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Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli

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Un camino de luces se formó por encima de la figura holográfica de Breka-Nel y se extendió a través de una abertura hexagonal que de pronto se formó en una de las paredes en construcción. Virya no miró quiso mirar hacia atrás, simplemente movió sus piernas y su armadura, ya una extensión más de su cuerpo, la llevó rápidamente a través del pasaje fuera de aquella habitación fatídica.
En el momento de traspasar la compuerta la pared volvió a crecer por el agujero y de pronto ya no había nada allí. Maya y Exedore eran ahora oficialmente parte de su pasado.
Ya no podia volver atras.
El túnel la condujo de forma directa a las partes exteriores de la enorme superfortaleza. Pronto las paredes de metal que formaban el túnel fueron dejando paso a vigas estructurales y al cabo de varios centenares de metros más, el espacio vacío se abría ante ella.
Estaba fuera y ahora comenzaba una nueva etapa en su vida.
El paisaje había cambiado drásticamente desde que entraran a la factoría. Gran parte de los enormes asteroides que formaban el complejo se habían movido y ahora rodeaban a la fortaleza como si de un anillo planetario se tratara. Había actividad por donde sea que posara la vista. Enormes bloques de metal, contenedores de suministros y secciones enteras de lo que parecían ser grandes amarres para cruceros de batalla se movían de aquí para allá siempre en líneas definidas, sin estorbarse entre ellos. La eficiencia era perfecta.
Su destino formaba parte de las defensas exteriores del complejo así que Virya se impulsó hacia delante y un resplandor verde iluminó las enormes estructuras mientras la armadura se sambullia entre el frenesí de construcción y se alejaba rápidamente en dirección al perímetro defensivo.

El gigantesco complejo de manufactura se encontraba en una región remota de la periferia galáctica. Su ubicación no era al azar; se trataba de una de las pocas posiciones estratégicas claves que las fuerzas Zentradi tenían en la Galaxia y su importancia era crucial para la campaña de guerra total que la beligerante raza llevaba a cabo por toda la Vía Láctea.
Semejante posesión invaluable era protegida por una enorme flota defensiva de casi tres millones de naves de ataque que patrullaban un enorme perímetro alrededor de la pequeña estrella blanca que apenas iluminaba débilmente el pequeño cinturón de asteroides que la orbitaba. Semejante cantidad de naves enfocadas solo a la defensa de un pequeño lugar parecía ser un despropósito, pero tal era la importancia estratégica de aquellas instalaciones que no importaba desplegar números que rivalizaban con los de algunas de las flotas principales que recorrian la Galaxia en busca de enemigos a quienes aniquilar.

Breka-Nel había creado una nueva flota defensiva y puesto a Virya a su cargo. Era evidente que las noticias de los acontecimientos del ataque combinado de las flotas de Dortrad-Jen y Boddole Zer al Ejército de Supervisión habían hecho que el Comandante Supremo de aquella instalación tomara medidas extra de precaución. ¿Pero acaso no era una medida inútil? El Ejército de Supervisión se dirigía hacia el Centro de la Galaxia, no hacia donde se encontraban ellos. ¿Eran necesarias tantas precauciones?
Las luces del astillero ocho aparecieron tras rodear una enorme roca que giraba lentamente fuera del anillo principal del cinturón de asteroides, parecía tan fuera de lugar lejos de las demás piedras que Virya pensó por un momento que hasta se parecía un poco a ella; cosas fuera de su lugar original, arrastrados por las mareas de una guerra interminable cuyas olas eran imposibles de predecir o esquivar.
No se sorprendió al descubrir que incluso el astillero estaba siendo construido en ese momento. Como si las palabras de Breka-Nel se hubiesen materializado en el momento de pronunciarlas en aquella cámara de concepción y el enorme muelle surgiera de la nada en aquel mismo sitio.
Pero no había surgido de la nada; una enorme y zigzagueante fila de naves y transporte se extendía desde el cinturón de asteroide hasta aquel lugar llevando provisiones y materiales para la construcción. Era como un hilo de luces que se movía en ambas direcciones, descargando pertrechos y tropas y volviendo rápidamente en busca de más material de guerra.
Vió dos fragatas ancladas en la parte que parecía estar más avanzada en la construcción, al menos los enormes anclajes magnéticos estaban ensamblados y varias luces de posición indicaba que los generadores ya suministraban poder a los bloques terminados. Virya dirigió su armadura hacía allí.
