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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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La oscuridad se hizo alrededor de Virya en cuanto el frente de la armadura se cerró por completo. Esta vez sin embargo la sensación de confort y seguridad no acompañó a la falta de luz, sino todo lo contrario. Virya se sentía una intrusa en la cabina de Yuwe, casi como un parásito.
Las luces de la cabina se encendieron al sincronizarse piloto y armadura, la pantalla principal frente al rostro de la guerrera se iluminó con los numerosos indicadores de cada uno de los sistemas, listos para el combate.
Virya se había colocado en el único lugar libre de la cabina en donde su presencia no pudiera entorpecer los movimientos de su superiora, es decir entre los pechos de Yuwe. Algo aplastada por la enorme presión de los enormes senos, desde esa posición podía ver claramente la pantalla principal buena parte de los sistemas de monitoreo secundarios, algo completamente inútil pero que su instinto la impulsaba a hacer sin darse cuenta. Pronto ambas pilotos parecían estar sincronizadas a la perfección, ya que las rutinas de observación de los diferentes sistemas eran iguales entre todos los pilotos. En el momento en el que Yuwe impulsó sus piernas para salir del hangar, Virya hizo lo mismo, solo para darse cuenta que sus piernas no estaban donde deberían
—Estese quieta Virya —Exclamó Yuwe al sentir las patadas de la pequeña Meltran entre sus pechos.

La armadura cruzó el solitario hangar volando a unos pocos metros sobre el piso metálico mientras el resto del escuadrón contemplaba en silencio la partida de ambas guerreras. Los rostros de las Meltran no ocultaban la preocupación que sentían.
Yuwe escrutó esos mismos rostros a través del monitor frente a ella y se sintió reconfortada. Pasase lo que pasase en esta misión suicida, el escuadrón de defensa número Treinta continuará dando sus vidas para proteger la flota Zentradi.
Una pequeña aceleración y la cubierta terminó repentinamente delante suyo. La oscuridad del espacio las envolvió con su manto de estrellas.

