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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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La pesada pieza de armadura cayó al suelo con un golpe seco. Jim suspiró resignado y miró el trozo de metal con desagrado. Quitando todas las partes del fuselaje que habían sido dañadas por el cañon de energia le permitirían a su avión transformarse nuevamente, pero al ver la cantidad de piezas acumuladas debajo de su nave comenzó a replantearse la idea seriamente. Muchas partes críticas del VF-17S2 habían quedado expuestas al quitar las capas de blindaje, lo que no presagiaba nada bueno.
Las buenas noticias eran que solo uno de los sistemas de respaldo del caza se había freído irremediablemente y aún disponía de los dos restantes, lo que según el manual de vuelo lo autorizaba a operar el avión en emergencias, siempre y cuando el daño no implicase peligro de vida para el piloto.
Jim desconectó su pad del puerto de diagnóstico que estaba por detrás de la cabina y continuó con su tarea. Usando una llave manual purgó los restos del acople para la vaina FOLD, ahora perdida y destrozada flotando allá, en algún lugar del campo. Arrojó la pieza a la pila de chatarra y se enderezó cansadamente, no estaba acostumbrado a esa labor de mantenimiento.
Con agilidad saltó desde el caza hacia la cubierta metálica y volvió a recorrer la periferia del mismo en busca de detalles que hubiese pasado por alto. Había recorrido cada uno de los recovecos de su nave, pero aún así volvió a examinar detenidamente las partes que habían perdido su blindaje externo, poniendo especial cuidado en los enormes motores de reacción que, milagrosamente, aún funcionaban.

Extrajo nuevamente su pad y lo conectó a una pequeña abertura del motor izquierdo. Inmediatamente la pantalla del aparato mostró la información y condición del mecanismo, indicando que estaba listo para realizar un diagnóstico.
Jim repitió la operación con el motor derecho y obtuvo los mismos resultados. Todo parecía estar a punto para una prueba de arranque, solo faltaba una cosa.
—Aquí el Teniente Primero Jim Glenn ¿Me recibe Torre?
Por un fugaz momento fantaseo con escuchar la voz de Tass por el auricular del casco, pero era imposible, la chica debería estar durmiendo a esa hora y no la vería hasta la tarde… Tass, todavía no podía creer que la hubiese robado un beso en el ascensor ¿Como se había dejado llevar asi de impulsivamente por su deseo? Ojala que Tass no lo viera como un DonJuan descarado y que hacia eso con cada chica en un puerto diferente… a decir verdad ese había sido su primer beso.
—Aqui Torre ¿En que puedo asistirlo Teniente…?
La voz de Rebecca hizo volver en si a Jim, quien dejó caer el pad al por la sorpresa pero pudo atajarlo en un rápido movimiento antes que golpease el piso.
—¿...Teniente?
—Ah… solo queria informar que voy a hacer una prueba de motor en el hangar.
Por supuesto el pedido era una simple formalidad, pero Jim había decidido apegarse por completo al manual y no desoír ninguna advertencia a futuro, bastante cerca del desastre había estado el día anterior…
—¿Quiere que le envíe al equipo de apoyo, Teniente?
Rebbeca se refería al transporte con el generador, equipo que se usaba exclusivamente para poner en marcha las enormes plantas de poder de las naves que llegaban al hangar, mas no todas las naves requerían de alimentación externa para encenderse. Jim declinó el ofrecimiento amablemente.
—No es necesario….
—Llameme Rebecca, Teniente— contestó la mujer. —Ya hemos intercambiado suficiente charla como para ameritar que nos presentemos.
Jim meditó unos segundos las palabras de la controladora. Pensó en el control de vuelo de su base y de cómo a pesar de haber seguido las instrucciones de ese equipo de hombres y mujeres durante varios años, no conocía ni un solo nombre, ni siquiera un simple apodo. Definitivamente la vida en la Periferia era mucho más simple.
—No hace falta Rebecca, voy a usar las baterías auxiliares de mi nave, de paso las someto a prueba a ver que tanto sufrieron durante la explosión.

A varios cientos de metros por encima de Jim, dentro de la torre de control de la Rainbow , Rebecca suspiraba disimuladamente. La pantalla frente a la que estaba sentada mostraba una de las cámaras del hangar principal, donde podía verse en primer plano a la Río Grande y más atrás, enmarcado en el resplandor de luz que despedía un proyector solitario, el avión de Jim.
—Por cierto— agregó Jim por el comunicador— Será mejor que le avises a los del carguero que voy a hacer un poco de ruido. ¿Como son los estándares de polución acústica en la Rainbow?
