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Masuku Midnight por KanonGothic15

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Notas del fanfic:

Dentro de las notas de mi fic "Kagami MoonDark" anuncie una nueva historia con HanaYasha Higurashi como protagonista :3 Gracias a las 50,000 lecturas que ha acumulado esa historia, traigo hasta ustedes esta nueva aventura :3

"Masuku Midnight" es un fic que, a diferencia de mis historias anteriores, tiene una narrativa más profunda, en especial porque quiero retratar un lado que nunca antes se ha visto de HanaYasha, algo que no se va a poder apreciar en "Kagami MoonDark", por lo que me gustaría que usaran eso de referencia para diferenciar ambas historias.

Este fic no se trata de una continuación de "Kagami MoonDark", es una historia diferente, en mundos diferentes. Tampoco se relaciona con otros fics que he escrito en el pasado.

Los personajes, así como parte de la trama, le pertenecen a Masashi Kishimoto y a Rumiko Takahashi.

 

*Por favor, no te reserves a dejar comentarios hasta terminar todos los capis! :3 Puedes dejarlos en cualquier capitulo que te haya llamado la atención! nwn*

 

Bien, con esto dicho... ¡Vamos! >:3 

Notas:

*El prólogo se sitúa 5 años después del final de InuYasha Kanketsu-hen. Los tres primeros años transcurren en la época actual y los dos ultimos en la época antigua.

*En mis historias anteriores nombre a "Kagome" como "Aome". Aqui será diferente y se pondrá el nombre original.

¡Bien! ¡A leer!

 

 

 

 

Las gotas de lluvia caían alrededor de la aldea, al igual que los cadáveres de los monstruos. Incapaces de desobedecer las órdenes de un ser perverso sumido en la oscuridad, todo lo que podían hacer era sacrificar sus vidas de una forma absurda y patética. Bajo el mando de la anciana Kaede, los aldeanos hacían lo posible por defenderse, hasta que llegaron InuYasha, Sango y Miroku, con sus respectivas armas en sus manos. Un viento cortante, varios pergaminos y el boomerang de la exterminadora fueron elementos suficientes para provocar pánico entre las criaturas malignas. En una colina lejana, protegiendo a cinco niños, tres humanos y dos híbridos, estaba Kagome, sosteniendo en sus manos un arco y apuntando con varias flechas a los monstruos restantes.

 

 

 

 

 

-¿Son todos? – cuestionó Miroku, observando a los monstruos que habían exterminado en conjunto.

 

 

 

 

 

-No. – respondió InuYasha seriamente, alzando su espada. – Aún falta uno.

 

 

 

 

 

Sango tomó su hiraikotsu, reuniéndose con su esposo y con el hibrido. La anciana Kaede, al igual que otros aldeanos cerca de ella, había escuchado las palabras de InuYasha, por lo que tomó una nueva flecha que dispararía en cualquier momento. El resto de los hombres llevaba consigo una lanza o un hacha como arma. Los segundos pasaron. De pronto, varios cuervos salieron volando de las copas de los árboles, algo inusual para todos los presentes. Mientras los aldeanos observaban a los animales temerosos, InuYasha logró ver una sombra que corría por los tejados de las cabañas, hasta llegar con Kagome y los niños.  

 

 

 

 

 

-¡Fuego mágico! – exclamó Shippo, llegando al lado de la sacerdotisa y protegiéndolos a todos con su ataque.

 

 

 

 

 

Al mezclar su esencia con el fuego mágico, la sombra tomó una forma humanoide, logrando esquivar otra técnica por parte del pequeño zorro y dejándolo fuera de combate. Los niños, al ver a Shippo inconsciente, comenzaron a llorar. Kagome se puso nerviosa. Tomó otra flecha, apuntó a la extraña presencia y la soltó. El espíritu impregnó con su energía maligna la flecha de la sacerdotisa antes de que pudiera tocarlo, dejándola inutilizable.

 

 

 

 

 

-¡Tiene un temible poder! – pensó la sacerdotisa, agarrando otra flecha y volviendo a disparar. La criatura volvió a deshacer la flecha. – Siento como si… Naraku estuviera frente a mí. No. Este monstruo es más fuerte que él.

 

 

 

 

 

En ese instante, InuYasha llegó, colocándose delante de ella y protegiéndola con colmillo de acero. Sango, Miroku y la anciana Kaede llegaron a su lado, listos para enfrentarse al último Youkai. Las expresiones en los rostros de los humanos y del hibrido lo hicieron sonreír. Usando más de su propia energía maligna, obtuvo dos manos con garras gigantescas, las cuales usó para atacar a InuYasha, quien tomó a su esposa en brazos y saltó una larga distancia para ponerla a salvo. Sango y Miroku aprovecharon la confusión para llevarse a los niños de ahí, dejándolos con los aldeanos sobrevivientes del ataque. La extraña presencia volvió a sonreír, transformando su cuerpo otra vez. Usando sus brazos como si se trataran de dos filosas armas, atravesó el pecho de InuYasha, dejándolo indefenso en el suelo y obligándolo a soltar su espada.

