Fanfic Es
Fanfics en español

Destino por ErikaD

[Comentarios - 29]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

Notas del fanfic:

Ya estamos aquí con un nuevo proyecto ;) ¡Espero que os sorprenda!

 

"Dedicado a todos vosotros los lectores con todo mi corazón y por supuesto a ese trío de hermanos..."

Notas:

“Siempre te encontraré…”

El sol se colaba a través de las cortinas con timidez. La brisa de la primavera entraba por la ventana medio abierta de aquella habitación tan femenina. Una habitación compuesta por una enorme y maravillosa cama, un armario inmenso y un bonito tocador. Una habitación cálida, agradable y desordenada.

     De pronto, debajo del desorden de la mesilla de noche, el despertador empezó a sonar con una tremenda fuerza aquella mañana alrededor de toda la quietud que inundaba la habitación.

-¡Dios mío!-Abrió los ojos de par en par asustada por el timbre del aparato. Empezó a buscarlo con ansias. Despertaría a su compañera de piso si seguía con aquel tintineo desagradable.-Cállate maldita sea…-Susurró quitando ropa de encima de la mesilla hasta que dio con él.- ¡Ajá!-Pero justo antes de apagarlo, él se había callado solito.

     La joven de pelo revuelto resopló moviéndose el flequillo.

-Las 7 de la mañana.-Miró al reloj con odio. Y volvió a tirarse en la cama.-Detesto los lunes…

     De pronto, una joven de cabellos castaños anaranjados y ojos azules, entró por la puerta con una enorme sonrisa y una bandeja en mano.

-¡Vamos, vamos, vamos! ¡Hoy es tu gran día!

-Dios… ¿te has escapado de un centro para sordos?-La muchacha se revolvió entre las sábanas para acurrucarse. Sin embargo, la otra joven no la dejó hacer.

-¡Arriba!-La destapó del todo y descorrió las cortinas de par en par. Él sol la cegó por completo. El frío se coló en sus huesos. Sintió como la piel se le erizaba.

-Voy a llorar…-Se cubrió con la almohada.

-¿Por qué? No es tu primera entrevista de trabajo, tampoco es para ponerse así.-La de ojos azules se sentó sobre las sábanas y se agachó para levantar un poco la almohada en busca de su amiga.

-Estoy de los nervios.-La oyó soltar un puchero. La peli castaña rió.

-Venga ya, no digas tonterías. Ya tienes el trabajo, tonta. La entrevista es un mero trámite. Tú hermana te lo dijo.

-Eso es lo que tú crees…-La joven con aquel chaleco ancho rojo aún seguía bajo la almohada. La otra sonrió y se levantó de la cama.

-Tuviste las mejores notas de la carrera. Has hecho algunos reportajes locales y escribes maravillosamente bien. Te querrán seguro.

-Eres una gran animadora.-Resopló su amiga.

-¡Por supuesto! Y ahora vístete o llegarás tarde.-Salió de la habitación con una sonrisa divertida.-Preparo el desayuno, ¿vale?

-Gracias por salvarme la vida.-Dijo la joven del chaleco rojo mientras se incorporaba de la cama.- ¡Oh Dios santo!-Se había mirado al espejo desde las sábanas.- ¡Estos pelos no pueden ser míos!

     Y de nuevo se oyó a la de ojos azules reír como cada mañana.

 

     En la otra punta de la ciudad de Tokyo, había un diminuto apartamento lleno de cajas. Y dentro de aquellas cajas una gran cantidad de ropa, libros y utensilios de cocina. El sol entraba de forma amenazante a través del pequeño balconcito del salón.

     Habían llamado a la puerta con bastante insistencia y él, no tuvo más remedio que despertarse de mal humor a abrir.

     Se frotó la cara con parsimonia mientras se ponía las zapatillas de la entrada para abrirla. Y con más o menos tiento pudo observar como un rubio que conocía como la palma de su mano, le sonreía de oreja a oreja con un par de cafés entre los dedos en cuanto lo hizo.

-Buenos días hermanito.

-Tú siempre tan puntual.-Contestó el otro con pesadez y ensoñación.

-A las 7 en punto, listo para ayudarte.-Entró en la casa quitándose el par de deportivas negras que llevaba puestas.

