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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 182

 

Ahora que la mayoría de los huéspedes de la hacienda Mancera se habían marchado, don Augusto pensaba conversar con don Tito para tratar de hacer justicia en contra del gitano Carrao quien había sido el responsable del secuestro de sus hijos hacía ya muchos años. Así que don Augusto se reunió con don Tito en privado para hablar sobre el tema. El gitano Carrao se había dado cuenta que el tal don Augusto estaba muy extraño y lo miraba muy mal, por eso decidió buscar la forma de poder escuchar la conversación entre los dos. Don Augusto le mencionó a don Tito que se había enterado que el gitano Carrao había sido quien había robado a Canela y a Maurice cuando eran unos niños aún, así que debían hacerlo pagar con cárcel por ese crimen. Pero don Tito pensó que si eso era cierto, necesitaba saber si había sido por cuenta propia o si alguien le había ordenado hacerlo. Así que debían retenerlo y obligarlo a confesar. Carrao descubrió lo que ellos pensaban hacer, así que pensó que lo mejor era huir antes que ir a prisión.

 

Doña Meryl prefirió quedarse en la hacienda Mancera hasta que pasara la batalla que se iba a dar en su pueblo por la toma del general Robinson. Irasema aprovechó para preguntarle a doña Meryl de donde conocía a Canela. Doña Meryl no entendía por qué le estaba preguntando eso. Irasema le dijo que sabía perfectamente que conocía a Canela pues la había visto en la fiesta de casamiento, tratando de conversar con ella. Doña Meryl le aclaró que la había confundido con otra persona. Pero esa respuesta no convenció a Irasema, ella sabía que doña Meryl le había mentido.

 

El Arzobispo Plutarco y Sor Elpidia también habían decidido esperar a que pasara la tormenta en el pueblo para regresar al norte. Mientras eso sucedía, pensaban averiguar también si era cierto que la tal Violeta en realidad era Canela, la hija de Irasema, o no. Aunque lo cierto era que Sor Elpidia y el Arzobispo sabían perfectamente que no era hija de don Tito pues había sido producto de una violación. Plutarco sabía muy bien quien era el verdadero padre de esa criatura.

 

Enelvia había enfurecido al ver cuánto sufría su hija por el ácido en su cara, ácido que estaba destinado para Erwin así que tomó un rastrillo y lo clavó por la espalda a Erwin. Molingo había atacado a Paropa en respuesta al disparo que este le había dado. Molingo estranguló a Paropa al punto de casi arrancarle la cabeza. En ese momento llegaba Mario Rafael buscando a Erwin, pero se encontró con la escena de verlo agonizante con el rastrillo en su espalda. Mario enfureció al saber que no había sido él quien le había causado la muerte, pero prefirió dejarlo que agonizara lentamente por todos sus crímenes cometidos. Enelvia se llevó a Elida para que nadie la viera, y para tratar de curar las heridas causadas y de calmarle el fuerte dolor. Mario trató de ayudarlas, pero Enelvia no aceptó para que nadie viera el rostro de su hija. Así que Mario se quedó a observar el momento en que Erwin muriera definitivamente.

 

Don Alvarito De La Plata se había encontrado por casualidad con Dorita, así que él aprovechó para conversar con ella muy amenamente. Dorita había quedado encantada con el tal don Alvarito, y pensó que podría convertirlo en su amante, pero primero debía investigar más sobre él, saber quién era para saber a qué atenerse. Entre tanto, don Alfredo no olvidaba que tenía su premio mayor en la hacienda, la esclava Tenerife, a quien pensaba hacer suya a como diera lugar, pero sin que su esposa Dorita se enterara. Por eso le pidió a Coromoto que se encargara de prepararla para que el fin de semana, él pudiera tomarla como se merecía. Coromoto tenía celos de su hermana Tenerife, aunque sabía que Tenerife no deseaba entregarse a don Alfredo. Coromoto se sorprendió cuando se encontró en el pueblo con su madre, la negra Dabeiba. Coromoto había pensado que nunca más la volvería a ver.

