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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Al fin y al cabo no eran tan diferentes de los Zentradis. ¿No? incluso sangraban de la misma forma.
El brazo del Rau trazó un arco completo por todo el puente de mando, descargando una lluvia de disparos desde aquel mortífero cañón de tres barriles sobre todos los enemigos que se encontraban atónitos frente a la repentina aparición de la armadura roja de Virya.
Todo duró menos de diez segundos, al cabo de los cuales no quedaba nada vivo en aquel lugar, salvo la Meltran y sus pensamientos.
—Siguiente. —pensó.
La armadura levantó los brazos y disparó sobre un punto donde las pantallas holográficas mostraban el desarrollo de la batalla en un idioma extraño. Virya no les presto más atención que a los cadáveres destrozados que habían quedado desparramados por el piso. ¿Cuantas naves llevaba inutilizadas de aquella forma? ¿Veinte? ¿O eran más?
Salió al espacio en medio de la explosión y sin perder más tiempo se dirigió a la siguiente fragata del Ejército de Supervisión.
Estaban siendo masacrados sistemáticamente. Virya había perdido todas sus naves con capacidad de fuego directo y artillería y solo tenía a su disposición naves de ataque y armaduras de batalla, lo que la obligó a cambiar de táctica para demorar lo más posible aquella terrible derrota.
Comenzó a atacar las naves enemigas desde dentro, infiltrándose en sus hangares, acribillando a todo lo que se ponía a su paso hasta alcanzar el puente de mando, el reactor o la primera parte vital de aquellas naves que encontrara primero.
Debía neutralizar aquellas naves, transformarlas en obstáculos para el resto de la flota enemiga que empujaba desde atrás, era la única forma de mantenerlos alejados del Núcleo y la base del planetoide donde se encontraba Breka-Nel.
El Comandante de aquella base aún resistía, había movido la enorme roca donde se encontraba el centro de mando para utilizarla como un escudo a fin de proteger al núcleo de los terribles cañones de energía enemigos.
Pero todo era cuestión de tiempo. Sin forma de contraatacar, completamente rodeados por todas partes, estaba retrasando lo inevitable.
Aun así Virya sabía que era lo que tenían que hacer, luchar hasta el final, hasta el último Zentradi.
Un grupo de armaduras enemigas se lanzó sobre ella mientras un enjambre de misiles venía en la dirección contraria. Virya cargó contra las armaduras mientras esquivaba los disparos casi a quemarropa. Una rápida ojeada a los indicadores de su armadura confirmaron lo que la guerrera ya sabía de antemano: su reactor estaba alcanzado los límites de operatividad, la lucha se había prolongado demasiado tiempo.
Los Queadluun Rau eran máquinas excepcionales de probadas capacidades y resistencias, pero tenían un límite de uso y Virya se estaba aproximando al mismo rápidamente. La guerrera chasqueó la lengua y apartó la vista de los indicadores.
Cuando los misiles cayeron sobre ella ya no quedaban enemigos vivos en el área. La mayoría de las explosiones se dieron cuando las decenas de cabezas de combate colisionaron contra la nube de desperdicios que minutos antes fueran unidades de élite del Ejército de Supervisión. Virya se zambulló entre las fuerzas enemigas y escogió otro crucero como víctima de su ataque de infiltración.
—Uno más, solo uno más. —se dijo mientras apretaba los puños.
Se había propuesto a causar todo el daño posible, a matar a la mayor cantidad posible de enemigos antes que el tiempo se acabase y sus fuerzas fueran completamente masacradas. Lo que viniese después… ¿Acaso tenía sentido en pensar en lo que vendría? Solo el presente era importante, todo lo demás podía esperar.

Entró a máxima velocidad al hangar de aquella nave y de inmediato descargó una lluvia de disparos a las filas de armaduras que se preparaban para salir a la batalla. Las explosiones se sucedieron en cadena y pronto el hangar quedó envuelto en un bola de fuego, pero Virya ya no estaba ahí para contemplar su macabra obra de destrucción.
Avanzó a toda velocidad por los pasillos de la nave enemiga, arrollando a su paso a cualquier desgraciado que tuviera la mala suerte de cruzarse en el camino. Al principio había costado orientarse en aquellas naves, tan distintas a los cruceros Zentran o Meltran, pero al igual que pasaba con las naves de su propia gente, una vez que conocía una por dentro, se conocían todas. Virya continuó su carrera de destrucción hasta el puente de mando donde repitió la misma tarea una y otra vez.
