Fanfic Es
Fanfics en español

Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

[Comentarios - 1]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
—¡Maya!
La enorme estructura que se asemejaba a un gigantesco ojo pareció absorber en rayo como si nada hubiera pasado, más fue solo una ilusión temporaria. La explosión posterior fue enorme, toda la armazón de metal exterior que estaba a medio construir quedó vaporizada al instante por la fuerza destructiva del rayo de energía dimensional.
Virya se lanzó en picada entre aliados y enemigos, esquivando misiles y disparos como si no importara otra cosa más que llegar hasta aquella nube de humo rodeada de desperdicios y trozos de roca.
—¡Virya! —gritó Breka-Nel por la radio pero la guerrera no pareció escucharlo, toda su atención estaba centrada en aquella nube de humo que habia sido lanzada hacia atras por la fuerza de la explosión.
El Comandante Supremo tomó momentáneamente el control de la interfaz del QRau e hizo que su imagen holográfica se proyectase por todo el frente de la cabina. De pronto Virya se encontró al gigantesco Zentran frente a su nariz.
—¡Comandante Virya! ¡Vuelva a la batalla de inmediato!
—¡Han destruido el Núcleo! ¡Maya está….!
—El núcleo está intacto, solo han destruido el blindaje externo, regrese al combate o el próximo disparo si será el último.
La imagen desapareció y la interfaz de la cabina volvió a la normalidad. Virya se obligó a detener su alocada carrera antes de volver a echar un vistazo al lugar donde maya y Exedore continuaban encerrados.
A través del humo y los fragmentos de chatarra el ojo pareció emerger frente a ella. Un enorme hueco se había abierto allí donde la terrible arma había impactado pero por lo demas parecía estar intacto. Rayos y chispas saltaban en todas direcciones sobre la superficie escamada de aquel blindaje biológico que parecía latir y sufrir con dolor la terrible herida sufrida.
Pero algo más preocupante que aquella cicatriz había ocupado la totalidad de la mente de la guerrera. Había dejado de percibir aquellas presencias globulares, ya no podía saber si quedaba alguien vivo dentro del núcleo. ¿Y si Maya había sido destruida?
Virya quería gritar, quería golpearse la cabeza contra la pantalla de su panel de mandos, pero sus otras personalidades no se lo permitieron.
—Debo luchar. —se repitió a si misma mientras daba vuelta su armadura y se lanzaba por donde había venido.
—Debo… continuar.
Se arrojó hacia delante, zambulléndose entre los enemigos que apenas si podían reparar en el vertiginoso rayo rojo que precedía a sus violentas muertes. Toda su capacidad destructiva se había desplegado en el campo de batalla y en ese momento Virya era pura violencia, una fuerza de aniquilación avasalladora que no se detenía ante nada ni nadie.

