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La casa en la cascada por AlejosColo

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Ya es de noche, es lo primero que mis ojos logran percibir después de dormir horas en esa chatarra que llamamos carro, ya con la pintura corroída por el óxido y las luces titilando amenazando con apagarse, sigo en la misma posición estática en la que estoy para poder ir cómodo con los otros dos al lado mío en la parte trasera, todos van dormidos excepto Carlos y Ana, que van adelante hablando de problemas con las tesis, no les doy importancia, hasta que una escena logra captar mi atención, mis ojos quedan asombrados por la escena que logro ver, la luna entre dos muros de piedra que pareciera que hubieran sido uno solo y algo lo partió por la mitad,, quedo hipnotizado ante la escena hasta que una niebla espesa nos rodeó por completo impidiéndome ver a más de unos cuantos metros, seguimos nuestro camino hacia la finca de los papás de Andrés, el que viene dormido en la otra puerta trasera. Algo en esa neblina me produce un escalofrió que me baja por la espalda, y busco resguardo en Camila,  la mujer que me ha cautivado desde que entre a la universidad y se halla a mi lado compartiéndome su calor.

Seguimos nuestro camino, cuando de repente el carro se detuvo, no me sorprendió que esa carcacha se varara, pero  algo me lleno de extrañeza, fue justo al frente de las puertas de una especie de mansión abandonada, más de una vez la había visto de día al pasar por esta carretera, siempre evitando mirar su apariencia deteriorada gracias a los años de abandono, por el olor de la contaminación que da el rio que pasa al lado de la carretera y que termina en una espectacular cascada que se puede oír desde donde estamos, y las historias de los suicidas que vinieron en masas años atrás para saltar en la cascada y acabar con sus vidas, no me llamaba mucho la atención de parar a conocerla.

- Bájense a empujar bellos durmientes- nos dice Carlos- ¡toca orillar el carro rápido! ¡Levántense rápido!

Le obedecemos sin vacilar, después pienso en el peligro de poder haber sido atropellados por una carro que pasara y no nos viera, movemos el carro a una pequeña bahía al lado de la casa tétrica, tratamos de llamar a la grúa, pero ningún celular tiene señal, esperamos en el frio  y oscuridad de la niebla por una hora por si alguien pasaba por la carretera y nos auxiliara. Nadie pasó.

Comienzan a caer gotas heladas del cielo, la única opción que todos vemos, aunque yo la aborrezca es entrar a la vieja casa y allá cubrirnos de la lluvia y buscar algo con que encender unas llamas para calentarnos.

Saltamos con facilidad  la reja que me llegaba al ombligo, dentro de la propiedad, observo por primera vez con atención la casa, se distingue una arquitectura clásica pero cubierta de musgo, ante nosotros una puerta colosal, entre los tres hombres tumbamos las puertas, no logro ver nada en la oscuridad, la niebla no permite que los rayos de la luna nos ayuden a distinguir las cosas en la oscuridad, hasta que Ana saca su inseparable encendedor, la tenue luz que produce me hace distinguir una escalera que sube al segundo y tercer piso, un pilar que sostiene el techo, algunos muebles y estantes de distintos tamaños, y una ventana enorme que apunta a la cascada al final del gran salón,  Andrés y Carlos tratan de encender fuego destrozando partes de los viejos muebles para usarlos como lea, mientras las chicas y yo vamos al carro a sacar algunas cosas que nos sean útiles en la noche en esa casa.

Ya saliendo de la casa veo una sombra pasar por uno de los pocos espacios de luz, parece que solo yo la vi, pienso que es un producto de mi mente aterrada por las circunstancias, pero siento que algo va mal, una escalofrió y unas rodillas que no pueden sostenerme me hacen sentir un mal presagio. Pero  no tengo que dejar que ideas estúpidas me dominen ahora, salimos a la espesa niebla, siento increíblemente menos frio afuera bajo la lluvia que adentro,  Camila que se lanza a la lluvia para alcanzar el carro me hace olvidar esa sensación, reacciono y jalo conmigo a Ana a la carrera hasta el carro, ya en el carro cojo mi maleta y la de los otros dos, y las chicas cogen cada una la suya, además que se traen un viejo bafle y unos cerillos.

Entro golpeando las puertas con el hombro, ahora siento más calor adentro, seguro por el fuego que ya exhibe sus llamas en la mitad del salón, veo un gran sofá al lado de este y unos tres colchones, los muchachos los encontraron en alguna de las habitaciones del pasillo que veo a la derecha gracias al fuego que me ilumina el mundo de sombras en que me tenía la casa, la pintura del techo y paredes se está desmoronando a nuestros pies, con un piso de madera que a cada paso que damos pareciera que crujiera más, no lo recuerdo sonar la primera vez que entramos, seguro no le preste atención por el frio.

