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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Matt se detuvo frente al elevador principal y se quedó apoyado contra la puerta respirando agitadamente. Su primer impulso había sido correr hacia la Oficina de Amanda, pero ahora que su cabeza empezaba a pensar con claridad comprendió que la Capitana no llegaría a su oficina hasta bien entrada la tarde. Pasaba casi todo el dia en el puente de mando mientras hubiese operaciones en el Campo junto al reducido grupo de técnicos que supervisan todo el trabajo dentro y fuera de la nave. La entrada de cualquier trabajador no calificado (y mucho menos un “civil” como el) estaba totalmente prohibida.
-Mierda. -Se dijo dando un golpe a las puertas de metal. -Mierda!.
Tampoco podría visitar a Will sin la autorización de Amanda, eso lo sabía muy bien. Solo le restaba volver a la escuela o... se dió vuelta y miró hacia la última cubierta, donde los grandes ventanales se asomaban apenas entre las barandillas.
Se sentía completamente abatido. Sin pensarlo demasiado se alejó del elevador y encaminó sus pasos hacia la escalera de acceso a las cubiertas superiores. Solo había un lugar donde podria pasar el tiempo y pensar un poco... se dió cuenta que dependia exclusivamente de la música para ello.
Se había dejado los auriculares en la escuela. Mina seguramente los recogeria y los llevaria a su dormitorio mas tarde. No habia nada que hacer, iria al salón de actos y tocaria el piano hasta que sus ideas se aclarasen un poco.
Subió lentamente los escalones que momentos antes había bajado a los saltos. Si Will era extraditado de la Rainbow... no, no queria pensar en el asunto. Los cinco eran un grupo inseparable. Will, dos años mayor que ellos, fué el primero en graduarse de la escuela para unirse a la plantilla de adultos que trabajaba en el Campo, hacía dos años ya de eso. Aún así nunca se habían verdaderamente separado. Pasaba cada una de sus horas libres junto a ellos como si aún fuera un estudiante. Amistades como estas duraban para siempre, pero...
Llegó a la cubierta superior y contempló el parque. El cielo todavía estaba azul en los ventanales y unas pequeñas nubes se escurrian por la parte superior.
No quiso pasar cerca de la escuela. Rodeó la cubierta para pasar por detrás del parque y entrar al salón de actos sin que nadie lo viera. Caminó pues al lado de la barandilla pasando por el lugar donde varias horas antes Cinthya y Akemi habían estado conversando antes de entrar a la escuela.
Dio la vuelta por detrás del parque y caminó entre los canteros de césped y el árbol más cercano a una de las paredes de metal que dividían esa parte de la nave. Caminaba con la cabeza gacha mirando sus propios pies, por eso no vio al extraño hasta que estuvo a escasos dos metros. Matt se detuvo y miró a la persona sentada en el banco. Era un joven que a su parecer no llegaría a los 30 años vestido con uniforme de piloto militar que nunca había visto en la Colonia. Tenía el cabello corto de color verde oliva, con unos ojos de un color violáceo que nunca había visto en gente de la Rainbow. Estaba sentado en uno de los extremos del banco con uno de sus brazos apoyados en el respaldo del mismo. Su casco de vuelo estaba en el suelo delante de sus pies.
El piloto lo miró y levantó el dedo índice. Se lo llevó a los labios haciendo el gesto universal de silencio.
Sólo entonces Matt reparó en que Tass estaba acostada en el banco con su cabeza apoyada en el regazo del piloto, durmiendo profundamente.
Era Tass, no cabía la menor duda. Una de las “conejitas” (1) del puente de mando de la Rainbow. (Matt no sabía el porqué de ese apodo, pero siempre se había llamado conejitas a las chicas que trabajaban con Amanda y como nadie las llamaba por ese nombre en su presencia, no había nada que discutir)
Matt levantó la vista y miró al soldado con la boca abierta. El piloto se encogió de hombros e hizo un pequeño gesto de vaivén con la mano que a Matt se le antojó una especie de “circule, circule”.
Eso hizo, al fin y al cabo estaba demasiado sorprendido como para hacer alguna pregunta. Caminó a un ritmo algo más acelerado mientras echaba miradas hacia atrás para cerciorarse que no había visto alguna alucinación. El piloto estaba ahora recostado en el banco y parecía relajarse.
Sin darse cuenta llegó a la puerta del salón de actos. Estaba abierta.
Matt asomó la cabeza dentro del salón y vió que las luces estaban apagadas, todo estaba en penumbras salvo por la luz azulada que emitían unas pantallas al fondo, donde estaba el escenario y su piano.
-Lo que faltaba. -Suspiró resignado Matt.
Entró al salón y camino hacia el fondo del mismo. Había un carro que sostenía varias pantallas y un par de gabinetes de equipo electrónico. De todos ellos salían cables que cruzaban el escenario y desaparecian tras las desgastadas cortinas rojas.
