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La máscara de la felicidad. por Hikage

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Notas del fanfic:

Ya que la protagonista es un chico en cuerpo de chica, ya sea que se enamoré de un hombre o una mujer las cosas estaran medio raras, después de haber investigado creo que esta historia se podría catalogar como de género Gender Bender. Por cuestiones anteriores he decido pornerla como para mayores de 13 porque al ser un género que no es muy del agrado de todos, creo que se necesita cierta madurez para poder leerlo sin criticar, o al menos yo a los 15 mis amigos gays ya me habían traumado de tantas formas que una historia como esta me hubiera parecido de lo más normal. Y bueno, solo me queda decirles que espero que disfruten de esta historia.

Notas:

Todavía no se centra en los verdaderos protagonistas, pero creo que contar la historia de Tamara y Daniel es una buena introducción para saber como fue que Edith, Mia y Luke se conocieron.

Cap. 1

Un chico se encontraba sentado en una banca durante una tarde calurosa, él esperaba a que llegara el bus que lo llevaría a la escuela. Él chico de 14 años miraba a su alrededor con una libreta y un lápiz en sus manos, buscaba algo lo suficientemente hermoso como para ser merecedor de ser plasmado en su muy desgastada libreta.

Una chica de 14 años se encontraba al otro lado de la calle, esperaba el bus que la llevaría a su escuela en dirección contraria de la escuela del chico. La solitaria chica estaba de pie y miraba con un poco de anhelo y tristeza a un grupo de amigos que se encontraban cerca de ahí, suspiró mientras maldecía su timidez por ser culpable de ella no pudiera estar entre ese grupo de amigos.

Cuando el chico lo notó, aquella chica con expresión amable y a la vez triste había sido dibujada en una hoja de su cuaderno que unos minutos atrás se encontraba en blanco. El chico cerró la libreta y luego la abrió en la primera página, le dio la vuelta y vio la siguiente, y luego la siguiente, y la siguiente, hasta que de nuevo llegó al último dibujo que se había hecho. Ese chico había dibujado toda clase de cosas, pero era la primera vez que su lápiz se molestaba en dibujar a una persona.

El bus del chico llegó y se tuvo que ir, pero desde su asiento miró a la chica por la ventana hasta que la distancia fue tan grande que desapareció. Él suspiró anhelando volver a ver a la chica otra vez, y a la vez ignoraba el hecho que una de las dos chicas que se encontraban sentadas frente a él en el bus, sería en unos años la única chica que él querría dibujar y la inspiración para sus últimas pinturas.

Las dos chicas del bus de 15 años buscaban soluciones al torbellino de sentimientos que tenían ambas, una de ellas, la chica que amaba a quien dibujó los colores de su vida en su pasado, la que estaba pegada a la ventana y veía el paisaje a través de ella sin ver nada, tristemente y desesperadamente pensaba en cómo haría para que el cascaron de su antiguo amado la recordara. La otra chica, un dibujante que había perdido su cascarón, miraba con dolor la tristeza que reflejaba su amiga, si se trataba de librarla de más dolor innecesario ella haría cualquier cosa, como dejar el lápiz y el pincel por una cámara, o decir que no le gustan los girasoles, u ocultar sus sentimientos al ponerse la máscara de la felicidad y decirle que estaba feliz con solo ser su amiga.

La chica solitariamente tímida que esperaba su bus, se encontró con un chico que alegremente le dijo: “¡Tu mochila es genial!”, ese sonriente chico fue empujado por sus amigos y tuvo que seguir su camino, pero esas 4 palabras y las 6 veces que el chico volteó hacia atrás para ver a la chica, algo así de simple, bastaron para que ella cayera en su muy inesperado primer amor.