Una de las naves había anclado hacía pocos minutos pero la que estaba a su izquierda estaba siendo cargada con provisiones por las enormes compuertas que daban a los amarres de la estación. El hangar principal estaba abierto y pudo distinguir varios Queadlunn Nona caminando en formación por las pasarelas laterales. Virya se zambulló en picada y entró al hangar a máxima velocidad.
Las Meltran que se encontraban en el hangar abrieron los ojos como platos al ver entrar al bólido rojo envuelto en las llamas verdes del escape a toda potencia. Un par de soldados se arrojaron tras unas cajas de pertrechos para evitar el impacto inminente pero Virya simplemente dió una voltereta y se detuvo en el punto exacto del hangar que deseaba.
Dejó que el reactor se apagara y abrió la cabina de inmediato.
Todas las guerreras que se encontraban en el hangar la estaban mirando sorprendidas. El frenesí de actividad se había detenido por completo en cuanto el Rau rojo entrara violentamente por la compuerta y el silencio que reinaba era palpable como una atmósfera enrarecida.
—¿Quien está a cargo de esta nave? —dijo Virya poniéndose de pie sobre la cabina.
Un grupo de Meltran se abrió de pronto y una oficial dió unos pasos al frente. Al parecer las guerreras que la custodiaban la habían rodeado para protegerla. —Soy la Capitán de esta nave. —Exclamó mirando confundida a la figura que se erguía solitaria en aquella extraña máquina color rojo sangre. —¿Quien…?
—¿Cual es su nombre, Capitán?
La Meltran intentó decir algo pero ninguna palabra pareció salir de su boca. —Laplis 112 —dijo al cabo de unos segundos.
Virya sonrió satisfecha. Exedore tenía razón; no eran solamente las palabras las que poseían aquel poder tan extraño. El mando, la capacidad de dar órdenes a otros, todo formaba parte de un atributo especial que no todos poseían. Con su pequeña demostración de habilidad al aterrizar de esa forma con su Rau en aquel atestado hangar Virya se había mostrado ante aquellas guerreras desconocidas como alguien a quien debían obedecer… o al menos temer.
—Soy Virya 712, he sido asignada como Comandante de este escuadrón defensivo por el Comandante General Breka-Nel.
No esperó una respuesta y bajó de un salto desde la cabina. Aterrizó con gracia felina sobre el piso de metal y se incorporó mientras dejaba que sus nuevos subordinados la observaran atentamente.
Las tropas observaron en silencio a la recién llegada. Jamás habían visto a una Meltran como esa y la figura imponente de Virya iluminada por las poderosas luces del hangar marcaba aún más las diferencias que todas conocían.
Era mas alta, mas corpulenta y desprendía un aura de peligrosidad que se acentuaba en cuanto la misteriosa guerrera dirigía la mirada a alguien en particular. Muchas de las soldados que se habían ocultado tras las cajas de municiones desviaron la mirada ante la peligrosidad que emanaba tras aquellos ojos negros que centelleaban como sangre oscura.
La Capitana Laplis pareció salir del trance en aquel momento. —Su excelencia, estamos preparando las naves para desplegarlas en servicio inmediatamente. —dijo haciendo el saludo Meltran a la vez que inclinaba la cabeza.
—Eso veo. —contestó Virya respondiendo al saludo.
—Aún no hemos recibido la nave insignia para la flota. —dijo la oficial sin cambiar el tono de voz. —Mi nave está a su disposición mientras tanto.
Las demás Meltran oyeron las palabras de su Capitán e inmediatamente se pusieron en posición de saludo e imitaron a su superiora.
—Por aquí excelencia. —dijo señalando el camino que llevaba al fondo del hangar. —La escoltaré personalmente hacia el puente de mando y..
—Ya se donde queda el puente de mando de una Quitra Queleual, Capitán. —dijo la guerrera suspirando. —Pero no es necesario, continúe sus tareas de aprovisionamiento.
La Oficial pareció confundida. —¿Su Excelencia…?
—Aquella es la única nave insignia que necesito. —dijo señalando la armadura roja que descansaba en medio del hangar. —Terminen de cargar los pertrechos y prepárense para zarpar de inmediato.
Si anteriormente la Capitán Laplis se había mostrado confundida ahora era evidente que no comprendía ni una palabra de lo que estaba sucediendo. —¿Zarpar? —atinó a preguntar mientras Virya se daba la vuelta para dirigirse a su armadura.
