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Legado III por ErikaD

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Notas:

"No hay victoria en el mundo que pueda conseguir uno solo". 


 

Alzó la vista hacia él con los labios entre abiertos.

       Tenía la boca seca y un nudo en su alma. Sus bonitos ojos recorrían cada facción de su rostro. Sentía los latidos de su corazón palpitando en su cuello dorado y suave. Por su espalda, ya no corrían alegremente sus rizos y ondas. Ahora estás reposaban más revueltas por encima de su nuca, cayendo hacia sus hombros juguetonas e imprudentes.              

      Él afianzaba la seriedad de su rostro. La llevaba queriendo demasiado tiempo y por ese mismo motivo, le dolía más. Sin embargo, en su interior no podía evitar comprenderla, y sentirse algo culpable. Toda aquella situación había sido generada, en cierto modo por su causa.

-Te juro que no hay nada que me haga más feliz.-Le sonrió a pesar de todo.

-¿Y por qué siento que no te entusiasma la idea?

-Me entusiasma la idea, es solo que…pensé que me lo dirías…No quería enterarme así, después de tanto tiempo.-La joven agachó el rostro culpable.

-Si te lo hubiese dicho antes… ¿qué habría cambiado?

-Todo.-Suspiró.-No estarías aquí. No te expondría a esto.-Se sentó junto a ella sobre el colchón.

-¿Exponerme a qué? No ha pasado nada. Estoy bien.-Protestó.

-¿Hasta cuándo?-La peli castaña se mordió el labio con fuerza.-No puedo permitir que estés aquí. Baste que nos ataquen un día, yo me descuide ¿y entonces qué? Además, el material médico del barco no está preparado para casos como estos.-Sonrió un poco más tranquilo.

-Quiero quedarme contigo. ¿Tan difícil es que lo entiendas?-Lo enfrentó. Él tragó saliva. Sabía que no entraría en razón con facilidad. Nunca había sido de sencillas soluciones.

-No es difícil Neru, de verdad. Yo no quiero que te vayas.

-Pues no me lleves a ningún sitio. No pisaré esa base. Y si lo hago será en contra de mi voluntad que te quede claro.-El pecoso suspiró.

-Deja de ponerme contra la espada y la pared. Debo protegeros.

-¿De qué?-Ella lo observaba sin comprender.-El único sitio en el que me siento segura es aquí contigo.-Ace apretó sus manos con nerviosismo. No podía hablarle de la misión en la que estaban metidos.

-Hazme caso por una vez,-la preocupación se adueñó de sus ojos,-por favor.

      Hubo unos extraños segundos de silencio.

-No es un bebé deseado por ninguno de los dos.-Clavó sus pupilas en las de él, mientras unas finas lágrimas recorrían sus mejillas. Al oírla, un vuelco sobrecogió el corazón del pirata.-Lo sé. Así que, qué más da.

-No digas eso…-Le agarró la mano izquierda. Aún conservaba el anillo de plata con la bonita y pequeña esmeralda.

-Es así Ace. No es el momento, ni el lugar ni la mejor ocasión para estar embarazada.

-¿Y qué? Eso no significa que no lo quiera. Es mi hijo.-Al decir aquello, la de ojos verdes se mordió el labio con fuerza.- Nuestro hijo. ¿Acaso rechazarás algo así de los dos?-Nerumi suspiró. Era incapaz de darle la espalda a algo que tuviese que ver con él.

-Por supuesto que no. Y al final le querré como al que más, pero…no quiero pasar por otro embarazo alejada de ti.

-Solo serán un par de meses. En cuanto lo tenga todo listo aquí, te prometo que volveremos a casa.-Le sonrió.-Será el tiempo suficiente. Todo se habrá calmado ya y los chicos tendrán un historial considerable.-Intentó hacerla sonreír consiguiéndolo.

-Soy demasiado vieja para volver a empezar con un bebé en brazos, ¿no crees?

