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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Año 1837 (Calendario Terrestre)

—Escuadron Veinticuatro… ¡Avancen!
Las siete armaduras Queadlunn Nona se movieron casi al unísono, alejándose de las estaciones de carga y ocupando el espacio central del hangar en una fila doble con su líder a la cabeza. Permanecieron a la espera mientras un grupo similar avanzaba por delante de ellos en dirección a la enorme compuerta de salida.
La máquina que lideraba el grupo era también un simple Nona, pero su color azul la diferenciaba del resto. Al fin y al cabo se trataba de simples tropas de choque regulares, una más de las miles de unidades de combate iguales que combatían bajo el mando de Dortrad-Jen.
Una serie de luces fijadas al techo pasaron del rojo a verde y el escuadrón de Nonas comenzó a avanzar a paso vivo por el hangar.
Al llegar a unos cincuenta metros de la compuerta, una marca en el desgastado piso les indicaba el final de la zona de anclaje gravitacional. Con un pequeño salto, las máquinas de combate abandonaron el hangar y se sumergieron en la negrura del espacio.
Lo primero que Virya echó de menos fué la abrumadora cantidad de naves que siempre la rodeaban al salir de su nave durante los ejercicios de maniobras. Ya no estaban en la flota principal, su fragata había hecho DEFOLD cerca del campo de batalla en algún lugar lejano.

Su primera batalla.

—¡Número Siete, atenta! —bramó su líder por la radio.
Virya vió como se había retrasado varios metros con respecto a su compañera de adelante. Con un movimiento de cabeza despejó su mente y corrigió su posición lo mejor que pudo. El escuadrón de combate número Veinticuatro rodeó la fragata Quitra Queleual por estribor y se dirigió al campo de batalla a toda velocidad.
Todo el campo de visión de Virya se llenó de luz. Las explosiones se sucedían una tras otra a través de una enorme extensión de espacio. Aquí y allá enormes naves de combate giraban unas alrededor de las otras intercambiando fuego a discreción en medio de enormes explosiones y nubes de humo.
Llegaban tarde a la batalla, era evidente por el caos que predominaba en el combate. Lo que al principio habían sido dos flotas en pulcras formaciones de combate intercambiando fuego en forma continua, se había vuelto una batalla donde grupos de armaduras y naves capitales luchaban en medio de una maraña de destrucción y muerte. Alrededor del campo de batalla, las explosiones de luz provenientes de las tropas de refuerza haciendo DEFOLD añandian aún más caos al paisaje.
¿Quien estaba ganando? Virya no podía saberlo… sólo veía naves explotando y naves a punto de explotar al recibir tremendas descargas de fuego concentrado de otras naves de batalla… Con una precisión mortífera, cada diez segundos se sucedían las descargas de los cañones principales, que creaban largas lineas de luz a través del campo de batalla, seguidas inmediatamente de cientos de pequeñas y grandes explosiones de las naves que habían tenido la desgracia de estar en el camino de tan terribles armas.
El corazón de Virya comenzó a latir mas fuerte. habia escuchado a las Meltran veteranas hablar sobre la exitación de la batalla, por fin ella iba a sentir lo mismo.
—¡Atención! —gritó su líder.
Virya se concentró, debía seguir las órdenes al pie de la letra si quería sobrevivir en el campo de batalla.
—Desplegarse!
Al escuchar la orden las siete armaduras se desplegaron hacia los lados; los números pares a la derecha, los impares a la izquierda. Ahora avanzaban formando un enorme arco de ciento cincuenta metros de largo. La idea era que si un disparo de las enormes naves capitales alcanzaba al escuadrón, la separación permitiría que solo unas pocas máquinas fueran destruidas.
Fue una fracción de segundo, pero la joven piloto pudo ver los cinco puntos de luz antes que las enormes descargas de artillería pasaran alrededor de las siete armaduras. Antes que Virya pudiese siquiera parpadear, el escuadrón había perdido dos elementos.
—Formación! —gritó la armadura azul y los cinco Nonas recompusieron la formación en forma de arco, ahora de un centenar de metros de largo.
Virya no se preocupó por las descargas, al fin y al cabo no estaban dirigidas hacia ellas. Lo que el enemigo quería era destruir las naves con refuerzos antes que pudiesen desplegar todos los escuadrones de combate. Miro un segundo el monitor que mostraba las seis de su Nona. Una explosión sacudió la negrura del espacio varios centenares de kilómetros más atrás. Su fragata había sido destruida por los disparos. ¿Habrían salido ya los escuadrones que faltaban? Virya no lo creia, habia sesenta escuadrones a bordo de la nave, con suerte habrían podido salir diez más antes de que todas las guerreras murieran en medio de la explosión.