El campo de batalla había vuelto a cambiar de forma. El Ejército de Supervisión había reaccionado tarde a la nueva amenaza que, poco a poco, había ido escurriendose tras esas pequeñas grietas que Virya había descubierto entre la incesante marea enemiga. Varios cruceros de batalla fueron removidos del frente y posicionados en una doble o incluso triple fila para reforzar los sectores vulnerables a aquella filtración de enemigos que se comportaba de forma extraña, desafiando toda clase de táctica conocida de la interminable guerra galáctica.
Virya estaba en medio del frenesí de la batalla y sus otras personalidades ya no tenían forma de tomar control del cuerpo de la guerrera simultaneamente, asi que simplemente observaban como la batalla progresaba.
Todos los caminos que la Virya estratega había trazado sobre la interfaz táctica estaban ahora completos, todas las posiciones habían sido ocupadas por las fuerzas a la espera del empuje definitivo, el plan estaba tendido pero el momento no llegaba, se requería que una serie de condiciones se cumplieran y todo dependía de la furia y desesperación de los millones de soldado que peleaban y morían en aquel momento.
Era una carrera contra reloj y los Zentradi la estaban perdiendo. Cada minuto que pasaba las fuerzas enemigas se reforzaban, los caminos se cerraban y las opciones se agotaban.
Se acercaba el momento decisivo y ambos bandos lo sabían. El combate se volvió más cruento, más salvaje.
Cientos de naves enemigas se lanzaron en un ataque suicida para intentar quebrar a los defensores, pero los pelotones de artilleria habilmente situados por Breka-Nel lograron diezmar las filas de los atacantes antes que pudieran causar un daño significativo a los defensores.
Habian detenido el ataque momentaneamente pero otro grupo volvió a cargar por el mismo sitio y luego otro más… y otro más.
Hubo un resplandor, un fogonazo blanco y Virya comprendió que el momento había llegado.
—¡Ahora!
Habian llegado refuerzos, una de las flotas de defensa que patrullaba el enorme perímetro de la base-factoría había hecho Defold a unos pocos kilómetros de distancia. Virya no se molestó en ver que clase de naves u zentrans se trataba… en ese momento eran solo una distracción, un recurso.
Breka-Nel tomó de inmediato el control de aquella flota y los envió a toda velocidad contra el flanco derecho de las tropas enemigas. El espectáculo de esos miles de motores acelerando al máximo dejando tras sí una estela de luces verdes fué avasallador.
Los recién llegados se lanzaron sobre los enemigos en medio de un caos de sangre y fuego. Las armas principales abrieron fuego casi a quemarropa sobre las naves enemigas y miles de explosiones se sucedieron simultáneamente.
En medio de aquel caos, un oasis de claridad se formó en la mente de Virya.
—¡Es todo tuyo! —exclamó la guerrera dejando que su contraparte estratega tomara el control.
—¡Lo veo! —Exclamó a su vez en cuanto sus ojos barrieron el desorden de puntos rojos y verdes que flotaban por todo el campo de batalla. —¡Allí!
Era lo que estaba esperando ver, la bisagra donde todo el flanco de la formación del Ejército de Supervisión se articulaba. De pronto todo fue claro y el verdadero ataque comenzó.
—¡Adelante! —gritaron todas las Viryas al unísono y las enormes factorías, aquellos planetoides de roca transformados en fábricas autopropulsadas comenzaron a avanzar a toda potencia.
Cuarenta y cinco minutos, eso era todo el tiempo que tenían para atravesar aquella pared de enemigos y escapar al Espacio FOLD.
Entonces el enemigo pareció dudar. ¿Quién era la voluntad que los gobernaba? ¿Era un mando de un solos er? ¿O una inteligencia colectiva? Como sea, aquella inteligencia que comandaba las tropas pareció dudar un momento… pero fue solo un momento.
La bisagra se cerró, el flanco derecho se cerró sobre las enormes factorías que habían avanzado sobre las líneas enemigas, como una enorme mandíbula a punto de morder a su presa.
Virya apretó los dientes. Había esperado que el contraataque de los refuerzos demoraran aquella maniobra, pero se había equivocado. Ahora estaban dentro de una trampa mortal que los aplastaria en menos de veinte minutos.
Breka-Nel también advirtió el peligro y lanzó a todas sus tropas en un ataque final. Los defensores se convirtieron en atacantes, el campo de batalla perdió su forma y todo se volvió un todos contra todos.
—No lo lograremos. —Se dijo Virya a sí misma al mirar el mapa donde los puntos rojos habían comenzado a rodear a sus tropas.
La guerrera volvió al combate de forma aún más violenta que antes. Sabía que sus minutos estaban contados, pero no se rendiría, no sin haber derramado hasta la última gota de su sangre.
Cargó contra las líneas enemigas allí donde creía identificar concentraciones de fuego que pusieran en peligro el avance de sus gigantescos arietes, porque en definitiva había convertido a aquellos enormes asteroides en improvisadas máquinas de asedio.
Debían penetrar aquel cerco de alguna forma, costase lo que costase.
Uno de las enormes factorías recibió de lleno el impacto de varios cañones de energía. La estructura de roca se resquebrajó y Virya dió la orden que estaba esperando. Tres de los cruceros que aún le quedaban dispararon sus cañones hacia el enorme asteroide que avanzaba al frente de sus tropas y la explosión resultante fué monstruosa.
Millones de fragmentos salieron despedidos hacia delante como la metralla de una granada monumental, destruyendo a su paso a toda nave o armadura más pequeña que una corbeta de ataque.
Quince minutos, el tiempo corría lentamente y las fuerzas de Virya empezaban a menguar. Un mensaje de Breka-Nel apareció en la pantalla de su cabina pero la guerrera no le dió importancia; sabía perfectamente lo que el Comandante Suprema iba a decirle.
—Cinco minutos. —dijo el Zentran. —Cinco minutos es todo el tiempo que aguantarán nuestras fuerzas.
En esos momentos otra de las enormes factorías fue alcanzada por las terribles armas de energía, pero esta vez los Zentradi no pudieron utilizarla contra los enemigos, antes que pudieran apuntar sus armas otra andanada de disparos la hizo volar en pedazos, haciendo que una lluvia de fragmentos perforase a atacantes y defensores, sin importar quién estuviera delante.
El Ejército de Supervisión se estaba arrojando de cabeza contra las defensas de Breka-Nel, ya no había estrategia u orden predefinido, todos atacaban al mismo tiempo con la esperanza de aniquilar las fuerzas remanentes y ganar aquel combate de una vez.
En cuanto la tercera y última fábrica explotó en una masiva bola de fuego, Virya supo que todo se había perdido.
—Se acabó. —dijo mientras la luz de las explosiones teñían su rostro del color de la sangre.


