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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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—¡Hijos de puta!
Por suerte Tass estaba cerca del piso cuando súbitamente la gravedad volvió a sentirse dentro del enorme tanque de almacenamiento de Ralph. La relativa poca masa de la chica sumado al tiempo que demoró su cuerpo en tomar velocidad hicieron que aterrizara más o menos de forma brusca sobre sus piernas.
Green no tuvo tanta suerte y cayó dentro de una parte poco profunda del estanque, levantando una gran ola esmeralda que se propagó por toda la superficie. El ojo rojo brilló intermitentemente pero se apagó en cuanto la aeronave tocó el fondo de piedras y quedó “encallada” con la mitad de su fuselaje fuera del agua.
Ralph no tuvo problemas con el cambio, simplemente apoyó sus enormes pies en el piso mientras su gigantesco cuerpo volvía a recuperar todo el peso sobre sus piernas. Inmediatamente se descolgó el rifle y tras apoyarlo contra una de las paredes cerró la pesada compuerta colocando una enorme tranca de acero para bloquear a cualquiera que intentase abrirla desde fuera. Una vez que se sintió seguro se sentó cansado en el borde mismo del estanque.
—Pensaba que me iba a encontrar todo el contenido del Onsen flotando por la cubierta. —dijo mirando el oleaje que perturbaba la superficie cristalina del agua.
Tass se dejó caer sobre una roca y suspiró agotada. —El agua tiende a mantenerse unida en microgravedad por la tensión superficial, mientras nada la perturbe no va a salir flotando de tu estanque.
Ralph levantó la vista en dirección a las plantas que colgaban sobre su cabeza. —Aunque el espectáculo hubiese sido muy interesante.
Ambos rieron de la perspectiva de flotar entre varios cientos de miles de litros de agua en microgravedad, más las risas murieron demasiado pronto; todavía no habían olvidado el peligro en el que se encontraban.
—¿Estas bien Tass? —dijo Ralph inclinándose sobre la chica. —Sucedió todo tan de repente que no pude…
—Estoy bien. —respondió la joven con un gesto de la mano. —Por suerte pudimos salir pronto de esa trampa… actuaste muy rápido.
El gigante se rascó la barba y sacudió la cabeza. —Tuvimos suerte… demasiada. Me confié y bajé la guardia en un lugar que era perfecto para una emboscada… si hubiera…
—Si no hubieras estado allí Mina y Yo ahora seriamos apenas una pulpa sanguinolenta… —La joven bajó la mirada hacia el agua. —Oh Ralph… espero que Mina esté bien.¿Crees que…?
Ralph sacudió la cabeza. —Si, no te preocupes. La corriente de aire la debe haber arrastrado hacia las cubiertas superiores, lejos de esos hijos de puta.
—Pero ahora que ha vuelto la gravedad…
—Mina sabe moverse en Microgravedad. —aseguró el obrero. —Ya se debe haber puesto a salvo en alguna de las cubiertas superiores, te aseguro que la chica esta bien, tiene muchos más sesos que tu y yo juntos.
Las palabras de Ralph parecieron tranquilizar en algo a la nerviosa joven, que seguía con la mirada las pequeñas olas que llegaban hasta la orilla. —Me pregunto por qué habran desconectado el generador de gravedad artificial. —comentó la joven.
—Nada bueno seguramente. —respondió el gigante. —Aunque a nosotros nos sirvió para escapar de esa emboscada… ¿Estas segura que no estás herida?
Tass estiró ambos brazos. —Ya te lo dije, estoy perfectamente bien. —Es por ti y por Mina por lo que estoy preocupada… por cierto ¿Te has visto el rostro?
Ralph se pasó la mano por la cara. —Esos malditos bastardos usaban proyectiles antiblindaje… no me hacen demasiado daño pero pican como mosquitos furiosos.
La joven asintió. Podía ver claramente las pequeñas manchas rojas que cubrían varios puntos del rostro del gigante, casi como un minúsculo acné adolescente.. más aquellos eran agujeros de varios centímetros de profundidad en la propia carne del rostro, causados por aquellas armas terribles.