—¡Mueran! —gritó mientras sus armas destrozaban los cuerpos de los sorprendidos oficiales y soldados, que obedecieron prontamente a la orden de aquella máquina de sangre y muerte.
La guerrera bajó los brazos y observó la escena de muerte casi con desdén.
—Siguiente. —pensó
Fué una fracción de segundo, apenas tuvo el tiempo necesario para comprender lo que estaba sucediendo. De pronto el puente de mando pareció doblarse sobre si mismo, como si la superestructura de metal se hubiese convertido en algo elástico, vivo.
—¡Debura! —gritó en cuanto el piso estalló bajo ella.
La nave había sido alcanzada por varias descargas de artillería mientras Virya continuaba dentro.


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—¿Seguro que es por aquí? —preguntó Maya por cuarta o quinta vez mientras el haz de luz que se proyectaba desde su casco alumbraba una pila diferente de escombros frente a ellos.
El Archivista había permanecido inmóvil desde que la joven Meltran lo arrastrara fuera de la cámara del núcleo. Solo contestaba sí o no pero no parecía estar muy comunicativo, cosa bastante extraña en su persona.
—Siga adelante. —respondió el Zentran sin abrir los ojos. Maya estaba preocupada por Exedore ¿Estaría herido? ¿Fue realmente una buena idea traerlo con ella? Para la primera pregunta no tenía respuesta, más sobre la segunda no tenía dudas; Exedore era parte de su escuadrón y ella jamas abandonaria a uno de los suyos a una muerte segura.
Pero aun así algo había cambiado entre ellos dos. La experiencia dentro de aquellas cápsulas había creado un nuevo vínculo entre ellos, algo que era tan difícil de explicar como de entender. ¿Era la clase de vínculo que un Comandante y su Archivista desarrollaban con el paso del tiempo? ¿O había algo más?
El túnel daba vueltas y más vueltas y parecía introducirse en las profundidades de aquella estructura en donde ahora descansaba el dañado núcleo de la nueva flota, de pronto tras una nueva vuelta del camino, una luz apareció al final del túnel.
—¿Será…? —preguntó Maya conteniendo la respiración.
La pareja salió a un espacio cerrado, una especie de caverna a medio construir cruzada aquí y allá por enormes cables de acero, como si las paredes hubiesen sido ancladas al Núcleo por la fuerza.
—¡Allí! —exclamó la guerrera señalando un punto oscuro en uno de los rincones.
Al parecer Breka-Nel había movido todo el hangar donde Virya y su escuadrón habían desembarcado para fusionarlo de alguna manera con la estructura del núcleo. Como había transferido la armadura de la guerrera desde ahí hasta la cámara central era un misterio, pero era evidente que no se preocupó en absoluto por el Queadluun Rau de Maya.
La armadura estaba tirada en parte de atrás de la caverna y el transporte que había llevado a Exedore hasta allí estaba volcado a un lado de la misma, parcialmente aplastado por unas rocas que habían caído sobre la proa.
—Debura! —maldijo la joven asomando la cabeza.
Descubrieron que allí no había gravedad y al salir del túnel comenzaron a flotar libremente en dirección de la armadura. Maya tomó con fuerza al Zentran entre sus brazos y usando uno de los cables tensores como punto de apoyo se impulsó con fuerza hacia el fondo de la caverna.
Un fuerte temblor sacudió la estructuras y los cables parecieron moverse como serpientes preparándose para atacar. Una enorme cantidad de desechos comenzó a flotar provenientes de las paredes y techos, perturbados por las enormes explosiones que ocurrian allá afuera, en medio de la terrible batalla.
—Tenemos que salir de aquí lo más pronto posible. —dijo Maya girando su cuerpo de forma que sus piernas apuntaran hacia delante.
Con gracia felina detuvo su caída libre contra la cabina de su Rau y abrió la entrada de la cabina.
El Queadluun tenía un par de abolladuras, pero estaba intacto. Tras una rápida revisión Maya entró al interior de la armadura mientras Exedore permanecía flotando cabeza abajo fuera de la misma. La sensación de comodidad al deslizar sus piernas por el recubrimiento interno del Rau hicieron que la joven se relajara un poco, pero solo un poco. Los sonidos de la batalla y las vibraciones que llegaban hasta aquel reducto oculto en el interior del núcleo eran un recordatorio del terrible peligro que los rodeaba.
Los sistemas del Queadluun cobraron vida al reconocer a su piloto y el reactor se encendió de inmediato.
—Todos los sistemas parecen bien. —dijo la joven mientras sus ojos recorrían fugazmente todos los indicadores de estado.
