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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Maya encontró su lugar inmediatamente en la formación de diamante escalonado que el grupo de Meltrans había formado alrededor y por delante de la nave que llevaba al consejero Exsedol. Ninguna de sus nuevas compañeras había dicho nada, simplemente ocupó el lugar en la formación que le pareció que le correspondía y al parecer su decisión había estado acertada. En cuanto ocupó el lugar todo el grupo comenzó a moverse al unísono.
Era la primera vez que pilotaba una de aquellas armaduras destinadas sólo a las mejores pilotos de toda la flota. Los Rau eran máquinas de guerra que llevaban al límite las capacidades de combate de las armaduras femeninas, literalmente hablando. Maya no necesitó preguntarle nada a Virya (A decir verdad, tampoco se hubiese atrevido) sobre cómo debería pilotar el Rau, saltaba a la vista el porqué en cuanto la armadura se adaptó a su cuerpo.
Los Queadlunn-Rau carecían de los sistemas de protección que limitaban las versiones inferiores. La piloto tenía el total control de cada sistema y podría llevarlo hasta los límites y sobrepasarlos incluso. La máquina no pondría ninguna restricción al uso del piloto, y eso era lo más peligroso.
Le costó al principio. Solo tenía una docena de horas de práctica en los Nona y siempre bajo los parámetros de entrenamiento; era la primera vez que pilotaba una maquina asi, parecia como si fuera un ser salvaje, que no entendía las señales y órdenes del piloto.
El gel biométrico que se encontraba en el interior de los Queadlunn cuando llegaban de las factorías ya se había solidificado alrededor del cuerpo de Maya. Ahora formaba una especie de acolchada segunda piel y, por lo que ella sabía, era esta “piel” lo que transfería sus movimientos a cada uno de los miembros de la armadura. Nadie mas podria usar su Rau, solo aceptaria los comandos de su propio cuerpo.
Por suerte el escuadrón había estado volando en línea recta a través de la flota, no quería que un cambio repentino de curso la hiciera reaccionar demasiado lento y rompiera la formación. Por lo poco que había visto de su Capitán, definitivamente no toleraba las equivocaciones.

El grupo volaba en silencio absoluto. Virya se encontraba por encima de la formación que rodeaba la nave y miraba atentamente la armadura de Maya. Que alguien con cero horas de vuelo en un Queadlunn-Rau hubiese dominado una de esas máquinas hablaban maravillas de la novata. No obstante su ojo captaba muchas cosas que mostraban la inexperiencia de la piloto; cambios constantes del escape de la turbina evidenciaba un pie nervioso controlando la potencia, además la postura de la armadura no era la correcta, se notaba a años luz de distancia que la joven pilotaba el Rau como si se tratase de un simple Queadlunn-Nona. Ojala no entraran en combate demasiado pronto, pensaba Virya mientras echaba una ojeada a la nave del Archivista, si esa chica no dominaba los controles básicos de su armadura en poco tiempo se convertiría en un pedazo de carne muerta al comenzar la batalla.
Al mirar nuevamente a Maya se sorprendió al ver que la joven había corregido su postura, estaba imitando a su compañera más cercana, Rika.
Estuvo tentada de ordenar un cambio de dirección a ver si la novata se adaptaba al movimiento, pero era la nave que escoltaban la que decidía el rumbo. Nada que hacer entonces.
-Aprende rápido. ¿No?
Era la voz del Archivista a través de la frecuencia abierta. Virya apretó los dientes; no le gustaba hablar de su escuadrón mientras sus subordinadas escuchaban. Decidió terminar de una vez por todas con el formalismo. No aguantaba más a ese tipo.
-No creo que un Zentran pueda conocer algo sobre nuestra forma de volar. -Dijo Virya con el tono más neutro que pudo articular.
-Ah, pero es que justamente yo conozco todo. -Dijo el consejero. -Mi deber es conocer y dar ese conocimiento a mi superiores.
-¿Incluso cosas que nunca ha hecho? -Preguntó desinteresadamente Virya
-No necesito pilotar una armadura Meltran para saber de lo que hablo, Capitán. -Dijo Exsedol. -El conocimiento de nuestra raza y su forma de combatir se encuentra almacenada en mi propia existencia.
