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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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¿Era la pregunta de la guerrera o la forma insolente en que la formuló lo que hizo que Breka-Nel sintiese por un instante un relámpago de ira? El gigante supo enseguida la respuesta pero no había tiempo para eso. Asuntos más importantes requerían su atención, como por ejemplo, su inminente destrucción.
—No lo se. —respondió mirando fijamente la pantalla donde la diminuto figura de Maya y su Archivista se proyectaban frente a su rostro. —El campo de batalla es un verdadero caos y el contacto se perdió hace más de diez minutos.
—¡Debura! —exclamó Maya golpeando los controles con su puño.
El rostro del gigante hizo una mueca que podría traducirse como desprecio. —¿Acaso importa ya el destino de esa guerrera? Hemos fracasado, seremos aniquilados en poco tiempo, ahora nuestra única prioridad es causar la mayor cantidad de daño al enemigo.
Aquella revelación cayó como un balde de agua fría en la cabeza de la joven guerrera.
—¿Que ha dicho? —exclamó con la boca abierta por la sorpresa.
—El combate se ha perdido. —repitió el Comandante. —Ahora deje de perder el tiempo y vuelva a la batalla… o quedese ahi y muera sin hacer nada.
Exedore sintió como los músculos del cuello de la Meltran se tensaban de pronto.
—¿Exelen… Maya….?
La guerrera había tenido suficiente. O insultaba a su superior con la palabra más ofensiva que encontrara (y por un momento pensó en que debería preguntarle al Archivista cual podría ser dicha palabra) o se ponía a buscar a Virya por sí misma.
Obviamente la segunda opción era la única elección posible.
—Archivista Exedore. —Maya desvió la mirada de la imagen del Comandante. —Deme la última posición conocida de Virya.
—Si Almirante..
Los apéndices del Archivista se movieron con rapidez sobre la interfaz de la cabina y una serie de vectores y zonas aparecieron resaltadas en el mapa.
—Es un registro de los últimos movimientos registrados pero…
—Suficiente, vamos allá.
No había terminado de decir aquello y las poderosas turbinas del Rau los lanzaron hacia delante, cruzando como un rayo entre los disparos enemigos.

La batalla continuaba entre las enormes rocas destrozadas y restos de naves capitales de uno y otro bando. La línea defensiva de los Zentradi se había replegado hasta casi el mismo centro del complejo de factorías que rodeaba el anillo de asteroides alrededor de la pequeña estrella. Las estructuras que se usaban para anclar los cruceros recién construidos estaban en ruinas, pero Breka-Nel les habia encontrado un ultimo uso ante la derrota inevitable; ahora eran una especie de trincheras y posiciones defensivas tras los cuales las últimas naves Zentradi se protegían de la artillería enemiga.
Las fuerzas del Ejército de Supervisión habían penetrado varios kilómetros entre las factorías y la abundante cantidad de escombros y rocas que flotaban en medio de aquel caos no permitían que los grandes destructores maniobrasen para apuntar sus grandes cañones. Solo las naves más pequeñas equipadas con artillería de punto pudieron avanzar entre las ruinas del complejo, listas para rematar a los sobrevivientes.

Maya observó la disposición del Campo de batalla pero no pudo sacar ninguna conclusión al respecto. Su mente ardía en deseos de batalla pero los símbolos y datos que aparecian en la interfaz de su cabina no le decían nada, simplemente no podía interpretar aquella información.
Pero Exedore si podía hacerlo.
—Los enemigos estan penetrando por tres zonas principales. —exclamó el Zentran mientras su tentáculo bailaba sobre las piernas de Maya. —Breka-Nel no tiene forma de bloquear esas brechas… y nosotros tampoco.
La Meltran apretó los dientes. y cargó sobre los enemigos que tenia mas cerca; un grupo de naves de asalto que intentaba flanquear uno de los astilleros destruidos para posicionarse mejor. Todo el frente de la primer nave y su arma principal quedó destrozado con las primeras ráfagas del cañón del Rau y el resto del escuadrón se abrió enseguida para ponerse a resguardo. Maya sabía que la primera nave estaba neutralizada así que la ignoró y se concentró en perseguir a las demás, tratando de maximizar la efectividad de sus armas con cada disparo y cada maniobra.
Exedore no quitaba la vista del mapa de la zona de combate. A diferencia de su compañera el sí comprendía los intrincados movimientos de cada uno de los puntos parpadeantes que aparecian o desaparecian según la intensidad de la interferencias enemigas. Donde Maya solo veía desorden, él en cambio distinguia patrones, vectores y zonas bien definidas, así como también las posibles rutas que los enemigos podían tomar para sorprenderlos.
—¡Debura! —exclamó de pronto al observar el registro de batalla.
—¿Qué sucede ahora? —preguntó la guerrera mientras destruía una armadura con un certero disparo a la cabina del desgraciado soldado.
—Estoy analizando los registros de la batalla en busca de las últimas posiciones de Virya. —respondió el Zentran.
—¿La has encontrado?
El Archivista negó con la cabeza. —No pero… estoy viendo algo sorprendente… ¡Virya reagrupó nuevos escuadrones en medio del combate!
Maya no comprendía de lo que estaba hablando el Zentran, pero aquello parecía importante. —¿A que se refiere…?
—No lo se. —reconoció Exedore. —Es algo que solo podría haber hecho Kreegan o el propio Dortrad-Jen… no comprendo como esa Meltran…
—Es Virya. —dijo Maya sin dejar de disparar. —A estas alturas nada de esto debería sorprendernos.
Exedore asintió pensativo. —Si… en eso tiene razón Almirante…. me pregunto si podremos hacer lo mismo
—Hágalo. —La orden salió sin pensarlo. —Todo lo que pueda hacer para ganar tiempo…
El Archivista se puso manos a la obra de inmediato. A diferencia de lo que había hecho Virya con anterioridad, la interfaz biológica de Exedore estaba mejor adaptada para manipular datos en forma tridimensional. En pocos segundos reagrupó todos los contactos que estaban en el rango de sus sensores y asignó nuevos vectores a los recién formados escuadrones.
—Voy a crear grupos de choque para detener las rutas de penetración enemigas.—dijo mientras las listas de unidades cruzaban a velocidades altísimas en las pantallas frente a su rostro. —Eso nos dará algo de tiempo.

