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Sonríe por mí por Hollie

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Notas del fanfic:

99% NaLu

Conoce la relación que existe entre Natsu y Lucy desde sus años de preparatoria (educación media-superior), sus amistades, celos, sentimientos... en la universidad y hasta llegar al preciso instante en que Natsu solicito una orden de Divorcio.
Todo lo que leerás aquí son los recuerdos que agobian cierta cabecita rosada al no saber que decisión tomar.

¿Firmar o no firmar? Eh ahí el dilema.

(TTmTT)/

Notas:

Por cierto quiero agradecerles a las siguientes personas por apoyarme con sus comentarios.

  • SILCER FULL
  • DRAGNELL05
  • L-SAMA
  • ALE
  • NATSU El NEKO

Esta nueva "versión" se las dedico a ustedes.

Y suspenderé mi otra historia para enfocarme más en esta. C=

 

Capítulo 1

 

Así de fácil…

 

Natsu tenía frente a si los documentos que después de 7 años cambiarían sus vidas, su indecisión era presente en cada uno de sus pensamientos.

 

*La idea tal vez sea precipitada…. Aun hay esperanzas… todo son suposiciones, nada es seguro. ¿Valía la pena arruinarlo?... tal vez deberíamos de discutirlo juntos… antes de aceptar… Soy un completo canalla al hacer esto a sus espaldas, vaya sorpresa que se llevara…*

 

Pensó, estando solo en la habitación pero acompañado por el constante eco de su bolígrafo golpeando los papeles causantes de su tensión, sobre su escritorio yace el sobre manila que lo hace esbozar una mueca de preocupación. La muestra de su ansiedad y temor, aquello que tanto lo hacer dudar. Firmar o no el documento que él personalmente le encargo a su abogado.

 

Temiendo no hacer lo correcto, sabiendo que una vez hecho después no podría arrepentirse y  voltear la página con facilidad, trago grueso, desajustándose la corbata roja e impulsándose sobre sus talones retrocediendo en aquel antiguo sillón negro, lugar que solo han ocupado los presidentes de las Empresas Dragneel. Exhalo con fuerza. Otro peso más sobre sus hombros.

 

Volteando la mirada hacia otra dirección, evitando los documentos sobre su escritorio, enfocando su atención en el paisaje que le da el ventanal de su oficina, algo que solo se puede apreciar desde el piso más alto del edificio en donde él está justo ahora mirando hacia la deslumbrante vista que posee de la ciudad, notando que la oscuridad domina en todo lugar, el sol se ha ocultado y la noche ha aparecido ante él.

 

Levantándose de su asiento, con mayor libertad contempla “su” nocturna ciudad llena de millares de coloridos puntitos parpadeantes, cerrando los ojos, prestando atención incluso aun puede escuchar los claxon de los automóviles y principalmente taxis que circulan en “su” ciudad. Por impulso posa su mano sobre el cristal sintiendo el suave golpeteo que le da la corriente, magnificándose por tales sensaciones abre los ojos encontrándose con un hermosa luna en cuarto menguante, extrañamente, recordándole a la sonrisa burlona del gato Cheshire del cuento Alicia in Wonderland. Tal relación sólo causa que una risa divertida escape de él, vuelve a fijar su mira en el ventanal observando no más allá de su reflejo en el cristal, borrándose su sonrisa, no reconociéndose ante su propia imagen: un hombre de 30 años, vestido de traje negro, camisa blanca y colgando de su cuello una desajustada corbata roja, sus usualmente alborotados cabellos rosados revueltos e indicios de barba y ojeras en su rostro. *Esto va mal* se reprendió.

 

¿Cuánto tiempo llevaba ahí, encerrado en su oficina, ignorando los papeles que tarde o temprano tendría que abrir?

 

Sentándose sobre uno de los costados de su escritorio se miro otra vez en el cristal. *Vaya, si que necesito un buen descanso* confirmo para sus adentros. Suspiro. Al fin quitándose aquella estorbosa corbata roja que sabía, por mucho que lo intentara, no podría volvérsela a poner. Nunca había sido bueno con esas cosas, desde siempre considero un arte el hacer el “nudo” de la corbata sin morir estrangulado en el intento.  Aunque pareciera que hubiese alguna clase de truco secreto, nunca lo había podido descubierto. Volvió a suspirar, cómo algo tan pequeño y simple como el nudo de una corbata podía ser tan imposible para él, incluso más que negociar con cuan temibles personas. Incluso algunas, que sospechaba, tenían relaciones con la mafia o asuntos turbios en el extranjero.

