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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Cinthya se sentó sobre el piso de metal mientras se llevaba las manos a la cabeza —Dios mio Matt… ¿Quienes eran esos? ¿Que está sucediendo…?
Se habían refugiado en una sala de mantenimiento tras abandonar el túnel principal del subterráneo. Los dos estaban aún temblando de miedo y no se habian hablado mientras escapaban a toda velocidad por entre las piezas y equipos desparramados por aquella vía de comunicación que los operarios de la Rainbow usaban para trasladarse bajo el hangar principa. Matt había dejado la pesada puerta de metal abierta y cada tanto echaba una mirada a uno y otro lado del oscuro pasillo.
Finalmente y tras cerciorarse que no los seguían el joven se apoyó contra la pared mientras respiraba agitadamente. Una película de sudor perlaba su pálido rostro. —No… no lo se…
—Dispararon contra los bomberos, contra los rescatistas… los mataron a todos. —exclamó la inspectora sin poder creer lo que estaba diciendo. —Tenemos… tenemos que pedir ayuda.
Matt tomó consciencia de lo que había sucedido y alarmado miró a la joven a su lado. —¡Cinthya! ¿Estás herida? ¿Estas…?
—Estoy bien. —respondió la mujer poniéndose de pie. —¿Y tu?
—Sentí que las balas pegaban en la espalda. —dijo el joven tratando inútilmente de darse vuelta. —Pero creo que no llegaron a traspasar la armadura.
Cinthya examinó preocupada las marcas profundas en las alas del traje. Había cuatro impactos visibles en el ala derecha, pero no parecía haber habido penetración y el proyectil se había deformado y rebotado contra el metal.
—Parecía una película ahí fuera. —dijo el joven temblando. —Todos esos disparos… los gritos y....
—Jim…
Los recuerdos volvieron de forma repentina, Cinthya cayó de rodillas sobre el piso y se cubrió el rostro con las manos, como si aquel gesto pudiera protegerla del recuerdo vivido.
No quería revivir aquello, su mente aún luchaba contra la idea de lo que había sucedido allí dentro del hangar… ¿Acaso había sido real?
Si, lo había sido, tan real que aún sentía el calor de la bola de fuego en cuanto el avión estalló en llamas bajo aquella mole de metal que cayó del techo en cámara lenta. Matt la había rescatado pero mientras huía a toda velocidad Cinthya no pudo hacer nada por su compañero, solo ser testigo del inútil intento del piloto por apartarse de aquella muerte inevitable.
—Jim. —volvió a repetir entre sollozos. —Dios mío… no puede ser… esto tiene que ser un sueño.
Matt se incorporó y miró en dirección al pasillo por el que habían entrado. —Cin… tenemos que salir de aquí, no estamos lejos del túnel principal y si nos persiguen…
Pero Cinthya no estaba en condiciones de escuchar al joven. Se había puesto en posición fetal mientras sollozaba ininterrumpidamente.
—Jim —repetía entre cada inspiración.
A Matt se le rompía el corazón de ver a su amiga así. Pero ahora no era tiempo de llorar… la vida de todos sus amigos corrían peligro.
—Tenemos… —El joven tragó saliva. —Tenemos que encontrar a Amanda dijo, no tiene sentido ir hacia el Hangar cuatro. Necesitamos ayuda.
Con delicadeza movió los controles de su armadura y lenta pero firmemente ayudó a Cinthya a ponerse de pie. La chica estaba tan destruida anímicamente que no puso resistencia en cuanto los poderosos brazos del traje la pusieron derecha y la sostuvieron para que no se cayera.
—Por favor Cin… salgamos de aquí antes que…
Un reflector los iluminó de lleno. La luz era tan intensa que el joven apenas pudo ver algo antes que el casco del EX-Gear activase un filtro especial para atenuar aquel repentino resplandor.
—¿Que….?
El sonido que hizo el cañón Gatling al ponerse a girar rápidamente heló la sangre del joven, los estampidos de las balas llegaron unos segundos más tarde.
—¡Cinthya!
Matt empujó a la joven a un lado a la vez que se arrojaba rápidamente al suelo mientras una ráfaga de balas pasaba a pocos centímetros de su cabeza. Uno de los drones había abierto fuego desde el túnel por el espacio libre de la puerta entreabierta.
