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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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El estruendo era ensordecedor. Restos de metales continuaban cayendo sobre la pila en llamas mientras el humo negro del combustible quemado se expandía por el techo y comenzaba a extinguir las luces blancas, tiñendo aún más al hangar con la luz roja del incendio.
Las alarmas sonaban por doquier y todos los presentes aprecian haber quedado paralizados en sus sitios. Solo cuando una serie de postes de metal de más de dos metros de alto comenzaron a emerger de varios puntos del hangar a la vez que comenzaron a rociar una espuma retardante sobre las llamas, entonces pudieron reaccionar.
El primero de ellos fue Ralph quien se llevó las manos a la cabeza mientras se mantenía a unos pocos pasos (de Zentradi) de los restos de lo que había sido una enorme parte de la nave de transporte que colgaba de una de las grúas principales del hangar. Del caza de Jim no se veía absolutamente nada, todos eran hierros retorcidos y metales incandescentes.
—Mierda… ¡Mierda! —gritaba el gigante dando pasos de un lado a otro sin dejar de tomarse la cabeza. —¡Esto no puede estar pasando!

Matt había depositado a Cinthya en el piso metálico a una distancia segura. La joven se había quedado sin habla contemplando las llamas, como si aún no comprendiera lo que estaba pasando. El joven colocó con cuidado una de sus enormes manos robóticas sobre el hombro de la inspectora sin saber que mas hacer.
—Jim. —solamente atinó a decir Cinthya sacudiendo la cabeza. —El no…. El no está realmente ahí abajo…¿Verdad?
Matt sintió que el corazón se le destrozaba.
—Jim… —volvió a repetir mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

La furia de las llamas y el humo que surgía del incendio había transformado por completo el viejo hangar. El sistema de control atmosférico de la Colonia hacía lo posible para purificar el aire contaminado de la zona y los enormes ventiladores ubicados en techos y paredes comenzaron a rugir furiosamente mientras succionaba el humo para filtrarlo lo más rápido posible. Una ligera neblina proveniente de los miles de litros de agua y espuma que los sistemas antiincendios arrojaban sobre las llamas comenzó a formarse por sobre el piso de metal.
Pasaron algunos minutos más de incertidumbre hasta que algunos vehículos de emergencia comenzaron a llegar por la vía de acceso principal. Muchas de las esclusas de incendio siguen levantadas y los equipos de bomberos debieron tomar varios desvíos para llegar a la base donde el siniestro se había producido.
Ralph se apartó mientras los hombres bajaban de los vehículos y se acercaban a los restos llameantes.
—¡Ralph! —gritó el Capitán del grupo. —¿Que mierda pasó ahí? ¿Hay…?
—El piloto de la NUNS está ahí abajo. —dijo el gigante señalando la pila de desechos.
El hombre no contestó y volvió corriendo hacia donde los demás bomberos desenrrollaban las mangueras y las conectaban a las tomas ubicadas en las zonas marcadas en el piso del hangar.
Ralph retrocedió varios pasos más para no estorbar a los hombres. Apenas podía resistir el impulso de saltar entre los restos para alcanzar los restos del caza pero su entrenamiento y sentido común prevalecieron. Toda la escena volvió a reproducirse frente a sus ojos con estremecedora claridad.
El piloto había sido aplastado por una sección entera de la Stellar Whale que había caído exactamente donde estaba estacionado el caza. Eso no podía ser una casualidad…
Una señal de aviso sonó en sus auriculares y distrajeron momentáneamente al gigante de sus pensamientos.
—¡Hal! ¡Nyx! ¡Reporte!
—¿Que mierda está pasando jefe? ¡Toda la Colonia se ha vuelt….! —una ensordecedora descarga de estática hizo que las últimas palabras del hombre se perdieran incluso para el sensible dispositivo de audición.
—¡Dije REPORTE! —gritó Ralph por sobre el rugido de las mangueras y los ventiladores del sistema de purificación.
