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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Vírgen


Capítulo 99


 


La pelea entre Claudia Patricia y Hermelinda finalmente la había ganado Claudia Patricia, ahora ella quería seguir buscando a Sor Inírida para vengarse de ella. Después de Inírida, Claudia quería ir a la iglesia del pueblo para ver si su amado Haroldo era capaz de casarse con otra mujer y de ser así, de él sería la próxima persona de quien ella se vengaría.


 


Amarildo logró reunir a los esclavos de la mansión Tapias para hacerles ver que esta era la oportunidad que tanto necesitaban para ser libres, por eso los invitaba que se levantaran en contra de sus patrones aprovechando que la guardia estaba distraída en la entrada del pueblo. En estos momentos no tenían ninguna autoridad que los castigara. Todos los esclavos decidieron hacerle caso a Amarildo y comenzaron a saquear la mansión Tapias. Doña Digna y doña Justa ya habían salido hacia la posada con Catalina.


 


Mientras tanto, Elida Margarita y Vilma María libraban una pelea a muerte. Vilma María confiaba en que era más fuerte que Elida y por eso comenzó a darle golpes fuertes. Elida alcanzó a tomar una madera y golpeó a Vilma en la cabeza dejándola medio confundida. Elida Margarita se disponía a darle un nuevo golpe a Vilma cuando escucharon los gritos de los esclavos tomándose la mansión y prendiéndole fuego. Vilma aprovechó la distracción de Elida para empujarla fuertemente contra la pared dejándola inconsciente. Ahora Vilma María se disponía a huir, y su última esperanza era que don Jaime Sotomayor aun estuviera en la posada. Vilma se logró escapar y dejó a Elida Margarita encerrada en la habitación para que fuera consumida por las llamas.


 


En el sanatorio mental, Sonia Margarita había logrado escapar así como otras internas, como por ejemplo, Sor María Adestrudiz, quien había encontrado la oportunidad para desenmascarar al Inquisidor. El resto de internas había quedado atrapadas en el sanatorio y desafortunadamente todo había sido consumido por las llamas.


 


Ante el temor de ser atrapadas por Molingo, las que más peligro corrían eran Inírida y Violeta, por eso fueron las dos que más entraron en pánico. Ante la confusión por la llegada de Molingo, Arturo empujó a Bartola y agarró a Milena. Mario le gritó a Violeta que corriera lo más rápido que pudiera. Violeta e Inírida emprendieron la huida, con tan mala suerte que Sor Inírida resbaló y cayó al piso. Violeta Dolores trató de regresarse a ayudarla, pero Mario Rafael la tomó por el brazo y la arrastró hasta afuera de la prisión. Milena Margarita y Arturo también habían logrado salir. Pero la perversa Sor Inírida no contó con la misma suerte y quedó en manos de Molingo, quien quería saciar su sed de sexo. Ahora por fin estaban fuera de la prisión, pero las instrucciones de Don Juan Bautista era que huyeran bien lejos por lo menos mientras ellos lograban tomarse el poder. Pero antes de huir, Violeta y Milena querían despedirse de sus respectivos padres, así que debían llegar primero a la hacienda para poder despedirse de ellos. Sin embargo, ninguno de los cuatro se había percatado que alguien más los vigilaba, era Rodrigo Falcón, quien no perdía la esperanza de hacer suya a Violeta Dolores, fuera como fuera.


 


Los esclavos de los Tapias habían servido como ejemplo para el resto de esclavos que se alzaron contra la guardia desde el interior del pueblo. Esto sirvió para que los grupos rebeldes dirigidos por Don Juan Bautista lograran atacar el pueblo e ingresar a él. El Capitán Celedonio poco a poco se fue dando cuenta que no lograrían contener el ataque de los rebeldes.


 


El Inquisidor también se había dado cuenta que los rebeldes eran demasiados y que no lograrían defenderse, pero tenía la esperanza que el mensaje que había enviado a la madre Patria por refuerzos, llegara antes de que fuera demasiado tarde.