Los disparos destrozaron casi todo el instrumental de la habitación, lanzando chispas y esquirlas en todas direcciones. Los gritos de Cinthya apenas se escuchaban por sobre el estruendo que reinaba en aquel lugar.
Matt rodó sobre sí mismo y con una patada desesperada cerró de golpe la pesada hoja de metal en el mismo instante que una de las mortíferas máquinas empezaba a acercarse a la abertura. De inmediato una lluvia de disparos acribilló la puerta cerrada, pero la pesada hoja de metal reforzado para aguantar explosiones soportó el ataque.
—¡Tenemos que salir de aquí! —gritó el joven incorporándose entre una lluvia de chispas provenientes del instrumental destrozado.
Rápidamente se acercó a la puerta y colocó una de las trabas de seguridad. Se escuchó un chasquido seguido de un fuerte golpe. El drone había golpeado la puerta intentando derribarla a la fuerza.
—¡Mierda mierda mierda! —gritó el joven retrocediendo ante los fuertes golpes. —¿Qué son esas cosas…?
Sin pensarlo dos veces se acercó hasta la joven que había quedado tendida a un lado y con suavidad la tomó entre sus brazos, luego se alejó lo más que pudo de la puerta hasta la parte trasera de la habitación. Estaban atrapados.
—Piensa Matt, piensa! —se dijo en voz alta mientras examinaba su alrededor.
El cuarto medía unos quince metros de largo por diez de ancho y estaba lleno de maquinaria y estantes con objetos que habían volado en todas direcciones al recibir los impactos de la lluvia de balas. Muchos de aquellos estantes se habían volcado en medio del recinto y algunas de las consolas apoyadas contra una de las paredes frente a la puerta había comenzado a soltar humo y chispas. Pronto el sistema contra incendios se activó y una cortina de agua comenzó a extinguir el principio de incendio. Matt colocó su brazo sobre la desvanecida joven para protegerla de la lluvia mientras examinaba todos los rincones del cuarto en busca de una salida.
Mientras tantos los golpes en la puerta eran cada vez más fuertes. Sea lo que sea que estaba ahí afuera había empezado a arrojarse contra la misma cada vez con más insistencia.
Se estaban quedando sin tiempo. Matt sabía que no tenía chances contra esas cosas, su traje no estaba blindado y esos disparos habían destrozado los estantes de metal como si fueran de papel ¿Algún tipo de munición blindada? Definitivamente no quería averiguarlo en carne propia.
Una de las máquinas que estaban contra la pared del fondo llamó su atención. Tras un enorme ventanal de cristal había una diminuta figura extraña, como haciendo equilibrio en un pequeño pedestal. Matt se acercó con Cinthya en brazos y examinó lo que había tras el grueso vidrio.
Era un modelo a escala de un caza, como una de esas maquetas que tanto le gustan a los coleccionistas. El joven no reconoció el modelo, la cabina era similar al del famoso VF-1 pero el fuselaje era diferente; los grandes motores estaban a cada lado y en medio de las alas y no debajo del fuselaje. Dos enormes cañones sobresalian por encima de las tomas de aire y el resto de las pequeñas alas que salían de los motores formaban una extraña configuración casi en forma de ala delta.
Era un túnel de viento, eso al menos Matt lo sabía y también supo que si habia un tunel de viento, debería de existir algún tipo de respiradero que alimentase al enorme ventilador que producía el caudal de aire necesario para el funcionamiento del equipo.
Sin pensarlo dos veces depositó a Cinthya con cuidado a un lado y tras ponerse frente al cristal blindado alzó el puño de su traje.
El puñetazo resquebrajó la lámina de vidrio en miles de grietas, pero el polímero que lo recubria resistió el golpe y se mantuvo de una sola pieza. Matt gruñó una maldición y golpeó nuevamente una y otra vez.
El cristal resistia los fuertes impactos del EX-Gear sin ceder un milímetro. El joven comenzó a sudar copiosamente mientras descargaba una y otra vez los puños contra el vidrio. Finalmente se dió por vencido y dejó caer los brazos exhausto.
Un fuerte golpe a sus espaldas lo hizo darse vuelta. La puerta de metal había comenzado a doblarse hacia dentro y el haz de luz del reflector de uno de los drones lo iluminó de lleno.