-Los combates no se ganan con recuerdos.
Dentro de la nave que transportaba al consejero, la oscuridad era casi absoluta. Solo un par de tenues luces rojas alcanzaba para definir el perfil de Exsedol contra la oscuridad del pequeño espacio. El Zentran se mantenía erguido en el centro del compartimiento de transporte con los ojos cerrados, pero los abrió al escuchar la respuesta de Virya.
-¿Recuerdos? -Preguntó -Esa es una palabra que debería haber sido extinguida hace tiempo. Lo que gana batallas es la experiencia y el conocimiento que sobrepase las habilidades y conocimiento del enemigo que se quiere derrotar. Los recuerdos no sirven en una guerrera como usted Capitán.
-¿Las palabras se extinguen?
Ahora tanto Virya como el Consejero quedaron en silencio. Quien había hablado era la nueva recluta.
-Silencio de radio! -Grito la Capitán.
-No. -El tono de voz de Exsedol había cambiado. -No hay silencio de radio. Es una orden.
Virya apretó aún más los dientes, que crujieron con un sonido audible. El consejero tenía autoridad total sobre ella, estaba completamente a su merced.
-Es… una pregunta que nunca esperaría escuchar de un soldado. -Continuó imperturbable Exsedol. -Realmente encontró una recluta interesante Capitan. Ante el silencio de la Meltran, el Zentran siguió hablando. -Fui creado con el solo motivo de aconsejar a mis superiores y dispensar información sobre nuestra raza, es normal que ante una pregunta este más que dispuesto a responder… aunque reconozco que no es algo normal que ofrezca información a un simple piloto de combate, pero…. al fin y al cabo esta no es una misión normal tampoco.
Maya sentía el corazón acelerado, casi se había mordido la lengua al terminar su pregunta ¿Como se había atrevido a dirigir la palabra a alguien de rango tan alto como el Archivista Exsedol? y sin embargo ese Zentran se había mostrado tan receptivo con ella… era extraño.
-Las palabras son una de las tantas cosas que heredamos de nuestros creadores. -Habló el Consejero por la radio. -Nosotros los Zentradis fuimos creados hace medio millón de ciclos con un objetivo claro; destruir a nuestros enemigos.
El grupo había penetrado en el mismo centro de la flota. Ahora se encontraban entrando al perímetro defensivo de la Nave-Fortaleza de Dortrad-Jen. Un espacio libre de casi 500 kilómetros alrededor de la titánica nave donde estaba absolutamente prohibido que ningún Zentradi entrase, so pena de ser abatido en el acto, sin previo aviso.
Ni siquiera Virya había estado alguna vez cerca de esa nave. Solo los oficiales de más alto rango de la flota combinada podían reunirse en persona con Dortrad-Jen y solo en ocasiones excepcionales.
-Cada Zentran y Meltrán ha sido creado para cumplir una función específica en la maquinaria de guerra denominada Zentraedi. -Continuó hablando Exsedol. -Algunos son creados para el mando, otros, como yo, para asistir a los comandantes en sus decisiones tácticas. La mayoría, como ustedes, son creadas para combatir con sus propias manos a nuestros enemigos.
-¿Pero porqué se pierden las palabras? -Preguntó Virya.
-Porque el lenguaje es peligroso. -Afirmó el Zentran. -Y ciertas palabras es mejor que solo sean conocidas por unos pocos individuos.
-¿Peligroso?
-Es suficiente información por ahora, Capitana Virya. -Dijo el Archivista dando por cerrado el asunto. -Ciertos datos no deben ser conocidos por un simple guerrero.
-Entendido.
La nave-Fortaleza de Dortrad-Jen se erguía sobre ellos. La gigantesca nave de más de 600 kilómetros de envergadura representaba el mayor poder de fuego concentrado de todas las flotas combinadas bajo su mando. Su enorme cañon de energia podía vaporizar planetoides o diezmar la atmósfera de un planeta de un solo disparo, aunque su función estaba reservada para la destrucción de naves de su mismo tipo. Nadie en toda la flota, ni siquiera el propio Exsedol habían presenciado a tal monstruosa arma en acción.
