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La Esclava Virgen por sergiog30

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La esclava Virgen                                                                                                                                    Capítulo 211

 

Irasema se encontró nuevamente con Sor Elpidia y recordó que ella había estado presente en su parto, por eso le exigió que le dijera donde estaba su verdadera hija. Sor Elpidia no entendía por qué Irasema estaba segura que la tal Canela no era su hija. Si eso era cierto, entonces quién podría ser la verdadera hija de Irasema. Sor Elpidia recordó que una de las gemelas había sido entregada a la esclava Moraima, quien después tuvo que devolverla para entregarla a Irasema. La otra gemela había sido entregada a la indígena Dabeiba, quien había desaparecido. A menos que Moraima los hubiera engañado y no hubiera entregado a la verdadera bebé. Sor Elpidia le comentó al Arzobispo Plutarco las dudas de Irasema acerca de la veracidad de que la tal Canela sea la hija que ella había parido. Pero Plutarco le recordó a Elpidia que Irasema había estado loca por mucho tiempo, por eso era imposible que pudiera saber si Canela era su hija o no. Por lo pronto a él le convenía que todos estuvieran convencidos que la tal Canela era la hija de Irasema para poder chantajear a Agustín.

 

Madame Karina viajaba en su carruaje acompañada por la esclava Arlenis, y cuando ya habían avanzado bastante, Arlenis pensó que había llegado el momento de deshacerse de una vez por todas de Karina, aprovechándose que no podía moverse de la cintura para abajo. El carruaje andaba a gran velocidad, así que Arlenis tenía pensado arrojarla del carruaje en movimiento. Pero cuando Arlenis intentó sacarla del carruaje, Karina reaccionó y se dio cuenta de sus intenciones, así que comenzaron a forcejear entre las dos. Karina comenzó a gritarle al cochero que detuviera el carruaje, pero al tratar de hacerlo, los caballos se soltaron dejando el carruaje a la deriva. De tal forma que el carruaje salió del camino y cayó a un barranco. Don Hugo seguía al carruaje y vio cuando cayó al barranco. Ahora debía bajar al fondo para recuperar su maletín con lingotes de oro.

 

Sandra Aragón, la esposa de Amarildo, no se resignaba a verlo encerrado en los calabozos, por eso se había reunido con Ana Gregoria, la madre de crianza de César, con Casilda, la madre de Amarildo, y con Sady, la mujer que Juan Bautista amaba, para planear la forma de sacar a sus hombres de prisión. Sandra no sabía lo que pudiera pasarle a ella ahora que estaba a punto de salir la nueva ley sobre las mujeres viudas o abandonadas por sus maridos. Fabio había tratado de animarla proponiéndole que buscarían la forma de ayudarlos a escapar de prisión en caso que Ferdinando no accediera a liberarlos. O tal vez podrían intervenir entrando a trabajar al palacio como espías.

 

Entre tanto, Irasema le comentó a don Tito que la noche de la posesión de Ferdinando como Presidente de la república, ella había descubierto a Bilena y Ventura teniendo intimidad. Don Tito le dijo que tal vez se había confundido pues Ventura era casi un tío para Bilena, así que de ser cierta esa relación, sería una abominación. Irasema le dijo que Bilena le había ordenado a Ventura que la eliminaran como lo habían intentado con la nana Gume, pero al ver que ella era una loca reconocida, decidieron perdonarle la vida pues estaban convencidos de que nadie les creería, y a la nana Gume lo que le había salvado la vida era que no recordaba lo que le había pasado.

 

Ahora que Elida Margarita estaba convencida que la tal Canela en realidad era Violeta Dolores, pensaba destruirla de la misma forma que destruiría a Mario, a Milena, a don Alfredo y a doña Meryl. Uno a uno iría eliminando a todos sus enemigos. Así que Elida se presentó en la casa de Mario buscando a Milena Margarita, quien no sabía qué hacer pues no tenía el dinero. A Mario le pareció muy extraño que una mujer con el rostro cubierto por una máscara, estuviera preguntando en varias ocasiones por su esposa Milena. En ese momento Milena recordó el consejo de doña Margarita, de contarle la verdad a Mario, por eso Milena pensó que lo mejor sería que él se enterara por ella y no por Elida. Milena decidió contarle la verdad a Mario sobre su hijo Mario Arturo.