—Balas con núcleo de Uranio empobrecido seguramente…. los malditos usan equipo de tipo militar. —dijo Tass con voz seria. —No estamos ante una banda cualquiera de Piratas espaciales.
—Evidentemente no. —respondió Ralph suspirando. —Y lo peor es que cada vez tenemos más preguntas y menos respuestas.
Tass miró la nariz vidriada del Drone que asomaba sobre el agua, ahora más tranquila tras todo el ajetreo causado por los visitantes. Las cámaras de la aeronave se posaron sobre el rostro de Tass y en los lentes de los tres sensores que formaban la “visión” principal del Drone los diafragmas mecánicos se cerraron y abrieron enfocando a la joven.
—Hablando de preguntas… hay tantas de ellas que me estoy formulando ahora.
El gigante también dirigió la mirada hacia la cosa sumergida en el estanque y se quedó pensativo varios minutos en silencio. —Conque Green… —dijo tras una larga pausa. —Oye Tass.
La joven se sobresaltó al escuchar la voz de Ralph tan perdida que estaba en sus pensamientos. —¿Qué sucede?
—Crees que…. es decir… ¿Podremos comunicarnos con ella?
Tass abrió los ojos sorprendida.
—¿Que pasa? —preguntó Ralph. —¿Dije algo malo…?
La joven sacudió la cabeza. —No es que… te has referido a Green como «Ella».
Ralph se rascó la cabeza confundido. —Supongo que sí… —dijo sin estar muy seguro. —Es como que me pareció… no lo sé… ¿Adecuado?
—No deja de ser curioso. —reconoció la joven con una sonrisa.
El gigante miró el círculo de rosas que colgaban desde la cubierta superior a casi treinta metros de altura. —Además es normal que las aeronaves lleven nombre de mujer. —reconoció el obrero.
Tass bajó la vista hacia el agua. —Jim también hablaba de su VF-17S2 como si fuera una dama… incluso me lo presentó como su mejor amiga. —dijo mientras una solitaria lágrima rodaba por sus sucias mejillas.
Ralph apretó el puño con fuerza. —Lo vengaremos. —dijo con una voz áspera, casi desconocida para la joven. —A él y a todos los demás...te lo prometo.
Pero Tass no tenía tiempo para derramar lágrimas. Se puso lentamente de pié y bordeó el estanque de aguas color esmeralda hacia la pequeña cabaña donde estaban los vestidores.
—¿Que vas a hacer? —preguntó el gigante.
—Buscar respuestas. —respondió la joven. —Necesito que me facilites el acceso a Green.
Ralph asintió con la cabeza y se incorporó en silencio. Tras examinar las opciones suspiró resignado; el camino que bordeaba el estanque era demasiado estrecho para el Drone, tendría que encontrar una forma de prepararlo sobre el agua. Una vez decidido el plan entró en el estanque y tras cruzar la zona donde el agua apenas le llegaba a las rodillas tomó tres enormes rocas de granito que decoraban uno de los extremos de su Onsen. Tras examinarlas cuidadosamente las llevó hasta donde estaba el Ghost y las acomodó con cuidado en la parte menos profunda del estanque.
—Espero que esto sirva. —dijo dirigiéndose a Green. El Drone hizo destellar la luz roja de la nariz como respuesta.
Ralph tomó al Ghost con ambas manos y tras levantarlo sobre la superficie del estanque esperó pacientemente a que toda el agua que había entrado en las aberturas de la nave escurriera por completo. Al ser una nave espacial, el agua no afectaba el funcionamiento del Drone, ya que todos sus componentes estaban sellados y aislados del exterior, así que no había diferencia alguna entre estar sumergido en el fondo de una laguna a flotar en el espacio exterior.
Tras unos minutos de espera, el gigante caminó hacia el improvisado andamio de piedras y lentamente ubicó al Ghost lo mejor que pudo.
Para su sorpresa Green desplegó el tren de aterrizaje en el momento que Ralph la sostuvo sobre las rocas. —Buena chica. —dijo el obrero depositando con delicadeza el enorme peso sobre la improvisada plataforma. Una vez que las tres ruedas estuvieron apoyadas sobre algo firme el sistema de amortiguación enderezó la nave automáticamente para compensar la diferencia de altura de las rocas.