Pasó un año entero, y ninguno de ellos se volvió a ver. El chico del cuaderno desgastado, Luke Mayer, ocasionalmente recordaba a la chica que dibujó tiempo atrás y abría su cuaderno en la página donde estaba su dibujo y sonreía esperando volver a verla. Otro año pasó. El chico alegre, Daniel  Russell, desconocía que la chica que poseía la mochila que una vez elogió, había descubierto recientemente que asistía a la misma preparatoria que él, y siempre lo miraba a lo lejos sin poder reunir el suficiente valor para acercarse. De nuevo un año pasó. La chica solitariamente tímida, Tamara Ross, tenía miedo de que al entrar a la Universidad no fuera capaz de hacer amigos, apenas logró tener una amiga en la preparatoria, no quería volver a estar sola, pero lo que más miedo le daba, era no ser capaz de volver ver la sonrisa de su primer amor. Un año pasó. Una de las chicas del bus, el dibujante que perdió su cascarón, Edith Allen, se encontraba sonriendo cuando su interior era un completo caos, todo en su mente estaba lleno de la otra chica del bus, la chica que anhelaba ser recordada por el cascarón, Mia Adler, y la razón es algo que nadie se imaginaba, y es que, nadie pensaría que ella usaba una máscara de la felicidad.

Y fue hasta un año más tarde que las vidas del chico alegre, la chica solitariamente tímida, la chica que anhelaba ser recordada por el cascarón, el chico del cuaderno desgastado y el dibujante que perdió su cascarón se entrelazaron de tal manera que la vida de todos ellos cambió drásticamente.

Fue en una pequeña Universidad de una ciudad X, que cuatro de estos chicos se reunieron para crear una de las historias más peculiares de amor. Empecemos con la chica solitariamente tímida. El primer día de clases de Tamara llegó, sin su única amiga a su lado se sentía tan nerviosa que la timidez que la caracterizaba se multiplicó por 10. Cuando se subió al bus tuvo que repetirle al chofer 7 veces que quería que la llevara a la estación del metro pues su voz era tan baja que no se podía oír, luego tuvo que enfrentarse por primera vez al gran caos que se genera en la hora pico en el metro, pero solo de ver lo salvajes que se ponían algunos tratando de entrar en un vagón, dio un paso hacia atrás asustada, entonces chocó con alguien.

- ¡Ah! ¡L-lo s-siento!- Balbuceó.

- No tienes por qué disculparte, yo también estaba distraído- Dijo el chico sonriendo.

Para la gran sorpresa de Tamara, la persona que tenía delante de ella y a la cual le estaba hablando era el chico que sus ojos observaron los tres años de la preparatoria, su primer amor.

Daniel miró un papel en la mano de Tamara- ¿Eso es un mapa?

- ¿Eh? Ah…- Asintió.

- ¿Puedo verlo?

Tamara extendió su mano para entregarle el mapa.

Daniel sonrió- ¡Oh! ¡Justo como pensé!- Le devolvió el mapa a Tamara y la tomó de los hombros-. Parece que vamos a la misma Universidad, todos mis amigos me traicionaron y se fueron a otras Universidades, así que espero tenerte como amiga para aliviar mi soledad.

- ¿A-amiga?

- Sí, ¿o acaso no quieres?- Bajó la mirada.

- ¡Q-q-quiero!- Contestó nerviosa.

Él sonrió de manera tan brillante como la primera vez que Tamara lo vio- Entonces seamos amigos- Extendió su mano-. Soy Daniel Russel.

Ella miró fijamente la mano de él y luego de unos segundos levantó su propia mano y la estrechó con la de él-. E-es un gusto Russel… yo… (¿Cómo debería presentarme? Algo cómo: “Mi nombre es…” o “Me llamo…” o “Yo soy…”) m-mi nombre es Tamara Ross (B-bien, no fui informal, no debo tomarme tantas confianzas cuando apenas comenzamos a hablar).

- No deberías ser tan formal.

- ¡…!

- Está bien si me llamas Daniel.

- ¡Y-yo no podría!

