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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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La nota hizo que despertara pero… ¿Era aquello un verdadero despertar? Matt abrió los ojos, o más bien de pronto simplemente estaba ahí parado, con los ojos abiertos en medio de aquella cueva tenuemente iluminada por las gotas de agua luminosa que resbalaban lentamente por las estalactitas de piedra.
Aún sentía la vibración del aire que aquella nota había dejado en el ambiente y cuyos ecos recién estaban muriendo en las profundidades más allá de lo que sus ojos podía ver.
Matt apartó los ojos de aquella oscuridad. No le interesaba saber donde morían aquellos ecos, él quería buscar el origen del sonido.
Como un depredador que rastreaba los olores dejado por una inadvertida presa, el joven se dejó guiar por aquella especie de rastro que la nota musical había dejado en la cueva. No sabía cómo o porqué podía saberlo, pero algo dentro de sí lo guiaba a través de aquellos retorcidos pasadizos de roca y agujas de piedra.
Tras varios minutos de seguir aquel rastro el túnel desembocó en una amplia cámara que se abría en la roca viva, tan grande que no se podía ver el techo. El suelo de la caverna estaba inundado de un agua cristalina que reflejaba las pálidas luces que colgaban de las estalactitas de enormes pilares de roca desparramados por todo el lugar. Uno de aquellos pilares de roca se destacaba del resto por ser más ancho que los demás y estar en el mismo centro de la caverna.
Matt sintió curiosidad y entró al poco profundo lago, caminando con cuidado sobre el fino sedimento que se encontraba bajo la superficie del agua. A medida que avanzaba hacia el pilar sus piernas creaban un pequeño oleaje que se expandía en enormes ondas por toda la superficie del lago, rebotando contra los pilares de piedra y creando a su vez otras ondas más pequeñas. Al cabo de unos minutos toda la superficie del agua estaba agitada, cubiertas por aquellas minúsculas olas creadas por los pasos del joven.
Aquello le resultaba extrañamente conocido. Se detuvo un momento para contemplar los reflejos que las ondas dibujaban a su alrededor, fascinado por los complejos patrones que las diferentes ondas creaban al chocar con los diferentes obstaculos.
Otra nota sonó en la caverna, con una claridad y fuerza tales que todo el aire que habia alrededor pareció vibrar con el sonido. Las ondas el estanque desaparecieron por completo, como acalladas por aquella misteriosa nota que se adueñó del espacio.
El joven giró la cabeza en dirección al sonido que comenzaba a morir lentamente.
La formación de roca que estaba en el centro de la caverna era una especie de espiral de granito que se elevaba a unos cinco o seis metros de altura. Sobre la cúspide de aquella piedra, una solitaria figura sentada en la misma cima le daba la espalda, ajena a su presencia.
Matt dió un paso y de pronto el agua se volvió sólida como un cristal. Sus pies no estaban más sumergidos en el líquido, ahora estaban pisando algo duro como el hielo.
La figura que estaba en la cima de la roca se dió la vuelta en el sitio, sin ponerse de pie. Era un joven de unos veintitantos, cabello castaño oscuro y ojos claros, casi dorados. Llevaba anteojos de marcos redondos, una musculosa verde y unos jeans azules gastados, pero lo que más llamó la atención de Matt era la guitarra electrica, aquel instrumento era reconocible en cualquier parte de la Galaxia.
—¿Ba-Basara? —exclamó entre confundido y asombrado el joven. —¿Qué estás haciendo aquí?
—¡Yo! —respondió el músico levantando una mano.
Matt levantó su propia mano para contestar el saludo. Mientras tanto Basara se puso de pie y tras apoyar la guitarra sobre su hombro dió un salto hacia adelante.
El joven retrocedió asustado más el músico aterrizó ágilmente sobre la superficie de cristal, apenas flexionando un poco las piernas. Tras incorporarse lentamente miró al joven con curiosidad. —¿Aqui? —preguntó mirando a su alrededor. —¿Qué es exactamente «Aquí»?
—No-No lo sé. —Matt estaba demasiado confundido como para pensar una respuesta mejor.
Basara se encogió de hombros. —¿Entonces como quieres que yo lo sepa? Estamos aquí, simplemente eso. —dijo rascándose la cabeza.