Ya estaban lo suficientemente cerca del combate para ver los incontables haces de luz que creaban un tejido por todo el campo de lucha. Era como una pared de líneas que se movía y latía como un ser vivo, pero Virya no podía describir lo que veía, simplemente no conocía las palabras adecuadas para hacerlo. Cada haz de luz era un disparo y el color indicaba si quien lo había hecho era amigo o enemigo.
Otro relámpago de luz pasó en medio de la formación, pero por esta vez no escuchó los gritos de su líder pidiendo que se organizaran, en ese momento estaba demasiado ocupada muriendo en medio de la explosión junto con la número dos del escuadrón.
Su primera batalla y ya estaba sola en medio del combate… bueno, quedaban dos compañeras mas ¿Quien de ellas tomaría el mando? Definitivamente no la número tres, ese agujero en el pecho no le permitiría ir muy lejos y ya estaba empezando a explotar el reactor ¿Debería seguir a la número cinco entonces?
En ese momento un enjambre de misiles interrumpió sus razonamientos, por lo que el asunto de la cadena de mando debería esperar un poco mas… disparó hacia los misiles mientras retrocedia con toda la potencia que el reactor le entregaba, eso le daría unos segundos extras para destruirlos.
Los misiles de práctica eran más fáciles de abatir, además los misiles verdaderos tenían la fea costumbre de enviar fragmentos en todas direcciones al momento de explotar. El último misil explotó a unos diez metros de la cabina de Virya y la lluvia de metralla golpeó violentamente la armadura, penetrando el blindaje en la zona del torso y las piernas.
La terrible sacudida hizo que Virya quedase aturdida por unos segundos. Estaba oculta en medio de una nube de humo, por lo que esos segundos que permaneció quieta no significaron su muerte inmediata.
En cuanto su cabeza se despejó lo suficiente consultó de un rápido vistazo el estado de su armadura: había sufrido penetración en su blindaje, pero no había daños en los sistemas de movimiento. Movió sus piernas para comprobar que reaccionaban bien y sintió un dolor punzante en la izquierda… probablemente un fragmento de metralla la había herido.
Virya suspiró, ningún problema entonces, su cuerpo soportaría el dolor, solo esperaba que la espuma del traje hubiese contenido la hemorragia lo suficiente para no perder el conocimiento durante el combate.
La nube de humo se estaba dispersando y ya podía ver la lluvia de lasers que la rodeaba. Mejor moverse pronto y buscar a la número cinco antes de que sea tarde.

