Fanfic Es
Fanfics en español

La Esclava Virgen por sergiog30

[Comentarios - 33]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

LaEsclava Virgen                                                                                                                          


Capítulo 161


 


Octava Temporada


 


En toda la región aún estaban los vientos de guerra, los rebeldes habían logrado tomar el control de gran parte de la región, pero el ejército español aún estaba dando la batalla. Luego de superar el ataque de las tropas de Francia en España, fueron enviados refuerzos del ejército español a estas tierras con el fin de retomar la región. En esta ocasión, el Rey había enviado al General Robinson Peñaranda, quien había liderado las defensas del territorio español, para que liderara a las tropas españolas y retomaran el control de la región.


 


Muchos años atrás, al sur de la región, vivía una familia de mucho dinero que no estaba de acuerdo con la esclavitud, y siempre trató a los esclavos como iguales. Se trataba de la familia Arteaga, formada por don Augusto Arteaga y su esposa doña Julia. Como ellos no compartían ideología de la esclavitud, le inculcaron a sus hijos el mismo pensamiento. Román, el mayor, creció odiando a los españoles por haber invadido estas tierras y por imponer sus leyes, así que desde muy pequeño. Román siempre quiso formar un ejército para combatir las injusticias del ejército español. Su obsesión siempre fue la de ver su tierra libre del yugo español, pero lamentablemente el Virrey de la época se había enterado de los planes de Román y había dado la orden de detenerlo. Luego de ser torturado en los calabozos, Román logró huir de prisión y se escondió en las selvas amazónicas en donde comenzó a formar su propio ejército.


 


La segunda hija de don Augusto y doña Julia era Julieta, una muchacha caprichosa y acostumbrada a obtener siempre lo que se le antojaba. Julieta también defendía a los esclavos, al punto que se había enamorado del líder de los esclavos de la hacienda de su padre, el negro Tomás, a quien llamaban Tito. Pero por más que Julieta se le insinuaba a Tomás, él solo tenía ojos para el amor de su vida, la también esclava Irasema. Muy pocas personas sabían que Irasema era también hija de don Augusto con una esclava, por eso Irasema gozaba de algunos beneficios. Pero Julieta no pensaba permitir que Irasema y Tito fueran felices, ella pensaba hacer cualquier cosa por separarlos, por eso le dio mucho dinero a Ciro, el capataz, para que secuestrara y llevara bien lejos a Irasema, y se encargara de que nunca más regresara a estas tierras. El capataz Ciro la secuestró y se la llevó, lejos, pero no fue capaz de asesinarla, solo la golpeó fuertemente y la abandonó a su suerte.


 


Dos monjes jóvenes se encontraban en una peregrinación y viajaban por el camino donde había sido abandonada y mal herida la pobre Irasema. El Fraile Agustín decidió darle socorro y curó sus heridas, así como le dio alimento. El Fraile Plutarco sabía que Agustín no tenía realmente buenas intenciones con la muchacha, sin embargo prefirió no intervenir. Cuando Irasema estuvo un poco más repuesta, Agustín decidió tomarla por la fuerza. Agustín la amenazó con venderla en el mercado negro si trataba de escaparse, Irasema sabía la suerte horrible que le esperaría si era vendida al mercado negro, por eso trató de ser fuerte y resignarse a viajar al lado de los frailes como la sirvienta de ellos. Hasta que Irasema enfermó y descubrieron que estaba embarazada de Agustín, así que como se había convertido en un estorbo y además no era bien visto que se descubriera que un fraile había dejado embarazada a una muchacha, Agustín decidió dejar a Irasema en el Claustro de las Clarisas, para que se recuperara de su enfermedad y de paso allí tuviera su hijo. Las monas se encargarían de desaparecer a la criatura para que nunca se supiera que Agustín era el padre de ella.