Ambos permanecieron en silencio mirando los reflejos en el superficie de cristal. Tras un par de minutos Basara tomó su guitarra y rasgó las cuerdas varias veces. —Hay mucho silencio. —dijo simplemente.
Las notas fluyeron con fuerza del instrumento. Entonces Matt vio que volvían a estar con los pies sumergidos en el agua cristalina, que comenzaba nuevamente a agitarse con miles de ondas cruzando y rebotando indiscriminadamente por toda la superficie.
—El Universo. —comenzó a decir Basara mientras la música se expandia desde su instrumento. —Al Universo le desagrada la quietud. —explico. —Todo lo que pasa en esta Galaxia está en movimiento, desde los electrones que giran alrededor del núcleo atómico hasta todas las estrellas y constelaciones que giran alrededor del centro de la Vía Láctea… todos estamos en movimiento, porque la energía es movimiento.
De un salto se subió a una piedra que asomaba del agua y soltó una serie de acordes rápidos y energéticos. —¿Alguna vez oíste hablar de congelar la luz? ¡Es imposible!
—gritó. —¡La energía ES movimiento! ¡Sin movimiento no hay energía ni vida!
Como para resaltar sus palabras toda la caverna pareció estallar en un remolino de luces y sombras. La superficie del agua parecía estar hirviendo por la intensidad de las ondas que surgian de todos los puntos simultáneamente, como si millones de gotas de lluvia invisibles estuvieran bombardeando la superficie.
Matt estaba en el medio de aquel remolino, absorto ante el avasallador sonido que lo envolvía como un poderoso viento, amenazando con arrastrarlo en cualquier instante. —¿Como lo haces? —gritó en dirección al músico. —¿De donde sacas esta energía? ¡Yo… yo quiero hacer lo mismo!
—¡Entonces ESCUCHA MI CANCIÓN! —gritó Basara mientras una poderosa aura de energía lo envolvía y se proyectaba hacia el exterior. Aquella onda de choque golpeó al joven como si una poderosa ola lo arrastrase bajo las profundidades del océano. Matt sintió como la energía lo atravesaba por completo, como cada parte de su cuerpo sentía aquel calor intenso que emanaba desde la fuente del sonido.
Fué arrojado al piso, cayendo boca arriba ante aquel arrollador poder que lo empujaba hacia atrás, como una corriente poderosa e indomable. Entonces Matt lo vio.
Estaba atado a algo, la corriente no podía arrastrarlo porque una serie de finos hilos de luz rodeaban su cuerpo y extremidades, sujetándolo firmemente en su sitio.
Basara gritó y la energía estalló como si un arma de reacción explotara frente a él, pero Matt estaba anclado en su sitio, aun cuando toda la caverna comenzó a despedazarse a su alrededor y rocas enorme comenzaron a volar y resquebrajarse ante la presión de la música… Matt no se movía.
El cielo estrellado apareció sobre sus cabezas a medida que todo lo que estaba a su alrededor desaparecía, la caverna primero, la montaña después, el continente fue el siguiente.
Matt supo que el planeta entero había sido despedazado por aquella energía.
Pero él continuaba fijo en aquel sitio.
La música se detuvo y Basara soltó una última nota que se mantuvo vibrante en el sitio hasta desaparecer en medio de un brillo fugaz.
—No puedes mover el Universo si primero no te mueves tu mismo. —dijo el músico señalando las ataduras de Matt. —Tienes que moverte. —repitió señalandolo con la guitarra. —Tu eres tu música.
Tras la figura del guitarrista una estrella se elevó sobre el firmamento, haciendo que Basara se convirtiera en una silueta oscura apenas visible en el resplandor del enorme sol que encandilaba los ojos de Matt.
—¿Como puedo soltarme? —gritó el joven protegiéndose los ojos de aquel enceguecedor resplandor.
Vió que los labios de Basara se movían pero ningún sonido llegó a sus oídos. La luz era tan intensa que dolía.
Abrió los ojos cuando notó que el resplandor se apagaba.
A su alrededor todo estaba en penumbras, como si la cueva hubiese vuelto a reconstruirse a su alrededor, más esta vez no había rocas o paredes de granito elevándose junto a él, sino estantes de metal y chapas oxidadas.
Matt yacía sobre un lado con la cabeza recostada sobre el brazo extendido. Había algo enredado en sus dedos y el joven recordó momentáneamente los finos hilos dorados que lo rodeaban en el sueño.
