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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Los hombres formaron una fila doble frente a las escaleras en la base de la plaza central desde donde partían las distintas rutas que salían de la cubierta residencial de la Rainbow.
Era una docena de combatientes fornidos, todos ellos portando armas de grueso calibre y armadura personal. Frente a ellos quien parecía ser el sargento de aquel escuadrón se mantenía en posición descansada apoyando sus manos en el cañón de su rifle de asalto.
Un pequeño transporte se detuvo a unos pasos de los combatientes y dos hombres bajaron de un salto.
—¿Reporte?
—Listo Jefe. —respondió el hombre colocando su rifle al hombre. —Esperamos sus ordenes.

El hombre del cráneo metálico contempló con interés las filas desordenadas y se llevó la mano al mentón para rascarse la barbilla. —Es probable que hayan barricado las escaleras en los pisos superiore. —dijo señalando la entrada.—¿Tienen el equipo para lidiar con eso?
—Tenemos antorchas cortadoras de plasma. —contestó el soldado. —Y yo tengo una carga de demolición que..
—Olvidalo. —respondió de forma cortante. —No quiero que destruyas el único acceso que tenemos al puente de mando.
—Como diga Jefe.
—Bien… avancen.
—Ya oyeron al Jefe… ¡Muevan ese culo!
La fila de hombres se puso en marcha de inmediato y tras darse un par de empujones para entrar por la angosta puerta, desaparecieron por el hueco de las escaleras.
Quien acompañaba al líder de los piratas suspiró resignado. —Buena nos la hizo esa puta…
—No hay nada que hacer… —reconoció el hombre. —Si el plan hubiese seguido como estaba previsto La Torre ya sería nuestra… y hablando de cosas no previstas.
—Nada todavía —reconoció el otro encogiéndose de hombros.
El jefe hizo una mueca de desprecio. —Dos equipos Zentradi desaparecidos en menos de cuarenta y ocho horas… no puede ser casualidad.
Una pantalla holográfica se desplegó del dispositivo de comunicación de su compañero y una representación esquemática de la zona alrededor de la Colonia Rainbow se desplegó frente a ambos hombres. —Enviamos a tres y cuatro hace algo así como media hora para ver qué diantres estaba pasando, deberíamos tener un reporte en un par de horas más.
El holograma parpadeó y desapareció, dejando pensativo al hombre del cráneo metálico.
—Doblen las patrullas. —ordenó. —Definitivamente hay algo ahí afuera y no le gustamos.
El hombre apagó el holograma y miró a su jefe con extrañeza. —¿Seguro? —La mirada que le devolvió el sujeto con la cabeza metálica no dejaba ninguna duda. —Okey okey… no se hable más… pero me gustaría tener la red EWR de la Rainbow bajo nuestro control lo antes posible.
—En cuanto el Puente de Mando sea nuestro Otako activará todos los radares de vigilancia que necesites… y hablando de Otako, ya es hora de ir a ver que hace.
Los dos hombres dieron la espalda al acceso del ascensor y se dirigieron hacia las escaleras principales que llevaban al parque.
La zona estaba fuertemente vigilada. Grupos de tres o cuatro hombres patrullaban los alrededores de la cubierta principal y también se los veía asomados por las pasarelas y las cubiertas elevadas. No se veía a ningún colono por las cercanías.
—El Remolque llegará según lo previsto. —dijo el compañero del Jefe mientras subían las escaleras. —Establecimos un punto de Defold lo suficientemente alejado del Campo para que esa anomalía de mierda no los haga pedazos.
—Eso también se solucionará cuando tengamos el control de la red de satélites… Amanda tenía a esa cosa vigilada las veinticuatro horas y sabía perfectamente las zonas donde era seguro salir del FOLD.
El hombre se detuvo y miró hacia la imponente estructura de La Torre, que atravesaba todas las cubiertas y desaparecía tras las cañerías y vigas del techo del sector habitable. —¿No habrán minado la Sala de Control… no?
El jefe sacudió la cabeza. —No, Amanda no se atrevería a dañar a su preciosa Colonia Rainbow… especialmente no ahora que estaban a punto de hacer algo grande.
—Ah…. eso. —dijo el otro con una sonrisa. —Ciertamente.