 

Intranquilo, contemplando aquel pedazo de tela entre sus manos sintió una punzada en el pecho, esbozando una mueca de dolor fue mi tarde para evitar lo inevitable, el fluir de sus memorias, sus recuerdos lo abordaron sin compasión.

 

 

 

Se arranco aquella cosa que colgaba de su cuello, una corbata azul marino cayo al suelo junto con las lágrimas y maldiciones de un joven pelirosa de 17 años que caminaba sin rumbo fijo entre las extensas áreas verdes de su preparatoria. Molesto, frustrado, desilusionado, impotente. Se sentía lo peor que podía habitar en aquella preparatoria tan prestigiosa que sus padres eligieron para él, sentía que no solo había decepcionado a sus padres sino a él mismo. No realizando aquello que tanto anhelo: El primer lugar en un concurso a nivel nacional de inventos e innovadoras propuestas para un mundo futurista. El ganador seria quien después representando a su país competiría a nivel internacional y aunque todo parecía apuntar a que él obtendría la victoria otro sujeto fue quien se la llevo, se había hecho tantas ilusiones de ganar y sin la ayuda o influencia de su apellido, que aquello sería un logro propio; producto de su sudor, esfuerzo, tenacidad y ahora lagrimas al irse todo al caño.

 

Su idea había quedado en segundo lugar, recibiendo felicitaciones y reconocimientos de muchas importantes personas pero él sabía, de antemano, que ninguna de ellas se arriesgaría a llevarlo a cabo. Ningún reconocimiento lo satisfacía pues su trabajo quedaría suspendido en el olvido, no se elaboraría su pequeño gran proyecto/sueño.

 

–Maldición…– choco su puño derecho contra un tronco, no sintiendo algún dolor físico, apoyo su cabeza contra el mismo tronco y simplemente se dejo caer de rodillas frente al árbol, ocultando para el resto su mirada jade, opacada por la desilusión y sus mejillas cubiertas por las lagrimas.

 

– ¡Natsu! – escuchar en esos momentos la voz de su mejor amiga no supo si era un consuelo o una pena más con que contar. Tras su fracaso también sentía que le había fallado a ella. Sus brazos rodeándole por la espalda fueron el detonante de más lágrimas y la salida para aquellas emociones que presionaban su pecho.

 

–Fracase…Defraude a todos. – balbuceo mientras ella ejercía mayor firmeza a su abrazo, también conteniendo sus propias lagrimas. Uno debía de ser el fuerte mientras el otro se derrumbaba, ¿cierto?, y ella lo estaba haciendo por él, dándole todo su apoyo e intentando animarlo.

 

–Sabes… fracasar es como caerse. – dijo aquella chica en voz baja. Algunas veces él solía ser demasiado duro consigo mismo y eso la hacía molestar demasiado, él siempre se exigía demasiado preocupando a su padres, hermanos e incluso a ella.

 

–Claro que no. – aunque lo dijo en voz muy baja, casi inaudible, a ella se le dibujo una sonrisa al escucharlo. Fingiendo estar molesta por sus palabras, dejo de abrazarlo cruzando los bazos sobre sus pechos, haciendo sonar su voz como si estuviese enojada, se preparo para confrontarlo.

 

–Sí lo es. – a él le escapo una de sus melodiosas risas -Y ¿sabes qué hago yo cuando fracaso? –

 

A Natsu le divertía escucharla en su modo mandona de “¡yo tengo la razón, tu cállate!”Escucharla lo hizo feliz, queriendo continuar oyéndola, seco sus lagrimas, manteniendo una sonrisa en su rostro se giro para verla y conversar mejor, adoraba ser sermoneado por ella, era como tener una sensación de liberación y el surgimiento de sentimientos agradables, pero desconocidos, que brotaban de él.

 

 –No. – respondió sonriendo, observándola con detalle. Ambos vistiendo el uniforme escolar azul marino con gris y blanco, pero que en ella lucía mucho mejor. Sintió el roce cálido de sus manos sobre sus mejillas, dejándose envolver por sus emociones la miro a los ojos en busca de respuestas pero solo se encontró con una hermosa chica de cabellos dorados y ojos chocolate, sosteniendo su rostro a centímetros del suyo.