 


 


 


Entre tanto, Tomás no tenía noticias de su amada Irasema y aunque don Augusto le había permitido que la buscara por todas partes, nadie le daba razón de ella. Julieta estaba convencida de que el capataz Ciro la había eliminado, así que decidió iniciar su conquista aprovechándose que ahora Tomás estaría vulnerable. Resignado a haber perdido a Irasema, Tomas se dejó seducir por Julieta y terminaron en la cama, y por culpa de eso, Tomás se vio obligado a responder por la honra de Julieta, así que don Augusto le exigió que se casara con su hija. Tito no tuvo más remedio que casarse con Julieta, pero aún guardaba la esperanza de que su amada Irasema apareciera algún día. Julieta también había quedado embarazada, pero su hijo si era de Tito.


 


El tercer hijo de don Augusto y doña Julia era Ferdinando, quien era un muchacho bohemio y alegre, quien había pasado la mayor parte de su vida en Europa estudiando arte, idiomas y conociendo lugares, hasta que fue reclutado por el ejército español para enfrentar al ejército francés. A partir de ese momento, la percepción sobre la vida había cambiado para Ferdinando, quien siempre se había mantenido alejado de cualquier tema político de su familia, y mucho menos había querido tener algo que ver con abolición de la esclavitud. Pero ahora deseaba acabar con los españoles luego de involucrarlo a él en la guerra contra Francia. El comprendió que los españoles estaban defendiendo su tierra de los invasores, y la misma lucha la había iniciado su hermano Román.


 


En América, el ejército español seguía buscando a Román Arteaga, pero había sido imposible dar con su paradero, por eso el Virrey ordenó detener a los padres de Román, para obligarlo a que se entregara, así que don Augusto fue encerrado en un calabozo y doña Julia en otro, a la espera de que Román apareciera y se entregara voluntariamente.  Doña Julia estaba esperando otro hijo y no quería que le sucediera nada malo a su pequeño.


 


Irasema dio a luz en el convento de las Clarisas a gemelas. Pero Irasema estaba muy enferma y creía que iba a morir. Las gemelas habían nacido bien, aunque la segunda estaba muy débil y probablemente no sobreviviría. Agustín nunca más quiso saber de Irasema, y pensó que el asunto quedaría olvidado, sin embargo, el Fraile Plutarco a pesar de ser muy buen amigo de Agustín, siempre había sentido envidia de él, por eso él sí estuvo pendiente del nacimiento de las gemelas. Plutarco le pidió a la novicia sor Elpidia que se hiciera cargo de las dos criaturas pues le podrían servir en el futuro. Para diferenciarlas, sor Elpidia le colocó a una de ellas, una medallita que siempre cargaba Irasema y que se la había regalado Tito. El fraile Plutarco decidió entregar las dos criaturas a dos amantes suyas para las cuidaran y las hicieran pasar como hijas suyas. Una la entregó a la esclava Eufrosina, con quien Plutarco ya tenía una hija. La otra se la entregó a una empleada de los servicios domésticos de la Abadía, que era una indígena llamada Moraima. Tanto Eufrosina como Moraima habían quedado encantadas con las dos niñas y no pensaban separarse de ellas.


 


Tito ahora había quedado al frente de la hacienda de don Augusto Arteaga, y la estaba poniendo a producir mucho más que cuando don Augusto estaba el frente. Julieta dio a luz a su primera hija a quien llamaron Estela, y de inmediato volvió a quedar embarazada. Pero ahora que disponía de dinero, Tito decidió volver a buscar a su amada Irasema bajo cielo y tierra.


 


Doña Julia dio a luz a su hijo en un calabozo y por orden del Virrey, el niño fue separado de su madre ya que no era posible que cuidara un niño en el calabozo. El bebé de pocos días de nacido fue entregado a un campamento de gitanos que pasaba por la zona.


