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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 168

 

Abelino había entrado a la habitación de Violeta Dolores cuando pensaba que ya todos dormían, y trató de abusar de ella. Pero Violeta Dolores trataba de defenderse a pesar de la gran fuerza de Abelino. Por fortuna para Violeta Dolores, Diana Luz había ido a desearle las buenas noches a su hermana cuando se dio cuenta que Abelino estaba tratando de forzar a su hermana. Abelino prefirió huir al ver a Diana Luz para evitar contratiempos. Diana Luz de inmediato gritó para pedir ayuda y Maurice alcanzó a escuchar que el grito venía de la habitación de Violeta Dolores. Todos acudieron a ver de qué se trataba. Diana Luz dijo haber visto a un hombre atacando a Canela, así que Maurice se ofreció a revisar la casa por si encontraba a alguien. Cuando Violeta Dolores vio a Maurice, se calmó un poco y corrió a abrazarlo. Don Tito y los demás habían quedado sorprendidos de ver como Canela se sentía protegida por Maurice, así que don Tito le preguntó a Carrao a qué se debía eso. Carrao simplemente le dijo que ella lo veía como un hermano. Poco más tarde, Diana Luz le confesó a su padre don Tito que el hombre que había atacado a Canela, había sido el tal Abelino. A don Tito no le inspiraba mucha confianza el tal Abelino, él sabía que escondía algo raro.

 

Haroldo Aragón y Castilla había regresado a la región luego de convencer a Norela que lo ayudara a recuperar la herencia de su difunto padre. Para recuperar la herencia, debían demostrarle a un juez que él seguía casado con Norela y que habían tenido un hijo. Ese hijo sería el hijo que él había tenido con Claudia Patricia. Norela había aceptado regresar con Haroldo no solo para que recuperara la herencia de su padre, sino también porque quería reconquistarlo y volver a ser la feliz pareja que habían sido en el pasado. Con ellos también había regresado Fabián, el hermano de Haroldo, quien no pensaba permitir que Norela volviera con Haroldo. Pero Haroldo solo esperaba que el juez autorizara el reclamo de su herencia para darles una parte a sus hermanos Fabián y Sandra, y de esa forma, Norela y Fabián podrían regresar a su hogar. Haroldo había tenido tiempo para pensar en estos meses y darse cuenta que la única mujer que él amaba era a Claudia Patricia, pero ella era feliz ahora al lado de César. Haroldo deseaba recuperar pronto su herencia para librarse de Norela y poder tratar de reconquistar a Claudia. María Teotistes era quien cuidaba al hijo de Claudia,  le había tomado mucho cariño al niño, pero también al padre, Haroldo, y sentía que se estaba enamorando de él en silencio. Doña Odila, la madre de Haroldo, estaba complacida con el regreso de Norela y pensaba ayudarla a que regresara para siempre como la legítima esposa de su hijo Haroldo.

 

Las tropas del ejército español habían desembarcado en las costas del mar Caribe y de inmediato había comenzado una cruel batalla ya que los independentistas no permitirían que los españoles nuevamente los invadieran. A pesar de ser mayor en cantidad, el ejército independentista no contaba con la experiencia del ejército español, quien ya había luchado contra los franceses. El General Bonilla decidió acercarse al campo de batalla para dar aliento a sus hombres y de paso observar el panorama para calcular las probabilidades de un triunfo.

 

Don Tito le pidió a la nana Gume que sacara a Canela a dar un paseo por el jardín de la hacienda. Doña Julieta pensó que esta podría ser la oportunidad para deshacerse de ella, así que le pidió al ama de llaves, Calixta, que la ayudara a deshacerse de la bastarda. Doña Julieta le pidió ayuda a nana Gume, así que Calixta se ofreció a cuidar de Canela. Al quedar a solas, Calixta comenzó a maltratar a Canela y le recomendó que se fuera lejos ahora antes que fuera demasiado tarde pues nadie en esa casa gustaba de ella. Canela sentía mucho miedo de las palabras de Calixta, y como le estaba lastimando los brazos, Canela decidió salir corriendo despavorida. Calixta estaba feliz de haber logrado su objetivo, amedrentar a la bastarda para que huyera y terminara perdida en el bosque, y si contaban con suerte, podría caer por un barranco.