Ralph retrocedió unos pasos y observó satisfecho el resultado.
—Buen trabajo, Green. —dijo extendiendo el pulgar hacia arriba.
El Drone movió los alerones de ambas alas en una especie de saludo y una lluvia de gotas creó, por una pequeña fracción de segundo, un arcoiris a su alrededor.
—Que me lleve el… —comenzó a decir Ralph pero fué interrumpido por Tass, quien llegaba corriendo desde los vestidores agitando un brazo en alto.
—¡Ralph!
El gigante salió del estanque y se puso de cuclillas frente a donde estaba la minúscula joven. —¿Que estabas buscando en los vestidores? —preguntó intrigado.
—¡Esto! —exclamó Tass agitando un Pad por sobre su cabeza. —Sabia que habia dejado uno aquí el año pasado en uno de los casilleros.
Ralph examinó el pequeño aparato con una mueca. —Se supone que esas cosas están todas infectadas por ese Virus o Troyano o como sea…
—¡Este no! —exclamó emocionada Tass. —Ni siquiera tenía conectada la batería.
Ralph gruño algo inentendible mientras Tass corría hacia una roca y se sentaba sobre ella con el Pad entre las piernas. Tras unos pocos segundos en donde el pequeño destornillador parecía volar y danzar entre los finos dedos de la concentrada joven, abrió la tapa del aparato y colocó dentro una pequeña batería que extrajo de su mochila.
—Ya he deshabilitado el puerto de comunicaciones inalámbricas. —dijo mientras volvía a colocar la tapa. —Así podremos estar a salvo de Red.
El gigante se limitó a extender la mano para que Tass pudiera subirse y así cruzar la distancia que separaba a Green de la orilla. Tras dejarla con cuidado sobre una de las rocas, Tass desapareció debajo de una de las alas del Drone.
—Espero que sepas lo que estás haciendo. —dijo tras escuchar el sonido frenético del teclado.
Tass no respondió, unos pequeños pitidos y zumbidos llegaron a los oídos del gigante por medio de su amplificador de sonidos. Al cabo de unos minutos la joven emergió de debajo del fuselaje mientras extendía un fino cable negro tras sí.
—Servirá. —dijo midiendo la distancia.
Depositó el Pad sobre una de las alas y activó la pantalla holográfica.
—Listo. —dijo señalando al gigante.
Ralph asintió y se incorporó de inmediato. Luego caminó lentamente por el borde del estanque hasta donde se encontraban los enormes escalones en los que solía sentarse para disfrutar de las aguas calientes. Cerca de la enorme válvula que Ralph usaba para controlar la temperatura del agua había otra llave, un poco más pequeña que la otra pero evidentemente de tamaño Zentradi.
El gigantesco obrero giró un poco la perilla y las luces del interior del enorme tanque de almacenamiento comenzaron a extinguirse una a una.
Tras unos cuantos segundos solo la luz verdosa que subía desde las profundidades del estanque daba un poco de claridad al ambiente. Ralph se incorporó y volvió a su lugar en la roca frente a Green.
—Espero que sea suficiente. —dijo.
Tass hizo un gesto con el pulgar hacia arriba y con un gesto de la mano extendió la pantalla holográfica fuera del Pad.
Un recuadro celeste se proyectó desde el aparato y se desplegó sobre el Drone, justo frente a los ojos del gigante. Ralph se volvió a rascar la barba. —¿Podremos comunicarnos con eso? —preguntó señalando la pantalla.
Tass se subió a una de las alas y agitó el brazo. Ralph extendió la mano izquierda y tras dejar que la joven se subiera la depositó con suavidad en su hombro derecho. —Ponte cómoda. —dijo con una sonrisa.
La joven se sentó sobre la hombrera del traje, justo al lado de uno de los profundos hoyos que las cargas huecas disparadas por los Piratas habían dejado en la gruesa armadura. —Sabemos que Green puede vernos y escucharnos. —dijo señalando la pantalla. —Veamos si puede comunicarse de otra forma.
