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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 160

 

Doña Celestina se alegró de saber que Jacobo estaba sano y salvo, ese reencuentro sirvió para acercarlos nuevamente. Jacobo le confesó que se había dado cuenta de lo cruel y despiadada que era su esposa Beatriz, por eso tenía muy claro que no pensaba volver con ella. Celestina le dijo que pensaba igual que él, jamás volvería a convivir con su propia hermana. Don Jacobo le propuso comenzar una vida juntos, a lo que Celestina no le pareció mal.

 

Maurice había logrado huir bien lejos con Violeta Dolores, ahora su objetivo era cambiarle el aspecto totalmente para que nadie la reconociera y después, buscar el camino de regreso a la casa de los que Maurice creía que eran sus verdaderos padres. La pobre Violeta Dolores seguía sin conciencia de saber quién era ella, simplemente se comportaba como un animalito. Maurice y Violeta Dolores habían logrado huir a una isla cercana, pero se hacían pasar como marido y mujer. Maurice estaba seguro que en esa isla nadie podría encontrarlos jamás. El plan de Maurice era esperar un tiempo para preparar a Violeta Dolores para poder presentarla ante su verdadera familia.

 

El primer objetivo de los rebeldes fue atacar el palacio. Lisbelia, el ama de llaves, dejó entrar a los rebeldes con el fin de que no la lastimaran. Jacobito se había encerrado en sus aposentos junto a Lilibeth, ella estaba dispuesta a dar su vida por él si era necesario. En otra de las habitaciones se había encerrado Claudia Patricia esperando que sucediera lo que tuviera que suceder. Los rebeldes la encontraron y la hicieron prisionera. Los guardias españoles fueron ejecutados todos. Doña Beatriz fue encontrada agonizante en sus aposentos, pero doña Celestina y doña Elvira pidieron clemencia por su hermana. Wilfredo, el consejero espiritual, había alcanzado a huir al ver que todo estaba perdido. Nadie volvió a saber de él. María Beatriz también fue encontrada en sus aposentos y fue hecha prisionera. Solo hacía falta entrar a la habitación del virrey para hacerlo prisionero.

 

Lilibeth sabía que si los atrapaban, ejecutarían a Jacobito en la plaza pública, y si él moría, ella moriría de dolor. Por eso le entregó a Jacobito una pócima que era veneno para beberlo los dos y morir con dignidad antes que ser ejecutados en la plaza pública. Jacobito tenía miedo de morir, pero no sabía que era peor, si morir en la plaza pública o morir envenenado. Lilibeth lo convenció de tomar los venenos juntos para seguir juntos a la eternidad. En ese momento, los rebeldes comenzaron a tratar de derribar la puerta para entrar a los aposentos, así que Lilibeth le dijo que era el momento para tomar el veneno. Lilibeth comenzó a tomar, pero Jacobito se acobardó a último momento y se paralizó al ver que los rebeldes habían irrumpido en sus aposentos. Lilibeth le exigió que tomara la pócima para que no la dejara morir sola y evitar darles el gusto a los rebeldes de que lo ejecutaran. Pero Jacobito confiaba en que algo podría suceder para evitar su ejecución. Lilibeth comenzó a sentir cólicos muy fuertes a causa del veneno que había ingerido. Jacobito no podía creer que su amada Lilibeth fuera a morir de esa forma, pero había llegado el momento de despedirse. Jacobito si fue encerrado en los calabozos a la espera de su ejecución, sin embargo, él pidió que llamaran a su padre para hablar con él antes de morir.

 

Lisbelia le pidió compasión por su vida a César, quien no tenía nada en su contra, así que la dejaron libre, pero con la condición de que cuidara de doña Beatriz en sus últimos momentos. Jacobito le pidió a su padre don Jacobo, que intercediera para que suspendieran su ejecución. A pesar de gozar de la confianza de don Juan Bautista, don Jacobo sabía que era un imposible, sin embargo se acercó a él para hacer el último intento de que perdonara la vida de su hijo. Don Juan bautista entendía el sufrimiento y la angustia de don Jacobo, pero perdonarle la vida al Virrey sería ir en contra de la voluntad del pueblo, sin embargo, lo único que podría hacer por Jacobito era ayudarlo a escapar.

