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Dulce tortura por silvy1990

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Notas:

 

¡Hola a mis queridos/as lectores/as! Espero que estén bien y estén disfrutando de estas vacaciones de navidad y la llegada próxima del año nuevo.

Sé que he tenido un poco abandonadas el resto de mis historias, pero estoy preparando los examenes de enero y casi no tengo tiempo para nada más, por lo que las he pausado durante un tiempo y espero que puedan disculparme por ello :(

Es por eso que quiero regalarles esta historia, de un nuevo género que nunca antes me había atrevido a escribir, así que me gustaría conocer su opinión sobre este proyecto.

En este caso, para darles tranquilidad, ya tengo la historia terminada en mi ordenador, así que actualizaré cada día o dos días.

Sin más dilación, les dejó disfrutar de la sinopsis (demasiado corta, quizá xd) y el primer capítulo de esta historia. ¡Gracias por leerme! ^^

 

SINOPSIS:

 

Aquel hombre era mi perdición. Cada vez que le miraba sentía que me enamoraba más y me hacía caer en el agujero que suponía ese descubrimiento porque él era un hombre prohibido para mí.

Cuando mis pasos me llevaron a aquel pueblo junto a mi mejor amiga en aquel momento, jamás creí que encontraría al hombre de mi vida en aquel apuesto y arrogante príncipe.

Una gran aventura estaba a punto de comenzar y no podía caer en la trampa del amor, ¿o sí?

 

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Aquella mujer iba a volverme loco. Era perfecta, la mujer que siempre había soñado. Sin embargo, amarla era peligroso para ella, y aunque intentaba alejarme, siempre había algo que me volvía a acercar.

Cuando la máxima representante del pueblo, nuestra reina, regresó después de tanto tiempo en compañía de su mejor amiga y en aquel momento tan crítico, sentí que se detuvo el tiempo, aún sin importar las adversidades que nos unían. Por eso, aunque intentaba no interferir en su vida, sentía la necesidad de tenerla cerca, de ser indispensable para ella como ella lo era para mí.

Una gran batalla se aproxima y no puedo permitirme el lujo de enamorarme, ¿o sí?

 

 

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CAPITULO 1

 

Mis ojos se abrieron lentamente. La inmensidad de un cielo azul y una extensa y hermosa pradera de color verde, llena de flores, me recibieron a la vuelta de mi inconsciencia. Aquel entorno era idílico, de cuento de hadas. Y quería vivir mi cuento. Me incorporé hasta quedar sentada sobre la hierba y enfoqué mi vista en la lejanía, hasta que una poderosa lengua de fuego atrajo poderosamente mi atención. Me levanté completamente y me dirigí hacia aquel lugar rápidamente. Al llegar, encontré un enorme cáliz sobre una plataforma y aquella lengua de fuego desapareció, dejándome a oscuras. Silencio. Oscuridad. Un nuevo fogonazo de luz a mi espalda volvió a atraer mi atención. El ambiente idílico de cuento había desaparecido. La pradera estaba seca, como si llevara años sin llover, las flores habían sido sustituidas por cuerpos sin vida y el sol había sido sustituido por oscuras nubes negras que anunciaban lluvia. No podía creer la desgracia a mí alrededor. No entendía qué había sucedido. Volví mi vista hacia el cáliz de fuego que se encontraba a mi espalda, pero había desaparecido. Oí un estruendo que me laceró el alma y supe que había llegado el momento de escapar. Empecé a correr sin rumbo fijo. Mis pasos me llevaron hasta chocar con algo duro y caer al suelo. Al levantar mi vista, encontré unos ojos oscuros que me miraban con intensidad. Tragué saliva e intenté ver claramente el rostro de mi verdugo. Lo único que pude ver fue su cruel sonrisa antes de…

 

Desperté en mitad de la noche entre jadeos y sudores fríos. El cabello castaño claro se había pegado a mi rostro, por lo que, tras apartarlo de mis ojos azules, intenté tranquilizarme quedando incorporada en la cama. Aquellos sueños recurrentes se estaban convirtiendo en una tortura. No lo entendía. ¿Qué significado tenía todo aquello?