-Ni hablar.-Le acarició la mejilla derecha.-Sigues siendo joven y guapa. Si hubieras sido vieja, no estarías en esta situación.-Rió. Ella suspiró llevándose las manos al vientre.

-Prométeme que solo serán dos meses. No aguantaré un día más. Pienso marcar cada uno de ellos en el calendario.-Entrecerró la vista por un instante arrugando la nariz. Y el pecoso no pudo evitar enamorarse todavía más de ella.

-Te lo prometo.-Amplió su sonrisa.-Con él estarás a salvo.-“´Él”… Neru suspiró.

-Te matará por desentenderte de mí cada vez que espero un hijo.-Se cruzó de brazos con una mirada burlona.-Tendrías que responsabilizarte de mis embarazos y dejar de poner en compromisos a tus hermanos. Es la segunda vez que me dejas con él y la primera fue con Luffy.-Le regañó.

-Capto la directa.-Le volvió a sonreír.-Y ahora estás triste pero ya verás cuando se enteren los chicos como la cosa cambia…

-Oh Dios…Se llevarán una edad considerable.

-¿Y lo divertido que será ver a Gray con su hermana en brazos?-Rió. A ella se le volvió a iluminar la mirada.

-¿Hermana?

-Va a ser una niña. Ya lo verás. Tengo la intuición.-Apoyó su mano sobre el vientre de su mujer. Aún conservaba su pulsera y su Log Pose.

-¿Y si son dos o tres?-Le picó. Al moreno se le descompuso la cara.

-Ni se te ocurra.-Alzó un dedo reprendiéndola.

-¡No es cosa mía!-Rió.-Somos un desastre…

-Con una gran familia.-Le dio un tierno beso en los labios.-Felicidades mamá.

-Enhorabuena papá…

                                                                              …………………………..

      Atardecía mientras el cielo se teñía de nubes grises. Sería otra noche lluviosa se dijo Rouge mientras colgaba su bata blanca en el perchero de la consulta.

      Habían sido un par de días raros y tristes. Su tutor la desconcertaba por momentos. No sabía qué tipo de persona era. Todo lo que hacía era totalmente impredecible. Y mirarle a los ojos no dejaba de recordarle a él. Su tono azul era exactamente el mismo.

-¿Qué estarás haciendo…?-Susurró. Llevaba demasiado tiempo sin oír su voz.

      Se puso el abrigo y el bolso, apagó la luz y salió de la habitación pasillo abajo hasta llegar a la puerta. Fuera, se colocó los guantes e inhaló un poco de aire fresco.

-¿Ya te marchas Ro-ro?-Su voz aterciopelada la sobresaltó. Enseguida se giró hacia él.

-Sí, ya me voy doctor.-Le sonrió. Él se colocó a su lado.

-Es un poco tarde. ¿Quieres que te acompañe a casa?-Él moreno unió su mirada con una amable sonrisa.

-No es necesario.

-Insisto. Tus padres podrían matarme si descubren que te ha pasado algo malo.-Rió.-Ahora soy tu responsable, ¿no crees?-Ella lo observó abrumada.

-Bueno pues, como quiera.-Suspiró resignada. Si había una única cosa que había aprendido de él era que siempre se salía con la suya.

      Bajaron las escaleras del edificio y empezaron a caminar por las húmedas calles.

      El silencio se apoderaba del paseo. Tanto, que la joven creyó que la tensión la mataría, sin embargo, la actitud relajada del moreno era totalmente diferente. Tanto, que sacó de su pequeño bolsito una caja de cigarrillos. Encendió uno y se lo llevó a los labios. Soltó la bocanada de humo con una sonrisa.

-Anda, fuma…-Rouge, que había observado con descaro cada uno de sus movimientos, se quedó de piedra cuando se dio cuenta de que había dicho aquello en voz alta.