—Y es lo que resulta más raro de todo. —exclamó el hombre rascándose la barbilla. —Francamente esperaba algo más de Unity…
Los dos hombres reanudaron la subida en silencio. Al cabo de unos minutos la cubierta del Parque se abrió ante ellos.
Un centenar de personas se encontraban reunidas en el parque bajo los raquíticos árboles. Eran en su mayoría los civiles que no trabajaban en las fábricas o talleres, aunque se veían pequeños grupos de obreros aun con sus uniformes puestos aqui y alla. A su alrededor y fuertemente armados, unas tres docenas de piratas montaba guardia con sus rifles apuntando a la multitud.
—¿Se han portado bien? —preguntó el jefe observando los gestos hoscos de los hombres con los uniformes de trabajo. Vió a un par que parecían heridos, con unas cuantas vendas manchadas de sangre y alguna que otra improvisada camilla.
—En general si. —respondió el otro. —Solo unos pocos intentaron escapar hacia el laberinto pero después de matar a unos cuantos creo que ya captaron la idea. No ha habido otros gestos de valentía desde entonces.
—Bien… mejor por ellos. —contestó el Jefe.
Su compañero señaló hacia las cubiertas que se abrían más allá. —Dejamos que llevaran a los heridos más graves a esa clinica del nivel -11 y puse varios hombres a custodiar a los médicos…. fuimos lo más “piadosos” que pudimos con los Colonos ¿Cree que alguno de los técnicos quiera trabajar para nosotros?
El jefe sacudió la cabeza. —No. —dijo. —Se mantendrán leales a Amanda… al menos mientra siga viva y fuera de nuestro alcance. Unos cuantos de esos ingenieros y operarios nos vendrían de maravilla para estabilizar y reforzar la estructura del Remolque y la carga… los informes que leí no pintan para nada bien…

Continuaron caminando entre los canteros y pronto dejaron atrás a la multitud. Ante ellos se alzaban las enormes pantallas atmosféricas que en esos momentos mostraba solo las estrellas. El edificio de la escuela estaba abierto y hombres armados se podían ver asomados en las ventanas del primer piso.
Un guardia que estaba en la entrada del edificio los saludo al pasar y ambos hombres entraron en silencio a la escuela.
Los piratas habían convertido al edificio en una especie de Cuartel General provisorio. Las dos aulas del primer piso habían sido vaciadas de pupitres y bancos que ahora yacían desparramados y rotos en el patio delantero tras haber sido arrojados por las ventanas. El aula de los chicos más grandes se había transformado en una sala de reuniones y la otra aula más pequeña estaba abarrotada de computadoras y equipos de comunicaciones que los piratas habían llevado hasta alli.
Un hombre joven y flaco de pelo rizado y anteojos, apenas vestido con una camiseta blanca, pantalones cortos azules y descalzo, ocupaba el centro de la habitación rodeado de pantallas holográficas que giraban lentamente alrededor de su pálido rostro, tiñendo su piel de un irreal tono azulado. A un lado un traje espacial amarillo yacía tirado entre varias prendas de ropa y envases vacíos de comida chatarra.

—¡Eh Otako! —exclamó el Jefe tratando de no pisar la maraña de cables que serpenteaban por el piso. —¿Como va eso?
Las pantallas que lo rodeaban se apagaron de repente y el joven levantó la vista hacia el recién llegado. —Todo bien, señor. —dijo.
—Se mas especifico muchacho….
—Eh… si, bueno es Amanda Señor.
El Jefe se agachó para que su rostro estuviese a la altura de los lentes del joven. —¿Ah sí? ¿Qué novedades hay?
—Detectamos su presencia en uno de los accesos periféricos al almacén principal hará unos veinte minutos, parece ser que conoce bien las rutas donde no hay sistemas de vigilancia activos porque no ha vuelto a aparecer en las pantallas…
—Eso… está muy mal Otako..
El joven tragó saliva nervioso.—Bueno… pero al menos sabemos dónde se dirige. Envie un mensaje al grupo de Zack para que estén atentos y puedan armar una emboscada en el interior del Almacén…
El hombre no dijo nada, en cambio levantó la mirada y la dirigió hacia el globo holográfico que pendía a unos metros sobre sus cabezas. —¿Algún avance con respecto al puente?