Matt conocía esos equipos y sabia quien los había traído hasta allí.
-¿Doc?.
Desde detrás del piano se escucharon unos murmullos y el Doctor Evans asomó la cabeza por entre los cables.
-Hola Matt, no te esperaba hasta dentro de un rato.
-Yo tampoco. -Dijo sin interés mientras se acercaba al piano.
El instrumento era un piano vertical de esos que se usan en las academias de música. Estaba hecho de materiales compuestos, nada que ver con las fotos de los pianos antiguos que aparecen en la red. (Después del cataclismo sufrido en La Tierra no habían sobrevivido instrumentos clásicos) Evans lo había comprado en una subasta hace ya varios años en alguna colonia lejana y lo había donado a la escuela. Bueno, más bien se lo había regalado prácticamente a Matt ya que nadie más en la Rainbow lo usaba.
El joven apoyó su mano sobre las teclas y la deslizó de un lado a otro sin presionarlas. Permaneció de pie frente al instrumento mientras Evans recogia apresuradamente sus herramientas detrás del piano.
Matt oprimió una letra y escuchó el sonido. El acorde resonó en el salón y vió como una de las pantallas a su derecha mostraba un pequeño pico de actividad en una tabla de gráficos vectoriales. Suspiró profundamente y se sentó en el taburete dejando caer los brazos a los costados.
-Doc... empezó a decir.
-Medio minuto muchacho.
Una de las pantallas dejó de mostrar una serie de líneas de códigos y en su lugar apareció un gráfico de un plano visto en una proyección tridimensional. Matt sabía lo que era por haberlo visto cientos de veces. Significaba que los sensores estaban calibrados y preparados. Miró hacia el techo y vió los dos grandes paneles de oscuras celdas exagonales ubicados a unos dos metros de altura y orientados hacia abajo en 45 grados, de forma tal que cubrían piano y el pianista.
-Listo. -Dijo Evans mientras tomaba asiento frente a las pantallas y se colocaba unos grandes auriculares.
-Matt abrió la boca para decir nada pero la cerró resignado. Levantó los brazos y dejó que sus manos buscaran el contacto con las teclas.
Pasó algo así como un minuto sin que sus manos hicieran algo más que acariciar el suave plástico de las teclas. Evans giró la cabeza en dirección a Matt y lo miró con preocupación en el rostro.
El joven tenía la cabeza gacha mirando el teclado y movía las manos lentamente pero no presionaba ninguna de las teclas.
-¿Matt? .-Evans se quitó los auriculares. -¿Estas bien?
Matt asintió con un pequeño movimiento de cabeza y cerrando los ojos tomó una bocanada de aire. Eso siempre lo ayudaba a empezar. Las notas comenzaron a fluir a mismo tiempo que sus pulmones se vaciaban de aire. Evans sonrió y volvió a ponerse los auriculares.
Matt no solia tocar con los ojos cerrados, pero cuando se trataba de música compuesta por el, como la pieza que estaba tocando ahora, lo hacía sentir mucho mejor. Las notas aparecían frente a sus ojos como fragmentos de su memoria en la Rainbow, como un rompecabezas de sonidos que resaltaban ecos en cada pared, en cada techo y cada columna. La nave tenía su propia música y Matt sospechaba que lo que él había transcripto a la partitura no era más que una simple interpretación de los latidos que parecía escuchar. La pieza comenzaba como el amanecer de la colonia, con cada módulo recibiendo la orden de despertar dada por la batuta del puente de mando, arrancando máquinas y sistemas de toda clase. Desde los grandes paneles donde el sol ascendía y alejaba las sombras del parque hasta las luces de cada camarote y compartimento en las cubiertas comunales. Cada cafetera, cada tostadora, cada colono de la Rainbow sumaba una nota a la melodia que progresivamente iba aumentando en intensidad hasta que las grandes máquinas entraban en operación. Ahora las notas eran más fuertes, la mañana llegaba a su fin y la actividad en la nave llegaba a su mayor intensidad. Las grandes grúas trasladaban piezas y contenedores y los sistemas de transporte de rieles bullían de actividad. Las prensas moldeaban las placas de metal y creaban nuevas formas que luego eran trasladadas a los depósitos en las cubiertas inferiores. Había una ligera pausa en la actividad y luego todo comenzaba de nuevo, pero esta vez marcaba un ritmo diferente, donde las máquinas comenzaban a silenciarse una tras otra. Donde ya no se trataba de dar forma a las cosas.
Ahora llegaba el fin del día, donde los sonidos de los transportes y gruas indicaban que lo hecho en el dia debia volver a su puesto, listo para volver a empezar al día siguiente. Los vagones se detenían, las grúas quedaban silenciosas, los televisores se encendían y las notas se esfumaban en una serie de ligeros tonos.
Matt abrió los ojos. ¿Porque había tocado justo eso? Quería alejar su pensamiento de los problemas de la Colonia y por el contrario se habia metido de lleno dentro de la misma Colonia.