-Pues sí.-Rió el de ojos azules.-Tu no lo hagas. Es malo para los niños.-Le guiñó un ojo.

-¡Oi!-La aludida protesto.-No soy una niña.

-¿Ah no? ¿Cuántos años tienes?

-Quince.-En cuanto escuchó la edad de la joven, el moreno se echó a reír.- ¡Oi!

-Eres una niña Ro-ro.-Volvió a dar otra calada.-Te saco siete años.

-¿Enserio?-Rouge lo miró sorprendida.-Te conservas muy bien.

-Y tu muy mal.-Rió. El rostro de la peli castaña se llenó de enfado.- ¡Es broma mujer!-Una calada más.

-Pues no parecías para nada un médico cuando te vi.-Casi protestó.

-Eso es porque soy uno de los pocos médicos guays que existen en el mudo.-Volvió a soltar otra carcajada. Y ella aumentó su molestia. Resopló y miró al frente. No volvería hablar con aquel personaje raro e impertinente que se metía con ella por toda la cara.

      Pero de imprevisto, le hizo una pregunta que no pudo rehuir.

-Oi Ro-ro, pregunta indiscreta: eres la hija de Portgas D. Ace, ¿verdad?

-¿Por qué lo dices?-El muchacho dio una última calda y tiró el cigarrillo al suelo apagándolo.

-Simple y llana curiosidad.

-Pues sí, lo soy.-Y él sonrió amplio.

-Estupendo. Ya tenemos algo en común.

-¿Qué?

-Nuestros padres son piratas.-Le guiñó un ojo y ella se puso un tanto nerviosa. Y para colmo, de pronto, su estómago inició una pequeña orquesta en su interior. Rápidamente, los colores se le subieron a las mejillas.- ¿Tienes hambre?

-¡Que va!-Su risa nerviosa la delataba por completo.

-No seas modesta. La comida de la clínica es pésima. Te entiendo a la perfección.-Alzó la vista hacia su alrededor como si estuviese buscando algo. Y entonces dio de lleno con el lugar idóneo.-Comamos algo, ese sitio es impresionante.-Le sonrió señalando uno de los restaurante de la calle.-Yo te invito.

-¿Qué?-Los colores aumentaron de intensidad en sus mejillas.-No sé si eso estará…

-¿Bien?-Terminó su frase.- ¿Qué problema hay?

-Pues…

-Anda, vamos. Ponen una carne deliciosa.-Y sin pensárselo dos veces, el moreno agarró con fuerza la mano de la pecosa y tiró de ella.

      Al contacto con su piel, Rouge sintió como su corazón empezaba a latir desbocado. Su mano era grande y cálida. Y el aroma que desprendía era tan…mayor… No tenía nada que ver con él. Y desde ese día, empezó a reaccionar hacia todo lo que él hacía. Incluso, hacia las cosas más pequeñas.

      Sentía que, a pesar de la tristeza de esos días grises, él empezaba a animarle el corazón. A veces, la mente no funcia de la manera en la que uno lo espera…

                                                                              ………………………….

      El enorme y alegre mercado estaba a rebosar de gente. Water Seven era la ciudad más impresionante que habían visitado hasta aquel momento.

-Oi, chicos, nos veremos en el barco dentro de un par de horas, ni se os ocurra meteros en líos, ¿entendido?-Elizabeth miraba a Kyle y Roger con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

-De acuerdo.-Cantaron los dos al unísono.

-¡Pero tenéis que cumplirlo!-Los señaló mientras ellos se marchaban a investigar.

-¡Vale!-Los oyó decir de lejos. Eli suspiró. Todavía se paraba a pensar de vez en cuando por qué había decidido acompañarlos en aquella aventura suicida.

-Estarán bien, Eli-chan.-Itsu la miraba con una enorme gota de circunstancia mientras se colocaba bien las gafas sobre la cabeza. El oso panda sonrió cuando vio como la joven suspiraba resignada.

