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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 173

 

Alvarito y Rosa Angélica le organizaron el funeral a Juan Carlos, y aunque fue todo muy bien preparado, nana Fela estaba inconsolable. Nadie podría entender el dolor de madre al perder a su único hijo, aunque ella quisiera a Alvarito como otro hijo pero no era lo mismo. Alvarito le contó a Rosa Angélica y a nana Fela como habían sucedido los hechos, de esa forma Rosa Angélica se convenció que Alvarito sí había tratado de proteger a Juan Carlos en todo momento. Alvarito pensó que ya los independentistas tenían asegurada la victoria, y por lo tanto, él no era indispensable en la región, por eso lo mejor sería marcharse junto a la nana Fela para que tratara de olvidarse un poco del dolor por su hijo Juan Carlos. Nana Fela estuvo de acuerdo en marcharse con Alvarito, pero ahora solo faltaba si Rosa Angélica estaba dispuesta a marcharse con ellos.

 

Todo parecía indicar que la guerra estaba ganada, los independentistas al parecer habían logrado vencer a los españoles, aunque aún quedaban algunos regados alrededor de las costas que en cuestión de días serían atrapados pues no llegarían muy lejos sin provisiones. Por eso el general Ferdinando Bonilla decidió regresar a su palacio de gobierno para celebrar el triunfo. Esta vez no habría forma de que los españoles enviaran refuerzos pues habían sido aniquilados. Lo que ellos no sabían era que en las costas orientales se encontraba el general Robinson, quien había logrado instalarse con un batallón y se había apoderado de la región y además preparaba un ataque por la retaguardia. Doña Lida, la esposa del general Robinson, le recomendó que interrogara al líder del pelotón, al tal Fabio, para sacarle información sobre cómo podrían atacar sin ser detectados. Pero Fabio le advirtió a Robinson que si sus hombres no regresaban anunciando que no había españoles en las costas orientales, vendrían refuerzos para contra atacar. Entonces Lida pensó que la única forma de no despertar sospechas, era que sus soldados españoles se acercaran a la región, vestidos como los soldados independentistas, solo así podrían atacar el palacio del general Ferdinando.

 

Ahora que aparentemente la victoria de los independentistas era definitiva, los generales Lázaro y Ventura se reunieron para conspirar contra el general Ferdinando. Lázaro opinaba que él debía quedarse como presidente del sur del continente, y Ventura pensaba lo mismo del Oriente, ambos no estaban de acuerdo con que Ferdinando fuera el presidente de toda la región. Pero Ferdinando contaba con el apoyo de su hermano Román y de su primo Raúl. Solo faltaba saber si el general Benjamín los apoyaría en una eventual protesta. Pero el general Benjamín le apostaba más a que su familia se quedara como dueña de toda la región, por eso su hijo Elkin se casaría con Estela Mancera para quedarse como dueño de la mayoría de las tierras del sur. Don Benjamín era dueño de gran parte de las tierras de occidente. Su primo Ventura de las tierras de Oriente. Solo faltaba el dominio de las tierras del norte, ya que su hija Bilena estaba casada con Ferdinando quien era dueño de muchas tierras en la región central.

 

En la hacienda Mancera, llegaron los primeros invitados, la familia Arteaga mayor, es decir, don Augusto y su esposa doña Julia de Arteaga. Para don Tito era un placer poder recibir a tan ilustres huéspedes, ya que los unía una amistad de hacía muchos años atrás. Además que don Augusto era el padre de doña Julieta. Sin embargo, para doña Julia era un poco melancólico volver por estas tierras ya que le traían recuerdos muy tristes de un pasado doloroso, como cuando perdió a su hijo. Don Augusto sabía que Julia se ponía melancólica por causa de ese hijo que habían perdido. Doña Julia nunca pudo conocer a su hijo, sin embargo no perdía la esperanza de conocerlo antes de morir. Para llenar ese vacío, don Augusto y doña Julia habían decidido cuidar de unas ahijadas, Tatiana y Nieves María, a quienes querían como si fueran hijas propias, pero ellas sabían que solo eran las protegidas de don Augusto y doña Julia.