Las tropas de rebeldes estaban apoderándose de gran parte de la región, así que uno de los líderes Independentistas se reunió con el vocero de los terratenientes, don Alfredo Linares, para llegar a un acuerdo y saber si los terratenientes se unían a ellos o se mantenían fieles a la corona Española. Don Alfredo se dio cuenta que en estos momentos lo que más le convenía a todos era unirse a los independentistas, más que a los abolicionistas o a los españoles. Don Alfredo llegó a un acuerdo con los Independentistas en que los apoyarían, traicionando a los españoles, pero con la condición de no abolir la esclavitud cuando tuvieran el poder. El líder Independentista le prometió que no aprobarían la abolición de inmediato, pero sí debían hacerlo poco a poco o los abolicionistas se rebelarían contra ellos. Don Alfredo firmó el acuerdo y gracias a eso, los rebeldes fueron tomando ventaja sobre el ejército español.

 

Darwin se enteró que su hermano Erwin había asesinado a su propia madre, doña Irma, y no podía creerlo. Erwin le exigió que no lo dijera a nadie pues su madre se lo merecía, ya que desde niños, ella se aprovechaba de él. Darwin no salía de su asombro y menos ahora que se enteraba de la clase de monstruo que era su madre. Ahora que Irma estaba muerta, Zoraida esperaba poder recuperar la fortuna de su difunto marido, pero el Arzobispo Plutarco pensaba quedarse con todo.

 

Amarildo se reencontró con Sandra y lo primero que hizo fue cargar a sus hijos. Entonces se enteró que el hijo que había adoptado la difunta Hemilda, en realidad era el hijo de Claudia Patricia y Haroldo. Amarildo se alegró de ver a Sandra sana y salva, y se dio cuenta que le había hecho mucha falta, lo que indicaba que ya lo que sentía por Claudia Patricia, era asunto del pasado y superado.

 

El General Epifanio llegó encadenado, y todo estaba listo para que fuera ejecutado al lado del Virrey Jacobito. César se acercó a él para verlo como estaba ahora humillado como un perro, ahora todo el mundo sabía que él había sido quien había creado el grupo de los Legionarios y por eso debía pagar con la muerte. Orlandito se había ofrecido a ser quien lo decapitara en la plaza principal, él tampoco le perdonaba que le hubiera puesto la mano encima a su amada Viviana. Epifanio les dijo que podrían haber ganado una batalla, pero la guerra aún continuaba, y España enviaría todas sus tropas para retomar el poder. Juan Bautista y don Jacobo planearon la forma de que Jacobito escapara del calabozo, pero debía marcharse bien lejos y renunciar a todo para que pudiera sobrevivir. Jacobito prometió que jamás regresaría si le daban una segunda oportunidad. Así que don Jacobo le dio una fuerte suma de dinero a los que vigilaban los calabozos, para que dejaran marcharse a Jacobito. Al día siguiente, se conoció la noticia de la fuga de Jacobito. César sospechó que don Jacobo estaba involucrado y lo entendía pues se trataba de su hijo, y en realidad Jacobito no era problema ni peligro para nadie pues él siempre se había dejado manejar por su madre.

 

Doña Beatriz agonizaba en sus aposentos, sin embargo no podía morir tranquila sabiendo que el hijo que Claudia Patricia esperaba, era de César, por tanto, sería el heredero universal de toda la fortuna de la herencia Galende. Doña Beatriz sacó fuerzas de donde no tenía para ofrecerle sus joyas a Lisbelia con la condición de que asesinara a Claudia Patricia. Lisbelia se arriesgó en su último intento para ayudar a doña Beatriz. Lisbelia buscó los servicios de Lucumí para ver si podía hacer algo para salvarle la vida a doña Beatriz. Lucumí si podía hacerlo, aunque eso significaba que doña Beatriz le quedaría debiendo su alma al diablo. Doña Beatriz estaba dispuesta a correr ese riesgo con tal de evitar que el hijo de Claudia Patricia y César llegara a ser el único heredero de la fortuna Galende. Pero el ritual había sido tan fuerte que Beatriz quedó sin sentido. Lucumí le advirtió a Lisbelia que estuviera pendiente porque el alma de Beatriz había sido sustraída por el diablo, y si le podía servir para algún propósito, la devolvería.

