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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 167

 

Erwin Ramírez ya se recuperaba de la herida que le había ocasionado su esposa María Beatriz, y lo que más rabia le daba era que no podía vengarse de ella pues ya se había marchado a Europa. Elida margarita le pidió que se olvidara de todo y ya que también se habían librado de los Campillo, podían comenzar una nueva vida, sin pensar en odios ni resentimientos, pues en todo este tiempo que ella había estado encerrada en ese manicomio, se había dado cuenta que estaba perdiendo los mejores años de su vida pensando en destruir a Violeta Dolores y a Mario Rafael. Por eso ella ahora pensaba de una forma diferente y sabía que lo mejor era comenzar a ser feliz con lo que tenía, y ya no pensaría en odios ni venganzas. Erwin estaba de acuerdo, solo que él pensaba quedarse con todo lo de los Campillo, no devolvería nada, y también pensaba seguir con el negocio de sus padres, el de mercader de esclavos, con la ayuda del fiel Paropa. Darwin Ramírez, el hermano de Erwin, se había enterado de todo lo sucedido y de los negocios de sus padres, de su compromiso en la secta de los Legionarios de la Santa Cruz, y por eso fue a darle consejos a su hermano, como sacerdote que era. Darwin le pidió a su hermano que se arrepintiera de sus pecados y tuviera temor de Dios. Pero Erwin no escuchaba razones, por lo que Darwin decidió pedirle a Elida Margarita que lo convenciera.

 

Ofelia estaba feliz de haber logrado su objetivo, convencerlos a todos de su arrepentimiento. Pero ella tenía otras verdaderas intenciones, y era hacerle un gran daño a Claudia Patricia, porque no soportaba verla feliz y al lado de gente que la amaba. Por eso Godofredo no había entregado a doña Beatriz Fontenegra a las autoridades sino la mantenía detenida en su mansión.

 

Godofredo era un gran empresario, solo que su actual negocio era de trata de blancas. El se encargaba de comprar jovencitas de diferentes partes del mundo para prostituirlas, solo que su negocio era de mucha clase, y sus clientes eran de la alta alcurnia. Al llegar a la región, lo primero que hizo fue comprar la mansión que en el pasado había pertenecido a Madame Karina, y allí decidió montar su negocio, el cual fue llamado, Villa Mimosa. Sería algo de muy bajo perfil y solo los hombres de la alta sociedad tendrían conocimiento de lo que allí funcionaría. Todas las chicas eran extranjeras y no conocían el idioma español, por lo que se les dificultaría delatarlo ante las autoridades. Ofelia deseaba ver a su hermana como una más de las chicas de Villa Mimosa.

 

Antes de partir al campamento de su pelotón, Alvarito se fue a despedir de su hijo Lucca. Para Rosa Angélica era un momento incómodo pues ella era la pretendiente de Juan Carlos, sin embargo no podía evitar sentirse mal al saber que Alvarito se iría a la guerra. Alvarito le pidió a Juan Carlos que si algo malo le pasaba en el campo de batalla, él debía velar por la salud y bienestar de su hijo Lucca y de Rosa Angélica. Juan Carlos le juró que los cuidaría con su vida. Catalina también se despidió de Alvarito y le pidió perdón por todo el mal que le había hecho alguna vez. Ahora Catalina había encontrado un verdadero rumbo en su vida, ella había decidido tomar los caminos del Señor y por eso pensaba ingresar al convento de las Clarisas. Sor Elpidia seguía al frente del convento, y decidió aceptar a la oveja descarriada en su rebaño.

 

Ahora que John Fernando estaba convencido de que la asesina de su hermano Arturo había sido Milena Margarita, pensaba proponerle matrimonio para llevársela lejos y una vez estuviera lejos de su familia, comenzaría su verdadera venganza. Sonia Margarita esperaba que John Fernando destruyera a Milena Margarita para luego tenerlo solo para ella. Pero el marido de Sonia, el conde Javier, sospechaba que su esposa le era infiel y pensaba averiguar con quien pues no le permitiría que manchara el honor de su apellido. Por su parte, Sady había comenzado a indagar sobre lo sucedido el día de la muerte de Arturo pues no estaba convencida de que Milena fuera la asesina.