Maya se lanzó hacia el centro del campo de batalla, allí donde las tropas enemigas que llegaban desde el exterior del anillo de asteroides chocaban de frente contra las improvisadas barricadas que Breka-Nel había levantado alrededor de las factorías principales. Atacó con toda su furia en medio de un grito de éxtasis de batalla, arrasando en pocos segundos con la vanguardia de las tropas enemigas, tomadas por sorpresa por la enorme velocidad del ataque del Rau.
—Necesitamos reforzar los flancos de esta área. —gritó Maya mientras esquivaba el fuego enemigo. —¡Nos están rodeando!
—¡De inmediato Almirante Maya! —Exclamó el Archivista contagiado de la excitación de la piloto. Estaban rodeados de unidades aliadas, casi todas ellas separadas de sus antiguos escuadrones, girando sin rumbo y disparando al primer blanco que se pusiera por delante de sus armas. Exedore creó rápidamente una media docena de escuadrones de armaduras que desplegó a cada uno de los laterales de los enormes astilleros.

El combate se volvía cada vez más violento. Impedidos de usar la artillería y con el movimiento severamente restringido por los desechos, las naves del Ejército de Supervisión comenzaron a quedar rezagadas en los puntos de choque que Exedore había formado con su movimiento de tropas. Ahora se luchaba armadura contra armadura, peleando por cada metro cuadrado de espacio y utilizando cada roca, cada trozo de casco a la deriva como cobertura para atacar y ocultarse del fuego enemigo.
Los Queadluuns Meltran tenían la ventaja en esa lucha y Exedore había creado los escuadrones teniendo en cuenta la composición y tipo de máquinas involucrados en aquella lucha cuerpo a cuerpo. Las ágiles armaduras Meltran podían moverse con libertad entre el laberinto de desechos y elegir a los blancos uno a uno, atacando a la desprevenida infantería desde los ángulos menos pensados.
Lamentablemente sus tropas no eran lo suficientemente buenas y a pesar de la ventaja estratégica que Exedore había creado, seguían estando superados ampliamente en número.
Sin pausa el enemigo continuaba avanzando y no importaba cuantas naves o armaduras Maya abatiera, siempre aparecían uno o dos nuevas para reemplazar las bajas, una y otra vez.
El Archivista no podía seguir el ritmo de aquella batalla. Su cuerpo no estaba diseñado para soportar las tensiones a las que el combate en el espacio y a aquellas velocidades demenciales sometian el pequeño cuerpo deforme. Luchando por mantenerse consciente, el Zentran continuaba monitoreando el campo de batalla en busca de una pista sobre el paradero de aquella máquina roja.
—¡Debura! —exclamó la guerrera por cuarta o quinta vez cuando notó las balas rozando partes de su armadura. hasta entonces había evitado ser impactada pero su suerte estaba empezando a acabarse. El Rau estaba comenzando a acercarse al límite de operatividad y el reactor mostraba signos de recalentamiento. Se estaban quedando sin tiempo.
—¿Donde estas Virya? —se preguntaba la joven mientras volaba de un sitio al otro, siempre atacando, siempre esquivando. Sus ojos se movían de un lado al otro de la pantalla principal recorriendo el campo de batalla en busca de una pista, una indicio… El Rau rojo de Virya no aparecia por ningun lado. Simplemente se había desvanecido ¿Había sido desintegrado por una descarga de energía? pensar en aquella posibilidad hacía que los dientes de Maya se apretaran cada vez más. No no podía ser cierto.
—¿Ha encontrado algo? —gritó por sobre el rugido del reactor pero Exedore no la escuchó.
El frágil cuerpo del Zentran apenas podía tolerar las terribles fuerzas de aceleración que se producían en la pequeña cabina. Maya tenía su traje especial y la propia armadura creaba un campo de nulidad gravitacional que apaciguaba un poco lo terribles efectos de los giros y volteretas que el Rau hacía mientras repartía muerte y destrucción por todo el campo de batalla. El traje de Exedol apenas podía mantener la forma de su retorcido cuerpo, que había quedado pegado contra el fondo de la cabina a medida que el combate se volvia mas violento, mas desesperado.
Maya estaba en medio del frenesí de combate y no reparó en el momento en que su Archivista se desvaneció víctima de las enormes fuerzas G que, prácticamente drenaron la sangre de la cabeza del Zentran.