Rio levemente-… Vale, supongo que entonces tendré que llamarte Ross. Bueno, Ross suena lindo.

La cara sonriente de Daniel mientras decía “Ross suena lindo” inundó todos los pensamientos de Tamara y no pudo pensar en otra cosa en todo el día, mucho menos cuando por coincidencia o destino, Daniel se convirtió en su compañero de clases.

Ya que Tamara era su primera amiga en la Universidad, Daniel quería conocer todo de ella, pero siempre que hablaban sentía una barrera invisible entre los dos. Quería hacer algo para cambiar eso, también le preocupaba su timidez y lo torpe que era para expresarse, él se había dado cuenta de eso, pero temía que no todos pudieran entender que la indiferencia que mostraba era causada por dicha timidez y no por arrogancia. También tenía que ver con su curiosidad, Tamara solo mostraba dos expresiones, su cara normal inexpresiva, y su cara pálida cuando está nerviosa, él quería verla sonreír, pensó que quizás cuando lo hiciera los demás entenderían que ella era una buena persona.

Por otro lado, a Tamara le preocupaba la preocupación que mostraba Daniel por ella, por estar a su lado él acostumbraba rechazar las invitaciones de otros a salir y ella recordaba que en la preparatoria él siempre estaba rodeado de personas, ahora también lo estaba, pero muchas veces los dejaba de lado para ir junto a ella. Fue entonces que Tamara se propuso intentar cambiar, si conseguía más amigos Daniel ya no tendría que cargar con ella.

Con esto en mente, el lunes de la 2da semana de clases Tamara trató de hablar con la chica que se sentaba a su lado, pero su voz era tan baja que ella no la escuchó, y luego se puso a hablar con el chico que tenía delante y eso le hizo más difícil a Tamara intentarlo una vez más. Pero su suerte cambió a la hora del receso. Daniel se había vuelto muy popular en la 1ra semana, ese lunes en la mañana recibió una carta de amor y la chica que se la dio le pidió que le contestará en el receso, por eso él le dijo a Tamara que se adelantara y él la alcanzaría en la cafetería. De nuevo un gran reto para ella. Daniel era el que solía pedir la comida, ahora ella estaba debatiendo en su mente si atravesar el gran mar de gente de la cafetería o esperar a Daniel.

- ¿Tú no eres Rosa?- Una chico la hizo volver a la realidad.

- ¿Eh?

Una chica miró fijamente a Tamara- Te equivocas Leo, ella no es Rosa.

- Claro que sí, ella iba con nosotros en la primaria.

- Sí, pero ella no es Rosa, ella es Ross.

- Oh, tienes razón, ese es su apellido, entonces su nombre era~… Sara.

- Es Tamara, tonto.

Tamara los observó confundida hasta que los reconoció, ellos fueron sus compañeros durante su último año en la primaria, su apariencia había cambiado bastante, pero la relación entre ellos dos era igual que antes, fue por eso que pudo reconocerlos.

Tamara dio un gran respiró como para inhalar confianza- ¿Ustedes son Leonel y Romina?

Los dos amigos sonrieron- Así es.

- ¿Estás sola, Rosa?- Preguntó Leonel.

- Que su apellido es Ross- Lo corrigió Romina.

- Suena igual. Mejor te llamaré Tama.

Tamara se sorprendió- ¿Eh? ¿Tama?

- Soy malo recordando nombres, Tama suena corto y simple, es fácil de recordar.

- Bueno… e-está bien.

Él asintió.

Romina sonrió y luego se dirigió hacia Tamara- Leo es muy serio y es casi tan inexpresivo como tú, cuando dice Tama no se ve nada lindo, por eso déjame decirte Tama también, sonará más lindo si lo dice una linda chica como yo.

- A cambio puedes decirme Leo y a ella... ella da igual.

Romina le dio un golpe en la espalda y no precisamente muy quedito. Luego se volteó hacia Tamara y volvió a sonreír- A mí puedes llamarme Romy. Bueno, ¿quieres acompañarnos a comprar? Nos podemos sentar los tres en una mesa.

