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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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—Lo estas poniendo al revés.
El hombre giró el holograma que se proyectaba desde el pad adosado a una de las muñecas de su armadura de combate, más aquella superposición de niveles, pisos y cubiertas seguía sin tener ningún sentido.
—Esto es un puto laberinto. —contestó su compañero mientras apoyaba el rifle de asalto en una de las pasarelas de metal y miraba el mapa con desagrado. —¿Estás seguro que estamos en la cubierta correcta?
—No estoy seguro si estamos en la misma nave. —respondió el otro pirata. —Todo este sector es completamente diferente al resto de la colonia.
Los dos hombres se habían detenido sobre una de las pasarelas que atravesaban una zona de tuberías. Enormes jaulas de metal formaban una serie de bloques diferenciados donde decenas de tubos de todos los diámetros imaginables partían en todas direcciones como enormes raíces de un árbol milenario.
—Al diablo con todo! —exclamó su compañero y se sentó sobre la pasarela, dejando que sus piernas colgaran en el aire. —El Jefe está loco si piensa encontrar a esa puta aquí dentro.
A pesar del rejunte de partes que conformaban las armaduras personales de esos dos, era evidente que estaban bien equipados para la tarea que les habían encomendados. Además de las armaduras de Kevlar y los refuerzos en piernas, brazos y rodillas el equipo también incluia cascos con visión térmica e infrarroja.
El hombre que se había sentado se quitó el casco con gesto cansado y lo colocó a un lado mientras extraía un cigarrillo del bolsillo de su chaleco.
Mientras tanto su compañero seguía luchando con el compás tridimensional de su Pad, girando en uno u otro sentido en todos los ejes posibles para tratar de descubrir su ubicación exacta.
—Tiene que haber algún tipo de filtro para eliminar todas estas pasarelas y conductos alrededor. —dijo finalmente apagando el aparato tras varios minutos de intentarlo en vano. —Me doy por vencido.
Para entonces su compañero ya se había fumado la mitad de su cigarrillo y lanzaba nubes de humo blanco sobre el profundo abismo negro.
—¿Estás seguro que podremos reconocerla cuando la veamos?
—¿A la puta? —El pirata arrojó la colilla del cigarrillo al abismo. —Es una vieja de pelo azul atado en una trenza enorme con una gorra de Capitán…. no debería ser muy difícil de identificar.
El hombre que estaba de pie asintió en silencio mientras miraba nervioso alrededor. —Esta nave me da escalofríos.
—¿Nervioso? —Su compañero lanzó una carcajada. —Lo que necesitas es un buen polvo… ¿Hace cuánto que no nos tiramos a una puta?
—Meses con seguridad. —respondió el otro hombre. —El jefe nos acuarteló a todos para esta operación y no hemos podido desembarcar en ningún lado desde…
—Desde hace bastante. Me pregunto si el jefe nos dejará divertirnos un poco con esa tal Amanda antes de entregarla… vieja a o no una concha es una concha…
—Y una bala en la cabeza es una bala en la cabeza. —exclamó una voz extraña a la espalda de los dos hombres.
El que estaba de pie intentó darse vuelta con el rifle preparado pero resultó completamente cegado en cuanto su visor infrarrojo quedó deslumbrado por la poderosa luz de la linterna adosada al rifle de asalto de aquella mujer.
Amanda apretó el gatillo solo una vez y la bala entró justo entre los ojos del hombre. Ya estaba muerto antes de caer sobre la pasarela.
—¡Hija de …!
La Capitán Kyle no desperdició una bala en el segundo pirata, simplemente pateó la cara del mismo con su bota con tanta fuerza que los dientes del sorprendido hombre se partieron al chocar su cabeza contra uno de los soportes metálicos de la barandilla.
—Además ni siquiera eres de mi tipo. —dijo mientras empujaba con el rifle el cuerpo desvanecido hasta que se precipitó por el abismo. El desgraciado rebotó en varios caños y desapareció entre las sombras un centenar de metros más abajo.
—Tendré que enviar a alguien a que limpie también eso. —dijo con un suspiro mirando la sangre y los trozos de cráneo y cerebro que habían quedado regados por el piso de metal. —Dos menos.