Para el General Ferdinando era importante que todos sus altos generales dieran el ejemplo de valentía ante los combatientes, por eso el general Benjamín Molinares De la Torre también se dirigió al campo de batalla, aunque fuertemente escoltado. Lo mismo hicieron el general Román, hermano de Ferdinando, el general Raúl, primo de Ferdinando, y el general Lázaro. El único que no obedeció las órdenes fue el general Ventura, quien manifestó haber pasado una mala noche y por eso necesitaba descansar un poco más, por eso se quedó en el antiguo palacio del Virrey, ahora palacio de la República. Para Bilena, la esposa del general Ferdinando, no era de mucho agrado la presencia de Ventura, quien además de general de la República, era primo de su padre Benjamín. Pero Ventura aprovechó que no había nadie en el palacio para meterse a las alcobas de la joven Bilena, quien se sorprendió mucho al verlo. Ventura le dijo que no se podía resistir a él, pues él sabía que ella disfrutaba de su compañía. Bilena no opuso resistencia pues al parecer Ventura había abusado de ella cuando era una niña, pero a Bilena le había gustado y disfrutaba cada vez que Ventura abusaba de ella. Ese era su gran secreto, y en el fondo no sabía si le gustaba o si sentía desprecio por lo que Ventura la obligaba a hacer.

 

Mario Rafael se encontraba en el campo de batalla, listo para dar inicio al ataque contra las tropas españolas. El pelotón al que pertenecía Mario Rafael era prácticamente el primer pelotón en la línea de batalla, por parte del grupo de independentistas. Ese pelotón estaba apoyado por el pelotón de los abolicionistas dirigido por César, quien tenía mucha experiencia en batallas, solo que César había pertenecido al ejército español y ahora lo combatiría. Sin embargo, no dejaba de darle temor a ambos por el alto riesgo que tenían de morir al ser los primeros en la línea de batalla. Solo que Mario Rafael no tenía ningún tipo de experiencia en batallas. Alvarito se había unido al pelotón donde estaba Orlandito y juntos pensaban hacer un buen equipo, apoyados por Amarildo, quien tenía mucha experiencia ya en este tipo de batallas.

 

Mientras tanto, Liseth estaba muy angustiada por lo que pudiera sucederle a su marido Mario Rafael, ella no podía dejar de pensar en que Mario no tenía ningún tipo de experiencia en batallas, y podría sucederle lo peor. Esa preocupación le había traído muchas complicaciones en su embarazo. Milena Margarita le había prometido a Mario que estaría pendiente de la salud de Liseth, por eso Milena le recomendó a Liseth que se hiciera un chequeo con el galeno. Para Elisina era una buena noticia pues sería más fácil provocar que su hermana perdiera ese bebé. Luzdarda, el ama de llaves, siempre le había sido fiel a la señorita Elisina, pero ahora la ver la actitud que había tomado contra Liseth, sin importarle que estuviera embarazada, había hecho que Luzdarda recapacitara y tratara de darle el lado a Liseth. La misma preocupación tenía Claudia Patricia quien no dejaba de pensar lo que sería de su vida si algo malo le llegara a pasar a su amado César. Ana Gregoria era como la madre de César, por eso le daba mucho ánimo a Claudia para que no perdiera la fe en que César regresaría sano y salvo. Mientras Claudia estaba preocupada por su amado César, Ofelia planeaba la forma como se vengaría de su hermana, esta vez con la ayuda de doña Beatriz de Fontenegra, a quien mantenía oculta en Villa Mimosa.

 

Cuando Violeta Dolores había ingresado a los matorrales fue que Calixta dio la voz de alerta a don Tito, ella le dijo que la tal Canela había comenzado a correr de un momento a otro y ella no pudo alcanzarla para detenerla. Don Tito pensó que podría ser peligroso para Canela estar perdida en el bosque, así que organizó un grupo de sus peones para que la fueran a buscar. Cuando Maurice se enteró, él se ofreció a ir a buscarla, pues a él más que a nadie le preocupaba que le sucediera algo. A doña Julieta no le agradó para nada la actitud del tal Maurice, era como su ángel de la guarda.