Milena del Carmen encontró el mejor momento para tomar la llave que abría el candado de las cadenas que mantenían preso a Fabio, y de inmediato se dirigió al lugar donde lo tenían recluido. Fabio se sorprendió al ver que Milena del Carmen había cumplido con su palabra, eso le demostraba que todo lo que le había dicho era cierto. Ahora era el momento preciso para que los dos escaparan, pero Milena del Carmen escuchó un ruido y se escondió para que nadie la viera, sin embargo había alcanzado a entregarle la llave a Fabio. Se trataba de doña Lida, la esposa del general Robinson, quien había tomado demasiado vino y sentía deseos de estar con Fabio. Cuando Milena del Carmen se dio cuenta que era doña Lida, se fue alejando poco a poco sin ser descubierta, y regresó al salón donde estaba el general Robinson para que no fuera tan notoria su ausencia. Robinson se sentía cómodo con la presencia de Milena del Carmen, en cambio el Inquisidor, que no la había detallado, al verla le pareció alguien conocida, pero no recordaba quien era.

 

Norela se presentó en la casa de Claudia para insultarla y reclamarle por entrometerse una vez más en su matrimonio tal y como lo había planeado con doña Odila. Claudia no le iba a permitir que llegara a su casa a insultarla, por lo que le exigió que se marchara. Pero Norela no se marcharía de allí hasta que todos en el pueblo descubrieran la mujerzuela que era, que pensaba robarle su marido. Claudia le recordó que su matrimonio con Haroldo ya había sido anulado hace tiempo y solo estaban juntos para poder reclamar la herencia del padre de Haroldo, pero Norela le recordó que Alexandra, la segunda esposa de Haroldo, estaba viva. En medio de los reclamos de Norela, apareció César quien quedó muy sorprendido al enterarse que en solo unas semanas de desaparecido, ya Claudia tenía planes de casarse con Haroldo. Claudia no podía creer que fuera cierto que César estaba vivo, pero él se sentía defraudado de saber que ella no había olvidado a Haroldo.

 

Abelino y Marcela aprovecharon un momento para dar rienda suelta su pasión. Al mismo tiempo, Diana Luz sentía deseo de conversar con Abelino por lo que decidió ir a buscarlo, pero se encontró con la impactante escena de verlo en la cama con Marcela, quien era supuestamente su hermana. Diana Luz no podía creerlo, era una aberración lo que sus ojos veían. Abelino y Marcela conversaban sobre la forma como pensaban quedarse algún día con toda la fortuna Mancera, y Abelino le dijo que si fallaba el plan con Violeta Dolores, estaba la segunda opción que era Diana Luz, quien era una pobre e ingenua muchacha muy fácil de manejar. Diana Luz enfureció al escuchar que todas las palabras que le había dicho Abelino habían sido una farsa, por lo que se lanzó sobre él y le preguntó que quién era esa tal Violeta Dolores. Abelino y Marcela quedaron impresionados. Diana Luz le exigió a Abelino que le dijera quien era la tal Violeta Dolores, entonces hizo una asociación con Canela y pensó que tal vez Irasema tenía razón y por eso afirmaba que Canela no era su hija, porque era una impostora que ellos habían puesto para cobrar la parte de la herencia.

 

El Arzobispo Plutarco encontró con agrado el haber coincidido con doña Meryl en la Hacienda Mancera, eso le hizo recordar tiempos pasados cuando vivían sus vidas sin tantas responsabilidades como ahora. Doña Meryl nunca había tenido la oportunidad de conversar a solas con el Arzobispo desde que él había recibido ese nombramiento en el Vaticano, pero antes si conversaban muy a menudo, sobre todo porque ella estuvo interesada en el pasado, en un gran amigo de Plutarco.

 

El gitano Carrao le advirtió a Maku que al parecer los habían descubierto, por lo tanto debían marcharse antes de ir a prisión. Maku le dijo que no podían marcharse con las manos vacías, así que le aconsejó que se marcharan de la hacienda, pero debían permanecer cerca para sacarle dinero a la doña Doris, que fue la que les dio dinero hace muchos años para robarse a la bebé Canela. Carrao estuvo de acuerdo con el plan de Maku, pero no podían perder más tiempo, así que debían avisarle a Abelino y Marcela antes de que fuera demasiado tarde.

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