Mientras tanto la pantalla se había llenado de caracteres que Ralph no reconocía ni encontraba sentido. Tass sacó un pequeño puntero láser de uno de sus bolsillos y apuntó el mismo a diferentes partes de la pantalla. Pronto el sector central quedó despejado de aquel «Ruido» informático y ambos pudieron ver un recuadro de texto con fondo oscuro.
—¿Puedes escucharnos, Green? —preguntó Tass.
«Si» —Apareció escrito con grandes letras verdes en la pantalla. Ralph levantó el pulgar en evidente signo de aprobación.
—Un buen comienzo. —dijo Tass aliviada y casi en un susurro (Por supuesto Ralph lo oyó con total claridad) —Primero es lo primero; gracias por salvarme la vida ahí fuera. —dijo señalando la puerta cerrada.
«:)»
—Yo también quiero darte las gracias. —dijo Ralph sin quitar los ojos de la pantalla. —Gracias por vengar a Andy y salvarme la vida.
«Siento mucho no haber salvado a tu compañero :(» —escribió Green.
Tass sacudió la cabeza como tratando de ordenar un poco las ideas en su cerebro. —Oye Green… —dijo al cabo de unos segundos de silencio. —Es necesario que me respondas esto primero que nada… Realmente eres la Green que conozco… ¿Verdad?
El pequeño cursor se movió rápidamente mientras el texto aparecía a una velocidad vertiginosa.
«No lo se. Solo se que Green es mi nombre y que en este momento ustedes son mis amigos. No dispongo de otra información que asegure o refute mi identidad actual»
Tass y Ralph cruzaron las miradas. —¿Eso quiere decir que no tienes recuerdos de nosotros… es decir de ella? —preguntó el gigante señalando a la joven sentada en su hombro derecho.
«Exacto. No dispongo de memorias o datos más allá de mi activación hace exactamente Cuatro horas, Veinticuatro minutos y Dieciocho segundos.»
Tass dió una patada al compuesto de Kevlar de la armadura donde estaba sentada. —Espera… ¿A que te refieres con eso? —preguntó confundida.
«Cuando mis funciones se iniciaron, sólo tenía una muy limitada cantidad de datos e instrucciones de operación» —Escribió Green en la pantalla. Inmediatamente una lista de líneas de código comenzó a aparecer como una cascada sobreimpresa al texto del diálogo. Tass movió rápidamente el puntero y detuvo el flujo de datos en un punto en particular.
—Esto es…. imposible. —exclamó mientras hacía que el punto rojo girase alrededor de una zona del texto.
Ralph miró la pantalla y luego giró la cabeza en dirección a su amiga. —¿A qué te refieres?
La joven se quitó los lentes como si no pudiese creer lo que estaba viendo a través de ellos. —Esas líneas de código… es algo que yo nunca programé en Green. —exclamó confundida. —¿Puedes mostrarme más? —preguntó.
Green proyectó más código y pronto la pantalla quedó completamente inundada de caracteres. Ralph suspiró resignado pero Tass abría los ojos cada vez más grandes.
—¿Entiendes algo de eso? —preguntó el gigante al cabo de varios minutos ininterrumpidos de ver lineas y lineas incomprensibles aparecer y desaparecer de la pantalla.
La joven volvió a acomodarse los lentes y se sentó nuevamente mientras se cruzaba de brazos. —Sí… es decir no. —dijo sacudiendo la cabeza.
—Ah… —exclamó Ralph haciendo una mueca.
—A ver… aclaremos esto un poco. —dijo Tass levantando la vista en dirección a la pantalla.
El contenido de la pantalla se borró por completo y solo quedó el cursor parpadeante. Tass soltó una carcajada ante la interpretación que Green había dado a su expresión. —Me refiero a aclarar las ideas. —dijo guiñando un ojo.
«XD»
—Ciertamente Green se “Manifestó” dentro de la Unidad de Procesamiento del Ghost con apenas un mínimo de funcionalidad a nivel software— dijo Tass pensativa. —Vimos algo parecido a eso en cuanto Red se infiltró en el Modulo de Datos, antes que intentara matarnos a Mina y a mi. —dijo mirando el enorme rostro del gigante.
Ralph escuchaba atentamente las palabras de la joven.