—¡Hijos de… !
Matt dió un salto y tomando a Cinthya entre sus brazos cruzó la habitación a toda velocidad, pasando rápidamente frente a la puerta que comenzaba a ceder tras el enorme empuje de las mortíferas máquinas. Al llegar a la otra punta el joven respiró profundo y se colocó en posición de carrera.
—¡Ahora! —gritó activando al máximo el propulsor del EX-Gear.
La turbina dió una fogonazo dorado y Matt salió disparado a toda potencia hacia delante mientras protegía con sus brazos a la desvanecida joven acurrucada en su pecho. En el mismo momento de pasar como una centella frente a la puerta esta cedió con una explosión y dos drones entraron violentamente al taller, casi chocando con Matt quien pasó a toda velocidad apenas a unos pocos centímetros de los Gattling, cuyos cañones apenas habían empezado a girar.
El EX-Gear atravesó la placa de cristal con un enorme estampido, llevándose por delante el pequeño modelo a escala y las cámaras de monitoreo del equipo de observación. A último momento y usando las paredes redondas del túnel de viento, Matt pudo girar noventa grados y tras atravesar la fina red metálica que protegía el respiradero del túnel, salió a gran velocidad sobre el enorme espacio vacío que corría entre las diferentes cubiertas del interior de la Rainbow.
Gritando ambos jóvenes cayeron por el abismo junto con restos de la malla metálica. Con desesperación Matt activó nuevamente el propulsor y la turbina volvió a rugir mientras la aparatosa caída comenzaba a amortiguarse. No obstante poco pudo hacer el joven para aterrizar con seguridad en ese descenso descontrolado, sin poder hacer nada más que proteger a Cinthya entre sus brazos, la armadura atravesó violentamente varias chapas que cubrían el fondo del pozo y tras rebotar en un par de cañerías, cayeron de espaldas sobre una pequeña cubierta de observación.



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—No hay nadie… ¡Ahora!
Las dos jóvenes cruzaron corriendo la intersección de pasillos. Hasta aquel momento habían tenido suerte y no habían encontrado patrullas piratas en su camino, pero Tass no contaba con que su suerte durase tanto.
Sin armas con que defenderse, solo podían ocultarse o evadir a aquellos invasores, mas no por ello se sentían del todo indefensas.
Tras varios minutos de caminar entre las sombras de uno de los depósitos secundarios, ambas chicas llegaron a uno de los enormes andamiajes que rodeaba una columna principal. Una escalera de metal zigzagueaba por el interior de la estructura tubular serpenteando alrededor de la gigantesca columna de hierro a medida que se elevaba por entre todas las cubiertas que se desplegaban sobre sus cabezas.
—¿Por ahí? —preguntó Mina tratando de distinguir las sombras que se mezclaban por el techo.
Tass asintió y señaló la angosta escalera—Subiremos hasta el bloque D-6 y luego tomaremos un pequeño atajo por el Interior hasta uno de los Datacenters del Astillero Tres. Todo ese bloque está desconectado físicamente de la red Rainbow, así que podremos usarlo como base de observación para evaluar la situación.
Mina tuvo un escalofrío al escuchar el nombre de aquel lugar, cosa que no pasó desapercibida para Tass.
—No te preocupes Mina, será solo un centenar de metros de pasillos y estaremos a salvo.
—No es por eso. —dijo la joven con voz angustiada. —Es que Matt….
La joven de anteojos puso una mano sobre el hombro de su amiga. —Lo encontraremos, no te preocupes.
La joven asintió en silencio y empezó a caminar hacia la escalera. Tass la siguió mientras cada tanto echaba miradas preocupadas por sobre su espalda.
Los escalones de metal crujieron como quejándose en cuanto las jóvenes comenzaron a subir por la estrecha escalera. El silencio apenas se quebraba con aquellos chirridos del metal y el ocasional eco de alguna compuerta lejana que se cerraba de pronto. La ascensión era lenta y no se detuvieron a descansar a pesar que estuvieron subiendo durante más de diez minutos. Finalmente llegaron a una pequeña plataforma donde una pasarela se separaba del armazón de la enorme columna y se adentraba en un pasillo estrecho entre las cubiertas. Mina se detuvo un momento a tomar aliento y se recostó contra una de las barandillas. Tass la imitó segundos más tarde.
