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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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—No lo soportará.
Virya comprendió inmediatamente que las palabras del Archivistas no representaban una opinión, sinó una certeza.
—Lo soportará, tiene que hacerlo— repitió la guerrera con total determinación. —De todas formas moriremos.
—Eso no sirve— respondió el Zentran. —Un plan de esas características… ni siquiera yo tengo registros que pueda usar para analizar las posibilidades de éxito.
La joven levantó la vista y observó el rostro de su Capitán, iluminado tenuemente por el resplandor que emanaba del misil ahora que las luces se habían apagado. Virya había visto varios cadáveres en el campo de batalla y por un momento le pareció que el rostro de su Capitana se parecía a uno de ellos. ¿Acaso estaba viendo el futuro en el rostro de Vaal? ¿Morirían juntas en ese lugar? Sentía que algo en su interior se revelaba ante la inevitabilidad del desastre y era por eso que había decidido llevar a cabo su ¿Plan?
Virya pestaño varias veces como para asegurarse que estaba despierta ¿Ella había concebido un plan? ¿Cómo…? La idea había llegado a su mente sola, como un pensamiento oculto que de pronto se manifestaba ante un estímulo adecuado. ¿Y cuál había sido ese estímulo? ¿La proximidad de la muerte? Virya colocó una mano sobre el vientre de Vaal mientras sentía el movimiento de la respiración cada vez más débil de su camarada. Se estaba quedando sin tiempo.
Era hacer algo ya mismo o morir.

A casi un kilómetro de ese lugar, del otro lado de la enorme nave, Kreegan miró con impaciencia a su Archivista.
—¿Es posible? —preguntó.
Exsedol bajó la cabeza y pareció meditar en silencio. Las protuberancias de su cabeza se sacudían a un ritmo frenético, dando cuenta de la enorme actividad neuronal que en esos momentos sucedía dentro del irregular cráneo del Archivista.
—¿Es posible? volvió a preguntar el enorme Zentradi inclinándose sobre su subordinado.
—Las probabilidades no son cero, Comandante— respondió mientras levantaba la cabeza con gesto agotado. —Pero las variables… es imposible analizar todo.
—¿Cual es la clave?
—La constitución de la Capitana Vaal— Exsedol sacudió la cabeza de lado a lado— No resistirá un trauma tan grande y si su actividad neuronal se detiene…
Kreegan se dio la vuelta y caminó hasta quedar frente a la enorme cúpula de vidrio donde los datos de la enorme nave se desplegaban como una inmensa pared de información.—¿Aconseja la evacuación? —Dijo sin dejar de mirar los indicadores.
—Por supuesto— respondió Exsedol. —No tenemos ninguna garantía sobre el éxito de la operación… además…
—¿Además?
—Esa Meltran… la recluta que micronizamos.— El Archivista parecía confuso— Su comportamiento no se ajusta realmente a lo esperado.
Kreegan se dio vuelta y observó con atención a su subordinado. —¿Comportamiento? ¿Se refiere a…?
Exsedol asintió con la cabeza.
Kreegan gruño por lo bajo disgustado ante la sola mención del problema.—El procedimiento de Micronización es peligroso. No debemos dejar que la flota sea contaminada por lo que pueda haber pasado en una de esas cámaras. ¿El informe de Dulmei era claro con respecto a eso?
El Archivista volvió a asentir con la cabeza. —Los defectos genéticos se manifiestan principalmente en el aspecto físico y la Capitán Dulmei afirmó haber examinado a la recluta detenidamente sin haber hallado signos de alteraciones.
El Comandante se cruzó de brazos y miró la pantalla de datos, donde una ventana de video proyectaba la imagen del exterior donde el misil era perfectamente visible clavado firmemente en el casco de la nave.
Defectos Genéticos —pensó mientras observaba el tenue brillar del arma. El asunto era mucho más importante que la condición mental o física de una simple soldado Meltran. La aparición de soldados adultos con defectos genéticos en la flota era un indicativo demasiado preocupante como para ser tomado a la ligera y era un asunto del que solo estaban al tanto el Almirante y sus Comandantes.
Kreegan era uno de los Zentradis que más conocía sobre su gente, sin contar a los Archivistas claro. Pero incluso él desconocía por completo el papel que los genes jugaban en la incesante lucha de los Zentradis contra sus enemigos ¿Eran realmente tan importantes como había insinuado el Almirante Dortrad-Jen? ¿Entonces porqué había ordenado la aniquilación del soldado Micronizado a la más mínima presencia de defectos físicos? ¿Acaso los malos genes se podían propagar por la flota como una epidemia…? No tenia sentido, ni física ni biológicamente hablando.
—Comandante…
—Proceda. —exclamó Kreegan sin volver la cabeza. —Ya no hay vuelta atrás.
