo de unos momentos aparecieron nuevos resultados, esta vez obviando toda relación con la famosa Meltran. La decepción de Jim era evidente, apenas una docena de artículos habían aparecido y el nombre de Virya no se mencionaba en ninguno de ellos.
Había varios Rau de color rojo de los que se conocía su ubicación en la actualidad, algunos de ellos en posesión de coleccionistas y otros en museos o exhibiciones permanentes. Uno de ellos estaba asignado a una conocida PMC con asiento en la flota Frontier. Jim sintió curiosidad y seleccionó la noticia, haciendo que una fotografía de la armadura junto con su piloto apareciera resaltada. Ni el rostro de la joven piloto de cabello azul ni su nombre le decían nada, además esa armadura era un Rhea, no un Rau, seguramente el autor de la nota los había confundido por su gran similitud. Jim cerró la nota y continuó su búsqueda en los otros artículos.
Nada.
Había chocado contra un callejón sin salida ¿Estaría equivocada su corazonada? Tal vez se trataba de alguna historia de la Colonia completamente desconocida en el exterior y sin importancia para el Mando de la NUNS pero… algo hacía ruido en la cabeza de Jim y el se tomaba muy en serio esas cosas.
Apagó la consola y desactivó los últimos sistemas antes de bajar de un salto hacia el piso del hangar. La cabina del caza se cerró unos momentos más tarde.
Jim contempló en silencio el VF-17, recordando todas las situaciones en las que se había involucrado con su caza en las últimas cuarenta y ocho horas. Dio unos pasos alrededor del ala izquierda, recorriendo el perfil con los dedos como si comprobara el filo de una antigua espada. Al llegar a un punto intermedio se inclinó por debajo de la misma y examinó uno de los lanzadores de señuelos del caza, sellado tras una compuerta rebatible que lo protegía de las inclemencias del espacio exterior. No le había quedado más remedio que configurar los lanzadores en modo manual, ya que el protocolo de vuelo le impedía modificar los valores establecidos por el control de misión, pero eso es lo que menos le preocupaba. ¿Cómo habían podido cometer un error tan grave? Rodarian un par de cabezas en la división de planificación, de eso estaba absolutamente seguro.

Sin nada más que hacer dio la espalda a su aeronave y se dirigió hacia uno de los transportes que los operarios que trabajaban alrededor de la Rio Grande habían dejado libre hacia algo más de una hora. Colocó su casco en el asiento del acompañante y realizó unos pocos ejercicios de estiramiento. Trabajar debajo del VF-17 hacía que uno esforzara su espalda al máximo.
Se tomó unos instantes para examinar la Rio Grande, un carguero de clase II era uno de los más comunes en toda la Galaxia. Fabricados en masa durante los comienzos de la expansión humana, la mayoría de los que estaban en manos civiles habían pertenecido en algún momento a una de las múltiples flotas que salían de La Tierra a la conquista del espacio. Esta nave sin embargo se revelaba muy diferente a las que Jim conocía, estaba en un estado de conservación casi perfecto, sin abolladuras o deformaciones del metal tan comunes en las enormes naves de carga que se amontonaban en cada uno de los puertos de las Colonias o Flotas del ejército. Definitivamente el Capitán sabía cómo cuidar su nave y Jim ya se había dado una fugaz idea al ver la extraordinaria pericia con la que había aterrizado en ese mismo lugar en forma completamente manual.
Realmente quería conocer a ese hombre.
Subió al vehículo de transporte y comprobó aliviado que el personal de mantenimiento había dejado programado una especie de GPS en la pantalla principal del panel de instrumentos. Aún no estaba familiarizado por completo con la enorme nave y no quería perder tiempo dando vueltas por callejones sin salida.
Aceleró y salió raudamente en dirección a las marcas centrales que se internaban en la oscuridad. Inmediatamente encendió las luces delanteras y navegó el laberinto de piezas y materiales de construcción que se elevaban a cada lado de la ruta principal. Pronto comenzaron las vueltas alrededor de las secciones más atestadas de maquinaria y Jim se alegró de tener el GPS bien configurado.
Pronto encontró la entrada al elevador y estaciono el vehículo en el espacio que se liberó al bajar las barreras de seguridad. Una vez que el transporte estuvo bien anclado en su sitio comenzó a elevarse lentamente hacia las partes habitables de la Colonia.
