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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 191

 

El general Robinson había dado la orden de atacar la población y asesinar a todos los soldados que se les enfrentaran, no necesitaban tomar rehenes. Robinson estaba muy dolido por la muerte de su amada esposa, por culpa del Inquisidor que lo había traicionado a última hora, pero en venganza por la muerte de su esposa, él pensaba arrasar con la población pues sabía que estaban desprotegidos. El general Lázaro sabía que estaban en desventaja y sobretodo, que la población civil estaría expuesta en el combate. Por eso se le pidió a toda la población mantenerse encerrados en sus casas para evitar cualquier contratiempo.

 

La guerra había comenzado y los españoles se estaban tomando el pueblo, enfrentándose al ejército de Lázaro, pero era un ejército pequeño, aunque muy sanguinario. Claudia había escuchado que era muy peligroso estar en las calles pues los españoles estaban atacando por todos lados, pero su hijo era lo más importante, y ella debía acudir al lugar donde la habían citado, así que le dijo a Ana Gregoria que debía acudir a esa cita o se iba a arrepentir el resto de su vida. Ana Gregoria le pidió que pensara bien las cosas pues era muy peligroso que arriesgara su vida de esa forma. Pero ella se armó de valor y salió en busca de su hijo. Ofelia lo tenía todo planeado, ella sabía que Claudia saldría sin importarle el riesgo de morir en el cruce de fuego entre independentistas y españoles, por eso, el plan de Ofelia era que Claudia fuera dada por muerta o desaparecida por la guerra.

 

La gitana Maku le agradeció a doña Julieta por el dinero y le aseguró de que jamás volvería a molestarla en lo que le quedaba de vida, pues se marcharía bien lejos. Doña Julieta esperaba que se marchara al más allá, pero antes debía entregarle a su hija Diana Luz. En eso apareció Diana Luz indignada tras descubrir que su madre era una criminal. Doña Julieta se sorprendió al ver a su hija sana y salva, así que le reclamó a Maku y le exigió que le devolviera el dinero, pero Maku le dijo que ese dinero no era solo por el pago del secuestro de Diana, sino también por su silencio acerca de Canela. Diana Luz le dijo a su madre que no tenía perdón por haber arruinado la vida de Irasema y la de la misma Canela, que merecía el infierno. Julieta le pidió a su hija que no la tratara de esa forma pues todo lo había hecho por proteger los bienes de la familia, para que no le entregaran nada a una bastarda hija de una esclava. Diana Luz le dijo que eso no justificaba el daño que había hecho. Maku aprovechó el momento de discusión familiar para escabullirse entre la maleza.

 

Para Irasema era un misterio también esas muchas conversaciones que doña Meryl tenía con Canela. Así que Irasema estaba convencida de que Meryl conocía quien era la tal Canela. Por eso Irasema fue a hablar con Meryl para preguntarle si sabía quién era la impostora. Doña Meryl se sorprendió al saber que Irasema pensaba que Violeta Dolores no era su hija. Así que ante la duda, prefirió guardar silencio pues entre menos gente supiera que la que todos creían que era la tal Canela, en realidad era Violeta Dolores, mejor sería.

 

En medio de la balacera, una de las balas había alcanzado a herir a Milena del Carmen, por eso Fabio decidió llevarla a la hacienda para prestarle los primero auxilios pues él no se perdonaría si Milena del Carmen llegara a morir. La tía Maritza se sorprendió al volver a ver a Milena del Carmen y mal herida. Kathy enfureció al ver que Fabio la traía de regreso pues ella había sido acusaba de ser la asesina de su padre, el capitán Celedonio. Fabio les dijo que la culpabilidad de Milena estaba en duda, pero eso lo aclararían después de que pasara la batalla, por ahora lo más importante era curarle las heridas para salvarle la vida. Por Kathy la tal Milena del Carmen se podía morir, ya ella estaba cansada de que siempre todo le saliera mal. Pero a la tía Maritza le preocupaba que se descubriera que ella era la verdadera asesina de Celedonio.