Exedore continuaba con los ojos cerrados, ajenos a los preparativos de la guerrera para entrar en la batalla.
—¿En serio piensa salir ahí afuera? —preguntó de repente el Archivista sin abrir los ojos. Maya dejó de hacer lo que estaba haciendo y miró con extrañeza al Zentran. —Por supuesto. —afirmó. —¿Acaso no es obvio? ¡Moriremos aquí dentro si no hacemos algo!
El Archivista abrió solo un ojo para mirar inquisitivamente a la guerrera. —¿Acaso ese no es un gesto egoísta de su parte?
—¿Egoísta? —Maya no comprendía. —¿A que se refiere? ¡Hay una batalla ahí afuera…!
Una batalla en la que usted no debería participar. —corrigió el Zentran.
La Meltran abrió la boca para responder pero pareció repensar momentáneamente lo que estaba a punto de decir. —Las órdenes. ¿Verdad? —dijo en cambio.
Exedore asintió.
—¿Es solo por eso? ¿Porque no soy yo quien puede decidir si la misión ha fracasado o no? —el rostro de la Meltran mostraba una creciente ira. —¿Verdad?
—En efecto.
—Pues ¡Debura! con ello. —exclamó a gritos la guerrera ante la mirada atónita del Archivista. —¿En serio quiere que permanezca quieta y sin hacer nada a esperar la muerte ahí dentro? —dijo señalando el oscuro túnel por donde habían venido.
—Eso no es de su incumbencia decidirlo. —Exedore movió la cabeza de lado a lado. —Pero no lo decía realmente por eso… Lo que usted realmente quiere es reunirse con esa guerrera Virya… la misión ha dejado de ser su prioridad ¿O me equivoco?
Maya ya había escuchado suficiente. Con un rápido movimiento estiró el brazo derecho y sujetando la túnica del Archivista de la zona del cuello lo arrastró hacia el interior de la cabina de un tirón. —Se equivoca. —dijo mientras chocaban frente a frente. —Usted… se equivoca. —repitió sin encontrar las palabras adecuadas para expresar la frustración que sentía.
Exedore no respondió. La violencia de Maya lo había devuelto al mutismo previo y solo los bultos de su cabeza se movían a un ritmo constante.
La Meltran dió un grito de rabia y lanzó al pequeño Zentran por detrás de su hombro. —Quedese ahi atras y no interfiera con la batalla. —dijo mientras con la otra mano cerraba la cabina.
Exedore quedó pegado al fondo de la cabina justo por detrás de la guerrera. El espacio era pequeño pero la delgadez de Maya sumado al pequeño tamaño del Archivista significaba que los dos podían compartir aquel espacio sin estorbarse mutuamente.
La cabina se cerró sobre ellos y la oscuridad los envolvió. Maya sintió aquella familiar sensación de seguridad y confort ¿Pero que estaría sintiendo ahora Exedore? La Meltran sentía el contacto del pequeño Archivista contra su espalda, pero su contacto no le resultaba extraño ¿Cuál sería la razón de aquello?
Las pantallas frente a ellas se encendieron y el espacio donde aquellos dos personajes tan desiguales se encontraban apretados uno contra el otro quedó iluminado con las luces rojas de la poderosa máquina de combate. Maya aspiró profundamente y movió las piernas.
—¡Adelante! —exclamó.
Los escombros más pequeños que habían caído alrededor de la armaduras salieron despedidos hacia todas direcciones en cuanto las dos poderosas toberas cobraron vida y escupieron llamaras verdes a toda potencia. El robot se elevó por sobre los desechos y se detuvo a medio centenar de metros por encima del piso de aquel hangar.
Maya giró la cabeza en ambas direcciones tratando de encontrar una salida. Todo el recinto estaba cerrado por aquel material similar a una roca porosa que crecía como algo vivo (y seguramente lo estaba) por todos lados. La única salida que veía era el túnel por el que habían llegado.
—Debura! —exclamó sin saber que hacer —¿Dónde está la salida?
—No la hay. —respondió el Archivista desde su incómoda posición tras la guerrera. —Se supone que no debe existir una salida aquí.
La Meltran apretó los puños sobre los controles de su armadura. —Entonces tendré que fabricarla yo misma. —dijo desplegando las armas.
Todas las paredes parecían igual de firmes ¿Debería empezar a disparar en cualquier sitio? ¿Y si provocaba una explosión en cadena? Tenía que arriesgarse o…
—Allí. —dijo de pronto Exedore extendiendo su huesuda mano hacia un punto más allá de las pantallas de monitoreo. —Destruya esa pared.
