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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Virya observó con curiosidad la extraña nave a la que se dirigian. Era una de las tantas naves de soporte que acompañaban la flota en su eterna guerra espacial, una más entre miles y miles de naves similares.
Y sin embargo algo la diferenciaba del resto; era increíblemente vieja.
La mayoría de las naves de la flota Zentradi solían soportar cientos de ciclos de uso, eventualmente los daños sufridos en batalla obligaban a reemplazar constantemente el material de guerra y, en todo momento, un caudal de nuevas naves llegaban desde los enormes satélites-fábricas escondidos en varias partes de la galaxia.
Pero las naves de soporte o aprovisionamiento jamás entraban en combate directo y solían permanecer en el centro mismo de la flota, defendidas por el grueso de la armada Zentradi. Por esta razón solían prestar servicio durante enormes períodos de tiempo y decaian lenta e inevitablemente hasta que eran descartadas o simplemente la flota hacia un FOLD sin ellas.

Las luces que pendían sobre el hangar lateral se encendieron y segundos más tarde la enorme compuerta se abría lentamente, dando paso a la pequeña nave de transporte y la pareja de armaduras que la escoltaba al interior de la misma.
—Tal como pensaba —dijo de pronto Dulmei, que se encontraba sentada frente a la joven piloto. —La nave está desierta.
Virya miró a su compañera con asombro —¿Desierta?
A través de las ventanas del transporte ambas Meltran observaron el interior del hangar iluminado tenuemente por las luces de posición de la nave. Todo estaba en silencio y varios de los docks de repostaje estaban ocupados por naves dañadas y abandonadas. Nadie se había molestado en quitarlas de enmedio y simplemente yacian en los lugares donde habían dejado de funcionar.
El transporte se posó lentamente en una de las plataformas despejadas, rompiendo el silencio de la enorme estancia con el estruendoso sonido de la puerta lateral de desembarco al caer sobre la cubierta metálica. Las dos armaduras Meltran que los escoltaban descendieron a unos veinte metros de distancia y permanecieron inmóviles en sus puestos.
Solo tres Zentradis descendieron de la nave: La Capitán Dulmei, Virya y un soldado Zentran de escolta.
—No hay nadie en esta nave, se la pilotea en forma remota. —Dijo la oficial mirando de reojo a Virya.
La joven guerrera asintió y miró a su alrededor. El estado de la nave era de abandono, pero los sistemas de apoyo vital y eléctricos parecían funcionar. Una lluvia de partículas se levantó del suelo en cuanto el grupo comenzó a caminar por un pasillo que serpenteaba entre las diferentes plataformas de atraque. Imposible calcular el número de ciclos que habían pasado desde que otro Zentradi hubiese caminado por ese mismo lugar.
Caminaron en silencio los últimos metros y penetraron por un pasillo al final del hangar, el cual ascendía a través de varias cubiertas de lo que parecian ser enormes cámaras de acondicionamiento y descanso, alineadas en grandes filas a cada lado del pasillo.
Al final del mismo encontraron un elevador que por suerte aún funcionaba. Luego de marcar uno de los últimos niveles, ascendieron lentamente hasta lo más alto de la nave.