El pequeño grupo pasó por debajo del enorme “ojo” que formaba la proa de la fortaleza y a la vez era la boca del cañón principal. Virya observó con curiosidad que el frente de la nave estaba plagado de cráteres.
-Esta nave es muy vieja. -Dijo Tyna
-Esos no son impactos de asteroides. -Observó Virya. -Son impactos de armas de energía.
En efecto, la mayoría de los cráteres tenía el mismo diámetro, lo que sólo podía ser el resultado de un bombardeo sistemático de un solo tipo de arma.
-Esta fortaleza tiene más de 200.000 ciclos en servicio activo. -Dijo el Archivista. -Dortrad-Jen es uno de los Almirantes más antiguos de la armada Zentradi.

Ahora que estaban más cerca podían apreciar verdaderamente las cicatrices de la antigua nave. Cada cráter media más de medio kilómetro de diámetro y muchos se superponian uno sobre otros. Las guerreras observaban el paisaje en silencio. Un cañon de energia era un clase de arma que destruye de un disparo cualquier cosa que alcanzara… para que solo dejase un cráter en el casco de esa cosa…era verdaderamente increíble.
Comenzaron a ver desperdicios y otros restos flotando alrededor de la fortaleza. También sintieron el evidente tirón gravitacional que la gigantesca nave ejercía sobre ellos.
-Tiene más masa de lo que aparenta. -Informó Melia. -Genera una atracción gravitatoria de un planetoide del doble de tamaño.
El escuadrón corrigió levemente el curso y entró en órbita alrededor de la fortaleza, pronto observaron una línea de luces que se extendía varios kilómetros por debajo de una de las “alas” de la fortaleza. Se dirigieron hacia allí, un verdadero puerto de atraque para los cruceros de batalla Clase Nupetiet-Vergnitzs, las naves insignia de los comandantes de la flota Dortrad-Jen y las naves más grandes de la armada Zentradi..
Entraron silenciosamente en el puerto de atraque y las enormes compuertas de casi un kilómetro de altura se cerraron tras ellos. La oscuridad era absoluta y solo se veia el resplandor de las turbinas de las naves. Pronto una fluorescencia verdosa comenzó a iluminar el espacio que transitaban. Observaron con asombro que no se trataba de luces, sinó que eran las mismas paredes que emitían el tenue resplandor, como si de una bioluminiscencia se tratase. El escenario que se les revelaba a su alrededor era intimidante: No parecía un hangar en absoluto, sino una especie de caverna. Las paredes estaban formadas por protuberancias y troncos ramificados y, ocasionalmente, paneles remachados cubiertos por gigantescas ramificaciones de la estructura biológica que cubría el interior y exterior de la nave. La mezcla de arquitectura y estructuras biológicas no mantenía ninguna clase de orden. Parecía que la nave intentara cubrir su estructura interna con elementos que crecían de todas partes.

Habían dejado atrás el gigantesco hangar y ahora transitaban por una vía de circulación de naves de aprovisionamiento de casi doscientos metros de ancho. Pronto las paredes a ambos lados de la ruta desaparecieron, reemplazadas por una enorme armazón de vigas que formaban el esqueleto de un túnel y se encontraron circulando por un pasillo suspendido entre un enorme espacio vacío, con vías similares que cruzaban el mismo espacio en todas direcciones, tanto arriba como debajo de ellos. A lo lejos, vislumbraron una enorme estructura roja que se erguía en el mismo centro de la nave, formada por dos enormes columnas que surgían desde el techo y piso de la nave, ensanchándose a medida que se unian, creando una gigantesca plataforma.
Parecía increíble que la fortaleza contuviese un espacio vacío tan enorme en su interior.
Abandonaron el túnel y se dirigieron directo hacia el corazón de la fortaleza. El lugar de residencia del mismo Dortrad-Jen.
El transporte se detuvo en una especie de muelle, aunque por la forma del mismo parecia mas una excreción de la estructura principal que de un objeto hecho por la tecnología Zentradi.