—¡Deculture! —exclamó.
¿Había muerto? ¿O estaba en una especie de sueño suspendido? Exedore no podia creer lo que estaba viendo.
Por debajo de su… ¿Cuerpo? La cabina del Queadluun se había vuelto casi transparente… como una especie de cristal lechoso donde los componentes internos y sus ocupantes podían verse a la perfección desde el exterior.
Si, aquel era el… una especie de bulto aplastado contra las paredes traslúcidas que los encerraban. Curiosamente todo estaba inmóvil… no, inmóvil no, el universo se movía a su alrededor, era el propio Exedore, o más bien su “Punto de vista” el que estaba anclado a la armadura mientras Maya luchaba contra el resto de los enemigos.
—Que… interesante. —dijo mientras examinaba los alrededores.
Era la misma escenografía que Maya y él habían contemplado dentro de las vainas conectadas al Núcleo de la fallida Superfortaleza. Era aquel espacio interdimensional, donde sus mentes se proyectaban dejando atrás sus cuerpos, momentáneamente congelados en un una especie de trance.
Podía ver todo el campo de batalla y a los combatientes, de pronto convertidos en esferas de luz, apenas un reflejo de las conciencias que se reflejaban en aquella dimensión. Entonces lo recordó.
—Virya. —dijo. —Debo encontrarla.
Exedore se concentró en el rostro de la guerrera, en lo que recordaba haber visto durante su experiencia en el Núcleo. Virya, aquella guerrera que se movía como una centella, cuya apariencia parecía cambiar con cada giro, con cada maniobra. ¿Podría encontrarla en medio de aquel caos?
No podía cerrar los ojos en aquel lugar, pero lo intentó… o mejor dicho, pensó en hacerlo.
El paisaje cambió ante su mirada, volviéndose más estrecho a medida que su vista se enfocaba, que su mente se concentraba en diferenciar cada pequeño punto de luz en búsqueda de aquella extraña configuración de esferas que había visto danzar como si fueran una sola.
—Virya… ¿Donde estas…?
El movimiento errático de Maya sumado a aquella extraña distorsión temporal hacían casi imposible la tarea de encontrar a la guerrera, pero Exedore no se rindió tan fácilmente.
Sabía por los registros de telemetría que el Rau envió durante toda la batalla que en el momento de desaparecer, Virya había estado atacando los grandes cruceros de batalla para inutilizarlos desde dentro. Eso hacía que buscarla en el interior del complejo, donde las naves más pequeñas y la infantería combatían en el reducido espacio, no tuviera mucho sentido.
¿Pero cómo comunicar aquella información a Maya? Exedore no tenía un cuerpo, ni siquiera boca. No podía golpearle el hombro o siquiera interactuar con la interfaz de la cabina… estaban en dimensiones separadas… ¿Entonces?
—Maya. —pensó clavando la vista en la Meltran que se veía a través de la transparente armadura. —¡Maya!
Hubo un leve estremecimiento en el cuerpo de la joven guerrera ¿O solo fué una sacudida por las maniobras? El Archivista se concentró.
—Maya… ¿Puede oírme?
Esta vez la joven movió la cabeza de un lado a otro, ciertamente confundida.
—¡De-Deculture! —pensó el Zentran. —¡Podía escuchar sus pensamientos! Aquel descubrimiento era asombroso, pero no era el tiempo de estudiar o incluso tratar de comprender aquel fenómeno, ahora tenían que sobrevivir y la clave era aquella misteriosa guerrera perdida
—Virya no está aquí, debemos ir al exterior del anillo.
Maya se dió vuelta y echó una mirada al desvanecido Archivista ¿Comprendería lo que estaba pasando? Sin posibilidad de escuchar lo que la guerrera respondía, Exedore no tenia mas remedio que esperar a que Maya actuara de forma apropiada.
—Haga lo que le digo, es nuestra única oportunidad de encontrarla…. yo… yo voy a guiarle de algún modo.
Maya volvió la vista al frente y pareció tomar una decisión en aquel momento. La armadura dió un giro de ciento ochenta grados y salió disparada hacia una de las entradas donde las tropas aliadas habían creado una especie de embudo táctico.