Al lado del fuego acomodamos algunas prendas sobre el colchón para no sentir la superficie fría y húmeda de estos, y cada quien se viste con sus ropas más abrigadoras y usamos alguna camisa o chaqueta de almohada, Andrés se hace en el sofá, y en los tres colchones nos hacemos el resto,   quedo en el borde del ultimo colchón que da al lado del pasillo, ahora lo observo con más cuidado, es largo y angosto hasta perderse en la oscuridad, molestamos un rato, escuchamos música en el bafle que trajimos, los fumadores se fuman uno que otro cigarrillo, me alegro que Camila le repudie tanto como yo o más,  ya cuando se descargó el bafle, o todos pensábamos eso, todos excepto Carlos, que decía que debería durar tres días la batería, no le prestó atención hasta qué el escalofrió me vuelve a atacar el cuerpo, me muerdo la mejilla por dentro para controlarme antes que empezara a temblar, una brisa me hace girar la cabeza al pasillo, siento que en la oscuridad ahí algo, solo es imaginación, me digo hasta quedarme dormido como el resto junto a las llamas del fuego.

Me despierto de golpe, un frio atroz me recorre todo el cuerpo, veo como las últimas llamas del fuego se extinguen, algo que me inquieta es una sombra que camina por un pasillo hacia el interior de la casa, volteo donde están el resto, están dormidos, solo falta Camila, me levanto con suavidad para no despertar a nadie, la sigo por el pasillo que acaba en la oscuridad infinita para mis ojos, camino con un cuidado excepcional, aun siento las tablas a mis pies crujir, pero ella, camina normal sin hacer ruido. Llegamos al último cuarto del pasillo, estaba con la puerta en el suelo y las camas estaban en tablas, se para frente a una venta que mira al salto, siento que es el momento de acercarme a ella más que como un amigo, pero noto dos cosas cuando me le acerco, la primera es que sus ojos no brillan como los de una persona, son fríos y muertos, y entre más me acerco a ella siento el frio más intenso contra mi cuerpo. De golpe solo veo oscuridad y siento un vacío.

Despierto otra vez junto a las cenizas del fuego, ahora la única luz que me permite ver es la tenue luz de la luna, hay 3 cuerpos junto a mí, falta Camila, no fue un sueño, el miedo me comienza a dominar por alguna razón que ni yo conozco, y comienzo a gritar.

-¡Levántense! ¡Camila ha desaparecido!- las palabras se me salen con angustia y temblor.

Cuando vi que todos se incorporaron a la realidad nos fuimos en parejas por la casa buscándola, yo fui con Andrés por el lado norte de la gran casa, Ana y Carlos por el otro, la llamamos, los gritos de todos se escuchan por toda la casa abandonada, pero ni el respirar de Camila se escuchó, cuando el silencio volvió a dominar, mire por la ventana que los ojos muertos de ella miraron, veo la imponente cascada, pero algo es distinto a la anterior vez, un punto oscuro esta encima de la roca, por mi mente pasa lo peor, que sea Camila, algo en ese punto más negro que el resto del paisaje me inmoviliza, siento los mismos ojos muertos ahí, esta vez mirándome fijamente sin importar la abismal distancia hasta allá, siento la mano de Carlos moviéndome con brusquedad en busca de una reacción que nunca pasara, hasta que se queda también inmóvil, mi mirada no se despega de ese punto, pasaran minutos, horas….. No sé, el tiempo se pierde en mi realidad ahora, hasta que el punto cae, lo veo caer hasta que se pierde en las aguas negras de la cascada, me reincorporo a mi cuerpo, ya puedo moverme,  logro ver que Andrés hace lo mismo, volvemos al salón principal.

Cuando llegamos veo el encendedor de Ana en el suelo, yo aun impactado por lo anterior, se me habían olvidado totalmente los otros dos,  Andrés me mira con miedo y angustia, no puedo responderle de otra forma que no sea con la misma mirada, oigo un sollozo reprimido pero que se logra escapar, parece que Andrés también lo ha oído, buscamos de donde provenía con pasos temblorosos, Andrés me señala bajo la escalera que termina en el segundo piso, distingo una sombra y otro sollozo reprimido sale, con el encendedor nos acercamos, pero ella no nos ve, la sacamos de ese sitio, como un cuerpo sin fuerzas, la sentamos cerca de las cenizas del fuego que aun producían algún calor, no reacciona ante nosotros, sus ojos están perdidos en la oscuridad.

