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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Nací en una flota de colonización de la UNS en el año 2029. No era una flota de exploración sinó una caravana de colonos de La Tierra que viajaban para asentarse en las nuevas colonias de las minas de Barnard. Mis padres se conocieron a bordo de uno de esos transportes y yo nací al llegar al cinturón de asteroides que rodeaba al planeta que sería mi hogar durante toda mi infancia.
Fué una época muy difícil para ser un niño en una colonia minera. Las rebeliones comenzaron a propagarse por todo el planeta a medida que el descontento con las autoridades del gobierno unificado aumentaba año a año... fue por aquella época que la UNSpacy se reorganizó en la NUNS y concedió los estatutos democráticos a las colonias recién formadas... claro que para entonces los focos rebeldes se expandian casi tan rápido como las naves de colonización a lo largo de la galaxia.
En fin, como te decia mi infancia no fué de las mejores... en el modulo habitacional que conformaba el campamento minero del sector que nos habia sido asignado, conviviamos doscientas personas en condiciones bastante deplorables. La mayoría de los colonos eran gente sin recursos que aceptaron trabajar por 5 años en las nuevas minas de Barnard para obtener los créditos necesarios para mudarse a los mundos desarrollados o a una flota de colonización con mejor calidad de vida.
Los primeros años fueron de una monotonía completa. Cuando cumplí los 5 años y ya estaba en la escuela primaria estalló la primera gran rebelión en Barnard: una demora en la logística del reparto de las raciones alimenticias fueron el detonante, pero el conflicto se venía gestando hacía mucho tiempo ya.
El primer complejo que se rebeló eran en su mayoría Zentradis micronizados de la Colonia XXII. Yo siempre creí que debió haber sido muy duro para esa primera generación de Zentradis que, encandilados con las maravillas de la Cultura, descubrieron el peor lado de la civilización humana, realmente no los culpo. Al principio solo fue una huelga que duró varios días, con pequeños actos de sabotaje en las líneas de transporte y los vehículos terrestres que llevaban maquinaria al interior de las minas. La cosa no debería haber pasado a mayores, pero el destacamento de militares que el Gobierno Unificado había emplazado en el planeta manejó desastrosamente el asunto.... cosa que no me extraña, Barnard fué, durante muchos años, un destino de castigo para “enfriar” las cabezas de los pilotos demasiado “salvajes”. No se podía esperar mucho de semejante grupo de soldados tan obsesionados con apretar el gatillo.
En definitiva, al principio cortaron la comunicación con las redes espaciales y las noticias de la huelga apenas lograron salir del planeta. Para cuando algunos medios de comunicación llegaron a la órbita de Barnard se les negó el permiso para aterrizar y las noticias cesaron por completo. Los diferentes enclaves coloniales comenzaron uno tras otro a reconocer la gravedad de la situación y enviaron representantes a las autoridades. La situación se estancó durante varios meses, durante los cuales se intentó negociar una salida pacifica a la crisis que habia paralizado por completo la explotación minera del planeta.
Al final, el peor escenario tuvo lugar en Barnard; las fuerzas militares irrumpieron en el complejo tomado a sangre y fuego para sofocar la rebelión de un solo golpe. Lo que no sabían es que su bloqueo no había sido del todo efectivo y las cámaras de seguridad transmitieron en vivo a todo el planeta la masacre llevada a cabo por las tropas de la UNSpacy. Lo que el comandante de la guarnición había previsto como una operación relámpago, de apenas unas horas de duración, se convirtió en una guerra de guerrillas que abarcó todo el planeta, casi medio millar de colonos furiosos y cansados de los abusos de las autoridades.
Llegados a este punto del conflicto, era claro que la crisis no podía resolverse con las autoridades del planeta.
El principal problema fue que toda comunicación con el exterior estaba bloqueada tras un cortafuegos a escala planetaria. Incluso ante semejante mordaza digital, fue remarcable la inventiva y resolución por parte de los ingenieros y programadores que habían quedado confinados en las colonias, quienes lentamente comenzaron a transmitir información a través de los canales controlados del Gobierno Unificado. Byte a byte los videos de la masacre de la Colonia XXII fueron filtrándose camuflados en correos electrónicos, archivos de texto y cualquier otra transmisión digital que era exhaustivamente revisada por la censura militar.
Fue así como a más de un año del levantamiento de la primer colonia minera, el público se enteró de las atrocidades cometidas en el planeta y todo salió a la luz.
No sirvió de nada.