Se combatía aún más ferozmente en aquel reducido pasaje entre las enormes rocas que quedaban tras la destrucción de una de las factorías que Virya había usado como improvisados arietes. Las armaduras enemigas atacaban en oleadas y apenas eran repelidas por el fuego combinado de los escuadrones que Exedore había situado a cada uno de los lados del pasaje. No obstante era tal el caudal de enemigos que ingresaban por el paso que inevitablemente las defensas eran desbordadas continuamente.
Maya se zambulló hacia el pasaje en cuanto el fuego amigo hizo una pausa entre salva y salva, momento en que la armadura violeta pasó a toda velocidad como una centella verde entre las confundidas tropas invasoras.
Inmediatamente fueron recibidos por fuego de artillería de los cruceros y naves de combate que esperaban fuera del cinturón el momento oportuno para entrar.
Maya era demasiado rápida para esas armas, la mayoría cañones de artillería destinados a abatir enormes y lentas naves de combate, no una pequeña armadura que se movía a increíble velocidad entre la flota.
En cuanto el Ejército de Supervisión comprendió que estaba dañando a sus propias naves con fuego amigo intentando en vano alcanzar al escurridizo Queadluun, los disparos cesaron y un enjambre de armaduras salió prontamente de los hangares en persecución de aquel osado enemigo solitario.
—Gana todo el tiempo que puedas. —dijo (O pensó) Exedore mirando preocupado el enjambre de puntitos de luz que venía tras ellos.
Maya no respondió, pero sus maniobras de evasión se volvieron más salvajes, más osadas.
La guerrera se había convertido en una piloto extremadamente hábil. ¿Cómo había podido Virya captar el potencial de la joven de forma tan precisa? Era otro de los misterios que rodeaban a aquella Meltran, su capacidad de ver lo que estaba oculto a simple vista.
¿Pero acaso debía sorprenderse por ello? En los últimos días no habían sucedido más que que cosas asombrosas… y ahora aquella especie de habilidad de usar el espacio FOLD para comunicarse entre ellos…
Exedore se hubiese golpeado la enorme cabeza si solo tuviera manos en aquel estado de consciencia. ¡Esa era la respuesta! ¡Debía intentar comunicarse con Virya de la misma manera que lo había hecho con Maya! ¿Podría hacerlo?
Se concentró, de la misma forma que había hecho con Maya pero esta vez al no tener un cuerpo al que mirar debió recrear en su mente el rostro de la guerrera. Virya ¿Que era lo más destacable de esa guerrera? ¿Su insubordinación? ¿La iniciativa que mostraba? ¿Su desdén por el peligro? No, aquellas cosas eran singularidades que apenas formaban parte de la personalidad… había algo más… profundo, más característico.
Exedore pensó en la corrupción, en el desorden genético que como un estigma manchaba no solo el cuerpo de la Meltran, sino también su propio cuerpo.
La corrupción había cambiado la fisonomía de Virya, dándole características de Meltran y Zentran en un mismo cuerpo. ¿Era aquello lo que había captado la curiosidad de Maya? ¿Debía pensar en eso para encontrar a la guerrera?
Virya apareció desnuda en la mente del Archivista, su musculoso cuerpo iluminado por las luces blancas de la fortaleza de Dortrad-Jen, su rostro sin rastros de emoción alguna, solo observando, aguardando la muerte segura que el Comandante Supremo nunca llegó a dispensar.
Más que verlo, lo sintió. En una de las esquinas de su acotado campo de visión. ¿Que había sido eso?
—Estribor. —dijo Exedore y Maya viró casi simultáneamente. Era como si la orden se hubiese transmitido directamente en el cerebro de la joven y de allí a los músculos que controlaban la velocidad y rumbo de la armadura.
Estaba seguro haber visto algo en aquella dirección… más sólo había ruinas y rocas flotando por doquier..
¿Y si Virya estaba muerta?
La mente del Archivista era una entidad analítica al ciento por ciento ¿Como es posible que una explicación tan simple solo apareciera como una alternativa recién ahora? Debería ser la explicación más simple (y lógica) al problema de la desaparición de la guerrera…
Y sin embargo algo le decía que tenía que estar viva… (y no saber qué era eso exactamente hacia que el Zentran se sintiera aun mas confundido)
El Queadluun penetró en una zona llena de escombros y restos de cruceros destruidos seguido de cerca por dos docenas de armaduras de combate. Maya se vió obligada a reducir la velocidad para poder maniobrar entre aquellos despojos con seguridad, momento que fue aprovechado por sus perseguidores para separarse en grupos y así poder atacar en varias direcciones.
—Esto no me está gustando nada. —dijo Maya mirando nerviosamente los puntos de luz naranja que se habían desviado a cada lado de su trayectoria.
No podía hacer nada más que seguir volando en la dirección que había indicado Exedore. ¿Cómo podía comunicarse directamente en su cabeza? Aquella sensación le resultaba similar, era como se habían comunicado dentro de las vainas allí en el Núcleo… pero ahora estaban fuera, en medio de la batalla y en sus respectivos cuerpos ¿Que estaba sucediendo?
No tuvo más tiempo para pensar en ello. Una ráfaga de disparos provenientes desde algún lugar por debajo de ellos forzó a la Meltran a hacer un nuevo giro.
Decidió que había tenido suficiente y atacó a dos armaduras que habían intentado (sin éxito) escabullirse entre los restos de chatarra. Una salva de disparos partió a una de ellas por la mitad y arrancó una de las piernas de su compañera. Maya no se molestó en rematarla, simplemente buscó otro blanco.
—«Maya»
La Meltran sintió que su corazón le daba un vuelco. ¿Eso había sido…?
—¿Virya? —gritó por la radio, sin saber si alguien podía escucharla ahí afuera. Estaba segura… había escuchado la voz de su Capitana..
—Yo también la escuché. —el pensamiento de Exedore apareció en su cabeza. —No, no fueron palabras… parece que… es como si..
—Estamos… ¿Sincronizados? —dijo Maya atónita mirando hacia todos lados.. ¿Había hablado con palabras? Ni siquiera recordaba haber abierto la boca… ¿Que rayos…?
—Bajo nuestro, nueve en punto, veo algo…. —Las palabras de Exedore transmitían algo similar a una excitación. Maya dirigió su mirada a la zona que el Zentran indicaba.
Vió restos de un crucero, tiras de metal desgarrado, cuerpos y armaduras flotando entre la chatarra… y algo rojo destacaba entre toda aquella desolación.
—¡Virya!
Quiso zambullirse hacia aquel lugar pero en ese momento fue atacada por una docena de enemigos simultáneamente. Los disparos llovieron sobre ella y con grito tuvo que cambiar de rumbo en forma abrupta para evitar ser traspasada por los disparos que venían de todas direcciones.
—¡Debura!
Devolvió el fuego con una furia inusitada. Su cuerpo temblaba al compás de las detonaciones a su alrededor. Los enemigos quedaron atónitos ante la reacción de aquella presa que creían por completo rodeada.
Había tan poco espacio para moverse que Maya no pudo evitar chocar contra la chatarra a medida que abatía a toda aquella armadura que se pusiera por delante de sus armas. Dio vueltas y vueltas mientras intentaba esquivar los disparos, sin quitar un ojo del lugar donde había visto… —¡Debura! —gritó.
Una armadura enemiga había visto el Queadluun rojo y se acercaba rápidamente a examinarlo. Maya intentó cambiar su rumbo pero dos robots enemigos se lanzaron sobre ella desde dos direcciones diferentes. La guerrera tuvo que girar violentamente para esquivar los disparos casi a quemarropa.
—¡Virya! —gritaron ambos, Archivista y Piloto, tanto con palabras como con la mente en cuanto vieron que la solitaria armadura abría fuego contra el indefenso Rau rojo. —¡Virya!