------------------------


El golpe fué tan fuerte que Maya se sacudió como una muñeca dentro de la vaina. No sabía cómo o cuándo se había dado cuenta de ello pero tenía los ojos abiertos. Aquel liquido rosado tenía una especie de luminosidad propia y apenas bastaba para iluminar el interior de aquella cosa que la tenía prisionera. La Meltran tosió y escupió chorros de ese líquido viscoso hasta que sus pulmones estuvieron de vuelta llenos de aire.
—De-Deculture! —exclamó entre arcadas.
Otra sacudida, esta vez fue más fuerte. Sintió cómo su cuerpo se levantaba y de pronto no había arriba ni abajo, comprendió que la vaina había salido despedida en alguna dirección y se preparó para el impacto.
La vaina golpeó contra una de las paredes y rebotó varios metros hasta quedar inmóvil sobre un montículo de chatarra.
Maya tuvo suficiente de aquello, decidió que no podía morir ahí encerrada. Levantó sus manos hacia la tapa que tenía encima y empujó con todas sus fuerzas.
—¡Ábrete maldita cosa!
Aquella clase de vaina no estaba construida para ser abierta desde dentro pero al parecer los golpes habían comprometido lo suficiente la integridad del aparato, lentamente una abertura de luz fue apareciendo delante de Maya mientras sus delgados pero fuertes brazos levantaban la tapa centímetro a centímetro.
Con un esfuerzo final y un alarido levantó aquella tapa que se abrió violentamente mientras se arrojaba fuera de la vaina y quedaba tendida contra el frío suelo de metal.

Maya sintió la batalla a su alrededor, como si su cuerpo percibiera la sangre y la destrucción que se estaba desarrollando fuera de aquellas paredes. Estaba allí tirada en el piso completamente desnuda, todavía cubierta de aquel líquido rosado mientras miraba el techo de aquella especie de caverna con total fascinación.
—Quiero…. —dijo rompiendo silencio. ¿Que era lo que ella quería?
—¿Qué es lo que quiero? —le preguntó al techo, pero salvo los crujidos de la superestructura al doblarse y contraerse por las enormes ondas de choque que la golpeaban a cada momento, no parecía que pudiese contestar a su pregunta.
Maya se dió la vuelta y quedó acostada de lado, viendo las ruinas que habían aparecido a su alrededor. Aquella especie de huevo o vaina donde el nuevo Comandante Supremo estaba siendo creado… seguía con “vida” al parecer. Los latidos y las luces en la superficie de aquella estructura eran más leves, pero definitivamente había algo vivo ahí dentro.

La joven se puso de rodillas sobre el suelo e intentó ponerse lentamente de pie. Sentia su cuerpo extraño, como ajeno. Sus miembros parecían obedecer las órdenes de su cabeza de mala gana, como resistiéndose. Tuvo una idea y sufrió un estremecimiento. ¿Acaso por un momento había perdido el control de su cuerpo? ¿Y ahora este intentaba rechazarla..?
Maya no sabía nada de aquellas vainas o sobre el proceso en el que su cuerpo había sido puesto a disposición total de esa cosa, pero recordaba la historia de Virya contada por Exedol, sobre cómo el cuerpo de la Meltran había sido disuelto y vuelto a formarse dentro de una de aquellas vainas… ¿Había sido igual con ella?
Volvió a mirar aquella cosa palpitante y sintió un odio profundo hacia lo que había en su interior. Aquel ser había intentado robar su cuerpo.
—Debura! —pensó mientras hacía un último esfuerzo.
Todo a su alrededor estaba en ruinas. Las enormes estructuras en forma de arcos que se habían erguido sobre aquella plataformas estaban agrietadas y desmoronadas en algunos sitios, pero lo que más preocupó a la joven eran los sectores de la pared donde una masa gelatinosa parecía latir y deslizarse lentamente a medida que cubría lo que parecían ser enormes grietas… ¿Habían logrado penetrar el casco de la nave en construcción? Si una brecha llegaba a aparecer mientras ella estaba ahí desnuda sin ningún traje que la protegiera, no sobreviviría demasiado tiempo.
Necesitaba no solo encontrar su traje de vuelo, debía encontrar una armadura, o al menos un arma. Tenía que combatir de alguna forma, quedarse allí sin hacer nada mientras Virya daba la vida por ella le resultaba algo peor que una traición.
Pero mientras pensaba estas cosas se dió cuenta de sus propias limitaciones. Ella podía ser en verdad una Almirante como había afirmado Dortrad-Jen, pero sin nadie alrededor, sin forma de dar órdenes… ¿Donde residía entonces el poder?
Estaba sola, desnuda y rodeada de chatarra. Esa era la realidad de su existencia.