Era raro también para Yuwe el compartir su armadura con otra guerrera, pero en el pequeño espacio de la cabina y la continua sensación de contacto de la pasajera eran extrañamente agradables.
—¿Todo bien, Virya? —Preguntó
—Si Capitán.
La armadura viró ciento ochenta grados y sobrevoló la fragata Quitra Queleual cerca de la proa, iluminando brevemente con sus propulsores el casco de la nave. Todo era silencioso allá afuera y pronto la nave quedó atrás, completamente a oscuras. Ahora la enorme mole de la nave capital de Kreegan se perfilaba delante de ellas, silenciosa y amenazante, una de las máquinas de guerra más poderosas de la flota Zentradi, la enorme Nupetiet-Vergnitzs esperaba expectante a las dos Meltran que se acercaban lentamente por estribor.
Virya contempló el enorme casco y las huellas de impactos a lo largo del mismo. Le pareció que los ojos de su nuevo cuerpo le permitian distinguir detalles que antes había pasado de largo ¿Como podía ser que ojos tan pequeños como los suyos pudieran registrar tantos detalles que antes pasaran por completo desapercibidos? ¿O acaso no eran sus ojos, sino su cerebro el que había cambiado? Recordó las sensaciones extrañas que había sentido al dar sus primeros pasos fuera de la vaina de micronización, era casi lo mismo, pero ahora que estaba en la cabina de una armadura, que era el ambiente para el que había sido creada para luchar, todo se le revelaba diferente, aumentado, más… real.
Se movió inquieta en su precaria posición y Yuwe notó la intranquilidad de la piloto.
—Estamos cerca, será mejor que se prepare.
Virya asintió y respiró profundamente. Sea lo que sea lo que habia cambiado alla atras, no dejaria que interfiriera con la misión.
Yuwe activó las enormes luces del frente de la armadura y ambas contemplaron en silencio su objetivo.
La enorme estructura del misil sobresalia del casco como una excreción antinatural, desafiando con su presencia las esbeltas líneas de la Nupetiet-Vergnitzs. Las enormes luces mostraban como a lo largo del enorme misil las placas de metal se habían deformado de modo tal que el cilindro parecía estar arrugado y deformado sobre sí mismo, levemente escorado hacia abajo como si luego de impactar brutalmente aún hubiera poseído una fuerza viva que lo impulsaba a salir del agujero mortal que había hecho en el casco de su víctima.
Pero el impacto no solo había abierto una brecha en el casco, una gran sección del mismo se habia hundido hacia adentro, creando una concavidad parecida a un valle en cuyo centro se erguía la siniestra torre de destrucción y muerte.
Virya tragó saliva, si esa cosa era gigante para los soldados y sus armaduras, para su cuerpo Micrón se trataba de una verdadera pesadilla de dimensiones colosales.
—Capitán… yo
—¿Que sucede Virya?
—No tiene sentido… esa cosa es gigante, no se que pueda hacer yo con este cuerpo!
Como única respuesta Yuwe detuvo su armadura a unos pocos metros del peligroso objeto. Ahora se encontraban flotando a merced del leve campo gravitacional de la nave de Kreegan mientras las luces hacian que el misil proyectase una enorme sombra negra sobre el casco de la Nupetiet-Vergnitzs, casi como si la estuviese cortando al medio solo con la oscuridad.
—Si, por supuesto que no tiene sentido…. ¿Eso es todo, piloto Virya? ¿Algo mas que agregar como reporte de situación?
—No sea tan dura con la recluta, carece de la experiencia en combate que usted posee, Yuwe 214.
La voz que sonó por los parlantes de la cabina era extraña, sonaba a un Zentran pero con un tono que ninguna de las dos féminas había escuchado antes.
—A partir de este momento yo me haré cargo de la dirección de la misión. —Continuó hablando la voz sin esperar respuesta.
—Si señor! —Exclamaron Yuwe y Virya al unísono.
La pantalla frente a las pilotos cambió de pronto y una imagen ocupó la totalidad del espacio frente a ellas. Ahora podian ver que el que había hablado era un Zentran de pequeñas dimensiones con la cabeza extremadamente agrandada y deformada, cruzada aqui y alla por protuberancias y venas latentes que daban al conjunto una apariencia extraña y antinatural.
—Archivista Exedore! —Exclamó sorprendida Yuwe. —¿Está usted dentro de la nave?
—Por supuesto— respondió serenamente el personaje. —Ahora cierre la boca y proceda con la misión, debe apagar todos los sistemas de rastreo de su armadura, pasivos o activos, quiero que se acerque a la base de ese misil sin emitir una sola particula de energia.
Yuwe asintió y abrió la cabina frente a ella. Con los sistemas de monitoreos apagados no podía ver nada frente a ella si no lo hacía, la enorme parte frontal se elevó por sobre sus hombros y dejó a las dos Meltran contemplando en silencio la enorme mole del arma.
—Ahora avance lentamente.
El Queadluun floto en silencio con un pequeño impulso de las piernas de Yuwe, descendiendo alrededor del misil a unos pocos metros del mismo. Cuando estaban cerca de la base Yuwe reoriento la armadura de forma que quedara cabeza abajo, acercando la cabina lo más posible al casco destrozado de la nave de Kreegan.
—En posición— dijo Yuwe casi en un susurro.
—Bien, hasta ahora no detecto perturbaciones en el campo alrededor de la nave, buena señal. ¿Me recibe teniente Virya?
—Fuerte y claro— respondió la joven.
—Abandone la cabina y proceda a la zona de impacto, busque una entrada y solo informe si es necesario hacerlo, no vuelva a comunicarse conmigo hasta llegar a la cabeza de guerra del misil.
—Entendido.
La comunicación se cortó y el silencio las envolvió como antes. Virya no solo notaba los latidos de su propio corazón, sino los poderosos golpes del corazón de su compañera, que retumbaban a través de todo su cuerpo.
—¿Lista Virya?
La joven asintió y fue asida por la enorme mano de Yuwe, quien lentamente y con el mayor cuidado posible extrajo a la micrón de entre sus pechos y extendiendo el brazo hacia el exterior le dió un pequeño impulso con la palma de la mano
—Buena suerte, salva a la Capitán Vaal en mi lugar Virya!
La joven se dio vuelta mientras flotaba y contempló impasible a su compañera mientras permanecía en la cabina del Queadluun haciendo el saludo Meltran.

