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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Matt pegó un salto hacia atrás cuando Akemi tiró del cable del auricular y gritó su nombre al oído. La joven había estado tratando de llamar la atención de su amigo mediante gritos pero Matt estaba sumido en un estado de autismo mucho más profundo que lo usual.
-Matt ¿Que te pasa? -Preguntó Akemi sentándose en el pupitre. -Hoy estas mas raro que de costumbre.
Matt volvió a su posición original, osea recostado sobre el pupitre con la cara entre los brazos pero no se volvió a poner el auricular en el oído. -Dejame en paz Akemi, no dormí bien anoche.
Akemi dirigió su mirada hacia la lunchera que sobresalia de debajo del pupitre de Matt, con un rápido movimiento la tomó y examinó su contenido; unos pocos granos de arroz blanco y restos de langostinos fritos y verduras.
-¿Mina no te preparó hoy la vianda? -Preguntó interesada la joven. -¿Pasó algo algo ayer después de la escuela entre ustedes dos?
Matt contestó con una especie de gruñido por lo que Akemi le dió un golpe en la cabeza con la lunchera y se alejó en busca de Mina, ignorando los insultos del joven pelirrojo.
Resultó que su amiga no estaba en la escuela, al parecer había acompañado a la profesora Silvia para ayudarla en alguna tarea administrativa y como tampoco se lo veía a Manuel por ningún lado, decidió aprovechar la tarde en su entrenamiento.
Se cambió de ropa en los vestidores y salió de la escuela vestida con su ropa deportiva, unos pantalones cortos, remera blanca y zapatillas deportivas. Se encaminó a la plaza pensando en los acontecimientos de los últimos días y de cómo la llegada de la Inspectora había cambiado tanto las cosas entre su grupo de amigos.
Al llegar debajo de uno de los árboles comenzó a realizar una rutina de calentamiento, moviendo sus piernas lentamente y estirando cada uno de sus músculos. Esto le llevó otros 5 minutos que la ayudaron a despejar su mente y alejar cualquier preocupación.
La escuela de la Colonia no tenia pista de atletismo y en realidad tampoco la necesitaba ya que salvo Akemi, no había gente con aptitudes atléticas en la Rainbow. Los alumnos si tenian actividad fisica en la escuela como clases obligatorias y el parque con sus senderos y espacios abiertos eran un lugar bastante apto para correr y realizar actividad física.
Akemi comenzó a trotar siguiendo el contorno del parque. A esa hora solía haber gente pero todos conocían la rutina de la joven y le dejaban la “pista” libre mientras ella daba sus vueltas. En ese momento no había más de 8 o 10 personas en todo el lugar, la mayoría jubilados sentados en los bancos y conversando y una madre con sus dos pequeños hijos. Todos saludaron a Akemi cuando pasaba trotando junto a ellos.
Al correr su mente estaba en paz, pero hoy no era paz lo que buscaba la joven sino que buscaba analizar los acontecimientos de los últimos días y poniendo su cuerpo en movimiento podía concentrarse en otros asuntos. Mina había salido temprano de su habitación esta mañana, cosa que nunca hacía ya que era Akemi la que siempre iba a golpear la puerta para ir juntas. No había preparado el almuerzo a Matt y esto también era extraño, sumado al comportamiento de su amigo… Matt había huido de la Inspectora Sanitaria el dia anterior y ella no lo había vuelto a ver pero… ¿Acaso había ido a visitar a Mina por la noche? No, eso no podía ser cierto, pero que esos dos hayan tenido una charla explicaba el porqué Mina había estado callada durante clases y no había tocado el tema de la Inspectora en toda la mañana.
-Mierda. -Murmuró entre dientes.
Eso abría un abanico de posibilidades, si Matt y Mina estuvieron reunidos anoche. ¿En la habitación de Matt o en la de Mina? Debió ser en el camarote de Mina o afuera en el pasillo, su amiga no era la clase de chica que visitara de noche el camarote de un chico ademas, conociendo a su amigo, era lógico que se fuera a disculpar por su forma de comportarse pero… Mina está enamorada de Matt y eso lo sabe casi toda la Colonia menos Matt que es un cabeza hueca. ¿Hablaron solamente de Cinthya? ¿No habrán hablado sobre otra cosa? ¿Y si Mina se animó a…? -No! -Dijo Akemi sacudiendo violentamente la cabeza. -Eso es mas increible todavia. -Se dijo.
