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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 206

 

Maurice se sorprendió al ver que Violeta Dolores se había encontrado frente a frente con Mario Rafael, esta era la prueba de fuego que él tanto temía. Pero Violeta Dolores no reconoció a Mario Rafael ni a Milena Margarita, en cambio Maurice sí pudo ver la cara de sorpresa de ellos dos al ver a Violeta Dolores. De inmediato don Tito se acercó a pedir disculpas por cualquier molestia que hubiera causado su hija Canela Mancera. Mario no podía creerlo así que le preguntó a don Tito si estaba seguro que esa muchacha era su hija y que su nombre fuera Canela. Don Tito le aseguró que así era, pues ella era su hija. Milena tampoco podía creer el gran parecido con su amiga Violeta.

 

Entre tanto, en el palacio de gobierno, todos se preparaban para la ceremonia de posesión de Ferdinando como nuevo presidente de la nueva República. Don Augusto, el padre de Ferdinando, le comentó a su esposa Julia acerca de la relación clandestina entre su hijo y su ahijada Nieves María. Doña Julia no entendía por qué sus hijos preferían a mujeres de clase social muy inferior a la de ellos, a pesar de que ella había criado a Nieves María y a su hermana Tatiana, ella esperaba que su hijo Ferdinando fuera feliz con Bilena. Por eso doña Julia decidió conversar con Nieves María al respecto. Ella le confesó que amaba profundamente a Ferdinando y por eso no le importaba ser su amante, pues ella entendía que ante el público él debía mantener la imagen de un matrimonio estable, aunque ella sabía perfectamente que Bilena no era la dama que todos creían. Doña Julia se impresionó al escucharla y le exigió que le dijera lo que sabía. Así que Nieves María le confesó que había descubierto que entre Ventura y Bilena, había una relación. Doña Julia pensó que era un invento de Nieves María o que estaba confundida pues Ventura era casi un tío para Bilena.

 

La indígena Samirami y su padre, el Cacique Melquiades, habían llegado al pueblo, invitados por Ferdinando para su posesión como presidente. Ferdinando estaba muy agradecido con la población indígena por su apoyo en la batalla contra los españoles. Samirami aún sentía algo por Mario, por eso, al volverlo a ver, se daba cuenta que él era el hombre con quien ella quería compartir su vida. Pero su madre Moraima le recordó que una india jamás debía fijarse en un blanco. Mario Rafael se alegró de volver a ver a Samirami, aunque sentía por ella un gran cariño, pero no sentía amor.

 

Sandra Aragón y Castilla, esposa de Amarildo, había ido a pedirle ayuda a don Fabio Santacoloma para entre ellos organizar a los grupos independentistas con el fin de levantarse en armas para luchar por la libertad de todos los esclavos, y también la libertad de Juan Bautista, César y Amarildo. Fabio estaba de acuerdo con Sandra, solo que él en estos momentos no tenía cabeza para nada pues su amada Milena del Carmen no se recuperaba de sus heridas, que se habían infectado y ahora la pobre Milena del Carmen alucinaba. Afortunadamente la madre de Fabio, doña Carmen, ya se estaba recuperando y había recobrado el sentido. Kathy le preguntó a doña Carmen si ella sabía quién era el verdadero asesino de su padre, pero Karen le pidió a Kathy que la dejara descansar y más tarde podría atormentarla con esas preguntas.

 

Violeta Dolores se sentía muy mal al no poder recordar nada de su pasado, solo que sentía un inmenso cariño hacia Maurice, sin embargo, algo que la confundía mucho era lo que había sentido cuando había tenido en frente suyo a Mario Rafael, como si algo la uniera a él, pero no entendía por qué había sentido eso si no lo recordaba, y le daba miedo preguntarle a Maurice por temor a hacerlo sentir mal o celoso. A Violeta le gustaría conocer a alguien de su pasado que le pudiera despejar muchas dudas. Fue entonces cuando vio a doña Meryl y la recordó en la fiesta de bodas de Estela, que se le había acercado a hacerle preguntas. Tal vez doña Meryl sepa algo de su pasado y por eso Violeta Dolores pensaba ir a conversar con ella.