Y Virya despertó.
Hubo un fogonazo esmeralda, como si una llamarada verde de pronto hiciera explosión en medio de las ruinas de aquel crucero enemigo. La armadura que había disparado contra el Queadluun rojo de pronto estalló en mil pedazos.
—¡Maya!
La velocidad con la que se movía ese robot… era algo inaudito. En solo una fracción de segundo aquel espejismo rojo se movió en medio de un rayo verde, haciendo que los enemigos que estaban alrededor de Maya de pronto reventasen espontáneamente. Ni la joven ni Exedore pudieron ver el momento en que la veterana guerrera disparó sus armas… era…increíble.
El Rau rojo y el violeta se detuvieron uno frente al otro mientras el tiempo parecía detenerse.
—¡Maya!
—¡Virya!
Las pantallas de video en cada una de las cabinas se encendieron con las imágenes de ambas pilotos. Las lágrimas aparecieron unos pocos segundos más tarde.
—Crei… crei que nunca volvería a verte. —dijo Virya moviendo la cabeza.
—Yo te busqué… te busqué por todos lados… estaba segura que estabas viva… yo.. yo lo sabía. —las lágrimas brotaban de los ojos de la joven como un torrente imparable. —Virya…

Exedore despertó en aquel momento. Tenía el cuerpo aplastado, entumecido… ni hablar de cómo sentía su cabeza. Las terribles fuerzas G a las que su débil cuerpo fuera sometido en la batalla lo habían dejado casi al borde de la muerte.
—La… la batalla… —El Zentran apenas podía articular palabra… —¿Donde…?
—¿Archivista Exedore? —El rostro de Virya mostraba una sorpresa absoluta. —¿Que está haciendo ahí…?
Maya sacudió la cabeza para quitarse las lágrimas que caían por sus mejillas. —Tuve que traerlo conmigo… creí que podría ser útil.
—Eso es lo mismo que me dijo Kreegan. —contestó la guerrera con una sonrisa. —Si, estos Archivistas son muy útiles… me alegro que lo hayas traído contigo… estoy orgullosa de ti Maya aunque…. ¿No están algo apretados ahí dentro?
—Creo que el Archivista Exedore es el sufre más de la falta de espacio en la cabina. —reconoció la joven encogiéndose de hombros.
Ambas armaduras extendieron su brazo derecho y se estrecharon las manos en un poderoso saludo. No importaba la batalla, ni la muerte ni la destrucción. En ese momento solo importaban aquellas dos Meltrans, unidas por lazos aún más fuertes que la raza o la sangre.
—Viene a luchar junto a ti. —dijo Maya.
—Lo se… y te estaba esperando.
La armadura violeta retrocedió un poco mientras desplegaba sus armas. —La misión… ha fracasado.
—No importa. —respondió Virya. —La misión, Dortrad-Jen, el maldito cinturón de asteroides… no me importa nada todo eso, solo me importas tú Maya, no quiero estar nunca más separada de ti.
Las palabras de Virya resonaron con fuerza en el pecho de la guerrera. Sentia algo… no, no podía entender qué clase de sensaciones la embargaba en ese momento…
—Virya… yo..
—Detecto un aumento irregular de su ritmo cardiaco, Almirante Maya. —dijo Exedore asomando lentamente la abultada cabeza sobre el hombro de la guerrera. —¿Se encuentra bien…?
La joven dió vuelta la cabeza y miró desconcertada al Archivista —¿Que?
—Su corazón… —dijo el Zentran mientras su pálido tentáculo golpeaba repetidamente el pecho izquierdo de Maya. —Su corazón se ha acelerado sin que haya entrado en combate… ¿Como es posible? Me intriga…
—Por todos los rayos Archivista Exedore… no es momento para esas cosas. —dijo Virya llevándose resignada la mano a la cara (Gesto que su armadura repitió fielmente) —Tenemos una batalla que ganar.
—La batalla. —dijo Maya recordando donde estaban. —Virya… ¡Quiero luchar junto a ti!
—Lucharemos juntas. —la poderosa Meltran extendió el brazo en dirección a las lejanas explosiones tras los gigantescos muros de roca del complejo. —Lucharemos..
—Hasta el final. —culminó la frase Maya.

