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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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¡Cuidado Ralph!
El grito lo hizo reaccionar pero ya era tarde, la rueda de acero de casi dos metros de diámetro rebasó el tope del riel haciendo que el carro se inclinase. Ralph se movió violentamente hacia adelante y contuvo el avance del mismo, mientras la rueda golpeaba su hombro derecho con un enorme estampido.
La gravedad estaba algo por debajo de medio G, pero aun asi la inercia que el carro desarrolló mientras se deslizaba por el riel sumado al enorme peso de las estructuras de soporte hicieron retroceder unos cuantos metros al gigante.
-L-Lo Tengo. -tartamudeó Ralph mientras trataba de distribuir el peso de la carga sobre sus brazos. -Dense prisa! -Agregó inmediatamente a los gritos.
La enorme cadena metálica que corría por debajo de la plataforma comenzó a tirar del carro y Ralph sintió como el peso remitia. Cuando la rueda descarrilada pasó por encima del riel la puso en su sitio de un puñetazo y levantó de un golpe la palanca que bloqueaba al carro en su lugar.
-¿Pero que mierda paso ahi arriba Ralph? -La voz de Hal sonó nerviosa por el intercomunicador. -Creia que estabas sujetando el carro con ambas manos.
-Ya está Hal, bájalo. -Dijo Ralph dando por finalizado el tema.
Como única respuesta obtuvo un gruñido y el sonido de la grúa principal que comenzaba a bajar la estructura de recolección. Si bien la Rainbow contaba con dos grandes hangares frontales para recibir y despachar naves de gran tamaño, el enorme gasto de energía necesario para operar en ellos no justificaba su uso. Se usaban las bahías de atraque de menor capacidad de estribor, ubicadas convenientemente al mismo nivel que el acceso al depósito y al pilar del elevador central de la Nave. Eran algo estrechas para trabajar con la enorme estructura en cruz que hacía de base temporal a los recolectores del Campo, pero a esas alturas nadie se quejaba.
-Campamento en posición. -Dijo Hal.
-Es tuyo Andy. -Respondió Ralph.
Una enorme grúa que parecía un enorme brazo robot cobró vida y se deslizó por un riel del techo hasta situarse encima del enorme armazón que contenia los carros amarrados. El brazo se desplegó y se acopló con el centro de la estructura con un estruendoso CLACK.
-Lo tengo Ralph. -Se escuchó por el canal general del intercomunicador.
-Sácalo afuera. -Dijo el gigante mientras encendía las luces de su casco. -Torre de Control aqui Recolectores. Campamento listo para salir.
-Torre de Control a Recolectores. Recibido. -Le pareció a Ralph que la voz de Tass sonaba algo cansada. -Despresurización en cinco minutos. -para confirmar sus palabras, las luces se tornaron rojas y una baliza comenzó a girar cerca de la enorme compuerta de salida. La grúa elevó un poco la pesada estructura y lentamente comenzó a deslizarse por el techo del hangar hacia la salida.
Ralph permaneció en el lugar mientras observaba el movimiento de las enormes máquinas. Se había distraído un segundo pensando en la charla que había tenido con Evans la noche anterior y casi provoca un desastre. Sin pensarlo se acarició el hombro derecho aunque no le dolia para nada... de hecho, hace varios años que no experimentaba dolor alguno, salvo que esforzara al máximo su cuerpo, saltando desde muy alto o tratando de levantar pesos que ni algunas grúas podían levantar en la gravedad normal de la Colonia. Los cuerpos gigantes tienen muchas ventajas, su extrema resistencia a los daños era una de ellas. Quemaduras, radiación, golpes e incluso la falta de aire; su cuerpo gigante tenía una tolerancia muy superior a la humana. Cierto que había algunas diferencias orgánicas notables, como que sus costillas eran mucho más anchas y no le permitian girar el torso tanto como un humano (Lo que hacía de rascarse la espalda algo completamente imposible) o que por ejemplo ni su cabello ni sus uñas habían vuelto a crecer.
Otros cambios eran más sutiles.