El tiempo pasaba y la situación seguía estancada. Era como si toda la humanidad le hubiese dado la espalda al planeta Barnard y lo que pasaba en el. La expectativa que siguió a las noticias de que las imágenes del ataque a la Colonia XXII habían sido divulgadas al público fué reemplazada por un sentimiento de desesperación y, en algunas colonias, de resignación.
Nosotros no sabíamos lo que estaba pasando fuera del planeta, ya que el bloqueo funcionaba en ambos sentidos. Incluso los militares de Barnard estaban parcialmente ciegos cuando los eventos de la primavera del año 2036 nos estallaron en la cara, literalmente.

Desde el año 2030 las nuevas flotas de colonización basadas en las New Macross Class comenzaron a salir ininterrumpidamente de La Tierra en busca de planetas habitables. Una de esas flotas fué la comisionada con el nombre de Macross 6, que partió del planeta Tierra en Agosto del año 2035.
La Flota 6 comenzó su recorrido exploratorio como sus antecesoras, siguiendo el Brazo de Orión en dirección al centro de la Vía Láctea. Una vez abandonado el cúmulo estelar vecino al Sol, cada flota abarcaba una ruta de exploración con un arco de separación de 20 grados con respecto a la flota predecesora, en esta etapa la Macross 6 realizó un procedimiento FOLD de rango extenso y saltó hacia un lejano cúmulo de estrellas, cuyas firmas espectograficas prometían un buen porcentaje de planetas en la zona habitable.
Emergieron, en cambio, muy cerca de una pequeña flota Zentradi, probablemente remanentes de alguna flota dispersa años atrás en alguna batalla por el control del territorio.
La nueva Battle 6 era, en su momento, la nave más poderosa de la flota del Gobierno Unido, incluso siendo sobrepasada numéricamente por 10 a 1 podia dar batalla a los cruceros Zentradi gracias a su cañon de energia.
Lamentablemente tan extraordinaria nave solo había estado en el espacio por medio año, mientras que la flota Zentradi estaba compuesta por guerreros curtidos en innumerables batallas.
Tras 12 horas de combate, que solo pueden ser calificados como una carnicería, la Colonia Macross 6 abandonó a su suerte a su dañada contraparte Battle 6 y realizó un FOLD de emergencia para salvar a los Colonos de las tropas Zentradi que se habían abierto paso a través del domo blindado, colisionando un crucero contra el escudo y usandolo como cabeza de puente para invadir la ciudad.
Ese FOLD terminó con la enorme nave civil emergiendo casi dentro de débil atmósfera de Barnard.
El estupor en las caras de las autoridades militares del planeta debió haber sido legendario. De pronto una enorme nave emerge e inicia un ingreso atmosférico descontrolado en medio de una conflagración de gas y restos de naves que habían salido del FOLD junto a la recién llegada. Al principio nadie sabía lo que estaba viendo, solo cuando el plasma y los escombros se dispersaron pudieron ver con horror la reconocible forma de almeja de una colonia Clase Nuevo Macross, con el inquietante agregado de un crucero Thuverl Salan incrustado en medio del escudo cerrado.
Antes que pudiesen reaccionar, las alarmas orbitales comenzaron a enloquecer y media docena de cruceros Zentradis, no registrados en el Armisticio Humano-Zentradi, emergieron alrededor del planeta.
La estructura por así llamarla “jerárquica” de las tropas Zentradi es en extremo simple y verticalista: Cada escuadrón de ataque tiene asignado un oficial que selecciona objetivos y se encarga de transmitir la estrategia desarrollada por los almirantes de la flota. No existen los “ascensos” en la armada Zentradi. Si un Oficial muere en batalla, sus subordinados continuarán siguiendo las mismas órdenes hasta morir o ganar la batalla. Dio la casualidad que la Flota 6 se cruzó con una flota alienígena sin ninguna clase de cadena de mando o estructura organizativa; en cuanto detectaron naves hostiles, todo los Zentradi atacaron al unísono y persiguieron a la Colonia hasta el Barnard sin ningún tipo de consideración táctica o estratégica. Ese mismo impulso fué el que hizo que, al salir del FOLD cerca del planeta, atacaran las primeras naves que tuvieron a tiro, justamente las fragatas que formaban parte del bloqueo logístico y de comunicaciones.
La nave insignia del destacamento permanente de Defensa de Barnard fue la primera en explotar al recibir los disparos de artillería de los cruceros Zentraedi. Esto fue desastroso para las fuerzas de la NUNS que perdieron en un abrir y cerrar de ojos de toda capacidad táctica. Los cruceros y fragatas restantes organizaron una defensa apresurada y contraatacaron a los recién llegados sin saber a que se enfrentaban exactamente. La batalla en la órbita de Barnard se convirtió en un enfrentamiento total nave a nave, sin lugar a estrategias ni táctica alguna.