Tomó uno de los rifles que habían quedado en la pasarela y se lo colgó en la espalda mientras sujetaba el suyo propio con fuerza. Se detuvo unos momentos a escuchar pero no había más ruidos que los típicos de aquella zona.
Antes de continuar desprendió el Pad del brazo del cadáver y examinó el mapa tridimensional que los piratas habían estado usando.
—Estos hijos de puta tienen mapas actualizados de la Rainbow. —dijo luego de comprobar rápidamente varios lugares. —Están mejor preparados de lo que pensaba.
Un objeto se había caído del cinturón del pirata, Amanda lo recogió y luego de pensarlo un momento se lo guardó en el bolsillo.
Sin perder un segundo más se puso en marcha hacia el otro extremo de la pasarela mientras miraba nerviosa a cada lado. En el extremo de la misma había una pequeña escalerilla que descendía hacia el profundo pozo. La mujer se colgó el rifle en la espalda y con mucho cuidado comenzó el lento descenso.
Habia estado siguiendo una ruta periferica para evitar las zonas que sabía contaban con vigilancia y sensores de movimiento, pero se estaba quedando sin rutas seguras. Esta era la cuarta vez que se cruzaba con patrullas de los invasores en aquellos niveles, pero no había podido esquivarlos en esa oportunidad, simplemente no había otro camino.
Lo que Dan le había dicho todavía resonaba en su cabeza. “Masacrados”, sus hombres; apenas un puñado de socorristas y personal de seguridad, ninguno de ellos armados. ¿Cómo habían podido hacerles eso?
Cada tanto se escuchaban disparos que resonaban como estampidos lejanos, ecos traídos desde rincones alejados de la colonia que la intrincada acústica de las tuberías y pasillos amplificaba y multiplicaba en los oídos de la mujer.
“Masacrados” pensaba una y otra vez. Habian violado su nave, matado a sus hombres y ahora la estaban cazando como a una simple rata. ¿Cuando es que se había empezado a ir todo a la mierda? Habian pasado tantas cosas ya que empezaba a perder la cuenta.
La escalera terminó sobre una pequeña plataforma pobremente iluminada por un solitario tubo fluorescente, cuyo brillo intermitente dejaba apenas entrever lo que había más allá del túnel que se extendía más adelante.
Amanda extendió su propio dispositivo de visión nocturna frente a los ojos y volvió a colocarse el rifle en las manos. A continuación respiró hondo y se adentró en la boca del pasadizo.

Avanzó rápidamente al principio, en lo que parecía ser un pasillo destinado a que transportes de materiales se movieran con rapidez por el interior de los diferentes módulos interconectados. Amanda conocía mejor que nadie el interior de su nave ya que se había criado en el interior de una, lejos y hace tiempo en la flota 37, no obstante muchas cosas habían cambiado en la Rainbow desde que dejaran la flota donde había sido fabricada. No había dos naves iguales, las Three Star eran el sumun de la modularidad aplicada a naves factorías y salvo unas cuantas partes de la superestructura que mantenía toda la nave junta, todo lo demás podía cambiarse de lugar, armarse o desarmarse según las necesidades del momento.
La mujer se detuvo a escuchar pero solo sintió los ecos moribundos de los tacos de sus botas hacia lo profundo del túnel. Sentia el arma pesada y el sudor perlaba su frente. La concentración de oxígeno en aquella área debía de ser bastante baja, lo que en si era una buena señal; significaba que la zona no estaba monitoreada en tiempo real y podía escabullirse con seguridad.
Amanda se sentía observada, la sensación de ser vigilada constantemente por aquellos que habían tomado el control de todo el sistema era una carga muy pesada. Se imaginó cómo debía sentirse Tass, pero no, la chica tenia cosas mas importantes de que preocuparse… ese joven piloto… el Teniente Glenn….
—Hijos de puta. —volvió a mascullar mientras se pegaba contra una de las paredes al llegar a una bifurcación del túnel. Había visto como Tass se derrumbaba sobre el piso de la torre de control ante las terribles imágenes de los monitores y aquello no se le borraría jamás de la memoria mientras estuviese viva.
