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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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No era la primera vez que Virya entraba en la nave de Kreegan, al menos no en forma oficial y los recuerdos de esa experiencia aún la mortificaban. Mientras atravesaba la enorme puerta del hangar se preguntaba si volveria a salir de allí alguna vez. El mensaje no especificaba si debía ir sola o con el resto de su escuadrón, asi que le dió igual que el resto de sus compañeras la siguieran hasta el hangar de la enorme nave.
Una vez fuera de sus armaduras, fueron recibidas por un pelotón de soldados quienes las escoltaron por los pasillos de la nave. Si acaso esos Zentradis dieron muestra de asombro al ver que una de las pilotos estaba siendo llevaba a la rastra entre dos compañeras y al parecer estaba desmayada, no lo demostraron.
La recién reclutada piloto había experimentado una aceleración demasiado intensa y estaba momentáneamente fuera de combate, Virya estaba sorprendida de que la chica estuviese viva al sacarla de entre los despojos de su armadura, con semejante aceleración, pensaba encontrar los sesos de la joven entre sus piernas, pero al parecer la chica era resistente, un buen comienzo..
Las siete Meltran caminaron un largo trecho dentro de las entrañas de la nave hasta llegar un elevador. Los soldados que las acompañaban formaron a cada lado de la entrada y les indicaron que subieran solas. Una vez que todas estuvieron dentro la puerta de cristal se cerró y comenzaron a subir.
El puente de mando de la nave insignia de Kreegan estaba suspendido en una superestructura que dominaba la parte central de la nave. No había ninguna ventana al exterior, todas las órdenes, navegación y decisiones tácticas se hacían mediante pantallas y hologramas que danzaban frente al puesto del comandante suspendidas en el vacío.
Virya fue la primera en salir del elevador y caminó unos pasos dentro del puente de mando. Delante de ella estaba el mismo Kreegan, reclinado mientras miraba cierta información en las pantallas que Virya no comprendía.

-Capitán Virya-712 y escuadrón presentándose!. -Exclamó a viva voz mientras realizaba un saludo militar.
Kreegan se irguió y dio la vuelta. Virya nunca había visto a los comandantes Zentradis en persona, solamente conocía su aspecto por verlos en las pantallas y sabia un par de cosas sobre ellos, pero uno de esos rumores afirmaban que los Zentradis de la Clase Comandante eran grandes, mucho más grandes que los soldados rasos. Los individuos como Kreegan estaban creados de forma diferente, eran mas fuertes, mas resistentes, mas mortiferos. No solo sabían como luchar, sino que sabían cómo dirigir la poderosa maquinaria de guerra Zentradi como si de un instrumento de precisión se tratara.
-Tú! -Exclamó el Zentradi cerrando los puños. En tres zancadas se puso frente a la Capitana, le sacaba fácilmente dos cabezas de altura. Virya permaneció quieta a pesar de la amenazante figura que tenía delante. El Comandante la miraba fijamente a través de los implantes que reemplazaban sus ojos, por entre los diferentes encastres metálicos que formaban su cráneo se veía a la piel latir y estirarse con violencia.
-Tú! -Repitió y ante el asombro del resto de las Meltrandis tomó a Virya del cuello y la levantó por encima de su cabeza, como si estuviese hecha de aire.
Virya no se resistió, ni siquiera emitió un quejido al sentir la poderosa mano que aplastaba su garganta. Kreegan era el Comandante, tenía el poder de decidir quién vivia y quien moría en la flota ¿Qué podía hacer una simple Capitana salvo permanecer firme y morir en manos de su Comandante sin decir una palabra? Al fin y al cabo ese sería su final, todos morían eventualmente aunque… y esta pausa en su pensamiento sorprendió a la propia Virya… ¡No poder morir en combate! ¡Eso si que le gustaría! Morir acribillada por un piloto que fuera mejor que ella, sentir que había sido finalmente superada por alguien.. ¿Porqué sentía esa extraña sensación…? No conocía las palabras para definirla pero de alguna manera estaban relacionadas con la decepción ¿Decepción? ¿De quien? ¿De ella misma? La mano se cerraba con una fuerza terrible y finalmente el aire comenzó a faltarle, aparecieron unas manchas en sus ojos y sintió que algo húmedo le caía por la mejilla… sangre, si, seguro era sangre ¿Pero por que brotaria sangre de sus ojos…?