Sady se había hecho muy amiga de Anita, la madre de Milena Margarita. Así que después de unos días, Sady sentía que ya tenía la suficiente confianza como para preguntarle a Anita lo que había sucedido el día de la muerte de Arturo. Anita no tuvo inconveniente en contarle que ese día Arturo había ayudado a escapar a su hija de prisión y al llegar a la hacienda para despedirse de su padre don Pedro, la malvada Sonia trató de evitar que Arturo huyera con Milena y por tratar de asesinar a Milena, quien terminó muerto fue Arturo. Ahora que Sady sabía la verdad, pensaba contárselo a John Fernando para que no cometiera una injusticia contra Milena.

 

Don Alfredo Linares pensaba casarse con su sobrina política, Dorita, pues ella era la dueña de toda la fortuna, pero en realidad no la amaba. Ahora a él le interesaba poder disfrutar de su esclava Tenerife, quien era la última esclava virgen. Pero Tenerife aún estaba muy arisca y él quería domarla, por eso le había pedido a la esclava Coromoto, quien era hermana de Tenerife, que la preparara para cuando llegara el momento de poseerla. Coromoto se había convertido en la amante de don Alfredo, ella sabía cómo complacerlo y a cambio tenía preferencias sobre los demás esclavos. Por eso Coromoto no quería que Alfredo abusara de su hermana Tenerife y pensaba ayudarla a escapar. A don Alfredo le preocupaba que regresara esa terrible enfermedad que por poco le quitaba la vida, pero gracias a la bruja Lucumí ahora estaba vivo.

 

Don Tito se sorprendió al ver a su hija Canela muy bien vestida y arreglada. Abelino también había quedado sorprendido pues nunca la había visto así de arreglada. Doña Julieta y Estela solo pensaron que a pesar de estar bien vestida, seguía siendo la misma salvaje sin educación. Diana Luz estaba emocionada pues su hermana se veía muy bonita, lo mismo pensó Jairo. Para Elkin el cambio había sido del cielo a la tierra, él nunca pensó que la salvaje bastarda se vería así de diferente, incluso podría cambiar a Estela por ella, quien al fin y al cabo también era heredera. Doña Julieta estaba muy furiosa de ver como los demás admiraban la belleza de la bastarda, así que don Tito le advirtió a todos que si había alguien molesto por la presencia de su hija Canela, se podría marchar de la hacienda para siempre. Ahora más que nunca doña Julieta deseaba que Ciro Gumaro la eliminara.

 

La nana Gume fue a buscar a Irasema para que bajara a cenar y conociera a su hija. Pero Irasema estaba convencida de que esa tal Canela no era su hija, ella estaba convencida de eso. La nana Gume no sabía qué hacer, sin embargo, la llevó hasta el comedor donde todos esperaban por ella. Y por fin se produjo el gran encuentro entre Irasema y Canela, pero no sucedió nada de lo que todos esperaban. Irasema no reconoció a Canela como su hija, y más que eso, dijo públicamente que todo era un engaño pues la tal Canela no era su hija sino una farsante. Todos quedaron sorprendidos con la reacción de Irasema, en cambio Violeta Dolores se mantenía distante, como si su ente estuviera en otro lugar. Don Tito le dijo a Irasema que reconociera a Canela su hija, pues llevaba la medallita que él le había regalado. Doña Julieta le dijo a don Tito que si la propia Irasema negaba que esa fuera su hija, había que creerle, pues seguramente todo se trataba de un plan de los gitanos para sacar provecho. Carrao se acercó disimuladamente a doña Julieta y le recordó que ella había sido quien le había pagado para que se llevara la niña bien lejos. Doña Julieta se sintió amenazada pero por ahora prefería llevar la fiesta en paz con el gitano. Don Tito esperaba que con el paso de los días, Irasema fuera reconociendo poco a poco a Canela como su hija, eso le serviría a las dos como una terapia. Luego de la cena, cuando todos se retiraron a sus aposentos, Abelino había quedado muy impresionado con lo hermosa que se veía Violeta Dolores, y como todos estaban convencidos de que él era su esposo, pensó en que podía ejercer su derecho y hacerla suya, como Violeta Dolores no hablaba ni se comunicaba, no habría forma que gritara ni mucho menos que lo acusara después de hacerla suya.