Diez horas más tarde, sólo quedaba en órbita una seriamente dañada Fragata Northampton rodeada de chatarra espacial. El Capitán de dicha nave asumió el rol de Comandante de las fuerzas de la NUNS sobrevivientes y evaluó la situación con los pocos oficiales que habian podido salir de las otras naves en pods de escape. La Colonia 6 habia tocado tierra hace algunas horas y pedía desesperadamente ayuda. Las tropas Zentradi habían reducido la poca resistencia de la Colonia civil y estaban masacrando sistemáticamente a los habitantes.
El improvisado nuevo Comandante debió entonces tomar una difícil decisión; realizar un FOLD hasta la base más cercana y solicitar refuerzos o intentar el rescate de la Colonia.
Casi el 75% del escuadrón de ataque de la Fragata estaba destruido o seriamente dañado y atacar desde la atmósfera no era una opción viable. La posición de la nave Zentradi sobresaliendo del escudo de la Ciudad 6 era un blanco peligroso, si explotaba, la reacción en cadena destruiría a la Colonia en su totalidad. La unica estrategia posible era un asalto de infiltración con tropas desde tierra, las armas de energía estaban completamente descartadas.
Cada enclave minero de Barnard estaba siendo custodiado por un pequeño destacamento de soldados. Dos VF-11 y un peloton de infanteria en cada uno de los asentamientos sumaban una veintena de Cazas y un par de centenares de hombres. Sin conocer la cantidad de Zentradis que estaban dentro de la Colonia o si disponian de Armaduras de Combate hacían imposible calcular las probabilidades de éxito de la misión, pero al menos, ahora era evidente que no se podía postergar la operación. La vida de los civiles dependia de la rapidez del ataque.
En un abrir y cerrar de ojos el bloqueo estaba levantado. Los trabajadores de los enclaves mineros vieron con asombro cómo se utilizaban los canales públicos para organizar el rescate a la nave caída.
Veinte minutos más tarde, todos los escuadrones asignados a la custodia de las colonias mineras se habían reunido en lo profundo de un cañón escarpado, a diez kilómetros del sitio de impacto, listos para iniciar la ofensiva contra las últimas fuerzas Zentradi que quedaban en Barnard.
Y no estaban solos.
Casi trescientos civiles de las Colonias mineras, algunos pilotando los robots que utilizaban en las minas y otros portando taladros y armas improvisadas, se habían unido a la misión de rescate.
No hubo arengas o mensajes de conciliación. De pronto todos supieron lo que era correcto hacer y lo hicieron.
La solitaria fragata, ahora convertida en nave insignia de la NUNS, inició la entrada atmosférica y se dirigió en curso directo hacia el sitio donde la Colonia 6 yacía, levemente escorada, sobre el polvo de Barnard. Inmediatamente los cañones de artillería del sector del casco de la Thuverl Salan que sobresalia del escudo de la Colonia comenzaron a escupir fuego sobre la nave atacante. Al mismo tiempo, las fuerzas de tierra se pusieron en movimiento usando los accidentes en el terreno para ocultarse lo mejor posible del devastador fuego de los cañones Zentradi. Hombres y robots por igual se arrastraron por el terreno hasta quedar ocultos bajo la sombra del escudo de la enorme nave Colonial.
En ese momento los VF-11, que se habían arrastrado en modo robot por los surcos del terreno, salieron disparados desde sus escondrijos y atacaron la artillería Zentradi con todo lo que tenían.
Se perdieron un par de cazas, pero los cañones quedaron inutilizados y permitieron que los trabajadores y sus lentos robots mineros pudieran acercarse hasta la Colonia sin sufrir bajas.
Con lágrimas en los ojos presenciaron la caída de la Fragata Northampton, completamente envuelta en llamas, sin nadie que la gobernase. El puente de mando había sido impactado y la tripulación había perecido instantáneamente. Aun así la nave continuó su descenso sin desviarse, tal cual como su Capitán lo había previsto, pasando por encima de la Colonia 6, mantuvo su trayectoria firme hasta estrellarse en una cadena montañosa cercana, dejando tras sí una oscura estela de humo, único recordatorio del sacrificio de un gran hombre y su tripulación.
Los hombres permanecieron en silencio hasta que la nave desapareció tras las montañas, entonces al unísono, sin que nadie diera la orden, comenzó el ataque a la Colonia 6.