 

Me levanto, sacudo, y camino hacia adelante. – se mantuvo el contacto visual entre ambos gracias a que ella sostenía su rostro entre sus manos. Al no poder tolerar que Natsu mantuviera la mirada baja ante ella, eso solo le destrozaba más el corazón. Él no tenía nada de qué avergonzarse, el fallar es parte del ser humano.

 

– ¿Eh? – la había escuchado perfectamente pero no podía entender a que se refería, estaba absorto en sus pensamientos de ella y él besándose, juntos, tomándose de las manos, teniendo más seguido momentos como este. *¿Qué?*

 

Parpadeo varias veces, saliendo de su ensoñación, dándose cuenta que uno de los dos acortaba más la distancia entre ellos, su corazón comenzó a palpitar sin control, sintiendo su rostro arder, quiso saber *¡¿Qué demonios estaba pasando aquí?, ¿Qué estaba pasando con él?!* La respuesta era fácil, su amiga rubia al creer que él no la había escuchado bien a causa del anuncio de cambio de clases se acerco más a él para que al menos escuchara lo más importante.

 

– Continúo con mi camino pero ahora con una nueva experiencia. – sonrió por diversión, su amigo tenía cara de tonto y no le prestaba atención. Se le hizo tan gracioso verlo así que sonrió de la única forma que ella lo sabía hacer, de la forma en que él adoraba que lo hiciera, con toda su alegría y entusiasmo reflejados en un simple gesto propio del humano. La sonrisa, una hermosa sonrisa.

 

Su mirada jade se perdió en su hermosa sonrisa, en sus rosados labios e inconscientemente se fue acercando lentamente cada vez más a ellos, deseoso de probarlos, fue borrando el espacio que los dividía y seguramente uniría en un beso.

 

–Natsu…– algo detuvo su cometido. Ella sostenía sus hombros impidiendo que continuase acercándose.

 

–Lo siento, yo, no…perdóname. – su cara ardía, desviando la mirada, su mente le pedía alguna distracción para aminorar la vergüenza.

 

Sintiendo sus manos recorrer su cuello, colocando algo bajo las solapas de su camisa blanca, se giro para mirarla, su mirada achocolatada estaba centrada en su cuello y entre sus manos se movía con delicadeza la corbata que se había quitado. Su mente solo se enfoco en ella, en su piel, sus luminosos ojos, sus suaves cabellos y su dulce aroma que tanto le encantaba, solo ella y él existían en esos breves minutos; orando en su mente por poder tenerla para siempre así a su lado, a su eterna amiga Lucy Heartfilia.

 

Sonrió con melancolía, ahí fue cuando se dio “cuenta” que sentía algo por ella, algo diferente a una amistad, rio por diversión, también desde ese entonces había tomado cualquier excusa, incluso a su mal trecho trabajo con las corbata, para que ella lo ayudara, para tenerla más cerca, y cientos de más excusas siguieron con los años. *Era todo un niño cuando se trataba de obtener sus atenciones.* reconoció, soltando una carcajada y cubriéndose los ojos con su mano. Exhalo con tranquilidad, dándole un vistazo al reloj en su muñeca, suspirando con pesar tiro aquella “cosa” roja a la basura, tomando entre sus manos aquel sobre con el sello aun intacto, leyendo una vez más la nota anexa por su abogado.

 

“Aquí esta lo que me pidió Sr. Dragneel. Suerte.

 

A sus servicios. Loki”

 

*¿Suerte? ¡JA!* Ironizo, él no necesitaba suerte sino lo que alguna vez su rubia le dijo cuando tenían 17 años. Necesitaba caerse, levantarse, sacudirse y caminar hacia delante. Fracasar quizás en un sueño o con una persona, secar sus lagrimas, aceptar cada uno de sus errores, levantarse, sacudirse, desprenderte de todo aquello que le hiciera detenerse, y caminar hacia adelante en busca de un nuevo sueño u otra oportunidad para intentarlo. *Soy un completo patán…*  Quien lo diría, utilizaba como excusa las palabras de aquella chica de quien se enamoro, sin siquiera saberlo, en secundaria, por quien vivió en preparatoria centenares de celos irracionales, las mismas palabras de la misma mujer que le hizo perder la cordura en más de una ocasión en la Universidad y de quien estaba, a una firma, de divorciarse.

 

–Lucy…–

 

Así de fácil se nos acabo la magia, se nos esfumo el amor…

 

Un divorcio el cual él mismo solicito a espaldas de ella y del cual ahora se cuestionaba sobre firmar o no.

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