 

Amarildo y Sandra llevaban una vida tranquila y muy feliz junto a su hijo. Amarildo había aprendido a amar a Sandra y ya había quedado atrás lo que alguna vez sintió por Violeta Dolores y por Claudia Patricia. Ahora el centro de su atención era para su familia. Pero con los rumores de que venían refuerzos de España, Amarildo volvió a reunirse con don Juan Bautista para ver qué posición tomarían frente a la guerra, ya que al parecer en las conversaciones con el General Bonilla, nunca habían logrado que él se comprometiera a abolir la esclavitud luego de la independencia.

 

Don Juan Bautista había tenido unos meses de mucha paz y tranquilidad que había aprovechado para disfrutarlos al lado de Sady y de Viviana. Luego de conversar con el general Bonilla en persona, éste le había prometido a don Juan Bautista que si los grupos abolicionistas seguían apoyando a los independentistas, él mismo se comprometía a comenzar a implementar la ley de vientres, con la que los hijos que nacieran de los esclavos, nacerían siendo libres. Ese ya era un comienzo, y como el propio general Bonilla le había dado la palabra, don Juan Bautista le pidió a su gente que lucharan nuevamente contra los españoles. Solo que don Juan Bautista no pensaba volver al capo de batalla pues ya se sentía muy viejo para eso, y en su lugar designó a Amarildo y a César. Orlandito, el marido de Viviana, también regresaría a combatir contra los españoles. Don Juan Bautista prefería seguir descansando al lado de su amada Sady. Flora Margarita estaba un poco celosa de ver con el cariño que don Juan Bautista trataba a Viviana, Flora Margarita quería ser el centro de atención de don Juan Bautista así como de Aquilito. Por su parte, la malvada Karina ya había logrado mover una mano, y esperaba poder seguir avanzando rápidamente para recuperar su movimiento antes que saliera el divorcio de Juan bautista, pues ella deseaba eliminarlo antes de eso, junto a todos sus enemigos, entre ellos, a Arlenis, quien era la encargada de su cuidado, pero la trataba muy mal. Don Juan Bautista solo esperaba el divorcio de Karina para casarse con Sady. Aunque Sady y su hija Viviana estaban muy tranquilas, no dejaban de preguntarse qué habría sido del inquisidor, el padre de Viviana, pues nunca más supieron de él.

 

Muy al oriente de las costas del Caribe, había llegado una flota de barcos dirigida por el mismo general Robinson Peñaranda, con el fin de avanzar hasta el occidente y atacar por sorpresa la región donde se encontraba el general Bonilla. El general Robinson Peñaranda encontró la región desprotegida, por lo que ordenó a sus soldados que capturaran a mujeres y niños y obligaran a los hombres a formar parte de su ejército o de lo contrario asesinarían a sus mujeres y niños. De esa forma lograron tener el apoyo de las poblaciones vecinas. El general Robinson se instaló en una tienda provisional con su esposa doña Lida, para juntos planear la forma como vencerían a Bonilla. Lo que Robinson no sabía era que se acercaba un pelotón dirigido por Fabio Santacoloma para hacer reconocimiento del área. Cerca de ahí también se encontraba oculto el Inquisidor Woltman, quien había escapado de la región cuando el pelotón de Amarildo se había tomado la casa del Virrey. El Inquisidor sabía que si los abolicionistas lo atrapaban, lo ejecutarían sin piedad por todas las muertes que él había ordenado en el nombre del Señor. Pero ahora, al saber que había llegado alguien poderoso de España, él pensaba buscarlo y ofrecerle su ayuda y apoyo incondicional a cambio de protección. El Inquisidor sabía que sería de gran valor para el general Robinson.

 

Como ya era inminente la llegada de los barcos españoles a tierras caribeñas en menos de un día, todas las tropas independentistas debían estar preparadas para evitar que los españoles avanzaran al tocar tierra. Así que todos los reclutados y los voluntarios, fueron convocados y conducidos a su lugar de combate en la espera de la llegada de los españoles. Mario Rafael tenía mucho temor ya que él nunca antes había participado en una batalla.

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