—Eso tendrian que saberlo tú y Cintia, para eso vinieron ¿No? —Comentó entre risas la mujer.—La Rio Grande está terminando de descargar las últimas provisiones, no deberían tardar demasiado, pero les avisaré de tus intenciones.
—Gracias Rebecca.
—No hay de qué guapo, por cierto, el Capitán de la Rio es un ex piloto de la NUNS, tal vez quieras hablar con él o compartir un trago en el bar.
Jim levantó la vista en dirección al carguero, apenas separado por medio centenar de metros de oscuridad. La mayoría de los técnicos que se movían alrededor de la nave ya se habían retirado y solo quedaba un reducido grupo de trabajadores y un par de vehículos de transporte. Sobre la escalerilla que daba acceso a la cabina Jim vió a un hombre de pie junto a la puerta que miraba en su dirección.
El Teniente levantó la mano en señal de saludo y el hombre respondió con el mismo gesto. No estaba seguro de como pero de alguna forma sabía que aquel hombre era el Capitán de la Rio. Tal vez por su postura o por su presencia, o tal vez un mero presentimiento, pero lo sabía.

—Así que también eres rápido para hacer amigos.— Jim reconoció de inmediato la nueva voz.
—Y usted para observarme por lo que veo, Capitán— respondió con seriedad el piloto.
Amanda no pestañeó siquiera ante la respuesta. —No se preocupe Teniente, no usamos las cámaras de seguridad del hangar para espiar en su avión aunque… —La mujer hizo una pausa y miró con atención la pantalla. —A su aeronave se la ve en bastante mal estado ¿Está usted seguro que no explotará dentro del hangar?
Jim miró en dirección a la oscuridad, preguntándose donde estaria la cámara. —La inspección preliminar no muestra daño crítico— dijo. —Voy a evaluar el estado de los motores y los sistemas de navegación.
—Tiene autorización para ello Teniente— contestó la Capitán volviendo a acomodarse en el sillón— y no dude en solicitar la ayuda de mi equipo para todo lo que necesite.
Y a decir verdad era algo que Jim apreciaria. Había visto trabajar al equipo de Amanda en el transporte que había vuelto del campo junto con ellos y se sorprendió de la velocidad y eficiencia con la que los operarios desmontaron la nave y se la llevaron a los talleres de reparación. Ni una sola tuerca había quedado en el lugar donde se había posado la nave en tan malas condiciones.
A comparación, el trabajo de los técnicos de su base le parecía lenta y desganada, como si mantener en condiciones la otrora prestigiosa fuerza de cazas de la NUNS fuese una tarea mundana ¿Que estaba pasando? ¿En que se había convertido el ejército que tanto admiraba de niño?
—Gracias Capitán, pero creo que no hará falta, ya he removido todos los componentes sueltos… eso sí, le solicitaria por favor que no limpien o toquen nada, la junta de investigación querrá examinar los restos seguramente.
Unos segundos de silencio en la comunicación bastaron para darle una idea a Jim de lo importante que era la pregunta que a continuación realizó Amanda.
—Con respecto a eso ¿Ya se ha comunicado con sus superiores, Teniente?
—No. —respondió Jim. —Todavía no me he comunicado.
Por supuesto, Jim daba por descontado que si hubiese enviado alguna transmisión desde su nave, incluso con el máximo protocolo de encriptación, Amanda lo sabría. No tenía caso que intentase negarlo o hacerse la desentendida.
—El daño que sufrió su aeronave es demasiado severo, realmente me sorprende que no haya informado sobre lo sucedido.—comentó casi al descuido la Capitán.
Jim suspiró y se apoyó en una de las alas, observando el movimiento de las personas que trabajaban alrededor de la Río Grande. —Lo se— dijo. —Pero conociendo los protocolos de la NUNS es casi seguro que no moverán un dedo hasta que les informe detalladamente el estado de la nave y les de un motivo lo suficientemente justificado para que se dignen a enviar a alguien para que nos saque de aquí.
—Usted no es el único que desprecia la burocracia del gobierno, Teniente.
Jim se sorprendió ante la sorpresiva muestra de sinceridad por parte de Amanda. Burocracia… si, era una forma políticamente correcta de referirse a la inoperancia de ciertos sectores de la plana mayor de las fuerzas armadas.

Un pequeño pitido de su reloj le recordó lo tarde que era. Si queria empezar con la prueba de motor debería ponerse manos a la obra de inmediato.
—Voy a comenzar con las pruebas de motor ahora mismo— dijo.
—Copiado Teniente, puede comenzar cuando guste, la Rio Grande ya ha sido informada— contestó Rebecca.
Como confirmación de las palabras de la controladora, Jim comprobó que se había formado un pequeño grupo de curiosos que lo observaban detenidamente desde donde estaba aterrizado el carguero. Suspiró con resignación y trepó a la cabina de su caza con la misma agilidad de siempre.