—Zarpar si, lo mas pronto posible. —respondió la guerrera mientras de un salto se subió al Rau rojo. —Vamos a entrenar ahora mismo, quiero saber que tan buenas son las tropas que me ha suministrado Breka-Nel.
En cuanto la cabina de la armadura se cerró sobre ella la actividad en el hangar comenzó nuevamente. Las nuevas órdenes fueron transmitidas y todo el trabajo se centró en acelerar la carga de material de guerra y preparar la nave para el despliegue inmediato.
Virya dió unos pasos por la cubierta observando la frenética actividad y despegó de un salto, dejando el espacio libre para que las tropas en sus Nonas pudieran ocupar sus lugares de preparación en las estaciones de carga de armamento.
Estaba cómoda en su Rau, no necesitaba ninguna de esas enormes naves insignia de casi cuatro kilómetros de largo ¿Acaso servía de algo estar tan aislado de la guerra? Ella necesitaba ver el el campo de batalla, ser parte integral de el, no estar rodeada de kilómetros de metal protegida en una inmensa nave mientras sus tropas morían a su alrededor.
Era algo que estaba segura ninguna Comandante Meltran había hecho antes… y no sería lo único que cambiaría en aquella incipiente flota defensiva.
Oh sí, muchas cosas cambiarían a partir de ese dia.
Virya se sentía libre de las cadenas que ataban al resto de los Zentradi y pensaba sacar todo el provecho de ello. Tácticas nuevas, despliegues inusuales, procedimientos alternativos… toda una nueva forma de hacer la guerra se desplegaban en la cabeza de Virya y ella estaba dispuesta a crear la maquinaria bélica más poderosa que pudiese.
Un movimiento en la interfaz de datos que tenía frente a ella la trajo de nuevo al presente.
Vió que otra fragata llegaba al astillero e iniciaba las maniobras de atraque mientras nuevas luces se encendían al final del espigón recién terminado. En ese preciso instante la nave que había abordado antes encendió sus luces de navegación y comenzó el proceso de desamarre del enorme esqueleto que formaria el gigantesco muelle.
—Capitán Laplis ¿Me recibe? —preguntó Virya por la radio mientras posicionaba su Rau por delante de la nave mientras ésta realizaba las delicadas maniobras mientras despejaba la dársena en construcción.
—Afirmativo, su excelencia.
Virya hizo una mueca de desagrado. Le llevaría tiempo adaptarse a ese maldito apodo. ¿Acaso no podían llamarla por su rango a secas? —Siganme. —dijo en cambio guardándose para sí misma lo que pensaba sobre el protocolo de los Zentradi.
La guerrera movió las piernas y el Queadlunn rojo se lanzó hacia delante con un destello esmeralda. La enorme fragata la siguió unos momentos más tarde.

No se alejaron demasiado, apenas un par de miles de kilómetros en el mismo eje del disco rotacional que reunía a todas las factorías que, en ese preciso momento, unían sus esfuerzos en la construcción de aquella fortaleza gigante. Virya no estaba segura hasta que punto tenía libertad para hacer lo que quisiera en aquella extraña flota, pero mientras nadie le dijera lo contrario (Y su rango de Comandante solo dejaba a el propio Breka-Nel como una opción real) ella iba a hacer lo que quisiera.
—¡Alto! —dijo por la radio mientras detenía su armadura. La fragata detuvo sus motores y los propulsores de frenado se encendieron de inmediato para dejar a la nave inmóvil en el espacio.
—Desplieguen los escuadrones de ataque de inmediato! —gritó mientras giraba alrededor de la fragata examinando las brillantes e inmaculadas superficies de la recientemente comisionada nave. —Vamos a ver el material que hay disponible.
El silencio que se manifestó en la radio fué demasiado obvio.
—Su excelencia…
—Dije que desplieguen los escuadrones de inmediato ¿Acaso hay problemas con las comunicaciones, Capitán Laplis?
—Su excelencia, los escuadrones de ataque… las reclutas todavía no tienen experiencia en vuelo. Han llegado hace unas pocas horas en los transportes de personal. —la voz de la Oficial sonaba nerviosa, demasiado para alguien de su rango. —Las instructoras de vuelo todavía no han llegado y….
La mente de Virya entró en funcionamiento. El recuerdo estaba allí, enterrado tras ciclos y ciclos de memorias casi olvidadas, de combates y experiencias a lo largo de toda su carrera como la piloto más mortífera de la flota de Dortrad-Jen.