—¿Seguro? —preguntó la Meltran colocando el puño derecho en posición de disparo. El sector de pared que señalaba Exedore se veía tan sólido y fuerte como el resto de la caverna.
—No. —respondió el Zentran. —No estoy seguro, pero soy un Archivista y un Consejero. Si no acepta mis consejos entonces poco valor tengo para usted.
Maya suspiró y afirmó el brazo en los controles. —Tiene razón. —dijo la joven con una sonrisa. —Usted haga lo suyo y yo haré lo mío. —respondió mientras presionaba el gatillo.
Un resplandor enceguecedor iluminó la oscura caverna seguida de una terrible explosión. De pronto el caos estalló alrededor del Queadluun y el campo de batalla los rodeó por completo.

Maya y Exedore entraron a la terrible batalla en medio de una conflagración de humo y escombros, cuando el hangar que los acogía explotó en miles de pedazos, lanzando a los dos compañeros al medio del combate sin previo aviso.
—¡Debura! —exclamó Maya en cuanto todas las alarmas de su armadura se encendieron al unísono. Misiles aproximándose, el sistema de alerta de apuntado enemigo, alarmas de proximidad, todas las amenazas que la armadura detectaba en las cercanías se dispararon frente a los ojos de la confundida Meltran.
Pero Maya ya no era una novata. Con un rápido movimiento puso a su armadura a dar vueltas y a girar para liberarse de los enemigos que habían visto aparecer de la nada a aquella armadura color violeta, que para colmo se destacaba visiblemente de las demás tropas regulares en el campo de batalla.
Recibieron fuego desde más de una docena de ángulos diferentes y solo la extrema rapidez y agilidad del Rau pudieron ponerlos a salvo de tantos enemigos simultáneamente. Todo el campo visual frente a las pantallas de la guerrera se llenó de explosiones y las ondas de choque golpearon con violencia el cuerpo del robot.
—¡Esto es un desastre! —gritó la Meltran por sobre el ensordecedor estruendo de las explosiones. —¡Nos están masacrando! ¿Como se supone que encontremos a Virya en medio de este caos?
Exedore se incorporó por sobre uno de los hombros de Maya y echó un vistazo a las pantallas de la interfaz. —Yo me encargo. —dijo sin dejar de mirar los monitores. —Usted mantenganos con vida y yo encontraré a Virya.
Maya asintió en silencio y aplicó potencia a los poderosos impulsores de sus piernas, haciendo que su armadura saliese disparada hacia delante dejando rápidamente atrás a todos sus perseguidores.
El campo de batalla era un caos de explosiones, chatarra y sangre. Era un todos contra todos donde no había táctica o estrategia reconocible en uno u otro bando de combatientes. Maya vió con asombro como las enormes naves de batalla disparaban sus cañones de energía contra pequeños interceptores, o disparaban los gigantescos misiles antinaves contra simples armaduras de combate, como si ya no existieran reglas o procedimientos. Era matar o matar sin importar el arma o el blanco.
Un grupo de armaduras enemigas se lanzó sobre ella desde algún punto por encima de su posición y la guerrera contraatacó con violencia, destrozando a los atacantes con precisas rafagas de fuego automático a medida que entraban en el rango efectivo de sus terribles armas.
Su estilo de combate aún no se había desarrollado por completo pero Maya se daba cuenta que estaba imitando a su mentora, tanto en la forma de moverse como en el estilo que utilizaba para destruir a los blancos, maximizando la efectividad de cada disparo, concentrándose en posicionar no solo sus armas sobre el objetivo, sinó moviendo la totalidad del Queadluun de forma que los vectores de velocidad se superpusieran sobre los de las armas, multiplicando varias veces la efectividad de las mismas.
Estaba tan concentrada en destruir a los miles de enemigos que llenaban las pantallas frente a ellas que la aparición del blancuzco tentáculo delante de sus pechos casi la hace gritar.
—¿Que diablos es eso! —exclamó mirando el pálido apéndice que se movía de lado a lado frente a ella.
—No quite la vista de los enemigos o van a destruirnos. —exclamó Exedore desde su lugar por detrás de la guerrera. —Necesito acceder a la computadora de su armadura.
Maya retiró la vista del tentáculo y fijó su atención en los blancos que no dejaban de aparecer frente a sus armas, pero aquella cosa que se movía cerca de su pecho la ponía nerviosa.