-Tienes razón. Con evitarlos si vienen corriendo por algún motivo todo estará maravillosamente bien. En fin, ¿nos vamos de compras?-La sonrisa animada de la peli roja contagió al enorme oso.

-¡En marcha!

      Mientras tanto, en una de las calles principales llenas de restaurantes, Gray y Kyle se intentaban poner de acuerdo para elegir el mejor sitio donde comer.

-Ni hablar. No pienso comer pescado.-El moreno se cruzó de brazos y asintió un par de veces. Tras su sentencia, Kyle pudo sentir como destruía una parte de sus ilusiones.

-¿Pero por qué?-Se quejó-Esta ciudad vive del mar. ¡Es el mejor sitio!

-Estoy harto del pescado. Llevamos días comiendo eso. Hoy toca carne.-Prácticamente lo ordenó. Y el rubio no tuvo más remedio que inflar sus mofletes con disgusto.

-¡Pues la próxima…!-Pero antes de que el capitán siguiera con su réplica, el cristal del restaurante por el que estaban pasando justo al lado, se rompió en mil pedazos.

      A partir de ahí, todo pareció ir a cámara lenta.

      Tras los cristales rotos que salían despedidos por una pequeña explosión, una Akuma no mi salió volando. Detrás un niño. Un niño con cara de pícaro y vestido con ropas pobres. El muchacho, la cogió al vuelo y tras un par de piruetas para caer con los pies sobre el suelo, salió corriendo calle abajo espantando a todos los caminantes. Y detrás del niño, venía algo peor. Una banda de piratas salió por el mismo cristal empezando a perseguir al pequeño. Mientras gritaban amenazas.

-¿Qué ha sido eso?-El pecoso lo miró de reojo.

-No tengo ni idea.-Siguió con su camino, mientras, a su espalda, el tendero gritaba insultos sobre el suceso.-Y no tiene nada que ver con nosotros.

-¡Ahora sí!-En cuanto lo oyó gritar aquello, Roger se giró presto para detenerlo. Sin embargo, le llevaba más de diez pasos de ventaja en su carrera.

-Maldita sea… ¡Kyle!-Gray lo siguió.-Eli va a matarnos…-Susurró entre dientes mientras corría...

                                                                              ……………………………

      El pecoso llamó a la puerta con un par de leve toques. Sonrió dirigiendo la mirada hacia ella.

-¿Por qué no intentas cambiar esa cara?-Le aconsejó.

-Odio este tipo de situaciones. Me siento un paquete.-Ace suspiró.

-No saques las cosas de contexto Neru, sabes que…

      Pero antes de que pudiera terminar la frase, la puerta se abrió de par en par.

-¡Ya estáis aquí!-Una joven de ojos azules intensos le dio un enorme abrazo al pirata.

-No estábamos muy lejos. Ha sido más rápido de lo esperado.-Le correspondió sonriente.

-¡Ace! ¿Cómo ha ido el viaje?-El rubio se acercó a su hermano y ambos chocaron sus manos con fuerza.

-Muy tranquilo.-Le sonrió el mayor.- ¿Cómo estáis…?

-¡Neru-chan!-Ambas se abrazaron.- ¿En marcha de nuevo?-Un divertida sonrisa apareció en el rostro de Koala. La susodicha suspiró.

-No me lo recuerdes…-Su mirada llena de frustración y su media sonrisa no alegraban para nada el ambiente festivo que habían creado con su llegada.

-¡Anímate mujer!-Rió y la de ojos verdes intentó sonreír como ella, pero algo en su interior la hacía retroceder.

-Oi Koala, ¿puedo saludarla ya?-La voz del rubio a su espalda hizo que su corazón diera un vuelco tremendo. Se mordió el labio. Tenía que tranquilizarse y poner su mejor cara.

-Claro.-La joven revolucionaria s echó a un ladito.