 

Don Juan Bautista recuperó toda su fortuna y su hacienda, y se encontró con la noticia de que la malvada Karina había quedado tetrapléjica. Ahora dependía totalmente de otra persona para poder sobrevivir, y la esclava Arlenis era quien se encargaba de atenderla, aunque de mala gana. Aquilito le dijo a Juan Bautista que se había encargado de revisar todas las finanzas de Karina y al parecer no había derrochado mucho dinero. Era deber de don Juan Bautista cargar con Karina porque era su esposa, aunque pensaba pedir la nulidad del matrimonio por ella haberlo traicionado. Además, don Juan Bautista se había dado cuenta que a quien realmente amaba era a Sady.

 

María Victoria se reencontró con su madre Ana Gregoria, y además le pidió perdón a su verdadera madre. Doña Elvira era quien estaba más arrepentida por haber sido una mala madre toda su vida, aunque su padre fue lo peor que pudo pasarle. Las dos decidieron visitar a Epifanio en su calabozo para decirle que deseaban nunca haber conocido un ser tan despreciable como él. Epifanio solo pudo reírse de ellas y desearles lo peor. María Victoria le hizo ver que a pesar de haber crecido como la hija de la criada, tuvo una vida muy feliz y no se arrepentía de nada. María Victoria se reencontró con su amado Darío Campillo. Ahora nada ni nadie podría separarlos y estaban resueltos a ser felices y comenzar una nueva vida lejos de todo lo que les había hecho daño. César también fue a la celda donde estaba Claudia Patricia. Ella le pidió que la sacara de ese lugar pues no había hecho nada malo. César le dijo que su crimen era simplemente ser la esposa del Virrey tirano, Jacobito. Claudia le recordó que ella nunca lo había amado y solo estaba con él por una venganza absurda. Claudia le juró que ya Haroldo había salido de su vida y el único que le interesaba era él, el padre de su hijo.

 

El General Epifanio dijo sus últimas palabras ante la plaza principal, y maldijo a todos y les deseó muerte lenta y pronta cuando el ejército español llegara a la retoma. Epifanio no se arrepentía de nada de lo que había hecho. El Arzobispo lo absolvió de sus pecados, y Epifanio le dijo al oído que él debía encargarse de vengarlos a todos. Finalmente el general Epifanio fue decapitado frente a la vista de todo el pueblo, en la plaza principal.

Aunque poco a poco habían ido ganando las batallas, aún los rebeldes no tenían la victoria pues había lugares donde el ejército español aún estaba dando la batalla. Pero en la región de Santa Ana de Barahona, los rebeldes ya se habían apoderado de todo. El palacio del Virrey había sido saqueado nuevamente y doña Beatriz había sido trasladada a un auspicio bajo el cuidado de Lisbelia. Jacobito había huido y nadie conocía su paradero. Don Jacobo rentó una casa en el pueblo donde se instaló con Celestina y Elvira, además de Ana Gregoria. César intercedió para que María Beatriz y Claudia Patricia fueran dejadas en libertad, y ahora que estaba libre, era el momento de que Claudia definiera cual iba a ser su situación, si él la perdonaba y comenzaban una vida juntos, o si se separaban para siempre.

 

Mario Rafael no olvidaba a su amada Violeta, pero si había asimilado que la vida podía continuar sin ella. Ahora estaba muy cerca el nacimiento de su hijo con Liseth y eso era lo único que lo mantenía con una gran ilusión. Liseth y Mario se habían casado y tenían una relación tranquila y de mucho amor, para la envidia de Elisina, quien siempre deseó estar en el lugar de su hermana. Milena Margarita y Liseth habían hecho una gran amistad a pesar que Milena aun sentía algo por Mario. Elisina cada día que pasaba sentía más deseos de eliminar a su hermana.

 

Maurice había estado oculto en una isla cercana, cuidando de Violeta Dolores y esperando un tiempo prudencial para poder presentarla ante su verdadera familia, el único inconveniente con ella era que no se comunicaba con nadie y al parecer, no sabía quién era ella ni recordaba nada de su pasado. Era como si tuviera una persona totalmente diferente ante él, y como si la verdadera Violeta Dolores en realidad hubiera muerto como todos creían.             

FIN DE LA SEPTIMA TEMPORADA

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