Fanfic Es
Fanfics en español

Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

[Comentarios - 1]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
—¿Pero que mierda….?
Ralph se giró en redondo y dió la espalda al voraz incendio. La mayor parte del combustible se había consumido y el humo negro había comenzado a disiparse en las alturas, absorbido por los enormes ventiladores que filtraban toda aquella contaminación del enrarecido aire del hangar principal.
Matt continuaba sujetando fuertemente a su amiga. La inspectora seguía en una especie de shock, arrodillada sobre el piso metálico mientras no quitaba la vista de las llamas que lamían los restos de chatarra.
—¿Qué sucede Ralph? —preguntó el joven preocupado.
El enorme obrero se acarició la barba con gesto preocupado. Luego sacudió la cabeza confundido.—No puede ser...es… ¿La Rio? ¿Lograron llegar a salvo...?
—¿La Rio? —Los ojos de Matt se abrieron de par en par. —¿Como…?
El gigante no dejaba de observar la luz intermitente de la baliza amarilla. A la luz del incendio que alumbraba su enorme rostro las arrugas de preocupación eran perfectamente visibles. —Hubo un accidente ahí afuera… —dijo casi en voz baja —Otro más... ¡Maldita sea! ¿Es que todo se ha ido al diablo hoy?
El gigante dió un pisotón y el metal sonó como si un enorme yunque lo hubiese golpeado. Aquel ruido hizo que Cinthya se sobresaltara.
—¿Matt? ¿Qué sucede…?
Pero aquella noticia había sido un golpe igual o más duro para el joven. —Ralph… ¿Qué le pasó a la Rio Grande?
El gigante se llevó la mano enguantada a la cabeza. —Un colapso de burbuja, estábamos organizando al equipo de rescate cuando… —La mirada de Cinthya hizo que Ralph cambiara lo que estaba a punto de decir. —¡Maldición! —dijo en cambio, entonces se dió cuenta de la palidez del rostro del joven.
—¿Matt? ¿Estas bien…? Estás temblando. —dijo Cinthya preocupada.
—Will…. —dijo el joven en un susurro que Ralph escuchó perfectamente.
—¿Will? ¿De qué diablos hablas muchacho? Will no está en la Río Grande… ahora mismo está en el calabozo de La Torre y…
En aquel momento Ralph recordó la noticia de la fuga del joven y su cerebro pareció acelerarse pensando en mil cosas simultáneamente, más el sonido de la compuerta al abrirse interrumpió la confundida mente del gigante.
Las enormes compuertas de acero se abrieron lentamente y las luces de atraque se encendieron sobre el sector de entrada.
Momentos más tarde la proa de la Río Grande se asomó por la gigantesca abertura y lentamente penetró al hangar. Ralph suspiró aliviado.
—Está en mucho mejor estado del que pensaba. —dijo llevándose una mano al pecho. —Ese viejo piloto es un hueso duro de roer.
En silencio observaron cómo la nave abandonaba la esclusa y lentamente giraba sobre si misma para la última maniobra de atraque antes de aterrizar en el primer lugar libre disponible. —Pero que me lleve el diablo.... —dijo Ralph poniéndose de pie con cara de sorpresa. —Ese viejo de mierda ni siquiera desechó los putos containers vacíos… cuando se enteren los muchachos van a...

Sus instintos Zentradi fueron los que se dispararon primero.
A pesar de ser humano de nacimiento, la manipulación de los genes y la estructura biológica de su cuerpo dotaron a Ralph de una parte del acondicionamiento Zentradi para la batalla. Era algo que estaba inscripto en su ADN, en cada una de las células de su gigantesco cuerpo y fueron esas células las que reaccionaron al peligro mucho antes que su cerebro procesara adecuadamente las señales de peligro que aquellas sombras que se deslizaron tras la Rio Grande representaban.
—¿Pero qué cara…?
Los Zentradi abrieron fuego con sus enormes rifles de asalto. Fue una suerte que Ralph no tuviese puesto su traje de EVA en aquel momento o los rápidos movimientos no le hubiesen servido de nada.
Se arrojó hacia un costado y una ráfaga de proyectiles pasó a escasos centímetros de su brazo izquierdo. El movimiento fue tan repentino y el salto tan fuerte que enormes pilas de placas y soportes se desmoronaron alrededor del enorme cuerpo del gigante. Las enormes vigas de metal cayeron con estrépito muy cerca de donde los jóvenes estaban arrodillados.
—¡Matt Cinthya! ¡Salgan de aquí AHORA!! —gritó el gigante mientras rodaba tras la protección de las enormes máquinas del hangar.
Ni Matt ni Cinthya reaccionaron tan rápido como Ralph. En cuanto escucharon las detonaciones miraron boquiabiertos en la dirección que provenían los disparos.