 


 


Finalmente Tito logró encontrar a Irasema en el convento de las Clarisas y ella le informó que había parido una niña. Así que Tito le exigió a la madre superiora que le dijera lo que habían hecho con la criatura que Irasema había parido. Para no ser descubiertos por la madre superiora, Plutarco decidió devolver una de las gemelas, y como Eufrosina ya tenía una hija, le pidió que le regresara la niña. Pero Eufrosina se había encariñado con ella y por eso prefirió robarse otra niña y entregársela a Plutarco, quien a su vez se la entregó a sor Elpidia para que la entregara a don Tito. Don Tito se creyó que era la hija de Irasema, así que regresó con ambas a la hacienda. Julieta no podía creer que su marido hubiera regresado con Irasema a la hacienda, así que Tito le pidió respeto pues Irasema había quedado loca y no era consciente de sus actos, además que era su hermana. Al comprobar que Irasema estaba loca, aceptó que viviera en la hacienda, pero encerrada en una habitación para evitar que le hiciera daño a los niños. Tito mostró preferencia por Carola, la supuesta hija de Irasema, ya que él pensaba que era hija suya. Eso le daba mucha rabia a Julieta, pues Tito prefería a la tal Carola antes que a su hija Estela. Así que Julieta le volvió a pedir al capataz Ciro que desapareciera a la niña, ya que anteriormente la había engañado con respecto a Irasema. El capataz Ciro se robó a Carola pero tampoco la asesinó, sino que la entregó a los gitanos y les dio una suma de dinero para que se la llevaran lejos. Don Tito no podía creer que había vuelto a perder a su hija Carola, así que ofreció una recompensa a quien la trajera de regreso, y la forma de identificarla sería por la medallita que llevaba en su cuello.


 


Entre tanto, en España, el joven Ferdinando se preparaba cada vez más para regresar a su tierra y exigir la libertad de sus padres y al mismo tiempo, organizar su pueblo para luchar por la independencia del yugo español. Pero para librar su batalla Ferdinando necesitaría mucho dinero, y aunque su familia era millonaria, no sería suficiente. Fue ahí cuando conoció a Mr. Benjamín Molinares de La Torre, otro millonario que tenía negocios con bancos en varias partes del mundo y estaba interesado en llegar a Sur América, y qué mejor forma que apoyando la guerra y apoyando al ganador. Mr. Benjamín percibía que el joven Ferdinando llegaría lejos, por eso quería apoyarlo y además, le gustaría que su hija se casara con él. También le aconsejó que si pensaba regresar a formar un ejército, debía cambiarse de apellido pues podría ir preso solo con llegar y decir que su nombre era Ferdinando Arteaga. Así que él decidió llamarse Simón Ferdinando Bonilla, y era actualmente el líder de los grupos independentistas que habían logrado vencer a los españoles.


 


Don Tito había buscado a su hija Carola bajo cielo y tierra, pero cuando los gitanos se enteraron de la recompensa, ya habían vendido a la niña morena a un mercader de esclavos, Paropa. Así que fue imposible seguirle el rastro a Carola. Años más tarde, Carola se conoció con Don Alvarito De La Plata y se enamoraron, pero su amor fue truncado por Don Alfredo, quien le dio muerte a Carola. Pero antes de morir, Carola le había dado su medallita de la buena suerte a Violeta Dolores, por ese motivo, los gitanos estaban seguros de que Violeta Dolores era la hija perdida de don Tito.


 


Maurice había iniciado el camino hacia la casa de la que él estaba convencido era la verdadera familia de Violeta Dolores. Maurice estaba convencido que ya los gitanos habían suspendido la búsqueda, por eso viajarían más tranquilos aunque sin bajar la guardia. Les esperaba un largo camino a casa, pero Maurice tenía la esperanza de que Violeta se recuperara al reencontrarse con su verdadera familia. En todos estos meses que estuvieron juntos, Maurice solo protegía a Violeta de todo, la alimentaba y la cuidaba para que nada malo le sucediera, todo eso porque Maurice se había enamorado de Violeta desde el primer momento que la había visto, era como si la conociera desde una vida pasada. Pero por ese amor que le tenía, siempre se había comportado como un caballero con ella, y Violeta, a pesar de no saber nada de sí, ni de comunicarse con nadie, le había tomado cariño a Maurice por la forma tan especial como él la trataba.

Usted debe login (registrarse) para comentar.