—Tass…
La joven levantó la vista hacia su amiga a la pálida luz anaranjada que se proyectaba desde unos pequeños focos puesto a intervalos regulares por toda la escalera. —Dime Mina.
—Yo... —a pesar de la poca luz el gesto de dolor en el rostro de la joven era evidente.
Tass tomó la mano de la joven y la apretó con fuerza.
—Jim.—dijo con lágrimas en los ojos. —Lo siento tanto… yo..
—Esta bien. —contestó Tass tratando de contener a la joven.—Está bien. —repitió sin saber qué decir.
—Perdona Tass… ha sido demasiado pronto…
—Mis lágrimas todavía no se han secado. —respondió mientras acariciaba la cabellera rubia de su amiga. —Y no se secarán hasta que no hayamos expulsado a esos malditos de nuestra Colonia.
Sin decir una palabra más Mina abrazó fuerte a la joven de anteojos.
Permanecieron largos minutos abrazadas, confortándose una a la otra mientras el tiempo pasaba lentamente alrededor de ellas y el silencio solo era interrumpidos por los sollozos de alguna de ellas.
Pero Tass no quería llorar más, el tiempo de lágrimas tenía que quedar postergado, ella tenía trabajo que hacer.
—Vamos Mina. —dijo poniéndose de pie.
La joven asintió en silencio y ambas caminaron lentamente por la estrecha pasarela tomadas de la mano. Una compuerta cerraba el acceso a los pasillos que conectaban los diferentes bloques y Tass examinó con atención la pequeña terminal que se encontraba al lado de la puerta de metal.
—¿Puedes abrirla? —preguntó Mina mirando con inquietud las sombras que envolvían el enorme pilar por el que habían subido minutos antes, temiendo ver aparecer las linternas de los invasores en cualquier momento.
—Si, puedo abrirla sin problemas… el asunto es que en cuanto lo haga ellos sabrán que estamos aquí. —explicó la joven señalando la pantalla donde una serie de indicadores señalaban parámetros y lecturas. —Estas puertas están conectadas al sistema de seguridad central.
—¿Y si las desconectas..?
—Es lo mismo. —dijo Tass encogiéndose de hombros. —Abrirla o desconectarla, hagamos lo que hagamos llamaremos su atención hacia nosotras.
Tras unos momentos de pensarlo seriamente, Tass hizo un gesto de asentimiento y abrió la pequeña puerta de mantenimiento bajo la pantalla y tras buscar un cabe en especial lo desconectó de un tirón.
—Sea. —dijo con resolución. —No podemos perder más tiempo buscando otro camino.
Se escuchó un zumbido y un fuerte ¡Clack! a sus espaldas. La puerta estaba destrabada.
Mina la empujó sin esfuerzo y las jóvenes entraron a un oscuro pasillo.
Caminaron en silencio una detrás de la otra, deteniéndose cada vez que algún sonido lejano hacía que los ecos rebotaran por todo el pasillo, enmascarando si el origen era por delante o por detrás de ellas. Al cabo de un rato la ruta comenzó a volverse más intransitable, con cañerías que habían sido desmontadas de las paredes y fueron dejadas a un lado del pasillo junto a vigas y cables desgastados que nadie se hubiese molestado en retirar. Estaban llegando a las partes antiguas de la Rainbow, donde la administración de la Colonia no realizaba tareas de mantenimiento y los restos de la otrora febril actividad de la Flota 37 aún permanecían silenciosos e inmutables entre los pasillos y cubiertas del interior de la antigua nave.
Mina se detuvo frente a un montón de cajas de cartón que se habían caído sobre el pasillo. La mayoría estaban vacías y no les resultó difícil atravesar el obstáculo.
—Nunca había estado en el Interior. —dijo Mina mientras miraba las nubes de polvo que sus pies levantaban al caminar por el suelo de metal.
Tass deslizó su mano por una de las paredes y el óxido que recubria el metal se desprendió en escamas ante el leve contacto de los dedos de la joven. —Yo entro cada tanto. —dijo calmadamente tratando de llevar algo de tranquilidad a su amiga. —En los últimos años hemos reacondicionado varios accesos a las cubiertas superiores y los caminos son muchos más limpios e iluminados que estos… me temo que esta zona no recibe mantenimiento desde hace un par de décadas al menos.