Eran cinco gigantes, cinco Zentradis con armaduras de infantería y rifles automáticos se habían desplegado alrededor de la recién llegada nave mientras no dejaban de disparar hacia donde había desaparecido Ralph.
La Río Grande ya se había posado sobre cubierta en cuanto los disparos de los poderosos rifles Zentradi se acallaron. Aquel respiro momentáneo mientras los gigantes cambiaban los cargadores de sus armas apenas bastó para que los jóvenes se recuperaran de la impresión.
—Matt…¿que..? —comenzó a decir Cinthya.
Los containers de la Río Grande se abrieron como si una simple caja de cartón se tratase. Decenas de hombres armados saltaron desde el interior hacia el piso del hangar.
No hubo palabras, ni gritos de advertencia. Nada.
Los invasores abrieron fuego contra el equipo de emergencia que estaba boquiabierto alrededor de las llamas del incendio. Pronto los gritos de los heridos y moribundos llenaron el aire del hangar.
—¡Hijos de Puta! —gritó el gigante mientras se erguía por sobre la improvisada barricada y arrojaba un enorme objeto.
Un gigantesco contenedor de metal voló por el aire y aplastó a dos de los soldados que no lograron retirarse a tiempo. De inmediato el fuego de los Zentradi se reanudó y Ralph volvió a esconderse tras la barrera de vigas mientras las balas destrozaron piezas y equipos de construcción con su enorme poder destructivo..
Cinthya ya había visto suficiente. —¡Matt! —gritó sacudiendo al joven. La armadura era tan pesada que apenas logró balancearlo un poco. —¡Matt! ¡Tenemos que salir de aquí! ¡Matt!
Los gritos atrajeron la atención de los hombres armados, quienes levantaron los rifles en dirección a los jóvenes. Una docena de puntos láser se cruzaron sobre la armadura de Matt
—¡Matt!
—«Corre»
Matt se sacudió de repente.
—«Corre» —volvió a gritarle la voz. —«Sobrevive»
La descarga del propulsor fué tan fuerte que hizo volar algunos fragmentos metálicos en todas direcciones. Las balas trazadoras de las armas automáticas formaron brillantes líneas alrededor de ellos mientras Matt aceleraba al máximo su armadura y se arrojaba en la dirección que había indicado el gigante previamente. Las balas estallaban a su alrededor y algunas impactaron sobre las alas del traje plegadas en la espalda.
Cinthya gritó mientras el infierno se desataba a su alrededor pero Matt la mantuvo bien protegida en sus brazos. Solo un centenar de metros los separaban de la entrada del túnel, incluso así le pareció al joven que no llegaban nunca.
Se arrojaron de cabeza al oscuro precipicio mientras las ultimas rafagas de disparos brillaban sobre ellos.

Ralph también aprovechó el alboroto.
En cuanto la explosión que el propulsor del Ex-Gear de Matt hubo captado la atención de los Zentradi, Ralph dió un fuerte empujón a una de las grandes plataformas de varios pisos de altura y la hizo caer en la dirección donde los gigantes estaban disparando.
La enorme estructura de acero comenzó a caer lentamente mientras las piezas que estaban ordenadas sobre ella caía con estrépito desorden sobre el piso del hangar. Aquello le dió unos segundos extras a Ralph para correr hacia el túnel del otro lado de la barrera de contención. Casi de inmediato las enormes descargas de los rifles enemigos llovieron sobre el.
El gigante se arrojó tras la barrera mientras las balas repiqueteaban contra el grueso acero. Una vez que estuvo del otro lado corrió agachado hasta llegar a la entrada del subterráneo.
Sin mirar hacia atrás se arrojó dentro.

—¡Alto el fuego!
Los soldados dejaron de disparar de inmediato más los enormes Zentradi continuaron disparando por sobre la barrera donde hacía instantes había desaparecido el gigantesco obrero.
—¡Dije alto el fuego salvajes de mierda!
Aquellos gritos transmitidos por la radio bastaron para dejar que los brutos dejaran de disparar. De mala gana bajaron las armas y se recostaron contra las paredes del hangar, mascullando maldiciones por haber fallado contra un blanco tan grande.
Los invasores habían formado un perímetro defensivo alrededor de la Río Grande. Al cabo de unos minutos la compuerta de la cabina de la nave de carga se abrió y la escalerilla de descenso se desplegó hasta el piso del hangar.
Una solitaria figura vistiendo un traje de vuelo amarillo descendió de la misma portando un rifle de asalto. En cuanto hubo puestos sus pies sobre el piso del hangar se quitó el casco y un reluciente cráneo metálico brilló bajo los fuertes reflectores del techo.