Conocía los pensamientos de su amiga asi como ella conocía los propios. Mina esperaría hasta la graduación para confesarle su amor a Matt, no antes y eso se debía a que dependiendo de la respuesta de Matt, Mina decidirá si abandona o no la Colonia Rainbow.
La educación primaria y secundaria en la Colonia, al igual que en muchas otras Colonias o planetas es gratuita, no así las carreras terciarias o universitarias. La Rainbow, no obstante, proporcionaba una beca a un estudiante de cada promoción para que complete sus estudios en la universidad que elija, ya sea en La Tierra, Eden, o alguna de las diferentes flotas con Campus Universitarios que recorren la Galaxia.
Mina fué la candidata ideal para esa beca desde hace mucho tiempo. Con notas sobresalientes y un comportamiento intachable, sus aptitudes la hacían merecedora indiscutible de semejante honor. En el caso de Akemi, su aspiración es convertirse en una profesora de educación física y llenar un vacío que siempre existió en la Rainbow, ya que nunca tuvieron un profesional dedicado enteramente a esa especialidad. La profesora Silvia era quien impartía clases a los chicos, pero no tenía una verdadera formación profesional.
Akemi podía estudiar mediante la Red Galaxy y, en todo caso, se podia permitir el viajar a alguna academia a rendir exámenes y recibirse, pero no podría de ninguna manera pagar los gastos que demandarian estudiar todos esos años fuera de la Colonia.
Mina, sin embargo, estaría dispuesta a rechazar la beca por quedarse junto a Matt. Eso la entristecía y sentía pena por su amiga, pero respetaría su decisión. Amaba a su amiga como la hermana que nunca tuvo.
Se detuvo frente a las escaleras que daban acceso a los terrenos de la escuela, sin darse cuenta se encontró respirando agitada y casi sin aliento, sus cabellos estaban empapados de sudor.
-¿Veintitrés vueltas? -Dijo una voz a su derecha. -¿Estas entrenando para una maratón o algo?
Akemi giró la cabeza y vio a Manuel sentado en las escaleras mirándola con curiosidad.
-¿Vein-ti que? -Preguntó la joven casi sin aliento acercándose a las escaleras.
-Veintitrés, llegué apenas empezaste a correr y estuve sentado esperando a que terminaras, pero cada vez que pasabas me ignorabas completamente, a decir verdad no te quería interrumpir, nunca te había visto correr tanto. -Dijo lanzando una toalla en dirección a su amiga.
Akemi atrapó la toalla y se secó el rostro empapado. Veintitrés vueltas... ¿Como se había distraído tanto? Ella solía dar unas quince, con razón estaba agotada.
-Estoy mejorando mi resistencia Manu, nada más. -Dijo mientras levantaba los brazos y se restregaba los cabellos con la toalla.
-Ahh… -exclamó Manuel mirándola atentamente
-¿Que- que estas mirando? -Preguntó intrigada la joven.
-Que hoy estás usando rosa.
Akemi miró a su amigo confundida y luego bajó la vista. Su remera estaba empapada de sudor y el sostén rosa se transparentaba por debajo de la tela mojada. Su rostro se puso completamente rojo y solo atinó a arrojar la toalla a la cara de su amigo.
-Idiota! -Exclamó cubriéndose con sus brazos mientras corría hacia la escuela.
Treinta minutos más tarde y luego de darse una ducha y cambiarse de ropa, Akemi salió de la escuela. Pasó por la máquina expendedora de bebidas y compró una botella de jugo de manzana. Al retirar la bebida se acordó del “incidente” con Cinthya y eso la hizo sonreír. Al bajar las escaleras del parque se encontró nuevamente con Manuel, que estaba leyendo atentamente su Pad y no la vió llegar.
-¿Todavía holgazaneando Manu? -Pregunto Akemi mientras le pasaba la botella a su amigo.
-Ah gracias. -Dijo el joven. -Hay novedades. -Dijo mientras desenroscaba la tapa del envase y le daba un trago rápido.
-¿Que pasa?
-Mañana llega la Rio. -Dijo el joven devolviendo la botella. -Lo acaba de confirmar la Torre de Control por comunicado general.