La venganza tendría que posponerse por el momento, pero cuando llegara el momento…
Tomó el pasillo de la izquierda y pronto comenzó a descender nuevamente. La vía era ahora más angosta, apenas una trinchera que se escurría entre cables y conductos de metal que formaban grandes manojos grises uno encima del otro.
Una fina capa de polvo cubría el camino a medida que la mujer avanzaba lentamente. Al cabo de unos minutos una enorme pared se interpuso en su camino y debió girar a la derecha, siguiendo un estrecho túnel que rodeaba lo que parecía ser una cubierta completa. Amanda ya no tenía dudas, se encontraba justo en el exterior del depósito central, solo debía encontrar un acceso abierto.
Una escalera apareció al final del camino y Amanda no tuvo más remedio que escalarla. Ya no podía volver atrás.
Las armas y la armadura pesaban bastante, pero la mujer se las arregló para subir por la estrecha estructura tubular que rodeaba a la escalera y finalmente salió a una pasarela que se abría unos diez metros por encima del túnel que había recorrido. Una escotilla doble se encontraba al final de la misma y Amanda se encaramó a la misma.
—Por fin he llegado. —exclamó aliviada.
La pesada puerta no había sido abierta en años, pero el mecanismo funcionó perfectamente y la gruesa hoja de la puerta giró casi sin ruido sobre las bisagras. Una vez dentro de la esclusa Amanda cerró la puerta exterior y abrió la interior lo más silenciosamente que pudo.
El almacén principal estaba en tinieblas y en silencio. Aunque la mujer cerró con todo cuidado la puerta tras de sí el sonido metálico que hizo al cerrarse retumbó en todo el lugar.

Estaba sobre una pequeña plataforma que se elevaba unos cinco metros del piso. Por suerte había una escalera con una barandilla que pronto la llevó a nivel del suelo de metal despintado, lleno de marcas y rayones producidos por el paso de equipo pesado. Amanda escuchó con atención pero solo le llegaban sonidos lejanos, como un murmullo distante y apagado.
Avanzó contra una de las paredes hasta llegar a una hilera de contenedores que cruzaban el espacio perpendicularmente a su ruta. El Almacén Principal era gigante, casi dos hectáreas completas divididas en varios almacenes individuales equipados con compuertas anti-incendios y sistemas de presurización de emergencia. La Rainbow tenía varios almacenes repartidos por todas las cubiertas pero lo que hacia tan importante a ese en particular era la conexión al sistema ferroviario de la Colonia. Se podía enviar equipo desde los almacenes hacia cualquier parte de la enorme nave en pocos minutos y de forma completamente automática gracias a los vagones y sistemas de carga y descarga automatizados que colgaban del techo. Dado que la prohibición de usar robots pesados aun seguía aplicada a la Rainbow, se utilizaba maquinaria en rieles y no los enormes robots humanoides que se usaban en el resto de la galaxia para cargar y descargar contenedores de las naves de transporte.
Pero toda actividad había cesado en aquel depósito y las enormes máquinas estaban paralizadas en un sueño inquieto, como grotescas estatuas cubiertas de cables y mangueras de los sistemas hidráulicos que daban vida a los poderos brazos de carga.
Amanda caminó en silencio debajo de aquellas moles mecánicas, siempre manteniendo una pared a su lado mientras vigilaba las sombras que el visor nocturno hacía retroceder hacia ambos lados.
Al cabo de unos minutos llegó a una de las vías troncales en donde se movían los carros de transporte. Se trataba de una trinchera de un metro de profundidad donde estaban emplazadas las vías de los diferentes ramales por donde circulaban las mercancías. Amanda vió que frente a ella había una hilera de diez vagones enganchados unos a otros a la espera que el sistema los enviase a recoger alguna cosa. Generalmente estaba prohibido cruzar las vías por un lugar que no fuera un puente para los obreros (Esos vagones se movían muy rápido) pero dado que todo el sistema estaba fuera de línea, no valía la pena dar un rodeo. Amanda tenía prisa por llegar a donde se almacenaban los containers traídos por la Río Grande.