—Pero ahí terminan las similitudes… Green hizo algo que Red no pudo hacer y esos datos lo prueban. —explicó haciendo un gesto con la mano. —Green «reescribió» parte de su propio código a partir de esa fracción de información con la que partió al activarse.
—Eso es…. —exclamó Ralph asombrado.
Tass levantó el dedo índice. —Si si, lo se… suena a una locura pero escucha… el bloque original de esta…”Green” no contenía nada sobre una interfaz de interacción como esta. —exclamó señalando la pantalla. —Eso quiere decir que sus funciones fueron expandidas mediante la adquisición de código específico.
—Debe haberlo copiado de los servidores inalámbricos de la Rainbow. —razonó Ralph.
La joven sacudió la cabeza. —Ese es el problema… con Red acechando en cada rincón de nuestra intranet eso es imposible. Green no tuvo acceso a más código del que obtuvo cuando entró al Ghost. Ese controlador que encontré emulado en la entrada.. era un tapón que sellaba por completo al Ghost del exterior. Nada podía entrar o salir por esa antena.
—Tass… ¿Estas insinuando que Green se programó a sí misma? —preguntó confundido el gigante.
—Es la única explicación posible. —reconoció la joven encogiéndose de hombros. —Y te entiendo perfectamente, ni yo misma puedo creerlo pero… ¿Es así, Green? —preguntó a la pantalla.
«Así es»
Tanto Tass como Ralph guardaron silencio ante aquella confirmación. Si bien el gigante no comprendía ni una cuarta de lo que la joven había explicado era claro que estaban ante un hecho de características extraordinarias.
—¿Estás segura de eso? —preguntó el gigante finalmente.
La chica estiró una pierna y se masajeó lentamente mientras miraba los reflejos de la pantalla en el agua cristalina. —Obviamente necesito confirmarlo, hacer una investigación exhaustiva de esos registros… ya sabes...todo eso. —murmuró para sí.
—No tenemos esa clase de tiempo disponible. —respondió Ralph. —Esos hijos de puta podrían atacarnos en cualquier momento si quisieran y aquí estamos atrapados como ratas.
—Lo se. —aseguró Tass golpeando con la mano el hombro del gigante. —Pero solo entendiendo lo que pasó… tal vez podamos hacer que Green nos ayude.
El enorme obrero asintió. —Aún así… tengo la impresión que estamos caminando sobre hielo quebradizo Tass.
Green hizo que la luz de su proa relampagueara brevemente.
—Oye Green. —dijo Tass señalando con el puntero. —Quiero preguntarte algo más.
«Dime»
—Nos mencionaste que tras “Despertar” solo sabías unas pocas cosas… tu nombre y que Ralph era tu amigo.
«Así es»
—¿Como sabias que Ralph era en verdad tu “amigo”?
La expresión del gigante reflejó el asombro pintado en su rostro. —Tass…
Pero Green no respondió. Al contrario que las veces anteriores, esta vez la pregunta de Tass no fué contestada de inmediato, cosa que no pasó desapercibida para ambos.
Tras varios segundos una línea de texto apareció en la pantalla.
«No lo se» —escribió Green.
Ahora fue el turno de Tass de cambiar de expresión, ahora el rostro de la joven reflejaba una profunda preocupación.
—Green… aquel Zentran al que le disparaste… ¿Sabes por qué son nuestros enemigos? ¿Sabes quien fué el que te obligó a esconderte dentro de esta nave…? ¿Sabes…?
«Enemigos» —escribió Green en la pantalla. «Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»«Enemigos»…
Ralph retrocedió asustado. —Hey Tass… ¿Que demonios…?
Toda la pantalla se cubrió con aquella palabra repetida una y otra vez. Entonces vieron con horror que las compuertas de misiles del vientre del Ghost se abrieron de par en par.
—¡Green! —gritó Tass. —¡Détente!
El ojo de Green brillaba con un fulgor escarlata. Vieron como las dos turbinas se encendían y los propulsores se movían nerviosamente de un lado a otro.
«Enemigos»
—Oh mierda. —dijo una voz extraña tras ellos.