-Mi análisis indica que el castigo corporal ha sido suficiente, Comandante. -Dijo una voz de pronto y la presión cedió, un poco.
Virya tomó una bocanada de aire y respiró como nunca había respirado antes, entonces giró un poco la cabeza y vió al Zentradi que habia hablado.
Era un Zentradi, no cabia duda, pero era extrañamente pequeño, casi la mitad de altura de un soldado Zentradi y su cabeza extrañamente deformada, era mucho mas grande de lo normal y tenia varias protuberancias surcadas por venas superficiales. Virya nunca habia visto algo asi.
-Archivista Exsedol -Exclamó Kreegan sin soltar a su subordinada.
El recién llegado había salido desde un abertura circular en el piso del puente del mando, estaba montado en una especie de plataforma circular dotada de una barandilla que se plegó sobre si misma apenas el personaje salió del “elevador”. Vestia una extraña túnica negra que cubria todo su cuerpo, ocultando brazos y pies incluso. Virya no pudo observar más porque de pronto se vio arrojada contra una de las paredes del puente de mando. El golpe en su hombro derecho fue fuerte, pero no perdió el sentido y comenzó a tratar de ponerse de pie lentamente.
Kreegan le dió la espalda y miró al recién llegado.
-No admitiré su opinión en cuanto a cómo tratar a mis propios soldados. -Dijo tajantemente.
-Por supuesto que no Comandante. -Habló el Consejero inclinando levemente la cabeza. -Pero sería una pena perder a un elemento tan valioso como lo es la Capitana Virya. ¿No le parece?
Melia y Fanra habían dejado su puesto y corrieron para ayudar a su Capitana, pero Virya les hizo un gesto para que se detuvieran y volvieran al fondo del puente.
Estaba aturdida por el golpe y su garganta ardía como fuego, pero lo primero que hizo fue pasar su mano por el rostro y contempló con asombro que no era sangre lo que corría por sus mejillas, era agua.
-¿Que…? -Se preguntó sorprendida. -¿Qué es esto?
-Lágrimas. -Dijo el Consejero. -Una reacción de sobre-secreción del lagrimal disparado por un resabio de estímulos ancestrales. -Dijo de corrido. -No es nada de lo que debe preocuparse Capitana Virya.
-Ese elemento Valioso acaba de destruir un escuadrón completo de reclutas hace unos momentos. -Gritó el Comandante señalando a Virya, quien se había puesto finalmente de pie y mantenía su posición firme. -Y no solo eso. -Continuó. -También acabó con una instructora de combate, un recurso valioso de los que no estamos en condiciones de prescindir.
-Estoy al tanto de ello Comandante. -Dijo el Archivista. -Pero las órdenes son del propio Dortrad-Jen y sobre esto creo que la elección depende de mi.
Kreegan cerró los puños. Sin decir una palabra caminó hacia los controles y accionó una serie de instrumentos. Luego contempló los datos que se proyectaron en pantalla.
-Proceda, Consejero. -Dijo sin volver la cabeza.
-Gracias Comandante.
El Archivista caminó hacia el grupo de Meltrandis y las observó detenidamente en silencio. Caminó alrededor del grupo y se detuvo frente a Rika y Tyna, quienes sostenían a la inconsciente recluta.
De entre sus ropas salieron una serie de pálidos apéndices, como lianas entrelazadas que se proyectaron desde aberturas disimuladas entre los pliegues de la extraña vestimenta, hasta tocar delicadamente la cabeza y cuello de la piloto. Un tenue brillo iluminó el extremo de cada uno de las delicadas extremidades a medida que iban examinando las funciones vitales. Al cabo de unos momentos se retrajeron y volvieron a ocultarse bajo el manto del extraño personaje.