Le tomó diez minutos llegar a la cubierta superior y a la vía principal de comunicación que usaban los habitantes de la Rainbow para ir de un lugar a otro. Jim se sorprendió al ver a tanta gente en las calles a esa hora del día, al parecer la llegada del carguero era un acontecimiento social muy esperado por todos los colonos.
Jim dejó su vehículo estacionado junto a los demás y se bajó a investigar el colorido mercado. La gente giraba la cabeza al verlo pasar vestido con su uniforme de piloto pero nadie lo molestó ni le dirigió ninguna mirada hostil. Algunos niños lo señalaban con curiosidad pero eso fue todo. Al parecer la noticia de que Ralph y el resto de los Recolectores estaban bien había corrido ya por toda la Colonia. Dejaron tranquilo a Jim y él se dedicó a recorrer el lugar.
La cubierta central desde donde partían las enormes escaleras que llevaban al parque se habían transformado en un pequeño bazar donde la gente iba a recoger las entregas frescas de frutas, verduras y carne que llegaban vaya uno a saber de qué punto de la galaxia.
Con asombro vio que la gente tomaba lo que quería de los cajones donde los productos se exhibian, simplemente llenaban sus canastos y pasaban al siguiente puesto, no había ninguna clase de transacción comercial.
Había toda clase de frutas conocidas y desconocidas por Jim; pirámides de naranjas y mangos, mandarinas y pomelos resaltaban entre las demás por sus colores brillantes pero también había manzanas, bananas, kiwis, sandías, cerezas, ananás, ciruelas, fresas, frutillas, arándanos, uvas y limones.
En otro sector encontró frutos secos de todas clases y colores. Almendras y nueces de diferentes lugares, maní y ciruelas pasas, dátiles y semillas de todo tipo; hojuelas de maíz y diferentes cereales como la avena, la cebada, trigo y arroz, este último en grandes bolsas cerradas que muchos colonos cargaban en carritos especiales para llevar mercancía. El resto de la gente recogía pequeñas cantidades de cereales con unas cucharas para volcarlas en bolsitas individuales o mezclandolas para dejarlas listas para el desayuno.

Solo los alimentos refrigerados parecían estar sometidos a cierto control por parte de una pareja de muchachas que usaban un Pad para cotejar las entregas de carnes y lácteos a quienes se acercaban a solicitar esos productos.
Jim tomó una uva blanca de una pila enorme y se la llevó a la boca mientras miraba a su alrededor. Nadie parecía prestarle atención.
El sabor dulce le recordó que ya era hora de comer algo asi que dirigió sus pasos hacia el elevador donde un pequeño grupo de gente esperaba para subir. Como descubriría momentos más tarde, la mayoría de la gente también se dirigía hacia la cafetería, donde ya una multitud ocupaba casi todas las mesas y bancos del frente del establecimiento.
Jim dudó unos instantes antes de entrar, si bien no había detectado ninguna hostilidad por parte de los locales una cosa era pasear por las zonas públicas y otra muy diferente comer junto a ellos, más teniendo en cuenta que no veía lugares libres donde sentarse ¿Podría pedir algo para llevar e ir a la plaza allá arriba? Mientras pensaba estas cosas notó una algarabía general en una de las paredes del local. Allí donde antes había visto una pared llena de cuadros y posters se revelaba ahora una gran pantalla donde se estaba transmitiendo cierto evento deportivo. Jim no tardó en reconocer de qué se trataba.
Las carreras Vanquish también eran populares en la Colonia Rainbow.
Jim se animó con este descubrimiento. Como gran fan de los aviones que era, tener la oportunidad de presenciar un evento de semejante magnitud lo fascinaba de sobremanera.
Entró al local y caminó entre la gente mientras no perdía de vista la pantalla, esperando encontrar un lugar con buena visibilidad para no perderse nada.
Tan concentrado estaba en la pantalla que no vio al hombre de cabellos grises hasta que casi se tropieza con el.
—Tráfico a las doce en punto, cuidado piloto! —exclamó el hombre mientras hacía algo similar a una pirueta para esquivar al fornido joven y evitar que sus jarras de cerveza salieran despedidas por el aire.
Jim se detuvo en el acto mientras adelantaba los brazos temiendo por la estabilidad del hombre, pero suspiró aliviado cuando vió que no había pasado nada. —Lo siento mucho— dijo. —Estaba distraído.