Poner en marcha un avión que está apagado en plataforma se denomina inicio “Oscuro & Frío” (1) ya que el piloto debe seguir una serie de pasos para activar cada uno de los diferentes sistemas de la aeronave, desde el panel de instrumentos hasta los dos enormes motores de reacción. Por supuesto, Jim conocía todo el procedimiento de memoria y hasta podía hacerlo con los ojos cerrados (De hecho, era un requerimiento OBLIGATORIO de los pilotos de las fuerzas especiales poder hacer un inicio Oscuro & Frío con los ojos vendados y en un tiempo cronometrado) pero para una prueba de motor no necesitaba hacer el procedimiento completo.
Comenzó por conectar las baterías auxiliares, que brindarian la energía suficiente para hacer funcionar el generador auxiliar de la nave, más conocido como APU.
Una vez que las baterías estuvieron conectadas y el flujo de energía era estable, Jim encendió el APU por medio de una llave en el panel lateral izquierdo. Una vibración casi imperceptible sacudió al avión al encenderse el generador. Jim mantuvo los ojos fijos en el pequeño indicador de revoluciones, atento a cualquier anomalía en el mismo.
Al alcanzar un ritmo estable desconectó las baterías auxiliares y dirigió la energía del APU hacia el panel principal de instrumentos, que se iluminó por completo al comenzar las rutinas de carga y chequeo del software de navegación y combate.
El panel de alarmas se iluminó como un árbol de navidad, pero Jim ya estaba preparado y silenció el dispositivo manualmente. Una de las computadoras de abordo estaba completamente muerta por lo que las dos restantes se estaban haciendo cargo de los sistemas y de la revisión de los mismos, Jim notó la marcada lentitud del proceso ahora que el caza había perdido un tercio de su poder de procesamiento, las barras de comprobación se llenaban más lentamente y algunos de las pantallas ni se habían encendido todavía.
Espero pacientemente a que los sistemas automáticos le devolviese el control de la nave, cosa que demoró unos cinco eternos minutos más.

Seleccionó el motor izquierdo y, cruzando los dedos con una mano, con la otra activó la secuencia de encendido automática. El APU se aceleró repentinamente para enviar todo el poder al motor seleccionado y ahora sí, un fuerte temblor recorrió la maltrecha nave. Lentamente los alaves de la turbina comenzaron a girar cada vez más rápidamente a medida que Jim observaba los indicadores del panel de instrumentos. Veinte Mil, treinta mill… las RPM subian normalmente, pero Jim notaba que la vibración era mayor de la normal. Evidentemente la célula de la nave estaba dañada ¿Podrian repararla? ¿O su aeronave estaría condenada a ser piezas de repuesto para los pocos VF-17S2 que quedaban activos en la base?
El motor izquierdo se estabilizó finalmente y Jim suspiró aliviado. Ahora el derecho.
Repitió los mismos pasos, vigilando constantemente los indicadores para asegurarse que el motor ganaba velocidad de forma continua. La vibración del fuselaje también había aumentado y una nueva luz apareció en el panel de alarma, pero era un aviso ajeno a los propulsores. Jim tragó saliva y empujó la palanca de potencia unos pocos milímetros hacia delante.
Los motores respondieron al unísono y el caza se sacudió en el lugar, impedido de rodar por la cubierta al dejar Jim los frenos puestos.
Desde la Río Grande se elevó un coro de gritos y aplausos.
Jim sonrió satisfecho, con los motores funcionado ya tenía una preocupación menos. Empujó uno de los pedales y las toberas vectoriales del caza respondieron inmediatamente, subiendo y bajando primero y luego moviéndose hacia los lados.
Volvió su atención hacia los indicadores de presión de los fluidos hidráulicos, la verdadera sangre del caza y al responsable de que todas las partes móviles del mismo respondieran a la perfección. Cualquier disminución de la presión podría indicar una fuga del preciado líquido y ante esa situación, definitivamente tendría que quedarse en tierra.
Con alivio comprobó que la presión en el sistema primario y secundario era normal, por lo que se dedicó al último paso de la inspección de sistemas; las computadoras de abordo.
El VF-17S2 cuenta con tres computadoras ubicadas en diferentes partes de del fuselaje. Si bien cada una de ellas cumple un rol diferente, pueden intercambiar o compartir funciones o ayudarse mutuamente en caso que las tareas a realizar requieran de una mayor cantidad de cálculo. Ahora que una de ellas, la ubicada en la popa de la nave había quedado inutilizada, las dos restantes se habían repartido la carga de operaciones para mantener a la aeronave y sus sistemas operativos.
