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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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La vuelta a la colonia se hubiese desarrollado en total silencio de no ser por los prolongados y recurrentes avisos de advertencia que la computadora de a bordo del VF-17S2 gritaba por los altavoces de la cabina. Jim se pasó casi todo el viaje golpeando repetidamente el botón con la leyenda ALARMA MAESTRA hasta que, luego de un par de golpes especialmente violentos, dejó de sonar y la tranquilidad volvió a reinar en la cabina.
Cinthya se mantuvo en silencio y completamente inmóvil en su asiento, apretando contra su pecho al diminuto Drone de reconocimiento, como si de un niño pequeño se tratase.
El silencio también se sentía entre las radios del grupo de Recolectores. Ni Ralph ni los dos pilotos del transporte habían abierto la boca desde el momento en que habían dejado el improvisado refugio, no sin antes haber marcado el sitio con una pequeña sonda de posicionamiento.
Jim se debatía entre los sentimientos de culpa por haber estropeado la misión y la curiosidad que sentía al ver la reacción de los colonos al encontrar el Queadluun-Rau rojo. ¿Que tenía de especial esa armadura? Amanda se había quedado muda al escuchar el reporte de sus trabajadores y había ordenada la inmediata marcación del hallazgo ¿Tan importante era? El piloto utilizó el control de su mando para acceder al registro de la computadora. Había sacado un par de fotografías mientras el resto del grupo escuchaba las órdenes de Amanda de retornar inmediatamente.
Proyecto dichas fotografías en su casco; no había razón alguna para hacerlo en la consola principal y alarmar aún más a Cinthya.
Los Queadluun-Rau eran armaduras de combates que sólo la Elite de las fuerzas de combate Meltran utilizaban. Estaban mucho mejor armadas que sus contrapartes básicos, los Queadluun-Nona y poseían dos reactores en vez de uno, lo que les proporcionaba una velocidad y movilidad incomparables.
Eran, sin lugar a dudas el mecha más veloz de la armada Zentradi.
Dicha velocidad venía, sin embargo, acompañada de un blindaje mucho más débil que el otros robots. Su instrucción sobre el combate contra estas armas le dictaba que debía usar los cañones como arma principal, ya que incluso hasta los mejores misiles del arsenal de la NUNS, los HMMM’s de alta maniobrabilidad, eran incapaces de seguir los movimientos y giros de esas armaduras.
Una ráfaga del Gunpod estándar podía destrozar fácilmente la armadura de un Queadluun-Rau.
El tema era acercarse lo suficiente para disparar sin que lo hicieran pedazos a uno.

Jim recordaba las incontables horas en los simuladores de la academia. Los Queadluun-Rau eran considerados HARD MODE entre los cadetes. Generalmente los instructores insertaban uno de ellos durante las simulaciones de combate para bajarle los humos a algún estudiante cuyo ego se hubiese inflamado demasiado.
Lo mejor que Jim pudo hacer contra un Queadluun-Rau fué un impacto indirecto en el talón de uno ellos, lo que le valió una interesante cantidad de puntos extra en el recuento final al culminar la misión.
Claro que también había sido acribillado a disparos por esa misma armadura y todos sus puntos fueron descontados por no sobrevivir.
Sus compañeros lo llamaron «Aquiles» desde entonces.