Las dos mortíferas máquinas de guerra se pusieron en movimiento al mismo tiempo. El tiempo para hablar había terminado y la hora de la batalla final se aproximaba.

No se molestaron en atacar a los cruceros que aguardaban frente a la brecha que Maya usara anteriormente. Simplemente pasaron a toda velocidad entre las hileras de tropas enemigas que purgaban por atravesar las defensas que Exedore había situado estratégicamente a cada lado del pasaje.
Las filas de enemigos quedaron momentáneamente perplejos al ver pasar aquellos puntos de luz roja y violeta impunemente entre sus filas. Las largas estelas verdes no habían desaparecido del todo cuando las explosiones iluminaron el campo de batalla.
—¡Debura! —exclamó Exedore al ver la forma de combatir de Virya.
La guerrera era una fuerza de destrucción avasalladora. No solo su puntería era perfecta, la forma en que utilizaba el campo de batalla a su favor, sino incluso a los propios enemigos contra ellos mismos era un espectáculo que dejaba sin palabras incluso a un ser como el Archivista.
Virya podía realizar maniobras tan complejas que desafiaban incluso a las más básicas reglas de pilotaje. Cada miembro del Queadluun rojo parecía moverse de forma autónoma, mientras un brazo destruía de un solo disparo una armadura elite enemiga, el otro derribaba un enjambre de misiles que se acercaba desde la dirección opuesta. Las enormes piernas también se movían de tal forma que los propulsores podían cambiar el vector de velocidad en apenas una fracción de segundos, haciendo las maniobras de evasión tan erráticas que era absolutamente imposible para el enemigo mantener a la armadura roja en la mira el tiempo suficiente para disparar.
En comparación, el estilo de vuelo de Maya parecía tosco y lento, pero la joven guerrera era tan mortífera como su mentora y si bien sus disparos no eran tan precisos, no había blanco que no acabara destruido una vez que sus armas se ponían sobre el.

A pesar de la diferencia entre las capacidades de combate de ambas Meltran, trabajaban en una estrecha sincronía, cada una apoyando a la otra, desviando e intercambiando blancos, siempre apoyándose mutuamente a medida que llevaban la batalla cada vez más al interior del complejo, donde las fuerzas invasoras habían llegado al mismo corazón del dominio de Breka-Nel.
Las barreras de contención habían colapsado y ahora se combatía alrededor de la enorme factoría, donde el gigantesco Comandante Supremo resistía con sus últimas fuerzas. El monumental planetoide estaba envuelto en una densa nube de humo y las explosiones se sucedían a intervalos regulares en cada uno de los hangares y estaciones que emergian de entre las rocas resquebrajadas. Toda la estación parecía estar condenada.
—Llegamos justo a tiempo. —dijo Exedore al ver aquel espectáculo de destrucción. —El complejo está a punto de caer.
—Será un combate glorioso. —dijo Maya por la radio.
—Aunque me temo que no quedará nadie para recordarlo. —se lamentó el Archivista mientras movía el apéndice por sobre las piernas de su compañera y volvia a conectar la interfaz táctica. —¿Me recibe Comandante Breka-Nel?
Una ventana con la imagen del Zentradi apareció tanto en la armadura de Maya como en la de Virya. —¿Ustedes…? ¿Aún están vivos…?
—No nos rendiremos sin pelear. —dijo Virya mientras destruía simultáneamente a dos armaduras de un solo disparo.
—La misión ha fracasado. —dijo el poderoso Zentran mientras nubes de humo ascendían alrededor de su enorme figura.
—No. —Aquella negativa pareció resonar con ecos en todas las frecuencias de radio. ¿Acababa Virya de contradecir a un Comandante Supremo?
—¿Que rayos…? —comenzó a gesticular el holograma pero fue interrumpido por la voz de Maya.
—Virya tiene razón excelencia… nuestra misión no ha terminado ¿Verdad?
Exedore asintió, él también lo había comprendido. —Ciertamente Almirante Maya… nuestra misión aún no ha terminado.
—Mientras quede un solo enemigo en el campo de batalla —dijo Maya
—...nuestra misión nunca acabará. —terminó la frase la veterana guerrera.
—¡Deculture! —exclamó Breka-Nel con expresión de asombro.

Los tres combatientes (A estas alturas Exedore ya era parte integral del escuadrón) utilizaron todas sus habilidades al máximo en su desbocada tarea de muerte y destrucción.
Miles de enemigos se abalanzaron sobre ellos en interminables oleadas, siendo rechazados no sólo por el mortífero fuego de las dos armaduras, sino por la fuerza y planificación combinada de las mentes de Virya y Exedore.
Todo lo que quedaba de las fuerzas defensivas del Breka-Nel estaban ahora en las manos de aquellos dos Zentradis y ellos no las desaprovecharon.
El combate se había vuelto totalmente brutal y por primera vez en las largas horas de lucha desde que el Ejército de Supervisión apareciese de la nada a las puertas de la fortaleza Zentradi, los defensores pudieron detener el avance del enemigo.
Maya y Virya combatían como si de una sola máquina se tratara. Cada movimiento, cada finta, cada disparo… todo lo que hacían esas dos parecía estar sincronizado con precisión milimétrica. Pero no era solo su forma de combatir, de moverse… algo más estaba pasando en aquel combate.
En algún punto de la batalla, los tres combatientes dejaron de utilizar la radio por completo.
No se hablaban con palabras, ya no las necesitaban. Sus mentes parecían estar trabajando en forma paralela, reaccionando al unísono con cada nuevo impulso visual, auditivo o incluso táctil de los tres guerreros.
Si Maya o Exedore se sorprendieron al “conocer” en aquel momento las diferentes personalidades de Virya y como la guerrera las utilizaba a pleno para potenciar sus habilidades en la batalla, definitivamente no les resultó para nada extraño o perturbador. Comprendían a la perfección a Virya y el compartir su mente durante aquella batalla solo había reforzado aún más aquel vínculo más allá de toda explicación lógica.