 

Me levante de la cama y mis pies descalzos me transmitieron un escalofrío al resto del cuerpo al tocar la dura y fría superficie del mármol. Salí de la habitación sin tener que preocuparme de despertar a nadie. Hacía años que mis padres habían sido asesinados, y como herencia, me quedé con todo. La casa, el dinero, el coche… Aún así, me faltaba la felicidad, el descanso. Siempre había deseado vengar la muerte de mis padres, pero siempre me había considerado una mujer cobarde. Y aunque fuera lo contrario, no sabría qué hacer. Solo sabía que, en aquella sociedad repleta de humanos y seres sobrenaturales, los asesinos de mis padres habían sido unos demonios ávidos de poder. Y había demasiados seres sobrenaturales para contabilizarlos, lo contrario a la población de humanos, entre los que me incluía yo con tan solo diecisiete años. Salí a la terraza y me acerqué a la piscina. En aquel mes de mayo, me sentí aliviada cuando el agua rozó mi piel y apartó los pensamientos negativos de mi mente, además del miedo que me provocaba esa pesadilla recurrente en soledad.

 

Cuando me tranquilicé, decidí regresar al interior de la casa y volver a la habitación para intentar dormir. Por suerte, era fin de semana y podría dormir hasta tarde sin tener que preocuparme de madrugar para ir al instituto. A la mañana siguiente, sin embargo, mis ojos se abrieron de par en par cuando los primeros rayos de sol entraron en la habitación. Maldije mi mala suerte. Ya no podría volver a dormir y solo eran las ocho de la mañana. Finalmente, tras un suspiro de resignación, me levanté de la cama y me dirigí al vestidor, donde agarré un vestido blanco de estilo playero y me encaminé hacia la ducha. Tras una ducha relajante para comenzar el día con energía y vestirme con aquella prenda, recogí mi cabello en una coleta alta. Ya había pasado casi dos horas desde el despertar, por lo que decidí desayunar y hacer un par de tareas del hogar, del que prefería encargarme personalmente cuando tuviera tiempo en vez de contratar a alguien. Desde que mis padres habían muerto, no me gustaba que ningún desconocido entrase a casa, aunque solo había una excepción, mi mejor amiga Jessica. Nos conocimos en el instituto y fue una de las pocas personas que me apoyó cuando me quedé sola en el mundo. Lo más curioso de todo, es que mi amiga era de raza demoníaca. Y aunque debería odiar a todos los seres sobrenaturales, Jessica me había hecho olvidar su origen para demostrarme que era una persona excelente y… siempre es bueno tener amigos en todas partes, aunque sea en el mismísimo infierno.

 

Entre unas cosas y otras, pude terminar las tareas del hogar y cuando llegaron las doce del mediodía, el timbre de mi hogar sonó. No me gustaba pasar sola el fin de semana, así que siempre invitaba a mi amiga a pasar esos días conmigo. Jessica lo hacía con gusto, por suerte. Me acerqué a la puerta principal y tras asegurarme que era ella, le abrí la puerta. Me encontré con mi amiga, una mujer de largo y rizado cabello negro, ojos de color miel y piel nívea. Siempre había pensado que éramos como la noche y el día aunque lo atribuía más al hecho de que ella era de raza demoníaca y yo era de raza humana. Aún así, ella era muy guapa a su modo, al igual que yo tenía mi particular encanto gracias a mi cabello castaño claro, largo y de textura rizada, mis ojos azules y mi piel clara.

 

-Buenos días, amiga –me saludó Jessica-.

 

-Buenos días, Jess –la saludé sonriente-.

 

-He traído los deberes, espero que no te importe –me mostró la mochila que colgaba en su hombro-.

 

-No, en absoluto –la invité a entrar-… Ayer aproveché para estudiar, así que tengo que hacer los deberes –le expliqué-.

 

-Perfecto… Es que ayer intenté hacerlos, pero tenía tantas dudas –se lamentó-…

 

-Te ayudaré encantada –sonreí con sinceridad-.

 

-Lo sé. Muchas gracias, Silvia –me agradeció-. Luego te compensaré, te lo prometo –me guiñó el ojo-.