Jim se concentró en la imagen de la armadura que tenía delante; estaba bastante deteriorada por la radiación de neutrones y la pintura roja se había transformado en un rosa pálido del lado más expuesto al centro de la anomalía.
El rojo era un color extremadamente inusual en las flotas Zentradis. Solo los ases entre ases podían tener una maquina asi. Jim recordó las escenas de combate de la película «Do You Remember, Love?» Donde Milia Fallyna pilotaba una de un color similar ¿Estaba ante los restos de una piloto del mismo calibre que la legendaria As Meltran?
Si era así, se trataba de un descubrimiento extraordinario realmente. ¿Era por eso el interés de Amanda? ¿O había otras razones?
Se concentró en los detalles; la armadura tenía varias marcas de disparos, la mayoría indirectos (Lo que significaba que el proyectil no había impactado contra el metal en forma frontal, sino que había sido un impacto lateral u oblicuo) Quien hubiese pilotado esa armadura, sabía cómo minimizar los daños ante la inevitabilidad de un impacto.
No obstante uno de los brazos había sido arrancado por una explosión, al igual que la parte inferior de una de las piernas.
La cabina parecía estar abierta.
Jim acercó al máximo la imagen; había sido tomada en condiciones de luz y radiación extremas, por lo que la calidad de la fotografía era muy mala, no obstante encontró con facilidad lo que sospechaba; la cabina estaba vacía.
Esto era el acertijo más grande de todos ¿Una armadura vacía? ¿Quien había rescatado a esa piloto? ¿O la había abandonado por si sola? Esto se contradecía completamente con sus conocimientos sobre la forma de luchar de los Zentradis; lo hacían hasta el final, no abandonaban nunca sus máquinas de combate.
Un traqueteo interrumpió sus cavilaciones ¿Ahora que demonios era lo que estaba haciendo ruido en la nave? Apagó la visualización del casco y comenzó a buscar el origen del ruido en la cabina.
Eran los dientes de Cinthya.
La joven había estado recogiendose en su asiento hasta casi haber adoptado una posición fetal y su cuerpo temblaba visiblemente. Solo el arnés de seguridad impedía que su compañera se llevase las rodillas al pecho.
—Cinthya... —Murmuró despacio Jim sin saber que decir
—Dejala Jim —escuchó por los auriculares— La pobre esta en estado de shock.
Era Ralph quien hablaba por la frecuencia abierta. Había olvidado otra vez el cerrarla y el cristal de la cabina estaba con su máximo nivel de transparencia, por lo que eran completamente visibles para el gigante y sus compañeros.
Jim miró a Cinthya a través de los espejos laterales. La joven se había comportado valientemente durante su escape, pero era sabido que se tarde o temprano pensaría en lo que había sucedido y la realidad acabaría por derrumbar sus nervios. Al fin y al cabo era una civil, no estaba preparada para afrontar la muerte de una forma tan horrible.
Apagó la frecuencia abierta y encendió un enlace privado con Ralph a través de su casco.
—Yo.. —comenzó lentamente— La he cagado. ¿No?
—La has cagado amigo —asintió Ralph y Jim pudo ver como el gigante acompañaba sus palabras con un gesto de la cabeza. —Pero estamos vivos y eso es lo importante ahora… eso y llegar a la Rainbow de una pieza por supuesto.

Jim se llevó la mano al casco e hizo un saludo al gigante, que contestó con un gesto similar aunque, por una fracción de segundo, Jim creyó ver una mueca de dolor en el rostro de Ralph tras el cristal del casco. ¿Estaría malherido?
El viaje de vuelta les llevó el doble de lo esperado. Ambas naves habían recibido un castigo extremo durante el accidente, con impactos de escombros en casi todo el casco exterior, era un verdadero milagro que todavía pudiesen volar.

A unos quinientos kilómetros de la Colonia, Jim se percató que Cinthya se había calmado notoriamente. La pequeña ventana que había abierto a un lado de la consola de monitoreo le informaba que los latidos del corazón de la joven había alcanzado valores normales, además, sus ondas cerebrales mostraban un patrón mucho más tranquilo y uniforme (En realidad eran patrones de referencia los que informaba la computadora, Jim no tenía idea de lo que significaban esas lecturas)
De pronto se sintió culpable de estar mirando esos datos, aunque solo fueran una serie de gráficos y números, eran algo privado de Cinthya.
Jim cerró la pequeña ventana y miró a su copiloto a través de los espejos. La joven se había enderezado en el asiento y mantenía la cabeza baja, mirando en silencio el suelo de la cabina.

—Cin… Ya estamos llegando a la Colonia ¿Estas bien?
Para su alivio, vio como la joven asentía con la cabeza. Al cabo de unos momentos levantó la vista y miró hacia el frente, hacia el respaldo del asiento de Jim.
—Tuve mucho miedo. —dijo simplemente.
—Lo sé —contestó el piloto—. Yo también.
Cinthya cerró los ojos e hizo un gesto de negación con la cabeza. —No —dijo. —Nos sacastes de ahí esquivando toda esa chatarra que estaba a nuestro alrededor. No sabia que podias volar de esa forma, moviendote de un lado a otro, girando y saltando por sobre esos escombros… nunca había visto pilotar a alguien asi, fue sorprendente.