Tamara estaba feliz, no lo expresaba en su cara, pero sus ojos se iluminaron- Estoy esperando a alguien, pero me encantaría sentarme con ustedes.

- (Está feliz) - Pensaron Romina y Leonel.

- Bien, vayamos a la mesa de haya- Romina señaló una mesa vacía en el fondo.

- Yo iré por la comida- Se ofreció Leonel-. ¿Qué quieren?

- ¡Unos hot cakes con mucha cajeta!- Contestó Romina.

Tamara dudo un poco en responder- Yo… una ensalada de frutas.

Leonel movió su mano como si escribiera los pedidos en el aire- Vale, ahora vuelvo.

Mientras tanto Daniel se encontraba caminando hacia la cafetería después de rechazar a la chica que se le había confesado, se sentía un poco mal por ella, pero se sentiría peor si aceptaba salir con ella cuando no le gustaba. Cuando entró a la cafería buscó a Tamara con la vista y después de encontrarla se acercó.

Sonrió cuando la vio hablando con Romina- Parece que tienes una amiga- Se sentó al lado de Tamara.

- S-sí.

- Wow, que guapo eres- Admitió Romina- ¿no serás el famoso Daniel Russell?

-… Sí… ¿soy famoso?

- No hay ninguna chica que no sepa de ti, eres el chico más popular de entre los chicos de primer año.

- N-no lo sabía.

- Oh, no me he presentado, soy Romina Olea, conozco a esta chica de la primaria, le tengo bastante aprecio, así que espero que no te pases de listo con ella, ¿queda claro?

- S-supongo.

- Aquí está su comida- Llegó Leonel y se sentó junto a Romina, enfrente de Tamara. Miró con atención a Daniel por un segundo y luego miró con más atención al plato que tenía enfrente

- Leo, no seas grosero y preséntate- Lo regañó Romina.

- Soy Leonel Cheyko, ¿y tú eres?

- Daniel Russell, soy amigo de Ross.

- ¿Amigo?- Volteó a ver a Tamara- ¿Tienes amigos?

- ¿Qué clase de pregunta es esa?- Romina lo fulminó con la mirada.

- Es solo que siempre se llevó mejor con las niñas, no creí que fuera capaz de hacer amistad con un chico.

- Pero tú eres su amigo.

- Bueno, yo soy la excepción. Eso me recuerda- Tomó su tenedor y lo enterró en la fresa que había en su rebanada de pastel, luego lo puso en la ensalada de Tamara- si no mal recuerdo tu fruta favorita es la fresa, pregunté si podían ponerle fresas a tu ensalada pero me dijeron que no.

Romina lo miró sorprendida- Wa, por eso compraste la rebanada de pastel, ya se me hacía raro, tú rara vez comes cosas dulces.

- Gracias- Tamara comenzó a comerse su ensalada sin dejar de mirar a la fresa, estaba apartándola para comerla al final.

- (Vaya…) - Pensó Daniel- (Ross no está sonriendo pero puedo asegurar que está feliz en este momento… ¿qué no yo debería estar feliz también…? Más que feliz por alguna razón estoy un poco molesto) Entonces ustedes se conocen de la primaria, ¿no?- Les preguntó a Romina y Leonel- ¿Llevan todos estos años juntos? ¿Acaso están saliendo?

Romina comenzó a reírse- ¿Qué clase de mala broma es esa? Bueno, aunque es verdad que yo no tengo ojos para otro chico que no sea Leo.

- No digas cosas tan repugnantes- Le dijo Leo con cara de asco.

-... Voy a matarte.

Notas finales:

Me lo estuve pensando mucho para publicar esta historia, pero a petición de una querida lectora he decidido hacerlo, espero que disfruten mucho de ella así como yo disfruté de escribirla. Gracias por leer.

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