El resto de mi infancia en Barnard lo pase oyendo hablar de esa batalla. Con apenas 7 años yo no entendía mucho de lo que estaba pasando, solo recuerdo las estrellas fugaces que cayeron durante una semana entera, debido a la chatarra que quedó en la órbita baja del planeta. No obstante recordar el relato de esos hombres me llenaba de orgullo.
La batalla fue sangrienta, literalmente. Se peleó cuerpo a cuerpo ya que los Zentradis no tenían casi munición y usaban los rifles como garrotes. Varios VF-11 fueron aplastados por la enorme fuerza de los gigantes. Incluso superados ampliamente en número y de haber estado luchando por casi dos días enteros, pelearon como demonios salidos de un cuento de horror.
Cuando los Valkyrias se quedaron también sin munición, las cosas se pusieron muy feas, pero recordemos que los pilotos que estaban en Barnard eran prácticamente salvajes sin disciplina. Creo que eso también jugó en nuestro favor ya que al final todo se resolvió con puñaladas y golpes. Incluso los pesados robots de la minas, armados con láseres de abrasión y enormes taladros, no podían competir con la fuerza de los Zentradis y muchos operarios murieron aplastados dentro de sus cabinas producto de un puñetazo o fueron literalmente arrancados de sus máquinas y aplastados como moscas.
Fue una victoria, amarga por cierto, la cantidad de vidas perdidas fue enorme, pero se rescató con vida a casi un millar de personas.
Fué el fin de la rebelión en Barnard y el comienzo de una cooperación civil y militar que trajo paz al planeta.
¿Y porqué cuento esto? bueno... ese fué el punto de inflexión en mi vida. Desde ese momento dejé de ver a los militares como asesinos y fué donde me propuse seriamente entrar en la milicia. Mis padres se opusieron por supuesto, pero no era el único: la mayoría de los niños de mi edad pedimos la entrada a la Academia Militar a los 12 años, como la humanidad estaba en alerta permanente luego del holocausto de la Primera Guerra Espacial, las academias aceptaban a cualquiera que tuviese esa edad, independientemente de lo que padres o tutores opinaran.
Fue duro abandonar a mis padres, pero estaba completamente resuelto en evitar que el horror de un ataque Zentradi ocurriese nuevamente.

Desde ese momento y hasta que cumplí los 15 años, estuve a bordo de una nave de instrucción militar, una más de las muchas que llegaron a Barnard luego del ataque para formar un destacamento permanente, mucho más fortificado que la antigua guarnición que fuera aniquilada por los Zentradi. Allí continué mi educación básica y cuando cumplí los 15 años fui trasladado directamente a un instituto de educación militar en Eden.
Fueron los años en donde la exploración y colonización del espacio sufrieron un gran impulso, donde las enormes flotas se construían tan rápidamente que casi no había seres humanos que se embarcasen en ellas, por lo que muchas dejaban La Tierra con más efectivos militares que civiles a bordo.
También fué la época donde cambió el paradigma de operaciones de la recién formada NUNS. Se modificaron las formaciones de ataque y la cadena de mando. Se comenzaron a eliminar los escuadrones “de Elite” a favor de un patrón de combate más similar al Zentradi, donde los escuadrones eran mucho más numerosos en elementos de ataque y funcionaban como “oleadas” más que como unidades trabajando conjuntamente.
Yo me crié escuchando las historias sobre los míticos escuadrones de ases de la Primer Guerra Espacial, de como el Escuadrón Bermellón, de solo 3 valkyrias podía enfrentarse a cientos de Zentradis y salir victoriosos. Heroes del calibre de Maximilian Jenius, Roy Focker o Hikaru Ichijyo fueron las leyendas que formaron en mi el deseo de ser piloto de cazas variables, por eso cuando el Alto Mando comenzó a modificar la estructura de las fuerzas de cazas a lo largo de la galaxia fue un durísimo golpe para los jóvenes que, como yo, soñaban con llegar a ser líderes de un escuadrón legendario.
Aún así no me desanimé, las fuerzas especiales seguían existiendo y eran el destino ideal para alguien que buscara sobresalir entre el resto. Estudié duro, practiqué todo el tiempo. Practicamente volaba hasta mientras dormía. Sabía que la única forma de evitar que me asignaran a un simple escuadrón, obligado a patrullar cualquier olvidado agujero de la galaxia, era sobresalir en todo, en tener el mejor promedio, en ser el mejor cadete de mi clase.
Y lo hice. Me gradué del Liceo Militar con las notas más altas de entre mis compañeros. Era el mejor piloto que se habia graduado ese año y tenia un record inigualable en simulación de combate y horas de vuelo acumuladas que sobrepasaban por mucho el recomendado para un cadete de mi edad. Me sentía en el cielo y, literalmente, me estrellé contra una montaña o, más precisamente, con la burocracia de la “Nueva” U.N.Spacy.