-Tú -Dijo volviéndose hacia Kiria. -Golpéala fuertemente en el estómago.
La piloto estaba acostumbrada a seguir órdenes y no vaciló un instante. Dió un paso al frente y descargó un fuerte gancho derecho al estómago de la desvanecida piloto. El efecto fue inmediato; la joven abrió los ojos y cayó hacia atrás debido a la fuerza del golpe. El grupo observó con atención como la recluta quedó de rodillas sujetándose el vientre mientras jadeaba fuertemente tratando de tomar aire.
-Bien, ahora que solucionamos eso, vamos a hablar de esta misión, siganme. -Dijo el Archivista caminando hacia el elevador.
Kiria tomó a la recluta por el cuello del traje espacial y la puso de pié de un tirón. -De pié. -Dijo. -La aturdida joven se tambaleó pero se mantuvo de pie en cuanto la soltaron. -Eso es chica. -Dijo Rika. -Siguenos y mantén la boca cerrada. Para sorpresa de ambas, la joven no dio muestras de desconcierto, frunció el ceño y movió la cabeza afirmativamente.
Virya ya estaba dentro del elevador y con gesto indicó que se apresuraran. Inmediatamente las siete guerreras estuvieron descendiendo junto con el Archivista.
-Creo que fué usted afortunada. -Dijo de pronto Exsedol. -Si hubiese llegado unos momentos más tarde su escuadrón hubiese vuelto a tener solo 6 elementos.
Virya se mantuvo en silencio, pero apretó los puños y este gesto no pasó desapercibido para los demás.
-Al contrario que nuestro Comandante, yo no la culpo por lo que hizo Capitán. -Continuó el Archivista. -Lo que siento es curiosidad por lo que hizo, verá… actos tan… espontáneos como el que usted realizó ahi afuera no son algo muy… corriente entre los pilotos de combate.
El elevador se detuvo y el grupo comenzó a caminar por un largo pasillo en dirección al hangar principal de la nave. Dicho hangar ocupaba casi un tercio de popa de la nave y la actividad era frenetica. Las armaduras de combate se ordenaban en interminables líneas, cruzadas aquí y allá por unas estaciones de reabastecimiento suspendidas al techo por enormes estructuras que incorporaban cintas transportadoras. La munición era enviada por líneas de distribución a lo largo del hangar y cargada en las máquinas de combate con increíble rapidez. Había más de quinientas armaduras Nousjadeul-Ger y unos trescientos Regult en ese momento, pero Virya sabía que un número igual estaba en esos momentos patrullando o realizando adiestramiento en ese momento.
Los seis Queadlunns del escuadrón de Virya estaban estacionados a un costado, al parecer ignorados por los cientos de tripulantes que recorrían el hangar de un lado a otro preparando sus propias máquinas de guerra.
Exsedol se detuvo y señaló las armaduras. -Primero tendremos que ocuparnos de darle a su nueva recluta una armadura nueva. -Se dió vuelta y miró a Virya a los ojos. -Reúna a su equipo y aborden sus armaduras, cuando estén listas salgan al espacio y esperen mi transporte, yo llevaré a esta recluta conmigo.
Virya se llevó el puño al pecho y con un gesto indicó que la siguieran. El Archivista y la joven recluta observaron en silencio como el grupo abordaba sus armaduras.
-Bueno. -Dijo Exsedol. -Vamos a nuestro transporte.
-Entendido. -Dijo la joven.
Caminaron por entre pertrechos de guerra y maquinaria. Muchas de las maquinas, gruas y plataformas yacian dañadas a un costado del hangar, dando testimonio de los incontables ciclos que la nave había estado en servicio. A un costado vieron también los restos del Queadlunn Nona de la recluta, la cabina había sido arrancada a la fuerza y yacía ahora como un cadáver descuartizado a la espera de unos carroñeros que jamás llegarían. Era seguro que allí se quedaría hasta el fin de la vida útil de la nave nodriza.
