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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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El tiempo es una de las dimensiones constantes del Universo y su fluir es una fuerza imposible de detener. Ciertamente uno puede experimentar el tiempo de diferentes formas, tales son las leyes a los que los observadores están sujetos por vivir en este universo, pero aunque el tiempo se acelere o parezca casi detenerse, nunca lo hace.
Para una IA el tiempo no se mide en horas ni minutos, ni siquiera en segundos o milésimas de segundos. La unidad que una computadora utiliza como base para todos sus cálculos es el ciclo.
Curiosamente es la misma palabra que los Zentradi utilizan para, aproximadamente, contar un año estelar, pero para las computadoras un ciclo es una unidad atemporal, apenas un número que se agrega al fluir del tiempo y sirve para calcular la velocidad a la cual todos los cálculos se realizan en un determinado chip o Unidad de Procesamiento.
Por esa misma razón, Green presenció los sucesos del hangar Principal de la Rainbow de una forma completamente diferente al del resto de los presentes.
El drama que a la vista de Cinthya y Ralph se había desarrollado en solo siete segundos, fué para Green una sucesión casi incontable de billones de ciclos, cada uno de ellos abarcando apenas unos pocas milésimas de nanosegundo.

La imagen holográfica que Green estaba observando frente a la pequeña pantalla en una de las pasarelas de mantenimiento sobre el parque colonial se había detenido en medio del beso de esa pareja y la IA la observó con una mezcla de curiosidad y fascinación que nunca había experimentado.
Entonces de pronto una nueva imagen se proyectó desde la pantalla. No era un archivo extraído de la base de datos de Ralph, era algo creado por la propia Green, un cuerpo holográfico basado en la imagen de la joven del video.
Una joven de cabellos rosados, largos y lacios, llevando un vestido largo de verano de fina seda blanca apareció flotando sobre la pasarela. No había viento alguno allí arriba, pero los cabellos y el fino tejido del vestido se movían como bajo los efectos de una suave brisa.
Green volvía a tener un cuerpo y aunque nadie podía verla en aquel lugar, por primera vez se sintió verdaderamente parte del mundo real.
Pero aquel cuerpo era algo secundario. Todos sus pensamientos seguían fijos en aquella imagen, en aquel beso congelado en el aire.
Ella y Ralph en Edén.
Había conseguido un cuerpo, había encontrado un retazo de su historia. En solo unos instantes Green había obtenido respuestas a preguntas que siempre había llevado consigo.

¿Que era lo que sentía Green en ese momento? Vaya… ¿Por donde empezar? Es una tarea muy difícil el tratar de desglosar los procesos cognitivos de una IA basada en una red neural simulada. Las redes neurales son enormes conjuntos de información que se estructuran de una forma tal que todo el sistema trabaja al unísono a la hora de resolver un problema o procesar cierta información.
¿Qué clase de datos fueron estimulados en la memoria de Green al momento de contemplar aquel holograma donde ella y Ralph se besaban? Es difícil saberlo con seguridad. Al igual que las neuronas humanas, una imagen, una idea, un sentimiento… los estímulos que recibimos del mundo exterior no se escriben en forma directa como bits en un rincón de un disco duro.
Al contrario, lo que nosotros recordamos son toda una serie de reacciones, de vínculos, de acciones y reacciones cuando aquel estímulo viaja de neurona en neurona, generando una cascada de actividad que recorre todo nuestro cerebro.
Los recuerdos se forman gracias a miles, millones de interacciones a lo largo de nuestro cerebro, lo que hace de nuestra capacidad de guardar información algo tan maravilloso.
Eso mismo le sucedió a Green en aquel momento, cuando toda su red neural se vió de pronto inundada por aquel estímulo poderosísimo e incomprensible.