La mujer colocó su rifle sobre uno de los vagones planos y utilizando uno de los enormes pernos que sostenian las ruedas de acero de casi un metro de diámetro, se impulsó hacia la parte superior del mismo lista para saltar del otro lado.
En ese momento y sin previo aviso,todos los vagones se pusieron en movimiento simultáneamente
La aceleración brusca casi hizo que la mujer cayera debajo de las ruedas, lo que hubiera significado su muerte inmediata. No obstante logró recuperar el equilibrio y rápidamente rodó sobre si misma hasta quedar arrodillada en posición de disparo en el centro exacto del vagón.
—Por todos los diablos ¿Y ahora qué…?
El tren se movió rápidamente a través del Almacén Principal y salió a una zona iluminada. Era un patio de almacenaje de vagones y material rodante y Amanda comprendió lo que estaba sucediendo. Había caído en su trampa.
El final del tramo que recorría en ese momento apareció unos cien metros más adelante, donde unos enormes reflectores iluminaban a un grupo de piratas que la esperaban a ambos lados de la vía.
—Hijos de puta.
Amanda se puso de pie de un salto y sin pensarlo dos veces se lanzó hacia las vías en el momento exacto en que el tren comenzó a aplicar los frenos, rogando que el golpe no fuera tan violento.

El golpe fue muy violento y la mujer dió un alarido en cuanto su tobillo se dobló al recibir todo el peso del cuerpo durante el aparatoso aterrizaje.
Los gritos y maldiciones de los piratas se escucharon claramente en cuanto vieron que su presa se lanzaba de cabeza a la oscuridad entre las cajas del otro lado de las vías. De inmediato se lanzaron a correr en su dirección mientras otro grupo lo hacía en la dirección contraria para cortar un posible escape.
Amanda estaba consciente pero muy dolorida. Tenía que salir de allí de inmediato o la atraparían irremediablemente, pero el dolor era insoportable.
Sin otra cosa que hacer se arrastró entre los enormes contenedores y se arrojó tras una pila de hierros de construcción.
Estaba atrapada, pero no vencida. Tomó su rifle y lo apretó contra su pecho mientras respiraba profundamente.
Y esperó.
No tardó en oír las pisadas que se acercaban. Los invasores se habían dividido en parejas para buscar mejor cada rincón del depósito. Una de ellas pasó a escasos metros de su escondite y el haz de una linterna barrió el espacio por sobre su cabeza. Amanda contuvo la respiración mientras las voces ásperas maldecían en voz baja.
Tras varios segundos que parecieron horas los dos piratas se alejaron y la mujer se atrevió a respirar un poco. No estaba segura de cuantos pero calculaba que una docena de hombres la estaba buscando en esos momentos, simplemente no tenía chances de enfrentarse a todos ellos.
Se arrojó al piso y lentamente comenzó a arrastrarse por entre los pequeños espacios que quedaban entre cajas y contenedores. Sentia el tobillo hinchado y el dolor la hacía jadear cada vez que su pie se enganchaba en alguno de los obstáculos, pero de alguna manera se las arregló para continuar alejándose de las voces y las linternas.
Tras varios minutos de avanzar lentamente entre las hileras de materiales y mercancías finalmente se topó con una pared de metal y ya no pudo seguir avanzando. Si volvía hacia atrás la atraparian y si se quedaba allí en lo más profundo del depósito… tal vez.
Un silbido y un siseo captaron su atención. ¿Que era eso?
Otra vez, ahora un poco más cerca. Había sido un sonido metálico seguido de el sonido de un neumático que se desinfla rápidamente. Amanda contuvo la respiración y agudizó el oído. Entonces lo escuchó más cerca y comprendió con horror de lo que se trataba.
Gas, aquellos malditos estaban arrojando algún tipo de contenedor de gas en el piso del depósito, estaban intentando hacerla salir como a una cucaracha.
La mujer se arrancó un trozo de camisa que asomaba por debajo de su chaleco de Kevlar y se improvisó una máscara alrededor de la boca y la nariz. No serviría de nada si era un agente neurotóxico, pero algo era mejor que nada.