Movió un poco la mano y sintió la suavidad de los cabellos entre sus dedos. Tras girar un poco la cabeza vió con asombro la dorada cabellera de su amiga Mina, que dormía profundamente a su lado.
Estuvo a punto de llamar a la chica por su nombre pero alguien le susurró algo por la espalda.
—Amor es despertar a una mujer y que no se indigne. —dijo una voz extraña cerca de su oído. —Pero será mejor que dejes dormir a las Bellas Durmientes por un tiempo más. —agregó.
Matt se giró lentamente y vió a un extraño personaje que estaba cerca de donde reposaba su cabeza. Era un rostro fascinante ya que parecía ser viejo pero sin arrugas, como si la piel que lo cubría solo se volviese más fina con el paso del tiempo, pero conservase la firmeza de la juventud. Aquel ¿Hombre? No tenía cabello, su cabeza era completamente calva y sólo sus cejas eran grandes y espesas, enmarcando unos ojos grandes y oscuros, como dos pozos profundos que reflejaban la noche sin luna.
Sin decir una palabra mas se bajó del enorme colchón e hizo un ademán con la mano para que Matt lo siguiera. El joven se refregó los ojos para quitarse los últimos retazos de sueño y fue en ese momento cuando vió a Cinthya durmiendo a su lado.
Confundido y todavía algo dormido, se deslizó lentamente bajo la manta y salió del precario lecho por donde habían estado sus pies, de forma que su movimientos no despertasen a las dos jóvenes que dormían profundamente.
El hombrecito lo esperaba a unos pocos metros de allí y en cuanto Matt se puso de pie volvió a hacerle una seña para que lo siguiera.
Salieron de aquella especie de choza y se dirigieron a una estantería que se erguía solitaria a un lado de los enormes pasillos circundantes. El extraño personaje tomó dos tazas de metal y una vieja cafetera de uno de los estantes y tras revisar que estuvieran limpias se dirigió hacia donde habían instalado una precaria cocina al aire libre.
—¿Dónde estamos? —preguntó el joven en cuanto ambos se sentaron frente al pequeño calentador.
Su compañero pareció no escucharle y se limitó a encender el fuego con un viejo encendedor tras lo cual se puso a vaciar el contenido de la cafetera sobre una pequeña esterilla que había desenrollado en el piso. Habia unas bolsitas con azúcar y café y un viejo filtro que parecía ser una especie de media arrugada. —Llena un poco más de la mitad de esto con aquella botella. —dijo mientras alcanzaba la cafetera en dirección al chico.
Matt tomó el utensilio y tras ubicar la botella de agua que asomaba dentro de una caja de cartón procedió a seguir las instrucciones del hombrecillo.
Pronto la cafetera estuvo sobre el fuego y ambos contemplaron en silencio las llamas que lamían el abollado metal en la base.
—¿Dónde estamos? —preguntó el extraño retomando la conversación. —Supongo que este sigue siendo el Sector Dos del Módulo E Tres. —dijo mirando hacia la oscuridad que no permitía ver el techo de aquel enorme hangar. —Aquí solían estar las enormes grúas en donde se ensambló el escudo de contención del Reactor Principal de la Rainbow. En realidad el Reactor está tras esa pared. —explicó señalando hacia una de las enormes paredes de metal. —Este lugar es una zona de maquinarias y gruas para cuando es necesario dar mantenimiento extensivo que requiera remover alguna parte de la coraza protectora del núcleo…. o así lo era al originalmente —se lamentó. —Al parecer el diseño de estos reactores se modificó y ahora son completamente cerrados y herméticos y no es necesario todo esto alrededor para que funcionen.
—Ah… —respondió el chico. —Osea que estamos al lado del corazón de la Rainbow.
—La peor prisión es un corazón cerrado. —citó el hombrecillo mientras levantaba la tapa de la cafetera y echaba un rápido vistazo dentro.
Matt se movió inquieto en el lugar. —Eres Funes. —aseguró sin dejar de mirar el rostro del hombre que tenía delante. —Sabia que algun dia nos cruzariamos dentro del Interior.
Funes levantó la cabeza y miró los ojos brillantes del joven. —Feliz encuentro Matt. —dijo con una sonrisa. —Nos conocemos hace tiempo, pero es la primera vez que nos vemos a los ojos.