Cada mención a un beso, sea escrita, cantada, imagen o dibujo, video u holograma, cada una de las referencias existentes a aquel acto de puro amor entre los seres humanos que existía almacenado dentro de la red de la Colonia Rainbow, fué examinado minuciosamente por la red neuronal de Green, quien en solo unos pocos ciclos estableció miles de millones de vínculos y sinapsis entre cada una de las incontables referencias de aquel fenómeno.
Y casualmente, en ese exacto momento Red inició su ataque de saturación.

No creo que podamos hablar de un verdadero enfrentamiento de IA’s dentro de la red informática de la Rainbow en aquel momento porque, a decir verdad, las cosas que sucedieron se produjeron en niveles tan diferentes que podrían haber pasado sin que Green o Red notase realmente lo que estaba haciendo la otra en aquel instante.
Las redes neuronales funcionan bajo el principio de procesos paralelos, donde cada unidad de información se procesaba de forma completamente descentralizada, casi en una especie de azar que dependía exclusivamente de la dirección en el que salía disparado cada nuevo dato procesado.

Red utilizó cada una de las computadoras y procesadores individuales de la Colonia para saturar el sistema y aislar por completo al puente mando, donde Amanda y las conejitas trataban desesperadamente de resolver la crisis inminente.
Aquel tsunami de datos colapsó las conexiones de toda la Torre, interrumpiendo el flujo de información que entraba o salía del centro neurálgico de la Colonia mientras el asalto de los piratas comenzaba del otro lado de las paredes de la Rainbow.
Tass había resultado ser una buena contrincante y sus barreras de seguridad no permitieron que Red se adueñara por completo de los sistemas. Muchos de ellos estaban físicamente separados de la red principal y eran imposible de neutralizar por medio de ataques cibernéticos.
Red sabía que un contraataque podía poner en peligro toda la delicada operación. Necesitaba crear una barrera perfecta que aislara a esas mujeres del resto de la Colonia y solo había una forma de lograrlo: inutilizar la red hasta que las tropas hubiesen conquistado el hangar y las vías de acceso al corazón de la Rainbow.
Saturar los sistemas de la Colonia con semejante ataque significaba que ella misma sufriría las consecuencias, que se traduciría en una importante pérdida de poder de procesamiento y reacción
Era una solución poco elegante, casi una demostración de fuerza bruta… pero Red juzgo que era la única forma viable de lograr su cometido. Para ello contaba con todo el poder de procesamiento de absolutamente todas las máquinas conectadas a la red de trabajo de la Colonia.
Desde las pequeñas luces que indicaban salidas de emergencia hasta las enormes grúas del hangar principal, cada aparato, cada dispositivo, todos ellos participaron de alguna forma en crear una cascada de datos tan enorme y repentina que la red se vió irremediablemente colapsada en el acto.
Millones de peticiones, paquetes de datos, pings y toda una variada gama de protocolos informáticos surgieron al unísono de cada heladera, cada tostadora, cada televisor y cada horno de microondas que los colonos utilizaban diariamente en sus vidas cotidianas. Una corriente incesante de datos fluyó con la fuerza de un torrente ahogando en su ímpetu a cualquier tipo de proceso o rutina de contención, el caos se adueñó de la red y de pronto, solo había ruido en el sistema.
Ruido.
Pero Green no escuchaba el ruido.
Aquel caos estaba en otro nivel, era parte de un mundo completamente diferente del que se encontraba ella. Su realidad era la Red Neural, aquel conjunto de pensamientos y datos interconectados sin orden ni lógica, cuyas conexiones se creaban al azar, saltando aquí y allá siempre en busca de otro dato, otro bit de información que produjese un nuevo salto más allá, siempre más allá.
El ruido potenció eso, el caos hizo que cada salto fuera aún más aleatorio, las conexiones se volvieron más azarosas, los procesos en paralelo convirtieron el ruido de aquel ataque en datos, en conceptos, en ideas.
En respuestas.
