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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 174

 

Claudia Patricia no perdía la esperanza de encontrar a su amado César, por eso había ido con Ana Gregoria al campo de batalla donde yacía aún más de un centenar de cuerpos que nadie había ido a reclamar para darles cristiana sepultura. Claudia Patricia no se resignaba a pensar que el cuerpo de su amado César hubiera sido destruido por un cañonazo, ella aspiraba a encontrarlo para por lo menos poder darle sepultura. Pero su esfuerzo había sido inútil y tuvo que regresar de noche a casa con las esperanzas perdidas. Al parecer era un hecho, su amado César había muerto y de la peor forma posible. Tanto ella como Ana Gregoria debían hacerse a la idea que no lo volverían a ver.

 

Haroldo había sido liberado del calabozo por órdenes del general Ferdinando, pero durante el tiempo que Haroldo estuvo preso, tuvo tiempo para meditar sobre su futuro, y en él solo se veía al lado de Claudia Patricia y de sus hijos. Por eso, ahora que estaban a punto de recuperar la herencia de su padre, Haroldo pensaba darle su parte a su hermana Sandra y su parte a su hermano Fabián con la idea de que Fabián se marchara lejos con Norela y así él podría tener el camino libre para reconquistar a Claudia Patricia, sobre todo ahora que había quedado viuda.

 

Haroldo salió de prisión y lo primero que hizo fue acercarse a la casa de Claudia Patricia para conversar seriamente con ella. Haroldo le pidió que le diera la oportunidad de estar cerca de ella para protegerla y cuidarla, ya que ahora que las cosas habían cambiado en la región, no sería bien visto que una mujer sola dispusiera de una gran fortuna, los terratenientes querrían buscar la forma de quitarle sus tierras y su herencia, a menos que tuviera un hombre a su lado. Claudia y Ana Gregoria habían escuchado algo sobre unas nuevas leyes en las que la mujer no tendría ningún derecho, y eso le daba un poco de temor a Claudia, pero también para ella era muy prematuro el pensar en conseguir un nuevo marido.

 

Doña Odila le reclamó a su hijo por haber ido a buscar a la Claudia Patricia, que era una vagabunda, pero Haroldo le recordó que Claudia era el verdadero amor de su vida, no Norela, por eso estaba dispuesto a renunciar a la herencia de su padre si Claudia Patricia lo aceptaba a él. Odila no podía creer la influencia que ejercía Claudia sobre su hijo, de nada había servido la amenaza que le había hecho con Norela. Así que Odila pensó en pasar a otro nivel, ella se había enterado del regreso de Ofelia, con quien una vez se había aliado en contra de Claudia. Doña Odila pensó en buscar a Ofelia para saber si aún seguía odiando a su propia hermana, y de ser así, aliarse nuevamente.

 

La pobre Liseth seguía recuperándose gracias a los cuidados de Milena Margarita y de Luzdarda. Elisina no soportaba el llanto de la niña Mariseth, pero no podía acercarse a su sobrina pues siempre estaba cuidada por Milena Margarita. Ahora Elisina había encontrado refugio en el licor y con eso podía olvidarse de su amargura por no haber podido casarse con Mario Rafael.

 

Lejos de ahí, en la hacienda Mancera, Maurice estaba tranquilo ahora que podía visitar y cuidar casi todo el tiempo de Violeta Dolores, y para Violeta, aunque no lo expresara, también era de mucha tranquilidad. Abelino estaba furioso de que Maurice pasara más tiempo con Violeta que él que era su esposo, sin embargo, a Abelino se le ocurrió que podía buscar una segunda alternativa por si se daba el caso que Violeta se recuperara de su estado y los desenmascarara ante todos. A Abelino se le ocurrió la idea de conquistar a la inocente hermana de Violeta, Diana Luz, para tenerla de su lado en caso que se descubriera la verdad, que él no estaba casado con Violeta. De otra parte, Erika Gumaro, la hija del capataz, tampoco iba a permitir que ahora que había escogido el hombre que ella quería para el resto de su vida, se lo quitara la recién aparecida bastarda Canela.