El Archivista asintió y dio unos pasos hacia las pantallas de observación. —¿Me recibe Virya?
—Perfectamente— contestó la pequeña Meltran.
—Tenemos autorización del Comandante para ejecutar su… hmmm… “Plan”

Virya respiró profundamente. Ya estaba completamente decidida, pero necesitaba ayuda, toda la ayuda que pudiese conseguir. —Estoy lista.
—Bien, le transmitiré toda la información que necesite sobre lo que va a encontrarse ahí dentro pero recuerde que va a depender de sus propias decisiones. Nadie va a decirle qué hacer.
Las palabras sorprendieron a Virya ¿Nadie iba a darle órdenes? No, mas bien ella iba a dar sus propias órdenes, eso tenía sentido.
—Capitán Vaal…
La guerrera pareció volver momentáneamente en si y miró hacia su regaso, donde Virya permanecida sujeta a uno de los montones de espuma aislante pegados a su traje de vuelo. —¿Lo… lo harás? —preguntó incrédula
—Lo haré.
La Meltran cerró los ojos y suspiró profundamente. —Sea— dijo y de pronto su voz se tornó otra vez fuerte y clara y el rostro recuperó algo de su color original.—Terminemos la misión Virya.
Sin esperar la respuesta de la pequeña micrón, Vaal extendió su brazo izquierdo e introdujo la mano violentamente entre los restos de las pantallas de la cabina, sujetando firmemente un manojo de cables que flotaban entre el metal doblado. Con un gruñido tiró hacia atrás y arrancó toda la maraña hacia la cabina.
—Creo que servirá— dijo mientras separaba el más largo y descartaba el resto.
Lentamente y con cuidado pasó uno de los extremos del cable por debajo de su pierna derecha, justo por debajo del muslo mientras Virya sujetaba la otra punta y lo pasaba hacia arriba.
Vaal tomó ambas puntas y las cruzó sobre pierna, colocando un trozo de metal alargado sobre ambos cables y envolviendo el mismo con varias vueltas.
—¿Lista? —pregunto Virya
La meltran respiró profundamente mientras sujetaba el trozo de metal con ambas manos. —lista— dijo a la vez que comenzaba a girar el improvisado torniquete.
El cable se tenso a la segunda vuelta y se clavó fuertemente en la pierna de Vaal, pero la guerrera no pareció notarlo. Continuó girando la pieza hasta que el cable se había hundido varios metros en la carne, entonces el rostro de Vaal comenzó a perlarse de sudor.
—Ahora! —Grito Virya mientras se apartaba del regazo de su compañera, debía dejarle espacio libre para que pudiese hacer aquello lo más rápido posible.
La Meltran tenía los dientes fuertemente apretados cuando trabó el torniquete en su lugar y extendiendo los brazos rodeó con ambas manos la masa de espuma que se había formado alrededor de su pierna aplastada.
Sin decir una palabra tiró con todas sus fuerzas.
Los músculos de sus brazos se tensaron y temblaron por el esfuerzo mientras las venas se marcaban en el rostro blanquecino de la guerrera, pero ni un solo quejido de dolor salió de su boca.
La espuma crujió pero resistió firmemente en su lugar. No estaba diseñada para ser arrancada por medio de la fuerza bruta, su propósito era sellar las heridas y luego ser disuelta en medio de los fluidos reconstituyentes de las cámaras de recuperación.
Virya observaba la escena en silencio, incapaz de poder ayudar a su compañera que en esos momentos debía de estar sintiendo un dolor monstruoso, si solo fuese un poco más grande..
La espuma se resquebrajó y cedió en medio de una lluvia de partículas blanquecinas y gotas de sangre. Virya se quedó sin aliento al contemplar lo que había debajo.
Vaal había arrancado todo el bloque de espuma junto con los restos de su traje, piel, carne y músculos.
—Débura.. —exclamó la joven recluta ahogando un grito
La rodilla había desaparecido por completo, solo unas cuantas astillas y los restos del liquido articular evidenciaban donde había estado. Dos huesos enormes y muy blancos asomaban por entre los restos del traje de vuelo y restos de carne y músculo que habían cedido ante la tremenda fuerza de Vaal.
Virya descendió lentamente entre un torbellino de gotas de sangre y restos oseos que habian salido disparados en todas direcciones y rebotaban descontroladamente por toda la cabina. Encendió las luces de su casco y observó las ruinas que alguna vez habian sido la pierna derecha de su Compañera.
—Estoy dentro. —logró susurrar por las comunicaciones mientras se preguntaba si estaba realmente dentro o fuera de su Capitán.
La voz de Exsedol se escuchó nítidamente por el intercomunicador.
—¿Hay hemorragia?