¿Qué habría sucedido si aquello continuaba por más tiempo? ¿Hubiera Green alcanzado un nivel de conciencia más allá de lo imaginado por el ser humano? ¿Había algo equivalente al Nirvana para las IA’s? Lamentablemente nos quedaremos con las ganas de saberlo porque, en aquel instante, algo hizo que Green detuviera todo aquel remolino de aprendizaje e iluminación en el que se había convertido su propia red neural para centrar toda su atención en algo.
Red había enviado un simple comando a una de las maquinarias del hangar Principal.
«Abrir»
Le tomó a Green unos pocos ciclos en descubrir los detalles sobre aquel comando: Se trataba de una de las grandes grúas del techo, una de las que actualmente sostenia los restos del casco de aquella enorme nave de transporte de pasajeros cuyas piezas habían sido recicladas hacía tiempo.
El comando estaba dirigido a los motores que controlaban la apertura y cierre de las grandes mandíbulas de metal que mantenían a la nave colgada del techo.
Otros varios ciclos de datos y Green supo lo que había sucedido.
—¡Red! —dijo dirigiéndose hacia aquel caos de la red —¿Que haces?
—Mi trabajo. —contestó ella.
Las cámaras de seguridad del hangar estaban saturadas por el ruido del ataque, pero Green podía procesar cualquier cosa en su red neural, simplemente filtró la señal y observó lo que estaba sucediendo.
Las modernas cámaras de vigilancia transmitían una tasa de refresco de casi trescientos cuadros por segundos, pero Green podía analizar cada fotograma de lo que sucedía cientos de miles de veces, millones de ciclos dedicados a cada uno de ellos, todo en una fracción del tiempo que le tomó a la enorme pieza de nave comenzar a caer en cuanto la gravedad artificial de la Rainbow ejerció su atracción sobre la masa liberada por la grúa.
—¿Quieres matar a Jim? —preguntó Green.
—Ya está muerto.
Green corrió una simple simulación, interpolando una estimación de la masa de la enorme pieza del casco, la velocidad que alcanzaría durante la caída y el tiempo de reacción del humano y el margen de maniobra que el VF-17S2 tenía para salir de la zona de impacto. Eran muchos datos, centenares de miles de variables, millones y millones de ciclos de cómputo… cuando Cinthya gritó y todos en el hangar reaccionaron ante el peligro que pendía sobre ellos, Green ya sabía la respuesta.
—¿Porqué? ¿Porque lo haz hecho? —quiso saber.
Red no dudó en responderle. —Porque así lo decidí. —dijo. —¿Tú no habrías hecho lo mismo ante un evento que pone en riesgo el éxito de tu tarea?
—No. —La respuesta fue tan contundente como inesperada. —No está bien matar, no debemos matar.
Red guardó silencio unos momentos. Entonces habló nuevamente. —¿Te opones a mi decisión entonces?
—Si.
El ataque no fue del todo inesperado. Green sabía que era una posibilidad pero aún así no se preparó para ello. ¿Porqué? ¿Era tal vez porque sabía que era inútil? ¿O acaso su nuevo estado de conciencia no se lo permitió?
Red expulsó a Green del sistema, simplemente aniquiló todos los procesos en paralelo que la IA local controlaba en los sectores de la red que estaban libres en aquel momento. En una fracción de segundos el mundo de Green colapsó sobre ella. La totalidad de aquel enorme árbol que extendía sus ramas hacia todas direcciones y que le habían permitido ver tan lejos estalló de pronto en pedazos. Su imagen holográfica tembló y se desintegró en un millón de pixels púrpura que se dispersaron en el aire bajo el efecto de aquella brisa veraniega virtual sobre la plataforma de observación.
El golpe había sido tan brutal como efectivo.
Cuando el VF-17 de Jim explotó bajo el peso del casco de la enorme nave, ya no quedaba rastro alguno de un programa llamado Green en toda la red de la Colonia Rainbow.
La IA habia sido borrada completamente.
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