No recordaba exactamente como había sido su despertar tras su creación en las plantas de genoconcepción Zentradi. Solo recordaba vagamente que había sido vestida con un traje de vuelo e introducida de inmediato a un Queadlunn Nona, donde su cuerpo se amoldó al recubrimiento interior del robot y posteriormente fue llevada por una especie de cinta transportadora hasta una nave de transporte de armaduras que, tras un corto vuelo, la trasladó hasta la que sería su primera nave nodriza, asignada al escuadrón de ataque de Nonas que acababa de ser armado y desplegado en aquella nave.
En cuanto el transporte hubo aterrizado en el hangar las armaduras fueron removidas de sus nichos y bajadas de los ganchos que las mantenían en su sitio y, por primera vez desde que fueran creadas, pudieron dar unos pocos pasos por el hangar siguiendo las líneas marcadas en el piso que las guiaron hasta las estaciones de carga individuales, donde los Nona fueron cargados con municiones y las pilotos pudieron finalmente descender de las armaduras y encontrarse con sus respectivas instructoras de vuelo y combate..

Aquellas reclutas que ahora estaban bajo su mando no habían bajado aún de las armaduras, ni siquiera habían dado un par de pasos fuera de ellas.

—No se preocupe Capitán Laplis. —respondió Virya con una sonrisa. —Estoy seguro que las reclutas pueden dar unos cuantos pasos por sí mismas.
Usó su nueva interfaz para activar todos los canales de comunicación de la fragata que tenía frente a su armadura. —Les habla su Comandante.—dijo con voz calma. —Vamos a realizar un ejercicio especial, uno para el que no han sido preparadas, al menos no prácticamente con una instructora. No obstante todas las guerreras Meltran saben cómo luchar, es algo con lo que somos creadas y está dentro nuestro desde el principio. Yo quiero que ustedes muestren esa capacidad de lucha y que la exploten a su máxima capacidad. ¿Entendido?
Por el canal de comunicaciones se escuchó claramente el “¡Sí Comandante!” de todas las guerreras al unísono aunque Virya no detectó mucho entusiasmo en aquellas novatas.

Virya colocó su armadura a la salida del hangar principal de la Quitra Queleual y levantó uno de los brazos del Rau. —¡Despliegue! —gritó.
Las armaduras abandonaron sus estaciones de carga a cada lado de las paredes del hangar y en parejas se formaron en filas a los lados de la vía central que recorria de punta a punta el enorme espacio destinado a las tropas en movimiento. Cada escuadrón de Nonas contaba con seis elementos y habitualmente un Queadlunn Rau era quien capitaneaba la escuadra, pero en aquella nave aún no había líderes de escuadrón (que eran seleccionados por las instructoras tras los primeros entrenamientos de vuelo) y todas las armaduras eran de ese blanco pálido que las hacía irreconocibles unas de otras.
Los escuadrones que estaban más cerca de la salida fueron los primeros en avanzar hacia la línea central y caminaron lentamente hasta la marca que indicaba la zona donde podían despegar de forma segura. En cuanto las primeras unidades tomaron vuelo Virya comprendió hasta qué punto era necesario entrenar a aquellas chicas.
La mayoría de las armaduras salió disparada a diferentes velocidades del hangar. Sin entrenamiento básico y sin conocer la verdadera potencia de sus poderosas máquinas de guerra, las novatas aplicaron demasiada potencia o por el contrario, apenas la suficiente para vencer la gravedad artificial de la Quitra Queleual. Hubo colisiones y golpes entre los primeros grupos que despegaron en total confusión. Hubo gritos e insultos en las comunicaciones pero Virya no dijo nada, al contrario, intentó que las novatas se movieran aún más de prisa,
—¡Más rápido! —gritó. —¡Si esta nave estuviera bajo fuego de artillería enemiga ya hubiesen muerto todas!
Los gritos de Virya solo aumentaron la confusión de las chicas a tal punto que una especie de atasco comenzó a formarse a la salida de la fragata mientras los robots que no lograban salir al primer intento rebotaban contra las paredes y volvían hacia atrás, solo para volver a ser empujados hacia delante por los escuadrones que despegaban a continuación.

El caos era total pero eso era justamente lo que estaba buscando Virya. Lentamente, como una especie de ruido de fondo, de a poco un nuevo pensamiento había comenzado a formarse en la mente de la guerrera.
Eran los comienzos de algo grande, un plan que podría significar mucho más que una ventaja militar o una nueva forma de lucha de la raza Zentradi.
