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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen


Capítulo 85


 


En España, Don Jaime Soto aprovechó un momento a  solas con Vilma María para confesarle que había quedado encantado con su belleza desde el primer día que la había visto, sin importarle que estuviera acompañada de su marido don Mario Rafael. Vilma María trató de comportarse como toda una dama, haciéndole saber que estaba muy enamorada de Mario Rafael sobre todo porque el complacía todos sus gustos. Don Jaime le insinuó que él podría darle todo y hasta diez veces más de lo que Mario le ofrecía. Pero Vilma María era inteligente y sabía que quizás don Jaime le ofrecía eso, pero sería solo por un tiempo, hasta que se interesara por otra mujer, y entonces le daría una patada y ella quedaría en la calle. En cambio con Mario Rafael tenía su futuro asegurado. Don Jaime se dio cuenta que sería un hueso duro de roer, y aunque reconocía que Vilma María tenía razón, él no pensaba desistir en su propósito. Aunque un unos días Vilma María y Mario Rafael tomarían el barco de regreso a casa.


 


Don Alfredo decidió aumentar la dosis de la pócima para volver loca a doña Meryl, el cada día sentía que la soportaba menos. Además de que deseaba casarse cuanto antes con Elida Margarita para ver si de una vez por todas se terminaba su obsesión por las esclavas vírgenes. Don Alfredo había comenzado a notar un comportamiento extraño en su esposa Meryl y era que ahora salía con mucha frecuencia, y Meryl era una señora de su casa, por eso había decidido investigarla. En todo caso don Alfredo tenía planeado que para cuando Mario Rafael regresara de su viaje de luna de miel, ya el estaría apoderado de toda la fortuna de los Tapias.


 


Doña Meryl se dirigió al convento de las Clarisas en busca de su hija Rosa Angélica para comunicarle el nuevo destino de su vida por el bien de la familia. Rosa Angélica se sorprendió al escuchar de su madre que debía apartarse de los caminos del Señor para contraer matrimonio con Don Alvaro de La Plata, todo para resarcir una falta de su hermana Catalina. Rosa Angélica no tenía pensado nunca dejar los hábitos, aunque en el fondo no podía negar que algo se removía en su interior cada vez que veía a don Alvaro. Pero Rosa Angélica nunca se había enamorado, por eso no sabía si eso era estar enamorada, era algo desconocido para ella.


 


En cuanto eso, en la prisión de mujeres, Machacón se enteró que había una reclusa en el calabozo de las aisladas. Machacón siempre se aprovechaba de las reclusas aisladas para abusar de ellas, y esta no sería la excepción. La guardiana Bartola era la secuaz de Machacón en todos sus actos. Bartola disfrutaba viendo sufrir a todas las reclusas, y mucho más si era en manos de Machacón. Así que Machacón le pidió a Bartola que preparara todo para esta noche hacer suya a la tal Violeta Dolores.


 


Don Alfredo llegó a la prisión con el fin de ver a quien podría sobornar para tener a Violeta Dolores una hora a solas y poder hacer con ella lo que le viniera en gana. Don Alfredo no quiso hablar con la Madre Superiora, por eso prefirió hablar con Machacón, y le ofreció una fuerte suma de dinero a cambio de tener la posibilidad de tener una hora completamente a su disposición a Violeta Dolores. Machacón sabía que era una fuerte suma de dinero, y no podía sucumbir a la tentación, por eso, esta noche en lugar de ir el, dejaría ir a don Alfredo al calabozo de las aisladas para que abusara de Violeta Dolores. Bartola también quería su buena tajada del dinero que le pagaría don Alfredo Linares.