Akemi apoyó su bolso deportivo en uno de los escalones y se sentó junto a Manuel mientras miraba la pantalla. -¿Mañana? ¿Me parece a mi o llegan con retraso?
-De un día. Al parecer El Campo está más-turbado que de costumb - ¡Auch! -Exclamó al ser golpeado por Akemi.
-¿Comprastes algo? -Preguntó la joven.
-Nada, estoy seco este mes ¿Y tu?
-Un par de zapatillas. -Dijo señalando su calzado, que al parecer había tenido días mejores y estaba remendado en varios lugares.
-¿Zapatillas? Fiuuu! -Exclamó Manuel. -Ni ahorrando dos meses me alcanzaría.
La vida en las colonias del espacio profundo era costosa. Casi todos los bienes de consumo se traían desde los mundos o complejos industriales mediante naves de carga o correos de transporte de largo alcance. En el caso de la Rainbow, su situación era mucho más complicada. Su ubicación sumada a la pequeña población, hacían que fuera un destino poco deseado para los comerciantes que recorrían la galaxia y los bienes que la gente de la Colonia consumía llegaban a intervalos regulares en la Río Grande, una nave de transporte que enlazaba los pocos asentamientos humanos en este sector de la galaxia.
Por supuesto, los precios eran excesivos. Cada objeto que llegaba a la Rainbow valía entre 6 y 8 veces más que en el lugar de donde provenían. Esto convertía a la pequeña Colonia en uno de los sitios más caros de la Galaxia.
-¿Quien compró esto? -Preguntó Manuel resaltando un item en la pantalla. -¿Una Docena de huevos? ¿Que caraj…?
-¿Huevos? -Preguntó intrigada Akemi.
Al cumplir los quince años, cada estudiante recibe de la administración colonial una cuenta de fondos para uso personal y una asignación mensual de algunos cientos de créditos, aunque la mayoría de los estudiantes sumaban algo de credito extra realizando algunas labores en su tiempo libre. Akemi, por ejemplo, organizaba reuniones los domingos por la mañana para trotar por el parque y realizar actividad física en forma grupal. La administración recompensaba estas actividades con bonus en la mensualidad de la joven así como a cualquiera que colaboraba activamente con el bienestar o desarrollo de la Colonia. Estas pequeñas entradas extra de créditos le permitía a los estudiantes hacer alguna que otra compra a través del portal de importación de la Rainbow, que servía de intermediario a las mercancías que llegaban del resto de la galaxia a través de la Río Grande, aproximadamente una vez cada 15 dias. Gracias a esto la colonia podía disponer de productos variados y frescos con regularidad.
En el caso de las cuentas estudiantiles, compartían una misma casilla de correos, por lo que al revisar el portal de compras para confirmar el envío de las mercancías se podía ver un listado de todo lo que llegaba, aunque no quien había pedido cada cosa.
-Debe de haber sido Mina. -Dijo Akemi. -Ella es la experta cocinera, aunque por qué compró huevos como envío estudiantil y no directamente en el dispensario de comestibles es muy raro. ¿No?
-Ajá. -Dijo su amigo sin retirar la vista de la pantalla. -Además el precio es casi tres veces más caro… en fin, son unos putos huevos al fin y al cabo.
Akemi asintió y miró pensativa el parque. La pantalla atmosférica había empezado a cambiar el tinte de luz y de a poco las tonalidades rosadas comenzaron a teñir los senderos y bancos. Quedaba muy poca gente ya, un par de ancianos que terminaba una partida de ajedrez y dos chicos pateando una pelota contra una de las paredes de metal. Estiró sus piernas y comenzó a masajear los músculos alternadamente. Al enfriarse luego de tan intenso y prolongado esfuerzo físico habían comenzado a doler levemente.
-¿Estas bien? -Preguntó Manuel apagando el Pad.
-Si… aunque no me gustaria tener una contractura mañana por la mañana. -Dijo mientras flexionaba la rodilla de una y otra pierna.
-Si queres te puedo acompañar a la enfermería a ver si hay alguna pomada desinflamatoria.
-¿Y dejar que me pases vos la crema por mis piernas? Ni loca Manu. -Dijo Akemi entre carcajadas.