Verás, no había lugar para mi en ningun lado.
Mis notas me calificaban como un piloto recomendado para un escuadrón de operaciones especiales, pero no había ninguno que necesitase un reemplazo. Además la NUNS aun mantenía su antigua política de “cuidar” a los ases, asi que simplemente me dejaron “en reserva” y me enviaron a la superficie de Edén de “franco” por tiempo indeterminado, hasta que hubiese un lugar a donde enviarme.
De pronto mi vida se convirtió en un tedio. Estaba confinado en tierra, sin poder volar por ser “demasiado bueno” para los escuadrones regulares.
Al principio lo tomé como un desafío. Segui entrenando en los simuladores, me mantenia física y mentalmente preparado para salir disparado a la órbita de Edén al recibir la llamada de mi nueva asignación, llamada que, finalmente, tardaría tres años en llegar.
En el año 2051 y con 22 años de edad entre al Escuadrón de Enlace Situacional de la Base Orbital New Dallas, en Edén. Uno de los pilotos fue ascendido de rango y dejó su lugar en el escuadrón Ámbar para ocuparse de entrenar pilotos en una de la bases de la superficie del planeta.
Para aquel entonces yo ya había perdido la inocencia de mis años de instituto y francamente sentia impotencia al ver en lo que se había convertido los cuerpos “de elite” de la NUNS; los niveles de operatividad eran bajísimos, había más pilotos que aviones disponibles y encima no disponiamos de aeronaves de última generación, solo VF-11 standard y ni siquiera teníamos acceso a Fast-Packs actualizados. Al cabo de un tiempo comenzaron a dar de baja a muchos de los escuadrones de elite a bordo de las diferentes flotas Macross y recibimos los aviones “que sobraron”, fundamentalmente los VF-17.
Se podria decir que hasta ese momento había tenido suerte. El Escuadrón de Enlace Situacional es un caso especial en la flota. A medio camino entre los escuadrones de reconocimiento y los de Operaciones Especiales nuestra posición era “útil” debido a que todavía no se encontró ninguna solución a las interferencias que provocan las irregularidades en el tejido FOLD, se necesita de alguna unidad especial que cubra los puntos “ciegos” cuando un frente de batalla se despliega en una zona de actividad FOLD anómala.
Esa utilidad irremplazable nos permitió sobrevivir a los cambios de toda la estructura militar a lo largo de la Galaxia, incluso nuestros VF-17 fueron actualizados a la versión S2 luego de su reparación de media vida.
No obstante nos ganamos la hostilidad de una buena parte de la plana mayor de las fuerzas. Piezas de repuesto, munición y a veces hasta los víveres nos eran retaceados de nuestro presupuesto anual. A medida que pasaban los años el escuadrón iba perdiendo cada vez más elementos, tanto humanos como mecánicos. Muchos pilotos se cansaron de la situación y pidieron ser trasladados a escuadrones comunes, yo no los culpo la verdad, el maltrato al que nos sometian rozaba la humillación.
Lo peor comenzó el año pasado, cuando nos quitaron la fragata que siempre nos cobijaba y nos permitia desplegarnos en forma autónoma a un pequeño hangar en la Base New Dallas, la estación espacial que conociste cuando llegastes a Edén.
Últimamente la operatividad del escuadrón era tan baja que comenzaron a “usarnos” para suplir otros roles. Escoltas, testeo de equipos, hasta hacer de “Taxi” a idiotas del alto mando. Muchos de mis compañeros estuvieron al borde de la insubordinación al ser convocados para servir de “blancos” a los cadetes que practicaban con misiles de salva.
Pero lo aguantamos todo, los que quedamos estamos orgullosos de lo que hacemos y no vamos a rendirnos ante la sucia presión del Alto Mando… pero bueno, algunas de las cosas que sucedieron últimamente en la base rayan la desidia, no es la primera vez que al salir a una misión descubrimos que los “muchachos” del hangar pusieron el equipo equivocado o no cargaron munición viva en las armas, ni siquiera tenemos nuestro propio equipo de técnicos o mecánicos, ahora dependemos de la burocracia y como ves, casi nos cuesta la cabeza.
Cinthya permaneció callada luego de que Jim hubiese terminado de hablar. Estaba agradecida de que su compañero hubiese compartido algo tan personal con ella y no sabía que decir. Por suerte una llamada en la radio cortó el silencio. Ralph y su equipo habían terminado el descanso y era hora de volver al trabajo.
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