—El Air Gapping que hay entre varios de los Sistemas de la Torre de Control limita mucho el acceso del resto de la red que...
—Otako…
—Eh… quiero decir que están físicamente separados del resto de la red, no hay conexiones directas de cables o servidores que nos den acceso al recinto desde aquí, por eso el ataque de saturación fue la única forma de obligarlos a salir.
—Acabo de enviar un grupo de asalto a asegurar las escaleras y el túnel de acceso al Puente de Mando, si todo sale bien tendrás tu maldito acceso directo en cuanto los muchachos conecten una terminal remota al servidor de arriba.
Otako se acomodó los lentes sobre la nariz mientras asentía con la cabeza. —Espero que no destrocen ninguno de los equipos de navegación o…
—No te preocupes por ello, no son Zentradi de gatillos sensibles… ah y hablando de esos brutos y al otro más bruto que están persiguiendo… ¿Que hay de ese tal Ralph? ¿Sabes dónde está?
El joven desplegó una pantalla que mostraba una cubierta de la Rainbow y el plano se transformó en una representación en tres dimensiones de los conductos de ventilación que discurrían bajo los módulos. —Entró por esta zona de conductos y se dirige hacia esa zona de trabajo que llaman Las Barracas, es una especie de dique de carenado para naves grandes ubicado en el sector Dos.
—¿Puedes bloquearle el paso antes que llegue?
—Lo he intentado, pero todas las compuertas tienen formas de apertura manual… ese gigante no tiene problemas en abrir esas pesadas esclusas de acero a mano… al menos relentizamos un poco su avance.
—Mantente en contacto con los Zentran e informales periódicamente de la posición de Ralph para que puedan atraparlo rápido, lo quiero neutralizado lo más pronto posible…. esas “Barracas” que mencionas... podría haber alguna clase de arma ahí dentro y lo único que nos falta es que un gigante armado ande suelto en el interior de esta cafetera.
—Entendido.
—Bien, ahora solo nos falta esperar novedades del Remolque y el resto de los mucha… ¿Que diablos es eso?
Otako levantó la cabeza de la pantalla y miró en la dirección que el jefe señalaba con el dedo. —¿Que cosa…? Ay mierda…. —exclamó con un gemido.
La esfera holográfica había desaparecido del techo y en su lugar una figura femenina había comenzado a descender como si hubiese atravesado el techo desde el piso superior. El total silencio reinaba ahora en el salón, solo roto por la respiración agitada del joven que observaba atónito aquella inusual aparición.
—Vaya vaya… —exclamó el Pirata rascándose la calva metálica. —¿Que tenemos aquí? ¿No es acaso tu famosa y misteriosa IA muchacho?
Red se posó gentilmente sobre el montón de basura y permaneció en silencio mirando inquisitivamente a los dos hombres.
El joven de anteojos se había quedado paralizado con la boca abierta mientras uno de los guardias miraba desde la puerta el curioso espectáculo.
—Hermosas tetas. —dijo el hombre señalando el generoso pecho del holograma. —Pero esos ojos amarillos me ponen nervioso… ¿Esta es tu idea de una mujer bella, Otako? —preguntó mirando al aterrorizado joven que se había sentado de golpe en el piso. —En fin… en cuestión de gustos… ¿Que es lo que quieres? —preguntó volviéndose hacia la mujer.
—Encontré a Tass. —dijo Red.
—Tass… —El hombre asintió satisfecho. —Esa es una buena noticia. ¿Y dónde está esa conejita…?
Red levantó un brazo e hizo un gesto delicado con la mano en medio del aire. Una pantalla holográfica se desplegó de uno de los anillos que adornaban sus finos dedos y ocupó una buena parte del aula oscura.
Mientras tanto Otako se había incorporado y espiaba desde detrás de su jefe, aun con el rostro trastornado por la sorpresa. Lo que estaba viendo en ese momento era inexplicable hasta para el.
La pantalla se iluminó y dos figuras abrazadas aparecieron juntas, como protegiéndose mutuamente mientras miraban la cámara que transmitía sus imágenes. Eran dos jovencitas ataviadas con trajes de mantenimiento, aunque el de la chica con lentes era especialmente reconocible por llevar el color azul oscuro de las operarias de la Torre de Control.