—Ah… ¿Usted también está interesado en la Rosa Carmesí?—exclamó el hombre mientras señalaba toscamente con su jarra la pantalla, donde una hermosa joven de cabellos rojizos posaba para las cámaras reclinada seductoramente en un, aun mas rojo, SV-51. —No es el único, Teniente.
El hecho que el hombre hubiera reconocido su rango ya no dejaba dudas sobre su identidad. Jim sonrió.
—¿Es usted el Capitán de la Rio Grande, verdad?
—Feliz encuentro Teniente— exclamó el hombre con una inclinación de la cabeza. —La verdad es que lo estábamos esperando ¿Quiere compartir mi mesa? Tengo un excelente lugar para ver la carrera Vanquish…
Jim no se dejó rogar y acompañó al hombre hasta una cubículo situado casi enfrente de la pantalla. Era realmente un buen lugar, incluso lo bastante aislado del resto de las mesas para tener un poco de privacidad, algo que parecía casi imposible con la cantidad de gente que llenaba el local.
Todo el mundo saludaba al viejo piloto al pasar, dedicandole un saludo, una frase o una sonrisa, el hombre parecía conocer absolutamente todos los nombres de los presentes para consternación de Jim.
Se ubicaron en los lugares libres y luego de que el hombre dejara las jarras en la mesa extendió la mano a Jim presentándose.—Soy el Capitán Gray Simons, para servirle Teniente.
—Teniente Primero Jim Glenn, Escuadrón Ámbar de Enlace Situacional de la Base Orbital New Dallas— respondió el joven contestando el saludo. —Hermosa nave tiene usted Capitán.
Gray no necesitaba disimular el orgullo que sentía por su nave frente a un igual. —Gracias Teniente, esa nave es mi niña mimada, aunque en realidad yo solo tuve hijos varones— contestó riendo.
—Por favor, llameme Jim.
—Como quieras Jim, por cierto me alegra ver que su nave aun funcione luego de eh...— Gray movió la mano en un gesto vago —Lo que sea que haya pasado ahí fuera.
Jim apoyó su casco en el asiento junto al suyo y sacudió la cabeza —Supongo que la noticia ya corrió por toda la Colonia ¿No?
—Ni que lo digas, pero ¡Un momento! Estoy siendo descortés con mi invitado— dijo mientras empujaba una de las jarras de cerveza hacia el joven. —Por favor beba algo, no quería acribillarlo a preguntas con la garganta seca.
Jim rió y sacudió la mano disculpándose. —Estoy en servicio, no puedo tomar nada alcohol.
Gray se llevó la palma de la mano a la frente en gesto de reprobación. —¡Por supuesto! —exclamó. —Pero al menos déjeme invitarle el almuerzo… ¡Mia!
Hubo un revuelo en un punto entre la multitud y con gran esfuerzo la joven camarera pudo moverse entre el gentío para llegar a la mesa. —Hola Capitan! Ya tomo su orden, estamos desbordados de tanto trabajo. —Al ver al piloto su expresión cambió completamente mostrando una sorpresa inusitada.
—Este es Jim, uno de los miembros del equipo de Inspección y como veras, tiene hambre ¿Que hay en el menú del día, Mia?
La joven se inclinó respetuosamente mientras Jim hacia un pequeño saludo con la mano. —Bienvenido a la Rainbow entonces. Hoy tenemos mercadería fresca así que nuestro menú es más extenso de lo normal— exclamó la joven mientras extraía del bolsillo delantero de su delantal una hoja de plástico transparente que hacía las veces de menú interactivo. Al colocarla sobre la mesa una serie de fotografías de diferentes platillos aparecieron en la superficie.
Jim miró asombrado las imágenes, pensando en cuando había sido la última vez que comiera en un verdadero restaurante y no en los comedores de la NUNS.
—Todo se ve delicioso— dijo inseguro. —No sabria que pedir, la verdad es que solo queria un emparedado…
Gray tomó el menú y usando su dedo índice desplazó las fotografías hasta encontrar lo que buscaba. —Aquí —dijo. —Le recomiendo esto, tráeme una a mi tambien Mia.
Jim se encogió de hombros y asintió con la cabeza en dirección a la mesera.
—Dos hamburguesas de cordero especiales. —anotó la joven en su pad.
—Y traenos un gran fuenton de esas papas fritas con panceta tan ricas que hacen— agregó el viejo piloto.
—¿Y para beber?
Gray señaló las dos jarras de cerveza y luego señaló a Jim.
—Jugo de naranja— contestó el joven piloto.