Estos eran los que preocuparon más a Ralph durante el año de aclimatación que soportó en una colonia de Zentradis antes de volver a la Rainbow convertido en gigante; Al principio pensó que era alguna especie de experiencia traumática post-agigantamiento, pero luego comprendió que su cuerpo no era lo unico que se habia adaptado a la biologia alienígena, su mente tambien había sido modificada a la peculiar forma de vida de esas armas vivientes. Las primeras noches permanecía en completo estado de alerta, su cuerpo reaccionando ante cualquier ruido o movimiento repentino a su alrededor. Sentía peligro (aunque no miedo) frente a personas desconocidas y sus musculos estaban contraídos todo el tiempo, listos para hacerlo saltar ante cualquier amenza real o imaginaria. Los psiquiatras le explicaron que su cuerpo estaba programado para la lucha y debido a la fuerza genética que esta habilidad de lucha dominaba la sociedad Zentradi, debería “domarla” antes de reinsertarse en una sociedad civil.
Fué lo más difícil de todo.
Debió conquistar su cuerpo. Debió luchar contra las oleadas de excitación e ira cuando interactuaba con otros gigantes. Un simple apretón de manos con un extraño desencadenaba fuertes temblores en Ralph y lo obligaban a apretar los dientes y buscar apoyo en una pared cercana.
Los demás sentimientos humanos tampoco se llevaban bien con su nuevo cuerpo.
La ira, la frustración, el desasosiego, incluso necesidades básicas como el hambre o ir al baño desataban reflejos de combate si alguien o algo se interponía en su camino. Ralph soportó todo el proceso usando hasta la última gota de su fuerza de voluntad y vió con sus propios ojos como otros pacientes se venían abajo o simplemente se volvían locos debido a la transición... los cuerpos de ambas razas podian ser iguales en más de un 99,99%, pero esa sutil diferencia podía volver loco a un hombre y convertirlo en una bestia asesina. Los trajes de fuerza modificados que vestían 24 horas al dia estaban ahi por una razón más que justificada.
Ralph lo soportó todo estoicamente. Pero entonces apareció la música.
Se han escrito miles de páginas con respecto al shock cultural que la música produjo en la raza Zentradi. Cientos de hipótesis fueron planteadas y refutadas por eminentes ExoAntropólogos, debates encendidos dividieron a estudiosos de todas las ciencias derivadas del estudio de la Cultura y aun asi, nunca se llegó a una respuesta o teoría unificada. Para muchos Antropólogos la música en La Tierra fué el verdadero motor de la Cultura y no un mero producto de la misma, por eso se creyó al principio que el Shock Cultural era producido por la exposición a la forma más “pura“ de Cultura Humana y por ende la exagerada reacción que sufrieron los primeros alienígenas al escucharla.
Pero volviendo a Ralph, la clase de “Shock” que el hombre sufrió no tuvo nada que ver con la disminución de sus capacidades motoras o las palpitaciones que transformaron a veteranos pilotos de combate Zentradis en manojos de nervios al escuchar una simple canción de una “Idol” terrestre.
Ralph era hipersensible a la música.
Ciertas canciones lo hacian llorar descontroladamente, otras lo ponían en un estado de relajación parecido al trance. Ciertas melodías podían hundirlo en un estado de depresión angustiante y, curiosamente, el Rock lo hacía dormir como un bebé.
El lo soporto todo. Volvió a tomar el control de su cuerpo y dejó que los psiquiatras lo ayudaran a entender su mente y a limitarla. Debió recrear todos y cada uno de sus habitos (Buenos y Malos) y adaptarlos a su nueva mente. Todo fué revisado y reacondicionado.
Salvo el sexo. La vida sexual de los Zentradis no formó parte de su adiestramiento. Ni un comentario, ni siquiera una carilla en las miles de hojas de informes que debió leer para comprender como funcionaba ahora su cuerpo. Nada.
Sacudió la cabeza dentro del casco como tratado de sacarse de encima cualquier preocupación y comenzó a caminar en pos de la enorme cruz que avanzaba ya a mitad de camino a la salida.
“Tensión Sexual” -Pensó.
-Ridiculo. -Dijo en voz baja, pero no lo suficientemente bajo para que sus compañeros no lo oyeran por el intercomunicador.
La gravedad comenzó a descender y cada paso que daba lo hacía saltar un poco más alto cada vez. Al llegar a la escotilla se dejó flotar libremente en pos de la estructura.
Un sonido siseante se sintió en todo en hangar mientras el aire era succionado a través de respiraderos en techo y paredes. Al cabo de un minuto no había diferencia entre interior y exterior por lo que la compuerta comenzó a abrirse lentamente, la primera puerta en forma vertical y la segunda en forma horizontal. La grúa comenzó a desplegarse desde dentro del hangar de modo que la enorme estructura salió al exterior a medida que el brazo mecánico se extendía telescopicamente.
-A trabajar. -Dijo Ralph.
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