Manuel levantó las manos en un gesto de inocencia e inmediatamente se puso de pie. -¿Segura? -Dijo.
-Estoy bien Manu, solo necesito llegar a casa y tirarme a dormir un rato.
-¿Y la prueba de pasado mañana?
-¿Que prueba.. ? ¡Mierda! -Exclamó Akemi tomándose la cabeza. -¡Inglés! ¡Me había olvidado!
Manuel tendió la mano a la joven y la ayudó a ponerse de pie. -Ayer tuvimos el repaso, pero como estabas con la inspectora te perdiste la práctica, si queres te envio el resumen por mail.
-Gracias Manu, te debo una.
-Me debes como veinte ya. -Dijo el joven tomando su mochila del piso. -¿Segura que no queres que te lleve en andas?
Como respuesta solo consiguió un empujón de su amiga, por lo que bajó de un salto los escalones restantes gracias al impulso extra y caminó hacia la salida del parque mientras agitaba la mano en señal de despedida.
Akemi permaneció un rato apoyada en la barandilla de la escalera flexionando las piernas. luego tomó su bolso y bajó las escaleras, pero no siguió el mismo camino que su amigo había tomado minutos antes. Dió la vuelta por detrás del parque y se encaminó hacia los grandes ventanales.
Al acercarse al salón de actos escucho el sonido del piano y supo que Matt estaba tocando. Se preguntó si el Doctor Evans estaría también con Matt, usando su música como ingrediente para vaya a saber qué experimentos desquiciados, pero lo que se escuchaba era una canción de Fire Bomber y Evans no permitía que Matt las interpretara mientras duraban los experimentos. Permaneció unos minutos en la puerta escuchando el sonido del piano pero sin atreverse a entrar, finalmente dió la vuelta al edificio y se acercó a una de las ventanas cercanas al fondo de la pared.
Las paredes metálicas que envolvían el sector habitable de la Colonia no eran lisas, sino que se componían de grandes segmentos modulares donde cañerías y soportes se entrelazaban formando una verdadera pared de metal que dividía cada zona de la enorme nave. Akemi se encaramó a uno de los grandes tubos que recorrian la pared en forma horizontal y que le permitió asomarse a la última ventana del edificio, que siempre estaba entreabierta. Ahora Matt interpretaba un canción conocida, de eso estaba segura. ¿Cual? Hizo memoria y recordó el nombre: Angel Voice, también recordaba el estribillo:

Voz Angelical, te encontré
Brillando más allá del horizonte
Tu rostro no fue un sueño
Fluye y sigue fluyendo
Volvamos a encontrarnos
Cuando cierre mis ojos
estarás siempre en mi corazón
Voz Angelical

Permaneció encaramada a la ventana escuchando en silencio. Las versiones de piano que Matt ejecutaba eran maravillosas y la hacían sentir muy bien, cosa que no sucedía con las canciones que él había compuesto por su cuenta. Muchas veces se juntaban los cuatro amigos a escuchar y si bien Matt tocaba de maravilla sus composiciones sólo transmitían sensaciones de un profundo sentimiento de soledad, más cercano a la melancolía que a la alegría y vitalidad que los “covers” de Fire Bomber irradiaban desde el piano. ¿Era consciente Matt de los sentimientos que su música producía? ¿No era feliz en la Colonia? Todas esas preguntas pasaban por su mente cuando un ligero pellizco en el muslo casi la hace gritar. Se dio vuelta rápidamente y vio a Mina que había trepado por los caños y estaba junto a ella con un dedo en los labios rogando que no haga ruido.
Ambas chicas se sentaron en las tuberías de cara a la ventana dispuestas a escuchar la práctica de su amigo.
-¿Hace mucho que llegaste Akemi? -pregunto Mina.
-Ni hace diez minutos. -Dijo la joven. -A decir verdad vine con la esperanza de encontrarte acá.
-Silvia me estuvo paseando casi toda la tarde. -Mina se estiro de brazos y piernas mientras contemplaba el parque desde la altura. -Tuvimos que hacer dos viajes a La Torre.
“La Torre” era como se conocía comúnmente a las oficinas administrativas de la Colonia. La mayoría de los trámites y asuntos civiles y judiciales, se trataban en lo más alto del sector habitable, unos pisos por debajo de la oficina de Amanda.