—Entendido, enseguida traigo sus órdenes— respondió la joven mientras volvía a guardarse el Pad en su delantal. Inmediatamente se dio la vuelta y volvió a escurrirse por entre la gente.
En ese momento un clamor de asombro se elevó entre el gentío que miraba la carrera y ambos pilotos giraron sus cabezas para ver de que se trataba. En la pantalla se sucedía una intensa carrera entre un SV-51 y un VF-19, cuyos pilotos ponian al límite las capacidades de sus máquinas en cada una de las curvas del circuito.
—Es raro ver a un SV-51 en condición de vuelo en estos días— dijo Gray tomando un sorbo de cerveza. —¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿50 años?
—SV-52— corrigió Jim. —El fuselaje es idéntico a un SV-51, pero sus motores y aviónica pertenecen a la versión posterior.
Una nueva ovación sacudió el local. El SV-52 habia entrado a una curva a una velocidad extremadamente alta pero a último momento había pasado a modo Gerwalk, usando su mano izquierda para asirse de uno de los postes y lograr un giro rapidísimo, dejando atrás rápidamente a su contrincante.
—La Rosa Carmesí sabe aprovechar los puntos fuertes de su nave— dijo Gray. —En modo Gerwalk los SV-52 son casi tan rápidos como los Queadlunn, o eso dicen. Al menos en los sectores de la pista donde se permita usar ese modo.
Jim asintió mientras la repetición mostraba la maniobra desde tres o cuatro puntos de vista diferentes. —No obstante el VF-19 tiene la ventaja— agregó.—Es más liviano y más rápido, ciertamente… además esa piloto Scarlet, tiene talento.
—La mayoría de los “talentos” se han ido a las milicias privadas— dijo el veterano Capitán mientras bebía un gran trago. —Por ejemplo el S.M.S parece una agencia de modelos más que una PMC.
La forma en que Gray pronunció esas últimas palabras pusieron en guardia a Jim
—Así que a usted tampoco le agrada ese tipo de compañías..
Gray apoyó la jarra en la mesa y se pasó el dorso de la mano para eliminar el rastro de espuma de su boca. —La guerra no es algo Corporativo chico… Estaba bien cuando las PMC eran apenas unos cuantos grupos de soldados de fortuna ¿Pero ahora? ¿Haz visto los Clase Quartier? ¡Tienen su propia versión de los putos cañones de energía!
Jim asintió en silencio.
—Es demasiado poder… demasiada potencia de fuego en manos Corporativas y a los idiotas de la NUNS parece no importarles… con perdón de usted por supuesto.
El piloto sonrió abiertamente, a decir verdad compartía un poco el punto de vista del viejo camarada. En solo diez años la cantidad de corporaciones con permiso para mantener y explotar flotas de combate había aumentado exponencialmente.
—Al menos eso explica el porqué usted trabaja de forma independiente y no bajo el manto de una de las enormes empresas de transporte— comentó el joven piloto. —No obstante… parece que la Fundación Unity se lleva muy bien con usted.
Gray levantó la mirada y la fijó en los ojos violeta de su camarada.
—Porque Unity también administra su propia división PMC ¿Verdad?
El Capitán no respondió inmediatamente, en ese momento Mia se acercaba a la mesa con enormes bandejas llenas de comida balanceándose peligrosamente mientras caminaba entre la multitud pidiendo permiso.
Al llegar a la mesa comenzó a colocar los platillos frente a los comensales sin percatarse de la helada atmósfera que había aparecido de pronto entre ambos pilotos.
—Buen provecho chicos— exclamó la joven mientras retiraba la jarra vacía de Gray y se alejaba de la mesa nuevamente.
Gray suspiró y tomó una patata frita con lentitud, remojandola en abundante salsa de queso y panceta antes de llevarla a la boca.
—Sabes —dijo luego de saborear el bocado. —Llevo mas de veinte años haciendo esta ruta y jamas vi ninguna nave de guerra o caza cerca de la Rainbow. Si Unity tiene una división de combatientes entonces nunca me los he cruzado.
Jim tomó la enorme hamburguesa y luego de examinarla por unos segundos le dió un enorme mordisco. Los jugos corrieron por su barbilla mientras masticaba con deleite el exquisito bocado.
—¡Esto esta buenisimo! —exclamó luego de haber tragado con entusiasmo.
Gray sonrió y esperó a que el ávido soldado terminase su hamburguesa, cosa que hizo en menos de cinco minutos.