Lo que habia parecido una distancia corta desde la cabina del Queadluun le llevó varios minutos recorrer en gravedad zero. Virya apenas podía comprender las enormes diferencias de escala que su cerebro experimentaba con ese nuevo cuerpo. No había nada familiar que le sirviera de referencia para establecer una sola distancia, simplemente todo era demasiado grande o los objetos de su tamaño que veía, acaso por primera vez en su corta vida, no tenían nombre para ella. Las placas de metal que componian el casco de la nave no eran lisas y parejas como siempre había pensado, ahora notaba las juntas y las protuberancias de miles y miles de pequeños… ¿Que? No conocía el nombre de esos objetos que recorrían las uniones de cada placa y acaso cumplian la funcion de sostener las mismas contra el armazón de la nave. Con una sacudida de la cabeza descartó las ideas y dudas que tenia y fijó la vista delante, se acercaba a base del misil.
Lentamente flotó hacia el casco, donde las placas y el metal retorcido formaba un laberinto alrededor del fuselaje del misil, aquí y allá flotaban fragmentos pequeños de metal, atrapados en el leve campo gravitacional y girando lentamente, cada uno en una dirección ligeramente diferente. Virya extendió el brazo con precaución y se asió de una pieza de acero, tratando de hacer la menor presión posible sobre la estructura. Ahora que había detenido su avance, pudo reorientarse de modo que avanzaba hacia arriba, trepando entre los desechos hacia la oscuridad del agujero que había dejado el impacto en la nave. Había lugar de sobra para tres o cuatro Viryas micronizadas, pero eso no la hizo sentir más tranquila.
La oscuridad era completa, de una consistencia casi sólida que ninguna luz del fondo de estrellas del exterior podía disipar jamás. Sin dudar un segundo, Virya penetró en ella, completamente decidida a cumplir su misión o morir en el intento.

El tirón la tomó por sorpresa, no había tenido en cuenta que en el interior de la nave de Kreegan había gravedad artificial y en cuanto su cuerpo penetró por la abertura, todo su peso se materializó de pronto, lanzandola contra el piso que, desde su perspectiva, era ahora el techo. El golpe le arrancó un aullido de dolor, había caído desde una distancia ridícula para un Zentradi, pero que para su actual cuerpo era de varios metros de altura. Por suerte la aceleración no había sido instantánea y no golpeó el ¿techo? a velocidad terminal, pero fue un golpe fuerte y su nuevo cuerpo se resintió.
Virya quedó tendida sin poder moverse. Estaba experimentando un dolor terrible en el hombro izquierdo, en absoluto comparable a lo que había sentido en ocasiones anteriores, cuando durante los intensos entrenamientos lastimaba su cuerpo al extremo. Este cuerpo, su nuevo cuerpo era frágil, increíblemente frágil ¿Que estaba pensando el Archivista Exedore al usarla en ese plan?
Permaneció inmóvil, sujetandose el hombro herido, paralizada por el dolor y las dudas. Era la primera vez que perdía el control de su cuerpo y la idea la enfadaba. Apretó los dientes y obligó a su cuerpo a moverse.
Se dió vuelta, posando la vista en el agujero varios metros allá arriba en donde algunas estrellas asomaban en la negrura. El dolor remitia lentamente, pero seguía teniendo el costado entumecido. ¿Cuánto tiempo había permanecido ahí tirada sin moverse? Lentamente se arrastró hacia una de las paredes y apoyó su espalda contra el metal.
La misión, debía continuar con la misión.
Se puso de pie con dificultad, siempre apoyándose en la pared, que en la oscuridad de la cubierta le servía como punto de referencia para no sentirse por completo perdida. Con lentitud levantó la mano derecha hacia el casco y accionó la luz del mismo. Las tinieblas retrocedieron a su alrededor y pudo contemplar con asombro el espectáculo de ruinas donde se encontraba.
había caído en una pequeña plataforma que colgaba precariamente de solo un trozo de pared, unos cuantos metros más y hubiese caído a través de toda la cubierta interna de la nave y vaya a saber cuando hubiese golpeado contra el fondo.
La fuerza del impacto había creado una onda de choque que había aplastado varias cubiertas sobre si mismas, nada tenía sentido en ese caos de hierros y metales retorcidos, aquí y allá había pasarelas o pasillos partidos al medio o retorciéndose sobre si mismos, era incomprensible.
Solo el misil conservaba una identidad propia y, como un enorme pilar ahora un poco más estrecho, continuaba a través de la ruina, siempre hacia la misma dirección.
Ahora que por fin tenía una verdadera referencia, Virya ya no dudaba. Con lentitud y paso a paso comenzó a descender de la plataforma donde se encontraba, usando las vigas de metal que cruzaban el espacio en diferentes direcciones como precarios puentes sobre el negro abismo. No tenía entrenamiento de ningún tipo para afrontar esa situación, pero su resolución le daba fuerzas y si erraba de camino o llegaba a un punto muerto, volvía sobre sus pasos y probaba descolgarse por otro sitio, cruzando con lentitud pero decidida esa jungla de acero y desechos, siempre en dirección del gigantesco misil.