-¿Ayudarme?-El adormilado lo miró sin entender.

-Con la mudanza. Dijimos que llevaríamos antes del trabajo algunas cajas a mi apartamento.

-¡Ah eso!-Resopló.-Después del café.-Terminó diciendo mientras le arrebata el vaso de las manos. El rubio sonrió. No tenía remedio.

     Ambos se sentaron en el salón a disfrutar de un corto desayuno antes de ponerse manos a la obra.

-Oi, ¿a qué hora entras a trabajar?-Le preguntó el rubio mientras bebía con tranquilidad y apoyaba los pies en la mesita baja.

-A la misma hora que tú.-Contestó el otro mientras cambiaba los canales de la televisión con pesadez.

-¿A las 9?-El hermano mayor lo miró por un instante sobresaltado, con los ojos abiertos de par en par.

-¿Qué? ¿A las 9? Pensé que hoy era a las 10. Viene Marco a las 9 para llevarse algunas cajas más.

-Eres un desastre.-El rubio lo observó con una sonrisa socarrona.

-¡Oh Dios mío! ¡Tengo que llamarlo!-Se incorporó rápidamente del sofá y corrió a por su teléfono móvil.- ¿Puedo irme contigo en coche?

-¿Y con quién se vienen las cajas?

-Mierda, ¡mierda!

 

     Una hora y media después…

-Disculpe, ¿podría ir más deprisa?-La joven insistía al pobre taxista. Llegaba tarde seguro como fuese por las calles con tanta lentitud.

-No puedo señorita, hay muchísimo tráfico.-El señor miró con preocupación el enorme atasco que había sobre el asfalto.

-No pasa nada entonces. Dígame cuanto es y sigo andando. No estoy nada de lejos.-Divisó a través de la ventanilla los metros que quedaban hasta la puerta de uno de los enormes y altos edificios de la avenida.

     Tras pagar al taxista, la muchacha salió del vehículo enfundada en su abrigo rojo y su bufanda beige. El frío en aquella primavera temprana se estaba empezando a pasar de la raya. Y lo peor era que en cualquier momento podía llegar a la ciudad un temporal que lo llenara todo de nieve. Las estaciones parecían no existir en aquella parte del mundo.

     Suspiró y se frotó las manos heladas para no perder el calor mientras andaba a paso ligero por la acera esquivando a los viandantes. Pero de pronto, el teléfono móvil empezó a sonar como un loco. La muchacha dio un pequeño botecito y empezó a rebuscar en el amplio bolso que llevaba.

     Después de un buen rato y a la segunda llamada, encontró el móvil entre refunfuños y lo descolgó.

-“¿Diga?

-¿Es usted la señorita Monkey?

-Sí, soy yo.

-Disculpe, la llamábamos de la tienda de arreglos de novia, ¿podría venir esta tarde para la segunda prueba?

-Sí, claro.-Sonrió de oreja a oreja. Sus ojos verdes danzaron de felicidad.- ¿A qué hora?

-Sobre las seis.

-Estupendo, allí estaré.”-Y colgó.

     Tenía que llamar a su amiga y a su hermana cuanto antes…

    

     Entró en el estudio a todo correr soltando el abrigo en el perchero y sentándose en su mesa a toda velocidad antes de que lo pescara el jefe.

-Al final terminaste llegando tarde.-Su hermano lo sorprendió por detrás con una enorme sonrisa de oreja a oreja. El moreno dio un bote del susto.

-Es culpa tuya, Sabo.-El rubio rió.- ¿Y cómo es que has llegado antes?

-He tenido más suerte con el tráfico.-Le guiñó un ojo divertido mientras se sentaba en la mesa de enfrente. En aquel momento una morena impactante se asomó por el umbral de la puerta.

-Ace, ¿tienes las fotografías?

-Sí Robin.-El pecoso, con su chaleco azul marino, se incorporó con un enorme sobre en las manos.

-Pues ve al despacho del jefe anda.-Le sonrió.-Da gracias a que él acaba de llegar.

-Qué suerte tienes hermanito.-Dijo el rubio con una sonrisa socarrona.

-Una suerte no merecida.-Rió la peli naranja que había sentada frente a los enormes ventanales. El moreno miró con mala cara a la joven.