Al abrirse las puertas del elevador el grupo se encontró contemplando lo que parecía ser una de las típicas bahías de recuperación y tratamientos de heridos que poseían todas las grandes naves de combate de la armada Zentradi. Una cubierta repleta de filas de vainas recostadas contra las paredes.
Pero las vainas eran muy diferentes a las que Virya conocía.
Eran mucho más grandes, como las que usarian los enormes oficiales Zentrans, no los soldados comunes, además al pie de las mismas había una versión pequeña de las mismas, como si de una reproducción en miniatura de las mismas se tratase.
—Estas cosas… —Comenzó a decir Virya, pero guardó silencio ante un gesto de la mano de Dulmei.
—Son vainas de micronización— dijo la oficial mirando los complejos aparatos con atención. —Es la primera vez que yo veo una.
Les llevó un buen rato encontrar una que funcionase. La mayoría de las vainas estaba con los cristales rotos o con la compuerta desencajada del marco. Casi al final de la última hilera distinguieron dos pequeñas luces verdes que delataban un panel de monitoreo aún en funcionamiento. Tuvieron que quitar varias vigas metálicas que habian caído sobre la misma pero por suerte el daño no había sido importante.
—Es la ultima que queda— dijo Dulmei mientras pasaba la mano por el cristal, apartando el polvo depositado por el paso del tiempo para poder echar una mirada al interior de la vaina. —Espero que funcione.
El corazón de Virya comenzó a latir con fuerza pero la joven reprimió cualquier gesto que delatara lo que sentía. Mientras observaba el interior de la oscura vaina Dulmei llamó al soldado Zentran y le indicó que preparada la vaina. El soldado asintió llevándose el puño al pecho y comenzó a manipular la terminal de control ubicada a un costado del enorme aparato.
Una luz rosada iluminó el interior de la vaina y los rostros de los tres Zentradis, mientras una serie de susurros y chasquidos inundaban el ambiente otrora silencioso y desierto que los rodeaba.
—Todos los indicadores están normales— dijo el soldado mientras los destellos de luz verdes y blancos salpicaban el visor del casco— Cuando la puerta se abra podremos iniciar el procedimiento.
La oficial Meltran asintió y dandose la vuelta se dirigió con gravedad a la joven piloto. —Lo que estamos por hacer aqui no se ha hecho en centenares de ciclos o, al menos, eso es lo que parece por el estado de estas cosas— agregó haciendo un gesto con la mano hacia la montaña de desechos que los rodeaban. —No hace falta que te advierta sobre el riesgo que corres.
No, realmente no hacía falta mencionar los riesgos, Virya los tenía a simple vista, especialmente porque dentro de algunas vainas destruidas pudo vislumbrar restos de Zentradis en diferentes grados de momificación.
Pero tuvo que aceptar, no sólo porque en el fondo sabía que era lo correcto, sino porque era la decisión más acertada para todos.


—Tu no puedes ir Yuwe— dijo Dulmei categóricamente señalando a la guerrera. —El escuadrón necesita de tu liderazgo y las probabilidades de éxito de esta operación son lo bastante bajas como para arriesgar material de guerra valioso. No puedes ir.
Yuwe apretó con tanta fuerza los dientes que un pequeño hilo de sangre fue visible entre sus labios. La reunión que había tenido lugar para discutir la estrategia a seguir había llegado al punto culminante. Se necesitaba un voluntario para intentar comunicarse con la Capitana Vaal y establecer si era posible remover el misil o abandonar la nave y detonarlo a distancia.
—¿Quien de ustedes se ofrece de voluntaria para esta misión? —Volvió a preguntar Dulmei recorriendo con su mirada al grupo de guerreras.
Para su satisfacción, todas las Meltran dieron un paso al frente, incluida Virya.
—Por supuesto que todas se ofrecen— dijo exhibiendo una sonrisa. —Pero tú— agregó volviéndose hacia Virya. —¿Porque te ofreces tú?
La joven se puso firme en su puesto y llevándose el puño al seno izquierdo exclamó —Soy Virya 712, piloto de Q.Nona miembro del Escuadrón de Defensa Número Treinta...
—Y la menos experimentada del mismo...— La interrumpió Dulmei moviendo la cabeza. —Yuwe me ha contado de tu desempeño en la batalla y como fuiste elegida por Vaal en persona. Aún así eres la miembro más nueva del escuadrón y un elemento del que pueden prescindir para esta misión.
Las chicas se miraron entre sí sin articular palabra alguna. Era evidente que habían adoptado a Virya como una de ellas y se sentían incómodas ante semejante desprecio dirigido hacia quien había demostrado tanta habilidad y pericia en la batalla…
Yuwe apretó los puños con fuerza y dió un paso al frente. —Capitán, Virya es un elemento valioso de nuestro escuadrón y tiene el potencial para convertirse en—.
—¡Silencio! —Exclamó de pronto la Capitán Dulmei girando violentamente la cabeza en dirección a Yuwe. —Soy yo quien decidirá como administrar mis recursos en esta crisis.
Recursos. La palabra resonó en la mente de Virya con un sonido seco. Al fin y al cabo eso eran todos, pequeñas piezas en la gigantesca maquinaria de guerra Zentradi.
—Virya 712— Dulmei se acercó a la joven que había mantenido la posición de firme durante todo ese tiempo. —¿Lo harás?
—Lo haré— respondió sin dudar la joven. —Por mi honor como Zentradi, lo haré.