 

-Miedo me das…

 

Las dos reímos y entramos al salón. Jessica dejó su mochila sobre uno de los sillones y se tumbó en el sofá. A Jessica le encantaba mi casa. No sabía si era su gran tamaño, la piscina o el sofá… Pero, fuera lo que fuera, me encantaba tenerla cerca. Jamás había tenido amigos y ella era tan especial para mí que también era por eso por lo que no me importaba su raza. Éramos personas diferentes, solamente en eso. Dejé mis pensamientos a un lado porque una de las virtudes de mi amiga, para mí solo era un defecto, ella podía leer la mente y no me apetecía que entrara a curiosear a mi mente. Me senté junto a ella y tras charlar un rato, decidimos hacer los deberes. Ella estaba en un curso inferior al mío y por eso siempre que tenía alguna duda me pedía ayuda. Me conocía demasiado bien porque siempre intentaba ayudar a los demás, no podía negarme. Y no sabía si eso era una buena cualidad o un defecto horrible. Cuando hicimos los deberes, dejé a Jessica estudiando tranquilamente mientras yo preparaba la comida. Nunca me había gustado cocinar, pero desde que vivía sola, no tenía más opción que hacerlo. No era una gran cocinera, pero al menos, mis recetas eran deliciosas. Aquel día, me decanté por una ensalada mixta y un risotto de setas.

 

-Ya terminé –dijo mi amiga al entrar a la cocina-.

 

-Envidio tu facilidad para estudiar… A mí me llevó toda la tarde –me lamenté-…

 

-Bueno, estás en un curso superior. Seguramente, sea más complicado que el mío –Jessica se encogió de hombros-.

 

-Seguramente –dije con indiferencia-.

 

-Aún así, eres mejor estudiante que yo y lo sabes –me halagó-.

 

-Si tú lo dices –me encogí de hombros-.

 

-Huele delicioso –movió las aletas de la nariz en un gesto muy cómico-.

 

-Muchas gracias –le sonreí-.

 

-¿Necesitas ayuda? –se ofreció-.

 

-No, ya está todo preparado. Vamos a poner la mesa.

 

Jessica asintió y me ayudó a poner la mesa. Normalmente, cuando estaba sola, me gustaba comer en la cocina. Pero, cuando venía mi amiga, solíamos comer en el salón para tener más espacio y estar más tranquilas. Una vez que pusimos la mesa, llevamos los platos a la mesa y tras volver a mover las aletas de la nariz, mi amiga se puso a comer como si llevara días sin hacerlo. Ella siempre había sido de buen comer y siempre me aseguraba que mis comidas eran deliciosas. Me alegraba que estuviera allí conmigo y sabía que no lo hacía solamente por la comida, sino porque le gustaba estar conmigo… Éramos amigas.  Después de la comida, Jessica se ofreció para preparar un delicioso postre. Asentí encantada porque la repostería era su especialidad. Así que, mientras ella cocinaba, yo limpiaba los platos y vasos de la comida. Un rato después, un delicioso olor me desconcentró de mi tarea. Miré a mi lado y vi que el postre tomaba forma en una deliciosa tarta de chocolate. Me relamí. Adoraba el chocolate y ella lo sabía demasiado bien. Un tiempo después, volvimos al salón para degustar ese delicioso postre entre charlas amenas y risas entre amigas. Sin embargo, sabía que algo rondaba la mente de mi mejor amiga, así que, tras pensarlo mucho, decidí romper aquella tensión.

 

-¿Te ocurre algo, amiga? –le pregunté-.

 

-Bueno… Es que me gustaría pedirte un favor –se retorció las manos-.

 

-Sabes que puedes contar conmigo –le recordé-.

 

-Me gustaría salir esta noche –dijo mirándome a través de sus pestañas-.

 

-Eso es genial, yo también iba a proponerlo. Saldremos esta noche –la tranquilicé-.   

 

-Ya, bueno... Es que había pensado en ir a un lugar y no sé si querrás ir-insistió-…

 

-¿Por qué crees que no querré ir? ¿Qué lugar es ese? –Enarqué una ceja-.

 

-Un amigo mío ha abierto un pub hace unos meses y tiene mucho éxito –me explicó-…

 

-Con más razón tenemos que ir, Jessica –la despreocupé-.

 

-Silvia, es que… Mi amigo es un licántropo –explotó-.

 

Silencio. Jessica había lanzado una bomba y no sabía cómo reaccionar. Ella era mi amiga y confiaba en ella, pero… ¿Confiaba lo suficiente como para entrar a un lugar que estaría lleno de seres sobrenaturales? Cerré los ojos mientras miles de pensamientos cruzaban por mi cabeza. No sabía qué debía hacer, pero finalmente, tras pensarlo mucho, asentí con la cabeza y mi amiga sonrió con felicidad.

 

-Está bien, iremos –acepté-.