Mina se detuvo a observar los manojos de cables y cañerías que serpenteaban sobre sus cabezas. —Mamá me dijo una vez que algún día la Rainbow volvería a funcionar al 100%, que reacondicionaria todos y cada uno de los módulos y la gente podría recorrer la nave de una punta a la otra sin tener que desviarse o salir al espacio para rodearla por fuera.
Tass asintió. —Yo no conozco los planes que Unity tiene con esta nave. —dijo mientras ambas jóvenes se ponían en marcha nuevamente. —Pero por lo que pude deducir de las pocas cosas que le he estado sacando a Amanda en estos años, creo que hay una posibilidad de que Unity abandone el Campo.
Mina se detuvo y miró a Tass con incredulidad. —¿Abandonar el Campo? —preguntó. ¿Estás segura?
La joven se acomodó los anteojos sobre la pequeña nariz. —Unity no solo se dedica al reciclaje Mina… hay… ciertas ramas de la empresa cuyas actividades nos son desconocidas incluso para quienes estamos en el Puente de Mando.
—Creía que…
Tass se encogió de hombros. —Ojala supiera solo un diez por ciento de lo que sabe tu madre, Mina. —dijo con una sonrisa.
El pasillo llegaba a su fin, las jóvenes atravesaron una última pasarela y pronto salieron a un nuevo espacio abierto donde un puente cruzaba el espacio vacío.
—Por todos los…. —comenzó a decir Mina contemplando el paisaje.
Estaban frente a una enorme grúa que descansaba sobre unos gigantescos rieles que atravesaban el vacío de lado a lado. Colgado del enorme aparejo que lo sujetaba con cuatro gruesos cables de acero, colgaba una especie de cilindro de casi diez metros de diámetro y medio centenar de largo.
—Eso es un Módulo-Datacenter Clase II. —dijo Tass señalando la estructura que colgaba sobre el vacío. —Es un módulo de ingeniería autónomo, se lo puede llevar de un lado a otro de la Rainbow y conectarlo a la sección o factoría que necesite algo de poder de cómputo extra.
—¿Y vamos a entrar ahí? —preguntó la joven señalando nerviosa la enorme maquinaria.
—Necesitamos ese hardware si queremos recuperar el control de la red de la Colonia. —exclamó Tass. —Es nuestra única opción para combatirlos.
Sin decir nada más comenzaron a caminar por el puente en dirección al enorme brazo de metal que sostenía el módulo. Descendieron por una estrecha escalerilla hasta un andamio y tras comprobar que el camino estaba libre comenzaron a caminar con cuidado por la pequeña pasarela destinada a los operarios de la enorm grúa.
El extremo del brazo (En realidad la llamada “pluma”) donde descansaban las enorme poleas que sujetaban los cables de acero estaba lleno de óxido y grasa vieja, evidenciando el largo tiempo pasado desde que aquella cosa se moviera por última vez. Las jóvenes llegaron hasta la pequeña plataforma entre las enormes ruedas de metal y descubrieron una trampilla en el suelo de metal que se abría hacia abajo.
—¿Cómo bajaremos hasta el módulo? —preguntó Mina.
Tass miró a su alrededor hasta dar con un bulto cubierto con una lona gris que estaba sujeto a las barandillas con una soga. —Aquella debe ser la escalerilla. —dijo. —Ayúdame.
Descolgaron el pesado bulto y tras desanudar la cuerda descubrieron una escalera enrollable hecha de cables de acero y peldaños de aluminio. Tras colocar uno de los extremos en los pernos que estaban atornillados a un lado de la trampilla, con gran esfuerzo levantaron la pesada puerta de metal y la abrieron lentamente hasta dejar libre el hueco de la misma.
Mina estaba agitada por el esfuerzo y su cara estaba llena de oxido y grasa. Tass iluminó su rostro con una pequeña linterna y se rió a carcajadas. —Ojala te viera Matt así. —dijo entre risas. Las dos muchachas se rieron y la tensión disminuyó lentamente.
—Tenemos que apresurarnos. —dijo Tass tras echar una mirada hacia abajo. —Temo que atrapen a Rebbie y a los demás si nos retrasamos aquí.