Solo alguien que estuviese ajeno a aquella simbiosis de mentes podía realmente sorprenderse de lo que estaba ocurriendo.
—¡De-Deculture!
Breka-Nel estaba anonadado.
Lo que estaba viendo era algo inaudito. Ninguno de sus registros contenía nada remotamente similar a aquello… y su base de datos se remontaba a la época en que sus creadores aún estaban entre ellos.
¿Quién era esa guerrera Virya? ¿Que clase de extraña mutación la había convertido en semejante máquina de destrucción? Pero aquello palidecía en comparación con lo que sus instrumentos de observación mostraban en las pantallas.
Todas sus fuerzas estaban ahora bajo el control de aquellos tres Zentradis y la forma en que las órdenes salían de aquellas armaduras mientras combatían en el mismo centro de las fuerzas enemigas era inaudito. Nada como aquello había sucedido jamás en un campo de batalla, simplemente el accionar de aquellos guerreros contradecía todo tipo de lógica.

Las pantallas frente al enorme Comandante mostraban varias partes del teatro de operaciones, donde las pocas fuerzas supervivientes estaban, poco a poco haciendo retroceder a los invasores. Breka-Nel abrió los ojos asombrado de lo que veía.
Una de las cámaras de observación luchaba por seguir el movimiento del Queadluun rojo en medio de aquellos frenéticos giros y cambios de rumbo. La imagen aún recibía una fuerte interferencia proveniente del enemigo y la estática de las miles de explosiones que se sucedian simultáneamente por toda la zona de combate. Pero había algo que no era producto de ninguna interferencia o artefacto visual.
El Queadluun estaba brillando.
Breka-Nel acercó la imagen a su rostro. Aquello… no podía ser cierto. La armadura roja mostraba signos de haber recibido varios disparos y quemaduras superficiales. Uno de sus hombros estaba aplastado por un golpe, pero fuera de eso el color rojo furioso era bien visible a las cámaras que lo seguían… y estaba brillando pálidamente, como si un aura de luz hubiese empezado a rodearla lentamente.
—¡Deculture!
Cambió el objetivo de la pantalla y el Rau violeta apareció claramente en la imagen. Como sospechaba aquella armadura también había comenzado a brillar levemente.
Aquello… aquello era algo extraordinario. Breka-Nel estaba sin palabras. ¿Que clase de….poder era ese? Las cámaras cambiaron de foco y varias imágenes del campo de batalla se reprodujeron a su alrededor, rodeando por completo el enorme cuerpo del Comandante Supremo con un mosaico de pantallas holográficas.

Algo estaba ocurriendo ahí afuera con sus combatientes, algo que escapaba a toda clase de razonamiento o explicación racional. Sus tropas…también estaban brillando.

¿Acaso…? ¿Acaso esos tres guerreros habían desatado algún tipo de reacción entre sus soldados? ¿Que clase de energía era aquella que parecía transmitirse por todo el campo de batalla? Breka-Nel no podia creer lo que veían sus ojos… pero aquello está ocurriendo realmente frente a su rostro.
Los Zentradi estaban ganando.
Aquellas armaduras, las pocas naves de combate que aún quedaban en condición de combatir… incluso los guerreros que habían quedado flotando en medio del espacio al ser catapultados fuera de sus naves destruidas.. todos ellos habian comenzado a luchar de una manera completamente diferente a como lo habían estado haciendo antes.
Su puntería, sus movimientos… todo había cambiado, eran una nueva clase de guerreros, como si la habilidad de Virya y Maya se estuviera propagando a través de las tropas simultáneamente.
Los invasores de pronto se vieron superados por aquel poder de combate. En solo un instante ya no importaba que superaran al enemigo tres a uno, aquella ventaja había desaparecido repentinamente para convertirse en una lluvia de destrucción que volvía hacia ellos.
El ataque se convirtió rápidamente en retirada.
Las armaduras del Ejército de Supervisión comenzaron a abandonar el núcleo del complejo de factorías en medio de una retirada desordenada, acelerando al máximo los motores para escapar de la muerte que se les venía encima.
Breka-Nel observaba desconcertado la escena que se desarrollaba en sus monitores, sin entender nada de lo que sucedía. Entonces fué cuando se dió cuenta que el tambien estaba brillando.
Partes de su cuerpo comenzaron a emitir pequeños destellos de luz y algunas de sus partes biomecánicos también se iluminaron desde el interior. El Comandante Supremo observó sus manos y la tenue luz que brotaba entre sus dedos.
Entonces finalmente comprendió lo que estaba sucediendo.
—Mis… genes. —dijo contemplando aquel poder. —Mis genes han… despertado.
Lo que estaba experimentado… lo que todas sus tropas estaban experimentando en aquel momento… no, era inconcebible… ¿Cómo había podido aquella guerrera despertar aquella parte de la esencia Zentradi que sus propios creadores habían sellado? Aquel poder… era algo que ningún Zentran o Meltran había podido controlar nunca.
Aquello era algo imposible y Breka-Nel supo que el destino de su gente ya no estaba en sus manos.
—¡AVANCEN! —gritó con todo el aire de sus enormes pulmones. La oportunidad que se presentaba era la última cosa que estaba en sus manos hacer. Las explosiones que azotaban la enorme factoría se hicieron más violentas en cuanto los gigantescos propulsores se dispararon, haciendo que todo el complejo se moviera a medida que la velocidad comenzaba a incrementarse.
Sin dudar más, Breka-Nel dió su ultima orden y el control de todo lo que quedaba en el complejo, incluida su propia base y el Núcleo de la fortaleza abortada, pasaron de inmediato a estar bajo las órdenes de Virya y Exedore.