-Neru, ¿qué tal? cuánto tiempo.-La nombrada se giró hacia él y alzó la mirada para clavar sus pupilas en sus ojos grises. Sabo no dejaba de sonreír. Pero lo hacía de una manera diferente a la última vez que lo había visto.

      Ya no sentía su aura de atracción y enamoramiento.

-Muy bien.-Le sonrió.-Si que hace tiempo.-El rubio se acercó y le dio un beso fraternal en la frente.

-Enhorabuena.-Lo decía sincero y de corazón. Al parecer, había pasado página más rápido de lo que la joven imaginaba.

-Gracias.-Sabo se separó de ella sin quitar la línea curva de sus labios. Sin embargo, había captado su esencia nada más tenerla cerca. Algo fallaba en la ecuación.

-¿Quieres ver tu habitación?

-Te hemos elegido la más cómoda de todas las disponibles.-Koala intervino agarrando del brazo a la peli castaña y saliendo del cuarto con ella casi a rastras.

-¡Oi! Es-espera un momento…-Su resistencia fue totalmente en vano.

      En cuanto las chicas estuvieron fuera, Ace suspiró. Y su hermano soltó una carcajada.

-¿Qué te pasa?-El rubio se apoyó sobre su mesa de escritorio.

-No quería venir.-Afirmó observando la puerta por la que había salido su mujer.-No quería pisar este sitio por nada del mundo.-Al oírlo decir aquello, Sabo cambio su sonrisa por la seriedad.

-¿Y eso por qué?-Se hizo totalmente el inocente.

-Porque tengo que marcharme Sabo. No puedo quedarme aquí.

-Oi, sabes que si quieres…

-Tengo asuntos pendientes.-Le sonrió.-Pero gracias. Además, creo que le vendrá bien descansar un poco del mar.

-Estoy convencido de que con el embarazo es lo mejor. Pensé que había añadido un poco de sensatez a su cabeza, con los años.-Suspiró.

 -La tiene. Aunque no está muy feliz. Todavía no sé realmente por qué es, pero estoy convencido de que es algo más que el hecho de tener que quedarse aquí un par de meses.-El pecoso observaba dubitativo la puerta abierta hacia el pasillo. Fue entonces cuando Sabo cayó en la cuenta de una pregunta fundamental. Algo a lo que no había hecho caso hasta ese preciso instante. Y que su instinto llevaba gritándole desde que habló con su hermano por Den den Mushi.

-Lo averiguaremos. Y no te preocupes que tendrá la mejor de las estancias.-Le sonrió tranquilizador.-Por curiosidad Ace,-aun sin estar muy seguro, tenía que pregúntalo,-¿de cuánto tiempo esta?-Y de pronto empezó a sentir como los nervios se apoderaban de su mente. Deseaba por todos los medios que la fecha fuese otra totalmente distinta a la que pensaba.

-Tres meses hace en un par de días.-En cuanto mencionó aquello, el rubio se puso blanco como la pared. Un sudor frío le recorrió la espalda.-Bueno, vamos a hablar con el médico, ¿no?

      Sabo dio un pequeño botecito del sobresalto.

-Oi, ¿vienes?

-Sí, sí claro.-Contestó rápidamente volviendo a la realidad.-Adelántate tú y así ves la habitación antes a ver qué te parece.-Sonrió lo más natural que pudo. El pecoso asintió sin sospechar nada y salió por la puerta.

      En aquel momento, el rubio se giró sobre su propio cuerpo y apoyó ambas manos sobre el escritorio.

-No puede ser…-Se susurró. Acaba de atar todos los cabos. Su distancia, su mala cara, el no querer estar allí, todo tenía más sentido después de enterarse de aquello.-Maldita sea…

Notas finales:

Como prometí, primeros de enero y ya esta aquí la tercera, ultima y definiva parte de esta historia ;)

Gracias por todo y espero que os guste! Os quiero!!

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