Ahora que estaba frente a la vaina esas mismas palabras resonaban en su mente. Lo haría, claro que si ¿Pero valdría la pena? Y ademas… ¿Que podria hacer ella con el cuerpo de un Microniano?
El resplandor del interior de la vaina aumentó en intensidad y la puerta se abrió hacia un lado, despidiendo una nube de vapor blanquecino que rápidamente se disipó en la seca atmósfera de la cubierta.
—El dispositivo esta listo. —Exclamó el soldado mientras retrocedia unos cuantos pasos y miraba a las Meltran con incertidumbre.
Dulmei ignoró las palabras del Zentran mientras caminaba hacia la vaina y examinaba el interior. —Todo parece estar en orden— dijo. —Adelante, terminemos con esto.
Virya asintió y caminó unos pasos hasta quedar frente a la vaina. Lentamente giró uno de los controles ubicados en la muñeca izquierda y el traje de piloto pareció aflojarse con un soplido neumático. Con cuidado se quitó el traje, procurando no poner demasiada presión en su pierna izquierda al momento de quitarla de entre los restos blanquecinos de la espuma que había sellado su herida. El agujero se había cerrado con una costra rojiza pero permanecía algo inflamado.
—Durante el proceso de micronización tu cuerpo será reconstruido, por lo que tu herida quedará sanada al instante— dijo Dulmei mirando el cuerpo desnudo de Virya.
La joven Meltran se recostó dentro de la vaina con los brazos a los costados, tal y como hacía durante los momentos de sueño en las cámaras para dicho fin.
—Una vez que finalice el proceso yo misma te llevaré hasta la nave de Kreegan— La voz de Dulmei denotaba nerviosismo, si eso era posible en una oficial de su categoría. —Buena suerte piloto.
La puerta se cerró con un golpe seco y el cristal se tornó opaco casi de inmediato. Lo último que vió fue a Dulmei haciendo el saludo de guerra Meltran.

El silencio la envolvió a medida que la luz inundaba el pequeño compartimiento. Al principio trató de mantener los ojos abiertos, pero el resplandor rosado no permitía ver casi nada del exterior, apenas una serie de contornos oscuros que bien podría ser la silueta de Dulmei o simples manchas en el cristal. Finalmente cerró los ojos y esperó pacientemente a que la máquina hiciese su trabajo.
Pasaron varios minutos de silencio en los cuales la idea de que la máquina no funcionaba correctamente comenzó a impacientar a la joven guerrera. Intento abrir y cerrar la mano para distenderse un poco y notó con perplejidad que su cuerpo no la obedecía. Tampoco podía girar la cabeza ni abrir los ojos. Su cuerpo estaba completamente paralizado y solo el roce de su espalda con el respaldo del interior de la vaina la mantenía en contacto con la realidad.
Pronto una nueva sensación comenzó a subir desde sus piernas, lentamente, como si de un cambio de temperatura se tratase ¿Se estaba llenando la vaina de alguna clase de líquido? La sensación trepó por sus caderas y pronto llegó a su pecho. Virya trató de tomar una bocanada de aire pero sus pulmones y boca tampoco la obedecían. El líquido, sea lo que fuese, la cubrió por completo y entró por su boca y nariz

Su cuerpo se sacudió en una serie de arcadas, pero pronto el poco aire que quedaba en sus pulmones fue absorbido por el líquido y, de alguna forma incomprensible, Virya comenzó a respirar con normalidad. Ahora estaba suspendida dentro de la vaina y ninguna parte de su cuerpo hacia contacto con el interior del cilindro. Absolutamente todos sus sentidos se encontraban anulados y lo unico que sentia era el incesante latido de su corazón. Pero eso tampoco duró mucho tiempo.
Justo en el momento que su corazón dejaba de latir se sintió empujada hacia atrás ¿O era hacia delante? Sin ninguna clase de referencia a la que sujetarse, sintió como que se proyectaba más allá de su cuerpo o de la vaina misma.
Recordó la sensación, era muy similar a esas imagenes que habia experimentado durante su breve estancia en la cápsula de sueño. La sensación de no poseer cuerpo y, al mismo tiempo, de abarcar una cantidad de espacio gigantesco, como si nada estuviese lejos de su alcance.
Pero a diferencia de su experiencia anterior, ahora no estaba en medio de la flota Zentradi, estaba en el espacio si, pero lo que la rodeaban no eran estrellas o planetas o naves espaciales. Eran unas extrañas luces de tonos azules que giraban y se movían alrededor de ella en complicadas figuras y órbitas sin sentido. Recordaba haber visto algo similar. Era como se veia el espacio en medio de un salto FOLD.
Las palabras de Dulmei sonaron dentro de su cabeza «Tu cuerpo será reconstruido» ¿Acaso su cuerpo se había disuelto dentro de esa máquina? ¿Podría volver a el alguna vez? ¿Y si su cuerpo nuevo nunca era creado? ¿Quedaría flotando en ese extraño espacio por siempre?
No tuvo demasiado tiempo para pensar las respuestas a dichas preguntas porque en ese preciso instante se repitió la misma sensación de empuje que había experimentado antes. Solo que esta vez fue mucho más violenta, como si algo se resistiese a dejar pasar su voluntad.