Ralph dio un salto y se interpuso delante del Ghost. El movimiento fue tan repentino que Tass casi sale despedida del hombro del gigante, por suerte pudo sujetarse de los cabellos de su amigo —¡Para ya Green! ¡Son amigos! —gritó Ralph extendiendo los brazos.
«Amigos»
La palabra parpadeó unos instantes en la pantalla. El silencio era tan profundo que se escuchaban las pequeñas olas golpear contra las rocas.
Ralph se dio la vuelta lentamente con una aterrorizada Tass colgando de los cabellos.
A unos diez metros de ellos, apenas a unos pocos pasos de una pequeña compuerta que se abría en una de las paredes había dos figuras sombrías que contemplaban la escena como paralizadas.
El gigante activó la luz del traje y el haz iluminó a los recién llegados
—¿¿¿Quinn??? —exclamó el gigante mientras se frotaba los ojos. —¿Estoy viendo visiones? ¿Que clase de broma es esta?
La mujer de cabello corto y lentes aún tenía el rifle apuntando hacia Ralph. Tras ella una también confundida Amanda se asomó portando otra arma similar. —¿Ralph? ¿Qué rayos…? ¿Como…?
—¡Amanda! —gritó Tass de alegría. —¡Aquí arriba!
Ralph se puso de cuclillas y ayudó a la joven a descender con seguridad hasta el piso. En cuanto sus pies tocaron la cubierta metálica Tass corrió hacia las dos confundidas mujeres, quienes todavía tenían las armas a medio levantar.
—¿Tass? ¿Que haces…? —exclamó la Capitán Kyle al ver acercarse a la joven de anteojos.
—¡Estas bien! —gritó la muchacha casi sin aliento una vez que la misteriosa mujer de cabello corto se hubiese hecho a un lado. —¡Oh! —exclamó deteniéndose de pronto. —¡Estás herida!
Amanda se sujetaba de Quinn y solo apoyaba un pie en el piso. —Solo es un tobillo doblado. Estoy bien. —aseguró. —Ayúdame a sentarme en una de esas rocas.
Tass dejó que Amanda se apoyara sobre su hombro y juntas fueron hasta la roca donde momentos antes ella cambiara las baterías de su pad.
Tras dejar que la mujer se sentara aparatosamente ambas suspiraron aliviadas. —Creí que no volvería a verte nunca. —dijo Tass sacudiendo la cabeza.

Quinn se colgó el rifle al hombro y avanzó en dirección al asombrado gigante, quien no dejaba de observar a la mujer con los ojos abiertos.
—Hola grandote. —dijo mientras se cruzaba de brazos a apenas unos pocos metros de la nariz del enorme obrero.
Ralph chasqueó la lengua. —¡Que un mal rayo me parta al medio…!—exclamó con una carcajada.—¡Realmente eres tu! ¡Y micronizada!
—¿Sorprendido? —respondió la mujer con una sonrisa. —No intentes ocultarlo, veo la sorpresa en tu maldito rostro… ¿Son esos agujeros de bala? —preguntó señalando la cara del gigante.
—Te perdiste la diversión. —contestó Ralph con una sonrisa.
—Oh te aseguro que no fue así, en absoluto. —afirmó Quinn sacudiendo la cabeza. —Pero yo soy un blanco demasiado pequeño como para que me llenen de plomo como te pasó a ti.
El aludido miró en dirección a las mujeres que hablaban en la piedra a la orilla del estanque. —Así que ustedes también tuvieron que abrirse paso luchando.
—Esos hijos de puta han capturado casi toda la proa de la Rainbow. —aseguró mientras giraba la cabeza a ambos lados. —¿Ese rifle de ahí es…? —preguntó señalando la enorme arma que Ralph había dejado contra una de las paredes.
—Se lo quité a uno de esos Zentradi que nos emboscaron en las Barracas. Mataron a uno de mis hombres y tuve que luchar contra ellos.
La mujer miró al gigante asombrada. —¿Tú solo contra tres? —preguntó maravillada.
—Tuve algo de ayuda. —reconoció el gigante. —Además…
Quinn vió como el gigante giraba la cabeza en dirección al Drone. La luz escarlata seguía encendida en la proa vidriada del aparato y las cámaras estaban fijas en el rostro de la mujer de cabellos cortos.