 

-¡Muchas gracias, Silvia! –me abrazó feliz-.

 

-Pero… ¿Puedes prometerme algo? –insistí-.

 

-Por supuesto, lo que quieras –se ofreció-.

 

-Si en algún momento me siento incómoda –me interrumpió-…

 

-Solo tienes que decírmelo y volveremos a casa, te lo prometo –me aseguró-.

 

Asentí de nuevo. Sabía que mi amiga jamás me mentiría. Así que, sin darle más importancia, continuamos comiendo un poco más de tarta… Al menos, ella. Yo era incapaz. Se me había cerrado el estómago. Así que, cuando mi amiga se cansó de comer, guardé la tarta sobrante en el frigorífico y fuimos a pasar un rato a la piscina porque aún eran las seis de la tarde. Baños, carreras acuáticas, risas… Y así pasaron las horas, así que cuando llegaron las ocho de la tarde, ambas aprovechamos para ducharnos y arreglarnos. No sabía cómo sería el lugar dónde íbamos, por lo que no sabía que ponerme para salir. Jessica eligió un atuendo gótico que consistía en un vestido negro cuya falda era más larga por detrás que por delante y la parte del pecho era ajustada y de palabra de honor, por supuesto, de cuero, fiel a su ideología. La miré como si fuera un perro verde y ella se rió antes de rebuscar en mi armario y sacarme un atuendo de mi estilo, pero que no desentonara en el lugar donde íbamos, un atuendo que consistía en un short vaquero de color oscuro, una camiseta básica de tirantes de color blanco y una camiseta negra de una sola manga con trasparencias por encima de la blanca. Lo único en lo que coincidíamos es que íbamos sin tacones y nuestros zapatos eran de color negro. Yo adoraba los tacones, pero Jessica me aseguró que el lugar estaba demasiado alejado para eso. Realmente, cualquier lugar estaba alejado de mi hogar, ya que mi casa se encontraba en un barrio residencial de las afueras. Una vez preparadas para la fiesta, tomamos algo de cenar y decidimos apurar la tarta sobrante del mediodía, un alimento que nos llenó bastante por lo que ya estaríamos preparadas para salir. Agarramos nuestros bolsos y tras asegurarme de haber cerrado puertas y ventanas, salimos en dirección al pub del amigo de Jessica. Por supuesto, ella tenía muchos amigos que yo aunque la mayoría de ellos, eran seres sobrenaturales.

 

-Cuéntame sobre tus amigos del pub, Jessica. Me gustaría saber a qué me enfrento –le pedí-.

 

-No te preocupes por nada. El dueño es amigo mío, un licántropo simpatiquísimo  y guapísimo –me explicó-.

 

-No me importa el dueño, la verdad. ¿Qué clase de gente va allí? –mi mayor miedo era ese-.

 

-Puede ir cualquiera con la condición de no matar –me explicó-.

 

-Qué lugar tan encantador –dije con sarcasmo-.

 

-Es un lugar seguro, ya verás –intento tranquilizarme-.

 

Asentí y preferí dejar de preguntar. Aquel camino me parecía un infierno para entrar en un lugar aún peor, un lugar que podría estar lleno de seres sobrenaturales… Incluso los asesinos de mis padres podrían estar allí si quisieran y no podría hacerles daño. Temblé de pies a cabeza. Por suerte, mi amiga no se fijo porque enfocó su vista en un local cuyas letras de neón parecían llamarnos al interior. Aquel lugar recibía el nombre de “El santuario”. Me dio la risa tonta y ahí fue cuando mi amiga se fijó en mí.

 

-¿Te encuentras bien?

 

-No estoy segura.

 

-Si quieres, podemos volver…

 

-No, no… Entremos antes de que me arrepienta.