 


Claudia Patricia y María Teotistes se encontraron con una escena deprimente de Sor Inírida Perfecta agonizando luego de haber sido víctima del ataque bestial de Molingo. En sus últimas fuerzas, ella llegó a pedirle a Claudia Patricia que la matara pues el dolor era insoportable. Pero Claudia Patricia le dijo que ese sería su castigo, que su agonía debía ser muy dolorosa, por eso pensaba dejarla que se pudriera sola en su propio veneno. Ahora Claudia se dirigiría  a la iglesia en busca de Haroldo.


 


En la Iglesia del pueblo aún no se había sentido ningún rumor acerca del ataque del grupo abolicionista. El Padre Sierra continuaba con la ceremonia normal como si no estuviera sucediendo nada. Haroldo estaba convencido de que Alexandra era la mujer perfecta para él y que con ella lograría olvidar para siempre a Claudia Patricia. Pero Claudia Patricia y María Teotistes se habían vestido de monjas y de esa forma habían pasado los cercos de la guardia sin ningún inconveniente y habían logrado llegar hasta la iglesia. En ese instante los pocos invitados voltearon a mirar quienes habían ingresado a la iglesia. Doña Odila había alcanzado a reconocer a Claudia Patricia y pensó que había ido a interrumpir la boda. Pero el Padre Sierra en ese momento preguntó a Alexandra si aceptaba por esposo a Haroldo, y ella aceptó. En el momento que le preguntó a Haroldo si aceptaba a Alexandra por esposa, el volteó su mirada y reconoció también a Claudia Patricia. El Virrey Haroldo quedó confundido y no supo que decir.


 


Entre tanto, en las afueras del pueblo, Don Juan Bautista y sus hombres poco a poco habían logrado tomarse el pueblo. Ahora al Capitán Celedonio solo le quedaba seguir protegiendo la Iglesia que era donde se encontraba el Virrey. La mayoría de esclavos se habían unido a la causa de Juan Bautista quien luchaba por sus derechos. Eso había hecho que se convirtieran en mayoría. Las familias adineradas habían salido huyendo de sus casas, otras habían sido asesinadas por sus propios esclavos. Algunos pocos se mantenían en sus casas defendiéndose con sus propias armas, como era el caso del Inquisidor, quien vivía cerca de la Iglesia. El Capitán Celedonio había logrado mantener un cerco que difícilmente lograrían pasar los rebeldes ya que la guardia estaba ubicada estratégicamente. Pero el resto del pueblo estaba en manos de Juan Bautista y sus hombres.


 


Ahora que habían ganado la primera batalla, Juan Bautista se fue a descansar a su hacienda. Mañana sería otro día de lucha por derrocar al Virrey y terminar por romper las cadenas de la esclavitud por parte de la Corona Española. Al llegar a su casa, se encontró con la sorpresa de que su hija Violeta Dolores había escapado con bien de la prisión, pero le recordó que aún no estaban a salvo, por eso lo mejor era que huyeran a las tierras de los cimarrones mientras terminaba la guerra.


 


Haroldo terminó aceptando por esposa a Alexandra para desgracia de Claudia Patricia. El Padre Sierra los declaró marido y mujer hasta que la muerte los separara. Eso avivó la ira en Claudia y su deseo de venganza, ella no descansaría hasta ver destruidos a Haroldo y su familia. En eso se comenzaron a  sentir los disturbios del pueblo, con disparos y cañones. Todos en la iglesia se atemorizaron de lo que podría estar sucediendo, hasta que el Capitán Celedón ingresó y les informó que estaban sitiados por un grupo de rebeldes, y no sabrían cuantos días podrían resistir al ataque. A menos que accedieran a lo que ellos querían que era la entrega y rendición del Virrey así como del Inquisidor y el Capitán Celedonio. Doña Odila se opuso a esa opción y le exigió a Celedonio que acabara con todos esos rebeldes.

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