 

 

 

 

 

-Kikyo… - musitó la criatura con una voz grave y tenebrosa. La sacerdotisa no se inmutó, tomando otra flecha y disparando hacia la criatura.

 

 

 

 

 

-¡¿Cómo es posible?! – se preguntó la anciana Kaede al ver que la flecha de su aprendiz se deshacía en forma de un líquido viscoso.

 

 

 

 

 

-¡Hiraikotsu! – exclamó Sango, lanzando su boomerang gigante.

 

 

 

 

 

La criatura, al ver el arma, usó sus poderes para rechazarlo, enviándolo de regreso a su dueña. Antes del impacto, Miroku se interpuso entre Sango y el boomerang, recibiendo el golpe. La exterminadora lo tomó en sus brazos, dejando en el suelo a Hiraikotsu y mirando con rabia al Youkai.

 

 

 

 

 

-¡Criatura horrible! ¡¿Qué es lo que buscas?! – preguntó la anciana Kaede, apuntándolo con una de sus flechas.

 

 

 

 

 

-Kikyo… - volvió a decir con un temible tono de voz, al mismo tiempo que tomaba a la joven sacerdotisa a la fuerza, con una de sus gigantescas manos.

 

 

 

 

 

-¡Kagome-sama! – gritaron los aldeanos en pánico, viendo con horror como su cuerpo era sumergido en la energía maligna de la criatura.

 

 

 

 

 

-Maldición… - musitó InuYasha con frustración, intentando levantarse.

 

 

 

 

 

En un abrir y cerrar de ojos, el Youkai lastimó a todos los presentes, usando unas cuchillas que salieron de su espalda, dejándoles algunos rasguños en sus cuerpos, suficientemente profundos para que ninguno lograra moverse. Kagome presenció todo con horror, incapaz de hacer algo por los aldeanos, sus amigos y su esposo, a quien vio asustada. InuYasha había perdido mucha sangre. Él no moriría fácilmente, pero era claro que estaba fuera de combate. En eso, el Youkai corrió hacia donde se encontraban los niños, asesinando a los aldeanos que se metieron en su camino y tomando a una niña de un año de edad, con el cabello plateado y orejas de perro en la cabeza.

 

 

 

 

 

-¡Esta energía maligna es muy fuerte! – pensaba Kagome mientras sujetaba a su hija con frenesí y cerraba los ojos. No estaba segura de a donde se dirigían, pero tenía que hacer todo lo posible por sobrevivir y más, sabiendo que nadie podría salvarla.

 

 

 

 

 

Antes de que se diera cuenta, ambas se encontraban en el pozo devorador de huesos. La sombra las liberó en un punto donde el cuerpo de la sacerdotisa se quedó inerte en el aire por unos segundos y luego, se inclinó de tal forma que entraran en la vieja construcción. El Youkai cambió de apariencia. La silueta que se formó frente a ella, dejó a la vista el rostro de un hombre con una armadura puesta. Su cabello era largo y negro y su único ojo visible mostraba rencor, reflejado con un color rojo carmesí. Kagome intentó tomar el marco del pozo, extendiendo su mano derecha, mientras la izquierda sujetaba a su pequeña hija. No funcionó. Las lágrimas brotaron de sus débiles ojos castaño oscuro. El hombre que la miraba desde la cima, con un rostro inexpresivo y frio, fue lo último que vio antes de ser transportada a la época actual.

 

 

 

 

 

Esa misma noche, cerca del templo Higurashi, Sota escuchó un fuerte estruendo, mientras le ayudaba a su abuelo a acomodar unas cajas en la bodega de la residencia. Los dos hombres corrieron a la entrada del edificio. Abrieron las puertas de golpe y teniendo un par de linternas en mano, se asomaron al interior del pozo. No creían lo que veían. Kagome se encontraba adentro, sosteniendo en sus brazos a una niña de cabello negro que no podía parar de llorar. Para ese entonces, ya habían transcurrido dos años desde que tomó la decisión de estar junto a su amado InuYasha. Estando en la oscuridad, la sacerdotisa ni siquiera se había inmutado ante la inesperada iluminación que caía sobre ella y su pequeña hija. Desorientada y dolida, se levantó sin decir ni una sola palabra. Miró hacia arriba y se encontró con las miradas confundidas de sus parientes. El shock de ver a sus conocidos en problemas y no hacer nada por ellos, la tenía devastada.

 

 

 

 

 

-¡Rápido! ¡Tenemos que traer una escalera! – exclamó el abuelo Higurashi. Sota asintió.

 

 

 

 

 

Luego de ir por una escalera metálica, ambos la ayudaron a subir, teniendo mucho cuidado de no lastimar a la niña. Al escuchar el llanto de la pequeña, la madre de Kagome y de Sota salió de la casa. Con una mirada que mezclaba alegría y confusión, se aproximó a su primogénita. De inmediato miró a la pequeña niña, la cual tenía unas orejas de perro en la cabeza, parecidas a las de InuYasha y el cabello negro como el de Kagome. La sacerdotisa, lo único que hizo al tener en frente a sus familiares, fue llorar en silencio.

 

 

 

 

 

Fin del prólogo.

Notas finales:

¿Qué les pareció? :3

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