 

Mi amiga se encogió de hombros, me agarró del brazo y entramos al pub. Al principio, mis ojos tuvieron que acostumbrarse a la luz multicolor del local, intentando enfocar algo con claridad. Entonces, la luz multicolor se convirtió en luz normal y pude verlo todo con claridad a mí alrededor. El pub estaba decorado con antigüedades, sobre todo, armas de guerra y escudos. Lo miré todo a mí alrededor con atención y debía reconocer que estaba impresionada. La decoración del local me estaba dejando ensimismada mientras Jessica me guiaba hasta la barra del pub sin soltarme el brazo, cosa que agradecí sinceramente. No estaba preparada para entrar en aquel lugar con la tranquilidad pasmosa de mi amiga que parecía sentirse muy cómoda en aquel pub o al menos, más familiarizada con aquel ambiente. El local estaba lleno de gente, lo cual indicaba el gran éxito que había conseguido en aquel corto período de tiempo. En el pub había hombres y mujeres, de apariencia humana aunque no todos eran humanos, como yo. La única diferencia entre personas como yo, una humana normal y corriente, y los seres sobrenaturales, era el color de los ojos y su indudable atractivo. Humanos, demonios, híbridos (mitad humano y mitad demonio), vampiros y licántropos. Seguramente habría muchos secretos genéticos que desconocía, pero tampoco quería conocerlos. Bastante tenía al lidiar con mis sentimientos contradictorios hacia los demonios. Odiaba a los asesinos de mis padres por ser demonios, pero adoraba a mi amiga de raza demoníaca. Bastante tenía con haberme metido en un pub propiedad de un licántropo. ¿En qué momento había perdido así la razón?

 

-¡Dichosos los ojos, Jessica! –una voz masculina me devolvió a la realidad-.

 

-¡Me alegra verte, Adam! –Le respondió mi amiga a un chico de cabello castaño con reflejos dorados y ojos marrones, un hombre muy atractivo-. ¡Por cierto, quiero presentarte a mi amiga Silvia!

 

-¿Es la primera vez que vienes por aquí? –Me preguntó aquel chico mirándome con intensidad-.

 

-Sí… Jessica insistió en venir y no pude decirle que no –me mostré amable-.

 

-Llevas razón, no hay quién le niegue algo –el chicho me guiñó el ojo y añadió-. Bueno, me ha gustado mucho conocerte.   

 

-Igualmente –asentí-.

 

Adam se apartó un momento para preparar un par de copas. Cuando regresó a los pocos minutos, puso delante de nosotras una pequeña copa cuyo contenido era de color rojizo. Jessica sonrió encantada y saboreó aquella copa, aunque yo fruncí el ceño al no reconocer el líquido. Adam, al ver mi duda, me explicó que aquella copa se hacía con diversos zumos de frutas y era una de las bebidas no alcohólicas que más triunfaba en el pub. Después de eso, Adam volvió a sus quehaceres dejándome a solas con Jessica, que empezó a contarme un millón de cosas para entretenerme y lo agradecí. Al contrario de lo que pensé en un principio, me sentí muy cómoda en aquel lugar. Adam regresaba de vez en cuando para charlar con nosotras y a pesar de lo que pensé, era un chico tan simpático y guapo como Jessica me había asegurado. A mitad de la noche, cuando el pub empezó a quedarse vacío, Adam se relajó un poco más charlando con nosotras. Aquella noche estaba siendo fantástica, sinceramente.

 

O eso debería haber sido porque… A mitad de la noche, un escandaloso estruendo se escuchó en el exterior. Yo reconocía ese estruendo, era el mismo que el de mi sueño. Jessica se levantó del taburete como un resorte y salió del local ante mi total asombro.

 

-¡Jessica! –la llamé-.

 

-No te preocupes por ella, volverá enseguida –me tranquilizó Adam-.

 

-¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¡Pueden hacerle daño! –me desesperé-.

 

-La conozco y sabrá defenderse, créeme –me aseguró-.

 

Adam y yo nos quedamos en silencio, al igual que el resto de personas en el pub. Desde que algunas altas esferas sociales empezaron a hacer experimentos, el mundo había dejado de ser solamente de los humanos y continuamente, algunos seres sobrenaturales desafiaban al poder imperante de paz y armonía, dejando entrever sus deseos de dominar el mundo. Por eso, habían asesinado a mis padres. Ellos habían pertenecido a la alta esfera política que intento frenar a todos aquellos que hacían experimentos, aunque para los demás, ellos eran unos traidores. Por suerte, cuando aquello ocurrió, yo estaba en la escuela. Y desde entonces, había luchado por sobrevivir. Ahora, mi mejor amiga podía estar en peligro y un licántropo intentaba calmarme. ¿Cómo habíamos llegado a aquella situación?

 

El estruendo en el exterior se volvió más fuerte y potente. El sonido era ensordecedor, sin duda. Aquel sonido laceraba mi alma. Entonces, Adam salió de detrás de la barra y agarró una de las espadas que colgaban de la pared. Los pocos clientes que había en el pub, seres sobrenaturales, imitaron su gesto. Temblé al darme cuenta de la magnitud del problema.