-Es raro oirte tocar eso. -Dijo Evans que lo observaba con curiosidad. Se había dado vuelta en la silla a la vez que se quitaba los auriculares. -¿Todavía no le pusiste nombre a esta canción?
Matt negó con la cabeza. No creía que mereciera un nombre. Solo era una canción que había compuesto mientras aprendía el lenguaje musical.
-¿Cuanto marqué Doc? -preguntó mientras miraba las pantallas
-Solo 0.75 -Evans movió la cabeza de un lado a otro. -Tu marca más baja Matt.
Matt se enderezó en el taburete y miró hacia el techo. Al cabo de un momento miró a Evans y sonrió tímidamente. -Me falta mucho para ser como Basara ¿No?
Una mueca de disgusto apareció en el rostro de Evans.
-Te dije mil veces que no te le compares. -Su voz sonaba tensa. -Tu y Basara son diferentes, la música de ambos es diferente, no debes compararte con el.
-No. -Dijo Matt
-¿No?. -Evans se incorporó y señaló los monitores. -Matt, esto no se trata de ver quien tiene la emisión de Song Energy más grande.
Matt giró su taburete y se enfrentó a Evans, la mirada que tenía dejó perplejo al médico.
-Y una mierda. -Matt apretó los puños. -Somos iguales, somos músicos, los dos tenemos la misma pasión.
-¿Pasion? -Evans se quitó los lentes y los guardó en uno de los bolsillos de su guardapolvo. -Matt, escuchame... por lo que yo se, hasta la propia Minmay podría tener una emisión de Song Energy más baja que la tuya.
-Mentira.
-No, no es mentira Matt.. Basara es.. -Evans sacó un pequeño pañuelo de su pantalón y se limpió la frente. -Por lo que sabemos, Basara bien podría ser un monstruo en lo que respecta a la energía que emite cuando canta.
-¿Ahora lo llama “monstruo”?
Evans se sentó en la silla y se masajeó la sien con una mano. -La investigación del Doctor Chiba sobre Basara y Fire Bomber fué eliminada de los registros hace muchos años ya. Secreto militar dijeron. Todo lo que tenemos son los reportes que el propio Chiba subía a la red durante su investigación en la Flota 37, si no fuera por esos registros no sabriamos nada de la Sound Energy o de lo que podía hacer Basara.
-¿Y?
-Matt... -Evans se puso los lentes y señaló el monitor del gráfico tridimensional. -Chiba tenia uno como estos y podía detectar el canto de Basara a más de cien años luz de distancia. ¿Te das cuenta la cantidad de energía que implica eso?
Matt resopló. -Eso prueba el compromiso que ponía al cantar.
-No. -Evans se acarició la barbilla. -uno de los últimos reportes de Chiba antes de que su investigación fuera clasificada hablaba sobre designar a Basara como un ente especial, algo que Chiba no podía aplicar al resto de Fire Bomber, solo al propio Basara. Un Anima Spiritia.
-¿Un que? -Preguntó sorprendido Matt
-Anima Spiritia. Solo sabemos eso, solo el nombre. Chiba nunca explicó el porqué esa clasificación de las habilidades de Basara.
-Anima Spiritia. -Matt repitió el nombre en voz baja.
-Voy a darte mi opinión Matt. -Evans se enderezó en la silla y miró fijamente al joven. -Basara y tu son diferentes aunque compartan la misma música ¿Sabes porqué? Porque Basara es energía pura. Es como si pusieras una flauta al final de la turbina de una nave. Cuidadosamente controlando el flujo de aire puedes llegar a crear música, pero nunca será lo mismo que quien controla su energía y la canaliza en pos de expresar su música con el sentimiento en vez de la fuerza.
Matt permaneció en silencio mirando el piso.
-Vos no cantas ni gritas como Basara, pero tu energía fluye cuando tocas ese piano y esta es la prueba de ello.
Evans se levantó accionó una de las pantallas. De pronto las tres pantallas mostraron la misma imagen: un jardín con cientos de plantas de todas formas y tonos de verde alineadas en terrazas que formaban un medio círculo alrededor de un estanque de aguas claras.
-El jardín de Ralph. -Dijo Matt
-Tu música es la que hace crecer esas plantas Matt. Si no fuera por tu energía ese jardin no podria florecer como lo hace.
Matt se sonrojó. El lo sabia hace rato. Como parte de la investigación de Evans habia micrófonos en el piano que enviaban su música al jardín de Ralph.
-¿Lo entiendes ahora? -Dijo Evans mientras cambiaba las pantallas a su anterior estado. -Sos muy especial Matt, tu música no es para guerras ni conflictos, es la forma más pura de energía, la que cura y hace crecer las cosas... la energía de la verdadera canción.
-La verdadera canción. -Repitió Matt.
Evans sonrió satisfecho.


1. Bridge Bunnies. (Conejitas del puente)
2. Song Energy (Energia Musical)
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