 


 


Don Juan Bautista se estaba despertando de su estado de inconsciencia y Karina siempre había permanecido a su lado, por eso fue la primera persona que él vio al abrir sus ojos, pero a él solo le interesaba saber qué suerte había corrido su hija Violeta Dolores. Karina le informó que Violeta Dolores estaba en prisión por haber asesinado a Herminia. Pero Don Juan Bautista no podía creer que eso fuera cierto, él estaba seguro de que su hija era inocente y que todo debía tratarse de un mal entendido. Karina le dijo que la única persona que había visto todo y que aseguraba la culpabilidad de Violeta Dolores era doña Luzmila, y por eso Violeta estaba en prisión. Don Juan Bautista tenía pensado conseguir un buen defensor para su hija.


 


Don Alfredo Linares pensaba llegar bien preparado para esta noche ingresar al calabozo donde se encontraba Violeta Dolores y de una vez por todas poder robarle su virtud. Así que le pidió a Nana Enelvia una dosis más del elixir que le había salvado la vida. Pero Nana Enelvia le advirtió que era muy peligroso ya que no tenía mucho tiempo de haber tomado una dosis, y esta vez podría dejarlo débil. Pero don Alfredo hizo caso omiso y se tomó una dosis más del elixir.


 


El Inquisidor recibió la carta anónima que había escrito Karen Santacoloma antes de marcharse a Europa. En la carta, alguien denunciaba a Don Fabio Santacoloma de estar adelantando encuentros con grupos interesados en desestabilizar la armonía del reino en tierras del nuevo mundo. Si esa carta era cierta, don Fabio tendría que pagar con la cárcel su traición a la Corona. Por eso envió un espía de su entera confianza a investigar los movimientos de don Fabio. Si lo descubría, no solo lo condenaría a muerte por traición para que sirviera como ejemplo, sino que además perdería toda su fortuna y su familia quedaría en la calle. Para el Inquisidor no era un secreto la ayuda que siempre ofrecía don Fabio a los esclavos, y la fama que tenía de comprar esclavos para regalarles su libertad.


 


Aquilito se encontraba en la hacienda haciendo sus ejercicios para ver si recuperaba el movimiento de las piernas, así como se lo había indicado el galeno. Flora Margarita era quien se encargaba de ayudarlo con sus ejercicios. En el fondo Flora Margarita tenía la esperanza de ayudarlo a  recuperar el movimiento de sus piernas con el fin de tenerlo solo para ella, ya que  esperaba que Violeta Dolores fuera condenada a muerte. Pero Aquilito solo tenía cabida en su mente para Violeta Dolores, aunque también era muy consciente de que ella había accedido a casarse con el por estar invalido, de lo contrario hubiera huido con Mario Rafael.


 


Sor María Adestrudiz decidió intensificar el tratamiento para Claudia Patricia. Consistía en colocarle una correa de espinas en el muslo con el fin de que supiera su subconsciente que era pecado abrir las piernas. El tratamiento era una verdadera tortura para Claudia Patricia, pero sor María Adestrudiz le mostró el permiso firmado por puño y letra de su propia madre, autorizando ese tipo de tratamiento. Claudia Patricia no tenía forma de librarse de esa tortura, y tampoco tenía forma de escapar. Entonces se le ocurrió huir de la misma forma como pensaba ayudar a escapar a Violeta Dolores y Milena Margarita.


 


Don Alfredo había llegado a la hora acordada para ingresar al calabozo donde se encontraba Violeta Dolores, aislada del resto de reclusas. Machacón y Bartola lo condujeron hasta el calabozo sin que nadie se diera cuenta. Violeta Dolores se sorprendió al ver a Don Alfredo Linares en el calabozo y sospechó que no se trataría de nada bueno. Así que Bartola le dijo a Violeta Dolores que disfrutara la noche de placer y los dejó a solas. Violeta Dolores le advirtió a don Alfredo que no se le acercara o comenzaría a gritar. Pero Alfredo le hizo ver que estaban aislados y nadie la escucharía, excepto la guardiana Bartola, quien estaba enterada de lo que estaba sucediendo en esa celda.


 

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