Jim escuchó en silencio a su compañera y se sorprendió al darse cuenta que estaba apretando los controles de su avión con fuerza. Es cierto que había hecho algo para lo que jamás había sido entrenado ¿Escapar de la zona de muerte de un arma de energía en medio de un campo de escombros y desechos? Ni en la mente más retorcida del mas hijo de puta de los instructores de la academia podría haber surgido un escenario similar.
Y sin embargo habían escapado. ¿Suerte? Sin duda, especialmente teniendo en consideración lo cerca que habían estado de la boca del cañón. Jim recordaba con aterradora claridad la particularidad de estas armas monstruosas; no sólo desintegraban en el acto cualquier clase de material en la zona directa del ataque, sino que la onda gravitacional que la energía dimensional liberaba alrededor del haz principal era tan poderosa que podía destruir con igual facilidad a cualquier nave que estuviese lo suficientemente cerca.
Habían escapado volando sobre la misma onda mortal que arrastró escombros y naves como hojas secas en un tifón otoñal.
—Tuvimos…. suerte— fué todo lo que Jim pudo contestar a la joven.

Pero no estaba siendo sincero con Cinthya. Jim había sentido algo extraordinario y único allí dentro en la zona de escombros. Aunque no podía describir con exactitud la experiencia, sabia que habia sido lo más cercano a un estado de felicidad de una pureza extraordinaria. ¿Había experimentado un estado de éxtasis al escapar de una muerte segura?
Sus genes Zentradi… esa era la explicación más lógica ¿Como explicar ese desprecio por la muerte y el éxtasis que lo embargaba durante la lucha sino por la presencia de su herencia alienígena?
Y de pronto Jim tuvo miedo. No era el temor propio del soldado que evalúa su supervivencia en el campo de batalla, de pie frente al enemigo.
Tenía miedo de sus propios genes, de los cambios que eran capaces de producir en su persona, sin importar cuantos años hubiesen pasado desde que sus ancestros lucharon unos contra otros. ¿Qué otros secretos se guardaban dentro de su ADN? ¿Que tan hondo había cavado la Protocultura dentro los genes Zentradi?

Una señal sonora sobresaltó a ambos pilotos; algo había aparecido en el radar y la computadora de abordo requería la atención de su piloto. Jim se inclinó sobre la pantalla principal y trató de activar la visualización del radar, para su sorpresa, la pantalla aparecía completamente oscura.
—Mierda —dijo.
—Ya lo tengo —confirmó Cinthya desde el asiento trasero. —Nave con identificación civil, parece un carguero.
Jim sonrió y miró hacia el transporte que volaba cerca de ellos, con el gigante colgado sobre el mismo. Ralph y el resto de los Recolectores aún no habían detectado a la recién llegada, lo que era lógico ya que sus sensores no tenían comparación con el equipo del caza de Jim.

El Teniente Jim activó el canal abierto desde el control del casco. —Hal, Nix ¿Me reciben? Cambio.
—Fuerte y claro —se escuchó la voz de Nix, aunque algo distorsionada por la estática proveniente del Campo. —¿Pasa algo?
Ralph escuchó el llamado y giró la cabeza en dirección al caza con evidente interés.
—Tengo una nave de identificación civil con rumbo a la Colonia, posible carguero o transporte liviano ¿Esperaban visitas?
—La Rio Grande! —exclamó Hal con entusiasmo. —Llegan con demora.

Recorrieron los últimos kilómetros hasta la enorme nave fábrica y enfilaron directamente hacia el hangar, como estaban en emergencia declarada, tenían permiso para efectuar el acercamiento directo.
La Rio Grande llegó momentos más tarde, iniciando la maniobra de aproximación a la Colonia mediante un circuito circular.
—Gray debe estar comiéndose las uñas —dijo Hal señalando al carguero.
—Ni se debe imaginar lo que pasó en el campo. —exclamó Nix.
La Rio hizo destellar sus luces de aproximación y desapareció tras las enormes torres de la Colonia. El equipo de recolectores entró al hangar y se detuvo torpemente en la bahía de transición, esperando para pasar al hangar principal
Una llamada desde la Torre de Control interrumpió la espera. —Aquí Control de Tráfico de la Colonia Rainbow, me reciben Recolectores?
—Eh Annie— exclamó Ralph —No pensé que era tan tarde.
—Recien empiezo el turno —dijo con voz animada. —¿Estan bien o mando la grúa?
—Estamos bien, podemos aterrizar normalmente.
—Copiado Recolectores, tienen luz verde para entrar. Bienvenidos a casa.

Las balizas de precaución se apagaron y la enorme compuerta comenzó a abrirse. Los recien llegados quedaron cegados momentaneamente por la luz que de pronto se derramó sobre ellos.
—Wow… Amanda encendió todas las luces.
Ralph se había bajado del transporte al sentir que la gravedad aumentaba. Entró al hangar caminando lentamente mientras la nave y el caza de Jim lo seguían volando erráticamente a baja altura.
Una pequeña multitud los esperaba, cinco vehículos, una ambulancia y un camión de mantenimiento, todos apostados alrededor de la zona de aterrizaje.