El Cardenal Agustín ya había conocido a su hijo Mario Rafael y se sentía orgulloso de él, aunque lamentablemente nunca pudo verlo crecer ni estar a su lado, pero le daba mucho gusto saber que era un hombre hecho y derecho y que había formado una familia, pero sobre todo, que era un hombre correcto, muy diferente a él. Ahora a Agustín le interesaba conocer la hija de la que tanto le había hablado el Arzobispo Plutarco, la que podía hacer que él perdiera su puesto como Cardenal del Vaticano y quedara en la calle.

 

Violeta Dolores no podía dejar de pensar en Mario Rafael y también la perturbaba ese sueño que tenía cada noche con un bebé. Según la historia que le había contado Maurice, ella había perdido un bebé, pero algo en su interior le decía que ese hijo podía estar vivo. Y si el hijo que ella había tenido era de Mario Rafael era porque lo había amado profundamente, tanto así, que a pesar de no recordar su pasado, ella sentía que aún lo seguía amando. Pero tenía miedo que se supiera que ella era en realidad Violeta Dolores pues mucha gente estaba interesada en hacerle daño. Como por ejemplo, a don Hugo Coronado no le convenía para nada que la tal Violeta Dolores estuviera viva, ya que podría reclamar las tierras de Juan Bautista, y también las de Aminabad Onassis, así que él era uno de los más interesados en que la tal Violeta Dolores siguiera muerta. Violeta Dolores compartía mucho tiempo ahora con Samirami, por eso decidió contarle que sentía algo por un hombre, pero era un hombre prohibido pues estaba casado con otra mujer. Samirami le confesó que a ella le pasaba igual, estaba enamorada de un hombre casado, aunque sabía que él en realidad no amaba a su esposa, pero parecía que tampoco la amaba a ella.

 

En Villa Mimosa había consternación con la muerte de don Godofredo, pero lo más extraño era que a Ofelia no le dolía la muerte de su esposo pues no se le había visto llorar ni siquiera la habían visto condolerse por su marido Godofredo. Lo que sí les llamaba la atención era conocer a la tal Claudia que había asesinado a Godofredo. Ninguna de ellas había tenido la valentía de hacerlo cuando él había abusado de ellas. Tal vez ellas creían que Claudia podría ser la que las ayudaría a escapar, aunque sabían perfectamente que era casi imposible por la presencia de Nilo y de Benedelza. Benedelza era la encargada de preparar a las chicas para poder ofrecerlas a la clientela, pero con Claudia Patricia era diferente puesto que solo sería ofrecida a personal especial, ya que nadie debía saber que Claudia se encontraba encerrada allí. Benedelza le pidió ayuda a la Makukis y a Minevis para darle un baño a Claudia Patricia y cambiarle de ropas. Benedelza tenía miedo que Claudia Patricia tomara alguna represalia en contra suya pues si había sido capaz de asesinar a don Godofredo, con ella podría hacerlo también. Makukis y Minevis sentían compasión de Claudia al verla encadenada, pero a la vez sentían admiración por haberse atrevido a asesinar a Godofredo. Claudia Patricia aprovechó que Benedelza las había dejado a solas para tratar de comunicarse con ellas, solo que ninguna de ellas hablaba español. Claudia trató de hacerle señas de si sabían de la presencia de un bebé en la casa. Makukis le entendió y le afirmó que sí había un niño en Villa Mimosa. Claudia Patricia estaba convencida de que se trataba de su hijo, por eso ahora más que nunca, pensaba buscar la forma de salir de ese lugar para rescatar a su hijo.

 

Don Hugo logró bajar al barranco pero no fue necesario que llegara hasta el carruaje pues había encontrado el maletín con los lingotes de oro en el camino. Mas al fondo del barranco pudo ver el carruaje con una mujer dentro, por lo que supuso que se trataba de Karina. Así que regresó a su caballo con la sensación de haber logrado su objetivo. Ahora don Hugo era dueño de las haciendas Onassis y de Juan Bautista. Pero don Hugo no se había dado cuenta que Karina había salido del carruaje pues Arlenis había logrado empujarla. El cuerpo que yacía al fondo del barranco era el de Arlenis, mientras que Karina observaba cómo había caído en la trampa de Hugo, pero en sus manos estaba cobrárselo, ella esperaría el momento indicado para cobrarle con sangre su traición.

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