El joven asintió en silencio mientras la pequeña tapa de la cafetera empezaba a sacudirse por la presión del vapor que despedía el agua hirviendo.
—No pareces sorprendido. —dijo Funes tomando una de las bolsitas.
—A veces mi música me permite «ver» cosas que de otra forma serían imposibles— explicó el joven.
—Si eres el único que ves una visión, te llaman santo o loco. —dijo Funes arrojando el café molido dentro de aquella especie de filtro improvisado. —Aunque creo que tu no eres ni uno ni lo otro ¿Verdad?
Matt no respondió, todavia tenia retazos del sueño en la memoria y aquella conversación parecía tener menos sentido aun que su pesadilla. —¿Crees que mi poder es un tipo de locura? —preguntó al cabo de unos minutos.
Funes apoyó una de las tasas en el suelo y tras colocar el filtro con el café sobre ella vertió con cuidado el agua caliente sobre los granos molidos. —Hay quien dice que el propio Basara estaba loco. —dijo sin quitar la vista del pequeño chorro de agua que salía de la cafetera. —¿Que clase de persona en sus cabales saldría a cantar en medio de un campo de batalla? —preguntó mirando a Matt.
El joven se sobresaltó al escuchar el nombre del músico. —¿Usted lo conoció? —preguntó.
—¿Y quien de la flota 37 no conoce a Nekki Basara? —respondió con una carcajada. —Ah, pero tu dices en persona… no, esta nave dejó la flota 37 cuando Fire Bomber era apenas una banda underground de Ciudad 7… jamás tuve chance de verlos tocar en vivo… aunque sí seguí su carrera por medio de la Galaxy Network. —reconoció.
Tras llenar la primer taza Funes repitió la misma operación con la segunda. —Tu eres muy diferente a Basara. —dijo sacudiendo las últimas gotas de café que cayeron de mala gana.
Matt tomó la taza que el hombrecillo le alcanzó y miró desconcertado el oscuro líquido. —¿A que se refiere?
—La música que surge de tu interpretación lleva algo de ti, como una especie de ADN energético, una composición única y propia de cada músico… eso es lo que te hace tan diferente de todos los demás. —explicó Funes. —¿Azúcar?
El joven tomó dos cubitos y los arrojó dentro de su café. —¿Se refiere a la Sound Energy?
Funes bebió un largo sorbo de su taza y tras una pequeña pausa suspiró satisfecho. —Eso es simplemente el nombre que el Doctor Chiba acuñó para nombrar lo que veía en sus instrumentos. —dijo. —Lo que conocemos como “Sound Energy” no comparte ninguna característica física ni con el sonido ni con la definición clásica de energía. Pero es más simple de explicar si lo vemos como algo medible. ¿No?
—Porque es algo multidimensional. —comentó Matt.
—Exacto. Una vez que el medio multidimensional entró en juego, todos los modelos de la física clásica, relativista y cuántica se volvieron más locos que una cabra… claro que, en definitiva cada universo se mantiene completamente separados uno del otro y es una verdadera suerte que sea así. ¿No lo crees?
—Pero la música no solo afecta a nuestro universo…
—Así es. La música se manifiesta de una forma conocida “de este lado”, pero a su vez su… digamos “sombra” se proyecta en otras dimensiones y es esa “sombra” la que tiene todas esas cualidades extrañas que mucha gente ignorante califica de “magia” hoy en dia.
—¿Pero entonces por qué soy tan diferente de Basara? —preguntó Matt. —¿Acaso mi música no produce el mismo efecto?
—La sombra que tu música produce es diferente. —respondió Funes. —O dicho de otro modo, tal vez lo que sea diferente sean las dimensiones a las que puede alcanzar tu música. Como cuando la luz atraviesa diferentes componentes y solo llega a algunos lugares con un espectro diferente. ¿Me comprendes?
Matt bebió un pequeño sorbo del café y sacudió la cabeza. —No… para nada.
—Se refiere a poder conocer la composición de algo gracias al tipo de luz que refleja ese objeto. —dijo una voz a sus espaldas.
Matt se dio vuelta y vio a Mina y Cinthya que se acercaban lentamente. Ambas tenían el pelo algo revuelto y el semblante todavía con rastros de sueño.