—Un Ghost. —dijo Quinn bajando el tono de voz. —Armado con misiles.
—Está de nuestro lado. —aseguró Ralph con un gesto. —Mató a uno de los Zentradis que estaba por volarme la cabeza por la espalda.
Vieron que Amanda les hacía señas para que se acercaran y eso hicieron (En realidad Ralph solo tuvo que dar dos pasos más). Los tres se reunieron a los pies de la enorme piedra donde Amanda descansaba con su pierna derecha recostada sobre un bulto de ropa.
—Tass me ha puesto rápidamente al dia en lo que ha sucedido aquí. —dijo mirando el Drone. —¿Esa cosa…?
—Todo está bien Green. —dijo Tass dirigiéndose al Ghost. —Puedes relajarte.
Green volvió a introducir el lanzador de misiles dentro del fuselaje y las compuertas se cerraron en completo silencio. Al cabo de unos minutos los reactores se apagaron y la aeronave quedó otra vez silenciosa. Solo la luz del morro permanecía encendida.
—Así que es nuestro aliado. —dijo Quinn sin estar demasiado segura.
—Es algo… complicado. —explicó Tass encogiéndose de hombros. —Trataré de explicarlo más tarde, pero por ahora entiendan que Green está en nuestro bando.
La Capitán Kyle suspiró. —Así que esta la IA de la que nos hablastes. —dijo mirando las luces rojas. —Me alegra que no haya caído en manos de los Piratas.
—Eso se lo tienes que agradecer a Ralph. —reconoció la muchacha. —Fué él quien trajo a Green todo el camino desde las Barracas.
Quinn sacudió la cabeza. Al parecer no estaba contenta con nada de aquello. —Un Ghost equipado con una Inteligencia Artificial. —dijo con evidente preocupación. —Estas cosas tienen una reputación horrible incluso con los idiotas de la NUNS. —aseguró.
—Cosas más extrañas han pasado estos últimos días. —dijo Ralph sin quitar la vista de la mujer. —¿Que rayos estas haciendo en la Rainbow, Quinn? —preguntó el gigante. ¿Donde está Lala?
—Espero que no muy lejos. —respondió Amanda con un gesto de la mano.
Ralph se rascó la barba mientras miraba alternativamente a ambas mujeres. —Van a tener que explicar muchas cosas ustedes dos. —dijo gravemente.
Quinn y Amanda se miraron por un momento. —No tenemos tiempo para charlar me temo. —dijo la Capitán Kyle mientras se enderezaba sobre la roca. —¿Han visto la transmisión de los Invasores?
Ahora fue el turno de Ralph y Tass de cruzar miradas. —¿Transmisión? —preguntaron casi al unísono.
—No lo saben. —dijo Quinn chasqueando la lengua.
Amanda suspiró. —Han tomado de rehenes a un grupo de Colonos y amenazaron con... matarlos si nos resistimos o hacemos cualquier clase de movimiento. —dijo tras una pausa.
—Hijos de puta. —dijo Ralph apretando los puños.
Tass se dejó caer de rodillas sobre el suelo de metal. —No… —dijo simplemente.
Los cuatro guardaron un silencio mortal, como temiendo que cualquier otra palabra pudiera empeorar aún más la situación.
Fue Quinn quien se decidió a romper aquel silencio. —Tenemos que hacer algo. —dijo mientras sacaba un Pad de uno de los bolsillos de su pantalón. —Aunque sea observar sus movimientos o…
—¡Détente! —gritó Tass poniéndose de pie de un salto a la vez que se abalanzaba sobre la mujer. Quinn esquivo fácilmente a la chica y quitó el aparato de su alcance. —¿Cual es tu problema? —preguntó enfadada. —Solo quiero consultar el mapa de la Rainbow.
—Haz lo que Tass dice. —dijo Ralph señalando el pequeño aparato con el dedo. —no enciendas esa cosa.
Quinn miró primero a Ralph y luego a Tass, finalmente miró a Amanda y solo cuando esta hubo asentido con la cabeza se dió por vencida. —De acuerdo… toma. —dijo pasando el aparato a la joven.
