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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 176

 

El Arzobispo Plutarco seguía con sus intenciones de querer ser nombrado Cardenal en el Vaticano. Pero para llegar a tan alto nivel, necesitaba tener muchas influencias, o comprar muchas personas, para lo que necesitaba mucho dinero. Pero el Arzobispo había perdido la oportunidad de ganar una fortuna cuando fue traicionado por doña Irma Ramírez, así que tenía que buscar otra forma para lograr su propósito. En el Vaticano se encontraba un viejo conocido suyo, quien actualmente era Cardenal y tenía mucha influencia en las decisiones del Vaticano, por eso, Plutarco pensaba utilizar cierta información que comprometía a su amigo, para chantajearlo y obligarlo a que intercediera a su favor para que lo nombraran Cardenal. El secreto que conocía Plutarco tenía que ver con el Cardenal Vizcaya, quien muchos años atrás era muy buen amigo de Plutarco por estas tierras. Agustín Vizcaya y Plutarco eran dos delincuentes que huyendo de la justicia se encontraron con dos sacerdotes que viajaban a Santa Ana de Barahona pues habían sido nombrados como los párrocos de la región. Agustín y Plutarco decidieron matarlos y tomaron sus lugares. Con el paso del tiempo, ambos se dieron cuenta que les salía muy provechoso seguir haciéndose pasar por sacerdotes pues podrían alcanzar las más altas posiciones y disponer de mucho dinero. Pero como no eran realmente sacerdotes, tenían relaciones clandestinas con algunas mujeres de la región. Por eso Plutarco se había metido con doña Margarita y de esa relación había nacido Pedro Julio, pero para ocultar su pecado, Plutarco se había encargado de encerrar a Margarita en un manicomio y a su hijo lo había entregado a las monjas para que nunca se conociera su pecado. Con Agustín había pasado algo parecido, él se había enredado con una mujer casada con quien tuvo varios hijos, pero esa mujer los había hecho pasar como hijos de su marido, por ese lado Agustín no tenía nada que temer. Pero un día Agustín abusó de una muchacha esclava que había escapado de alguna hacienda, Irasema, y la mantuvo prisionera un tiempo hasta que descubrió que estaba embarazada. Plutarco la llevó al convento de las monjas Clarisas y la mantuvo oculta, y allí Irasema dio a luz un par de gemelas. Plutarco se había dado cuenta que su amigo Agustín estaba escalando posiciones muy rápidamente, así que decidió mantener en secreto las gemelas por si algún día las necesitaba. Por eso una gemela la entregó a una esclava que tenía a su servicio, Dabeiba, quien ya tenía una hija de Plutarco. La otra gemela la entregó a una empleada doméstica de la Abadía, la indígena Moraima. Tanto Dabeiba como Moraima se encariñaron con las gemelas y no querían separarse de ellas nunca. Pero don Tito Mancera había encontrado a Irasema y se había enterado que había dado a luz, así que exigió la aparición de esa niña, sin saber que en realidad se trataba de dos niñas. Plutarco le dijo a su cómplice, sor Elpidia, que le pidiera la niña a Dabeiba, pero por no separarse de su niña, Dabeiba le entregó otra niña a sor Elpidia. Así que don Tito Mancera se había marchado con una niña que no era la hija de Irasema. Luego, doña Julieta ordenó a su capataz Ciro Gumaro que desapareciera la niña. Y éste la vendió a los gitanos, quienes a su vez la vendieron en el mercado negro. La indígena Moraima se había perdido de un momento a otro y Plutarco le había perdido el rastro, lo mismo había sucedido con la esclava Dabeiba. La única esperanza de Plutarco era que la niña que le habían devuelto a don Tito, aun estuviera con él, ya que nadie sabía del cambio que había hecho Dabeiba. Ahora, con la noticia de la boda de la hija de don Tito Mancera con el hijo del general Benjamín Molinares, el Arzobispo fue invitado para que celebrara la ceremonia religiosa. Así que este sería el momento indicado para ubicar a esa hija de Agustín con Irasema y poder utilizarla en su propósito. El Arzobispo le pidió a sor Elpidia que lo acompañara en el viaje hacia el sur para que ella se encargara de identificar a la hija de Agustín, ya que la misma sor Elpidia le había colocado una medallita perteneciente a don Tito y que éste le había obsequiado a Irasema. Lo que ellos no sabían era que la supuesta muchacha que ellos iban a buscar, era Violeta Dolores.