Lentamente asomó la cabeza por sobre la caja que la ocultaba del pasillo y escudriño las sombras que la rodeaban. Unas nubes de gas blanquecino habían empezado a cubrir una parte del pasillo y avanzaban lentamente entre cajas y barriles en su dirección, se estaba quedando sin tiempo.
—Piensa Amanda, piensa. —se dijo mientras miraba a ambos lados en busca de una salida. Vió una serie de cajas de madera apiladas contra un container que parecían ser lo suficientemente fuertes para sostener su peso. Si pudiera subirse a una de ellas y luego trepar al contenedor de metal tal vez lograría…
El repentino silbido la interrumpio. Con horror vió como entre el humo una lata venía volando en su dirección dejando una estela de gas blanco tras sí.
—Oh mierda. —gritó mientras se arrojaba fuera de la trayectoria del proyectil.
La lata cayó en el lugar donde había estado oculta y de inmediato una explosión de gas inundó toda la zona con aquellos vapores blancos. Amanda se tapó su improvisada mascarilla con una mano y salió corriendo por entre las mercancías con el rifle sujeto a la otra.
—¡Ahí está! —gritó alguien a su izquierda.
Amanda se dió vuelta justo cuando un par de figuras oscuras con máscaras antigas aparecían de entre los jirones de humo y se abalanzaron al instante sobre ella.
Ella disparo una rafaga sobre ambos hombres mientras se arrojaba hacia atrás empujada por el retroceso del arma. Se escucharon unos alaridos de dolor y las figuras volvieron a desaparecer entre la neblina blanca.
La mujer gimió mientras giraba sobre si misma en el piso, el dolor de su tobillo se estaba volviendo insoportable y la caída no lo habia mejorado precisamente. Oculta por la niebla pero tosiendo violentamente, Amanda se escabulló entre los bultos tratando de buscar un poco de aire fresco. Sentia que sus pulmones estaban a punto de estallar y la garganta estaba ardiendo. Aire, necesitaba aire.
Vió luz adelante pero tenía los ojos llenos de lágrimas y casi no podía ver nada. Casi arrastrándose se dirigió hacia allí sintiendo que su cabeza le daba vueltas… un poco mas y podria respirar.
Alguien la tomó violentamente de la enorme trenza y tiró su cabeza hacia atrás. Amanda gritó y vio estrellas a su alrededor, el dolor era imposible de soportar.
—Te tengo puta. —dijo una voz áspera y desagradable frente a su rostro.
Sintió que la levantaban por el aire y la sacudían, entonces trató de abrir los ojos.
El humo había comenzado a disiparse a su alrededor. El hombre que la había capturado vestía una armadura de combate pesada, casi un exoesqueleto formado por varias piezas desiguales pintadas desprolijamente con aerosol negro. Sin que la mujer pudiera evitarlo el hombre le arrancó el rifle de las manos y lo arrojó lejos.
—Vaya que nos has causado problemas, perra… —dijo mientras con la mano libre se levantaba la máscara de oxígeno para dejar al descubierto un rostro lleno de cicatrices. —Ahora estate quieta mientras te llevo con el Jefe.
Amanda escupió en la cara del hombre.
El pirata ni siquiera pestañeó, levantó el puño envuelto en el pesado guantelete de Kevlar negro y asestó un fuerte golpe al rostro de la mujer. Amanda gritó y un chorro de sangre salió de su nariz lastimada mientras el hombre que la sostenía en lo alto se reía a carcajadas.
—Para que te quede en claro quien manda ahora aquí. —dijo mientras la sacudía como a una muñeca de trapo. —Ahora vas a cerrar ese piquito y vas a hacer lo que yo te diga ¿Está claro?
La mujer escupió una flema sanguinolenta y dijo algo incomprensible. El pirata acercó el oído a la boca magullada de Amanda —¿Como? No te oí bien..
—Di-je… te va..yas al diablo! —respondió la mujer con una sonrisa, mientras simultáneamente dejaba caer la granada que había rescatado de su primera víctima unas horas antes. El artefacto explosivo se deslizó sin ruido dentro del espacio que había entre el pecho de la armadura y el cuello del hombre.
El pirata abrió los ojos sin poder creer lo que veía, entonces su mirada se posó sobre la pequeña espoleta que giraba lentamente en el dedo índice de la mujer.