—Otako. —dijo Tass liberándose del abrazo de Mina y dando un paso al frente. —Así que es verdad.
—Ustedes dos…... ¿Se conocen? —preguntó el pirata cruzándose de brazos.
—Lamentablemente si. —dijo la joven suspirando.
—No seas maleducado Otako… sal de ahi atras y saluda a la jovencita...—exclamó el Jefe divertido.
El joven salió de atrás del corpulento hombre y se colocó a un lado, mirando fijamente la pantalla. —Tass. —dijo abriendo los ojos por la sorpresa. —Al fin te encontré.
La joven también se cruzó de brazos mientra ponía cara de pocos amigos. —Tu no me encontrastes, imbécil. Fué tu mierda de programa el que lo hizo.
—Me gusta esta chica. —comentó el Pirata con una sonrisa.
—¿Y usted quién mierda es? —preguntó Tass mirando la pantalla.
—Me llamo Greg, pero todos por aquí me llaman Jefe o “El Jefe” a secas. No creo que te resulte difícil recordarlo a ti también.
Tass y Mina se miraron sorprendidas ante las palabras de aquel hombre.
—¿Y quién es tu compañera de escondite, Tass? —preguntó el Pirata mientras examinaba a Mina, quien se había vuelto a esconder tras su amiga.
—Mina Kyle. —dijo Red con el mismo tono inerte de voz. —Es la hija de la Capitán Amanda Kyle. Al escuchar nuevamente la voz del holograma Otako había abierto la boca sorprendido.
El Jefe sonrió satisfecho. —Vaya… eso si que es interesante… una de las conejitas del puente y la hija de la Capitana… yo diría que no podríamos tener unos mejores rehenes para negociar la entrega de esa mujer de una buena vez por todas.
—¡Olvídelo! —exclamó Mina apretando fuertemente los puños sin salir de detrás de Tass. —¡Mi Madre jamás se entregará a unos asesinos como ustedes!
Sin dejar de sonreír el hombre se rascó la barbilla. —Nunca subestimes lo que puede llegar a hacer una madre por sus hijos. —aseguró . —Sin ir más lejos, la mía recibió un balazo en la cabeza para salvarme la vida. ¿No crees que es gracioso? Francamente a veces deseo que no hubiera sido así… pero entonces yo estaría muerto y… ¿Que sentido tiene? Ah.. el destino es tan estúpido a veces...
Mina abrió la boca pero la cerró enseguida sin nada que decir.
—En fin, no eres tu la que me interesa de momento preciosa, tengo gente que se está ocupando personalmente de lidiar con la Capitán Kyle ahora mismo.
Tass levantó el puño en dirección a la cámara que transmitía su imágen. —No se saldrán con la suya… si creen que nos han vencido…
—Te vencimos, literalmente los hicimos mierda. —respondió el hombre levantando su dedo índice. —En realidad… bueno, parte del crédito es del pobre Otako aqui detras mio, creo que deberías compartir un poco tus alabanzas con él..
El susodicho se puso derecho y se aclaró la garganta. —Así es… todo ha salido tal cual lo he planeado.
—Oh vete a la mierda tu también Otako. —exclamó Tass haciendo un gesto obsceno. —De seguro se trata de algún script (1) que bajaste de la Galaxy Network ¿No es asi como haces siempre tus hackeos? ¿Con el código y trabajos de otros…? ¿No es eso lo que hacen los Script-Kiddie (2)?
El joven golpeó con el puño uno de los servidores mientras el rostro se le ponía rojo de ira. —¡Callate! —gritó a la pantalla holográfica. —¡Te vencí! ¡Hackee tu sistema y tomé el control de la Colonia! ¡Reconoce tu derrota y admite que soy superior a ti!
Tass se cruzó de brazos en actitud desafiante. —¿Ah sí? ¿Usando mi propio código? ¿Que otros Scripts has copiado y pegado a la versión 0.370029b?
El rostro de Otako pasó del rojo al blanco. —¡Tú me distes eso! ¡Fue un trato justo!
—Si… y me siempre me arrepentiré de ese dia, maldita basura. —dijo Tass apretando los dientes. —Si hubiera sabido para qué ibas a usar esa cosa…
El joven sonrió mostrando todos sus dientes. —Debí haber exigido más… sea lo que sea que ustedes obtuvieron de la Flota Galaxy de seguro valió la pena el riesgo. ¿Que fué? ¿Tecnología? ¿Planos? ¿Información vital para Unity...?