-Eso…. Muerte….- las únicas palabras que distinguimos del llanto de Ana.

 Hasta que de golpe pierde cualquier rasgo humano en su rostro, esa forma de cambio me deja congelado, Andrés me arrebata el encendedor, dice que va a buscar a Carlos a arriba y sube a toda velocidad, no logro reaccionar solo oigo sus palabras sin inmutarme, me quedo con Ana, la que perdió su humanidad de golpe, contemplo su mirada, es como si fuera un cuerpo vacío, como si su alma ya no estuviera dentro de ella. Un grito fuera de este mundo me despierta, todo está oscuro, pero logro sentir como por las escaleras cae algo, cae, cae, llega a mi lado, un escalofrió que me recorre todo mi cuerpo me azota, lanzo mi mano con miedo a lo desconocido, es pequeño y frio, lo reconozco, es el encendedor de Ana, esta mojado por algo espeso, al mismo momento que lo prendo, un golpe duro y seco siento a mi lado, es repetitivo, Ana estrella su frente contra el suelo con una fuerza y velocidad sobrehumana, no logro reaccionar, ¡taz! ¡taz! ¡taz!..... El martillero infinito y brutal acaba, Ana esta con la cabeza inmóvil contra el suelo, un charco negro se forma junto a ella, quedo aterrorizado, no puedo dejar de ver el cuerpo sin vida y el gran charco que ya me ha mojado las piernas, es viscoso y su olor me hace vomitar.

Una ráfaga de aire y el sonido de un lazo amarrado a la madera me hacen voltear, los dos cuerpos de mis amigos sin vida cuelgan del techo, sus ojos oscuros me miran sin piedad, de su torso chorrea también sangre negra, en el de camilo hay una T y en el de Andrés una U, la imagen tan aterradora me hace producir un gemido de miedo, de mis ojos salen gotas más frías que el hielo.

-Tú sigues…- pronuncian con una voz inhumana.

Salgo corriendo hacia la entrada, salto la pequeña cerca con facilidad, corro, corro y corro, mis pulmones comienzan a arder, mis piernas se empiezan a rendir, sigo corriendo lo más rápido que pueda, no miro hacia atrás, siento un sonido desgarrador cada vez más cerca mío, el miedo me consume por completo, algo me agarra el pie con firmeza, me hace caer, trato de pararme pero me tiembla todo, dejo de oír el sonido desgarrador e indescriptible, por la caída del agua hasta donde me aproxime huyendo, volteo hacia atrás, todo es oscuridad…. No, una figura alta, delgada, con dedos que llegan al piso, más negra que la noche está ahí, mirándome fijamente, con ojos fríos y muertos, pero algo más tétrico distingo, una sonrisa demoniaca con brillo de plata se distingue, mi sentencia de muerte es lo único que pienso, se acerca paso a paso, camina en silencio, como si levitara, se aproxima, cada vez más cerca, más cerca, más cerca, no lloro, no rio, solo lo miro fijamente esa sonrisa. Sus largos dedos me oscurecen el mundo.

Ahora solo hay oscuridad.

El alba me ilumina los ojos, junto a un vacío que me llena, veo mi destino el fondo del agua, caigo con la cascada, la misma que me había cautivado antes por su majestuosidad y ahora me guiaba a una caída mortal, ¿Cómo termine aquí? No se…. En el fondo me esperan los dedos largos, los ojos muertos y fríos, la sonrisa demoniaca, la muerte y un viaje a miles de pesadillas y terrores que me proclama esa imagen.

Despierto entre gritos y llantos de la cama, mi mama viene y me consuela todas las noches, a la misma hora desde hace tiempo, le cuento el sueño detalle a detalle, me calma con su seguridad de madre. Me lleva donde una persona que me dice que me va a ayudar a dejar de soñar esas cosas horribles. Es un hombre mayor con gafas, me pregunta cosas sobre el sueño, le cuento, así duramos horas hasta que llama a mi madre, salen del cuarto donde estábamos el hombre y yo, le oigo decirle a mi madre que no es normal ese sueño con esa descripción para un niño de 7 años, y algo de unas pastillas, me pregunto si servirán o si serán dulces. Pero luego pienso en el sueño, no es un sueño, lo que siento es real, rompo en llanto en el suelo por los recuerdos hasta que mi madre vuelve y me consuela.

Notas finales:

tome como lugar la casa del salto de tequendama saliendo de Bogoto,  colombia antes de su remodelacion

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