—El olor del café nos despertó. —dijo Cinthya sentándose al lado del Matt. —Espero que no sea de una cosecha previa a 1999 al menos. —dijo con una sonrisa.
—¿Estás bien Matt? —preguntó Mina mientras hacía lo mismo del otro lado. —¿Te duele algo…?
El muchacho sacudió la cabeza. —Estoy bien… creo. —dijo mirando el interior de la casi vacía taza. Funes volvió a llenar la cafetera con el contenido de la botella y puso a calentar más agua. —Me alegra que todos estén despiertos. —dijo.
Cinthya examinó el filtro con la borra de café y tras oler un poco la mezcla asintió satisfecha. —Creo que me arriesgaré a tomar un poco.
—Yo también. —dijo Mina. —Todavía tengo la cabeza algo mareada.
El hombrecito sonrió. —Tenemos tiempo de sobra. —dijo señalando hacia la oscuridad. —Sea quienes sean esos famosos Piratas de los que hablan, no creo que lleguen hasta este lugar… al menos no fácilmente.
Los tres jóvenes se miraron confundidos. —Aun… aún no hemos decidido qué hacer. —dijo Cinthya tras un minuto de silencio. —Queríamos encontrar a Amanda pero… ahora no estamos tan seguros.
—Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas. — citó Funes. —Amanda sabe arreglárselas solas, no se preocupen por ella… especialmente tu, Mina.
La joven asintió en silencio. Matt puso su taza en el suelo y contempló cómo el hombrecillo volvió a preparar el filtro del café. —Entonces… ¿Podremos quedarnos escondidos aquí? —preguntó.
Funes soltó la cucharilla y miró a Matt a los ojos. —Por supuesto que pueden permanecer aquí el tiempo que deseen aunque… eso no seria la mejor elección para ti. —dijo con un tono de voz extraño.
Mina y Cinthya se miraron. —¿A que se refiere? —preguntó la joven inspectora.
—A lo que está sucediendo con el cuerpo de Matt. —respondió el hombre.
El joven sufrió un escalofrío ante aquellas palabras. —¿Que… qué sabe usted sobre…? —preguntó con un hilo de voz.
—Se lo mismo que sabe Evans… o al menos lo que sospecha. —respondió Funes con seriedad. —Tu cuerpo ha estado sufriendo un cambio genético que se ha acelerado en estos últimos tiempos… y no es algo bueno, si me permites decirlo.
—¡Matt! —gritó Mina tomando las manos del joven. —¿Es cierto eso? ¿Estas enfermo..? ¿Que...?
—¡Estoy bien! —dijo gritando mientras apartaba las manos de su amiga. —¡Te digo que estoy bien! ¡No me pasa nada! ¡Es solo que…. que…!
—Matt. —dijo Cinthya poniendo una de sus manos sobre el hombro del chico. —Eso… eso no es verdad y tu lo sabes… tienes que dejar que te ayudemos.
El joven se cubrió el rostro con las manos mientras las dos jóvenes lo miraban con compasión. Los cuatro guardaron silencio mientras la cafetera tintineaba por el agua hirviendo en su interior. Funes apagó el fuego y sin decir una palabra comenzó a verter el líquido en el filtro con el café molido.
—La música no puede hacerme daño. —dijo Matt de pronto. —Es imposible.
—Por supuesto que no. —respondió el hombrecito. —Tu solo eres una víctima de las circunstancias me temo, apenas una mosca más atrapada en los hilos de esta enorme historia que inició la Protocultura.
Mina levantó la cabeza. —¿Protocultura? —preguntó. —¿Que tiene que ver…?
—Todo. —respondió Funes. —Todo tiene que ver con todo, todos nosotros somos parte de la misma historia que se originó con nuestros creadores, con la Protocultura y la República Estelar, de sus ansias de dominio y como sus guerras y la búsqueda de más poder terminaron creando las condiciones para que nosotros, sus hijos prácticamente ilegítimos, terminaramos dominando la galaxia…. ¿Azúcar?
Cinthya recibió la taza de manos del hombrecito pero se quedó como paralizada ante aquella revelación.
—¿Cómo está relacionado eso con la… condición de Matt. —quiso saber Mina. —Dinos por favor si lo sabes.