—Solo una Rosa de Eden. —dijo Tass suspirando. —Solo fuimos a buscar una rosa.
Otako frunció el ceño. —¿Me estas tomando por idiota? Te di planos e información de los sistemas de seguridad de la principal Corporación de Biocibernética de la Flota Galaxy… ¿Para buscar una simple flor?
—No te tomo por idiota… definitivamente lo eres….un completo y funcional imbécil de los pies a la cabeza. —exclamó la joven a la pantalla.
El rostro del muchacho volvió a ponerse más rojo que antes pero el Pirata extendió el brazo y lo sujetó por el hombro. —Basta Otako. —dijo moviendo la cabeza. —Y tu jovencita… tanto orgullo no es bueno para alguien como tu, puedes convertirte en una vieja amargada como la Capitana si no cambias de actitud.
—Vayase a la mierda.
—No. —dijo el hombre y la sonrisa se le borró del rostro. —Vete tu a la mierda preciosa. Este Nerd al que tratas de forma tan penosa le salvó la vida a mucha de la gente de esta mierda de Colonia. ¿Crees que todo este juego de hackers, troyanos y… cosas. —dijo señalando al holograma de Red. —¿Crees que la gente como nosotros se dedica a montar pantomimas y engaños de esta clase? No querida, si no fuera por Otako hubiéramos atacado a la Rainbow desde todas las direcciones posibles, hubiésemos abierto agujeros por todo el casco y mis gigantes Zentradi habrian aplastado a toda esa mierda que llamas “Colonos” hasta que se cansaran de zapatear sobre las tripas. Así como lo ves, el plan de este joven les ahorró un montón de muertes innecesarias. ¿Sigues pensando igual después de saber eso?
Tass apretó los dientes y no respondió.
—Ya me parecía. —dijo el jefe volviendo a cruzarse de brazos. —No eres tan estúpida después de todo.
—¿Como lo hicistes? —preguntó la joven sin apartar la vista del piso de metal. —¿Como entrastes al sistema…? Al menos dime eso.
El joven llamado Otako se sentó sobre un enorme rollo de cable de red apartando momentáneamente la vista de la pantalla. —El mérito fue de la Inspectora Ross. —dijo mirando a su jefe. —Ella y el piloto fueron los que inyectaron el Troyano a la Colonia.
Tass abrió los ojos sorprendida. —Imposible. —dijo moviendo la cabeza. —Los Protocolos de seguridad…
—Ninguno de tus protocolos pudo hacer nada contra un ataque de tres frentes. —dijo Otako volviendo la vista a la pantalla. —Las computadoras de matriz cuántica del VF-17S2 están especialmente preparadas para desencriptar código y los idiotas de la NUNS permitieron que una compañía civil tuviera acceso de Administrador para montar su software de análisis. Solo tuvimos que penetrar los sistemas de una pequeña oficina en un suburbio de Eden, instalar un Backdoor en uno de los Datapads de uno de sus inspectores y esperar el momento adecuado.
Tass guardaba silencio, escuchando sin poder creer lo que aquel odiado personaje estaba diciendo en ese momento.
—Por supuesto el éxito del plan dependía de tener acceso a la clase de hardware adecuado. —explicó Otako cruzándose de brazos. —Los VF-17S2 son naves tan especializadas que no cualquiera tiene acceso a ellas… lograr que sea uno de los pilotos del Escuadrón Ámbar de Enlace Situacional de la Base Orbital New Dallas y no cualquier otro “Marroncito” el que hiciera el trabajo requirió de un elaborado uso de Ingeniería Social…
—Las palabras difamantes puestas en el oído adecuado siempre hacen el trabajo. —explicó el Jefe mientras asentía con la cabeza. —Esos militares siempre se muerden entre ellos cuando no tienen a quien dispararle delante, así que solo fue cuestión de “sugerir” una forma de humillación ejemplar frente a personas a las que el Escuadrón Ámbar no les caían precisamente bien.