Incluso con solo el 66% de su poder de procesamiento, el VF-17S2 seguia teniendo uno de los mejores sistemas de guerra electrónica de la flota, pero asi y todo Jim no necesitaba de esa capacidad en su situación actual.
Revisó los diferentes sistemas y comenzó a desactivar manualmente aquellos que no eran necesarios. Encriptación y desencriptación de datos en tiempo real, Escaneo de bandas subdimensionales, Interferencias electrónicas avanzadas, Jim desactivó los sistemas uno a uno mientras observaba como la temperatura y actividad de las computadoras se iba reduciendo al tener menos trabajo asignado.
Algo en la lista captó su atención.
Era un detalle insignificante, pero lo suficiente para despertar la curiosidad de Jim.
Los sistemas de contramedidas estaban activos y funcionando, pero una pequeña línea doble ocupaba el lugar del recuadro que indicaba la actividad del mismo. Esa pequeña doble linea significaba que estaban activas opciones personalizadas y no las que venían programadas por defecto en los sistemas. Jim jamás había cambiado esas opciones, de hecho el manual prohibía expresamente el cambio de las mismas.
Presionó la opción de detalles y todos los sistemas de contramedidas se desplegaron en la pantalla. Tal y como esperaba todos estaban activos, desde los dispensadores de bengalas hasta los de señuelos y las interferencias electrónicas y la base de datos de señales IFF para engañar misiles enemigos. Nada parecía fuera de lugar.
—¿Seria un bug? —murmuró desconcertado. Las computadoras parecian funcionar bien y Jim podía comprobarlo hasta cierto punto ¿Pero el Software? Ya era un campo completamente ajeno a su preparación.
Pensó en Tass y en lo que la chica le había contado esa mañana en la que se habían conocido en aquel mismo lugar, bajo las mismas luces del hangar que ahora lo iluminaban. La joven era ingeniera en sistemas o algo asi, tal vez… Jim movió la cabeza como tratando de quitarse la idea de la cabeza. Tass era una civil y por más buena que sea en su campo no podría hacer nada con la avanzada arquitectura de las computadoras de su nave, seguramente hasta el lenguaje del software sería una cosa secreta y ajena a los conocimientos de los civiles.

Decidió repasar el mismo la lista de contramedidas una por una en busca de alguna pista, pero se dió cuenta que los parámetros que podía modificar era muy técnicos y pronto se perdió entre diferentes tipos de frecuencias y ondas y lenguajes lógicos. Solo cuando consultó los detalles de la vaina lanzadora de contramedidas encontró algo de información que podía entender.
La computadora detectaba cada amenaza al caza y asignaba un tipo de contramedida adecuado para cada peligro en particular. Los misiles por ejemplo podían ser combatidos de dos formas diferentes: Evasión o intercepción.
La evasión no hacía falta explicarla, pero la intercepción tenía, a su vez, dos formas diferentes de actuar; Softkill y Hardkill.
Softkill se denomina a todo tipo de interferencia o ataque electrónico hacia la amenaza en cierne. Enviar un IFF específico o crear señales de retorno de radar diferentes o incluso interceptar las emisiones de la amenaza y devolverlas cambiadas para engañar, todo estaba permitido en el campo de batalla.
Hardkill por el otro lado se centraba en destruir la amenaza por medios directos, ya sea usando las armas del caza o incluso hackeando los sensores del mismo para intentar una desactivación remota.
Los señuelos que el VF-17S2 portaban eran una combinación de bengalas y señuelos que, usados en conjunto con ciertas maniobras evasivas, se consideraban medidas Softkill de gran eficacia.
La computadora de abordo se encargaba de dispensar dichos señuelos en base a patrones programados de forma automática que evitaban al piloto el trabajo de hacerlo en forma manual y por consiguiente permitian que toda la concentración del mismo se vuelque en el vuelo y ataque de los objetivos. Había más de cincuenta patrones diferentes cargados solamente para las bengalas, que abarcaban diferentes tipos de amenazas, desde pequeños misiles guiados por calor hasta grandes misiles antinave.
Todos estaban activos y en funcionamiento, pero Jim notó algo que se repetia en forma uniforme, por lo que seleccionó uno de los patrones y examinó los detalles de ejecución. Lo que vió no tenía ningún sentido.
Uno de los valores asignaba el tiempo en centésimas de segundo de lanzamiento de bengalas a partir de la confirmación de amenaza de los sensores, pero el número era anormalmente alto. Jim trató de hacer un cálculo mental y finalmente activó el Pad con la aplicación de conversión de medidas. Lo que vió le puso la piel de gallina.
El sistema de contramedidas estaba programado para lanzar bengalas con tres horas de retraso.
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