Pero esos pensamientos correspondian a la parte de su cerebro que ella identificaba como la de un Archivista. La parte de su mente que ahora trabajaba más febrilmente era su lado estratégico que en esos momentos analizaba aquel apelotonamiento de robots luchando unos contra otros para salir rápidamente de aquella estrecha abertura y alcanzar el espacio exterior.
Era un desastre organizativo claro, pero eso a Virya no le interesaba. Había observado y seleccionado a unas diez guerreras que habían volado con habilidad esquivando a sus compañeras y de una forma u otra se habían alejado del tumulto para tomar sus posiciones de espera a un centenar de metros de la salida del hangar.
Esas eran las “naturales” que buscaba Virya. Solo diez en un grupo de más de ciento veinte chicas…. pero era un comienzo.
El resto de las novatas tardó casi treinta minutos en desplegarse de la fragata y formar en filas a los lados de cada una de las bandas de la nave que las cobijaba. Virya voló entre las filas de guerreras observando la disposición de las tropas, la postura y disposición de las chicas, nada escapaba a la penetrante visión de la veterana guerrera.
—Bien. —dijo de pronto mientras se colocaba frente a sus tropas. —Eso fue un verdadero desastre y todas ustedes deberían estar muertas… así que permanezcan quietas como los cadáveres que son mientras trato de enseñar algo útil a los vivos.
Enseñar, aquella palabra despertó recuerdos aún frescos en la mente de Virya. Había querido enseñarle todo lo que sabía a su camarada Maya, pero había fallado. ¿Fallado? No, ella no había fracasado. Se la habían arrebatado, la habían convertido en otra clase de herramienta para un propósito completamente diferente, un propósito del cual Virya estaba excluida.
Pero estas chicas eran suyas. Las moldearia a su imagen, sacaría lo mejor de ellas, las convertiría en mortíferas guerreras.
—«Pero no puedes convertirlas en Maya.» —dijo una de sus voces interiores y Virya supo que tenía razón. Maya era única e irremplazable.
Mientras pensaba en ella dirigió su vista hacia la lejana instalación donde la Fortaleza crecía lentamente. ¿Seguiría Maya con vida en aquel momento? ¿O ya habían disuelto su cuerpo y usado sus genes como alimento para aquella cosa del capullo latiente?
La guerrera sacudió la cabeza para alejar aquellos pensamientos.
Movió sus piernas y el Rau rojo voló entre las tropas mientras Virya señalaba con su puño a las chicas que había elegido previamente. —¡Tu!, tú y tú! —exclamó mientras señalaba las armaduras blancas que la interfaz de su cabina señalaban como las potenciales candidatas. —¡Formen conmigo!
A pesar de la innata habilidad de las seleccionadas, apenas pudieron mantener una formación de vuelo estable tras el veloz Queadlunn Rau. Tras dar un par de vueltas alrededor de la fragata Virya detuvo su armadura a una buena distancia del grupo de reclutas que observaba en silencio la escena.
—¡Alto! ¡Formación en perímetro!
Las diez armaduras se movieron y rodearon a Virya en un círculo más o menos regular con la armadura roja en el centro.
La veterana guerrera giró lentamente sobre si misma examinando a las novatas que la rodeaban. Sabia perfectamente lo que debía hacer a continuación y se aseguró que las comunicaciones generales estuviesen abiertas.
—Ahora ataquenme todas juntas. —dijo simplemente.
Nadie se movió. Había dado una orden directa pero aún así ninguna de las diez reclutas se había movido siquiera un centímetro.
—«Interesante». —pensó Virya, pero aquel pequeño descubrimiento no le servía para nada. Consideró la posibilidad de abatir a una de ellas para enfatizar lo segura que estaba de aquella orden pero una comunicación desde la fragata Quitra Queleual la detuvo en el mismo instante en que estaba a punto de apretar el gatillo.
—Comandante Virya, las armaduras no están cargadas con armas de entrenamiento. En este momento las armas están configuradas para..
La guerrera suspiró. —¿Algo más para agregar que yo no sepa, Capitán Laplis? —Se perfectamente que las reclutas están con su armamento vivo. Es por eso que quiero probarlas en combate.
Ante el silencio de la Capitana decidió que ya había sido suficiente.
—Ataquen, es una orden.
Virya tomó nota de quien fué a primera guerrera en disparar sus láser contra ella. Casi de inmediato el resto la imitó y descargaron todos sus disparos sobre el Rau rojo.