-Anoche Matt vino a mi camarote. -Continuó hablando Mina. -Dijo que estaba avergonzado por cómo se comportó frente a la inspectora y queria disculparse… tambien me confesó lo del robot que está armando con Will.
Akemi miró a su amiga con cara de sorpresa -¿Te lo dijo? -Preguntó atónita.
La joven asintió con la cabeza y señaló hacia la ventana. -No estoy segura, pero creo que estaban muy cerca de empezar a hacer pruebas con él, tal vez hasta quisiera salir al espacio de una.
-Imposible. -Dijo categóricamente Akemi. -Matt no sabe nada sobre pilotar robots, ni siquiera se anima a manejar los transportes electricos y siempre me deja conducir a mi o a Manu.
-Puede ser, el caso es que le conté que tu y Manu también están al tanto de su plan, no hace falta que sigas disimulando.
Permanecieron unos minutos en silencio al percibir que Matt había dejado de tocar, al cabo de unos momentos los acordes de Light the Light comenzaron a sonar y ambas retomaron su conversación.
-¿Solo de eso hablaron? -Pregunto Akemi.
Mina miró primero a su amiga y luego desvió su mirada hacia los árboles, ya oscurecidos por la declinante luz que las pantallas proyectaban sobre el desierto parque colonial. Las sombras se estaban alargando y troncos y columnas de metal se confundian en una especie de bosque uniforme de tonos tierra y ocres.
Sin decir una palabra, bajaron lentamente de las tuberías para no hacer ruido y echaron a andar por el parque tomadas de la mano.
Matt dejó de tocar el piano en cuanto dejó de sentir la presencia de sus amigas.
Como había adquirido esa “habilidad” el no lo sabia. Simplemente la realización de que podía hacerlo se asentó en su mente en algún momento y nunca se lo cuestionó, eso si, sabia al menos que esa extraña habilidad estaba relacionado con su música.
Cuando Matt tocaba el piano sentía que la música fluía en forma de una corriente que se expandía a través del espacio, no como las ondas sonoras que reaccionan a la acústica del salón y que él conocía perfectamente. Este nuevo comportamiento de la música (o tal vez era como Evans la llamaba “Energia Musical”) era de una índole completamente diferente. Matt sentía que la música se proyectaba más allá de las paredes del salón y, por si fuera poco, interactuaba no con la materia, sino con las personas. Mientras tocaba el piano, creía imaginar como las ondas de su música rodeaban a una persona, así como una roca interrumpe la corriente de un arroyo creando un remolino alrededor de la misma, sumando con su presencia una nota más al conjunto de las notas de la corriente. Esta pequeña perturbación en las ondas le hacían saber si alguien estaba escuchando su musica y como reaccionaba, si intentaba seguir la corriente o si por el contrario se resistía a ella y creaba un remolino aún más notorio.
Las canciones de Fire Bomber eran corrientes imperturbables y rápidas y le parecía a Matt que llegaban lejos, más allá incluso de las paredes de la Rainbow.
Sus propias composiciones eran por el contrario un arroyo pedregoso, lleno de remolinos y bancos de arena. ¿Era acaso imposible para el crear su propio torrente de música? Conocía a la perfección las ondas que se formaban alrededor de sus amigos, así como uno llega a conocer el ritmo de sus pasos o la forma en que alguien mueve sus manos. Will, Akemi, Manuel y Mina… las personas que el deseaba envolver en su música y darles felicidad, entonces había visto a esa joven, Cinthya y vió (O más bien sintió) un vacío en su alrededor y supo, con certeza, que ese vacío debía ser llenado con su música.
Quería que Cinthya escuchara su canción, ahora estaba seguro.
Cerró la tapa del piano y se levantó del taburete. Permaneció unos instantes de pie frente al piano contemplando su reflejo en las pulidas láminas de plástico que simulaban una superficie de madera lustrada. Se dió vuelta y tomando su mochila de uno de los asientos destinados al público se encaminó hacia la salida mientras apagaba las luces del salón.
Afuera, las sombras cubrían por completo el parque y los enorme ventanales parpadearon brevemente antes de adquirir una completa transparencia. Las estrellas se asomaron por encima de los árboles.
Matt empezó a caminar lentamente debajo de los árboles
Pensando en Cinthya.
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