Tatiana era la más bonita, pero siempre había sido exigente con sus pretendientes, ella siempre quiso uno que pudiera darle una vida de reina y que complaciera todos sus gustos, y por pretender mucho, se había quedado soltera. Nieves María en cambio no era exigente, pero sus ideas revolucionarias eran las que terminaban alejando a cualquier pretendiente. En parte por eso fue que Nieves María aceptó venir a este continente, para estar más de cerca con la revolución.

 

Gracias a que se había declarado la victoria por parte de los independentistas, el General Ferdinando y el general Benjamín confirmaron que viajarían al sur para la hacienda Mancera, a la celebración del matrimonio de Elkin y Estela. Ferdinando tenía mucha ilusión de volver a ver a sus padres, y Benjamín en cambio esperaba que se celebrara pronto esa boda que le aseguraría el poder sobre muchas tierras en el sur.

 

Doña Julieta había logrado entrar a las habitaciones de Irasema sin que la vieran. Doña Julieta le dijo que tenían que hacer algo para evitar que la tal Canela siguiera ocupando el lugar de su supuesta hija perdida, pues la tal Canela había llegado con malas intenciones. Irasema fingió haberse dejado convencer por Julieta, pero Irasema pudo darse cuenta del verdadero propósito de Julieta, que no era otro más que Irasema atacara a Canela.

 

Fabio fue obligado a escribir una carta donde informaba que en las costas orientales no había atracado ningún barco español. Con esa carta, el general Ferdinando y todos los demás habían quedado tranquilos y confiados. Por eso decidieron marchar hacia el sur para celebrar todos en la hacienda Mancera junto con el matrimonio de Elkin y Estela. Mientras ellos marchaban al sur, el general Robinson se preparaba para dirigirse al norte con su pequeño ejército pero dispuestos a ir arrasando con todo lo que se encontraran en el camino. Fabio estaba encadenado sin poder escapar para buscar la forma de advertirle a su pueblo, el peligro que acechaba. La única esperanza era que Milena del Carmen lograra salvarlo sin que fuera descubierta.

 

Luzdarda no podía creer que Elisina hubiera sido capaz de empujar a su propia hermana por las escaleras, y lo peor de todo, en estado de embarazo y peor aún, a punto de dar a luz. Liseth estaba muy mal herida por el golpe que había sufrido, pero eso había provocado que rompiera fuente. Luzdarda se dio cuenta que Liseth estaba a punto de parir y como no había ni galeno ni partera, le tocaría a ella misma recibir la criatura. Milena Margarita estaba ahí para colaborarle y entre las dos asistieron el parto. Como era primeriza, el parto había sido prolongado y difícil, Liseth había perdido mucha sangre, pero al final nació Mariseth, la niña de Mario y Liseth. Milena Margarita se encargó del cuidado de la niña Mariseth, pues tenía miedo que Elisina pudiera hacerle daño. La pobre Liseth estaba muy débil y Luzdarda no creía que se salvara.

 

Lejos de ahí, en medio de la selva, Mario estaba siendo juzgado por un grupo de sabio de una tribu indígena, acusado por creer que pertenecía al ejército español. Ellos decidieron que esta noche Mario sería sacrificado y su sangre sería enviada a los dioses. Pero había una joven indígena que al ver a Mario, se había enamorado de él a primera vista, y por eso no pensaba permitir que lo sacrificaran. La indígena Samirami había tenido sueños durante mucho tiempo en los que veía a Mario Rafael, por eso ella sabía que ese era el hombre que los dioses le habían enviado y su misión era liberarlo para poder cumplir la voluntad del cosmos. Así que antes de que anocheciera, Samirami pensaba liberar a Mario y huir con él, de esa forma, ella también se libraría de su compromiso con el hombre con quien su padre quería casarla.

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