El Archivista fue el primero en notar aquel movimiento.
—¿Excelencia..? ¿Que…?
—Ahora depende de ustedes. —dijo el holograma del Comandante Supremo mientras el humo y las llamas rugían alrededor y por detrás de la figura. —Son los únicos que pueden ganar esta batalla.
Exedore medito unos momentos aquellas palabras. —No su excelencia… no podremos acabar con las fuerzas que nos esperan detrás del cinturón de asteroides. Ni siquiera con nuestra actual capacidad extra de combate...
—Entonces escapen, Virya tiene las coordenadas del punto de salida. Llévense todo lo que puedan junto con ustedes y continúen la guerra en otro sitio. Aquí ya no queda nada más por proteger.
Virya se unió a la conversación en aquel momento.
—Comandante. —dijo con una voz que no parecía venir de alguien enfrascado en medio de un combate a muerte. —Los Zentradi jamás escapan.
—No será la primera regla que usted haya roto. —contestó Breka-Nel frunciendo el ceño. —Es una orden. —dijo.
La Meltran no respondió, simplemente hizo lo que tenía que hacer.
Usando la interfaz actualizada de su cabina, tomó el control del enorme planetoide donde Breka-Nel se encontraba en ese momento y lo arrojó contra el pequeño pasaje donde las tropas enemigas se empujaban unas contra otras para poder salir.
Los enormes motores de propulsión rugieron al recibir la orden de la guerrera. Breka-Nel sonrió satisfecho.
Hubo un poderoso estallido en cuanto la masiva instalación chocó contra las rocas que formaban aquel muro defensivo. Las pocas tropas enemigas que aún trataban de escapar quedaron aplastadas entre las millones de rocas que salieron disparadas en cuanto el planetoide atravesó la muralla, lanzándose de cabeza contra la enorme concentración de naves y cruceros de batalla enemigos que aguardaban expectantes la resolución del ataque al centro de mando enemigo.
El ejército invasor descargo todo el poder de su artillería sobre aquel bólido gigante que se arrojaba de forma suicida sobre ellos, pero ni siquiera las poderosas armas de energía dimensional pudieron detener aquello.
Breka-Nel dió un grito mientras su cuerpo quedaba envuelto en las llamas que habían llenado por completo el interior de su base de operaciones, más aquel fuego queda opacado por el brillo que su cuerpo emitía, reflejando aquel increíble poder que Virya, Maya y Exedore habían despertado en el.
¡Zentradi! —gritó por última vez mientras todo explotaba a su alrededor.
La detonación fue gigantesca. Las esquirlas de roca eran tan grandes que al salir disparadas por la enorme explosión destrozaron las enormes naves de batalla como si estas estuvieran hechas de papel.
De pronto todo fue caos, destrucción y muerte alrededor.
Las tropas Zentradi salieron del interior del anillo de rocas por la enorme abertura dejada por Breka-Nel y se lanzaron sobre los enemigos envueltas en aquel resplandor blanco. Eran como pequeños insectos atacando un enorme animal blindado, pero no importaba. Sus fuerzas parecían multiplicarse a cada segundo, llevando la confusión y el terror al mismo centro de la flota enemiga.
Detrás de aquella vanguardia que se lanzaba desesperadamente al ataque emergió el maltrecho núcleo, rodeado por una pequeña fuerza de escolta de Queadluuns que Exedore había seleccionado. De inmediato una gran burbuja de energía multicolor comenzó a formarse sobre la dañada estructura.
El Ejército de Supervisión reaccionó ante el intento de los Zentradis de iniciar el FOLD y atacaron simultáneamente con todas sus armas, sin importar las tropas aliadas que sucumbieron rápidamente al fuego de sus propias naves. Cada Zentradi que aun permanecia vivo entonces se lanzó sobre las enormes naves usando sus propias armaduras como escudos, bloqueando los disparos con su propia vida.
—¡Deculture! —exclamó Maya al ver aquella muestra increíble de valor.
La burbuja WARP quedó formada en solo uno segundos y el enorme portal de energía se proyectó frente al núcleo formando una gigantesca mancha de luz en el espacio. Casi en cámara lenta, recibiendo varias descargas que perforaron el escudo de luz como si no estuviera ahí, la enorme estructura que albergaba aquel embrión de una flota Zentradi entró al espacio dimensional FOLD.
Hubo una enorme explosión de luz y de pronto todo fue silencio.
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