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El diablo en la discoteca por AlejosColo

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Las luces cegaron los ojos de la chica, el olor del alcohol inundo sus pulmones, su oídos se sintonizaron con la música del lugar, la discoteca acaba de absorber a una joven de unos 19 años, la chica se sentía en un mundo totalmente distinto como si fuera un sueño irreal que sin saberlo se volvería en una pesadilla, cerca de las playas del mar caribe y a las murallas aun en pie de Cartagena, hasta ahora había sido un viaje inigualable con sus amigas, pero esa noche parecía que nadie se fijara en ella. Sentada tomando ron con aguardiente para la soledad y aspirando el humo que le llenaba los pulmones.

La hermosa mujer de voluptuosos atributos en su cuerpo y cara cruzo una mirada con un misterioso hombre, era blanco y llevaba un smoking negro, y sus ojos se centraron solo en ella, parado a unos 5 metros de donde estaba la joven, no le quitaba la mirada y la joven comenzaba asentir angustia y miedo, pero la curiosidad también la lleno por ese hombre, sin nadie conocido a quien acudir sintió el instinto de correr pero cuando el hombre enigmático se comenzó a acercar algo en ella la hizo quedarse y esperar que sorpresa podría revelar ese ser.

Ya a solo unos cuantos centímetros que los separaban lo pudo detallar más precisamente a aquel hombre, su cabello era de tono castaño rojizo, unos labios rojos que sobresalían en su cara blanca y unos ojos que se asemejaba al color de las brasas de la madera, este se acercó y le susurró al oído:

-          Hola preciosa, ¿te gustaría bailar conmigo? – lo dijo con una voz angelical, que a la vez parecía mágica al hacer que la joven perdiera cualquier gana de huir.

-          No se bailar-  dijo la joven tratando de persuadir al hombre de que no se fijara en ella, algo que no funciono.

-          Tranquila yo te guio- la chica no puso más resistencia y lo siguió – Pero pase lo que pase no mires mis pies- dijo a la chica y esta no le dio importancia.

Pasaron algunos minutos bailando a diferentes ritmos latinos, algo que la joven gozo hasta que vio lo que el hombre le dijo que no viera, algo totalmente incomprensible y aterrador, cuando miro a los pies del hombre, vio que no era pies… si no pezuñas de las patas de una cabra, quedo sin habla, perdió todos los colores, sintió un frio espectral en su cuerpo y comenzó a temblar hasta que volvió a subir la mirada y vio otra cara, ya no la que la cautivo sino una cabeza de cabra con unos cuernos que sobresalían y un aliento a azufre la hizo entrar en shock y caer inconsciente en la mitad de la pista de baile.

Toda la gente quedo confundida, nadie sabe que paso y las amigas que la habían dejado sola a su suerte entraron en angustia y algunas del cambio brusco de ambiente comenzaron a llorar, y un olor a azufre invadió el ambiente, llamaron a los paramédicos que se llevaron a la chica a un hospital cercano a la zona,  la chica mostro en partes de su cuerpo una especie de marcas quemadas en su cuerpo en forma de manos, y expendían un olor de azufre, pero al transcurrir algunas horas su cuerpo comenzó a pegarse más a sus huesos, quedando como un esqueleto forrado por una piel que tomo un color más oscuro y putrefacto que el colgaba, la joven había perdido la vida sin saber qué fue lo que se la quitó.

A los días de su funeral, en el ataúd se impregno un olor de azufre más fuerte que los anteriores y cuando fue bendecido por el sacerdote para que descansara en paz, comenzó a arder en unas llamas oscuras, que parecían reírse de los presentes y que dejaron unas cenizas oscuras como la noche y más pesadas de lo que fue la joven en vida.

El mismo día del funeral, en la discoteca limpiaban la escena que había sido investigada por detectives sin resultados algunos, en el baño de mujeres de la discoteca había una frase en el espejo, estaba escrito con unas marcas negras y poseían el olor de azufre, decía “viernes santo muerte de cristo, viernes santo yo reviví y riego sangre y temor sobre los humanos” y cuando un investigador toco las letras se quemó los dedos de tal forma que a los pocos días la carne quedo casi destrozada y la punta blanca de los huesos se alcanzaba a distinguir y cuando buscaron los videos de seguridad de la discoteca, vieron a la joven bailando sola y en el baño como un hombre de barba larga hasta las rodillas y fumando un tabaco, escribía en el espejo con la punta del dedo mientras reí de una forma monstruosa y sobrenatural, luego mirando a la cámara donde se le podía distinguir unos ojos como los de una cabra. El caso fue olvidado por todos, no por indiferencia sino por temor a lo inexplicable que sucedió allí. Un viernes santo que ningunos de los presentes podrá borrar de sus memorias.

 

 

 

Notas finales:

Es en parte una leyenda urbana de granparte de latinoamerica.

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