-Sabo-kun, ¿por qué no bajas a por el correo del departamento?

-Enseguida.-Contestó y ambos salieron del estudio.

     Mientras tanto en la recepción una peli castaña con los rizos alborotados preguntaba estresada a aquella recepcionista bastante incompetente.

-Espere un momento…-Le faltaban diez malditos minutos para encontrar el despacho en aquel enorme edificio de veinte plantas.

     Nerumi frunció el ceño al ver como la muchacha de pelo azul se lo tomaba con una tranquilidad pasmosa.

-¡Ah! Lo encontré, ¿Akagami Shanks cierto?-“¡Gracias a Dios!”, se dijo la de ojos verdes.

-Estupendo, ¿cuál es la planta?

-Mire, es la planta 12, despacho 124b.

-Genial.-Le sonrió.-Muchas gracias.-Y salió a todo correr en busca del ascensor que precisamente en aquel momento abría sus puertas de par en par. La joven casi se tira dentro con las prisas.

-Buenos días.-Sonrió al joven alto y rubio que había dentro.

-Buenos días.-Le contestó con amabilidad.- ¿A qué piso va?

-Al 12.-Ella sonrió de nuevo para después suspirar. Tenía que relajarse.

     Por su parte, Sabo la miraba divertido. Nuca había visto a aquella mujer por el edificio. Estaba convencido de que era un nuevo fichaje o quizás una modelo, pensó mientras la escudriñaba de forma simpática y cauta. Era realmente preciosa.

     De repente, el móvil de la joven comenzó a sonar de forma escandalosa. Y ella empezó a buscarlo con rapidez.

-Disculpe, es mi teléfono. Tiene un sonido exagerado.-Le sonrió cómplice a un rubio que la miró picaresco.

“-¿Diga?-Lo consiguió de nuevo al fin.

-¿Has entrado ya?

-¡Qué va! ¿Voy tarde cierto?-Miró su reloj.

-No, te quedan cinco minutos.

-Malvada.-Al otro lado de la línea la joven de ojos azules rió.

-Llámame en cuanto salgas.

-Claro. Oi, por cierto. Tienes que acompañarme esta tarde a la segunda prueba del vestido. Es una orden.-Se mordió el labio entusiasmada.-Y es a las seis, ¿tienes guardia?-Oyó a su amiga negar.

     El rubio escuchaba la conversación que estaba manteniendo la peli castaña de bonitos rizos, con entusiasmo.

-¡Por supuesto! Última prueba antes del fatídico día.

-No seas cruel. Casarse no es una maldición.-Rió.-Tú serás la siguiente.

-Dios me libre. En fin, te dejo amiga. Nos vemos para almorzar.

-De acuerdo Koala-chan.

-¡Suerte!

-¡Gracias!-La joven colgó”.

-Enhorabuena.-Soltó el atractivo joven que iba a su lado.

-¿Por qué?-Nerumi lo observó sin comprender.

-Por la boda.

-¡Ah gracias!-Le sonrió sincera.

-Soy Sabo.-El rubio le tendió la mano.

-¿A secas?

-A secas-san está bien.-Rió. La joven no pudo evitar sonrojarse.

-Disculpa,-soltó una risita nerviosa,-yo soy Nerumi.-Ella la estrechó.

-Encantado de conocerte Nerumi-san.

-¡Ah! Solo Nerumi, está bien.-Curvó la bonita línea de sus labios.- ¿Trabaja aquí?-Le preguntó aquello señalando la enorme cantidad de paquetes y cartas que llevaba en las manos.

-Sí, pero más bien me tienen de mula de carga. Hoy parece ser que soy el chico de los recados.-Bromeó.

-¡Oh pero es toda una suerte! Esta revista tiene mucho prestigio. Ojalá yo pudiese trabajar aquí.

-¿Viene de visita?

-No, vengo a una entrevista.-Ella le sonrió con complicidad. Aquel muchacho era de lo más agradable y simpático, además de guapo. Alto y rubio con una espalda ancha. A su amiga le encantaría, pensó atrevida mordiéndose el labio.

-¡Ah! Suerte entonces.

-¡Gracias!

     Y de pronto, el timbre del ascensor resonó con fuerza abriendo sus puertas de par en par.