La joven apretó los puños y sacudió la cabeza. No, eso no podía ser. Si estaba estancada en aquella situación era solo por su propia ignorancia. Virya sabría que hacer, ella poseía el conocimiento necesario para luchar sin importar la situación, pero Maya…
¿Que tenía Maya en cambio? La Meltran supo de pronto la respuesta.

Caminó con resolución entre las ruinas que la rodeaban. Sus pies desnudos aplastaban los escombros y pedazos de metal que antes formaran parte de aquella gigantesca caverna. Sentia las vibraciones de la batalla a través de la planta de sus pies y supo que el combate estaba en su punto más álgido.
La vaina donde yacía Exedore había quedado cubierta de escombros, pero a diferencia de la suya no había salido volando por los aires tras el terrible ataque. Maya comenzó a quitar una a unas las piedras usando toda la fuerza que le quedaba. Estaba agotada por la experiencia y casi sin aire, al parecer la atmósfera de aquel lugar se estaba enrareciendo. Aun así no cedió y continuó su labor hasta que pudo despejar toda la parte superior del contenedor.
Estaba agotada, el sudor caía a chorros y resbalaba por sus pechos hasta caer en pequeños charcos alrededor de sus pies. Sentia que su corazón estaba a punto de estallar por el esfuerzo, pero lo había conseguido.
La vaina aun seguía conectada al núcleo y la joven Meltran se detuvo un segundo a pensar en lo que la esperaba ahí dentro. ¿Y si Exedore no era ya más que una masa gelatinosa? Solo había una forma de averiguarlo.
Maya tomó una barra de hierro y con un fuerte golpe la clavó a un costado de la puerta.
—¡Devuelveme a mi Archivista! —gritó mientras tiraba con todas sus fuerzas de la improvisada palanca.
Hubo un chillido, como una exhalación profunda y de pronto la enorme tapa salió volando por los aires. El núcleo pareció temblar de ira y luces rojas aparecieron en varios lugares, pero Maya no les prestó la mayor atención.
Se inclinó para ver mejor lo que había dentro de la vaina.