Aquí y allá, a veces trepando, otras veces balanceándose entre vigas tan estrechas que serían invisibles para un Zentradi, unas pocas veces dando un salto traicionero sobre placas que se movían incluso con su pequeño peso, Virya caminó por lo que le parecieron horas, siempre descendiendo alrededor de lo que ya había dejado de ser un misil para convertirse en una especie de edificio o estructura interna de la nave de Kreegan. A medida que descendía, el daño era cada vez mayor y los escombros estaban cada vez más apilados y juntos entre si, dificultando el avance.
Finalmente no pudo continuar, frente a ella se erguía una pared de metal doblado en varias capas, sin ninguna abertura o acceso por donde pudiese entrar. Desanimada y casi sin aliento se recostó contra la pared sin saber que hacer.
El hombro ya casi no le dolia pero se sentía cansada, mas cansada de lo que jamas habia estado antes. Su cuerpo no solo era frágil, sinó que se agotaba deprisa, era una verdadera carga para la mente. ¿Por qué habría de existir seres con cuerpos tan imperfectos? La sola idea de haberse convertido en un microniano inútil la hizo tener náuseas…. ¿Náuseas? Comprendió de pronto que lo que sentía era algo nuevo, algo que nunca habia experimentado antes, pero de alguna forma sabía la palabra para ello. Su estómago dolía, a pesar de no haberse golpeado con nada durante su trayecto, algo estaba sucediendo con su cuerpo.
Virya se sujetó el vientre con ambas manos y se inclinó hacia delante. No era justo, no iba a dejar que su cuerpo se interpusiera entre ella y la misión.
Abrió los ojos y contempló a su enemigo, la enorme torre de metal retorcido que parecía mirarla desafiante, haciendo muecas con cada una de las grietas y fisuras alrededor de su estructura. Virya se soltó el vientre. Grietas y fisuras en el misil… ¿Acaso..?

Se arrastró lentamente entre los desechos, cada vez más cerca del enorme objeto. Ahora podía ver claramente a la luz que proyectaba su casco, las paredes del misil estaban desgarradas y agujereadas por los impactos de los proyectiles del escuadrón de defensa, muchos de esos impactos eran de proyectiles más grandes que el cuerpo de Virya, sin pensarlo dos veces se encaramó a uno de ellos y miró hacia dentro.
Habia un espacio, una pequeña separación entre el blindaje externo y la carga explosiva del arma, estrecha, pero lo suficiente para permitir a su pequeño cuerpo arrastrarse a través del mismo. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas logró pasar por una de las aberturas que la metralla habia hecho y arrastrandose con el vientre pegado al interior del misil, descendió dificultosamente los últimos metros.
Jadeando, con el sudor cayéndole frente a sus ojos, se arrastró en un esfuerzo final, pasando su cuerpo por una fisura apenas más grande que su cintura y con un alarido se arrojó del otro lado y cayó un par de metros, completamente agotada y rendida, casi sin poder ver lo que habia a su alrededor.
Una Meltran de cabellos verdes la contemplaba desde las alturas, era una visión extraña pero a la vez familiar, como si no pudiese ser de otra forma. Virya giró la cabeza y vió que estaba en un lugar conocido, familiar. Era la cabina de un Queadluun y ella estaba acostada sobre el regazo de la piloto, quien la observaba impasiva, como si en realidad no la estuviese viendo.

—¿Ca- Capitán Vaal? —logró susurrar Virya, extendiendo la mano hacia lo alto, juzgando mal las proporciones de la Meltran y las de su propio cuerpo.
La guerrera pareció reaccionar ante el sonido de su propio nombre. Sus ojos, hasta ese momento casi velados por la alienación parecieron recuperar algo de brillo.
Ni la Meltran ni la Micrón se movieron durante un rato, parecían estar paralizadas en medio de un cruce de miradas infinito; Virya muy débil y dolorida para hablar y la Capitan Vaal, acaso herida o moribunda, sin dar apenas señales de vida.
De pronto virya recordó a Exedore, era hora de llamarlo, lentamente elevó su mano derecha hasta el casco y con dificultad accionó el enlace de comunicaciones.
—A- Aqui Vi-Virya —la garganta le dolía y las palabras salían con dificultad. —Es… estoy con Vaal.
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