—Hija de pu…!
La explosión hizo que Amanda saliera despedida hacia atrás mientras aullaba de dolor, más su vuelo fue relativamente corto. De pronto sintió como algo la atrapaba y la sostenía en alto.
—Te tengo. —dijo una voz a su espalda.
Sin saber como se encontró recostada en el suelo mientras observaba indefensa como le quitaban el chaleco blindado y recostaba su cabeza contra algo blando. Con un esfuerzo levantó la cabeza y a través de las lágrimas que inundaban sus ojos pudo distinguir un par de anteojos y una cabellera castaña.
—¿Q-Quinn? —dijo mientras levantaba una de sus manos.
—Eso fue…. extremadamente alucinante. —dijo la joven mientras limpiaba la sangre del rostro de Amanda con un pañuelo. —Nunca vi a nadie usar una granada así en CQC. —comentó la Meltran micronizada con una sonrisa.
—Se me da bien improvisar. —respondió la mujer y ambas se rieron simultáneamente.
—¿Cómo te sientes?
—Fatal. —contestó Amanda mientras se pasaba la mano por la frente. —Pero… ¿Y los demás piratas..? —preguntó de pronto volviendo a la realidad mientras intentaba ponerse de pie.
Quinn puso sus manos sobre los hombros de la Capitán y con gentileza pero firmemente la volvió a recostar en donde estaba. —Muertos, no te preocupes. Esa cortina de humo fué una pésima idea de su parte, te lo aseguro.
Amanda giró la cabeza y observó el paisaje que la rodeaba. El humo se había disipado por completo y el espectáculo que se revelaba a su alrededor era dantesco. Había una docena de cuerpos desparramados alrededor de donde se encontraban, todos ellos yacían en medio de un charco de sangre.
—¿Tu sola….?
La Meltrán desenfundó un enorme cuchillo de combate que aún tenía algo de sangre en la empuñadura. —Trabajo fino. —dijo mientras volvía a guardarlo. —Hace mucho que no mataba en forma sigilosa… me alegro haber llegado a tiempo, pero creo que esta vez te salvaste sola, ese de la armadura hubiese sido un contrincante interesante para enfrentar con un cuchillo.
—Con gusto te lo hubiera dejado. —respondió la mujer acariciandose la cabeza. —Casi me arranca la trenza de un tirón.
—Y tu granada le licuó todas las tripas desde dentro. —dijo Quinn poniéndose de pie a la vez que miraba la masa sanguinolenta que se desparramaba desde el interior de la relativamente intacta armadura. —Menos mal que el Kevlar del exoesqueleto contuvo las esquirlas, o ahora estarias hecha un colador.
—Quinn. —Amanda se sentó en el suelo mientras se sujetaba el dolorido tobillo. —Tenemos que recuperar la Colonia a como dé lugar.
—Sin mi VF es poco lo que voy a poder hacer contra esos Zentradis de mierda. —reconoció la Meltran encogiéndose de hombros.
Amanda la miró fijamente. —¿Cuantos?
—Al menos cinco. —dijo. —Dos quedaron en el hangar principal y los otros tres fueron a buscar a Ralph.
—¿Y piratas?
—Más de un centenar y probablemente haya más en camino por lo que escuche decir a esos bastardos. ¿Tienes algún plan...?
La mujer guardó silencio mientras apretaba el pañuelo contra las fosas nasales. La hemorragia se había detenido finalmente. —No. —reconoció agotada. —En verdad no se que mas hacer, creo que estamos solas tu y yo Quinn…

La Meltran Micronizada se agachó al lado de Amanda y acarició con ternura la cabellera azul de la mujer. —Entonces será mejor que pidamos ayuda. —dijo mirándola a los ojos.
—¿Ayuda? —preguntó confundida la Capitán Kyle —¿Dónde podríamos conseguir ayuda...?
—¿No es obvio? —respondió Quinn con una sonrisa. —En El Campo por supuesto.
Amanda abrió la boca para decir algo pero no había palabras que pudiesen transmitir lo que estaba pensando en ese momento. Se limitó a asentir en silencio.
El momento había llegado.
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