—¡Estamos listos para salir Ralph! —gritó Nyx por la radio. —¡Las comunicaciones son un desastre y tuvimos que reiniciar la computadora de navegación dos veces! ¿Que está haciendo la Torre de Control? ¡No nos han enviado los planes de vuelo!
Ralph no necesitó escuchar más.
—Salgan en cuanto la compuerta se abra, no esperen a ningún plan de vuelo.
—Pero Ralph eso es contra el pro-
—!Hagan lo que les digo!
La comunicación se cortó pero Ralph estaba seguro que sus hombres harían exactamente lo que les había ordenado. Una nueva explosión sacudió el hangar y el gigante retrocedió aún más ante la ferocidad del incendio.
En ese momento recordó a Matt y a la Inspectora.
—¡Matt! ¡Cinthya! —gritó mientras buscaba en la dirección donde había visto por última vez a los jóvenes.
Matt escuchó la estruendosa voz y levantó la vista mientras continuaba abrazando a la inspectora.
Con dos zancadas el gigante estuvo de pronto al lado de ellos.
—¿Están bien? —preguntó mientras se arrodillaba ante ellos. —¿Algún fragmento los alcanzó?
—Estamos bien Ralph. —dijo Matt sin apartar la vista de los enormes ojos del gigante.
—Gracias a dios… ¡Tienen que salir de aquí de inmediato! ¡Esta zona es muy peligrosa! ¿Puedes llevar a la inspectora hasta el refugio más cercano? Hay uno en el bloque D-Cuatro bastante cerca de aquí.
—D cuatro… entendido. —repitió el muchacho.
—Bien… luego me dirás de donde sacaste esa cosa pero me alegro que la hayas tenido o ahora estarían ustedes tambien abajo de ese infierno. —dijo señalando las llamas.
—Ralph… el piloto está…
El gigante asintió con la cabeza. —Llévate a Cinthya lejos de aquí, por favor Matt…
En ese momento un sonido familiar se escuchó en el enorme hangar por sobre el rugir de las sirenas y llamas..
La baliza de la compuerta de entrada principal se había activado. Una nave estaba entrando a la Colonia.



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Amanda había permanecido de pie durante toda la sucesión de eventos que terminaron con la muerte del Teniente Jim Glenn. Ni siquiera cuando Tass cayó de rodillas en el piso de la torre de control movió un solo músculo de su cuerpo.
Miles de cosas cruzaban por su cabeza durante esos angustiosos minutos, pero su cuerpo se había clavado en aquel lugar y desde allí observaba en silencio las pocas pantallas que aún transmitían imágenes desde el caos en que se había transformado el hangar Principal.
Rebecca saltó de su puesto de control y corrió para contener a la pobre chica que lloraba y gritaba desconsoladamente en el piso mientras las llamas de las pantallas teñían la torre de control del mismo tono rojizo del incendio.
La mujer apretó los dientes con tanta fuerza que un hilillo de sangre corrió por la comisura de sus labios.
Había muerto una persona bajo su techo, un invitado, un soldado…. pero por sobre todas las cosas, esa persona había sido asesinada.
No había ninguna duda; lo que estaba sucediendo en la Rainbow no podía ser ninguna coincidencia. Estaban sufriendo un ataque directo desde el mismo interior de su sistema.
—Les habla su Capitán. —dijo de pronto Amanda sin cambiar su posición frente a las pantallas. —Estamos en Alerta Roja para toda la Colonia Rainbow. Todos los Civiles deben dirigirse a los refugios asignados más cercanos de forma inmediata. Todo el personal de seguridad preséntese a sus puestos de inmediato. Repito estamos en Alerta Roja a partir de este momento.
Rebecca había abrazado a la desdichada joven y permanencia reclinada junto a ella en el piso. Amanda se dió la vuelta y miró a las dos mujeres con fuego en los ojos. —Les juro que encontraré al responsable de esto. —dijo con un tono de voz que ninguna de ellas habia escuchado jamas.