El transporte manejado por Hal se dejó caer sobre su tren de aterrizaje con un crujido que hizo apretar los dientes a más de uno en la comitiva de recepción. Jim desplegó el tren de su caza y luego de comprobar que todo funcionaba bien, aterrizó suavemente en el mismo lugar de donde saliera esa misma mañana.
—Iniciando secuencia de apagado— dijo Jim a su copiloto
Cinthya comenzó a apagar su consola siguiendo las instrucciones que había memorizado en su breve pero intenso entrenamiento. Cada puesto de la cabina tenía sus propios sistemas independientes, por lo que Jim y Cinthya debían hacer exactamente los mismos pasos. Solo Jim tenia control sobre los motores, los cuales tenían que apagarse en último lugar.
Solo cuando las dos enormes turbinas se apagaron y quedaron en silencio, Jim abrió la cabina y miró alrededor.

Ralph había avanzado sólo unos metros pero inmediatamente se recostó con un gran gesto de dolor contra una plataforma repleta de placas de metal. Se habia quitado el casco de su traje y su cara, perlada de sudor, evidenciaba el mal momento por el que estaba pasando.
—Mierda —masculló Jim y saltó ágilmente de la nave. Cinthya lo siguió unos momentos más tarde, desplegando la pequeña escalerilla del fuselaje ayudada por Jim.
—Espero que Ralph está bien —dijo Cinthya cuando Jim la tomó por la cintura y la depositó suavemente en el suelo junto a él.
El piloto no contestó y se quitó el casco, indicando a su copiloto que hiciese lo mismo, luego de fijarlos en sus soportes en la espalda, caminaron lentamente hacia el grupo de personas que rodeaban los transportes alineados frente al lugar donde el gigante yacía recostado.
La multitud se apartó de ellos a medida que se acercaban y pronto pudieron distinguir a Amanda hablando y gesticulando nerviosamente.
Permanecieron apartados, a un lado de uno de los vehículos, tratando de escuchar lo que la Capitana decía cuando un estruendo a sus espaldas hizo que mirasen nerviosos la compuerta principal. Una nave estaba entrando al hangar y Jim observó con curiosidad como el piloto maniobraba en forma manual la última etapa del aterrizaje (Era muy evidente la forma en que una computadora volaba una nave al contrario de un piloto humano)
El transporte aterrizó suavemente en un área designada y apagó inmediatamente los motores. Al parecer ya había depositado su carga en una de las bahías de atraque que se encontraban en la esclusa de transición.
Cuando volvieron su atención a Amanda, vieron a Nix y a Hal, quienes se habían reunido con su capitana y miraban en su dirección. La propia Amanda los miró y meneó la cabeza en signo de frustración.
—No me gusta nada esto Jim—. dijo Cinthya en un murmullo
Jim asintió pero guardó silencio. En ese preciso instante Amanda y los dos operarios venían hacia ellos.

La Capitán de la Rainbow se detuvo frente a los pilotos y se cruzó de brazos. Tenía la gorra puesta y sus ojos tenían un brillo feroz. Jim y Cinthya no se voltearon, pero por el repentino silencio que se hizo a sus espaldas, comprendieron que los curiosos habían retrocedido lentamente, temerosos de presenciar la ira de tan terrible mujer.
No obstante Amanda no dijo nada, parecía furiosa pero a la vez reticente a abrir la boca. Simplemente examinaba a Jim y a Cinthya con una mezcla de incredulidad e incertidumbre, como dudando por donde empezar a descargar su furia.
Hal y Nix permanecían en silencio por detrás y a cada lado de su Capitán, echando miradas nerviosas a su alrededor como queriendo huir hacia cualquier parte al primer indicio de problemas.
Jim permanecía en posición de firma a la vez que mantenía una calma fría, mientras que por el otro lado Cinthya temblaba por dentro del traje. Estaba tan nerviosa por el silencio que reinaba en el hangar que decidió hacer lo que sea con tal de romper el silencio.
—Esto… esto es suyo—. dijo extendiendo el pequeño Drone de reconocimiento que aún llevaba sujeto en brazos.
Amanda se levantó la gorra y miró con los ojos abiertos de incredulidad el gesto de la joven. Sin decir una palabra extendió los brazos y tomó el pequeño robot.
—Gracias—. dijo mientras se colocaba el Drone bajo el brazo.
Cinthya puso su mejor sonrisa y cruzó las manos por delante. No era militar así que no tenia porque hacer la misma pose que Jim.