-Mi planta. Hasta luego.-La joven de cabellos rizados salió despidiéndose del rubio con la mano, pero en ese momento se chocó con alguien que iba a entrar y que también miraba hacia otro lado.

     De repente un montón de fotos se esparcieron por el suelo.

-¡Oh Dios mío! Discúlpeme…no miraba por donde iba, soy un desastre…-Ella se agachó a recogerlas.

-Perdóname a mí, iba concentrado en…-El joven hizo lo mismo, cuando alzó la mirada y vio a la muchacha de brillantes ojos verdes con una bonita sonrisa tendiéndole unas cuantas.

     Un pequeño vuelco sobrecogió el corazón del pecoso. Esa mujer…

-¿Está bien?-Al ver que no decía nada, Nerumi lo miró con algo de preocupación.

-¿Qué? Sí, sí estoy bien.-Le sonrió con nerviosismo cogiendo las fotografías.-Gracias.

-No hay de qué.

     La muchacha se incorporó, se ajustó el abrigo y empezó a caminar con sus botines de tacón por el pasillo hasta perderse en él.

     Ace se quedó mirando la galería atontado. Sabo sonrió con picardía.

-¿Subes?-Le preguntó a su hermano que empezaba a salir de su ensimismamiento.

-Sí…-El pecoso entró en el ascensor.

-Se te vaya a caer la baba.-Sabo rió.

-¡No digas tonterías!-El otro salió por completo del previo estado de shock y gritó a su hermano con el ceño fruncido. Este rió.

-Aunque, a juzgar por tu mirada, parece que la habías visto antes.-Sonrió.

-Que va.-Ace se removió el pelo totalmente desconcertado. Era mentira. Esa mujer le sonaba de algo. Pero no sabía exactamente de qué y eso que su intuición se lo gritaba. Había sentido a su corazón palpitar como nunca.

-De todas formas no tendrías oportunidad con ella.-El moreno lo miró entrecerrando los ojos.-Va a casarse.

-¿La conoces?

-Lo mismo que tú.-Rió.-La he oído hablar por teléfono. Si la conociera ya estaría saliendo con ella.-Le picó. Y de repente, se abrió la puerta del ascensor de nuevo. Ambos avanzaron por el pasillo.

-Pues es igual de inalcanzable para ti también, entonces.

-Lo sé. Pero yo no me creo falsas esperanzas hermanito.-Le dio un par de toquecitos en el hombro a modo de consolación.

-¡Oi! ¿De qué hablas? No sé quién es.-El rubio rió.

     Una hora más tarde, Sabo trabajaba en su ordenador rodeado de papeles escritos a mano y unos enormes auriculares en sus orejas. Oía música mientras se ponía al día con algunos artículos que tenía que publicar en la página web de la empresa.

     Por su parte, Ace se peleaba con el Photoshop para retocar algunas fotos. Se mordía la lengua con concentración y gracia. A pesar de lo duro que pudiera ser, le encantaba su trabajo en aquella revista.

     En otra mesa, Nami repasaba el correo del departamento la mar de entretenida. No paraba de sellar papeles y digitalizar documentos.

     De pronto, la puerta del estudio se abrió de par en par dando paso al jefe, a Robin y a la joven peli castaña que los hermanos habían conocido hacía rato en el ascensor. Ambos se quedaron estupefactos, más aun cuando Shanks se les acercó con una enorme sonrisa.

-Chicos.-Los tres miraron al pelirrojo.-Os presento a Nerumi-san. Será vuestra nueva compañera de departamento. Hará las entrevistas que necesitéis para los artículos. Es vuestra contacto.

     Ambos hombres se miraron con una expresión de sorpresa total e incredulidad, mientras que Nami se acercó a estrecharle la mano con una enorme sonrisa, de forma amable y simpática.

-Encantada de conocerte, soy Nami.

-Igualmente, muchas gracias por acogerme. Encantada de conoceros.-Inclinó la cabeza con una preciosa y maravillosa sonrisa.-Podéis llamarme Neru.

-Él es Ace.-Sabo señaló a su hermano con gracia mientras el otro miraba a la chica con la boca abierta de par en par y el corazón a mil por hora.

Notas finales:

Nos veremos los jueves como siempre ;)

Besos gigantescos! Os quiero!

Usted debe login (registrarse) para comentar.