—Buen trabajo. —dijo sin dirigirse a nadie en particular. —¿Reporte?
Uno de los soldados se aproximó al hombre.
—El hangar es nuestro, jefe. —dijo.
—¿Bajas?
—Un muerto y un herido, señor.
El hombre asintió y caminó lentamente hacia la enorme pieza de maquinaria que Ralph había arrojado desesperadamente sobre los invasores.
Uno de ellos había sido aplastado por completo, solo sus retorcidas piernas sobresalian alrededor de un charco de sangre debajo del pesado tanque de acero. El otro desgraciado aun estaba con vida, aunque con la mitad de su cuerpo todavía atrapado bajo el retorcido metal.
—A-Ayuda. —gimió el soldado escupiendo sangre.
El hombre le voló la cabeza con un solo disparo del rifle.
—Se suponía que no tenía que haber resistencia. —dijo de mal humor volviéndose hacia quien estaba al mando de aquella escuadra. —Ese Ralph va a ser un hueso duro de roer.
—Mis más sinceras disculpas jefe. —dijo el soldado inclinándose.
—De acuerdo, la fase tres está terminada.
Mientras decía esto la compuerta de entrada había vuelto a cerrarse y la baliza indicaba que otra nave estaba a punto de entrar a la Colonia.
—En cuento el segundo contingente se despliegue comenzaremos el asalto a La Torre, una vez que tengamos a Amanda en nuestro poder la Rainbow será completamente nuestra.
—¡Si señor!
El hombre desplegó una pantalla holográfica desde un pad adosado a la muñeca de su traje de vuelo. La imagen flotó delante de su rostro mientras la comunicación se establecía.
—Otako, dame tu reporte.
La imagen del joven Hacker apareció en la pantalla.
—Todo va de acuerdo al plan Jefe.
—Eso veo. —dijo el hombre mientras hacía que la cámara de su comunicador apuntase al incendio y los cuerpos acribillados del equipo de emergencia. —Eso no estaba en el plan ¿O si?
El joven tragó saliva. —No Señor… Al menos ya no tenemos que preocuparnos por el piloto de la NUNS…
—¿Ah sí? ¿Y entonces quien mierda era ese que salió volando con la damisela entre sus brazos? —gritó el hombre señalando en la dirección en la que Matt y Cinthya habían desaparecido.
Otako abrió los ojos sorprendido. Luego de unos segundos de indecisión sus ojos se desviaron de la cámara. Parecía estar observando otra pantalla a un lado mientras la confusión crecía en su rostro.
—Un Ex-Gear. —dijo sin apartar la vista del video de seguridad. —¿De donde mierda salio...?
—¿Y me lo preguntas a mi, idiota? ¡Se supone que el piloto debía estar en su avión ¿Y ahora resulta que está suelto dentro de la Rainbow?
El joven sacudió la cabeza. —¡No Jefe! ¡El piloto de la NUNS está muerto! ¡Lo tengo grabado en las cámaras de seguridad! ¡Definitivamente murió aplastado!
—Eh.. el Nerd tiene razón Jefe. —dijo el hombre que había reportado la operación previamente. —Los VF-17 no usan Ex-Gears.
—Ya, te creo. —respondió con una mueca. —Eso quiere decir que hay otro maldito piloto dentro de la Colonia… ¿Como pudo escaparse algo asi?
Otako parecía estar viendo tres o cuatro pantallas a la vez. —Es un Ex-Gear de clase militar, de eso no cabe duda… pero.
—Muestramelo. —ordenó el pirata.
El joven asintió y una captura de pantalla se reprodujo en el holograma frente al rostro del Jefe. Era una fotografía algo borrosa por la falta de luz y los artefactos visuales, pero se veía perfectamente el cabello rojo que asomaba por debajo del casco del traje.
—¡Matt!
El hombre se dio la vuelta. El Capitán Gray estaba descendiendo de la Rio Grande maniatado y escoltado por los dos guardias armados. Le habían quitado el casco y al ver la fotografía de su joven amigo, el viejo piloto no pudo reprimir la sorpresa.
—¿Matt? —preguntó el pirata. —¿El pianista? ¿Que mierda hace ese crío con un Ex-Gear?
Otako alejó el zoom de la imagen y el rostro de Cinthya también apareció enfocado. —Así que ese chico y la inspectora estaban también aquí. —dijo el jefe acariciándose la barbilla. —En fin, no es más que un mocoso en un traje de vuelo que le queda grande, dejen que los drones de combate se encarguen de ellos.
Gray dió un grito y se abalanzó hacia delante, más los guardias lo sujetaron de inmediato y su movimiento solo consiguió que recibiese un violento golpe en el estómago.