Virya giró la cabeza hacia arriba iluminando con sus luces el muslo de Vaal. La sangre manaba del muñón donde antes había estado su pierna, pero era una cantidad pequeña (al menos para alguien de tamaño Zentradi) gracias al torniquete, aunque para Virya era un enorme torrente que salía a intervalos regulares siguiendo el ritmo de los latidos del corazón de la guerrera, aunque cada vez más espaciados y débiles.
—Su corazón se debilita— dijo rápidamente.
—Entonces dese prisa, informe lo que ve.
Virya volvió a concentrarse en la parte inferior de la pierna. —Hay todavía músculos y nervios conectados a la pierna— dijo suspirando.
Habían tenido suerte, si la pierna hubiese sido arrancada por completo del sistema nervioso de Vaal, no podrían hacer lo que estaban a punto de intentar.
—Bien, ahora debe encontrar los músculos adecuados— explicó el Archivista. —Debe encontrar dos músculos pequeños, ubicados en la parte frontal de la pierna.
—Hay al menos una docena de ellos— exclamó la guerrera mientras introducía las manos en la masa palpitante de carne y nervios seccionados. —¿Cómo podré reconocer cual es el correcto?
Exsedol ignoró la desesperación de la guerrera y continuó describiendo cada uno de los músculos, tratando de utilizar palabras simples que la guerrera comprendiese.
—Los nombres de cada músculo no le dirán nada— continuó— los que busca se llaman Tensores, hay uno para los 4 dedos pequeños y uno que controla exclusivamente el dedo Pulgar. Son músculos más pequeños, finos, deberán estar ubicados al frente de toda la estructura muscular de la pierna. Tendrá manipularlos al mismo tiempo si quiere que respondan como planea hacerlo.
Virya apartó el tejido muscular separándolo del hueso, buscando con desesperación alguno que se ajustase a la descripción del Archivista. Era tan pequeña que apenas podía manipular los enormes pedazos de carne que amenazaban con sepultarla. De no haber estado en un entorno de ingravidez jamas podria haber manejado tanto peso.
Cada tanto lanzaba rápidas miradas sobre su hombro en dirección a Vaal, apenas visible entre los coágulos de sangre y restos de piel que flotaban alrededor. La guerrera se había recostado y respiraba con dificultad.
—Está casi al límite— exclamó. Entonces de pronto encontró lo que buscaba: dos músculos del grosor de su propio brazo, uno de ellos un poco más grueso que el otro.
—Los encontré! —gritó triunfante
Sin esperar respuesta, clavó sus talones en la masa de carne sanguinolenta para afirmarse en el lugar mientras sujetaba los músculos con ambas manos.
Entonces tiró con todas sus fuerzas.
Notó como sus propios músculos se tensaban y el dolor la invadía por completo. A pesar de lo extremo de la situación y el peligro inminente que corría, Virya se sorprendió al descubrir que estaba riendo. ¿Acaso podía ser de otro modo? Una Micrón tratando de mover los pies de una Meltrán desde dentro de su mismo cuerpo.. era ridículo, no podía ser real y sin embargo era lo que estaba sucediendo frente a sus propios ojos.
Sus brazos dolían como nunca y un hormigueo comenzó a recorrerlos. No, no era una sensación de los extenuados miembros de Virya, algo estaba pasando.
Los dedos del pie derecho de Vaal se habían movido y con ellos, el maltrecho Rau había vuelto a la vida.
—Ahora! —gritó Virya y tiró de los músculos con todas sus fuerzas, ignorando el dolor y todo lo demás.


Era ella quien debía haber bajado ahí, no la novata.
Yuwe había esperado pacientemente a un kilómetro de la nave de kreegan, tal y como le habían ordenado que hiciera ¿Que otra cosa podía hacer? Era como si todos se hubiesen olvidado de ella de pronto y, a decir verdad, poco le importaba realmente. En ese momento no eran solo sus propios pensamientos los que inexorablemente trataban de atravesar la enorme mole de metal que se interponía entre ella y su Capitana, también los de sus compañeras y camaradas que habían quedado en la nave de Dulmei, incapaces de hacer otra cosa que esperar en silencio y aguardar órdenes.
¿Cuánto tiempo había pasado ya desde que Virya había entrado por ese agujero? Volvió a observar la pantalla, había activado una de las miras para disparos de larga distancia, lo que le permitia magnificar la pequeña silueta de la nave y distinguir perfectamente la protuberancia del misil que sobresalía por un costado.
Ahí estaba el misil y por supuesto todavía no había estallado ¿Cuanto tiempo les quedaba? ¿Horas? ¿Minutos? La Meltran apretó los dientes con fuerza y oyó cómo crujían, pero no se atrevía a acercarse.