 

-¡No, Adam!

 

-Tenemos que ayudar a Jessica, espérame aquí con el resto de humanos.

 

-¡No me dejes sola, por favor! ¡Iré contigo!

 

-¿Sabes luchar?

 

-No, pero quiero ayudar.

 

-Puede ser peligroso… No tardaré en volver, sé fuerte.

 

Adam llevaba toda la razón, así que, no me quedó otra que asentir y obedecer. Adam me guiñó un ojo, pero antes de salir por la puerta, volvió para darme un fuerte abrazo y transmitirme su valor. Suspiré resignada y miré a mí alrededor. Había dos chicas humanas escondidas bajo una mesa, temblando de miedo. Otra pareja, un chico y una chica, se abrazaban lloriqueando. Otro de los chicos humanos que había allí, daba vueltas de un lado para otro mostrando lo nervioso que estaba. Y yo, aunque no me moviese del sitio, tenía tanto miedo como todos ellos. Solamente tenía ganas de unirme a ellos y ponerme a gritar, correr o esconderme.

 

-¿Alguno de vosotros sabe defenderse? –Rompí el silencio-.

 

-Yo soy profesor de artes marciales –me dijo el chico inquieto-.

 

-¡Perfecto! ¿Alguien más?

 

-Yo aprendí esgrima hace años –me dijo el chico que se abrazaba a su pareja-.

 

-Algo es algo –me encogí de hombros-. Ahora, tenemos que trazar un plan.

 

La única solución que se me ocurría era estar preparados en el caso de que algún enemigo entrase e intentase hacernos daño. Si había una cosa que se me daba bien era pensar estando sometida a una gran presión. Era cobarde, pero mi intelecto era un arma muy poderosa y útil, sobre todo en aquella situación. Así que volvimos a hablar para trazar un plan, incluso las personas que no sabíamos luchar tendríamos que intentarlo. Y en ese momento en el que la seguridad empezó a invadirnos, la puerta se abrió de golpe y nuestra tranquilidad se desvaneció. El lugar aún seguía a oscuras, por lo que me costó identificar a quién acababa de entrar. Por suerte, todos respiramos aliviados al ver que se trataba de Adam. Sonreí con ganas y me lancé a sus brazos, necesitaba sentirme segura y no me importaba que fuera un licántropo porque a partir de ahora, le consideraría mi amigo.

 

-¿Qué ha pasado? –Preguntó una de las chicas que se había escondido bajo la mesa-.

 

-Un grupo insurgente del bando demoníaco intentó crear el caos, pero ya pasó –nos explicó-.

 

-¡Malditos seres sobrenaturales! –Se quejó el experto en artes marciales-.

 

-¿Estamos a salvo? –Quise saber-.

 

-Completamente –me juró Adam-.

 

-¿Y Jessica? ¿Dónde está, se encuentra bien? –insistí al no verla entrar-.

 

-Te dije que no te preocuparas por ella –me guiñó el ojo-.

 

-Pero, ¿dónde está? –Insistí, zarandeándole del cuello de la camisa-.

 

-Ven.

 

Adam me cogió de la mano y nos dirigimos al exterior, donde había un par de hogueras donde se reconocía claramente qué habían usado para provocar el fuego. Los ojos se me llenaron de lágrimas al ver cuerpos ensangrentados y ensartados con armas, al tiempo que algunos de ellos ardían. Tragué saliva, me sentía muy mal y no quería ponerme a llorar. No me gustaba que nadie me viera llorar. Entonces, a lo lejos, vi a Jessica charlando con un chico que se encontraba de espaldas, por lo que no podía verle el rostro, pero no me importaba quién fuera. Lo único que me importaba era que mi amiga estaba sana y salva. Me solté de la mano de Adam y fui corriendo hasta ella para darle un fuerte abrazo ante la impresión de Adam que me siguió rápidamente y de aquel chico que charlaba con ella.

 

 

 

Notas finales:

¿Qué les ha parecido?

Espero que les haya gustado porque siempre escribo con ilusión, especialmente, esta historia ya que es la primera vez que escribo esta clase de trama.

Así que espero que hayan disfrutado y me den su opinión. ¡Gracias! ¡Cuidense! ^^

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