El Arzobispo Plutarco necesitaba tener sosiego, y él ya había escuchado hablar de las bondades de Villa Mimosa así que pensó en visitar el lugar, lógicamente lo haría de manera incógnita. En Europa, el Arzobispo acostumbraba a visitar ese tipo de lugares lujosos pues sabía que era muy discretos con la identidad de sus clientes. Ofelia le dio la bienvenida pero Plutarco le recalcó que nadie podía enterarse de su verdadera identidad o él mismo se encargaría de destruirla a ella y a su local. Ofelia le dijo que podía despreocuparse pues para referirse a él, lo llamarían de “su eminencia”. El Arzobispo Plutarco conoció a las chicas de Villa Mimosa, él podría escoger a cualquiera de ellas pues todas habían sido entrenadas para mimar a los clientes. Plutarco no sabía si decidirse por la asiática Makuki, o por la pelirroja Anacleta, o la rubia y blanca Petranila, o la africana Minevis. Sin embargo, Petranila tenía un plan, ella aspiraba a convertirse en la preferida de alguien importante para convencerlo de que la sacara de ese lugar, y pensó que tal vez “su eminencia” podría ser ese alguien, así que se mostró mucho más coqueta que las demás, y Plutarco terminó escogiéndola.

 

Maritza regresó a la hacienda Santacoloma bajo amenaza de Robinson, y al ella entrar a la casona, se dio cuenta que aparentemente doña Carmen no había contado nada hasta el momento, pues Kathy no tuvo ninguna reacción al verla. Maritza solo debía tomar el bebé y salir huyendo hasta donde se encontraba Robinson. Kathy volvió a preguntarle a doña Carmen si sabía quién había asesinado a su padre ya que había afirmado que Milena del Carmen era inocente. Doña Carmen no quería meterse en problemas, por eso no quería confesar que Maritza lo había envenenado, pues Maritza sabía muchas cosas sobre ella y también la pondría al descubierto. Pero en eso llegó un peón a avisarles que habían visto a doña Maritza salir de la casona con el bebé de don Fabio. Cuando Fabio escuchó eso, corrió de inmediato detrás de Maritza, él no entendía por qué se lo estaba llevando. Entonces doña Carmen decidió hablar y contar que había sido Maritza la asesina del Capitán Celedonio.

 

Haroldo sentía que se había enamorado de María Teotistes sin darse cuenta, y al ver que ella estaba muy interesada en darle compañía a César, él sentía celos y pensaba que la estaba perdiendo, por eso se le acercó a preguntarle si sentía algo por César, pero María Teotistes fue muy clara y le aseguró que solo le tenía aprecio por ser el marido de su amiga. Haroldo le confesó que sentía muchos celos cada vez que ella se iba a hacerle compañía. María Teotistes no podía creer que Haroldo le estuviera diciendo estas cosas, así que le aseguró que ella solo sentía un gran aprecio por César pues a quien ella amaba era a él, Haroldo. Norela y su madre doña Judith sorprendieron a Haroldo besando a la nana María Teotistes. De inmediato Norela le reclamó a María Teotistes por ser una igualada y regalada, ofreciéndose al patrón. Pero Haroldo le pidió respeto a María Teotistes quien era un pan de Dios. Norela le dijo que no fuera tonto de dejarse convencer por las moscas muertas como María Teotistes pues esas monjas eran de lo peor. Haroldo le confesó a Norela que él amaba a María Teotistes y ahora que era viudo, pensaba casarse con ella. Doña Judith le dijo que no le permitiría que le pusiera a una cualquiera como madre de su nieta, la más indicada para criar y educar a Alexandrita era Norela.

 

A Mario Rafael le pareció extraño la forma como una mujer discutía con su esposa Milena Margarita, y al acercarse, descubrió que se trataba de la antigua partera Nori Nava. Mario Rafael no entendía por qué su esposa Milena Margarita tenía que estar discutiendo con la tal Nori Nava, así que Milena le contó que Nori Nava había sido quien había atendido su parto cuando ella había estado encerrada en el manicomio. Mario le preguntó si Nori Nava también había atendido el parto de Violeta Dolores, pues él necesitaba saber por qué su hijo había muerto. Milena no tuvo más remedio que confesarle que sí, que Nori nava también había atendido el parto de Violeta. Ahora Milena estaba obligada a buscar el dinero que le exigía Nori Nava o de lo contrario, Mario se enteraría de toda la verdad.

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