Conocía perfectamente la capacidad destructiva de esas cosas… incluso había perdido la cuenta de toda la enorme cantidad de misiles iguales a ese que había destruido a esa misma distancia. Eran armas terribles, con potencia suficiente para partir al medio naves el doble de grandes que la de Kreegan, pero incluso así no era extraño que los del Ejército de Supervisión los disparasen indiscriminadamente contra cualquier cosa que se pusiera en su camino, incluso contra naves más pequeñas que el propio misil.
Observó detenidamente la imagen y suspiró. No había habido ningún cambio en todo ese tiempo. Ni siquiera ese tenue resplandor que rodeaba al misil y que según le había informado Virya era una especie de carga de energía residual del FOLD que los llevara hasta ahí. Si no había entendido mal esa energía era lo que mantenía al misil sin explotar ¿Pero cuánto duraría? El resplandor era ya apenas perceptible, se estaban quedando sin tiempo.
Los minutos pasaban lentamente, más lento de lo que la guerrera podía soportar. Volvió a apretar con fuerza los controles y por centésima vez deseó haber sido ella quien entrara ahí.
«¿Y convertirse en un Micrón?»—pareció susurrarle una voz en su cabeza —¿Yuwe convertida en una frágil Meltran Micronizada? —No, pensó. Eso no podría pasar nunca, ella…. ¿Ella que? Si su Comandante diese la orden ella lo haría, no había discusión posible. Lo haría y punto.
—«¿Y qué harias?» —preguntó la voz
—Lo que me ordenen. —dijo en voz baja poniendo fin a la discusión consigo misma.
En ese preciso momento un brillo fugaz hizo que su mente se cerrase por completo y todos sus sentidos se centrasen en el monitor. Algo estaba sucediendo.
Había una lluvia de partículas brillantes alrededor del misil que no estaban ahí antes. Eran pequeños fragmentos que estaban siendo expulsados de la nave hacia el espacio exterior a través de las aberturas en el casco.
Yuwe contuvo el aliento.
La base del misil se iluminó de un color verde esmeralda y comenzó a moverse, lentamente al principio pero con una velocidad cada vez mayor al escapar por el agujero.
—¡Vaal! —gritó Yuwe y activó los propulsores de su armadura ignorando los gritos de Dulmei que le ordenaban detenerse a través de la radio.

El enorme misil salió disparado al espacio como si la nave de Kreegan lo hubiese escupido en forma de un gigantesco huracán de chatarra. En medio del vendaval estaba el maltrecho Rau con sus toberas al máximo, desplegando una enorme estela de fuego verde mientras aceleraba alejándose de la gigantesca Nupetiet-Vergnitzs.
A través de la estática de las comunicaciones Yuwe logró reconocer los gritos de su Capitán y ya no tuvo dudas; aceleró al máximo y se zambulló detrás del Rau.
No podía negarse a una orden.
En cuanto su Nona estuvo a una decena de metros del Rau pudo ver el desastre con sus propios ojos y comprendió de inmediato la situación. La cabina había sido destrozada y el cuerpo de Vaal colgaba precariamente de la estructura, aferrada a los mandos del robot como si no existiese otra cosa. Los brazos de la armadura estaban clavados en la cabeza aplastada del misil, transmitiendo toda la fuerza de los propulsores apenas soportando la enorme presión.
En ese momento algo ocurrió en ambos, misil y armadura.
Un resplandor multicolor comenzó a recorrer toda la estructura de la enorme arma y Yuwe reconoció inmediatamente lo que era; el residuo de energía que se desvanecía de las naves tras salir del salto FOLD.
—Yuwe! —gritó Vaal y su grito fue tan terrible que el cristal de su casco estalló en mil pedazos. —Atrápala!
La Meltran moribunda soltó los mandos del robot y lanzó hacia Yuwe un objeto redondo que apenas se distinguía de los restos que giraban alrededor.
La orden sacó a Yuwe de su asombro y como si de un impulso automático de su sistema nervioso se tratase, el Nona giró ciento ochenta grados y a pesar de la terrible fuerza G que la aplastó contra el asiento cambió el rumbo y se dirigió velozmente hacia el pequeño objeto que se alejaba rápidamente de ellas.
En unos cuantos segundos dió alcance a lo que parecía una especie de racimo de cables, pero pronto distinguió la sangre y los pedazos de tejido que flotaban alrededor y comprendió que estaba ante los restos de algo que había formado parte del cuerpo de su Capitán.
Con cuidado rodeo los restos con la mano de su robot y en el preciso instante que cerraba los dedos sobre la masa de músculo y hueso sintió la explosión del misil.
Instintivamente se inclinó hacia delante, protegiendo con su cuerpo la última voluntad de Vaal, la líder del Escuadrón de Defensa de Misiles Número 30.
Entonces la onda expansiva la alcanzó.
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