—¡Fiuuuu! —bufó Jim satisfecho. —Si no estuviera de servicio me comeria otra ahora mismo.
Sin embargo no ordenó nada más y se limitó a beber el jugo de naranja mientras Gray comía la suya mucho más lentamente.
—¿Entonces usted no tiene nada que ver con Unity? —preguntó Jim en cuanto su compañero hubo terminado,
—Soy un completo “Freelancer” chico —respondió Gray mientras se limpiaba con una servilleta. —Solo que hace tanto tiempo que trabajo en esta ruta que sería muy tonto cambiarla, la Rainbow es mi mejor cliente y da la casualidad que Unity es la administradora de esta Colonia, lo que me hace una especie de subcontratado sin contrato ¿Entiendes?
Jim asintió en silencio. —Entiendo— dijo. —No es usted el primer piloto retirado que esté cansado de la guerra.
—Hay que ser un loco para amar la guerra… o uno de esos Zentradi “Salvaje”
La forma en que Gray pronunció la palabra hizo que Jim levantara la cabeza.
—¿Salvaje? —preguntó dejando la copa a un lado
—Sin culturizar… ya sabe, esos que todavía rondan por la Galaxia y se arrojan sobre cualquier nave que se cruce en su camino.
—Casi ya no quedan en nuestra parte de la Galaxia —exclamó Jim tomando una papa de la fuente. —La mayoría de los grupos que rastreamos se dirigen siempre hacia el centro de la Galaxia, lejos de La Tierra y de las Colonias…
Gray partió un trozo de pan de una pequeña canasta de mimbre y repasó concienzudamente los restos de salsa que habían quedado en la bandeja. —Estoy seguro que algo importante está pasando ahí en medio— dijo el hombre mientras saboreaba el último bocado. —Siempre me pregunté el porqué la NUNS nunca mas envió misiones de exploración tras los pasos de la Megaroad 01 cuando desapareció camino al Centro de la Galaxia.
Jim se encogió de hombros y bebió el resto de su jugo sin responder. Mientras tanto en la pantalla se desarrollaba la ultima vuelta del circuito, donde ambos pilotos hacían el esfuerzo final para llegar a la meta.
—Espero que hayas dejado lugar para la cena. —exclamó de pronto una voz a sus espalda.
Ambos pilotos se dieron vuelta casi al unísono y se encontraron con una mujer de unos cuarenta años de tez morena. Al contrario de toda la gente que Jim había visto esa mañana, la mujer vestía un uniforme muy elegante. Recordó de pronto que era la misma clase de uniforme que llevaba Tass y rápidamente ató cabos.
—Rebecca ¿No?
—Encantada de conocerlo en persona —dijo la mujer alargando la mano para estrecharla al joven piloto. —Veo que siguió mi consejo de compartir una copa con el vejestorio que comanda la Rio Grande…
Gray irrumpió en una carcajada mientras empezaba la segunda jarra de cerveza. —Fría como el hielo en público, apasionada como un volcán cuando estamos solos… no me lo niegues Rebbie.
La mirada fulminante de la mujer casi echa a perder el sabor de la cerveza que Gray tenía en la boca. No obstante hizo un ademán y se inclinó debajo de la mesa buscando algo entre los bultos que tenía guardados.
—Aquí la tengo… un segundo.
Al incorporarse, el viejo piloto levantó una enorme ananá de casi medio metro de alto y unos treinta centímetros de circunferencia. Rebecca y Jim contemplaron atónitos la enorme fruta sin decir una palabra.
—Hermosa ¿Verdad?
Rebecca adoptó una pose pensativa y miró la ananá inquisitivamente —Es… grande. —atinó a decir.
—¿Qué piensas hacer con ella? ¿Lo has pensado?
La mujer pasó un dedo por la superficie irregular del fruto sin saber que responder. —Había pensado en hacer una ensalada para nosotros pero… aquí hay fruta para media Colonia.
—Haz un pastel —dijo Gray bebiendo un trago largo.
—O mermelada— agregó Jim.
Rebecca suspiro y se cruzó de brazos. —Hay para hacer todo eso y mucho mas… en fin, voy a tener que buscar un carrito para llevarla a mi casa…. esa cosa debe pesar más de diez kilos.
Una fuerte ovación se escuchó en ese momento. El VF-19 “Caliburn” había adelantado al SV-51 en una intrépida maniobra y se había alzado con la victoria.
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