 

 

Mientras que Erwin había ido a la hacienda Onassis en busca de Liseth, para obligarla a estar con él, Elida Margarita tenía un momento de paz y tranquilidad al lado de Darwin, un momento de magia, tanto así que terminaron dándose un beso apasionado. La nana Enelvia se dio cuenta de ese beso y pensó que eso solo le traería problemas a su niña, ya que Erwin era un monstruo capaz de cualquier cosa. Pero Erwin se había dado cuenta que en realidad Liseth aún estaba convaleciente por el parto difícil, así que él decidió darle un par de días más antes de doblegarla.

 

Claudia Patricia estaba muy preocupada por los rumores de la nueva ley que saldría en contra de mujeres solteras o viudas manejando grandes riquezas, y que como las mujeres no tenían derechos, el estado podría expropiarles sus propiedades y sus fortunas a menos que consiguieran marido nuevamente. Claudia Patricia no quería dejar a su hijo sin la herencia de su padre César. Ana Gregoria tampoco quería eso para su nieto, y ante el acecho de los buitres, ella sabía que la mejor opción era el joven Haroldo. Por eso la propia Ana Gregoria le recomendó a Claudia Patricia que contemplara la posibilidad de comprometerse con el joven Haroldo que se notaba era una buena persona, para evitar el acecho de algún malvado que solo le interese su fortuna. Claudia Patricia pensó que tal vez Ana Gregoria tenía razón.

 

Doña Julia paseaba por los jardines de la hacienda Mancera cuando se encontró con el joven Maurice, y a ella se le hacía muy familiar su rostro, hasta que supo a quien le recordaba. Doña Julia tenía un presentimiento y mucho más ahora que se había dado cuenta del gran parecido del joven Maurice, con su marido don Augusto. Así que doña Julia comenzó a interrogarlo acerca de su origen, pero Maurice le confesó que solo sabía que había sido criado por los gitanos y que no sabía nada de sus padres. Al saber su edad, Julia se convenció más de que podía ser su hijo perdido, por eso corrió a contarle a su marido Augusto lo que había descubierto. Don Augusto le pidió a Maurice que le permitiera examinar su cuerpo en busca de algún lunar, y Maurice le dijo que sí tenía uno, y al enseñárselo, don Augusto se convenció que Maurice era el hijo que habían perdido hacía mucho tiempo. Eso quería decir que Maurice era hijo de Augusto y doña Julia, por lo tanto, hermano de Julieta, Ferdinando y Román Arteaga. Don Tito y su esposa Julieta habían quedado impresionados con la noticia, pero mucho más asombrados habían quedado Carrao y Maku, quienes siempre habían tenido cerca a Maurice sin saber la verdad de su origen. Don Augusto le contó la historia de su pasado a su hijo Maurice, para que supiera que los españoles lo había separado de su madre al nacer. Pero afortunadamente ahora volverían a estar juntos.

 

El Coronel don Hugo Coronado fue a visitar a una vieja amiga suya, doña Meryl Tapias. Con ella había tenido una amistad hacía muchos años atrás, cuando Meryl era una simple campesina en busca de fortuna, pero él siempre había preferido a la hermana de Juan Bautista para esposa, aunque nunca descartó a Meryl como amante. Ahora que el tiempo había pasado, los dos volvían a encontrarse y ambos eran libres y sin compromiso. Don Hugo Coronado recordaba lo traviesa que era doña Meryl, y a pesar del tiempo, aún podía despertar en él muchos malos pensamientos. Pero doña Meryl ya había aprendido la lección luego de casarse con don Alfredo, y ahora desconfiaba de los hombres cuando se le acercaban, pues ella tenía fortuna y renombre y cualquiera podría acercarse con malas intenciones. Don Hugo fue claro con ella, le ofreció unirse para entre los dos, quedarse con todas las tierras de la región, de esa forma, él lograría pedir ser nombrado Gobernador de la región. A doña Meryl le llamó la atención la propuesta, sobretodo porque podría vengarse de don Alfredo Linares y dejarlo en la calle. Don Hugo Coronado pensaba aprovechar la ley que él mismo estaba promoviendo para aprovecharse de las mujeres viudas con grandes herencias. El había escuchado hablar de una tal Elisina, heredera de la fortuna Onassis, así que ella podría ser su primer objetivo.

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