—Todos los aparatos que se han conectado al sistema informático de la Rainbow están ahora infectados. —Explicó Tass mientras abría la tapa posterior del pad y extraía rapidamente la bateria. —Incluso en modo pasivo estas cosas pueden transmitir información a nuestros enemigos.
—Eso explica cómo hicieron para encontrarme en el Depósito Central —dijo Amanda suspirando. —Toma el mio tambien. —exclamó mientras pasaba su propio Pad.
Tass repitió el mismo procedimiento con el aparato de la Capitana.
La meltran suspiró con profunda resignación. —Así que no solamente estamos aislados del resto de la Colonia fisicamente… tambien estamos aislados de todo tipo de comunicación con nuestros aliados.
—Me temo que es así. —dijo Tass examinando la batería recién removida. —Ha sido mi culpa. —dijo bajando la cabeza.
Amanda frunció el ceño ante aquella declaración. —No digas estupideces Tass. —Afirmó. —Esto no es tu culpa.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de la joven. —Es mi culpa Amanda. —Fué mi propio trabajo el que esos hijos de puta volvieron en mi contra… si yo no hubiese...
—Eres otra víctima más de esos malditos bastardos. —dijo Quinn cruzándose de brazos. —Nos las jugaron a todos, no solamente a ti.
Ralph asintió con la cabeza. —Quinn tiene razón, Tass. —dijo muy serio. —Mina me lo contó mientras tú revisabas a Green en el túnel de ventilación. Nos han utilizado a todos, incluso al viejo Gray y a los de la Barrow.

Si tu te consideras culpable, entonces todos lo fuimos. —agregó Amanda sin quitar la vista de encima de la pobre chica. —Reconozco que haber mantenido los asuntos de Unity en secreto para todos nos ha jugado en contra. —afirmó mirando a Ralph y a Quinn. —Esto debe acabarse, a partir de ahora no más secretos, debemos unirnos y actuar como un solo equipo.
El gigante abrió los ojos sorprendido. —¿No más secretos? Eso me gustaria verlo. —exclamó. —En todo caso hay muchas cosas que debemos aclarar antes de hacer algo… si es que realmente podemos hacer algo en esta situación. —agregó.
—Muchas cosas que aclarar. —dijo Quinn pensativa. —Para empezar me gustaría saber que fué de mi VF-19. —dijo mirando fijamente a la confundida Tass.
—Pregúntale a Will. —respondió Amanda mientras se refregaba los ojos cansada. —Es él el que ahora está con tu maldito avión.
Tass retrocedió asustada. —¿Qué pasa con Will? No… no entiendo.
La Capitán Kyle suspiró. —Ese contenedor donde metiste a Will para sacarlo de la Colonia… dentro había un caza variable propiedad de Unity. Quinn era la piloto designada para operarlo desde la Rainbow.
—¡Oh!
Tass comprendió de golpe todo lo que había pasado. —Entonces… ¡Lo eche a perder todo! —dijo gritando. —Si yo no hubiera…
Quinn dio un paso al frente y abofeteó violentamente a la chica. Tass recibió el golpe y cayó sentada al suelo llevándose una mano a la dolorida mejilla.
—¿Quieres callarte de una vez? —exclamó la guerrera con los puños cerrados. —Ya has oído a tu Capitán; no eres más culpable de toda esta situación que cualquiera de nosotros…
—Pero…
—¡Pero una mierda! —gritó Quinn. —Amanda tiene razón, siempre la tuvo. Todos estos secretos no han hecho más que jugarnos en contra. Cada uno de nosotros tenía sus propios objetivos y al final no hemos hecho más que estorbarnos unos con otros…es hora de dejar de llorar y aceptar nuestra situación actual. Tenemos que trabajar juntos para salir de esta. —dijo extendiendo la mano. —Ayúdanos Tass. —Pidió mientras ayudaba a la joven a incorporarse. —Todavía no nos han vencido.
Tass se puso pie y contempló en silencio a la poderosa guerrera que tenía delante. —Tienes razón. —dijo tras sacudir la cabeza.
—Ademas… ademas se lo debo a Jim. —agregó tras una pequeña pausa y sus ojos brillaron con los reflejos del estanque.
Amanda sonrió satisfecha.
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