—¡Maldito! ¡Me prometió que no habría muertes! —gritó escupiendo una flema sanguinolenta.
El jefe pirata se acercó al viejo piloto mientras se colgaba el rifle a la espalda. —Lo dije si, pero hubo… complicaciones y no me gusta dejar cabos sueltos. —dijo señalando los cadáveres alrededor de la pila humeante de desechos. —Ese chico y la inspectora son ahora cabos sueltos y solo hay una forma de lidiar con eso.
El hombre hizo una señal con la mano y quien estaba a cargo de la tropa de asalto extrajo un Pad de su traje de combate en el cual introdujo una serie de instrucciones.
Desde el interior de uno de los contenedores se escuchó un zumbido y media docena de drones saltaron al unísono sobre la cubierta.
Gray palideció al ver de qué clase de máquinas se trataba.
Eran robots de cuatro piernas, más parecidos a una especie de araña que otra cosa. No eran muy grandes, apenas se elevaban algo más de un metro del suelo, pero estaban equipados con una peligrosa ametralladora Gatling montada en forma pivotante sobre el lomo.
Eran máquinas mortíferas y estaban prohibidas en muchos sistemas solares o sujetas a estrictas regulaciones sobre como o donde usarlos, ya que los algoritmos que hacian que el drone usara o no fuerza letal contra un ser humano eran, a lo sumo, muy cuestionables.
—Busquen a esos dos y matenlos. —dijo simplemente el hombre dándose la vuelta.
Los drones emitieron un sonido estridente al unísono y partieron velozmente en dirección al túnel por donde habían desaparecido los jóvenes.

Para entonces más naves habían entrado al hangar. Eran los viejos transportes de personal que Gray había visto a través de las ventanas de la Río Grande luego de recuperarse del Defold repentino. Ahora, a la brillante luz del hangar se revelaban todas las modificaciones que aquella banda de piratas habían realizado sobre el casco de aquellos vejestorios. Torretas láser brotaban a cada lado de las bandas como enormes protuberancias erizadas de espinas, cada flanco cubierto por al menos un par de cañones, el suficiente poder de fuego para hacer desistir hasta al carguero más renuente a entregar sus mercancías.
Una vez aterrizados, de aquellas naves descendieron casi un centenar de piratas, no tan bien equipados como el escuadrón de asalto que había asegurado el hangar, pero todos ellos armados con rifles y pistolas, algunos llevando pedazos de armaduras tomadas de aquí y allá en vaya a saber que correría en algún punto de la galaxia.
—¿Reporte? —volvió a preguntar el Jefe una vez que las filas de hombres estuvieran formadas alrededor de los transportes.
El Oficial hizo un saludo y se colocó en posición firme, al parecer aquel hombre había tenido algún tipo de instrucción marcial y ciertos ritos eran difíciles de eliminar, incluso entre piratas.
—Todas las tropas han desembarcado Señor. Las armaduras de combate del escuadron uno y dos han comenzado a patrullar el exterior de la Colonia.
—Bien. —dijo el hombre satisfecho. —No dejen que nadie salga de la Colonia sin mi autorización personal, tienen permiso de dispararle a lo que sea que intente salir de este lugar.
—Entendido. —el hombre volvió a la posición de descanso. —Eso les va a gustar a los muchachos.
—Otako.
La pantalla holográfica volvió a desplegarse frente al rostro serio del hombre.
—Sí Jefe.
—Eso. —dijo señalando la pila de chatarra donde las llamas casi se habían extinguido por completo. —Explicame como rayos hiciste para que…
—Fué la IA señor.
El Jefe levantó una ceja. —¿Tu IA?
Otako parecía aún más nervioso que antes. —Parece que la IA que inyectamos en el sistema juzgó necesaria la eliminación del piloto para evitar que saliera de la Colonia e interceptara a nuestro convoy..
El rostro del hombre no dejaba entrever ningún signo de sorpresa. —Otako… ¿Estás seguro que tienes el completo control de esa cosa?
El joven Hacker asintió compulsivamente con la cabeza. —Sí Jefe, por completo.
—Mas te vale… reúnete conmigo de inmediato, es hora de terminar el trabajo.
El joven hizo un saludo y la imagen desapareció en una explosión de un millar de pixeles verdes.
—¡Preparense todos! —gritó dándose vuelta hacia la tropa. —¡Vamos a atacar!
Un centenar de gritos salvajes hizo retumbar el enorme espacio con un rugido ensordecedor pero fueron los gritos de los cinco gigantes los que se escucharon hasta en los rincones más profundos de la Rainbow. Muchos colonos temblaron al oír aquellos gritos.
Y tenían mucha razón en hacerlo.
Usted debe login (registrarse) para comentar.