El joven se acomodó los lentes sobre la nariz mientras sonreía a la pantalla. —Una vez que la Inspectora Ross instaló el software en el VF-17S2 mi IA hizo el resto, preparando el terreno para la operación. Nosotros no podíamos monitorear directamente la infiltración de los sistemas, por eso usé una IA especializada en infiltración y desencriptación de datos. Una vez que La Inspectora y el piloto abandonaron Edén y quedaron fuera de la protección del Firewall de su base, entonces un mensaje fue transmitido y toda esta operación comenzó.
—Hablaste de tres frentes. —dijo Tass rompiendo el silencio. —Si el VF-17S2 fue uno, el Pad de Cinthya fué el otro… ¿Cuál fue el tercero?
—La Rio Grande. —dijo Otako.
—Imposible. —aseguró Tass. —Gray no conecta las computadoras de su nave en ninguna red insegura. Podrá ser solo un piloto de carga pero no se toma a la ligera lo que hay dentro de los sistemas de su nave.
—Ya lo sabemos. —dijo el pirata con gesto aburrido. —Pero por suerte hay una instalación lo suficientemente vieja y desactualizada por aquí cerca donde ese piloto atraca y baja la guardia por un rato.
—La Barrow. —dijo Tass casi en un susurro. —¿Que mierda…? ¡¿Que han hecho con Leonardo?! —gritó agitando el puño frente a la pantalla.
—Yo me preocuparia mas por mi vida que por la de unos viejos ermitaños si fuera tu. —dijo el pirata. —En fin, una vez que la Río fue nuestra no solo pudimos usar su conexión “segura” con la Torre de Control de la Rainbow para inyectar a nuestro caballo… digo Yegua de Troya— exclamó el hombre señalando los pechos de Red. —También fue la oportunidad de Otako de crear esa falsa emergencia y aprovechar la confusión para insertar dos contenedores llenos de mis mejores hombres armados hasta los dientes. Como ves fué un magnífico plan.
Pero Tass no respondió, en cambio se dió vuelta y encaró al holograma de Red que también era visible para ambos piratas. —¿También matastes a Leonardo y a sus compañeros? —pregunto.
—Si.
Mina cayó de rodillas sobre el suelo del módulo. Conocía a Leonardo desde hacía muchos años ya que muchas veces habían mantenido correspondencia y compartido puntos de vista sobre la historia de los humanos y Zentradi. —Leonardo… —dijo entre lágrimas.
Tass apretó los puños y cerró los ojos. No quería llorar y las lágrimas empujaban desde dentro. Tantas muertes, tantos amigos asesinados.
—Malditos. —dijo mirando la pantalla. —Salvajes, asesinos… bestias. ¡Eso es lo que son!
—A eso nos dedicamos. —respondió el Jefe Pirata. —Pero te aseguro que de esas muertes y las de tu amigo piloto yo no me considero responsable. —aseguró con seriedad. —Eso es cosa del programa de Otako.
—Y ella hablaba de moral. —dijo Tass con el rostro rojo por la furia. —Haz corrompido todo lo que amaba Otako. —dijo sacudiendo la cabeza. —Tu mierda de IA ha mancillado hasta las mismas palabras que usa. ¿Moral? ¿Que clase de base de datos haz cargado en Red, Otako? Solo basura y archivos corruptos me temo.
—¿Red?
Otako sufrió un escalofrío al oír la voz de su Jefe.
—Haz dicho…¿Red? —preguntó el hombre acercándose a la pantalla.
—Ni siquiera es un nombre original… seguro que lo copió de la IA que borró de mis sistemas.—dijo Tass suspirando.
El joven se puso de pie de un salto y retrocedió asustado. —Espera… eso es.
—Tú. —dijo el hombre dándose la vuelta a la vez que señalaba el holograma. —Si tú.. ¿Cómo te llamas?
—Me llamo Red. —respondió Red.
Un grito resonó en el aula. Otako salió volando hacia una de las paredes tras recibir de lleno en el rostro un terrible golpe de puño por parte de su Jefe. Tass y Mina quedaron boquiabiertas al ver lo que estaba sucediendo en la pantalla.
El joven golpeó contra los estantes y cayó al suelo en medio de una lluvia de papeles y útiles escolares.
—¿Que te he dicho? —dijo el hombre avanzando lentamente hacia el joven que se había colocado en posición fetal en el suelo. —¿Acaso lo has olvidado?