La puerta de la pequeña cápsula al pie de la vaina se abrió de golpe y una Meltran micronizada cayó de rodillas en medio de una cascada de líquido rosado y nubes de vapor. Enseguida una serie de arcadas hicieron que vomitase el resto de líquido que aun conservaba en su interior.
—¿Virya?
La micrón dejó de toser y permaneció agachada en medio del charco de líquido rosado. Virya. Conocía ese nombre. Era «su» nombre. Ella era Virya 712.
La joven abrió los ojos mientras se ponia de pie. El mundo que se le reveló a los ojos era completamente diferente del que habia esperado. ¿Estaba realmente en el mismo lugar? ¿En la misma nave? Distinguió unas enormes formas frente a ella, algo que le recordaba a las botas de su traje, pero no eran tan grandes como las que veia delante de sus ojos.
—Virya 712 ¿Cómo se siente?
La voz era estruendosa, resonaba enorme y poderosa en el gigantesco recinto. Virya levantó la cabeza y vió con sus ojos de Micrón a la gigantesca Capitán Dulmei, de más de doce metros de altura. A su lado, un perplejo soldado Zentran la miraba atónito a través del cristal de su casco, sin dejar de apuntarle con su rifle de asalto.
Dulmei colocó su mano sobre el cañón del arma y obligó al soldado a bajarla. —Esta bien— dijo. —Solo esta desorientada.
Lentamente los recuerdos parecieron fluir dentro de la cabeza de Virya. Se miró las manos y las movió incrédula mientras recordaba la sensación de parálisis que había experimentado. Definitivamente era su cuerpo. Recorrió lentamente con la mirada sus brazos y recordó la herida de su pierna. Al levantar la izquierda descubrió que no había ninguna huella de la herida, ni siquiera una marca. Parecia como si ese cuerpo jamas hubiese sido herido.
Recorrió lentamente sus caderas, disfrutando la sensación del tacto en su piel. Acarició su estómago y al subir las manos palpó sus pechos. Había algo diferente en ellos.
—¿Sucede algo Virya? —Preguntó Dulmei mientras se agachaba para ver mejor a la joven Micrón.
—Mis pechos… —Virya se sorprendió al escuchar su propia voz. —Son más… pequeños.
La enorme Meltran acercó su rostro a la desconcertada Virya y examinó los pechos detenidamente. —Yo los veo normales— dijo. —Pero el Archivista me advirtió que podían suceder ciertos cambios durante el proceso de Micronización.
Virya soltó sus pechos y giró sobre si misma, todo parecía estar en orden. Movió las piernas y brazos, se agachó y volvió a levantarse. Era casi como su viejo cuerpo.
Casi. Algo había cambiado y no eran solo sus pechos.
Un sonido a su espalda atrajo su atención. Un compartimento se había abierto al lado de la pequeña cámara de micronización. La joven caminó lentamente y descubrió que se trataba de un compartimento donde se guardaban trajes de tamaño Micron. Eran en verdad los mismos trajes que usaban los soldados de infantería pero a la medida de su cuerpo actual. Tambien habia cascos, pero no vió ninguna clase de arma.
Mientras se vestía recordó la expresión del soldado y el gesto de apuntarla con el arma ¿A que se había debido esa reacción? Como si una Meltran diez veces más pequeña que un Zentran representase alguna clase de peligro.
Finalmente se colocó el casco y ajustó los cierres herméticos. —¿Pueden escucharme? —Preguntó.
—Perfectamente— respondió Dulmei. —Con ese tamaño que tienes es imposible escucharte sin algo que amplifique tu voz.
Virya permaneció en silencio mientras era alzada en el aire por la gigantesca mano de la Meltran y la depositaba en uno de los bolsillos superiores del uniforme de Capitán.
—Vamos, es hora— dijo mientras se ponían en camino.
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