Diana Luz estaba muy decepcionada de su madre, por eso no quería volver a saber de ella y había tomado la decisión de marcharse lejos a un lugar donde pudiera pensar bien las cosas. Doña Julieta le pidió que no se marchara pues su vida podría correr peligro. Sin embargo Diana Luz pensó que sería bueno que ella comenzara a vivir la vida, pues siempre había permanecido encerrada en la hacienda bajo las faldas de su madre, y por eso había caído tan fácilmente en la trampa de Abelino, pero ahora había llegado su hora de vivir la vida.

 

Maurice había pensado muy bien las cosas y se había dado cuenta que realmente no tenía mejor opción que Greicy como esposa, quien además se veía que era una mujer comprensiva y tolerante. Así que Maurice pensaba que podría llegar a enamorarse de ella y olvidarse de Canela. Don Augusto y doña Julia se alegraron mucho al escuchar que su hijo Maurice pensaba formalizar su compromiso con la joven Greicy. Para doña Darcy, la madre de Greicy, también era muy emocionante la noticia ya que Greicy era su hija menor y la única que faltaba por casarse. Ahora lo que le preocupaba a Greicy era que se supiera que ella había pasado la noche con Abelino y que le había entregado su pureza, porque seguramente Maurice la despreciaría por eso.

 

El general Robinson y sus hombres no habían tenido compasión por nadie, y estaban destruyendo casas y quemándolo todo, pero sobre todo, asesinando gente inocente solo por pensar que apoyaban a los independentistas. Los soldados independentistas eran menos y con poca experiencia, por eso sabían que si no llegaban refuerzos cuanto antes, Robinson acabaría con todo el pueblo. Mario Rafael tenía pocas esperanzas de lograr salir bien librados de esta batalla, por eso prefirió irse a su casa a proteger a su familia de cualquier ataque. Robinson averiguó donde estaba ubicada la hacienda de Fabio y decidió ir hacia allá en busca de Fabio y Milena del Carmen para asesinarlos y luego prenderle fuego a la hacienda.

 

En el pueblo, César y Amarildo eran conscientes que no lograrían contener el ataque de los españoles a menos que llegaran los refuerzos, pero ellos quizás llegarían al día siguiente, cuando todo ya fuera demasiado tarde. Mario y Fabio se reunieron con César y Amarildo y fueron a hablar con el general Lázaro para decirle que estaban siendo masacrados pues la mayoría no tenía experiencia en el campo de batalla, así que tal vez era el momento de rendirse y pedir clemencia por sus vidas antes que tanto ellos como sus familias resultaran muertas. Algunas personalidades habían ido a dar su opinión como sabios en el tema, por ejemplo don Alfredo Linares y don Juan Bautista. Don Alfredo opinaba que debían rendirse para salvar las propiedades que les quedaban. Pero Juan bautista le recordó a Lázaro que no podían demostrar debilidad pues el enemigo se aprovecharía de eso, debían luchar hasta el final. Lázaro no quería morir de esa forma, pero también sabía que al rendirse, él por ser el general, sería torturado hasta la muerte. Solo un milagro podría salvarlos. Lázaro prefirió ser recordado como el general que luchó hasta la muerte y no el que se rindió a los españoles. Así que les dio ánimo a sus hombres para seguir en la batalla.

 

Claudia Patricia había logrado llegar al lugar donde la habían citado, para ver si era cierto que le pensaban devolver a su hijo, pero grande fue su sorpresa al ver que quien estaba en el lugar era su hermana Ofelia. Claudia le preguntó que por qué estaba ahí, que si ella tenía algo que ver con la desaparición de su hijo. Ofelia le confesó que ella tenía todo que ver pues había sido la autora intelectual, ya que había manipulado a doña Beatriz y a doña Odila para que hicieran el trabajo sucio por ella. Nadie había llegado a sospechar que ella, Ofelia, estaba detrás de todo esto, y nunca nadie lo sabría pues ella (Claudia), no iba a salir de esta. Claudia le preguntó que si pensaba matarla, que si era tanto su odio como para matarla, pero Ofelia le dijo que le tenía un peor castigo que la muerte.

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