Las chicas habían actuado automáticamente y todavía estaban afectadas por lo extraño de la orden recibida, por eso no reaccionaron del todo velozmente cuando Virya desapareció en medio de un relámpago verde mientras las líneas azules de las armas se cruzaban una centésima de segundo más tarde en el lugar que había ocupado su armadura.
El movimiento había sido tan veloz que algunos disparos se cruzaron y dos armaduras blancas recibieron disparos indirectos de sus propias compañeras. Virya observó rápidamente el resultado de su maniobra y se alegró interiormente que las dos chicas no hubiesen muerto. Sus armaduras estaban dañadas pero al menos sus ocupantes vivirian, esa era una lección que de seguro no olvidarian.
El resto de las ocho armaduras comenzó a perseguirla de inmediato.
Eso no era un combate, Virya se sentía hasta molesta de enfrentarse a guerreras de un nivel tan bajo así que esquivaba los disparos de mala gana mientras se concentraba en analizar los patrones de movimientos que las factorías de Genoconcepción de Breka-Nel habían implantado en las personalidades de las chicas durante el proceso de crecimiento.
Las maniobras básicas de ataque estaban programadas en sus cabezas, eso no había duda. El problema es que carecían por completo de disciplina de combate. Disparaban o maniobraban pero no hacían ambas cosas a la vez y eso era algo que Virya deberia remediar cuanto antes,
Se giró en redondo y cargó sobre las armaduras que la seguían a escasos trescientos metros de distancia. El sorpresivo ataque hizo que el escuadrón se separase en todas direcciones mientras trataban de concentrar el fuego en la escurridiza mancha roja que era el Rau de la veterana guerrera.
Combatir sin disparar un solo tiro era algo nuevo para Virya, pero de alguna forma lo disfrutó. Embistió a una armadura y de un puñetazo aplastó la zona donde estaba el sensor principal que daba imagen a la pantalla principal de la cabina, dejando a la recluta completamente ciega. A otra le arrancó una de las piernas de modo que la pobre ya no podía controlar el robot sin entrar en un giro descontrolado cada vez que intentaba moverse. Al resto solo se dedicó a acosarlas con golpes en la cabeza o en la espalda mientras trataban de alcanzarla desesperadamente con todas las armas que poseían… menos los misiles claro, que no podían engancharse a un blanco amigo sin intervención directa de un superior que desbloquease el identificador Amigo/Enemigo.
Tras unos treinta minutos de “baile” el grupo de diez armaduras quedó reducido a chatarra y, teniendo en cuenta algunos gemidos de dolor que se filtraban por las comunicaciones, algunas de las chicas habían sufrido algo más que un par de moretones.
Ninguna de las demás reclutas que observaban el combate desde su posición a los flancos de la fragata había emitido el menor sonido por la frecuencia de radio. El silencio era perfectamente palpable.
—Es suficiente. —dijo Virya una vez que el reactor del último Nona adversario se extinguiese al ser aplastado por una violenta patada del Rau rojo. —Ayudenme a transportar a las heridas.
Diez Nonas se separaron de las últimas filas y ayudaron a Virya a transportar a las contusionadas reclutas hasta el hangar de la fragata, donde el equipo de recuperación las pudo extraer de las deformadas y aplastadas cabinas y trasladar a las dos más heridas a las vainas de recuperación.
—Ha sido una suerte que no haya muerto nadie. —dijo Virya por la radio mientras volvía a colocarse frente a las filas de Nonas blancos. —Espero que hayan aprendido algo de esta sesión de práctica, un enemigo de verdad no las dejará heridas o atascadas en sus armaduras dañadas. El campo de batalla está lleno de cosas imprevistas y es nuestra obligación adaptarnos a todos esos cambios y responder de la forma más efectiva y mortal posible.
Mientras hablaba no dejaba de recorrer con la mirada las interminables filas de robots rosados que…. ¿Rosados?
Virya se fregó los ojos y miró desconcertada el monitor. Las filas de Nonas ya no eran blancas, sinó de una especie de color rosado que reflejaba… algo.
Se dió vuelta rápidamente, solo para quedarse helada al ver la enorme pared de energia dimensional que se estaba formando a menos de un kilómetro de donde su nueva flota estaba dando sus primeros pasos.
Un Defold masivo transformó el negro espacio en una mancha de brillantes colores tornasolados que por un momento cegaron las pantallas del centenar de chicas que jamas habian visto algo semejante.
Unos instantes más tarde, una enorme flota enemiga emergió justo frente a ellas.
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