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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen


Capítulo 97


 


Mario Rafael no sabía que hacer ahora que Don Alfredo los había expulsado de su propia casa, al parecer era cierto que su madre le había firmado un poder donde le daba pleno dominio sobre sus propiedades. Pero ahora doña Meryl estaba recluida en un sanatorio mental y sería imposible averiguar bajo qué circunstancias habían sucedido los hechos.


 


Doña Hemilda se hospedaría en el pequeño hostal del pueblo mientras partía el próximo barco a Europa. Ya ella estaba decidida a regresar a su hogar con el bebé y no le importaba si Richard quería irse con ella o no. Su contrato con Elida Margarita había terminado, así que Doña Hemilda les ofreció posada a Mario Rafael y su familia en agradecimiento por el tiempo que la habían recibido en la mansión.


 


Todos comenzaron a empacar sus cosas para marcharse, pero la más furiosa era Vilma María quien no soportaba la humillación de salir derrotada por Elida Margarita. Después de tanto luchar entre ellas por ver quien se casaba con Mario Rafael, ahora resultaba que Mario Rafael no tenía ni un solo peso donde caerse muerto. Elida Margarita se sentía triunfal, y aprovechó la ocasión para restregarle en la cara a Mario Rafael que ahora era ella quien disfrutaría de todo y que el mayor placer era echarlos a la calle, como una vez lo hicieron con ella. Mario Rafael le aseguró que algún día iban a recobrarlo todo. Elida Margarita tampoco quería perderse el placer de seguir humillando a Vilma María, por eso se metió a su recamara para atormentarla. Vilma ya estaba furiosa, pero recordó que en el hostal se encontraba de incognito, don Jaime Sotomayor, y que tal vez él podría ser su tabla de salvación. Elida Margarita le exigió a Vilma María que recogiera todas sus porquerías y se largara cuanto antes. Pero Vilma le dijo que si se atrevía, la sacara ella misma. Elida le dio una bofetada por atrevida. Vilma se la respondió y de inmediato ambas se agarraron por los cabellos y se tiraron al suelo. Vilma le aseguró que de esta vez, una de las dos no saldría con vida.


 


El Virrey Don Haroldo ya se encontraba a punto de casarse, pero antes de iniciar la ceremonia, su padre, don Ofelio de Aragón y Castilla, aprovechó un momento para felicitarlo por su decisión y de paso para informarle que él tenía hecho su testamento y que debía cambiarlo ahora que él se casaría con la señorita Alexandra, pues su testamento lo había hecho cuando él estaba a punto de casarse con Norella. El testamento lo había hecho con el fin de asegurarse de que el daría continuidad a su familia, con su apellido, ya que su hijo Fabián siempre había demostrado falta de madurez. Por eso, en su testamento él lo nombraba el principal heredero sabiendo que jamás desampararía a sus hermanos Fabián y Sandra. Pero la condición para que recibiera la herencia era que el tuviera un hijo, es decir, Haroldo recibiría esa fortuna que era de su abuelo, el día que naciera su primer hijo de su esposa Norella. Ya que se separó de Norella, ahora debe cambiar el testamento para que sea el día que naciera su primer hijo con Alexandra.


 


En la prisión femenina, Claudia Patricia y María Teotistes se cercioraron de que Machacón estaba muerto para quitarle el llavero donde cargaba todas las llaves de las puertas de seguridad. Esta era la oportunidad para escapar de prisión, pero antes de huir, Claudia Patricia quería vengarse de la maldita Sor Inírida Perfecta, así que decidió llegar hasta su despacho para cobrarle todo el mal que le había ocasionado.


 


Hermelinda, la reclusa amante de Machacón, llegó hasta la celda donde se encontraba Machacón y vio cuando Claudia Patricia salía en compañía de María Teotistes. Al ver a Machacón muerto, Hermelinda juró que mataría a Claudia Patricia por haberle asesinado a su hombre.


 


El Capitán Celedonio había dado instrucciones a sus soldados de buscar y traer de vuelta a prisión al recluso Orlandito. Por eso la mayoría de los guardias estaban enfocados en buscar a Orlandito cuando el grupo de rebeldes abolicionistas dio el primer ataque, sobre el primer objetivo que era la prisión masculina. Los guardias de la prisión eran pocos para contener el ataque de los rebeldes, y por eso no les fue difícil tomarse el control de la prisión y comenzar a liberar a todos los reclusos, sin importar raza  ni que crimen había cometido. La idea era que todos los reclusos colaboraran con la causa. Pero en medio de todo, no se habían dado cuenta que acababan de liberar a un monstruo, al propio Molingo. Patoco también quedó libre, y el sí sabía del peligro que era para la humanidad el haber liberado a Molingo después de tantos meses de abstinencia sexual. Molingo sabía que muy cerca de allí, estaba la prisión femenina.


 


Don Alfredo Linares le ordenó a su capataz Duncan que estuviera muy atento con el comportamiento de los esclavos pues parecía que se avecinaba una rebelión. Así que Duncan y sus hombres los reunieron a todos y los apuntaron con los rifles, y al primero que intentara algo extraño, lo matarían.


 


Madame Karina se encontraba con el Inquisidor ofreciéndole información de extrema importancia a cambio de inmunidad para ella y los bienes que pudiera heredar. El Inquisidor le aseguró que si la información realmente era valiosa, él le prometía que no tocaría ni un solo peso de sus bienes. Entonces Madame Karina le informó que se acababa de casar con don Juan Bautista, quien al parecer era el líder de la revolución. Y se había casado con el fin de obtener toda la información con respecto a los planes de la revolución y el primer objetivo era liberar a todos los presos para que la guardia se ocupara en recapturarlos mientras ellos se tomaban la región, y en este momento debían estar dando ese primer paso. El Inquisidor sabía que este momento llegaría tarde o temprano, por eso decidió enviar un mensaje a la Corona en España, pidiendo ayuda. Después fue donde el Capitán Celedonio para advertirle que le ordenara a toda la guardia, proteger el pueblo y no ir tras los reclusos. El Capitán Celedonio aún no se enteraba del ataque a la prisión para varones, por eso le dio la voz de alerta a sus hombres para que protegieran el pueblo, sobretodo hoy que se celebraba la boda del Virrey en la iglesia. El Inquisidor le pidió a Karina que lo ayudara a capturar a don Juan Bautista y le aseguraría que se convertiría en una viuda muy rica.


 


Sor Inírida Perfecta había alcanzado a escuchar disparos a lo lejos y le preocupaba que fuera algún intento de fuga de la prisión masculina, por eso decidió ir a hablar con Machacón para que se pusiera al frente de la guardia y defendiera la prisión en caso de algún ataque. Pero grande fue su sorpresa al regresar a la celda donde lo había dejado y encontrarlo muerto. Sor Inírida jamás había sentido tanto miedo como ahora. Claudia Patricia había asesinado a Machacón y estaba libre por ahí y armada. Así que llamó a Bartola para que tomara el lugar de Machacón.


 


Claudia Patricia y María Teotistes se estaban ocupando de abrir las celdas de todas las reclusas que pudieran, entre esas, la de Violeta Dolores y Milena Margarita. Ellas sabían que la revolución se acercaba, y con ella su libertad. La idea era huir las cuatro juntas, pero Claudia Patricia aún tenía algo por hacer, ella no pensaba salir sin antes cobrarle a Inírida Perfecta todas sus humillaciones. María Teotistes pensaba acompañarla para evitar que cometiera una locura.

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