Mina asintió en silencio y juntas arrojaron la escalera enrollada por el hueco de la trampilla.
La escalera cayó desarrollándose rápidamente, golpeando con un fuerte golpe contra el módulo que colgaba unos veinte metros más abajo.
—Yo voy primero. —dijo Tass.
La joven tomó los extremos de la escalera y descendió lenta y cuidadosamente por los finos peldaños de metal. El sonido que hacían los cables de metal al estirarse por el peso de la joven la ponía nerviosa, pero al menos la escalera parecía estar en buen estado.
Le llevó casi diez minutos descender los veinte metros hasta el módulo. una vez que sus pies tocaron la enorme pieza de equipo Tass pudo respirar con normalidad.
—Fiuuu! —exclamó. —Eso fue… intenso.
Mina bajó unos minutos más tarde mientras Tass iluminaba los peldaños con la linterna. La joven tenía un mejor estado físico, aunque bastante lejos de Akemi, quien fácilmente hubiese podido bajar aquella escalera como si de una cuerda para rappel se tratase.
Una vez que ambas muchachas estuvieron sobre el módulo Tass examinó la escotilla de entrada con la linterna. —Es aquí. —dijo señalando el panel de control. —Espero que las baterías aún tengan algo de carga.
Al tocar el pequeño control una pantalla se desplegó delante a Tass y la información se proyectó frente a sus ojos.
—Apenas hay un 33% de baterías. —dijo haciendo una mueca. —Tendrá que ser suficiente.
Tras elegir la opción adecuada la puerta se abrió con un “¡Clac!”.
El interior estaba a oscuras. El haz de la linterna descubrió una escalerilla de metal que descendía y una serie de sillas y monitores a ambos lados de las paredes del cilindro.
—Sostén la linterna. —dijo Tass.
Mina tomó el aparato y mientras dirigia el haz de luz hacia el interior de la trampilla Tass descendió con seguridad al interior del módulo.
—¿Esta todo bien ahí dentro? —preguntó Mina desde la escotilla en cuanto su amiga hubo desaparecido en las sombras del interior. Como única respuesta hubo un relámpago y todo el interior del módulo quedó iluminado por una brillante luz blanca.
—¡Baja Mina! —dijo Tass agitando el brazo. —Todo parece funcionar bien.
La joven apagó la linterna y tras echar un vistazo alrededor suspiró y bajó por la escotilla.
El interior del módulo se había puesto en funcionamiento. Una docena de pantallas se habían encendido y las rutinas de monitoreo estaban revisando los sistemas en busca de problemas. Dos enormes ventiladores en uno de los extremos del tubo comenzaron a girar en cuanto las computadoras activaron sus sistemas de refrigeración.
—Son sistemas casi de museo. —dijo Tass asomándose tras una serie de torres de servidores cuyas cientos de luces brillaban como un árbol de navidad. —Estas cosas tienen más de quince años… pero servirán. —dijo optimista.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Mina mirando las pantallas que parpadeaban con miles de colores.
Tass señaló una especie de escritorio circular rodeado de pantallas de donde partía un grueso manojo de cables. —Allí. —dijo.
El puesto de control estaba funcionando en cuanto Tass se sentó delante del conjunto de pantallas. Un teclado holográfico se proyectó al instante frente a la joven y tras sonarse los dedos con un rápido movimiento, sus manos bailaron sobre las teclas a una velocidad vertiginosa.
Mina nunca había visto trabajar así a Tass en su vida, los dedos de la muchacha era casi borrones blancos que se movían en todas direcciones a una velocidad increíble. Mientras tanto, las tres pantallas frente a ella arrojaban miles y miles de columnas de datos en un caos de diagramas y listas interminables
—Voy a abrir un enlace inalámbrico para entrar en un punto periférico de la Red Rainbow. —dijo Tass mientras sus ojos oscuros brillaban con la luz de las pantallas. —Crearé una serie de barreras para enmascarar nuestra presencia y podremos empezar a examinar las defensas de nuestros atacantes. —dijo tras levantar sus manos del teclado. —Cruza los dedos.
Mina cruzó los dedos de ambas manos (y de los pies) en cuanto Tass presionó la tecla ENTER.
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