—Amanda…
—Rebbie, lleva por favor a Tass a mi oficina. —dijo la Capitán mientras se inclinaba sobre una de las terminales de comunicaciones. —Debemos prepararnos para lo peor.
La mujer morena levantó los ojos sin dejar de abrazar a la joven. —¿Que…? ¿Que vas a hacer?
—Lo que pueda.
Un sonido metálico sonó tras sus espaldas. Rebecca sintió un escalofrio al reconocer aquel ruido. Amanda rodeó las filas de asientos que rodeaban los puestos de control y se acercó a una puerta que se había abierto sobre un compartimento a un lado de la pequeña cocina de la cubierta.
Tras revolver unos momentos en el interior sacó un rifle de asalto y un chaleco blindado junto con un casco táctico.
Rebecca puso los ojos en blanco mientras Amanda se quitaba la chaqueta de su uniforme de mando y se colocaba el chaleco por sobre la camisa blanca que llevaba debajo.
En aquel momento las últimas dos pantallas que todavía mostraban el incendio en el hangar se apagaron.
—No podemos hacer nada desde este lugar. —dijo la mujer mientras se colocaba el casco y ajustaba las correas. —Vamos a dejar a Tass en la oficina y evaluaremos la situación con las comunicaciones que tengamos disponibles. —sin esperar respuesta colocó un cargador en el rifle y accionó la palanca para cargar la recámara del arma. Luego comprobó el mecanismo del seguro y una vez conforme se colgó el rifle al hombro. —Vamos, te ayudaré.
La mujer asintió y tomando a Tass de un brazo la obligó a ponerse de pie.
Tass estaba reducida al estado de una especie de muñeca de trapo y no les resultó difícil a las dos mujeres el llevarla en andas hasta la salida de la torre de control.
En cuanto se abrió la puerta una serie de sonidos provenientes de las computadoras hicieron que ambas mujeres voltearan la cabeza.
En el globo luminoso que proyectaba el holograma del control de tráfico un vector de aproximación se había extendido desde la entrada principal del hangar. La Rio Grande había llegado a las proximidades de la Colonia y el SILS había tomado el control automático del carguero y lo estaba guiando a la seguridad de la Colonia.
Amanda frunció el ceño. —Vamos. —dijo.
Depositaron a la joven en el pequeño vehículo de transporte y caminaron junto a la improvisada camilla por el túnel hasta el ascensor de acceso a los demás niveles de la Torre.
Rebecca había estado callada durante todo el camino pero finalmente hizo la pregunta que temía en cuanto estuvieron frente a las puertas del elevador.
—¿Qué temes? —preguntó en voz baja.
—Estamos ante un acto hostil dirigido hacia la Colonia. —respondió la mujer mirando nerviosa el panel de indicadores del elevador. —Todavía no estoy segura a que nos enfrentamos, pero me temo que se trata de un ataque desde dentro…. o tal vez estamos siendo atacados desde dentro y fuera al mismo tiempo.
—¿Desde dentro de la Colonia? —el rostro de la mujer reflejaba una completa sorpresa.
El elevador llegó al último piso y las puertas se abrieron frente a ellas.
—Tal vez sí… tal vez no… el caso es que tengo la sensación que estaban tratando de aislarnos del resto de la Colonia mientras estuviéramos allá atrás en la Torre de Control.
—Y por eso salimos de ahí. —respondió Rebecca mientras ayudaba a sacar a la inconsciente joven del vehículo. —¿Qué haremos ahora?
—Primero poner a salvo a Tass, está fuera de combate y en su estado actual es mejor que no la involucremos más en sea lo que sea que esté sucediendo.
Rebecca asintió con la cabeza y finalmente las puertas se cerraron una vez que las tres mujeres estuvieron dentro del elevador. Amanda marcó el piso de su oficiana y el elevador se puso en marcha con una ligera sacudida.