Al cabo de un rato llegaron a una zona de aterrizaje, donde un transporte los esperaba con las escotillas abiertas.

-Maldición!. -Exclamó Virya descargando su puño contra uno de los soportes que mantenian su Queadlunn rojo sujeto a la pared. El resto del equipo quedó momentáneamente petrificado al sentir el golpe.
-¿Capitan?. -Tyna estaba con medio cuerpo fuera de la armadura y la miraba desconcertada.
Virya cerró con fuerza el puño y se dió vuelta en dirección a la piloto. -Ni una palabra Tyna. -Dijo señalandola con el dedo. -Y eso va para todas. -Continuó mientras apuntaba a cada una de las integrantes del escuadrón. -Sea lo que sea que ese Medio-Zentradi nos haga hacer ahi afuera no quiero que NADIE abra la boca! ¿Fui clara?. -Dijo levantando la voz.
-¡Si Capitán! Exclamaron las chicas al unísono llevándose los puños al pecho.
-Ahora aborden.
Virya se puso el casco y de un salto se encaramó a su Queadlunn. Sujetándose de una agarradera en la parte superior de la cabina se balanceó grácilmente y entró en la armadura como si fuera una parte más de su propio cuerpo. En realidad el interior del Queadlunn estaba perfectamente amoldado a la forma del cuerpo de su piloto. Toda la interfaz de las armaduras Meltran estaba basada en la interacción del propio sistema nervioso de la piloto con las articulaciones y propulsores del robot, de modo que cada impulso nervioso que llegaba a los músculos de Virya era registrado, amplificado y reproducido por los componentes mitad biológicos y mitad mecánicos de la armadura.
La cabina se cerró con un chasquido y el interior del Queadlunn quedó momentáneamente a oscuras. Virya se sentía a gusto en esa oscuridad, creía recordar algo, una especie de reminiscencia lejana, pero pronto las luces rojas se encendian y el “ojo” de la armadura se iluminaba con información de vuelo y estado de las armas. El recuerdo borroso desaparecia y su espíritu guerrero cobraba vida al igual que su armadura. El robot sufrió una ligera sacudida y abandonó el soporte de la pared, caminando lentamente por el piso del hangar mientras las demás Meltrandis la seguían en fila. Muchos de los Zentradis que se encontraban en los alrededores giraron la cabeza al ver los Queadlunns marchando por el hangar. Era un acontecimiento extraño ver armaduras Meltrandis en una nave Zentran. El Queadlunn rojo llegó al borde de la zona de prohibición de vuelo, marcada sobre la cubierta por una desgastada doble linea roja y despegó de un salto, como si se zambullese en la negrura del espacio. Inmediatamente los cinco aparatos restantes la siguieron y pronto fueron una serie de puntos luminosos vistos a través de la abertura del hangar.

Mientras tanto, Exsedol y la recluta habían subido al transporte por una de las compuertas laterales. Era una nave de transporte de tropas con capacidad para un escuadron de infanteria, una treintena de soldados, pero ahora estaba por completo a su disposición. La Meltran se sentó en uno de los bancos y se colocó los arneses de seguridad. El Archivista, sin embargo, permaneció de pie en medio de la cabina.
La compuerta lateral se cerró de golpe y el interior fue iluminado con unas tenues luces naranjas. El compartimento de la cabina estaba separado de donde los soldados eran transportados, por lo que de pronto estuvieron completamente solos.
Una leve vibración indicó que la nave había despegado, momentos más tarde dejaron el entorno de gravedad artificial de la nave de Kreegan y la joven sintió en su cuerpo los efectos de la ingravidez. Exsedol permanecía en la misma posición y parecía estar anclado al suelo de la nave, la mirada inquisitiva de la joven Meltran pronto captó la atención del Zentradi.