—¡No! ¡Nooo! —gritaba Otako tratando de proteger su cabeza.
El hombre estiró la mano y agarró al infeliz de los cabellos, alzandolo en el aire hasta que sus pies quedaron balanceándose a varios centímetros del suelo.
—¡Nada de nombres! —gritó el Pirata. —¿Ya lo olvidaste? ¡Esta no es una de tus “Waifus” virtuales! ¡Es un PRO-GRA-MA! —exclamó resaltando cada sílaba. —Te prohibí EXPRESAMENTE que le pusieras nombres a estas cosas… ¿Y TE ATREVES A DESOBEDECERME?
El Jefe no dejaba de sacudir en el aire al desgraciado joven, quien había comenzado a sangrar profusamente de la nariz.
Las cosas parecían haberse puesto muy difíciles para Otako pero en aquel momento una serie de pitidos hizo que el hombre soltara los cabellos del joven, quien de inmediato cayó al suelo y se envolvió como un ovillo.
—¿Qué sucede? —dijo el Jefe Pirata contestando la llamada del Pad adosado a su muñequera izquierda. —Si, creo que si…. espera. —dijo dándose la vuelta. —Tu, Red… como sea que te llames ¿Puedes darme señal de video de esto? —dijo señalando el Pad.
Red permaneció inmóvil mientras una segunda pantalla se materializaba al lado de la primera, donde Tass y Mina contemplaban con horror los acontecimientos.
La imagen de un hombre que vestía armadura de combate apareció en la misma, se había quitado el casco y unas gotas de sudor asomaban entre las arrugas de la piel de la frente.
—Muestrame. —dijo el Jefe.
El hombre asintió y estiró la mano hacia la cámara, haciendo que la vista cambiara vertiginosamente hasta enfocar lo que parecía el interior de un depósito.
—¿Pero que mierda…?
Una docena de cuerpos apareció en la pantalla, la sangre era claramente visible alrededor de cada cadáver y varios piratas habían comenzado a revisar los cuerpos para despojarlos de las armas y equipos más útiles.
—¿Que rayos ha sucedido ahí abajo? —preguntó.
La cámara volvió a moverse, llevada por el pirata que había realizado la llamada. La imagen mostró como se acercaban a un cadáver más grande que el resto, enfundado en una pesada armadura negra.
—Zack. —dijo el hombre. —O al menos lo que queda de él.
La cabeza del pirata estaba destrozada y poco quedaba de lo que asomaba por fuera de la armadura. La cámara sin embargo enfocó una de las manos, cubiertas por esos grandes guantes negros. —Mire eso Jefe.
Un mechón de cabellos azules asomaba entre los dedos muertos.
—Amanda. —dijo el Jefe con voz tensa. —Esa mujer…
Hizo un gesto con la mano y la pantalla se apagó, quedando solo la pantalla que mostraba el interior del módulo y a las dos jóvenes en su interior.
El Pirata suspiró y se dirigió hacia la pantalla. —Bueno… creo que es hora de ponernos serios con esto. —dijo mirando a las jóvenes. —No hay tiempo para juegos y mi paciencia se está acabando…. ¿Red?
—¿Si? —preguntó el holograma clavando sus ojos en el Pirata.
—¿Puedes matar a esas dos? —preguntó señalando las figuras en la pantalla. —No creo que las necesitemos más.
—Si.
—Entonces hazlo. —respondió el hombre dándose la vuelta.
La pantalla se apagó de repente y las luces del aula volvieron a encenderse. Sin detenerse a mirar atrás Greg, el Jefe de los piratas, pasó por encima del paralizado Otako y se dirigió hacia la puerta dando grandes zancadas. El guardia que estaba apostado allí lo saludó y lo escoltó fuera del edificio.
En aquel mismo instante pero del otro lado de la Colonia, la grúa que sostenía el módulo Datacenter Clase II se activó en forma remota y una orden entró a la computadora que controlaba la operación de la enorme pluma.
«Abrir»
Los cables se soltaron y todo el módulo cayó al vacío en medio de los gritos de terror de las jóvenes atrapadas en su interior.

1.En la jerga Informática, un conjunto de instrucciones para ejecutar en un sistema
2.Literalmente “Chico-Guión”, Nombre despectivo en la jerga informática.
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