—Algo me dice que vas a pedirme que me quede con Tass en tu oficina…
Amanda asintió. —Si, necesito que cuides de ella mientras evaluo la seriedad de la situación.
—No te olvides que aun tengo mi pistola. —dijo calmadamente la mujer morena mientras se palpaba el bulto bajo su chaqueta.
—No me olvido Rebbie, pero preferiría que no la utilizaras a menos que sea estrictamente necesario.
—¿Y tu si vas a usar esa cosa? —exclamó señalando con el dedo la boca del cañón del rifle de asalto que asomaba por detrás de los hombros de la Capitán.
—Yo no, pero Quinn si.
En ese momento una sacudida hizo que las mujeres se tambalarean dentro del pequeño espacio. El estrépito fué seguido por un sonido metálico y de pronto las luces se apagaron.
—¿Pero que mier-?
Las luces de emergencia del ascensor se encendieron y a la luz rojiza de los pequeños focos del techo las dos mujeres se miraron consternadas.
—¿Querías alguna prueba mas de que están intentado aislarnos? —preguntó Amanda con una mueca.
Rebecca suspiró. —Si tienen el control total de los sistemas de toda la Colonia estamos en verdaderos problemas.
—Sin el control de las comunicaciones o los sistemas de seguridad no nos sirve de nada estar aisladas del resto de los equipos de la Rainbow. Debemos agruparnos lo más pronto posible y actuar de acuerdo a la amenaza.
Sin esperar una respuesta Amanda se descolgó el rifle del hombro y lo apoyó en la pared. —Ayudame a hechar un vistazo ahi afuera. —dijo.
Rebecca asintió y recostó a Tass junto al rifle, luego ayudó a su amiga a alcanzar la escotilla de emergencia del techo del elevador. Con un golpe del puño de la mujer la tapa se abrió de hacia afuera y la mujer pudo asomar la cabeza por la abertura.
—¿Ves algo? —preguntó Rebecca.
—Los frenos de seguridad se activaron. —dijo tras una pausa. —Pero parece que estamos unos pocos pisos por encima de la cubierta de la oficina.
Soplando por el esfuerzo la mujer deslizó el resto de su cuerpo por la pequeña escotilla y se sentó agotada sobre el techo del elevador.
—¿Y ahora qué hacemos?
Amanda suspiró y se reclinó sobre la abertura. Desde abajo podía ver el rostro inconsciente de Tass iluminado tenuemente por las luces de emergencia. —Pasame el rifle. —dijo simplemente.
Rebecca tomó el arma y la levantó hasta la abertura donde Amanda la tomó y volvió a colocarla en la espalda.
—Escuchame Rebbie, quedate donde estas con Tass, iré por una de las pasarelas de seguridad y te enviaré al primer técnico que encuentre para sacarlas de ahí. Una vez que estén las dos a salvo vayan de inmediato a mi oficina y no salgan de allí hasta que yo les diga ¿De acuerdo?
—¿Acaso tenemos otra opción? —dijo la mujer morena con una mueca. —Sabes perfectamente que mi trasero no pasa por esa escotilla.
—Es esa manía tuya de hacer postres deliciosos. —dijo la mujer con una carcajada. —Espero que tengas en cuenta seriamente el ponerte a dieta cuando salgamos de esta.
—Tenga cuidado Capitán. —la mujer había perdido el tono jovial en su voz.
—Lo tendré, volveré pronto por ustedes. —dijo tocándose el casco de kevlar.
Sin detenerse a mirar atrás la mujer se sujetó a uno de los cables y tras evaluar la distancia que la separaba de la pasarela de mantenimiento tomó una bocanada de aire y saltó con resolución hacia la angosta placa de metal que tenía enfrente.
—Ya no tengo edad para estas cosas. —se dijo mientras se sujetaba nerviosamente de una delgada tubería que crujió amenazadoramente ante el peso de su cuerpo.
Sin decir una palabra más comenzó a avanzar por aquella vía en dirección al interior de la nave.
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