Amanda miró al Drone que tenía bajo el brazo y luego miró a Cinthya, luego, girando la cabeza miró a Hal mientras éste se encogía de hombros. Finalmente miró a Ralph, quien ahora respiraba con mayor tranquilidad, pero tenía los ojos fijos en su Capitán.
Al final suspiró. Suspiró tan profundamente que por un momento Hal temió que se quedara sin aliento. Luego pareció tomar aire y se dio vuelta hacia los dos pilotos.
—Gracias por el Drone inspectora—. dijo mientras le daba unos golpecitos con el puño al robot.— Aprecio su preocupación, no obstante en esta operación valoramos más a nuestros recursos humanos que a las herramientas de trabajo.
Jim observó que Nix entornaba los ojos en un gesto más que obvio, pero un codazo de Hal lo puso nuevamente en posición de firme.
—¿Están ustedes dos bien?—. preguntó finalmente.
—Estamos bien Capitán—. contestó Cinthya lentamente.
—No sufrimos heridas por suerte— dijo Jim —No obstante nuestra nave sufrió graves daños durante el accidente...
—Incidente— corrigió Amanda.
—De acuerdo, incidente— concedió Jim sin cambiar de tono de voz. —Hemos perdido la vaina FOLD y varios de los instrumentos críticos para el desarrollo de la misión.
—Osea que estan varados aquí.
—En cuanto realice una evaluación de los daños y un reporte detallado de lo acontecido durante la misión solicitaré al Mando Central que envíe una unidad de recuperación para que se hagan cargo de la nave.
Amanda abrió la boca para decir algo pero fue interrumpida por el sonido de maquinaria poniéndose en funcionamiento. El vehículo que Jim y Cinthya habían identificado como una ambulancia se puso en marcha y maniobró lentamente en un círculo, de tal forma que quedó enfrentado al gigante, a tan solo unos metros de uno de las enormes botas de metal.
El techo de la parte trasera de la carrocería se abrió hacia ambos lado del vehículo dejando al descubierto un enorme brazo mecánico que comenzó a extenderse hacia arriba en cuanto la compuerta estuvo completamente abierta.
A cinthya le recordó inmediatamente a uno de esos vehículos-grúa que se usaban para reemplazar o reparar las luces y farolas de las calles, pero se quedó confundida al ver que el operario que se encontraba en una pequeña plataforma en el extremo del brazo mecánico llevaba un guardapolvo blanco y no un uniforme de trabajo.
—Es el Doctor Evans— dijo Jim señalando con la mano.
El médico maniobró con soltura los mandos, dejando en evidencia una familiaridad completa con la extraña maquinaria. Sólo cuando hubo extendido la totalidad del brazo de forma que había alcanzado la altura del pecho de Ralph, Evans soltó los mandos y se concentró en una pequeña consola que sobresalia de la plataforma de control.
—¿Qué está haciendo?— preguntó Cinthya
Amanda se llevó el indice a los labios solicitando silencio y continuó observando la maniobra del médico. Un enorme panel rectangular se separó del brazo mecánico y se ubicó frente al gigante. Inmediatamente comenzó a desplegarse como si de un antiguo mapa se tratase, revelando un panel de casi cuatro metros de envergadura.
Al parecer Evans le había dicho algo a Ralph, ya que este asintió con la cabeza e inmediatamente respiró profundamente, haciendo una mueca de dolor cuando su enorme pecho subió y bajó dentro del traje espacial.
Amanda activó el comunicador que tenía en la solapa del uniforme y habló en voz alta. —¿Cómo está Doctor?
Pasaron unos segundos y la voz de Evans fue claramente audible a través del comunicador abierto de la Capitán. —Una costilla fisurada y algunos moretones bastante feos, no veo hemorragias internas o colapso pulmonar como temía.
—Ya se lo dije Capitán, estoy bien — exclamó Ralph llevándose una mano al pecho.
Amanda suspiró aliviada. Luego levantó la vista y miró a los pilotos con severidad. —Ustedes dos. Mi Oficina. Inmediatamente.
Jim reprimió el impulso de hacer un saludo militar. Cuando una mujer como esa daba una orden, desobedecer era lo último que podías hacer en tu vida.
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