-Mi cuerpo no está hecho para plegarse, si eso es lo que está pensando.
La joven no dijo nada y siguió en silencio.
-Maya Lagrexia 732. -Dijo el Archivista mirando a la joven a los ojos (Ahora que la piloto estaba sentada, estaban prácticamente a la misma altura) Cadete de las Fuerzas de Ataque del Regimiento 51 de Queadlunns con base en la nave clase Quitra Queleual denominación 214Q ¿Es correcto?
-Es correcto…. Señor. -Dijo la joven dudando el rango del extraño Zentradi
-Archivista, aunque mi rango oficial sería el de Comodoro, tengo capacidad de mando para dirigir en caso de interrupciones en la cadena de mando.
-Maya asintió con la cabeza. El segundo al mando de la flota de Kreegan. ¿Que estaba pasando? No hacía una hora estaba en un aburrido ejercicio de rutina y de pronto se había desatado el infierno. ¿Estaban todas sus compañeras muertas? Cuando vió el Queadlunn rojo por la pantalla de su visor había sufrido un estremecimiento. Esa armadura roja pertenecía a la mejor piloto de la flota y cuando vió que el cañón rotaba en posición de disparo… casi no podía creer que hubiese reaccionado así ¿Que fué lo que la impulsó a estirar las piernas y acelerar al máximo? Fué como si por una centésima de segundo hubiese visto el futuro y sabía que si no hacía algo moriría. Sintió un tremenda presión en el cuello y el pecho y de pronto no escuchó ni sintió nada.
-Capitán Virya ¿Me recibe? -Preguntó de improviso el Archivista.
-Lo recibo. -Se escuchó la voz de la guerrera.
Maya vió entonces que lo que parecía un broche que sujetaba la extraña capa del Zentradi era en realidad un dispositivo holográfico. Levantó un poco la vista y vió que el aparato estaba proyectando un mapa táctico donde su nave aparecía al centro, rodeada por unos puntos azules que mantenían una formación en forma de diamante. El holograma era tan grande que ocupaba todo el espacio vacío del transporte.
-Los pilotos tienen orden de seguirla Capitán. -Continuó transmitiendo por radio Exsedol. -Llévenos a la nave Quitra Queleual más cercana, necesitamos un Rau para su nueva piloto.
-Entendido.
El enorme mapa holográfico tembló y fue absorbido dentro del proyector que hacia de broche a la vestimenta de su superior. Ahora la tenue luz anaranjada había vuelto a envolverlos. Maya respiró profundamente y pensó en sus compañeras, en el poco tiempo que habian pasado juntas.
-Verdaderamente notable. -Exclamó Exsedol mirándola nuevamente. -A tus registros de entrenamiento me refiero. Hace medio cíclo que has entrado en servicio y ya estas por encima de la media. Hasta creo que podría aprobar el comportamiento de la Capitán Virya en cuanto a tu “ascenso”.
Exsedol se voltió y proyecto una pantalla de datos en una de las paredes del transporte. -Actos como los que realizó esa Meltran son extraños, irregulares es la palabra indicada. Incluso en mi base de datos sobre nuestra raza no he encontrado un equivalente a dicho comportamiento. La vista de Maya estaba obstruida por la espalda del Archivista, pero podia ver una porción del holograma y vió que lo que Exsedol estaba proyectando era un esquema de un Queadlunn rojo.
-La capacidad de combate de Virya es sobresaliente, muy por encima de la capacidad de una Meltran de su categoría. Me pregunto si no estamos en presencia de… -Exsedol se detuvo y apagó la pantalla, dándose la vuelta inmediatamente. -El castigo por el comportamiento de la Capitán Virya es la ejecución, naturalmente. Pero las circunstancias han aplazado la pena hasta que asuntos más importantes hayan sido resueltos.