Funes terminó de llenar la otra taza y se tomó su tiempo para sacar hasta la última gota del improvisado filtro. —Es una historia larga… muy larga. —dijo finalmente mirando los rostros de los tres jóvenes que seguían sus movimientos expectantes. —Me llevaría un par de días contarles todo y… no, es muy fatigoso. —dijo haciendo un gesto con la mano.
—Por favor. —pidió Cinthya poniéndose de pie. —Si hay algo que sepas que pueda ayudar a Matt.
Funes se rascó la barbilla. —Usualmente les pediría un pago por adelantado. —dijo.
—¿Un pago? —exclamó Mina. —¿A qué te refieres?
—A una historia por otra historia. —dijo Funes. —Yo les cuento mi historia pero a cambio ustedes tienen que contarme una propia… es algo justo ¿No?
Los tres jóvenes cruzaron miradas. —Eso… eso es imposible. —reconoció Cinthya mirando a su alrededor. —Tu te has leído todos los libros ya publicados… ¿Como podríamos conocer una historia que tu no sepas? ¡Es injusto! —dijo.
—A mi me parece algo muy justo. —dijo Funes encogiéndose de hombros. —Las historias son mi segundo sustento y ya que a ustedes no les gustan mis raciones vencidas pues..
—¡Un momento! —exclamó Cinthya mientras se ponía de pie de un salto salía corriendo ante la mirada confundida de Matt y Mina. —¡Enseguida regreso!
Al cabo de unos minutos vieron como la joven inspectora llegaba trayendo su mochila al hombro. —Creo que tengo una oferta mejor. —dijo guiñando un ojo hacia Matt,
Funes puso cara de interés. —¿Ah sí? ¿Y qué clase de libro puedes tener ahí dentro que yo no conozca? —preguntó.
Cinthya metió la mano en la mochila y tras revolver unos instantes sacó un objeto de entre sus pertenencias. —Creo que es algo que usted apreciará mucho más que un libro.
Funes abrió los ojos como platos. —Eso… eso es.
—¿Huevos? —preguntó confundida Mina. —¿Como…?
El hombrecito extendió los delgados brazos hacia la inspectora y tomó casi con reverencia el pequeño paquete de huevos que Cinthya había rescatado del contenedor de empaque del Ex-Gear de Matt. —¡Huevos frescos! —exclamó sin creer lo que sus ojos veían. —¡Hace Veintiún años, tres meses y cuatro días que no veo un huevo fresco! —murmuró casi para sí.
—¿Tenemos un trato entonces..? —preguntó la joven cruzándose de brazos.
Funes apretó el paquete de huevos contra su pecho y levantó la vista hacia la inspectora. —Trato hecho. —dijo.
Matt y Mina suspiraron al unísono mientras Cinthya volvió a sentarse al lado del chico. —Supongo que tuvimos suerte después de todo. —reconoció mientras miraba al entusiasmado Funes tocar y olfatear aquellos huevos como si fueran un verdadero tesoro.
Tras un par de minutos en los que se limitaron a observar en silencio las reacciones del hombrecito este finalmente se calmó y tras guardar el preciado tesoro en la caja de provisiones, se dirigió muy solemnemente a su público. —Un trato es un trato. —dijo. —Aunque no creo que mi historia esté a la altura de tan magnífico regalo… pero espero al menos poder cumplir mi parte del acuerdo.
Tras decir eso se sentó sobre la esterilla con las piernas cruzadas.
Mina, Cinthya y Matt guardaron silencio con expectativa mientras Funes parecía haber entrado en una especie de estado de meditación con los ojos cerrados.
Tras unos minutos de silencio el hombrecito abrió los ojos. —Están a punto de escuchar una historia sobre los hijos de la Protocultura. —dijo mirando hacia la oscuridad, como si su público fuera más grande y numerosos y no solo los tres jóvenes que lo miraban expectantes sentados sobre el piso de metal. —Una historia de sufrimiento, guerra y dolor pero también de lucha, superación y esperanzas. Una historia que empezó hace miles de años y se propagó por toda la galaxia, como el lento fluir de un río con miles y miles de afluentes, cada uno de ellos diferente, pero llevando la misma agua, la misma esencia. Esta es mi historia, contada a través de mi propia memoria, la memoria de un Ex Archivista de la Flota Combinada Dortrad-Jen.
Me llamo Exedore y esta es mi historia.
Y también la de Virya.
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