Exsedol descendió de la nave e inmediatamente indicó a las guerreras que aterricen. Virya dió la orden con un movimiento del brazo y en unos segundos todo el grupo había tomado tierra formando un círculo alrededor del Archivista.
-Debemos dejar las armaduras aquí. -Dijo Exsedol. -No se permite armamento en la cámara de Dortrad-Jen.
Virya abrió su armadura y saltó ágilmente. La gravedad era la normal en una nave Zentradi, pero se dejó el casco puesto. Las demás Meltrans la imitaron, siendo Maya la última en salir de su armadura.
Descubrieron que no eran los únicos invitados. Del otro lado de la columna que sostenia la plataforma había dos transportes similares al que habían escoltado. Dos escuadrones de armaduras vacías se encontraban agrupadas a cada lado de los transportes. Virya frunció el ceño al reconocer a quién pertenecía el grupo de Nousjadeul-Ger. También reconoció los Raus del otro grupo.
-¿Qué significa esto? -Preguntó Virya.
-Una operación conjunta. -Respondió el Archivista mientras subía a una pequeña plataforma circular que se acercó flotando cuando Exsedol bajó de la nave. En cuanto estuvo sobre ella, unas barandillas se desplegaron y rodearon al Zentran hasta la altura de la cintura. -Vamos. -Dijo.
Descendieron de la plataforma de atraque por una pequeña rampa en espiral, adentrándose aún más en el corazón de la fortaleza. El Archivista avanzaba flotando lentamente en su “transporte” personal mientras era seguido por Virya y el resto del escuadrón. Maya cerraba la marcha, mirando con curiosidad todo a su alrededor.
Tras una curva, llegaron a la cámara gigante en donde se encontraba el Almirante de la Flota Zentradi.
Dortrad-Jen no solo era el único residente de la fortaleza, era la fortaleza misma. Su cuerpo se elevaba casi a cien metros por sobre sus cabezas, aunque “cuerpo” era algo bastante genérico para describir el conjunto de estructuras, tanto mecánicas como biológicas, que emergian de las profundidades envueltas en tinieblas y se elevaban hasta encontrarse con la cabeza de Dortrad-Jen, suspendida del techo por enormes cables, tubos y apéndices robóticos.

Dos grupos de Zentradis aguardaban sobre una pequeña plataforma por debajo de la cabeza del Supremo Almirante. Eran dos escuadrones Meltran. Cada uno de ellos pertenecientes a las dos flotas restantes que, junto a la comandada por Kreegan, conformaban la Flota Combinada Dortrad-Jen.
Más de dos millones de naves en total y un ejército de soldados de infantería y pilotos que sobrepasaba los 5 millones de individuos listos para el combate.
El grupo penetró en la enorme caverna. Inmediatamente la enorme cabeza del Almirante se inclinó levemente para contemplarlos.
-Archivista Exsedol. -Dijo con una profunda voz que resonó en toda la cámara. -Estamos listos.
Exsedol se detuvo e inclinó la cabeza. En ese momento Virya y las demás guerreras advirtieron la presencia de otros dos “Archivistas”, cada uno a la cabeza de un grupo de guerreros. Debían ser Archivistas, o al menos eran bastante parecidos, aunque eran algo más grandes que Exsedol, las protuberancias en sus cabezas eran similares, solamente que de un color verde algo más intensos. Al parecer Exsedol era el más antiguo de los tres.

Exsedol dió unos pasos al frente y vieron como una serie de resplandores iluminaban parte del enorme cuerpo de Dortrad-Jen, de entre las protuberancias y tubos que formaban su cuerpo se extendió un tentáculo formado por una multitud de fibras, tendones y músculos que en un instante y en forma zigzagueante, recorrió la distancia que lo separaba de Exsedol. La extremidad se conectó de alguna forma con el broche de la capa del Archivista y una enorme pantalla holografica de casi trescientos metros de alto se proyectó en lo alto de la cámara.
-Observen. -Dijo el Almirante a la vez que todos los presentes levantaron las cabezas y miraban hacia la pantalla.
El corazón de Virya se aceleró de pronto.
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