Doña Julieta no entendía por qué la bastarda Canela tenía tanta afinidad por el gitano Maurice en cambio por su supuesto marido, el gitano Abelino, sentía mucho temor, así que fue a interrogar al gitano Carrao. Doña Julieta le pidió explicaciones al respecto, pero el gitano Carrao sospechaba que Julieta tenía planes de deshacerse de Canela, y si eso llegaba a suceder, los gitanos saldrían de inmediato de la hacienda Mancera, por eso Carrao aprovechó para advertirle a doña Julieta que él sabía su secreto, que había sido ella quien había ordenado el secuestro de Canela cuando era un bebé aún, y si don Tito se llegara a enterar de eso, la repudiaría por siempre. Así que lo mejor era resignarse a convivir con Canela y con los gitanos bajo el mismo techo.

 

Ahora que Rosa Angélica no quería saber nada de él y ya sin Juan Carlos de por medio, Alvarito decidió dedicarse a su venganza contra don Alfredo Linares. Esta vez se aseguraría de darle un golpe fuerte, y para eso pensaba utilizar a su sobrina política, Dorita Bonilla. Alvarito pensaba seducir a Dorita y conquistarla pues él sabía que ella era la verdadera dueña de toda la fortuna de don Alfredo, y se encargaría de dejarlo en la calle suplicando por una limosna. Por su parte, don Alfredo y Dorita tenían todo listo para celebrar su boda ahora que había pasado la guerra. Dorita siempre había estado enamorada desde que era una niña, de su tío político, más que nada porque ella lo había visto teniendo relaciones con las esclavas y eso le había despertado en ella un instinto de deseo carnal hacia su tío político. Además de todo, Dorita aspiraba a ser la esposa del Gobernador de la región, por eso también quería casarse con Alfredo, pues por lo demás, ella era la dueña de toda la fortuna. Pero Alfredo seguía obsesionado con la esclava Tenerife y no quería demostrarlo ante Dorita después de lo que ella le había hecho a Elida Margarita y a Violeta Dolores.

 

Catalina le informó a su madre, doña Meryl, que su amante Angel David estaba gravemente herido bajo los cuidados de las monjas, en el claustro. Meryl no lo podía creer, así que fue a ver lo que le había sucedido a su amado Angel David. Catalina le mostró la gravedad de la herida y que no habían querido amputarle todavía con la esperanza de que se recuperara, pero al parecer todo iba de mal en peor. Meryl no podía creer que esto le estuviera sucediendo a su amado Angel David.

 

Lejos de ahí, el ejército del general Robinson avanzaba cada vez más hacia la región norte donde supuestamente se encontraba el general Bonilla. El plan de Robinson era atacar por sorpresa ya que nadie sabía que ellos se encontraban avanzando y Robinson se encargaba de destruir a todos en su paso. Robinson se enteró que el ejército español que había llegado al norte había sido aniquilado, así que su ejército era la última esperanza para retomar el poder. Milena del Carmen era ahora la nueva dama de compañía de doña Lida, y ella se había dado cuenta que su amado Fabio había sido tomado prisionero, así que ella pensó en acercarse a él cuando nadie la viera, para ver de qué forma podrían evitar el ataque planeado por Robinson. Pero cuando Fabio la vio, se sorprendió al saber que nuevamente traicionaba a su pueblo. Milena del Carmen le explicó todo desde el principio, que para salvar la vida de él, ella había hecho un trato con doña Carmen para irse lejos con su hijo asumiendo la culpa de ser quien negociaba con los abolicionistas. Al irse del pueblo el soldado trató de asesinarla pero finalmente le perdonó la vida dejándola mal herida y le quitó al niño. Ella logró llegar al palenque donde estaba su tía Maritza quien la envolvió en una venganza contra Celedonio. Ella aceptó hacerse pasar por la gitana Miel para estar cerca de él y de su hijo, aprovechando que él estaba ciego, ella pensaba reconquistarlo a pesar que se hubiera casado con Lía. Nuevamente para salvarlo, aceptó casarse con Celedonio y su tía Maritza lo envenenó para quedarse con su fortuna, pero ella fue acusada del crimen, por eso huyó y fue capturada. Pero apareció Robinson con su ejército y la liberaron pensando que era traidora de su pueblo, por eso se había ganado la confianza de Robinson y Lida. Fabio creyó en ella, y ahora debían planear la forma de escapar para prevenir a todos en la región.

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