 

A otra que también le había llamado la atención que Maurice se ofreciera con tanto ánimo para ir a buscar a la tal Canela, fue a Erika Gumaro, la hija del capataz que había puesto sus ojos en Maurice. Erika llegó a pensar que tal vez a Maurice le gustaba la tal Canela, y de ser así, ella haría lo que fuera necesario para que se olvidara de Canela.

 

Canela se había dado cuenta que había muchos hombres buscándola, por eso ella había decidido esconderse muy bien entre los matorrales para que no la encontraran. Ella tenía miedo de regresar pues pensaba que la tal Calixta podría hacerle mucho daño. Pero cuando Canela vio entre las personas que la buscaban a Maurice, de inmediato salió de su escondite para correr a sus brazos ya que se sentía protegida por él. Maurice se alegró de ver que Violeta Dolores confiaba en él, así que él al convenció de regresar a la hacienda Mancera, y le aseguró que él siempre la protegería. Don Tito, al igual que el resto de la familia, habían quedado sorprendidos de ver que Canela solo confiaba en el tal Maurice, en cambio cada vez que Abelino se le acercaba, temblaba de miedo.

 

Las primeras balsas de los barcos españoles comenzaron a llegar a tierras caribeñas, y de inmediato se desató una gran batalla campal. El pelotón de la primera fila no tenía mucha experiencia en el campo de batalla, pero estaban siendo guiados por César. Lejos de la playa, estaba el pelotón de segunda fila, guiados por Amarildo, ellos se protegían entre los matorrales y así era más difícil que los españoles dieran en el objetivo. Después en la tercera fila estaba el ejército del general Bonilla y él esperaba que no hubiera necesidad de que su ejército atacara. EL ejército del general Raúl partió hacia el sur para cubrir esa zona. Mientras que el ejército del general Román había partido al occidente para arrasar con cualquier grupo de españoles que quedara por esa zona. El ejército del general Benjamín fue enviado al centro con el mismo objetivo.

 

Desde la distancia, el general Bonilla podía darse cuenta que la primera fila de su ejército no tenía nada de experiencia en combate y que estaban siendo aniquilados por los españoles que llegaban en las balsas. Así que el general Bonilla dio la orden a la segunda fila para que evitaran que algún soldado español pudiera avanzar de la playa. La primera fila del ejército del general Bonilla estaba siendo muy golpeada, pero los españoles que trataban de avanzar hacia los matorrales, eran eliminados por la segunda fila. Así que los españoles se dieron cuenta que no tenían forma de ganar esa batalla por lo que decidieron retirarse y reorganizar mejor su plan de ataque. El general Bonilla se alegró al ver que los españoles se retiraban, aunque sabía que regresarían cuando se recuperaran. Por eso el general Bonilla pensó que era urgente reponer las pérdidas humanas, para estar preparados para la segunda batalla, así que ordenó reclutar a todos los hombres, sin excepción.

 

Lejos de ahí, en las costas orientales, el general español Robinson Peñaranda se había tomado la región y era considerado un demonio pues destruía todo a su paso. El se valía de que convertía en rehenes a las mujeres y niños, para obligar a los nativos a luchar contra los independentistas. El plan de Robinson era atacar por la espalda al ejército de Bonilla, ya que no se lo esperaban, Bonilla estaría distraído combatiendo al ejército en las playas y no se daría cuenta de su llegada. Entre las mujeres capturadas había una que le había llamado la atención, pues al parecer estaba detenida y a punto de ser entregada a las autoridades. El propio Robinson decidió interrogar a la rehén para saber de qué delito se le acusaba. La mujer era nada más y nada menos que Milena del Carmen, quien confesó que había sido condenada por haber asesinado a un capitán del ejército independentista. Al escuchar eso, Robinson pensó que le podría ser muy útil, ya que eso quería decir que ella odiaba a los independentistas. Milena del Carmen estaba dispuesta a colaborar con tal de no ser ejecutada.

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