El pequeño apéndice parecía brillar con una luz propia. Exedore tanteó una de las pantallas secundarias de la interfaz de la cabina y de alguna forma aquella extensión de si mismo se fijó por medio de unas finas raíces blancuzcas al cristal del monitor.
Enseguida la pantalla se apagó y una serie de simbolos extraños aparecieron resaltados contra el fondo negro de la misma.
—¿Que rayos…?
—Estoy accediendo a la interfaz de mando de la red de Breka-Nel. —explicó el Zentran. —Voy a utilizar una de las pantallas como terminal para monitorear el teatro de operaciones mediante la información recabada por todas las naves aliadas que nos quedan, podremos ver en tiempo real todo el campo de batalla desde aquí dentro.
La guerrera asintió y descargó una andanada de disparos sobre el puente de mando de una nave de ataque de artillería enemiga. Las explosiones se sucedieron en cadena y toda la nave estalló unos segundos más tarde mientras la armadura violeta se lanzaba rápidamente en picado a través del humo y los desechos.
—Esa cosa. —dijo Maya sin quitar la vista del frente. —Es… como la que tiene Virya ¿verdad?
Exedore levantó la vista confundido. —¿A que se refiere?
Maya tragó saliva ¿Era realmente el momento para hablar de eso? La batalla a su alrededor estaba en su clímax, miles de soldados morían en esos momentos a su alrededor… más su mente no podía pensar en otra cosa. Tenía que saberlo.
—Lo que…. tiene Virya… entre sus piernas.
Exedore abrió grandes los ojos, acaso sorprendido por la pregunta. —Entre… sus piernas… —repitió mientras cerraba los ojos y los bultos y venas de su cabeza temblaban violentamente.
El silencio reinó durante varios minutos mientras el infierno se desataba fuera de la cabina. Salvo por las violentas explosiones que de tanto en tanto sacudían a la armadura, parecía que el tiempo se hubiese detenido en aquel reducido espacio.
Finalmente Exedore abrió los ojos.
—Se refiere al pene de Virya. —dijo.
Maya escuchó aquella palabra desconocida y la guardó en su memoria. Pene. ¿Ese era nombre de aquella cosa tan importante para su maestra? De pronto Maya se dió cuenta que, por primera vez desde que se conocieran, ella sabía algo que la poderosa guerrera ignoraba. Aquella idea dió vueltas por su cabeza como una especie de revelación.
—No. —continuó diciendo Exedore tras una pausa. —Lo que tiene Virya producto de su alteración genética no tiene ninguna relación con mis apéndices de interconexión. Son cosas completamente diferen....
Las palabras del Archivista se cortaron de improviso cuando Maya tuvo que realizar un giro cerradisimo para evitar a último momento una descarga de energía que vaporizó a unas dos docenas de soldados cuya reacción no fue tan veloz como la de la guerrera.
—Pero… ¿Para qué sirve esa cosa? —quiso saber Maya mientras reanudaba su tarea de destrucción. —¿Porque tiene eso….?
—Todos los Zentran tenemos uno de esas. —dijo Exedore pensativo. —Así como las Meltran poseen una cavidad en la misma zona. Son características de nuestro diseño original y forman parte de lo que nos hace ser uno u otro en la flota.
Una ventana holográfica se abrió de pronto a un lado de la cabina y la imagen de Breka-Nel apareció apenas visible por las interferencias y degradación de las señales en el campo de batalla.
—¿Que rayos…? ¿Quién está accediendo a la red estratégica…?
Los ojos del poderoso Zentran se abrieron de par en par en cuanto pudo distinguir aquella increíble imagen que debía aparecer frente a su pantalla.
—¿Archivista Exedol..? ¿Almirante Maya..? ¿Que hacen fuera de…? ¿Donde..?
Exedore se encaramó lo más que pudo sobre el hombro de la guerrera para que su cabeza fuera visible al desconcertado Comandante Supremo. —Hubo… un cambio de planes, su excelencia.
Breka-Nel no supo por un momento que era lo más desconcertante; si la visión de aquellos dos metidos en lo que parecía ser una cabina de Queadluun Rau o el hecho que ambos estuvieran vivos y fuera del Núcleo.
—Ustedes no deben estar en el Campo de Batalla. —gruño el poderoso Zentran señalandolos con el dedo índice. —Han comprometido el desarrollo de la misión con sus acciones y...
A Maya no le importaba aquello, simplemente miró directamente a los ojos del Comandante Supremo e hizo la pregunta que necesitaba hacer:
—¿Dónde está ella? —preguntó con fuego en la mirada.
—¿Donde está Virya?
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