La cosa iba mal, había empezado a ir mal desde el principio. Su visor se llenó de marcas rojas y Virya disparó todos sus misiles sin preocuparse a que le estaba disparando. Era parte de su entrenamiento y lo que estaba condicionada a hacer durante batallas a gran escala. Algún misil engancharía un blanco y con algo de suerte destruiría o dañaria seriamente al pobre diablo. En cuanto sus compartimentos de misiles quedaron vacíos, aceleró a máxima potencia y se dirigió hacia el blanco más cercano.
—Maldito Ejercito de Supervisión —masculló mientras disparaba sus cañones contra la armadura gris que tenía delante.
La enorme armadura recibió los disparos por la espalda, pero la inexperiencia de Virya le había jugado en contra: los disparos dieron en puntos varios de la armadura, pero no logró destruir el reactor. Su enemigo, aunque dañado y expulsando fluidos por algunos agujeros, se dió la vuelta y apuntó con sus cañones a la joven guerrera que avanzaba a toda velocidad.
—Débura! (1)—gritó Virya, al menos impactaría contra el y destruiría al menos a uno.
—«Uno» —pensó.—«Solo voy a llevarme Uno»
Empujó el pedal derecho con todas sus fuerzas, la armadura viró lentamente a pesar de la enorme velocidad que había adquirido y el disparo del robot derritió una de las placas de su hombro izquierdo.
No se dió vuelta para ver a su enemigo, dejaría que algún otro se encargara de rematarlo. Vio dos armaduras más adelante que perseguían a un solitario Nona y se lanzó a su persecución, pero se detuvo a mitad de camino cuando un rayo de energía abatió ambos, perseguidores y perseguido, así como a varias docenas de armaduras más que combatían más adelante. Virya sabía que no debía permanecer quieta en ningún momento durante la batalla, por lo que cambió rápidamente de dirección y se dirigió hacia un sector donde le pareció que surgían muchos disparos láser de color verde. Había amigos allí.
Un escuadrón de Nonas protegía el flanco de una fragata Quitra Queleual mientras los cañones de energía a cada lado del casco barrían el campo de batalla en descargas. Al acercarse al grupo vio a su líder, quien pilotaba un Rau de color azul claro. El robot levantó la cabeza y miró en la dirección de Virya.
—Tu! —se escuchó a través de la radio. —Ve a la proa y derriba los misiles que puedas!
Virya se detuvo momentáneamente y luego de hacer un saludo se dirigió hacia donde señalaba su nueva capitana, en dirección a la proa de la fragata. Otro Nona estaba allí, disparando sin cesar a las decenas de misiles que se acercaban a la nave en grupos de cinco o seis. Virya se ubicó al lado de su nueva compañera y comenzó a disparar en ráfagas, tratando de sincronizar sus disparos de forma que ambas pudieran mantener un fuego continuo sin que sus cañones se derritieran por la cantidad de disparos que hacían.
Así que ahora formaba parte de un escuadrón de defensa antimisiles. Bueno, no había nada que hacer al respecto.
Se concentró en su tarea. Los misiles anti nave eran enormes, de casi el triple del tamaño de su armadura, lo que los hacían un blanco fácil para sus disparos. El único problema era que debían concentrar bien el fuego en la cabeza del misil para poder penetrar su coraza y detonarlos lo suficientemente lejos de la nave.
Su compañera la golpeó en el hombro y señaló hacia el casco de la fragata: debian anclarse al casco o la nave giraria de pronto y ellas quedarian fuera de posición. Las dos armaduras descendieron y sus pies quedaron magneticamente fijos al casco.
Continuaron disparando ininterrumpidamente durante a lo que Virya le parecieron horas, mientras la batalla se revolvía alrededor de ellas. Casi se habia olvidado del resto de la batalla cuando una voz que al principio no reconoció se oyó por sobre la cacofonia de alarmas de su cabina.
—¡Retirada! ¡Reagrupense!
Su compañera dejó de disparar y salió volando hacia arriba. Virya apenas pudo reaccionar lo suficientemente rápido para seguirla, segundos más tarde la fragata estallaba en medio de una bola de fuego luego se haber sido alcanzada por varias descargas de armas de energía.
Volaron en zig-zag entre medio de los disparos hasta reunirse con las cinco armaduras que ya estaban volando en formación más adelante.
—Vamos a defender una Nupetiet-Vergnitzs —se escuchó por la radio, Virya no formaba parte del escuadrón de defensa, por lo que solo escuchaba la comunicación del Rau líder —Si, es la nave de Kreegan— escuchó que la Capitán parecía contestar a una pregunta de una de las guerreras.
El nuevo escuadrón de Virya salió a toda velocidad en medio de las explosiones y descargas láser del campo de batalla, adoptando una formación en «V» invertida bastante cerrada. Virya se sorprendió al ver las diferentes tácticas que ese escuadrón empleaba, ya que no volaba en línea recta como su anterior escuadrón de ataque, sino que se movía en Zig-Zag a través de la batalla siguiendo el ritmo del Rau que los encabezaba. Era evidentemente un escuadrón que evitaba el combate, su función era la defensa antimisiles y sus movimientos se adecuaban a ello. Si solo su anterior líder hubiera usado esa simple táctica…
Una poderosa descarga rasgó la negrura del espacio frente a ellos. El poderoso disparo de una nave capital era algo aterrador, incluso a cientos de kilómetros como parecía estar el origen del disparo.
—Objetivo a la vista! Desplieguense a babor en tres grupos, defenderemos la proa a toda costa!— gritó su líder.
Las naves clase Nupetiet-Vergnitzs eran enormes, de casi cuatro kilómetros de largo, toda la nave era un gigantesco cañon de energia que podria arrasar el campo de batalla con su poderosísimo disparo. Tambien servian de puesto de mando a los comandantes Zentradi, quienes supervisaban la batalla desde el mismo frente si era necesario. Ese tal Kreegan era uno de los tres comandantes bajo las órdenes del Almirante Dortrad-Jen.
La nave contaba con su propia artillería para destruir los misiles que se acercaban, pero estaban siendo víctimas de tantos disparos del enemigo que simplemente no daban abasto a interceptar todo el fuego. Otros grupos de defensa se encontraban a lo largo y por encima de la nave capital tratando de interceptar todo lo que el Ejército de Supervisión arrojaba contra dicha nave. Mientras tanto, el cañón principal no dejaba de disparar en intervalos regulares, escupiendo rafaga tras rafaga de destrucción hacia la masa de naves enemigas que avanzaban en un amplio frente de ataque.
.
Llegaron al perímetro defensivo esquivando disparos y misiles que llovían en todas direcciones, descubrieron entonces que la nave generaba su propio campo gravitacional, por lo que no fue necesario que se anclaran al casco. Simplemente dieron la espalda a la nave y comenzaron a disparar a todo lo que se acercaba.

Que era casi todo el ejercito enemigo.

(1). Insulto en lenguaje Zentradi
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