Mientras tanto el Comandante Kreegan observaba la pantalla que transmitía en vivo imágenes de la popa de su nave insignia. Los puntos parpadeantes de color verde y azul se perdieron entre las miles de naves que lo rodeaban. Todavia tenia los puños apretados por efecto de la rabia que lo embargaba. Virya… como le gustaría matar a esa Meltran, si no fuera porque ella y su escuadrón valian mas que todos los escuadrones de dos cruceros de batalla juntos. ¿Que rayos estaba pensando Dortrad-Jen al despojarlo de su Archivista y de su mejor escuadrón en un momento como este? Hizo un gesto con la mano y la pantalla se cerró, dejando a la vista el enorme disco de cobertura y vigilancia de su flota combinada. Las tres flotas que componían la Armada Zentradi de Dortrad-Jen eran una visión sorprendente y sin embargo… Kreegan desplegó una pantalla más pequeña, era un analisis espectografico de una serie de nubes de gas en uno de los extremos más alejados del cúmulo estelar donde se encontraban. Era uno de esos sectores donde el polvo estelar, gases y material producido por la explosión de antiguas estrellas se concentraba en grandes nubes oscuras, expandiéndose y creando nuevas estrellas. Una verdadera región de caos y creación. Entonces, una supernova gigantesca había detonado detrás de la nube de gas, una estrella roja, posiblemente una grande por la enorme cantidad de energía que había expulsado a través de la impenetrable nube. Esa misma emisión de energía había servido como un foco de luz, iluminando desde atrás lo que había oculto dentro de la nube. Una enorme flota del Ejército de Supervisión.
Tres veces más grande que la flota de Dortrad-Jen.
Si Kreegan hubiese tenido las glándulas adecuadas, no cabía la menor duda de que estaría sudando en ese preciso momento.

La nave de transporte entró al hangar del crucero Quitra Queleual designación 391Q. Las meltran que trabajaban en el hangar despejaron rápidamente el atestado espacio para que la nave, mucho más grande de las que habitualmente recibía ese hangar, pudiese aterrizar con seguridad.
El Queadlunn rojo entró al hangar siguiendo a la nave. El resto del escuadrón permaneció en el espacio asumiendo una formación de guardia. Las enormes puertas se abrieron y la joven recluta bajó de la nave sin mirar hacia atras. Virya pudo ver fugazmente al Archivista de pié en el medio del compartimento mientras su armadura aterrizaba suavemente sobre la superficie metálica.
La joven caminó decididamente hasta estar frente a la armadura de Virya y realizó un saludo llevándose el puño al pecho. -Cadete Maya Lagrexia 732 presentándose, lista para asumir mi puesto.
El frente de la armadura se abrió hacia arriba al igual que los hombros. La Capitán Virya miró a la recluta sin salir de la armadura y sin articular palabra. Ambas permanecieron en silencio mirándose una a la otra. El sonido de la puerta del transporte al cerrarse las trajo a la realidad.
-Queda ascendida al rango de Teniente. -Dijo sin inmutarse Virya. -Suba a su armadura y reunase con el resto del escuadrón, su posición es la número siete.
La joven Meltran inclinó la cabeza y dando media vuelta se dirigió hacia las armaduras color verde que estaban alineadas en filas y listas para salir.
-No, no en un Nona. -Dijo Virya. -En un Rau.
Al fondo del hangar, en un lugar visiblemente diferenciado del resto yacía un Queadlunn color violeta, apoyado en la estructura que servía para transportarlo de un lugar a otro. Maya nunca había visto uno nuevo. La superficie brillaba con las poderosas luces blancas del hangar y los cañones dobles ubicados en el pecho se erguian amenazadores apuntando hacia donde estaba ella. La enorme joroba que albergaba un doble reactor de fusión se abría en dos compartimentos de misiles, que apuntaban a cada lado de la armadura.
Maya deseó manejar ese poder. Supo sin ninguna duda que era lo que más quería. A pesar de tener puesto los guantes de su traje de vuelo tocó la pulida superficie de aleación de una de las piernas, lo sintió cálido.
Virya sonrió. Le gustaba esa recluta.
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