Exedore yacía casi sepultado por decenas de cables y tubos que partían desde su cabeza y rodeaban su menudo cuerpo como largos tentáculos blanquecinos. Tenía los ojos abiertos pero sus pupilas estaban oscuras y vacías, veladas por una extraña niebla lechosa.
Maya tomó con fuerza un manojo de cables y tiró de ellos con inusitada violencia.
Se escuchó algo similar a un grito pero no provenía de la boca paralizada del Archivista, era un sonido que parecía venir de todas partes y de ninguna. Maya continuó quitando las conexiones a medida que liberaba aquel cuerpo deforme de las ataduras que lo mantenian conectado a la cruel máquina.
Tras varios minutos de esfuerzos, tomó con cuidado el cuerpo pegajoso del Zentran y lentamente tiró de él hacia arriba. La piel de la espalda pareció desprenderse sobre las protuberancias que tapizaban el fondo de la vaina pero eso no detuvo a la joven que, de un tirón repentino, sacó al Archivista con tanta fuerza que ambos cayeron uno sobre el otro sobre el piso de la plataforma. Cuando Maya abrió los ojos se encontró con la cara del Archivista a escasos palmos de su rostro. los ojos del Zentran habían recuperado el brillo y las pupilas dilatas la observaban con sorpresa.
— ¡Tu! —exclamó Exedore escupiendo un chorro de líquido rosado sobre la Meltran. De inmediato sufrió una especie de ataque y entre arcadas y toses pudo expulsar el resto de aquella cosa de dentro de sus pulmones.
—¿Está bien Archivista? —preguntó la joven una vez que la respiración del Zentran se hubo normalizado un poco y lo hubiese puesto a un lado sobre un pedazo de escombro para que se mantuviera sentado derecho.
—Si… estoy… bien. —dijo Exedore mientras se limpiaba un poco de baba de la boca. —¿Cómo es que…?
—¿Estamos vivos? —La joven pareció adivinar el pensamiento del Zentran. —No lo se, parece que fuimos atacados y el proceso de esa cosa se interrumpió.
El Archivista giró la cabeza en todas direcciones y contempló apabullado toda la destrucción que se alzaba alrededor. —Esto… esto es la ruina de nuestra misión. —dijo.
Maya se puso de pie y su figura desnuda se irguió desafiante ante el pequeño Zentran sentado en la roca. —No me interesa el núcleo, o la misión o nada… solo me interesa una cosa.
—Virya. —contestó el Archivista.
—Virya. —asintió la joven. —Debo llegar a ella, debo combatir con ella.
—Mejor dicho a morir con ella. —Exedore cerró los ojos y pareció escuchar las lejanas explosiones. —Seremos destruidos en cualquier momento..
—Si. —reconoció Maya. —Pero al menos será luchando.
Los dos Zentradi guardaron silencio al unísono. El silencio solo era roto por los continuos y profundos latidos del núcleo, quien había vuelto a una especie de sueño intranquilo tras la violenta desconexión del Archivista.
—Sea. —dijo de pronto Exedore abriendo los ojos. —Si vamos a morir, que sea combatiendo a nuestros enemigos. Ya no tenemos otra misión, solo nos queda el propósito para el que fuimos creados.
—Destruir. —dijo Maya. —Destruir sin cuartel a nuestros enemigos.
Exedore levantó uno de sus raquíticos brazos y señaló una zona del piso más allá del centro de la plataforma. —Allí. —dijo. —La base de datos que me proporcionó Breka-Nel indican que hay un pasaje que lleva al hangar de donde vinimos.
Maya siguió con la mirada donde indicaba el Zentran y descubrió el agujero circular por donde la armadura roja de Virya había emergido del suelo varias horas antes.
—¿Ese agujero? ¿Cómo…?
—Se lo que le digo. —repitió el Zentran. —Si va por allí llegará al hangar donde está su armadura.
Maya asintió y se acercó al pozo. Estaba oscuro y las paredes se habían agrietado por los impactos, pero no parecía estar obstruido. La joven no tardó en tomar la decisión.
—Iré. —dijo mientras caminaba hacia donde había estado su vaina conectada al palpitante núcleo.
Encontró su traje de vuelo junto a las extrañas ropas del Archivista. Tomó ambas y volvió hacia la roca donde Exedore descansaba recostado con los ojos fijos en el techo, tal como había hecho ella anteriormente.
—Traje sus ropas. —dijo arrojando las vestiduras hacia el Zentran. Exedore no reaccionó.
Sin esperar una respuesta la joven se vistió de prisa. Finalmente se colocó el casco y comprobó que todo el sistema estaba cerrado y en funcionamiento. Cuando se volvió hacia la roca vió que Exedore la miraba pensativo.
—Buena suerte. —dijo con un gesto de la mano. —Ojalá tenga una muerte gloriosa en el campo de batalla.
—¿Qué rayos está haciendo? —preguntó Maya cruzándose de brazos. El Zentran la miró extrañada. —¿Que…?
—Usted viene conmigo. —dijo la guerrera mientras tomaba las ropas de la manos del Archivista y trataba de hacerlas pasar por la abultada cabeza. —Dese prisa con estas cosas o no llegaremos a despegar.
Exedore abrió la boca pero estaba demasiado sorprendido para responder. Gruñendo de mala gana dejó que la guerrera lo ayudara a ponerse aquella túnica protectora.
—¡De prisa! —lo apremiaba la joven.
Una vez que las ropas estuvieron en su sitio sea lo que sea que las activaba se puso en marcha y el Archivista recuperó su habitual postura erguida. Maya no quiso perder más tiempo, tomó a Exedore por la cintura y mientras se lo ponía bajo el brazo saltó al interior del túnel sin dejar de correr.

La batalla los esperaba.
Usted debe login (registrarse) para comentar.